MULTIVERSIDAD

No hay revolución social si no se revoluciona la educación. En el gobierno de misho Rafael todos los que dirigen la educación son tecnócratas.

Esa tecnocracia solemne es incapaz de pensar revolucionariamente el problema. No sólo por su origen social, sino por su convicción de que la calidad es incompatible con las ideas revolucionarias.

Todo en la educación tiene que cambiar, pero principalmente el maestro. Me da por pensar que el cambio del maestro actual resulta imposible, que es imperativo formar otros maestros; pero para hacer otros maestros hay que tener otros programas y otras concepciones. Misho Rafael lo resuelve fácil obligando a los maestros a obtener un PhD, con lo cual se refuerza la educación mercantilista enraizada en el método científico cartesiano.

Pero no se trata de eso. La revolución educativa significa crear las bases cognoscitivas para cuestionar y sustituir la racionalidad occidental y sus concepciones del desarrollo, tomando en cuenta el legado del pensamiento de nuestros pueblos ancestrales. Quinientos años después ese pensamiento está emergiendo y una revolución auténtica tiene la obligación moral de poner atención a su renacimiento.

Hoy, superar la crisis de la educación, no es sólo poner contra el suelo al MPD. Es algo más profundo. Se trata de otra forma de percibir el proceso del conocimiento. Estudiar otras formas de conciencia, el desarrollo de una nueva ciencia, cuidar y amar la naturaleza como factor de producción, ir construyendo concomitantemente otro ser humano, son los nuevos desafíos de una auténtica revolución educativa.

Va llegando el momento de cambiar el concepto de Universidad por el de Multiversidad, como plantean los Amautas de nuestro tiempo.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 10/Octubre/2012, Quito

 

 

 

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SER MESTIZO

La hipócrita sociedad ecuatoriana ha convertido al mestizaje en una vergüenza social. El mestizaje sigue siendo motivo de discriminación. Entre otras herencias coloniales, esta es una de los más graves.

La mezcla de razas ha sido un hecho normal desde siempre. Quienes se oponen persiguen un ideal absurdo de pureza que siempre termina en la discriminación y, cuando se hace política de Estado, en los genocidios y los Holocaustos. La piedra angular de esta aberración es identificar raza con clase social.

El Chapetón parásito de los siglos coloniales lo hizo en América. Ser indio, negro o mestizo era pertenecer a los estratos bajos de la sociedad colonial y tener la obligación de trabajar para el blanco. Cierto que ahora, en la superficie, esta situación ha cambiado, pero las cadenas mentales de desprecio a lo indio, negro o mestizo todavía se mantienen y no sólo en el blanco, sino también en los otros sectores.

El respeto a la diversidad no puede ser confundido con la obligación de mantenernos en un grupo étnico determinado. Alimentaríamos de esa manera la estratificación racial y nos opondríamos absurdamente a la cotidiana realidad del intercambio, con lo cual estaríamos negando la poderosa tendencia al mestizaje.

Ser mestizo tiene que dejar de ser una vergüenza. Hay que superar el complejo histórico de que el mestizaje es fruto de una violación. Ni el blanco está por arriba, ni el negro o el indio por abajo. Nuestra condición racial no nos hace superiores o inferiores; nuestra condición social, si.

Por eso hay que disminuir la brecha entre ricos y pobres y luchar de forma incansable contra la herencia colonial de la discriminación.

El mestizaje existe y sobre su ancha base se construirá el Ecuador del futuro.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora 3/Oct./2012, Quito

 

 

 

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IR MAS ALLA…

 

Si la política en el Ecuador estuviera regida por normas éticas se tendría que reconocer que el gobierno de Rafael Correa ha sido el único, después de Alfaro, que se ha atrevido a afrontar con valentía los retos del futuro. La Historia crea las personalidades que las circunstancias exigen.

El Ecuador de inicios del s. XXI necesitaba una reforma urgente. Los partidos políticos se habían convertido en clubes electorales que disputaban a dentelladas las rebanadas del pastel nacional y su conducta había degradado la ética a nivel de las cloacas. La economía estaba en manos de los intereses privatizadores y vende patria que, a nombre del pueblo, entregaban la nación. El hombre común, asqueado de tanta corrupción, vivía esperanzado en el cambio.

Eso fue lo que Correa captó. Para proponer su proyecto se valió del discurso socialista y de la palabra revolución. Comprendió también que era tal el estado de degradación de nuestra vida nacional, que toda medida reformista iba a ser interpretada como revolucionaria.

Por eso ha incurrido en el terreno de la educación, la salud, la reforma del Estado, la soberanía nacional, la constitución reformando esos carcomidos edificios que no habían sido tocados desde la revolución liberal y muchos de los cuales habíamos heredado de la colonia. A esa reforma es a lo que Correa llama revolución.

Siete años en el poder son suficientes para desnudar sus verdaderas intenciones. Para completar su obra Correa busca un nuevo triunfo electoral. Sabe que ya no podrá remozar el capitalismo por la persuasión, que tendrá que emplear la fuerza.

Por eso una izquierda auténtica en el Ecuador tiene que asimilar, sin complejos, los logros reformistas de Correa y, a partir de ellos, ir más allá, ir a la transformación revolucionaria.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora 26/Sep/2012, Quito

 

 

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EL MISMO ERROR

 

 

Se ha comentado positivamente el proceso de designación del candidato presidencial al interior de la Coordinadora Plurinacional de las Izquierdas, lo cual demuestra que en este sector el interés electoral puede obrar milagros. Lo que todavía no es posible es un sólido acuerdo programático.

Lo que está claro es que el candidato escogido no se cansa de repetir que él defenderá el programa original que llevó al poder a Correa y que éste traicionó. El candidato de “las izquierdas”, además, se muestra como un apasionado adalid en la defensa de la Constitución de Montecristi.

El mensaje político ha cambiado de nombre, de Correa a Acosta, nada más.

Lo increíble es que “las izquierdas” vuelvan a comulgar con esta hostia. Cada una de las fracciones de la izquierda incorporada a la Coordinadora maneja la concepción estalinista de creer que son ellos los que dirigen, detrás de bastidores, el circo. Sólo es cuestión de tiempo, reflexionan, Alberto es la locomotora que nos llevará al poder.

La misma reflexión que esta izquierda hacía cuando creía que Correa era la solución. Con el tiempo la criatura se los devoró a todos.

No es que no aprenden, es que sin ser auténticos, no tienen personalidad para representar al pueblo, por eso buscan figuras “progresistas” como la de Correa o la de Acosta.

Es una izquierda universitaria, estancada en el discurso antimperialista y tercer mundista, incapaz de comprender que ahora la lucha revolucionaria pasa por la propuesta de una nueva economía, de una nueva civilización, en la que la tecnología sirva para llevar a la práctica el Sumaw Kawsay revolucionario.

Si no se tiene esta visión programática de la política, la alianza de “las izquierdas” con Alberto Acosta, estará pegada con babas, como fue con misho Rafael.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora 19Sep./2012, Quito

 

 

 

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SI FUERA PhD

 

 

Estaría en la gloria. Los actuales gurús del Estado correista no se cansarían de inclinar sus cabezas ante mi paso, porque, bueno, no vaya usted a creer que ser Phd es cualquier cosa. La genuflexión sería más profunda si la Universidad titulante sería de las más antiguas o tradicionales. No, señor, no es lo mismo ser Phd de Oxford o de Harvard que de una latinoamericana cualquiera.

Si fuera Phd mi opinión sería considerada en los altos círculos académicos del correismo. No importaría cuan postizas y extrapoladas sean las soluciones que proponga para nuestros agobiantes problemas nacionales. Un Phd puede hablar pendejadas porque tiene respaldo académico.

Si fuera Phd quisiera que en mi país se hiciera realidad el Buen Vivir, que les permita a mis conciudadanos consumir sin límites; quisiera que el desarrollo de nuestra economía nos ubicara entre los países del primer mundo, convencido de que es absurdo seguir siendo “mendigos sentados en un saco de oro”.

Si fuera Phd sería especialista en copiar y miraría con desprecio a aquellos que se atreven a crear. Los calificaría de ignorantes, incapaces de entender que ya todo está hecho.

Si fuera Phd miraría por arriba del hombro a los Amautas, Yachags, Chamanes, Taitas y Mamas que han acumulado en sus tradiciones la sabiduría de sus ancestros, porque nunca fueron a una universidad extranjera o a una de sus sucursales.

Si yo fuera Phd sería rector de una Universidad, dueño de un negocio educativo, Ministro, hombre de confianza del régimen, cualquier cosa importante sería, porque un Phd es cosa sería.

Pero no lo soy, amigo lector. A mí la Universidad sólo me dio un método de estudio. Con ese método aprendí a pensar y de eso no dan Phd en ninguna parte.

¡Pero si fuera Phd, repito, ahora estaría en la gloria!

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora 11/Sep./2012, Quito


 

 

 

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ALBERTO, EL BUENO

 

 

En el 2006 la figura de Mashi Rafael logró el entusiasta apoyo de todas las fuerzas que iban del centro a la izquierda. De forma particular la izquierda boba ecuatoriana estuvo convencida de haber encontrado al Mesías salvador que, con una espada flamígera en sus manos, iba a hundir a la partidocracia y cambiar el modelo de desarrollo vigente.

Siete años más tarde podemos decir que Correa ha hecho una verdadera revolución… en las filas de la derecha. Les ha enseñado cómo, cambiando el estilo, se puede alcanzar los mismos objetivos. Ahora la derecha no cabe en su riqueza, protegida por el discurso seudo socialista de Correa. Su mensaje a la derecha fue claro: sacrifiquen su mentalidad colonial, comiencen a explotar esta nación con mentalidad moderna. La izquierda boba creyó que ese era un discurso revolucionario.

La élite intelectual progresista de la “izquierda dura” -dice la prensa-, fue la que le hizo el programa a Correa. Figuras como las de Acosta, Larrea, los socialistas amarillos y otros personajes del centro político participaron y, entre otras cosas, son padres de la Constitución de Montecristi, esencia de las concepciones reformistas de Correa.

Por esas cosas que tiene la política se han peleado los compadres. Han demostrado no tener diferencias de fondo. Lo que se debe hacer no hay que hacerlo con mala cara, dicen los ex aliados de Correa. Te vamos a derrotar en las urnas para demostrarte que para hacer la reforma que necesita este país, no tenemos que poner cara de ogro.

La izquierda boba ecuatoriana vuelve a arrastrar al pueblo para seguir a un reformista, buena gente, claro, pero reformista. Alberto el bueno, seguro, derrotará a Rafa el malo.

¡Izquierda, izquierda, cuantos errores se cometen en tu nombre!

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora 4/Sep./2012, Quito

 

 

 

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CIENCIA INSURRECTA

 

A lo largo de la Historia se evidencia que las ideas dominantes han sido siempre las de las clases sociales que han detentado el poder político. En la Grecia helénica se impusieron las ideas de los arcontes esclavistas, en el medioevo las de los señores feudales, en la sociedad capitalista la de los señores burgueses en todas sus variantes, que van desde los industriales hasta la actual Plutocracia financiera mundial.

La visión platónica-aristotélica subyace en la cultura política de occidente. San Agustín en el s. IV de n.e y Santo Tomás armonizan el cristianismo hebreo con el pensamiento clásico griego, creando los paradigmas irreductibles del mundo occidental. La revolución científica del siglo XVI, encabezada por Descartes, supera el método escolástico e introduce el método científico. Epistemológicamente el desarrollo del conocimiento cartesiano está asociado al desarrollo de la razón y de la economía capitalista. Estos fundamentos gnoseológicos y nuevos paradigmas son los que impusieron los colonialistas europeos a los pueblos americanos. El resultado es el caos actual.

A estas alturas nada de esta civilización es defendible. El mundo platónico-cartesiano se está derrumbando. La ciencia oficial ahora se refugia en la Universidad. Hoy más que nunca se necesita un pensamiento alternativo, no sólo una renovación disfrazada de excelencia del mismo pensamiento.

El pensamiento alternativo puede ahora parecer una locura, pero ha comenzado a levantarse desde las raíces de los Andes. No está en falsas ciudades del conocimiento, como la Yachay correista ni en las universidades funcionales a su proyecto político.

Viene de la Historia y se proyecta al futuro, como ciencia insurrecta, para construir una nueva civilización.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora

28/Agosto/2012, Quito.

 

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¿Y LA AUTOCRITICA?

 

Resulta alentador ver a los candidatos de la izquierda plurinacional mojarse el poncho por esos caminos de la patria. Pegados al sabor y los olores del pueblo, van buscando el triunfo.

En una contienda, todo es posible, hasta triunfar. De pronto misho Rafael tiene que colocarle la banda presidencial a misho Alberto. Por esta probabilidad la izquierda plurinacional debe decir lo que piensa. Ya no puede decir que va a refundar el país, porque ese argumento le dieron a Correa. Dirá que va a rectificar lo que Correa ha hecho mal. Y ahí está el detalle. Una izquierda que esté a la izquierda de Correa, está prohibida de rectificar, tiene que ir al cambio revolucionario.

Por ningún lado se ha visto que este sector haya comenzado con una evaluación autocrítica de su conducta y de sus argumentos ideológicos. Todos atacan a Correa, ninguno a su proyecto. Se lamentan de haber confiado en él, no de sus límites. A ojos vista la izquierda plurinacional está repitiendo los mismos errores que cuando apoyó a Correa: no tienen estructura orgánica, son otra mescolanza de pareceres que terminarán dirigidos por un caudillo.

El MPD no ha superado su discurso universitario; Pachacutik no trasciende el ámbito indigenista; Montecristi Vive brilla con la figura de su líder y tiene su mejor arma en la defensa de una Constitución que ha comenzado a mostrar sus graves limitaciones y, ahora, el Partido Socialista Revolucionario dice estar dirigido y representado por los reformistas de ayer.

A ninguno de ellos se les ha ocurrido que para combatir a Correa hay que definir un nuevo proyecto de vida, con una nueva economía, con otra ética, con otros fundamentos civilizatorios.

Si no hay valor para la autocrítica y defienden lo mismo, ¿qué ganamos con cambiar a Correa?

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora

21/Agosto/2012, Quito

 

 

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ECUADOR MESTIZO

 

Nueve meses después de la llegada de Colón a tierras americanas, se oyó en el aire el grito del primer niño mestizo. Desde entonces el mestizaje en América ha tenido que inventar estrategias para poder vivir. Es que nunca fue fácil. Aprisionado entre lo indio y lo blanco le ha costado mucho trabajo tomar conciencia de su propia identidad.

El indio se vio obligado a aceptar su opresión. Asimiló el golpe y se refugió en la espera como estrategia. Sabía que el Pachacutik tenía que llegar. Los Heraldos de la Historia están anunciando su tiempo.

Para el mestizo, en cambio, la lucha por la vida se saturó de angustias. Nunca supo a dónde pertenecía. Si se acercaba a lo indio, tenía que aceptar la opresión; si a lo blanco, resignarse a la humillación. Peinadillos les decían los blancos colonialistas a los mestizos que se querían parecer a los blancos para evadir los tributos; cholos les dicen los blancos actuales para alejarlos de su pureza racial. Poco es lo que ha cambiado de la colonia a nuestros días.

Pero el mestizo confundido ha visto, siglo tras siglo, crecer su estrato. El blanco desprecia al indio, pero somete a sus mujeres. Crece sin pausa el mestizaje; igual sucede con el negro. A comienzos del siglo XIX, indios, negros y mestizos lucharon por la independencia llevados de la mano de los blancos que les había humillado y ofendido durante siglos. El mestizo comienza a preguntarse qué es y cuál es su destino.

Eugenio de Santa Cruz y Espejo siente en sus venas el mestizaje como una fuerza creadora que se proyecta al futuro. Con americanos como Espejo se inaugura la marcha por la conquista de nuestra verdadera libertad e independencia.

El siglo XIX es el siglo de la miscegenación racial en América. El siglo XX es el del pleno mestizaje. Hoy por hoy, somos un continente mestizo, pero tenemos un pensamiento blanqueado; las sombras de la colonia nos siguen asustando. Ha llegado la hora de recordar quiénes somos.

“Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza.”

Hoy ha llegado la hora, como Martí quería, de hermanar la alpargata y la toga, desestancando al indio y dándole un lugar al negro, no desde la cumbre de la blanquitud arrogante, sino desde la inmensa planicie del mestizaje americano para luchar juntos por nuestra definitiva liberación social y económica.

Somos un continente mestizo y tenemos que aprender a pensar como tal. Mestizo es nuestro presente porque sus raíces son mestizas y mestizo será nuestro futuro porque nuestro presente también lo es.

Nunca alcanzaremos nuestro destino mientras permitamos la invasión indiscriminada de formas de vida ajenas a nuestra realidad, como actualmente sucede. “Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”, decía sabiamente Martí.

Ñucanchi Socialismo es esa alternativa.

 

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AMERICA MESTIZA. NUESTRO DESTINO

 

AMERICA MESTIZA. NUESTRO DESTINO

Esta sección está destinada a reflexionar sobre el mestizaje en América y el Ecuador. Aspiramos a difundir lo que consideramos es la esencia de nuestras concepciones.

NOTA NECESARIA

En el mes de mayo de 2012 recibí un correo firmado por Atawallpa Oviedo Freire en el que se me decía que básicamente estaba de acuerdo con un editorial mío publicado en diario La Hora el 21de marzo, en el cual me refería al Sumaw Kawsay. A pesar de llevar el mismo apellido no conocía al autor de la nota. Días después me envío, siempre por correo electrónico, una dirección, en la cual encontré referencias personales y, también, sus obras. Me interesé de inmediato en esos materiales y, en las fechas que se señalan, le envíe mis opiniones.

CARTA A ATAWALLPA OVIEDO FREIRE

Quito, 2 de julio de 2012.

Estimado Atawallpa Oviedo, hermano en las ideas y en la lucha por una América grande y poderosa, como la de nuestros ancestros:

Gracias por los envíos. Son textos que nos obligan a meditar sobre temas trascendentes en este tiempo de tanta superficialidad.

Cuando me acerco a una crítica radical a la cultura occidental como la tuya, no dejo de inquietarme y, de inmediato, ponerme en guardia. Me inquieto porque siento que el piso sobre el que me paro se tambalea y me pongo en guardia porque quiero defender lo que creo.

La cultura de Occidente es el resultado de la confluencia de tres matrices: la griega, la romana y la hebrea. Lo que pensamos y sentimos tiene su origen en ellas y la conducta del hombre de occidente obedece a sus imperativos. Una palabra define la cultura de occidente: individualismo y, otra, la conducta del ser humano de occidente: egoísmo. Se equivocan quienes sostienen que esos rasgos son característicos del capitalismo. No. Surgen con las sociedades clasistas.

Pero, curiosamente, en el seno de las sociedades de clase siempre han existido sectores que aprendieron a vivir de la cooperación mutua y la solidaridad, como un rasgo que la humanidad no ha olvidado desde las épocas de la comunidad primitiva. Los primeros cristianos en el esclavismo, las comunidades autónomas de campesinos en el feudalismo y el socialismo en el régimen capitalista. Un rasgo persistente de una humanidad que intuye que la felicidad del ser humano tiene que ser de todos y no de unos pocos.

Los europeos “descubren” América a finales del siglo XV. El ser social europeo para entonces estaba íntegramente conformado por los rasgos del individualismo y el egoísmo. La conquista y colonización de estas tierras fue una empresa privada pro-capitalista que se apropia de las tierras y somete al ser humano. Destruye, entierra y olvida todo aquello que a los seres de estas tierras le había servido para hacer su vida durante milenios y le impone, como única alternativa, el individualismo social y el egoísmo personal.

Cinco siglos de esa cultura dominante han actuado para anular el ser social pre-colombino, tanto más si se considera que desde el siglo XIX imperan las leyes expansivas y absorbentes de la economía capitalista, cuya hegemonía absoluta ha perfilado un individuo egocéntrico, narcisista y depredador que no entiende más razones que las de la libre empresa y el lucro individual. Ese producto (el ser) está enlatado en todo el continente y se lo visualiza con más claridad en las grandes urbes de la actual civilización (Nueva York, Sao Paulo, Buenos Aires, México DF., etc). ¿Crees que a ese ser le puede llegar el mensaje del vitalismo tetraléctico o del Sumaw Kawsay pre-colombino? Si no son esas masas, ¿para quién, entonces, pensamos y actuamos? ¿Para minorías aisladas?, ¿élites iluminadas?, ¿pequeñas capillas de iniciados? No estaríamos, entonces, pensando en salvar a la humanidad, sino a unos pocos afortunados. Y no se trata de eso.

La Historia de Occidente, con ser invasiva y prepotente, ha impedido durante quinientos años que se conozca la esencia de las civilizaciones americanas. Ellas definieron una vida de respeto y cercanía a la naturaleza, entendiendo sabiamente que lo que a ella le hicieran, se estaban haciendo a sí mismos. Definieron esa forma de vida en el marco de una práctica civilizatoria diferente, con conocimientos científicos y tecnológicos amables con su entorno y de fina intuición conservacionista. Esa es, precisamente, la esencia original de estas civilizaciones que ahora tiene que servir de soporte a una nueva propuesta de cambio social y económico, requisito necesario para ver surgir un nuevo tipo de ser social, opuesto al ser social individual y egoísta (hombre mecánico) que nos trajo la cultura de Occidente.

Ese es, precisamente, el aporte que América tiene que hacer a la cultura universal. La ceguera gnoseológica de Occidente, que cree estar haciendo bien, cuando en realidad está destruyendo, tiene que ser cambiada por la lucidez gnoseológica de que si le seguimos haciendo daño a la naturaleza, seguiremos hundiendo una espina asesina en el corazón de la humanidad. La propuesta americana tiene alcances raigales para la sociedad humana. De ella depende el futuro del planeta (nuestra casa) y de los seres que la habita (nuestra especie y todas).

Sumaw Kawsay no tiene, en realidad, traducción. Así como el hombre actual para vivir bien tiene que garantizar ingresos suficientes que le permitan consumir lo que la industria pone a su alcance, el Sumaw Kawsay pre-colombino era la condición natural del ser en un mundo en el que no necesitaba consumir nada artificial para existir. Era un tiempo en que el ser humano podía dialogar con las estrellas y estar en contacto con los elementos de la naturaleza, sin que su presencia la alterara y no era un diálogo en una sola dirección, sino que los elementos también le hablaban materializándose en frutos, agua pura, nieve, tierra fértil, fuego creador y poderoso. El Sumaw Kawsay era el concepto de civilización en que nuestros ancestros vivían sin esfuerzo, sin necesidad de definirlo teóricamente; así como ahora el Buen Vivir occidental es el concepto de civilización en que la inmensa mayoría de la humanidad vive o aspira a vivir por derecho propio. A estas alturas del desarrollo de la sociedad occidental, ni el uno ni el otro, son conceptos de civilización que pueden existir de forma independiente o yuxtapuesta.

Sin intenciones de querer sacralizar los lugares comunes, pero creo que hoy por hoy, la comunidad científica mundial, responsable y objetiva, ha llegado a la conclusión de que la civilización actual está herida de muerte. La sociedad humana está cayendo por el abismo y sólo estamos esperando el golpe final. La ciencia occidental se engaña y engaña a la humanidad sosteniendo que sólo ella está capacitada para evitar la tragedia. Es como el ojo que ve, pero no puede verse. Aun aceptando sus buenas intenciones, ya no es posible mantener la confianza. Es un principio universal que si siempre se hace lo mismo, los resultados siempre serán iguales. Sólo hemos cambiado los medios, los procedimientos son idénticos. ¿Podemos esperar resultados diferentes? Imposible. Espanta ver a las muchedumbres marchar confiadas al acabose; no confiadas, ciegas, es más exacto.

Es en este punto donde el Sumaw Kawsay tiene la palabra. Quinientos años después se levanta como una alternativa posible.

Pero, amigo, ¿puedes imaginar al ciudadano de Buenos Aires, Nueva York, México DF, Sao Paulo e inclusive al del mismo Quito, Santiago, Caracas, asimilando el Sumaw Kawsay en su estado puro? Ni la más convencida mentalidad pudiera hacerlo, salvo que estuviera fuera de la realidad. Las sociedades concretas del Sumaw Kawsay son nada más que recuerdo histórico penosamente rescatado. Están en el pasado como muestra de lo grandiosos que fueron nuestros ancestros y como prueba real de lo brutal que fue el proceso de la conquista y colonización europeas; pero es imposible reeditarlas, reconstruirlas o volverlas a edificar. Nada en la Historia se puede restaurar como si fuera un viejo edificio derruido, la Historia para adelante sólo nos permite construir lo nuevo. Y lo nuevo en América tiene que ser fruto de la fusión de nuestros ancestros con la teoría revolucionaria más avanzada surgida en el seno de la sociedad capitalista: el socialismo.

Sumaw Kawsay o socialismo es un falso problema; Sumaw Kawsay vs. Socialismo, igual. Nada ensambla tan perfectamente como el Sumaw Kawsay ancestral con el socialismo revolucionario moderno. El motor político del Sumaw Kawsay civilizatorio es el socialismo revolucionario.

El socialismo, como ideología occidental, es revolucionario. Su propuesta subvierte las bases de la civilización capitalista: eliminar la propiedad privada sobre los medios de producción.

El fracaso del llamado “socialismo real” no invalida su propuesta, así como la degradación del mundo actual no invalida la propuesta moral del cristianismo. Un mundo sin propiedad privada sobre los medios de producción, sí es posible.

El Sumaw Kawsay pre colombino descubrió esta verdad antes de Marx y no como constructo o teoría, sino como forma de vida. Sumaw Kawsay es vivir en armonía con la naturaleza. Lo que el ser humano le hace a la naturaleza, se hace a sí mismo.

La abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción que el socialismo propone, de inmediato pondrá al ser humano en armonía con su entorno. No hay, por lo tanto, contradicción entre las dos concepciones.

Por el contrario, hay unidad, con la ventaja que el socialismo adapta al Sumaw Kawsay a la modernidad, convirtiéndolo en base real de la nueva propuesta civilizatoria e impidiendo que se convierta en una utopía.

Esto es el Socialismo Americano. Una propuesta incluyente, que emergiendo del seno de la Historia, abarca la innegable realidad del mestizaje americano. A excepción de Norteamérica, de México a la Patagonia, somos pueblos mestizos.

El Socialismo Americano es la propuesta de salvación de nuestro continente, después de quinientos años de humillación y aislamiento.

Su nombre propio es: Ñucanchi-Socialismo-Amaruka. Con él comenzamos a recuperar la memoria que nos robaron los colonizadores.

Cambiar de vida será ir recordando lo que el impacto de la conquista y colonización nos hizo olvidar y añadiendo esos viejos recuerdos a las experiencias positivas de nuestra vida moderna, para de esa forma construir la nueva civilización americana, sud americana.

El Sumaw Kawsay es parte integrante del Socialismo Americano.

No es indigenismo, tampoco socialismo a secas. Es una nueva forma de vida.

Cada una de estas ideas tienen que ser lo suficientemente explicadas. El resultado será un libro de próxima aparición.

Con la mirada y la fe puestas en el futuro, quedo de ti, atentamente:

Jorge Oviedo Rueda

 

CARTA DE JORGE OVIEDO RUEDA

Quito 13 de julio de 2012

Estimado amigo Atawallpa:

Después de tu visita tuve ya la impresión de que estábamos dotados de energías diferentes. Tu, tranquilo y seguro, como un halcón que desde el cielo observa la ineluctable sucesión de los acontecimientos, esperando sereno que llegue tu tiempo; yo, nervioso, intranquilo, dudando si lo que pienso puede convencer a mis semejantes, con un ansia inmediata de poner manos a la obra. Supe, te soy sincero, que corto era el camino que nos tocaba andar juntos.

Lamentablemente, entre los hombres, con poca frecuencia surgen individuos que sepan unir su pensamiento a la acción. No lo tomes a mal. A pocos intelectuales de mi tiempo les he visto provistos de tanta luz y razón, como a ti. Encuentro en todo lo que de ti he leído una enorme carga de intuición valedera, suficiente para guiar el camino de quienes se han puesto como meta un futuro de grandeza y felicidad para el ser humano; pero toda tu obra es como una maravillosa máquina diseñada para volar a la que se te ha olvidado ponerle el motor de la política. Ingenuamente dices “es mejor caminar por sí mismos” con lo cual cierras toda posibilidad al acuerdo y a la discusión creadora, que cuando es consiente y racional, da lugar a un sincretismo creador.

Las sociedades pre-colombinas no conocieron la propiedad privada de la tierra. Si se quiere, la estructura del Sumaw Kawsay está en ese principio. Ellos no supieron de economías “interparticipativas”, como dices, en la que se mezclaban lo comunitario, lo público, lo privado, lo cooperativo y hasta lo corporativo. La tierra, para las sociedades ancestrales de las que estamos hablando fue -lo mismo que en nuestra época es para nosotros el aire-, un bien común. La idea de una economía “interparticipativa” es una idea tuya y no está mal, porque es fruto de toda la experiencia histórica acumulada durante siglos, incluidas las concepciones socialistas. Esa es, precisamente mi propuesta: enriquecer el Sumaw Kawsay ancestral con el aporte revolucionario del socialismo, con lo cual obtendremos una poderosa arma ideológica para la acción política.

Lamento decirlo, pero con frecuencia en nuestro medio, la ignorancia política nos lleva a sacrificar proyectos históricos correctos, para dar paso a proyectos audaces y postizos, que fácilmente hipnotizan a las masas, es el caso del Sumaw Kawsay correista que ha comenzado a folklorizar el concepto e irlo convirtiendo en un recipiente vacío. Claro que quiénes te escuchan comprenden fácilmente el concepto, porque tiene la virtud de la sencillez; pero ¿de qué sirve si a él no está unida la propuesta de la acción, del cambio y de la lucha para la conquista del poder? Ignorancia política es creer que los cambios se darán por voluntad de Dios, del Gran Espíritu o de Jehová (caminos como el de Aurelio Tepankali). El realismo político necesario nos tiene que llevar a la acción inmediata y sacrificada de quienes entendemos con claridad la realidad. Entiendo por realismo político la conformación de un movimiento conciencial que proponga un nuevo esquema civilizatorio, claro, sencillo, alejado de las concepciones occidentalistas del desarrollo, que por ser elementalmente simple puede ser asimilado tanto por el ser alienado de las grandes ciudades como por el hombre común de las sociedades atrasadas, alienado también, pero en otro sentido. Una propuesta que le haga ver al individuo que la felicidad no depende del consumo, sólo puede surgir del Sumaw Kawsay. Si le invitamos a luchar por ella, el individuo de nuestra época hará un esfuerzo para romper la indiferencia a la que los intereses del poder global le tiene acostumbrado.

Socialismo es ausencia de propiedad privada sobre los medios de producción (Marx y Sumaw Kawsay); comunismo es la sociedad de la autoconciencia, que nunca ha existido y que nuestros ojos no la verán. Si hoy sentamos las bases, (el Ñucanchi-socialismo-americano) nuestros descendientes podrán algún día vivir en ella; pero esa no es nuestra lucha, nuestra lucha es por el Socialismo Americano, hoy, no mañana, con la urgencia de que estamos luchando contra el tiempo. Quizás esta sea nuestra última oportunidad.

Nada más erróneo que considerar que el concepto de socialismo está desgastado. En Europa y en América los gobiernos reaccionarios, reformistas y socialdemócratas sacan provecho de él para engatusar a sus pueblos. ¿No te has dado cuenta? Ese es otro motivo para dotarle al socialismo de contenido real y positivo, que sólo el Sumaw Kawsay puede hacerlo.

Coincidimos en valorar la esencia del Sumaw y ver en él una esperanza para el futuro; no coincidimos en los métodos para llevarlo a la práctica. Yo no repito contigo que cada cual vaya por su lado para ver a quién el tiempo le dará la razón. Esa es una forma muy sencilla de dividir la unidad y debilitarnos. Las puertas del Socialismo Americano están abiertas para seguir discutiendo y para que cuando creas conveniente vengas a ayudarnos a empujar el carro de la Historia.

Tu hermano y amigo:

Jorge

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