FIN DEL MONROISMO

            Hace más de dos siglos los norteamericanos lanzaron su advertencia a las potencias europeas de que “América era para los americanos”. Era una advertencia sobre todo para los ingleses que se había llegado a comprometer profundamente con la independencia Hispanoamericana. Entonces Inglaterra era la primera potencia capitalista del mundo en crecimiento y la proyección de su desarrollo dependía de garantizar mercados para sus mercancías a lo largo y ancho del planeta. América Latina era uno de sus destinos comerciales. EE UU era un joven país ubicado en la línea de partida de la competencia capitalista. A comienzos del siglo XIX lejos de su metrópoli, pero con músculos amenazantes. A mediados de ese siglo había igualado el desarrollo inglés y a finales del siglo lo había superado. Durante el siglo XIX los yanquis controlaron los afanes expansionistas de las potencias europeas con la doctrina Monroe en las manos. Los latinoamericanos fuimos comprendiendo que lo que decía realmente esa doctrina era “América para los norteamericanos”. La voz premonitoria de Simón Bolívar comenzaba a hacerse dolorosa realidad: “Los EE UU parecen destinados por la divina Providencia para plagar de miserias a nuestros pueblos…”

            Larga y aterradora es la lista de intervenciones de los EE UU en América Latina, comenzando por el cercenamiento hecho a México a mediados del siglo XIX, Nicaragua, donde el Ejército Loco de Sandino les hizo morder el polvo de la derrota, Colombia que vio mutilado su territorio para dar paso a la formación de Panamá, donde se instalaron por más de un siglo los yanquis controlando el comercio mundial, en Cuba cuando ya los patriotas cubanos habían derrotado el colonialismo español imponiendo la oprobiosa enmienda Platt que les permitía intervenir militarmente; en Puerto Rico, en Haití, de donde se llevaron el oro físico convirtiéndola en la nación más pobre del planeta, en Santo Domingo, en fin, en toda América Latina pusieron su bota los yanquis. Los gobiernos cipayos les abrieron las puertas a cambio de migajas permitiendo el saqueo de nuestros recursos naturales.

            En el siglo XX jamás han faltado para reprimir y anular cualquier intento de  sacudirse su coyunda. En Guatemala derrotaron el gobierno de Jacobo Árbenz, apoyaron las dictaduras en El Salvador, sostuvieron la dinastía de los Somoza, a todos los dictadores sanguinarios del Caribe, en Venezuela, en Chile mataron a Salvador Allende y se pusieron de parte de Inglaterra en la Guerra de las Malvinas para sostener después las dictaduras del Cono Sur. No hay lugar donde no hayan intervenido los yanquis, no a favor de la libertad y la democracia, sino precisamente en contra de ellas.

            El derrocamiento de Árbenz en Guatemala significó la descomposición total de la democracia representativa, no sólo en Guatemala, sino en toda la región. La guerra civil en Honduras y El Salvador mató cientos de miles de campesinos e incrementó la pobreza en el campo, igual en Guatemala, todo con el respaldo de los norteamericanos que en el 2009 derrocaron en Honduras al gobierno de Manuel Zelaya e impusieron uno de su conveniencia que ha desatado una feroz represión. La incapacidad de manejar la democracia por parte de estos gobiernos obedientes al imperialismo ha permitido el surgimiento de bandas o pandillas que, ubicados fuera de la ley, imponen el terror en las calles de las ciudades centroamericanas.

            Ante esta realidad la gente buena, que sólo aspira a tener una fuente de trabajo para poder vivir, más allá de las ideologías, deciden emigrar al norte, pero esta vez ya no de manera individual, sino de forma colectiva. No tienen trabajo, no pueden defenderse de la violencia callejera, son víctimas de la represión política, su única salida es la emigración. La luz que les atrae es la de los EE UU. Van sin saber que el imperio no los va a recibir.

            Este es el fenómeno del subdesarrollo, cuyos culpables son las élites locales y su aliado el capitalismo desarrollado. Mientras más se fomente la forma de vida norteamericana, más se exprimirá a los pueblos al sur del Rio Bravo, más pobres seremos. La respuesta que está más a la mano es la migración. Eso es lo que está pasando este momento y la tendencia será cada vez mayor. Diez mil brasileños anuncia una gran marcha a la frontera sur de los EE UU. Huyen de Bolsonaro.

            Como la historia lo demuestra, los pueblos rebasan a las élites. Las élites obedientes y genuflexas sólo se ocupan de su bienestar, para lo cual el poder mundial les ofrece dádivas a manos llenas; los pueblos no cuentan o cuentan muy poco. Ellos mismo buscan solución a sus problemas. El monroísmo está entrando en crisis, porque lo que ahora deja el neocolonialismo en sus colonias ya no gotea a las masas. Centroamérica está emigrando, lo seguirán los argentinos, ahora los brasileños, la migración crecerá con los descontentos de Venezuela y del resto de países de la región sólo es cuestión de tiempo.

            Para los yanquis no hay otra solución que la fuerza. Bolsonaro en el Brasil será su punta de lanza. Las “democracias autoritarias” se quitarán su careta y entraremos en una fase franca de fascismo. Los tiempos para América Latina son de tormenta, resultado de los vientos sembrados por la más grande potencia de todos los tiempos, Estados Unidos de Norteamérica.

7-11-2018

 

 

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MORENO, LA INGRATITUD.

            ¿La política es una ciencia o un arte? Lenin, el ruso, no el cuántico, opinaba que tenía de ambos, pero con frecuencia decía que era más arte que ciencia. ¿Qué es el arte? Podríamos revisar lo que del arte se ha dicho desde Platón hasta Foucault, de Aristóteles a García Lorca, pero no es necesario. Las exigencias del ensayo político nos obligan a ocultar la erudición y buscar la precisión.

            La política como arte significa concebirla con la maestría con que un músico concibe una sinfonía. Hay que pensar en los movimientos, en las fugas y retrocesos, en los silencios, en las arremetidas y las calmas y, por supuesto, en los finales. Cuando se estudian procesos sociales transformadores, no importa si de derecha o de izquierda, se puede notar esta realidad.

            En el Ecuador no hay nada en política que se parezca a una sinfonía, cuya primera virtud es haber sido concebida con antelación. Si se escucha una sinfonía de Haydn o Mozart es fácil notar que desde los primeros acordes somos atrapados por un argumento musical que nos lleva, inevitablemente, a un final grandioso. Una sinfonía tiene principio y fin, y unintermedio en el que está la estructura de cada movimiento.

            Lejos la política nacional de tener una estructura similar. No hay época histórica en que un político, un movimiento o un partido en el Ecuador hayan actuado con arte. Hasta la revolución liberal de Alfaro fue resultado del impulso anímico de sus líderes. Podemos decir, sin temor a estar equivocados, que somos producto de la improvisación.

EL CICLO DE RAFAEL CORREA

            Cuando en el 2006 apareció la figura de Rafael Correa, nadie, absolutamente nadie, cuestionó su condición de líder, la izquierda, menos. Después de más de dos décadas de pillaje y saqueo de la partidocracia, que incluyó un descarado salvataje bancario y la emigración de casi tres millones de ecuatorianos, el país necesitaba otros aires. Si una palabra definía la situación del Ecuador a inicios del siglo XXI, no era crisis, tampoco economía, menos cultura, era política. Quién pulsara esa cuerda en ese momento estaba destinado a triunfar. Lo hizo Rafael Correa. Y triunfó. ¿El secreto de su éxito? Comprender que el momento era político sobre todas las cosas.

            La propuesta de Alianza País y Rafael Correa en el 2007 fue lo más parecido que en política hemos tenido a una sinfonía. Con su famosa propuesta inicial de cinco puntos coyunturales resolvieron con éxito el principal objetivo de ese momento que era ganar las elecciones. Después de haber ganado las elecciones dieron los pasos apropiados para asaltar el poder, lo que se concretó en la anulación del Congreso de la partidocracia y la convocatoria a la Asamblea Constituyente de Montecristi. Fue en ese espacio soberano de la voluntad popular donde la sinfonía de Rafael Correa sonó más alto. Se iniciaba, con el aval de toda la sociedad, la marcha a la transformación del Ecuador.

            Correa declaró que su gobierno completaría la trunca revolución liberal de Alfaro, para lo cual propuso iniciar un proceso que comprendía tres momentos: 1) la sociedad pos neoliberal, 2) la del socialismo de mercado y 3) lo que ellos llamaron el bio socialismo, momento culminante de la revolución ciudadana. Dijo Correa que estaba destinado a durar trescientos años.

            Fue por ese proyecto que recibieron el respaldo de los sectores populares y de la clase media, principalmente. Su compromiso con la Historia era llevar adelante ese proyecto, sin concesiones ni titubeos. La tesis de terminar la trunca revolución de Alfaro llevó a Alianza País a modernizar el capitalismo ecuatoriano, proceso que no podía ser llevado a la práctica sin hacer concesiones y alianzas con el capitalismo corporativo mundial, lo que fue desnudando, poco a poco, las limitaciones históricas del correismo, inmerso fatalmente en las graves contradicciones que, a nivel regional, ha demostrado tener el llamado Socialismo del Siglo XXI o Progresismo Latinoamericano.

            En 2017 llegó a su fin el gobierno de Correa y, para continuar el proceso, se decidió depositar toda la confianza política en la figura de Lenin Moreno. Lo menos que Correa esperaba era que Moreno termine la fase uno de su proyecto, es decir, la instalación de un Estado pos neoliberal. Ahora no queda nada, sino el eco del discurso radical secuestrado a la izquierda revolucionaria, una obra material que se muestra como el vestigio concreto de la modernización capitalista y un desarrollo conciencial relativo en un sector de sus seguidores que han comenzado a entender que la lucha política gira en torno a la toma definitiva del poder por parte de los sectores anti oligárquicos.

MORENO, LA INGRATITUD

            La concreción de la primera fase de la sinfonía política correista se vio seriamente amenazada desde la caída del precio del petróleo. Con el precio alto Correa hizo crecer el sector público, con lo cual supuso estaba superando el neoliberalismo y comenzando a construir la sociedad pos neoliberal. Después de la caída del precio del petróleo, tuvo que volver a las fórmulas tradicionales del neoliberalismo, lo que implicaba crear mecanismos para preparar la entrega de los más importantes activos del Estado al sector privado de la economía. Antes de terminar su gobierno ya todo estuvo encaminado a dar un salto hacia atrás. Correa sabía que Moreno no tenía más alternativas, supuso, a lo mucho, que palearía los escándalos de corrupción que inevitablemente tenían que explotar, pero Moreno no tuvo consideraciones. Dijo que no le habían dejado la mesa servida y que no era posible llamar a cualquier “pendejada” revolución. Nada duele más que una cuña del mismo palo. ¡Moreno, la ingratitud!

            La diferencia entre Correa y Moreno está en que el primero se daba el gusto de bajarle los humos a la oligarquía antes de ceder a sus pretensiones y el segundo actúa como un dócil sirviente de la misma, lo que les hace idénticos en el fondo y diferentes en la forma. Moreno ha renunciado a todo discurso de alcance social y se ha puesto de rodillas ante a las élites, encubriendo su entrega a los intereses transnacionales y oligárquicos con un supuesto diálogo social que, según él, trata de unificar el fraccionado país dejado por Correa, cosa que, lejos de ser un defecto, nos parece un acierto; por el otro lado, Correa se sigue aferrando al discurso de la izquierda revolucionaria y a los principios del progresismo latinoamericano como único recurso para mantener su prestigio frente a las masas y, sin el cual, quedaría al descubierto su talante de líder demo burgués reformista.

            Con estas consideraciones podemos concluir que la sinfonía del correismo está inconclusa. La fuerza inicial de su melodía tuvo un desordenado final. La obra material es la prueba palpable del esfuerzo histórico hecho por el correismo para completar la trunca revolución alfarista y consolidar el Estado-nación ecuatoriano y la obra ideológica del correismo se concentra en el desarrollo de la conciencia política de esa importante masa de “borregos” que, siendo correistas van comprendiendo que la transformación revolucionaria del Ecuador está más allá de Rafael Correa, del Estado-nación y del progresismo latinoamericano, que está en el socialismo de raíces ancestrales complementado con lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente y con la tradición de lucha de los pueblos de Nuestra América. Esa masa de “borregos” consientes que, junto a otras fuerzas sociales y políticas, comprenden que el momento sigue siendo político más que económico, es la herencia positiva del correismo inicial  porque van comprendiendo que ya es hora de luchar por el poder del Estado, requisito imprescindible para comenzar la transformación revolucionaria de nuestra Patria.

30-10-2018

 

 

           

           

 

 

 

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EL CAPITALISMO Y LA ROSA

El célebre cuento de Oscar Wilde puede hacernos comprender de forma figurada el drama que vive el mundo actualmente. Un estudiante, en el cuento del inglés, debe encontrar una rosa roja para dársela a su amada, pero en su jardín sólo hay rosas blancas. Un condolido ruiseñor se clava en el pecho una espina del rosal para teñir de rojo una rosa blanca. Al final de la noche el estudiante encuentra su rosa roja y un muerto ruiseñor sacrificado.

            La amada es el sistema, el estudiante el capitalista y el ruiseñor el trabajador. El sistema es la personificación de la inútil vanidad, el capitalista el monstruo al que nada le importa que no sea satisfacer su ego y el ruiseñor el trabajador que deja su vida para satisfacción de otros. La rosa roja simboliza esta civilización bella pero construida con la sangre de los más humildes.

            Dijo Marx que el capitalismo vino al mundo derramando sangre y sudor por los poros, es una cruda verdad sociológica equivalente a la poesía de Wilde. Durante el siglo XIX los trabajadores fueron exprimidos, literalmente, por las máquinas del dueño, tanto así que el ludismo fue un movimiento de obreros que se propuso destruir las máquinas que les dejaban sin trabajo. Ni una sola conquista de los trabajadores fue concesión generosa del capitalista, cada una fue resultado de su lucha heroica.

            Hoy el capitalismo ha llegado a un nivel  tal que el trabajador ya no saca nada organizándose para luchar. Si tiene trabajo, prefiere callar, porque el desarrollo tecnológico aplicado al sistema productivo, lo escupe a la desocupación. Una industria que en los años noventa funcionaba con diez y seis mil trabajadores, ahora es controlada y movida por ocho técnicos altamente calificados.

            El drama de los países del tercer mundo comienza a sentirse en este nivel. Es un mundo subdesarrollado, pero las grandes corporaciones capitalistas trasladan sus tecnologías a sus territorios generando de esta forma una masiva desocupación. Pueblos enteros se ven obligados a desplazarse en busca de trabajo para sobrevivir. Sucede en Asia, África, América Latina y, dentro de poco, sucederá también en el seno del capitalismo desarrollado, si no está ya sucediendo.

            A esta cruel realidad, que surge del corazón del sistema, cuyas contradicciones ya no es capaz de disimular siquiera, se suma la represión brutal, a las masas desocupadas y hambrientas, de sus guardianes políticos. Sin poder permanecer en sus terruños se ven obligados a huir. Sucede en el mundo entero. Honduras no es una excepción, es la regla del drama.

            Huyen como las mariposas, atraídos por la luz brillante del capitalismo desarrollado, en la falsa creencia de que ahí van a encontrar trabajo. Trogloditas como Trump saben que eso no es posible, que dentro de poco tendrán que hacer frente a su propia gente. Lo más probable es que a los hondureños no les espere el trabajo, sino el plomo mortal de los fusiles yanquis

            El sistema capitalista está entrando en un túnel cuya única salida será el holocausto.

            La sangre del ruiseñor seguirá tiñendo la rosa roja del capitalismo. El sistema no sabe cómo resolver esta contradicción. Lo grave es que los dueños del mundo saben que la única solución es socializar las colosales ganancias privadas de sus empresas, es decir, dar el salto dialéctico que la Historia está exigiendo hacia el socialismo; pero los poderosos preferirán el sacrificio atómico a que esta necesidad se haga realidad.

            El sacrificio será del ruiseñor.

23-10-2018

 

 

 

 

 

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OJO POR OJO

La ley del Talión debe tener sus raíces en la Comunidad Primitiva, cuando la justicia no estaba mediatizada por las leyes escritas ni por los jueces que las aplican. Alguien cometía un delito y la comunidad le castigaba con una pena equivalente al delito cometido. Si sacabas un ojo, tenías que pagarlo con uno tuyo, si un diente, con uno tuyo. Ojo por ojo, diente por diente.

            Con el pasar del tiempo esta práctica se trasladó a los códices de justicia. El derecho romano lo contempla y durante el medioevo se mantiene. Saber que me pueden castigar con una pena equivalente a mi delito, se supone frenaba la maldad de los seres humanos, pero no fue así. A pesar de este principio bárbaro, no se conoce una sociedad donde haya prevalecido la conducta ejemplar de los individuos. La pena de muerte en los Estados Unidos, por ejemplo, lejos está de poner fin a los delitos de todo tipo: contra la vida, la propiedad o la naturaleza.

            En la América pre colombina las sociedades se organizaban alrededor de principios vitales como no robar, no mentir y no ser ociosos. Los delitos contra la propiedad privada no podían existir por la sencilla razón de que no había propiedad privada, los delitos contra la vida estaban excluidos dentro de la comunidad de raíces familiares y la armonía de la vida humana con la naturaleza suprimía la noción de delito contra la Pachamama. Eran las sociedades del Sumak Kawsay, con problemas de naturaleza diferente a los que las sociedades pos colombinas comenzaron a padecer.

            Uno de los rasgos que de las sociedades pre colombinas ha sobrevivido en alas de la herencia comunitaria, es el de la justicia. En el Ecuador, la comunidades aborígenes reclaman el derecho a seguirla practicando. La justicia aborigen no puede ser entendida desde la perspectiva de la cultura occidental y toda injerencia que en ella hace el Estado termina contaminándola. En un estricto sentido, la misión conquistadora y colonizadora de las sociedades europeas en América se mantiene hasta nuestros días mediante lo jurídico. El Estado no confía en la justicia ancestral, porque no entiende ni confía en los pueblos originarios.  La justicia aborigen jamás produciría un hecho bárbaro como el acaecido hace unos días en Posorja.

            El linchamiento de los delincuentes fue producto de una reacción del subconsciente colectivo de un pueblo que cada día palpa la descomposición moral de todo lo que le rodea. Choca a diario con micro problemas que le atormentan como el pésimo transporte público, la carencia de servicios básicos, la falta de trabajo, las enfermedades, la violencia de género y todo tipo de violencia multiplicada hasta el infinito por los medios masivos de comunicación. Ese subconsciente colectivo está sometido a presiones brutales que sin que nadie lo canalice busca una válvula de escape. La encuentra en el rechazo violento a la delincuencia.

            El famoso diálogo propuesto por el Presidente tiene por finalidad poner colchones de amortiguamiento entre ese subconsciente colectivo y los delincuentes encorbatados que dirigen la nación. Esos colchones son los que impiden que actos bárbaros como el de Posorja se den con los banqueros ladrones, con los funcionarios corruptos, con los empresarios ambiciosos, con los delincuentes uniformados, con todos aquellos que representan el orden constituido. Ese es el papel del diálogo propuesto por Lenin Moreno: conservar esta barbarie.

            Correa tuvo el valor de comenzar a desnudar esta verdad. Su falta de fe en los valores del pueblo, hizo que la derecha revirtiera el proceso. Ahora la Ministra del interior de este gobierno prefiere meter la cabeza en la arena. Este es un tema demasiado delicado e importante como para que el oportunismo político vaya hasta el fondo. Los muertos de Posorja quedarán como una muestra de que en cualquier momento la reacción popular estallará con la fuerza de una bomba atómica. El pueblo tiene que prepararse para darle dirección revolucionaria al estallido.

17-10-2018


 

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RETRATO FAMILIAR DE UNA BISABUELA QUE MIRA A LAS SOMBRAS

Mi madre se llama Gloria y tiene 89 años, pero me dice mentiroso cuando le recuerdo que ya va a cumplir noventa.

-No sabes ni sumar. Saca cuentas. Si yo nací en 1929, hasta la fecha son setenta años.

-Cierto –le respondo-. Y se queda tranquila, mirando sus uñas pintadas de un rosa pálido, muy juvenil.

Se queja del frío que hace en la tierra cálida de Mindo. Le digo:

-Mamita, pero no hace tanto frio.

-Uyyyy –me contesta-, siempre fuiste anarquista. Esta tierra es bonita, pero muy fría.

-Tienes razón. Que frío está haciendo.

Y se queda tranquila, acomodándose un gorrito boliviano de lana que le compré para combatir “los fríos polares” de Mindo.

-Mira como son las cosas –me dijo una mañana-. El otro día que pasé con la Narita por esta casa me gustó mucho y le dije que algún día iba a vivir en ella. Dios me ha hecho el milagro.

Junta las manos y les alza al cielo. Nadie, ni yo, que pongo la razón por sobre todas las cosas, me atrevo a negar el milagro, aunque su hermana Narita esté muerta hace más de cuarenta años y para mi Dios no exista.

-Todo es posible –le digo, tiernamente.

Camina en silencio por la casa como si tuviera diminutas alas en los pies. Suele materializarse detrás de mí, como una holografía.

-Me asustas, mamita- le reclamo y ella:

–quesfisss, don Modesto, ¿no me oyó llegar? ¡Qué horror como está todo tirado en su cuarto! No sé qué le habrá pasado a la Rosita que no ha venido a arreglar. Es que estos guambras callejeros se saben entrar y dejan todo tirado.

A veces por la mañana se levanta antes que nadie y sube con una media taza de café con leche que me ofrece en la idea de que soy su suegro.

-Lo que su hijo hace, don Modesto, no es culpa suya. Siempre fue un irresponsable.

Tiene nostalgia en la voz y en sus ojos verdes vuelan golondrinas desorientadas.

No hay mañana que no me pregunte por una de sus hermanas o sus padres, mis abuelos.

-Quiero ir a Ibarra, hace tiempo que no veo a la Narita.

-Ya se murió –le digo imprudentemente-

-¿La Narita ya se murió? Callá, mejor, ve –me dice- Ayer no más estuvo aquí. Me contó que se ha muerto su hijita.

Derrama lágrimas, haciendo pucheros de niña con su vieja boca desdentada.

-¿Y tu hermano Gustavo? –me pregunta.

-No soy papá –le advierto-, tratando de centrarle en la realidad. Soy Tito, tu hijo.

Me mira inquisitivamente, como tratando de descubrir la verdad.

-Mi hijo se fue a Cuba y se quedó a vivir con los comunistas. Dicen que lo tienen preso.

-No es así -le digo-. Estoy aquí y ahora te cuido. Vivo contigo.

Otra vez me mira y con aire rencoroso me advierte del castigo divino que me espera por no querer reconocer a los hijos que tuvieron juntos.

-Tu no les dejas venir a mi casa, ni quieres darles nada. No importa –dice convencida- no te necesito, yo les cuidaré ¡Lárgate! -me grita y me empuja a la puerta de salida.

Le hago caso y me voy. Regreso después de una hora.

-Hola, mamita, ¿Qué te pasa? Parece que haz estado llorando.

-Si, -me cuenta-. Ya le mandé sacando a tu papá. No lo quiero volver a ver.

Le preparo una agüita de hierbaluisa con unas gotas de aceite de cannabis y se acuesta en su cama frente al televisor que, a esa hora, muestra a la doctora Polo resolviendo un complicadísimo caso de la vida real. Una hora más tarde, en la mente de mi madre, no existe nada, ni mi padre, ni mi abuelo, ni sus hermanas, ni Dios, ni el diablo. Su mente se queda limpia para al otro día descubrir admirada la belleza de una flor o el “frío polar” de Mindo. Como si cada día naciera nuevamente.

Con frecuencia sube a mi estudio en el que vivo rodeado de libros y de cuadros para decirme:

-Mira, Jorge, quiero hablar contigo serenamente. Yo estoy dispuesta a darte el divorcio y separarnos sin peleas.

-Soy tu hijo –le interrumpo.

-Ja, ja,  ja -simula reírse-, ¿piensas que estoy loca? Me trajiste aquí con engaños y me tienes encerrada. Quiero hablar con mis hermanas, ellas me tienen que ayudar.

-No contestan –le miento-.

Entonces se dirige a su cuarto, en una toalla envuelve una imagen de la virgen del Colegio y una foto suya en la que parece Libertad Lamarque.

-¡Me voy!–me grita.

No puedo hacer nada. Le dejo salir. Toma por el camino polvoroso que lleva al pueblo. Una mujer joven que coincide con ella le pregunta amablemente si le pasa algo.

-Si –le dice-. Vengo huyendo de mi marido que me tiene encerrada.

Cien metros más adelante me presento. La mujer me queda viendo. Con la barba blanca y los años encima me ve y llena de dudas me pregunta:

-¿Usted es el marido de la señora?

Me rio y, mientras le hago subir a mi madre al carro, le alcanzo a decir que no, que soy su hijo. Tengo la sensación de que se va no muy convencida. Cuando estamos solos me dice mi madre:

-Ojalá ya se haya ido tu papá. No lo quiero ni ver.

Mirándole de reojo, mientras conduzco el vehículo, pienso que ya son más de cuarenta años que mis padres se separaron y en que  hondas son las huellas que nos deja la vida.

Tiene un infinito amor por dos perros que cuidan mi casa. Me reclama a diario y, muchas veces cada hora del día, por no darles de comer.

-No ves el perol enorme de comida que les hago –le digo con paciencia-, pero ella está convencida que les mato de hambre. Ya son varias noches que me deja sin comer. Callada y en silencio, mientras yo trabajo, les da la comida que guardo para la cena.

-¿Dónde está el arroz con carne que guardé? – le pregunto.

-Es que como estaban muertos de hambre les di a los perros.

Regreso a ver al piso y miro las ollas y los sartenes lamidos hasta el brillo celestial.

-Lukas, carajo, -le grito al inmenso animal que parece esbozar una sonrisa de complicidad con la bisabuela–, de hoy en adelante te prohíbo que aceptes comida de esta señora.

De día en día llora con profunda angustia porque dice haber abandonado a su hija chiquita.

-Hayyy –se queja-, dejé a la niña.

-¿Qué niña? –le pregunto.

–Mi hijita -dice.

-¿Dónde?

–           -Allá, no sé. Me olvidé de traerla.

-No, mamita -le consuelo-. Tus hijos ya somos viejos. Ya no tienes por quién preocuparte. Todos estamos bien.

-No, no –insiste-. Llévame a Ibarra. Debe estar la niña con mamacita.

Se para en la puerta con la mirada clavada en la noche, en obstinado silencio corpóreo, esperando que le lleve a su Ibarra querida. Prendo el carro y salgo a dar una vuelta por el pequeño pueblo de Mindo. Cuando veo que el sueño le comienza a vencer, regreso a la casa. Le acuesto en su cama y, en pocos minutos, se queda dormida. Al otro día se levanta sana y lúcida buscando en que puede ayudar.

Le gusta recordar lejanas épocas de su vida. Cuando vivía con sus padres en el campamento del ferrocarril, por ejemplo. Dice que Papabuelo le dejaba meterse al río y que la abuela peleaba por eso. Se acuerda de la negra Amada, sirvienta que dice era una mujer bellísima y con un cuerpo excepcional.

-Un día –cuenta-, un “cholo” de Ibarra al pasar la Amada le dijo: “morena, porque no vamos a “regulli”, ella se regresó y de un  solo puñete le tiró al piso. Desde ahí no volvimos a verle nunca al “cholo”

Ya vienen a visitarla los muertos y algunos parientes vivos se integran a esas reuniones. Habla con mi tia Piedacita, con la Narita y no suele acordarse de la Leonilita y el Germán. Papabuelito y mamá para ella todavía viven en Ibarra.

-.Ayer que me vinieron a visitar les dije que era el colmo que no me hayan avisado que el Guimito se ha muerto. La Michona dice que ya todos están muertos, pero debe estar loca porque ayer mismo se fueron de aquí. Me vinieron a invitar a la casa del Guimo.

Se le está escapando la memoria a mi madre, a la abuela de mis hijas y a la bisabuela de mis nietos. Los muertos queridos ya han comenzado a vivir con ella y le están invitando a entrar en las sombras, en el gran misterio de la muerte.

Mindo, 12-10-2018.

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¿POR QUÉ BOLSONARO?

            El triunfo del Bolsonaro en el Brasil nos obliga a los revolucionarios a hacer un alto en el camino, a otear el horizonte, a mirar la brújula en medio de este implacable desierto que nos ha tocado atravesar para volver a la ruta y no ser víctimas de espejismos engañosos que pueden hacernos creer que estamos yendo por buen camino.

            En lo que a América Latina se refiere, es difícil negar que el llamado socialismo del siglo XXI lo que ha hecho, en la práctica, es fortalecer el desarrollo del capitalismo corporativo global y del capitalismo dependiente nacional a nivel regional. Cuando en repetidas reflexiones criticábamos al correismo en lo erróneo que era la estrategia de fortalecer el capitalismo local para evolucionar a una sociedad pos neoliberal y, más tarde, a una de socialismo de mercado antesala de lo que ellos llamaban el biosocialismo, se nos apabullaba con el argumento de que esa estrategia estaba disminuyendo la pobreza extrema y que ese logro era suficiente para demostrar su éxito. Era imposible que su explicable vanidad pudiera entender que el capitalismo es una eficiente máquina de pobreza que hace pobres más rápido de lo que el progresismo los salva, con lo cual la lucha contra el capitalismo se convertía en el pretexto perfecto para perennizarlo. Brasil es un ejemplo de ello, Argentina y Ecuador. Venezuela y Nicaragua todavía sostienen un modelo de socialismo que no ha podido resolver todos los problemas, pero que tiene derecho a existir y a demostrar que su ruta también es una alternativa.

            El Progresismo latinoamericano aparece como una disyuntiva a la izquierda marxista y prende rápidamente en la conciencia de las masas ciudadanas, principalmente. La piedra angular de su concepción radica en la idea del gradualismo económico sostenido en una cada vez mayor intervención del Estado en los procesos sociales con lo cual es posible ir desplazando, poco a poco y sin traumas, al sector privado de la economía hasta la implantación de un régimen socialista. Esta idea vieja de la socialdemocracia europea de fines del siglo XIX tenía una larga trayectoria de fracasos y, políticamente, sólo fue posible, en América Latina, debido al colapso del llamado socialismo real. El progresismo creó la ilusión de que sin trascender el sistema se lo podía mejorar. Si se puede hacer que los pobres vivan con dos dólares en lugar de uno, se estaría dejando un mundo mejor, fue la reflexión de fondo. Ninguna innovación revolucionaria a la idea liberal del desarrollo. El progresismo nació atado a los planes del capitalismo global, sin cuyos recursos y asistencialismo de todo tipo no era posible. De ahí que la lucha del pueblo venezolano se vuelve más auténtica en la medida que más antinorteamericana se hace.

            No obstante esto hay un rasgo del progresismo que no pudo ser controlado por el poder mundial del capital y ese fue el avance de la conciencia de las masas que comenzaron a percibir que una nueva vida era posible, una vida en la que ellas mismas tenían que ser protagonistas. En Argentina el krisnerismo hizo avanzar la conciencia de las masas, en Venezuela el chavismo, en Ecuador el correismo, José Mujica, Tabaré Vásquez y Evo Morales, inclusive Bachelet en Chile. El progresismo económicamente ha estado atado al desarrollismo capitalista, cierto, pero políticamente logró hacer una fisura en el bloque ideológico dominante, que no es poca cosa.

            El triunfo de Bolsonaro es el triunfo de la extrema derecha latinoamericana que puede devenir en un fascismo político. Está sustentado en un fanatismo religioso muy extenso en Brasil y en la desesperación de inmensas masas paupérrimas que casi genéticamente creen que la fuerza es la única solución y, en el miedo, miedo a esa parte del pueblo brasileño que cree en Lula y votó por Haddad. Este rasgo del progresismo es que una izquierda auténtica, genuinamente marxista y revolucionaria, tiene que aprovechar para construir la alternativa de izquierda que se ubique a la izquierda del reformismo latinoamericano.

            Aquí en el Ecuador Ñucanchic Socialismo, nuestro socialismo, con raíces en el Sumak Kawsay ancestral, es esa alternativa.

10-10-2018   

 

 

 

 

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LAS PLUMAS ZURDAS

     

            Como en toda actividad humana, los “zurdos” también mojan su pluma en la escandalosa tinta del ego. Escriben con furia, esa es su característica principal. Odian, porque parten de la reflexión que no se puede amar la desigualdad. Dicen que sólo odiando se podrá construir el amor.

            En este caldo de cultivo se mueven los escritores “zurdos”. Reivindican, como a sus más lejanos parientes, a los socialistas utópicos como Campanella o Fourier y tienen en la cabeza imponente de Marx a su fuente inagotable de argumentos e ideas. En la capacidad de comprender bien o mal sus ideas radica la múltiple variedad de su existencia.

            Porque no están uniformados los escritores “zurdos”. Viven en la cromática del rojo, pero no todos son rojos. Van desde el rosado pantera hasta el rojo fuego, pasando por el amarillo naranja, el “patiamarillo”, el naranja propiamente dicho, el rojo cadmio, el rojo Ferrari y el rojo sangre. Eso sí, todos dicen ser dueños de la verdad, motivo por el cual jamás se han puesto de acuerdo, ni tan siquiera cuando la derecha ha dado muestras de indudable debilidad.

            Todos los que cromáticamente están más cerca del rosado pantera sostienen que para vencer al capitalismo hay que navegar con la derecha, embarcándose en su nave para, sigilosamente, irla debilitando. No son muy amantes de los principios y la ética política no es su fuerte. Les gusta codearse con los de arriba, sintiéndose realizados cuando asisten a sus banquetes. Estos “pink phanter” aman el dinero y ven en la profesión de escribir un buen negocio.

            Los “zurdos amarillo naranja” son socialdemócratas que se dicen estar en capacidad de corregir y mejorar a Marx. Sostienen, por ejemplo, que el principio de la lucha de clases es obsoleto y que fue uno de los más graves errores de Marx y se auto atribuyen el derecho a calificar al socialismo de “democrático”, sin ser capaces de entender la dimensión real de la democracia socialista. Se pueden dejar matar por la falsa tesis de que la democracia burguesa puede ser mejorada. Económicamente son liberales clásicos y filosóficamente una mezcla de materialistas con idealistas, lo que da como resultado una postura holográfica que es una imagen sin respaldo real, pura ilusión que sirve para engañar a las mentes débiles.

            Están los escritores “patiamarillos” de membrete socialista o comunista. Son aquellos que viven adulando a las prestantes figuras de la academia, las letras o el arte que han hecho sus fortunas usando el socialismo como cuchara. Son los que se insertan en la corriente de la izquierda histórica y dicen ser herederos del pensamiento socialista de gigantes figuras de nuestras letras y artes. Son las plumas serias de la izquierda “sensata” que estudiaron el marxismo en centros del pensamiento conservador mundial como Oxford, Harvard o Bélgica. Son los aristócratas del pensamiento “zurdo” que usan chistera y leontina, se saludan con la aristocracia aborigen y dicen tener la misión de reivindicar a las masas criollas. Uno de ellos les invitó a la aventura de transformar el Ecuador y los muy bobos aceptaron sin condiciones la invitación, con lo cual dejaron al descubierto su naturaleza reformista.

            Y están los escritores de la “zurda” revolucionaria. Son minoría, pero existen. Han luchado de la cuna a la tumba para evidenciar lo erróneo de las posiciones anteriores. No son ni fidelistas, ni chavistas, peor correistas, defienden, aso si, los ideales que esos líderes dicen tener. Se ocupan de crear, no de copiar ni de repetir. Sus posiciones raigales tienen que ver con una crítica a fondo de la civilización y la cultura occidentales, lo que les lleva, por definición, a ser anticapitalistas. Su valor agregado es haber comprendido la imperiosa necesidad de integrar la filosofía ancestral del Sumak Kawsay a lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente, que no es otro que el marxismo.

            Existen en las sombras, no porque quieren, sino porque los medios masivos de comunicación y el sistema en su conjunto los ignoran, pero están conscientes que la verdad está hecha de madera de balsa y que, tarde o temprano, irrumpirá con fuerza a la superficie.

            Estos “zurdos” escriben en periódicos digitales, en revistas casi clandestinas, en hojas volantes, en periódicos duros de reducidísima circulación, pero sus ideas anuncian la fuerza con que viene la inevitable crecida de la revolución popular.

03-10-2018.

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