LA POSMODERNIDAD TODAVIA NO LLEGA

            En estos enredados asuntos de la conciencia posmoderna lo que más conviene es ser directos y sencillos. Posmodernismo es para mí, como dice el término, todo aquello que se ubica por delante del modernismo, lo que nos lleva, inevitablemente, a preguntarnos qué es el modernismo. En la misma línea de sencillez y claridad, lo moderno es el régimen capitalista que hundió, a finales del siglo XVIII, al imperio feudal. La modernidad comienza a estar cargada de años, quiero decir, ha entrado en su etapa de vejez y decadencia. El régimen capitalista, por su naturaleza económica, no tiene aire para durar mil o más años, como sucedió con el feudalismo o con el régimen esclavista. La naturaleza dinámica de la economía capitalista acelera el desarrollo en diez años lo que los regímenes precedentes lo hicieron en cien. Doscientos años después de su surgimiento estamos ante una economía globalizada, en la que el poder político se ha vuelto, también, único y global. No importa dónde está el epicentro del poder, si en Asia, América o Europa, lo concreto es que hay una tendencia planetaria a la concreción de un gobierno mundial cuya finalidad última es controlar las fuentes de subsistencia que le quedan a la humanidad. Los matices que cada bando tiene en ese propósito son los que le dan contenido al conflicto actual del mundo. Para sostener los niveles de consumo de la actual civilización puede ser el objetivo de uno de ellos, recuperar lo perdido y mantener niveles de sostenibilidad para preservarla, puede ser el objetivo del otro, en ambos casos para sostener una misma civilización, en la que todos estamos inmersos sin posibilidad de escape o de cambio.

            Desde esa perspectiva la posmodernidad no ha llegado todavía, en razón de que el capitalismo no ha terminado de pasar, porque es lo que está pasando. Cierto que ahora no es igual a lo que fue en el siglo XIX, ni tampoco a lo que fue en el siglo XX, pero sigue siendo el mismo sistema cuya estructura de concentración de la riqueza social y explotación de la fuerza de trabajo no ha variado en lo esencial. Como un árbol que en sus orígenes fue semilla, luego arbusto y finalmente árbol maduro y pleno. Diferente en cada etapa, pero la misma semilla. Las tres grandes etapas de la semilla del capitalismo son: 1) capitalismo de libre concurrencia (s. XIX); 2) capitalismo monopólico (s XX década de los setenta);  3) capitalismo financiero o especulativo (fines sXX hasta nuestros días) Cada etapa tiene sus rasgos característicos, pero por razones didácticas nos interesa la última.

            El capitalismo financiero o especulativo se mueve en la esfera de la circulación. Mueve masas astronómicas de capital que sus dueños las manipulan como si fueran mercancías. Las prestan para incrementarlas por medio de los intereses. Las naciones menos desarrolladas son la fuente principal del negocio especulativo. Ofrecen “créditos para el desarrollo” que en la práctica nunca cumplen ese objetivo. Al cabo del tiempo el resultado es más deuda menos desarrollo; pero este sistema no es sólo una fórmula contable. Los préstamos siempre van condicionados a que los gobiernos receptores adopten políticas que no sólo tienen que ver con los movimientos financieros, sino con la adopción de estilos de vida colectivos que copian, en el subdesarrollo, los hábitos de consumo de los países desarrollados. Esta práctica está condenando, irremediablemente, a la muerte a la civilización capitalista, porque próximo está el día en que los recursos serán menores que las necesidades. Si seguimos por este camino nunca llegará la posmodernidad o, tal vez, la posmodernidad sea equivalente al “paisaje después de la batalla”. Un panorama de muerte, desolación y derrota de la humanidad.

            El virus del capitalismo está metido en el alma de las inmensas masas planetarias. En Asia como en Europa, en América como en África el capitalismo financiero ha logrado uniformar la conducta y las reacciones de los individuos. En los cuatro puntos cardinales del planeta los individuos reaccionan como autómatas a los requerimientos del capitalismo corporativo financiero. Igual un japonés, como un argentino o un alemán sienten necesidad de consumir Coca Cola con hamburguesa y lo mismo un norteamericano, como un ecuatoriano o un francés defienden apasionadamente el modelo democrático que el capitalismo corporativo considera apropiado y correcto. Sin saber por qué, la gente defiende lo que desde su nacimiento le han dicho que es lo normal. Uno en un millón  tiene capacidad para distanciarse de esta estandarización de la conciencia y ese uno, casi siempre, termina sucumbiendo en el océano de lo normal.

            Pesa como un yunque sobre la conciencia individual la reflexión aristotélica de que la “comunidad precede al individuo”. Nacemos en el seno de una familia que, al momento de nuestro nacimiento, ya tiene formadas sus concepciones religiosas, filosóficas, culturales, gustos, tradiciones y costumbres que a su vez han sido adquiridas del entorno social en el que esa familia se desenvuelve. Las nuevas generaciones heredan esas costumbres, ideas y tradiciones, es lo que se llama el establishment  que asimilamos, más que heredamos, sin que jamás nos distanciemos de esa herencia, conformándose, de esa forma, el individuo promedio, que, sin querer queriendo, se ocupa de reproducir, con el solo hecho de existir, el sistema general en el que vive. La masa actúa sobre la masa, pero esa masa está presa en el sistema que la oprime.

            La posmodernidad tiene sentido, dentro del capitalismo, sólo en la conciencia de aquellos individuos que son capaces de volar fuera de la inmensa jaula del sistema, que toman conciencia de que la libertad está más allá del establishment y que el individuo no puede estar condicionado por la masa porque sin esa conciencia es imposible la libertad. El individuo que tiene conciencia de estos dos elementos ha sido capaz de romper la jaula y se convierte al instante en un luchador. La contemplación y pasividad no son parte de su personalidad. Empujará el carro de la libertad hasta triunfar o morir.

            Esto es lo que se llama conciencia política. Ese individuo que se niega a dar caridad a un niño mendigo, porque piensa que tiene que terminar la mendicidad infantil, o que sabe que la pobreza tiene su raíz en la explotación, o que la corrupción no está en los individuos, sino en el sistema que crea las oportunidades, es el que está preparado para construir un nuevo mundo, es el individuo que trae en sus mochilas la posmodernidad, porque posmodernidad equivale a nueva vida. Esa nueva vida es la sociedad poscapitalista, aquella en la que los seres humanos dejarán de tener la necesidad existencial de comportarse y vivir según el estilo de vida que nos exportan las grandes corporaciones del capitalismo mundial. Individuos con raíces, no como el hombre promedio actual que vive en una mansión construida sin cimientos, en el aire.

 

17-07-2019

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LOS DIEZ PRINCIPIOS DE LA NUEVA SOCIEDAD

      Tres años más tarde del triunfo de Lenin Moreno comienza a aclararse el panorama político-ideológico del Ecuador. Hay voces que hablan del “legado correista” comenzando a disipar la espesa cortina de odio que las élites nacionales y sus aliados internacionales levantaron alrededor del progresismo correista. Sólo el odio clasista puede explicar que se haya querido negar la labor histórica del gobierno aliancista en la década pasada. Con ánimo triunfalista su líder anunció, en una ocasión, que la Revolución Ciudadana iba a durar trescientos años, lo cual era una exageración; pero negar su trascendencia en la historia reciente del Ecuador, no sólo que es una torpeza, sino que demuestra la permanencia insolente de la mentalidad colonial que no acepta ni en el presente ni en el futuro los cambios históricos que el Ecuador necesita.

      Ñukanchik Socialismo siempre entendió la trascendencia histórica de la Revolución Ciudadana valorándola en su justa dimensión.  Sostuvo que Rafael Correa vino a completar la trunca revolución machetera de Eloy Alfaro, su propuesta histórica de consolidar el Estado burgués moderno democratizando el capital desde los sectores populares y fortaleciendo, vía sector público, un sector medio de la sociedad. Toda la obra práctica del gobierno de la Revolución Ciudadana se ubica en este marco histórico y en ello radica su límite.

      Correa y sus portavoces nunca prestaron atención a las voces críticas de su gobierno. No me refiero a la “trucha oposición”, esa que se preocupaba más por el color de los boxers que usaba el líder, sino a aquella que fue capaz de hacer planteamientos teóricos y conceptuales capaces de empujar el proceso más allá de sus limitaciones. Comenzaron a hablar de una sociedad pos neoliberal, de un socialismo de mercado y de un bio socialismo, planteamientos que bien pudieron encajar con las concepciones de esa oposición teórica, pero que al ser tratados de manera tan superficial e irresponsable, no pasaron de ser pinceladas interesantes en el paisaje reformista general de la Revolución Ciudadana.

      La lógica del proceso reformista, sin dirección revolucionaria, como sucedió al final, tuvo que abandonar la proyección popular y dar un giro hacia las fórmulas del neoliberalismo fondomonetarista. El gobierno de Lenin Moreno es la versión decadente del correismo postrero, de ese correismo que había llegado a la bifurcación del camino y no le quedaba sino decidir si iba por el camino neoliberal o por la senda arriesgada y difícil de la radicalización del proceso. Lenin Moreno decidió lo primero. Sin aliento histórico ni para decidir la conveniencia o no de un feriado nacional, decidió entregarse a la oligarquía de siempre y a los intereses norteamericanos. La pregunta es ¿qué hubiera hecho Rafael Correa?

      Que contesten esa pregunta los especuladores profesionales o los adivinos, Ñukanchik Socialismo vuelve a plantear las tesis que considera están a la izquierda del proyecto reformista de Rafael Correa, aquellas sin las cuales cualquier líder que sea le seguirá dando las vueltas a las eternas fórmulas liberales, neoliberales, keynesianas, neo keynesianas, clásicas o neoclásicas, es decir, le seguirán cambiando el collar al mismo perro del capitalismo:

  1. El equilibrio.- La piedra angular del pensamiento ancestral es el equilibrio dinámico. Debe existir equilibrio en la producción, en la distribución,  en el consumo, en la relación del ser humano con la naturaleza. La falta de equilibrio altera el flujo normal de energías entre los múltiples sistemas que conforman el sistema general de la vida. Un sistema económico-social pierde el equilibrio cuando se ha permitido la acumulación de la riqueza en pocas manos. Desde el régimen colonial se perdió el equilibrio en la sociedad americana. Quinientos años después se hace necesario restaurar ese equilibrio. La restauración del equilibrio ahora significa haber cerrado un Pachacutic y ubicar a la sociedad en un nivel superior que durará otros quinientos años, momento en el cual se tendrá que volver a recuperar el equilibrio perdido hasta entonces para ampliar el espiral histórico, sin tregua ni descanso, hasta el infinito.   
  2. Sistema de propiedad comunitaria de los medios de producción.– La sociedad del Sumak Kawsay Revolucionario no elimina el derecho a la propiedad individual, pero principaliza la propiedad comunitaria sobre los medios de producción, la misma que, apuntalada en la noción angular del equilibrio, hace posible la diferenciación de la propiedad entre propietarios individuales y el Estado y, entre ellos mismos, impidiendo, por medio de un proceso permanente de control a cargo del Estado, que se rompa el equilibrio estructural.
  3. La “fuerza necesaria”.- Pero el equilibrio cíclico no es solamente el resultado del accionar de los “factores” de la historia, sino su conjunción con la voluntad del ser humano. La restauración es el acto consciente de los individuos en medio de sus circunstancias históricas. Luego de esta ruptura con el orden heredado, entonces se inicia –pero sólo entonces-, la transición hacia el pleno equilibrio de las fuerzas productivas y sociales en el cual nada, ni nadie, estarán excluidos. 
  4. El sujeto revolucionario.– La crisis actual no es sólo la crisis del sistema capitalista sino la de su civilización. El desajuste entre el ser humano y la naturaleza es de tal magnitud que la humanidad está amenazada de muerte. De entre todos los que viajamos en esta nave sideral que se llama Tierra se junta una vanguardia político-espiritual dispuesta a asimilar la esencia del Sumak Kawsay Revolucionario. Esa vanguardia se prepara acercándose al poder de las hierbas sagradas, interpretando las fuentes, vestigios materiales y espirituales de las sociedades ancestrales y estudiando las ideas auténticas del pensamiento revolucionario de occidente. Cuando llega el momento de la convulsión revolucionaria y esa vanguardia triunfa -siempre haciendo uso de la violencia revolucionaria-, el enemigo de clase se convierte en minoría la misma que va desapareciendo en la medida que avanza el proceso de construcción de la nueva sociedad.
  5. La ideología.– No hay fórmulas ideológicas para construir el equilibrio, sólo el método dialéctico legado por Marx fusionado, ahora, con la herencia del pensamiento ancestral americano. Si en algo nos pueden servir las experiencias históricas del llamado “socialismo real” y la propia historia del capitalismo, será para evitar los errores cometidos. La construcción de la nueva sociedad del Sumak Kawsay es una experiencia inédita que cuenta sólo con la sabiduría humana acumulada durante milenios y el desarrollo espiritual alcanzado hasta nuestros días. Una sociedad de exclusivo desarrollo material sólo puede terminar en la destrucción; así como es imposible una de exclusivo desarrollo espiritual. La conjunción de ambos es la nueva Utopía.
  6. Un Estado en manos de la vanguardia político-espiritual es necesario.- Si una vanguardia político-espiritual llega a controlar el Estado se produce un cambio cualitativo en su naturaleza: deja de representar los intereses de una clase y pasa a representar los de toda la sociedad. Las reglas del juego político del viejo régimen se vuelven obsoletas, se construyen, sobre la marcha, otras, que representan las nuevas relaciones de producción y de poder. Otra economía, otro sistema jurídico, otro sistema educativo, otro tipo de democracia. No existen fórmulas, todo depende de la dialéctica sustentada en el equilibrio estructural. La sociedad en su conjunto inicia un proceso heroico de creación de lo nuevo. Procesos como los del Progresismo Latinoamericano, son el eslabón previo de la transformación social, pero sin dirección revolucionaria esos procesos se truncan y sólo sirven para consolidar el capitalismo.
  7. Las formas de lucha.– Toda forma de lucha contra el régimen establecido es válida, sólo que en las actuales circunstancias históricas se debe priorizar la contienda electoral. El accionar político del correismo ha permitido que los actores políticos pongan sobre la mesa todas sus cartas, motivo por el cual, la izquierda revolucionaria, Ñukanchik Socialismo -que es la nueva izquierda en el Ecuador-, tiene la oportunidad “democrática” de ser radical sin que eso signifique levantarse en armas, sino llevar, sin tregua ni descanso, una lucha ideológica frontal dentro de las normas de la “democracia real” que ahora existe. Tenemos derecho a demostrar que estamos a la izquierda del proyecto correista y a competir, electoralmente, con él y con el resto de fuerzas. La democracia burguesa, para ser tal, tiene que aceptar la existencia de una fuerza política anti sistema. De no hacerlo se evidenciaría su naturaleza excluyente y autoritaria, es decir, antidemocrática y quedarían abiertas las puertas para otras formas de lucha.
  8. La tierra como sustento de la vida.- La tierra será el sustento de la nueva vida. Podemos prescindir de los bienes industriales; de los que nos da la tierra, no. Un sistema de producción agrícola en el que la industria sea complementaria a las necesidades básicas del ser humano, es posible. Ñukanchik Socialismo luchará por eso, hasta ver al Ecuador convertido en un hermoso emporio agrícola.
  9. Otra educación para refrendar el cambio.- A la par de la transformación de la matriz productiva se debe iniciar el cambio del sistema educativo, sin lo cual, será imposible consolidar el triunfo político. Nueva educación significa nueva ciencia necesaria para hacer realidad la armonía de las necesidades del ser humano con la naturaleza. Hay que enseñar a las nuevas generaciones a respetar su entorno, fin que nunca se logrará si se las sigue educando en la ciencia burguesa. Depurar la tecnología para ponerla a nuestro servicio y no, como es ahora, el ser humano al servicio de la tecnología.
  10. Crear el instrumento para la transformación.- Para ir a la luna necesitamos un vehículo, para hacer la revolución, igual; para la luna una nave espacial, para la revolución, un partido político. Ñukanchik Socialismo es ahora un movimiento, no dice ser dueño de la verdad ni que es el partido de la revolución, dice que quiere serlo. Amparado en sus derechos propone el debate, convencido de que la polémica leal y honesta es el mejor camino para llegar al corazón del pueblo. Rechaza el silencio cómplice, la tesis criminal de “avanzar sin discutir”, la falta de interés en la autocrítica como instrumento de depuración de nuestras filas; condena la indiferencia política y rechaza la injerencia de la nueva derecha en el debate que la izquierda revolucionaria libra contra el correismo[1]. Considera que las líneas generales del debate están planteadas entre el reformismo, con todas sus variantes, y la nueva teoría revolucionaria, aquella que se ubica a la izquierda del proyecto político de Alianza País y de su caudillo Rafael Correa Delgado.

[1] Véanse todas las cartas que el periodista José Hernández ha dirigido a personalidades de nuestro ámbito político como Rafael Correa y Alberto Acosta. Su crítica “democrática” usando los argumentos de la izquierda revolucionaria suena falsa, porque detrás de ello no existe propuesta política, sólo la puja por aclarar quién está mejor capacitado para llevar adelante el mismo proyecto reformista. Para los voceros de la neo derecha sólo se trata de una cuestión de “estilo”.

1 de mayo de 2015, Quito.

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LENIN MORENO O LA LOTERIA DEL PODER

                                                           Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros.

Groucho Marx

            No me queda claro si la suerte de Lenin Moreno vino de la mano del “flaco querido” o de otro personaje parecido, pero en los inicios de la aventura correista fue el palanqueo entre amigos el que surtió efecto para que el líder de la Revolución Ciudadana escogiera su binomio. En una lid presidencial un compañero de fórmula es como el envés de la moneda, alguien que está pegado a uno no sólo por la amistad, sino por la identificación ideológica y la afinidad política. En una aventura de esta naturaleza se hace una especie de pacto de sangre entre los que se proclaman líderes del pueblo.

            La fuerza de Rafael Correa arrastró a Lenin Moreno al primer triunfo electoral. Su aporte fue mínimo. La historia de su desgracia física fue su contribución. Una masa sentimental, como es la del pueblo ecuatoriano, vio con simpatía que un “patojito” acompañara al nuevo líder que, con el discurso adoptado de la izquierda radical, prometía cambiar el Ecuador. No se conocía su forma de pensar, ni si verdaderamente le importaba la política, ni nada se sabía de su nivel cultural. Era un buen hombre, oriundo de la región amazónica que “abandonó su tierra para ver la capital“. En la Universidad Central matriculó una ingeniería que, a duras penas, terminó, habiendo, en este lapso de tiempo, tomado contacto con una de las micro fracciones del MIR (cuando la izquierda ecuatoriana se debatía entre tomar las  armas o sumarse a la comparsa democrática de la competencia electoral). Fuera de la universidad se olvidó de la política y se inició en la actividad empresarial, no habiendo llegado nunca a ser un empresario de éxito. Su paso por la Cámara de Turismo de Pichincha casi nadie lo recuerda, porque nada significativo sucedió. En medio de estrecheces económicas este buen hombre trató de cubrir los gastos de la carrera de diseño y alta costura que sus hijas habían decidido estudiar en Europa y los aires aristocráticos que su mujer tenía para poder vincularse con “lo mejorcito de la gente buena de Quito” Esta es la hoja de vida de quién Rafael Correa Delgado escogió como su binomio. El triunfo arrasador de Correa en 2006, trajo consigo, como un peso inerte, la figura de Lenin Moreno. 

            Así fue. En la dura campaña electoral del 2006 que Rafael Correa llevó prácticamente sólo contra toda la corrupta partidocracia, nadie recuerda que Lenin Moreno haya contribuido con algo destacado. Siempre en las sombras, aparecía cuando la dureza de la confrontación electoral necesitaba ser suavizada. Una especie de colchón o comodín que servía para desviar la atención de las ásperas escaramuzas en las que se metía el líder. Su autoproclamada preferencia por el humor servía para este fin. Lejos de tener la vena de un Groucho Marx o un Woody Allen, era como un mal remedo del “chulla quiteño”. La opinión pública nacional lo masticaba, pero no llegaba a tragarlo.

            Su labor como Vicepresidente de Rafael Correa le puso piernas a un sector inválido de la seguridad social como es el de los discapacitados y este mérito le valió para camuflarse dentro de la misma agrupación política a la que pertenecía como para proyectarse a nivel internacional, logrando una representación simbólica en la burocracia de la ONU, pagado, por supuesto, con plata de los ecuatorianos. Diez años de montarse en la cresta de la ola de la revolución ciudadana para surfear sin peligro, hacer amigos, pagar sus deudas y tocar las puertas de un empresariado ecuatoriano que odió a Correa desde los inicios de su carrera política, en secreto, naturalmente, con cálculo perfecto para, en base a la confianza adquirida, preparar el golpe maestro de la traición.

            El caso de Lenin Moreno Garcés es el inverosímil caso de alguien que se saca el premio gordo de la lotería con un número regalado. Cuando Rafael Correa declinó su candidatura, él estaba seguro que se escogería su nombre para representar los ideales de la Revolución Ciudadana. Sabía que el caudillo daría su aprobación para que las instancias del movimiento político al que pertenecían lo escogieran a él, como efectivamente sucedió. Durante la contienda electoral tampoco afloraron sus méritos propios, todo se sostuvo en la obra realizada durante los diez años precedentes y en el prestigio personal del líder máximo del proceso. Nunca antes, en la historia política del Ecuador, alguien tan carente de méritos intelectuales, políticos y morales había llegado a la presidencia. Federico Páez, en la década de los años treinta del siglo pasado, llegó también con el prestigio de ser un “buen contador de cachos”, pero cuando llegó hizo reformas que hasta hoy son útiles para el Ecuador. Lenin Moreno, ni fu, ni fa.

            En su campaña electoral de 2006 acumuló todos los méritos de la Revolución Ciudadana alrededor de su persona. Se trataba de ganar. El compromiso personal de este personaje era darle continuidad al proyecto iniciado por Rafael Correa y su agrupación política Alianza País. Los ejes medulares de ese proyecto eran de carácter reformista y no revolucionario. En el marco de una economía heterodoxa, filo keynesiana, había que restarle protagonismo a la empresa privada, fortaleciendo el sector público. Una reforma tributaria significaba una mayor contribución del sector privado a la riqueza nacional que se redistribuiría a través del Estado para favorecer a los sectores sociales históricamente marginados. La inversión pública significaba pagar la deuda social que las élites tenían desde la fundación de la república, no con el pueblo, sino con los sectores capitalistas que, por miopía histórica, ni siquiera se habían preocupado de crear las condiciones materiales para ejercer la dominación de manera más eficaz. La continuidad del proyecto aliancista significaba seguirle cerrando las puertas al proyecto neoliberal, avanzar por la senda alternativa del reformismo latinoamericano, al cual se había adscrito el correismo desde sus inicios.

            Pero nada sucedió como estaba previsto. El licenciado Moreno, en cuanto se sentó en el sillón presidencial, les abrió las puertas a sus amigos secretos de la empresa privada y declaró, olímpicamente, que la mesa no había estado servida y que era una desfachatez llamar a cualquier “pendejada revolución” a lo que siguió una solemne declaración de que su gobierno se encargaría de hacer “una cirugía mayor” a la rampante corrupción de la década anterior, con lo cual, de un tajo, se declaró enemigo a muerte de quienes le habían llevado a la presidencia de la república, o lo que es lo mismo, al proyecto progresista enarbolado por Rafael Correa en la década precedente.

            Creo que nadie se atrevería a poner las manos al fuego por la gestión práctica del correismo durante su vigencia. Sin un instrumento partidario de sólida formación ideológica y recia estructura orgánica, nadie puede garantizar que el oportunismo corrupto no se haya filtrado en todos los niveles gubernamentales y partidarios, pero un hombre que tenía la responsabilidad de continuar un proyecto político debía haber concentrado a las diversas instancias y dirigentes para iniciar, desde adentro, una cirugía interna sin traicionar los principios y no haberse entregado de manera tan descarada a la oligarquía nacional y las fuerzas internacionales del capital corporativo. Esa cirugía hubiera preservado la continuidad del proyecto y Lenin Moreno hubiera pasado a la historia como un consecuente artífice del cambio progresivo que, países como el nuestro necesitan. Hoy Lenin Moreno es juzgado como el más bellaco traidor de todos los tiempos.

            No es sólo un traidor, es un farsante de dimensiones colosales. Levantó una campaña para combatir el desempleo y, en lugar de crear puestos de trabajo, despide sin compasión gente de la burocracia estatal; con el pretexto de que la empresa privada crea puestos de trabajo avanza en reformas laborales que a ojos vista son un retroceso en las conquistas laborales, no ha construido nada para disminuir el déficit habitacional y sacrifica a los sectores populares para cumplir al pie de la letra la Carta de Intención firmada con el FMI, sobrepasando ya los límites constitucionales del endeudamiento público y condenando a la miseria a nuestros ancianos, niños y pueblo en general.

            El caso de este mandatario sirve para comprender que la política es un juego de intereses de todo tipo y que el experimento de la Revolución Ciudadana, quizás el más acabado proyecto político después del liberalismo decimonónico, fue tragado por las fuerzas reaccionarias a las que la vesania de Lenin Moreno les abrió las puertas de par en par. Hoy el peso completo del sistema, con todas las fuerzas reaccionarias internas y externas, están sobre lo que queda del proyecto progresista. En el hecho de que la figura del Caudillo sigue siendo el único referente para la revitalización del movimiento, está el peligro. Un nuevo nivel de la política espera el surgimiento de una instancia política organizada, ideológicamente fuerte, combativa y con líderes en todos los niveles que contribuyan a radicalizar el proceso para que con el aumento cuantitativo del pueblo llegue a impulsar el cambio cualitativo que el Ecuador necesita. Todos tenemos que entender este momento, antes que la derecha cavernaria sofoque a la criatura en su lecho de nacimiento. Converger en el fortalecimiento del proyecto iniciado en el 2006, para entrar en las amplias alamedas de un socialismo creador, con raíces ancestrales, respetuoso del ser humano y de la naturaleza, que ´ponga al trabajador por delante del capital, es la misión.

14-06-2019  

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LA PATRIA COMO NEGOCIO

            El triunfo del capitalismo es, en esencia, el triunfo de la libre empresa. Libre empresa no significa que el ser humano pueda vivir de su trabajo, porque de su trabajo ha vivido desde el principio de los tiempos. Significa que es libre para escoger un tipo de trabajo, uno en el cual no tiene que rendir cuentas a nadie y todo depende de cuan eficiente es, ese ser humano, para salir adelante en el enmarañado bosque del mercado y la competencia.

            El capitalismo pre monopólico que prevalece en la economía mundial hasta comienzos del siglo XX, permite el libre juego de la competencia empresarial. La economía se dinamiza hasta niveles extraordinarios, acelerando el desarrollo del transporte, de las comunicaciones, del comercio y haciendo posible el crecimiento del capital y su acumulación. El advenimiento del capitalismo, como sabemos, está cimentado en la sangre, sudor y lágrimas de los trabajadores.

            Pero el triunfo del capitalismo es, como hemos dicho, el triunfo de la libre empresa. La libre empresa trae consigo un nuevo concepto de libertad, que comparado con el que existía en el régimen feudal, es un triunfo indiscutible del ser humano. Todo el pensamiento ilustrado del siglo XVIII gira en torno de explicar económica y filosóficamente esta conquista. Alrededor de ella se organiza la nueva economía y el sistema político del capitalismo.

            La libre empresa es la que ha creado la civilización actual. Ella es la que ha permitido el desarrollo científico y tecnológico que ahora tenemos, gracias a ella ha sido posible la clonación de seres vivos, los viajes espaciales, los trenes electromagnéticos, los teléfonos celulares, las portentosas máquinas que modifican la naturaleza, la televisión satelital y hasta los videojuegos de los niños, todo tiene su origen en la libre empresa. De ahí que sus defensores sostengan que fuera de ella nada es posible y que el pensamiento extremo de los capitalistas llegue a concebir, como algo lógico y natural, que el Estado debe ser manejado como un negocio empresarial.

            Los amanuenses del capital como nuestro mandatario no son sino pequeños gerentes de la gran empresa capitalista. Rafael Correa comprendió que esta concepción ya había cumplido su ciclo histórico y que había que cambiarla, que la hegemonía de la libre empresa había estructurado un sistema injusto, que polariza las desigualdades, concentrando en un extremo a poca gente extremadamente rica y en otro a millones de millones extremadamente pobres. Poner en un segundo plano a la libre empresa y darle prioridad a la economía pública, era una alternativa que permitiría una mejor distribución de la riqueza social. Eso es lo que ahora se llama el progresismo latinoamericano. Lenin Moreno traicionó a esta concepción, nada importa si fue a Rafael Correa.

            Dos años le ha tomado al licenciado cuántico hacerles caso a Alberto Dahik, Guillermo Lasso y Jaime Nebot. El Estado fuerte, de corte keynesiano, que Correa montó, ha ido siendo desmontado sistemáticamente por Moreno, en otras palabras, se lo ha ido entregando a los defensores genéticos de la libre empresa, aquellos que ven a la Patria como un negocio.

            ¿Cómo, si no, explicar la conformación de ese nefasto Comité de Licitaciones, que no es otra cosa que un comité de privatizaciones? En él está ese lobbysta voraz que se apellida Cuesta y que tanto le cuesta al país. Su único fin es privatizar la “administración”, dicen, de las más rentables empresas estatales, porque, como dice el doctor Augusto Tandazo, la empresa privada no se hace cargo de lo que no rinde, sino de aquello que deja grandes beneficios. Las telecomunicaciones, las hidroeléctricas, las carreteras, la salud, la seguridad social, la educación han sido ya desprestigiadas lo suficiente como para que los intereses privados caigan sobre ellas. ¿Cómo explicar el incremento espectacular de las ganancias del sector bancario? ¿Cómo explicar las propuestas de reformas laborales hechas por el sector empresarial? ¿Cómo entender que un corifeo del gobierno lanzó el tubo de ensayo de la jubilación a los ochenta años? ¿Cómo interpretar la atención privilegiada que el FMI le da a este gobierno, sin poner límites al endeudamiento externo? Con Moreno ha vuelto la tranquilidad a los bolsillos de la oligarquía ecuatoriana y no pararán de escandalizar por aquellos casos de corrupción que seguramente existen en el correato, ni por aquellos que la CIA se inventará, convenientemente, para enterrar, bajo toneladas de infamias, todo vestigio del progresismo correista.

            La reacción de los empresarios contra el correismo es una prueba fehaciente de que le tienen pánico a las concepciones progresistas y que no descansarán hasta convertir al Ecuador en una multiempresa nacional, en la que la casta de siempre seguirá con la parte del león y al pueblo, pueblo -tal vez con los sectores medios bajos-, nos tocará bailar con la más fea. Y eso que el correismo no fue, ni veo que puede ser, una alternativa radical y revolucionaria.

30-05-2019

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¿UNA NUEVA FORMA DE ANALFABETISMO?

            Claro que debemos alarmarnos de la creciente incapacidad que las nuevas generaciones tienen para fijar su atención en aquellos temas que son inmanentes a la curiosidad humana y sin cuya asimilación estaríamos entrando en un vacío existencial sin precedentes sociales y personales. Esa peligrosa tendencia en la conducta actual de la humanidad se debe, qué duda cabe, al uso generalizado del internet, espacio virtual que el individuo puede usar de forma instantánea y libre. El espacio virtual es una especie de cerebro portentoso que contiene todo lo bueno y todo lo malo que la cultura humana ha generado a través de los tiempos, una especie de cerebro divino, en el que se archiva todo lo que el ser humano, como especie, sabe. En él están juntos los pensamientos positivos y negativos. Como nunca antes, el conocimiento está a flor de piel y, lo que es más importante[C1] , sin restricciones.

            ¿Es esta una conquista de la humanidad? Claro que sí, puesto que nunca antes las masas tuvieron acceso al conocimiento. Platón, por ejemplo, creía que sólo los sabios podían dirigir la república, igual Aristóteles y, para San Agustín, al siervo había que instruirlo en la fe, nada más, si se quería que La Ciudad de Dios funcionara a la perfección. La Reforma luterana no fue otra cosa que un grito de libertad del campesino ignorante en contra del dominio religioso y la Enciclopedia, en el Siglo de las Luces, fue el triunfo de la razón burguesa en contra del absolutismo feudal. La razón burguesa ha dirigido el mundo desde la Revolución Francesa de 1789 y en estos más de dos siglos de tiempo histórico nadie puede afirmar que las masas han pasado de la ignorancia al conocimiento. A inicios del siglo XXI el rasgo más dramático de las grandes mayorías es la ignorancia, la ausencia de conocimiento, la carencia total de conciencia histórica y temporal que se necesitan para marchar seguros al futuro.

            Nunca el conocimiento ha sido arma de liberación de las masas oprimidas. El cristianismo trajo consigo la conciencia de la libertad en los esclavos, pero el conocimiento liberador siguió siendo coto cerrado de las élites; la Teología cristiana fue profundamente selectiva a tal punto que nadie fuera de ella tenía derecho a entrar en el paraíso; la locura burguesa fue elogiada por Erasmo de Rotterdam como un atributo de los parias en ascenso y Nicolás Maquiavelo aconsejaba al nuevo Príncipe burgués las formas de alcanzar y conservar el poder si se quería gobernar el mundo. Cuando Tomás Moro advierte que el industrialismo sólo traerá males a la sociedad rompe con su protector Enrique VIII que ve en la industria el futuro prometido y en El Renacimiento hay un regreso a la estética clásica sólo para disfrute de los nuevos acomodados comerciantes. El arte y el conocimiento como algo exclusivo de los poderosos. Las masas sumidas en la oscuridad de la ignorancia.

            La revolución científica que se inicia con el Discurso del Método de Renato Descartes rompe el cerco sagrado del pensamiento dogmático, pero el poder de este nuevo método del conocimiento sólo beneficia a los que tienen derecho a la educación, a las masas sólo les llega el eco del descubrimiento, ellas seguirán por la senda de la ignorancia hasta nuestros días. La Enciclopedia del Siglo de las Luces sustituyó la fe por la razón y pudo democratizar ampliamente el conocimiento, pero a partir de allí la Academia oficial a nivel mundial ha llegado a encriptar el verdadero conocimiento y, como siempre, sigue siendo instrumento de dominación. Ningún país del llamado tercer mundo dispone de los conocimientos de punta que manejan las grandes corporaciones privadas en favor del capital. La ignorancia de las masas ya no es idéntica a la de hace siglos, pero sigue siendo igual. Hoy hasta el más ignorante sabe que la tierra es redonda o que los cuerpos caen debido a la gravedad, pero los secretos de la física cuántica, por ejemplo, siguen siendo de manejo exclusivo de los poderosos, lo que fácilmente podemos comprobarlo en la invención de nuevas tecnologías que son usadas para beneficio de ellos y perjuicio de nosotros.

            Desde esta perspectiva claro que el internet es una conquista de la humanidad. Ni el cristianismo, ni la revolución científica, ni La Enciclopedia democratizaron tanto el conocimiento como el Internet. El internet es ahora la memoria portátil de la humanidad. Lo que no lo retenemos, lo que no lo registramos en nuestra memoria biológica, lo encontramos de forma instantánea en el ciberespacio.

            Esta nueva realidad no es un hecho cualquiera. El hombre común del medioevo tenía contacto con la realidad a través de la iglesia, le estaba prohibido interpretar  lo que veía. Giordano Bruno pagó con su vida su curiosidad creativa, Galileo Galilei tuvo que retractarse, Copérnico que ocultar sus observaciones astronómicas y así, muchos mártires del conocimiento tuvieron que nadar contra la corriente del pensamiento oficial. Hoy, aparentemente, hemos superado esa barbarie. Todo individuo, hasta los estúpidos, puede opinar o informarse de forma instantánea en el internet.

            ¿Esto es bueno o es malo? Es malo si comenzamos a considerar al internet como un ente biológico de conciencia autónoma en condiciones de dirigir la vida de sus creadores, si frente a él comenzamos a considerarnos su apéndice  y no al revés, si al distanciarnos de él comenzamos a sentirnos dominados por su extraordinario poder. Entonces estaremos perdidos. Es bueno si somos capaces de dominarlo, de usarlo como lo que es, un instrumento de nuestra inteligencia.

            Como todo instrumento su finalidad depende de la voluntad de quién lo utiliza. Con un arma de fuego puedo cometer un crimen execrable o defenderme de un asesino despiadado, con el poder atómico puedo destruir ciudades como Hiroshima o Nagasaki o proveer de energía eléctrica a metrópolis populosas como Nueva York o México D.F. De igual manera, con el Internet podemos liberar la mente o esclavizar la conciencia de la gente.

            Usar el internet como instrumento liberador del pensamiento y ampliación de la conciencia, no es una tarea fácil, pero si posible. No puede ser una empresa individual, el Estado tiene que intervenir, formando a las nuevas generaciones con sólidas bases conceptuales que dependen de la orientación política que el Estado le imprima a la sociedad. Un conocimiento basado en la solidaridad, el bien común y el equilibrio dinámico de las estructuras sociales, hará posible que el individuo sea capaz de seleccionar y tamizar la inmensa información que encuentra en el Internet, la ausencia de esta formación puede llevarnos al vació existencial de la sociedad y del individuo, como hemos dicho antes.

             La falta de capacidad para fijar su atención en las fuentes del conocimiento que ahora están a su alcance, es uno de los peligros que yo pude advertir en mis largos años de maestro universitario. Los alumnos que llegaban a mis aulas sin la preparación previa a la que me he referido, creían cometer una hazaña al cumplir sus tareas haciendo copi y page del Internet. Por ese camino no tenemos salvación, el Internet terminará   dominándonos y haciendo mentes débiles, fáciles de manipular. Si a esto añadimos el papel de los medios masivos de comunicación, del mismo sistema educativo, de la industria de la banalidad y la apariencia, estamos marcando un trágico camino para la sociedad humana. Más de lo mismo diría yo, pero ahora en la realidad virtual, cuyo fin parece ser brillar con tanta intensidad para impedirnos ver la realidad.

            El camino es adaptar la educación a esta nueva realidad. ¿Quién se ocupa de esta problemática? Nadie.

 

14-05-2019   


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TENER UN CORAZON

           No veo la luz al final del túnel, amiga. Junto al corazón tratan de matar la esperanza, pero sé que no está muerta. El terror le ha obligado a esconderse, lo sé, porque de lo contrario estaría muerto, por eso ahora dedico mi vida a encontrarla. Voy por las ciudades, por los campos, por las montañas y las playas llamándola a gritos. Sé que un día me responderá y estoy seguro que juntos iniciaremos la clandestina marcha a la recuperación del corazón, de ese viejo tambor que nos servía para soñar, de esa cajita de música que nunca debe dejar de sonar. Si quieres acompañarme, ven conmigo, amiga, si encontramos la esperanza, seremos multitud y seremos, seguro, invencibles

¿Sabes, amiga, lo que es tener un corazón? Antes, hace mucho tiempo, cuando todavía florecían las ilusiones, todos teníamos un corazón, incorporado venía en nuestro cuerpo, como una cajita de música que no paraba de sonar, o como un tambor, mejor, que marcaba el ritmo de nuestros pasos, unas veces para reír, otras para llorar. Era rojo y tenía forma de corazón, de ahí su nombre. Cada uno de nosotros solíamos sacarle a pasear, adornado de suspiros, no sólo para conquistar un amor, también para decir que no cabíamos de felicidad, o simplemente para decir que amábamos la vida, cosas sencillas como la espuma de las olas, la tela transparente de una araña o una estrella fugaz viajando al infinito, simplísimas como una lágrima o el perfume inolvidable de una flor. Teníamos corazón, fue hace mucho tiempo.

            ¿Tenemos ahora corazón? No lo tenemos. La cajita de música que la vida nos regalaba ahora es una bagatela fabricada en China, el tambor que latía en nuestro pecho ya no marca el ritmo de nuestros pasos y hemos perdido la hermosa costumbre de sacarlo a pasear, ya no tenemos corazón. No tenemos para sentir la injusticia que se comete lejos de nosotros, ni el drama de un niño que se durmió con ojos y se despertó en las sombras por una esquirla criminal, ni de aquel ángel inocente que se desprendió del seno de su madre migrante para ir a morir en las playas de un imposible sueño, ni derramamos lágrimas por aquellas criaturas que chupan de un seno seco la última esperanza de vida, ni por los niños que a dentelladas sacan el mineral que da esplendor a la vanidad del consumo, ni siquiera somos capaces de sentir el dolor de aquellas mujeres que mueren a manos de sus dueños, ni lloramos por aquel mártir al que la ignorancia homofóbica rodeó de fuego aceitoso para castigar sus preferencias sexuales. Ya no tenemos corazón como antes, amiga, ahora en su lugar está una caja de plomo que aprisiona las lágrimas y los sentimientos.

            Viajamos sin corazón. Creo que es el triunfo más importante de los enemigos de la vida. Nos han quitado el órgano de sentir, nos han convertido en seres de metal, brillantes por fuera, oxidados por dentro. La perfección que ahora se estila es la de la de los robots, cuya esencia es un algoritmo inventado por los dueños del poder. En filas vamos, uniformes y perfectos, a cumplir su destino, no el nuestro. Ni el error, ni la equivocación son parte del programa, ambos son las espadas que han fulminado al corazón. Vamos con los ojos abiertos, pero la falta de corazón nos ha enfermado de indiferencia.

            No veo la luz al final del túnel, amiga. Junto al corazón tratan de matar la esperanza, pero sé que no está muerta. El terror le ha obligado a esconderse, lo sé, porque de lo contrario estaría muerto, por eso ahora dedico mi vida a encontrarla. Voy por las ciudades, por los campos, por las montañas y las playas llamándola a gritos. Sé que un día me responderá y estoy seguro que juntos iniciaremos la clandestina marcha a la recuperación del corazón, de ese viejo tambor que nos servía para soñar, de esa cajita de música que nunca debe dejar de sonar. Si quieres acompañarme, ven conmigo, amiga, si encontramos la esperanza, seremos multitud y seremos, seguro, invencibles.

04-05-2019


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LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN


            La libertad de expresión es una conquista burguesa. El siervo, en el período feudal, tenía prohibido expresarse y, peor todavía, el esclavo. Eran sociedades cerradas, en las que no había lugar para otra opinión que no fuera la de los amos. El siervo tenía que callar, aunque en su presencia el señor ejerciera su derecho de pernada. Callar y aceptar era su destino que quedaba encriptado en su interior con el sello de la humildad que la iglesia católica, apostólica y romana estampaba sobre su conciencia.

            Si, la libertad de expresión es una conquista burguesa tan importante como el derecho al voto o la libre empresa porque son los tres motores que han dinamizado la sociedad del capital desde su surgimiento.

            Pero si bien es cierto que la libertad de expresión es un derecho conquistado por la burguesía en su lucha contra la aristocracia monárquica, después de su implantación hay que examinarla con lupa, porque su contenido no se corresponde con el brillo deslumbrante que tiene. La libertad de expresión es un derecho, cierto, pero, para comenzar, hay que entender que no todos lo podemos ejercer y aquellos que pueden hacerlo no siempre pueden agotar sus posibilidades.

            El individuo ejerce su derecho a la libre expresión, pero la opinión individual no le interesa al sistema porque hay tantas como individuos existen. Cada individuo se puede expresar como le venga en gana sobre cualquier tema, pero eso es intrascendente para el poder establecido. La multidiversidad de opiniones crea la ilusión de que la masa ejerce su derecho a la libre expresión y cada individuo se siente satisfecho de poder hacerlo. A esta práctica es a lo que el sistema llamó, desde sus orígenes, libertad de expresión, pero, a pesar de que los ciudadanos ejercen el derecho a opinar, el entrecruzamiento de tantas y tan variadas opiniones termina debilitando aquellas que poseen fuerza histórica y esfumando aquellas que no despiertan interés. La libertad de expresión, de esta forma, se convierte en un juego circular y eterno que sirve para reforzar la imagen de libertad que maneja y le conviene al sistema. Pero sólo es un espejismo, una vana ilusión que el ciudadano común la identifica con su propia libertad.

            Si vamos de lo individual a lo colectivo sucede algo similar. La libertad de expresión para los conglomerados organizados también está garantizada, pero para ejercerla se tiene que pasar por el ineludible filtro de los medios de comunicación. Los medios deciden a quién le dan la palabra porque responden a los intereses de la empresa privada y los intereses de la empresa privada son los del sistema, de tal manera que lo que se oye o ve en los medios es una sola opinión, aunque aparentemente todos tengan derecho a expresarse. Ningún colectivo puede, por ejemplo, denunciar por los medios el abuso de los medios con sus trabajadores y, peor, llamar a la resistencia contra los abusos de la empresa privada en general. La ley garantiza el derecho a la expresión, pero castiga aquella que afecta sus intereses. También la libertad de expresión de los colectivos humanos organizados es un espejismo.

            Dirán que eso es absurdo, que no se puede estar contra los intereses de la sociedad, porque así lo señala la ley. Pero, si el sistema no garantiza el trabajo a quienes están en capacidad de trabajar, si obliga a los niños a trabajar para vivir, si no protege a sus ancianos, si no le da salud a los enfermos, si tiene una educación de pésima calidad, si ve crecer la delincuencia año tras año, si destruye el medio ambiente, si contamina el agua de beber, ¿por qué se criminaliza la opinión que está en contra de este sistema? ¿Funciona, entonces, el derecho a la libertad de expresión? Me dirán que si, porque cualquiera puede criticarlo, pero ya lo dijimos más arriba, al sistema le importa un bledo la opinión individual  y a la opinión colectiva la controla siempre hasta el punto que comienza a ser peligrosa. De ahí en adelante el sistema se encarga de combatirla por todos los medios, incluido la fuerza.

            En nuestra época el derecho a expresarse ha encontrado un medio impresionante de difusión, el mismo que está al alcance de todo ser humano, incluidos los niños. Son las redes sociales, el vasto campo del ciberespacio. El internet es como una impresionante tribuna universal en la que la opinión de cada individuo puede aflorar de forma instantánea. Lo que antes tenía un alcance extremadamente limitado (el individuo y su familia, a lo mucho) hoy tiene alcance universal. Esta ampliación de la libertad de expresión no tiene parangones históricos y sólo podría compararse con la colosal expansión del capitalismo en los siglos XVIII y XIX.

            Sin embargo, la democratización colosal de la libertad de expresión se está convirtiendo, así mismo, en la amenaza más peligrosa para la libertad del ser humano. El registro de una ficha individual de los ocho mil millones de seres humanos en las bases de datos  de las empresas privadas del internet hace posible el control total de la humanidad a favor del sistema imperante. La manipulación de la información a favor de Trump en las últimas elecciones norteamericanas es solamente un ejemplo. La información total de cada individuo en manos de la empresa privada es más letal que los efectos de los artefactos nucleares, porque no apunta a la destrucción física del enemigo, sino a su manipulación mental y conciencial, como nunca antes pudo hacerlo ni la Iglesia ni los órganos de manipulación mental del sistema.

            Es en este contexto que adquiere su importancia real la acción de “hakers” como Julian Assange, verdaderos chamanes de nuestro tiempo, los únicos capaces de mostrarnos el lado oscuro de la información. Los que lo condenan son los Torquemadas de nuestro tiempo, los monjes malditos de la inquisición moderna que prefieren darle una mano de pintura blanca al sepulcro de los innombrables crímenes de las potencias que gobiernan el mundo y no derrumbar la lápida que encubre esos crímenes. Assange y su portal Wikiliakes son los adalides de la libertad de expresión que, usando las mismas armas del enemigo, los amenaza con derrotarlos. 

            El capitalismo salvaje de los actuales momentos no puede sostenerse si no recurre a la fuerza. La democracia en el mundo se sostiene sobre dos pilares: la fuerza y la desinformación. El rostro de la fuerza lo podemos ver en casos como el de Irak, Libia, Siria, Afganistán, Yemen, Palestina o Venezuela y el de la desinformación en todo el planeta.  Órganos de desinformación mundial como la cadena de noticias CNN actúan en el mundo entero a través de sus filiales o aliados. Romper ese cerco es tarea de titanes. Nadie que no esté preparado técnicamente puede hacerlo y ese es el caso de Julian Assange.

            Assange se ha puesto sobre sus hombros la bandera de la libertad de expresión y los vientos aciclonados que soplan en su contra amenazan con doblegar su fortaleza. Enanos como Lenin Moreno soplan en su contra, pero la fuerza de la verdad está de su lado. 

            Assange es símbolo de la libertad de expresión, derecho que no es sino la antesala de la libertad de opinión. Todos los que en el mundo hemos roto las cadenas mentales de la colonización, estamos con él y, desde estas montañas andinas le decimos que, cuando se abran las grandes alamedas del hombre libre él estará en la primera  fila de los precursores.

25-04-2019

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