AMERICA MESTIZA. NUESTRO DESTINO

 

AMERICA MESTIZA. NUESTRO DESTINO

Esta sección está destinada a reflexionar sobre el mestizaje en América y el Ecuador. Aspiramos a difundir lo que consideramos es la esencia de nuestras concepciones.

NOTA NECESARIA

En el mes de mayo de 2012 recibí un correo firmado por Atawallpa Oviedo Freire en el que se me decía que básicamente estaba de acuerdo con un editorial mío publicado en diario La Hora el 21de marzo, en el cual me refería al Sumaw Kawsay. A pesar de llevar el mismo apellido no conocía al autor de la nota. Días después me envío, siempre por correo electrónico, una dirección, en la cual encontré referencias personales y, también, sus obras. Me interesé de inmediato en esos materiales y, en las fechas que se señalan, le envíe mis opiniones.

CARTA A ATAWALLPA OVIEDO FREIRE

Quito, 2 de julio de 2012.

Estimado Atawallpa Oviedo, hermano en las ideas y en la lucha por una América grande y poderosa, como la de nuestros ancestros:

Gracias por los envíos. Son textos que nos obligan a meditar sobre temas trascendentes en este tiempo de tanta superficialidad.

Cuando me acerco a una crítica radical a la cultura occidental como la tuya, no dejo de inquietarme y, de inmediato, ponerme en guardia. Me inquieto porque siento que el piso sobre el que me paro se tambalea y me pongo en guardia porque quiero defender lo que creo.

La cultura de Occidente es el resultado de la confluencia de tres matrices: la griega, la romana y la hebrea. Lo que pensamos y sentimos tiene su origen en ellas y la conducta del hombre de occidente obedece a sus imperativos. Una palabra define la cultura de occidente: individualismo y, otra, la conducta del ser humano de occidente: egoísmo. Se equivocan quienes sostienen que esos rasgos son característicos del capitalismo. No. Surgen con las sociedades clasistas.

Pero, curiosamente, en el seno de las sociedades de clase siempre han existido sectores que aprendieron a vivir de la cooperación mutua y la solidaridad, como un rasgo que la humanidad no ha olvidado desde las épocas de la comunidad primitiva. Los primeros cristianos en el esclavismo, las comunidades autónomas de campesinos en el feudalismo y el socialismo en el régimen capitalista. Un rasgo persistente de una humanidad que intuye que la felicidad del ser humano tiene que ser de todos y no de unos pocos.

Los europeos “descubren” América a finales del siglo XV. El ser social europeo para entonces estaba íntegramente conformado por los rasgos del individualismo y el egoísmo. La conquista y colonización de estas tierras fue una empresa privada pro-capitalista que se apropia de las tierras y somete al ser humano. Destruye, entierra y olvida todo aquello que a los seres de estas tierras le había servido para hacer su vida durante milenios y le impone, como única alternativa, el individualismo social y el egoísmo personal.

Cinco siglos de esa cultura dominante han actuado para anular el ser social pre-colombino, tanto más si se considera que desde el siglo XIX imperan las leyes expansivas y absorbentes de la economía capitalista, cuya hegemonía absoluta ha perfilado un individuo egocéntrico, narcisista y depredador que no entiende más razones que las de la libre empresa y el lucro individual. Ese producto (el ser) está enlatado en todo el continente y se lo visualiza con más claridad en las grandes urbes de la actual civilización (Nueva York, Sao Paulo, Buenos Aires, México DF., etc). ¿Crees que a ese ser le puede llegar el mensaje del vitalismo tetraléctico o del Sumaw Kawsay pre-colombino? Si no son esas masas, ¿para quién, entonces, pensamos y actuamos? ¿Para minorías aisladas?, ¿élites iluminadas?, ¿pequeñas capillas de iniciados? No estaríamos, entonces, pensando en salvar a la humanidad, sino a unos pocos afortunados. Y no se trata de eso.

La Historia de Occidente, con ser invasiva y prepotente, ha impedido durante quinientos años que se conozca la esencia de las civilizaciones americanas. Ellas definieron una vida de respeto y cercanía a la naturaleza, entendiendo sabiamente que lo que a ella le hicieran, se estaban haciendo a sí mismos. Definieron esa forma de vida en el marco de una práctica civilizatoria diferente, con conocimientos científicos y tecnológicos amables con su entorno y de fina intuición conservacionista. Esa es, precisamente, la esencia original de estas civilizaciones que ahora tiene que servir de soporte a una nueva propuesta de cambio social y económico, requisito necesario para ver surgir un nuevo tipo de ser social, opuesto al ser social individual y egoísta (hombre mecánico) que nos trajo la cultura de Occidente.

Ese es, precisamente, el aporte que América tiene que hacer a la cultura universal. La ceguera gnoseológica de Occidente, que cree estar haciendo bien, cuando en realidad está destruyendo, tiene que ser cambiada por la lucidez gnoseológica de que si le seguimos haciendo daño a la naturaleza, seguiremos hundiendo una espina asesina en el corazón de la humanidad. La propuesta americana tiene alcances raigales para la sociedad humana. De ella depende el futuro del planeta (nuestra casa) y de los seres que la habita (nuestra especie y todas).

Sumaw Kawsay no tiene, en realidad, traducción. Así como el hombre actual para vivir bien tiene que garantizar ingresos suficientes que le permitan consumir lo que la industria pone a su alcance, el Sumaw Kawsay pre-colombino era la condición natural del ser en un mundo en el que no necesitaba consumir nada artificial para existir. Era un tiempo en que el ser humano podía dialogar con las estrellas y estar en contacto con los elementos de la naturaleza, sin que su presencia la alterara y no era un diálogo en una sola dirección, sino que los elementos también le hablaban materializándose en frutos, agua pura, nieve, tierra fértil, fuego creador y poderoso. El Sumaw Kawsay era el concepto de civilización en que nuestros ancestros vivían sin esfuerzo, sin necesidad de definirlo teóricamente; así como ahora el Buen Vivir occidental es el concepto de civilización en que la inmensa mayoría de la humanidad vive o aspira a vivir por derecho propio. A estas alturas del desarrollo de la sociedad occidental, ni el uno ni el otro, son conceptos de civilización que pueden existir de forma independiente o yuxtapuesta.

Sin intenciones de querer sacralizar los lugares comunes, pero creo que hoy por hoy, la comunidad científica mundial, responsable y objetiva, ha llegado a la conclusión de que la civilización actual está herida de muerte. La sociedad humana está cayendo por el abismo y sólo estamos esperando el golpe final. La ciencia occidental se engaña y engaña a la humanidad sosteniendo que sólo ella está capacitada para evitar la tragedia. Es como el ojo que ve, pero no puede verse. Aun aceptando sus buenas intenciones, ya no es posible mantener la confianza. Es un principio universal que si siempre se hace lo mismo, los resultados siempre serán iguales. Sólo hemos cambiado los medios, los procedimientos son idénticos. ¿Podemos esperar resultados diferentes? Imposible. Espanta ver a las muchedumbres marchar confiadas al acabose; no confiadas, ciegas, es más exacto.

Es en este punto donde el Sumaw Kawsay tiene la palabra. Quinientos años después se levanta como una alternativa posible.

Pero, amigo, ¿puedes imaginar al ciudadano de Buenos Aires, Nueva York, México DF, Sao Paulo e inclusive al del mismo Quito, Santiago, Caracas, asimilando el Sumaw Kawsay en su estado puro? Ni la más convencida mentalidad pudiera hacerlo, salvo que estuviera fuera de la realidad. Las sociedades concretas del Sumaw Kawsay son nada más que recuerdo histórico penosamente rescatado. Están en el pasado como muestra de lo grandiosos que fueron nuestros ancestros y como prueba real de lo brutal que fue el proceso de la conquista y colonización europeas; pero es imposible reeditarlas, reconstruirlas o volverlas a edificar. Nada en la Historia se puede restaurar como si fuera un viejo edificio derruido, la Historia para adelante sólo nos permite construir lo nuevo. Y lo nuevo en América tiene que ser fruto de la fusión de nuestros ancestros con la teoría revolucionaria más avanzada surgida en el seno de la sociedad capitalista: el socialismo.

Sumaw Kawsay o socialismo es un falso problema; Sumaw Kawsay vs. Socialismo, igual. Nada ensambla tan perfectamente como el Sumaw Kawsay ancestral con el socialismo revolucionario moderno. El motor político del Sumaw Kawsay civilizatorio es el socialismo revolucionario.

El socialismo, como ideología occidental, es revolucionario. Su propuesta subvierte las bases de la civilización capitalista: eliminar la propiedad privada sobre los medios de producción.

El fracaso del llamado “socialismo real” no invalida su propuesta, así como la degradación del mundo actual no invalida la propuesta moral del cristianismo. Un mundo sin propiedad privada sobre los medios de producción, sí es posible.

El Sumaw Kawsay pre colombino descubrió esta verdad antes de Marx y no como constructo o teoría, sino como forma de vida. Sumaw Kawsay es vivir en armonía con la naturaleza. Lo que el ser humano le hace a la naturaleza, se hace a sí mismo.

La abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción que el socialismo propone, de inmediato pondrá al ser humano en armonía con su entorno. No hay, por lo tanto, contradicción entre las dos concepciones.

Por el contrario, hay unidad, con la ventaja que el socialismo adapta al Sumaw Kawsay a la modernidad, convirtiéndolo en base real de la nueva propuesta civilizatoria e impidiendo que se convierta en una utopía.

Esto es el Socialismo Americano. Una propuesta incluyente, que emergiendo del seno de la Historia, abarca la innegable realidad del mestizaje americano. A excepción de Norteamérica, de México a la Patagonia, somos pueblos mestizos.

El Socialismo Americano es la propuesta de salvación de nuestro continente, después de quinientos años de humillación y aislamiento.

Su nombre propio es: Ñucanchi-Socialismo-Amaruka. Con él comenzamos a recuperar la memoria que nos robaron los colonizadores.

Cambiar de vida será ir recordando lo que el impacto de la conquista y colonización nos hizo olvidar y añadiendo esos viejos recuerdos a las experiencias positivas de nuestra vida moderna, para de esa forma construir la nueva civilización americana, sud americana.

El Sumaw Kawsay es parte integrante del Socialismo Americano.

No es indigenismo, tampoco socialismo a secas. Es una nueva forma de vida.

Cada una de estas ideas tienen que ser lo suficientemente explicadas. El resultado será un libro de próxima aparición.

Con la mirada y la fe puestas en el futuro, quedo de ti, atentamente:

Jorge Oviedo Rueda

 

CARTA DE JORGE OVIEDO RUEDA

Quito 13 de julio de 2012

Estimado amigo Atawallpa:

Después de tu visita tuve ya la impresión de que estábamos dotados de energías diferentes. Tu, tranquilo y seguro, como un halcón que desde el cielo observa la ineluctable sucesión de los acontecimientos, esperando sereno que llegue tu tiempo; yo, nervioso, intranquilo, dudando si lo que pienso puede convencer a mis semejantes, con un ansia inmediata de poner manos a la obra. Supe, te soy sincero, que corto era el camino que nos tocaba andar juntos.

Lamentablemente, entre los hombres, con poca frecuencia surgen individuos que sepan unir su pensamiento a la acción. No lo tomes a mal. A pocos intelectuales de mi tiempo les he visto provistos de tanta luz y razón, como a ti. Encuentro en todo lo que de ti he leído una enorme carga de intuición valedera, suficiente para guiar el camino de quienes se han puesto como meta un futuro de grandeza y felicidad para el ser humano; pero toda tu obra es como una maravillosa máquina diseñada para volar a la que se te ha olvidado ponerle el motor de la política. Ingenuamente dices “es mejor caminar por sí mismos” con lo cual cierras toda posibilidad al acuerdo y a la discusión creadora, que cuando es consiente y racional, da lugar a un sincretismo creador.

Las sociedades pre-colombinas no conocieron la propiedad privada de la tierra. Si se quiere, la estructura del Sumaw Kawsay está en ese principio. Ellos no supieron de economías “interparticipativas”, como dices, en la que se mezclaban lo comunitario, lo público, lo privado, lo cooperativo y hasta lo corporativo. La tierra, para las sociedades ancestrales de las que estamos hablando fue -lo mismo que en nuestra época es para nosotros el aire-, un bien común. La idea de una economía “interparticipativa” es una idea tuya y no está mal, porque es fruto de toda la experiencia histórica acumulada durante siglos, incluidas las concepciones socialistas. Esa es, precisamente mi propuesta: enriquecer el Sumaw Kawsay ancestral con el aporte revolucionario del socialismo, con lo cual obtendremos una poderosa arma ideológica para la acción política.

Lamento decirlo, pero con frecuencia en nuestro medio, la ignorancia política nos lleva a sacrificar proyectos históricos correctos, para dar paso a proyectos audaces y postizos, que fácilmente hipnotizan a las masas, es el caso del Sumaw Kawsay correista que ha comenzado a folklorizar el concepto e irlo convirtiendo en un recipiente vacío. Claro que quiénes te escuchan comprenden fácilmente el concepto, porque tiene la virtud de la sencillez; pero ¿de qué sirve si a él no está unida la propuesta de la acción, del cambio y de la lucha para la conquista del poder? Ignorancia política es creer que los cambios se darán por voluntad de Dios, del Gran Espíritu o de Jehová (caminos como el de Aurelio Tepankali). El realismo político necesario nos tiene que llevar a la acción inmediata y sacrificada de quienes entendemos con claridad la realidad. Entiendo por realismo político la conformación de un movimiento conciencial que proponga un nuevo esquema civilizatorio, claro, sencillo, alejado de las concepciones occidentalistas del desarrollo, que por ser elementalmente simple puede ser asimilado tanto por el ser alienado de las grandes ciudades como por el hombre común de las sociedades atrasadas, alienado también, pero en otro sentido. Una propuesta que le haga ver al individuo que la felicidad no depende del consumo, sólo puede surgir del Sumaw Kawsay. Si le invitamos a luchar por ella, el individuo de nuestra época hará un esfuerzo para romper la indiferencia a la que los intereses del poder global le tiene acostumbrado.

Socialismo es ausencia de propiedad privada sobre los medios de producción (Marx y Sumaw Kawsay); comunismo es la sociedad de la autoconciencia, que nunca ha existido y que nuestros ojos no la verán. Si hoy sentamos las bases, (el Ñucanchi-socialismo-americano) nuestros descendientes podrán algún día vivir en ella; pero esa no es nuestra lucha, nuestra lucha es por el Socialismo Americano, hoy, no mañana, con la urgencia de que estamos luchando contra el tiempo. Quizás esta sea nuestra última oportunidad.

Nada más erróneo que considerar que el concepto de socialismo está desgastado. En Europa y en América los gobiernos reaccionarios, reformistas y socialdemócratas sacan provecho de él para engatusar a sus pueblos. ¿No te has dado cuenta? Ese es otro motivo para dotarle al socialismo de contenido real y positivo, que sólo el Sumaw Kawsay puede hacerlo.

Coincidimos en valorar la esencia del Sumaw y ver en él una esperanza para el futuro; no coincidimos en los métodos para llevarlo a la práctica. Yo no repito contigo que cada cual vaya por su lado para ver a quién el tiempo le dará la razón. Esa es una forma muy sencilla de dividir la unidad y debilitarnos. Las puertas del Socialismo Americano están abiertas para seguir discutiendo y para que cuando creas conveniente vengas a ayudarnos a empujar el carro de la Historia.

Tu hermano y amigo:

Jorge

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