HABLAR CLARO Y SIN COMPLEJOS


VELASQUISMO Y FRUSTRACION EN EL SIGLO XX

            La política ecuatoriana durante el siglo XX estuvo dominada por el discurso ilustrado de José María Velasco Ibarra. Desde 1930 captó el apoyo de los sectores populares por cinco ocasiones, habiendo hecho, cada vez que presentaba su candidatura, el papel de neutralizador de la insurgencia popular. Nunca la izquierda oficial supo enfrentar con éxito al velasquismo, habiendo manejado siempre la errónea tesis de aliarse con él y apoyarlo. El discurso anti oligárquico de Velasco fue en esencia conservador con incrustaciones liberales de acuerdo a las necesidades del momento electoral, lo que nos hace ver que durante el siglo XX también dominó el conservadurismo, pese a que la revolución alfarista había dejado atrás la negra noche colonial. Políticos como Camilo Ponce Enríquez y Galo Plaza Lasso sólo tienen sentido en el marco del dominio absoluto de las élites liberal-conservadoras.

            En la década de los años setenta llega a su fin el velasquismo. Los gobiernos militares de la época, pese a las veleidades nacionalistas, al final terminan perfeccionando el mecanismo de dependencia económica con el esquema comercial superior de los Estados Unidos. Por obra y gracia de las élites eternas en el Ecuador el petróleo, en lugar de ser una bendición, se convirtió en una maldición. Ninguna explicación es válida que no sea la del entreguismo vendepatria y la corrupción de las élites. Sin compasión, los intereses foráneos aliados con los nacionales, nos han chupado la sangre.

            El reinicio de la democracia en la década de los ochenta nada cambió. La esperanza se estrelló en un cerro de la provincia de Loja y, a partir de ahí, el dominio de la partidocracia fue absoluto, incluida la seudo Izquierda Democrática de Rodrigo Borja que, teniendo el poder para hacer todo, no hizo nada. El neoliberalismo estuvo representado en el rostro feroz de León Febres Cordero y en la figura bonachona de un viejo cómplice de la corrupción. Del pueblo, como siempre, sólo se acordaban las élites cada cuatro años, cuando la “democracia representativa” necesitaba refrendar el dominio de las élites. Cansado de esta farsa el pueblo engañado se vio obligado a confiar en el populismo. Patanes como Bucaram y aventureros como Gutiérrez fueron elegidos presidentes de la república y, así mismo, sacados a patadas cuando el pueblo se dio cuenta cuan farsantes eran. A finales del siglo XX el Ecuador marchaba sin rumbo, con la autoestima nacional por debajo de los tobillos y olfateando el aire a ver si llegaba alguna noticia de esperanza

            El golpe brutal del feriado bancario en 1999 culminaba una larga cadena de latrocinios perpetrados por la oligarquía nacional. El atraco a los dineros de los sectores medios y populares escupió a la emigración a más de tres millones de ecuatorianos. El país se convulsionó. La oligarquía tenía la sartén por el mango. Sin cambiar un ápice en su conducta descargaba la crisis, por ella misma provocada, en las espaldas del pueblo. El Ecuador seguía siendo visto como la hacienda de los viejos terratenientes o como la empresa de los nuevos empresarios. La izquierda histórica ajustaba sus aperos para competir con los partidos de la oligarquía sirviendo como contrapeso legal al sucio juego electoral. Todo este caos bajo el eficiente control de la partidocracia.

            Cuando irrumpe el movimiento indígena en la década de los noventa la nación comprende que ha estado construyendo un país a espaldas de una parte fundamental de él. El racismo, la discriminación y la ignorancia convertían a los aborígenes de las cuatro latitudes del Ecuador en actores sociales invisibles. Organizados en la CONAIE se hacen visibles y, por su propia cuenta, sin esperar invitación de nadie, se sientan en la mesa de la democracia oligárquica, con el derecho que les daba haber puesto el lomo para empujar el carro de la nación desde sus mismos orígenes. Con los trabajadores asalariados formaron una alianza que prometía la formación de un frente de clase independiente que estaría en condiciones de oponerse a la partidocracia. Los falsos dirigentes de la izquierda formal, socialistas, comunistas y toda la izquierda atomizada, desviaron las perspectivas del movimiento indígena-popular. Hegemonizados por el centro reformista hicieron abortar una opción de organización partidaria en aras de un electoralismo inmediatista, que jamás supo ni pudo sembrar para cosechar en el futuro.

LA IRRUPCION DE LA ESPERANZA

            A comienzos del siglo XXI el Ecuador no veía la luz al final del túnel. Había pobreza y desesperanza. Los organismos multilaterales de crédito nos ajustaban cada vez más el cinturón y la corrupción política se había empozado en todos los poderes del Estado. En una década se sucedieron siete presidentes y cada vez la crisis económica aplastaba más a los sectores populares. El nombre de un joven político se comienza a escuchar: Rafael Correa Delgado.

            El acierto de este nuevo líder estuvo, desde el principio, en comprender que el momento era más político que económico. Fustigó a sus adversarios rescatando el discurso radical de la izquierda revolucionaria que había permanecido oculto y minimizado por la izquierda histórica. Nuevos aires comenzaron a soplar en el Ecuador. Captó el apoyo de todos los sectores políticos y sociales que iban del centro hacia la izquierda a lo cual sumó el respaldo de una clase media que venía desmoronándose. La estrategia política de Alianza País fue impecable hasta la Asamblea Constituyente de 2008. Paso a paso Correa fue desmontando la red de corrupción institucionalizada que la oligarquía había tejido desde el asesinato de Alfaro y mucho antes. Su propuesta de enterrar el viejo país y construir uno nuevo fue entendida y apoyada por el pueblo ecuatoriano.  

            Conceptualmente Correa planteó dar término a la trunca revolución alfarista lo que equivalía a modernizar el capitalismo ecuatoriano. Hasta cuando el precio del petróleo cayó bruscamente Correa cumplió al pie de la letra su programa de modernización del capitalismo. En ese esquema se explica la construcción de la red vial, los multipropósitos de la costa, las hidroeléctricas de todo el país, las escuelas del milenio, la reforma del estado, la modernización de los servicios públicos, la reforma educativa, la creación de nuevas universidades y proyectos monumentales como la Refinería del Pacífico y Yachay. El protagonismo del sector público le daba proyección de futuro a su obra, haciendo suponer que las bases estructurales sentadas durante su gobierno podían hacer evolucionar el proceso hacia horizontes de mayor radicalidad política y económica. Esa obra realizada, sin precedentes en la historia del país, convierte a Rafael Correa en el más eficiente líder que la derecha ecuatoriana ha tenido en toda su Historia, muy por arriba de Velasco Ibarra, Camilo Ponce Enríquez o Galo Plaza Lasso. Su obra tiene el incalculable valor de ser el pago de la deuda social que la oligarquía tenía con el Ecuador desde la fundación de la república y convierte a Rafael Correa en su más esclarecido adalid.

            La obra de Rafael Correa lejos estuvo de ser lo que el pueblo ecuatoriano aspiraba, razón por la cual, poco a poco, su gobierno fue perdiendo su apoyo. El pueblo de la costa, por ejemplo, sentía que los multipropósitos eran necesarios, pero más sentía la necesidad de una profunda y radical reforma agraria, cosa que Rafael Correa nunca se atrevió a afrontar; el cambio de la matriz productiva era un clamor nacional, pero nunca fue más allá de la modernización del sector industrial que no era otra cosa que llover sobre lo mojado; la reforma de la educación, llamada a sentar las bases de un cambio verdadero, no escarbó sino la superficie del problema y así en todos los niveles. Pese a la construcción de una impresionante red vial, hoy por hoy, todavía los más alejados caseríos y anejos del Ecuador ven podrirse sus productos por falta de caminos vecinales, Correa ni siquiera consideró la necesidad de una reforma urbana que racionalice el problema de la vivienda y lejos estuvo de plantear como un problema negativo la monopolización de la economía. La llamada ley antimonopolios fue ignorada por el propio Estado y los grandes capitalistas del Ecuador se la pasaron por bendita sea la parte. El problema crucial de la concentración económica ni siquiera tendió a descender, sino que, por el contrario, se incrementó. Proyectos necesarios como la ley de Plusvalía no fueron tratados con la eficiencia que requerían para asestar un verdadero golpe a los especuladores de la derecha. Más fueron las buenas intenciones que las realizaciones objetivas. El grave error de no haber construido un partido orgánico e ideológico comenzó a pasar factura desde que el pueblo le quitó su apoyo. Comenzaba a percibir el olor de la corrupción enquistada en ese nuevo Estado, quizás a espaldas de su líder, pero innegablemente presente, ya que Correa nunca fue capaz de tomar distancia radical de aquellos cuadros que, desde épocas anteriores, lucraban de la riqueza del Estado. Una falla, en este caso, de claro carácter ideológico-político. En ninguna parte del planeta la Historia nos enseña que se puede hacer cambios radicales con los mismos cuadros que sostuvieron el “viejo país”. El pueblo se distanció del gobierno de Correa y este, por su propia naturaleza, se vio obligado a criminalizar la protesta social, convirtiéndose, casi al final de su período, en un gobierno antipopular y represivo.

LA DECADENCIA DE LA ESPERANZA

            Después del derrumbe del precio del petróleo la fuerza inicial del proceso correista comenzó a decaer. El proceso comenzó a saltar hacia atrás. Los límites del “proyecto histórico” de Alianza País comenzaron a aparecer. La falta de recursos fiscales comenzó a obligar a Correa a recortar el gasto fiscal y a iniciar un acelerado proceso de endeudamiento externo y reajustes internos que afectaron a los sectores mayoritarios. Se apoyó en los créditos chinos y volvió a coquetear con los organismos internacionales de crédito como el FMI o el Banco Mundial. Dejó preparado el terreno para que su sucesor retomara, no ya los ideales iniciales de la Revolución Ciudadana, sino los mecanismos eternos de la dependencia y sujeción a la voluntad del capitalismo corporativo mundial, ahora muy interesado y atento a los recursos naturales de nuestro pequeño país.

            Su sucesor comenzó llamando “pendejada” a la Revolución Ciudadana y desde su posesión ha cumplido aplicadamente el programa de recuperación neoliberal que, al mismo Guillermo Lasso, de haber ganado, le hubiera costado trabajo aplicarlo. Lenin Moreno, asesorado por las más eficientes mentes de la derecha política del Ecuador, ha diseñado un plan de denuncias de la corrupción correista que mete sus narices hasta en los inodoros usados por el gobierno de Correa. Después de dos años de feroz pesquisa son pocas las evidencias condenatorias pero, en cambio, han posesionado la idea de que el gobierno de Correa ha sido el más corrupto de la Historia. El correismo duro llama traidor a Lenin Moreno, acusación que tiene razón de ser sólo si se refiere a la etapa inicial del proceso, pero que no la tiene si se refiere al correismo postrero, al de finales de la década de su hegemonía.

            Correa llegó al final de su período con un evidente desgaste, no sólo político, sino también económico y social. El endeudamiento externo adquirido en los últimos momentos reflejaba, como una gota de agua refleja su entorno, la proyección catastrófica de la crisis que se avecinaba. Por muy imaginativa que hubiera podido ser su heterodoxia política y económica iba por el inevitable camino que le proponían las élites criollas y los dueños del poder mundial. Esa tarea se la dejó a su sucesor. Sabía, a ciencia cierta, que Lenin Moreno no estaba en capacidad siquiera de paliar la crisis, sabía que tenía que entregarse a la derecha. Ningún otro camino era posible, salvo el revolucionario. Volver a los orígenes de la Revolución Ciudadana, ni pensarlo. Correa se vio obligado a ver, desde la playa, como la barca de su Revolución Ciudadana naufragaba en el absorbente mar del neoliberalismo. Pero este hecho tenía una enorme ventaja para él y sus pretensiones políticas: lo dejaba limpio, como una víctima de la felonía de su sucesor.

            El más grande reformista de la derecha progresista en el Ecuador se había parado justo en el borde del abismo. Un paso más y caía al vacío. El servilismo incondicional de Lenin Moreno a las élites criollas, salva al líder progresista, conservando de él la imagen mítica del reformador revolucionario. Pero ya no es lo mismo. La propia gestión del correismo ha desarrollado, en sentido revolucionario, la conciencia de la militancia de base del correismo. En diez años han aprendido que la sociedad está polarizada y que se tiene que pertenecer a uno u otro bando, han aprendido que todo gira alrededor del poder político. El correismo rasga el velo de la espantosa ignorancia política en las que las élites han mantenido a las masas, no estoy hablando sólo de sus cuadros dirigentes, sino de su militancia de base.

LA DISYUNTIVA REVOLUCIONARIA

            El gobierno de Lenin Moreno aparece como el opositor natural del correismo sólo porque la oligarquía ecuatoriana así se ha empeñado en hacerlo aparecer. Son las élites las que han construido la imagen de un Correa socialista y pro comunista, partidario de procesos como el cubano y el venezolano. No hay tal cosa. Como hemos dicho, Rafael Correa es el más eficiente reformista que la derecha ha tenido en toda su historia, pero no llega a ser un verdadero líder revolucionario. Otra cosa es que su aventura política le haya puesto frente a esa disyuntiva. Veamos por qué.

            La izquierda en el Ecuador fue desnudada hasta los huesos por Rafael Correa. La izquierda histórica, socialista y comunista, se vio obligada a abandonar su pretendido discurso de izquierda porque el accionar del reformismo correista le dejó sin piso. Sin contenidos substancialmente teóricos e ideológicos, esa izquierda se desmadejó como un muñeco de trapo. Hoy es sólo un membrete sobre el cual bailan algunos dirigentes “históricos” para satisfacer su ego y nada más. El reformismo de Correa anuló el reformismo de la izquierda histórica. Los grupos radicales, como el MIR o el AVC, cayeron en la trampa de entrar al recinto correista con la tesis falsa de que podrían manejarlo desde adentro. Fueron anulados. Y pare de contar. Por absorción o por anulación directa el correismo pasó a ser la izquierda ecuatoriana, sólo que dirigida por un caudillo, sin estructura orgánica ni ideología definida y, lo que es peor, sin metas históricas revolucionarias.

            Hoy por hoy el morenismo obliga a Rafael Correa a tomar posición. Durante diez años agitó las banderas del progresismo, sin poder superar sus límites. La heterodoxia económica aplicada, incluida su generosa imaginación para inventar fórmulas nuevas, no pudo romper la trampa del desarrollismo capitalista. Su límite extremo fue la modernización del sistema, lo cual logró con sobra de méritos. El regreso del neoliberalismo no puede ser neutralizado con las mismas fórmulas del reformismo progresista aplicadas durante diez años, hoy hay que darle otra vuelta a la tuerca del progresismo, vuelta que nos pondrá más cerca de una verdadera revolución.

            No es posible un neocorreismo como el Pablo Dávalos parece sostener. Medidas económicas heterodoxas ya fueron aplicadas hasta la saciedad por el correismo y ya no son suficientes. Sirvieron sólo para modernizar el capitalismo y su reiteración serviría para fortalecer más a los grupos económicos dominantes. Un neocorreismo sería otro engaño al pueblo ecuatoriano y serían fatales sus consecuencias. Lo que el momento histórico nos exige es un correismo sin Correa, no sólo porque la derecha anuló electoralmente al líder, sino porque la historia así lo exige.

            Dos factores coadyuvan a este propósito. El referente vivo del líder fundador de la Revolución Ciudadana. Correa es una bandera, un portaestandarte, un símbolo de la lucha progresista en el Ecuador. Esta condición debe ser aprovechada por el movimiento dejando a un lado el complejo de que sólo Correa puede dirigir el proceso. El mismo proceso hará surgir los líderes necesarios, porque no son las personalidades las que hacen la historia, sino los pueblos. Y dos, el nivel de conciencia alcanzado por la militancia correista en estos diez años de lucha. Este capital político es inapreciable y sería erróneo no saber aprovecharlo.

            El correismo, de aquí en adelante, tiene que ser, sobre todo, un movimiento político-ideológico con una sólida estructura partidaria, capaz de dar dirección revolucionaria al movimiento. Sin esos elementos no se podría avanzar. Las elecciones seccionales de marzo deben servir como un ensayo general antes de las elecciones presidenciales de 2021.

            La clave de la lucha política está en profundizar todas las iniciativas político-económicas implementadas por el correismo en la primera etapa. Profundizarlas significa radicalizarlas, pero, por otro lado, se necesita avanzar, ir más allá en la lucha contra la oligarquía y el sistema capitalista. Para hacerlo se tiene que tener concepciones político-ideológicas sobre estos tres temas fundamentales:

  1. El poder
  2. La matriz productiva y
  3. La educación

            Sobre el primer punto. La militancia debe tener claro que toda lucha política gira en torno del poder del Estado que va, desde una Junta Parroquial hasta la Presidencia de la República. El poder no es poder si no tiene el respaldo del pueblo, entendido como la suma de todos los sectores populares, de los sectores medios pauperizados, minorías inconformes, profesionales progresistas, feministas, jóvenes, jubilados, ecologistas etc., etc., etc. Tampoco es poder efectivo si los sectores sociales no están en capacidad de movilizarse constantemente por sus aspiraciones. Es el partido el que se encarga de movilizar a su militancia y sus aliados. En el ámbito del poder hay que definir una política de alianzas bajo el principio de ir de la izquierda (el partido) hacia el centro, nunca al revés y siempre bajo un acuerdo programático.

            Sobre la matriz productiva. Dar prioridad a la producción agrícola para desplazar paulatinamente al sector industrial a un segundo plano. El fin es producir más valores de uso, lo que tendería a una transformación profunda a mediano y largo plazo de nuestra forma de vida. La base de este proceso es la implementación de una Reforma Agraria que elimine, de forma definitiva, la gran propiedad terrateniente y el latifundio, acercándonos al ideal de un Sumak Kawsay actualizado que armonice la vida del ser humano con la naturaleza y mantenga el equilibrio dinámico de la economía.

            Y tres, la educación. Es en este sector donde comienza una verdadera revolución. Se debe implementar una educación nacional, igual para todos, sustentada en el principio básico del servicio y no del lucro, profundamente humana y solidaria.

PEQUEÑO EPÍLOGO NECESARIO

            En fin, hablar claro y sin complejos significa aprender a mirarnos a los ojos, dialogar entre afines para limar las diferencias no fundamentales, reconocer los valores del pasado inmediato y justipreciarlos en su dimensión real y estar atentos a los nuevos líderes que sobre la marcha seguirán surgiendo para superar el caudillismo y los errores cometidos, para construir el partido de la revolución y blindarlo contra el oportunismo y la corrupción.

            Si no podemos darle otra vuelta de tuerca al progresismo latinoamericano, veremos morir la esperanza.

11-01-2019

             .

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BREVE ENSAYO SOBRE LA AUTENTICIDAD

            Una mujer exageradamente gorda pide al camarero en el restaurante que le sirva una ensalada de vegetales. En medio de carnívoros consumados que asisten a la Parrillada, desentona. Con su plato de lechugas al frente, comienza a cazar un chorizo, una butifarra, un chinchulín, una jugosa pechuga en los platos de sus acompañantes. ¿Qué está mal en esta escena? No está mal que la mujer sea gorda, tampoco que sus acompañantes sean carnívoros, ni que la mujer quiera servirse una bandeja de ensalada. Lo que está mal es que la mujer quiera aparentar que, a pesar de sólo comer lechugas, está más gorda que una ballena. No es esa una actitud auténtica.

            Recuerdo un cuento de Iván Eguez en el que el personaje masculino, para liarse a una guapa muchacha universitaria le dice que es piloto, cuando en realidad era el chofer del carro en el que diariamente le recogía para llevarla a la Universidad. Lo triste está en que ella no era sino la hija de la sirvienta de la mansión en la que solía dejarla. ¿Qué está mal en esta escena? No está mal la mutua atracción que ambos sienten, tampoco que él sea “sólo” el chofer del carro y ella  “sólo” la hija de la mucama. Lo que está mal es que asuman identidades que no les corresponden, que se disfracen, que no sean auténticos.

            Si un político besuquea y abraza a la gente pobre durante la campaña electoral, pero cuando llega a su casa se fumiga y desinfecta para que no quede rastro de su contacto con la pobreza, no está siendo auténtico. No está mal si demuestra preocupación por los pobres, lo que está mal es que falsee su imagen para acercarse al drama de la pobreza.

            Si un sacerdote incurre en pederastia, no está mal que tenga impulsos sexuales, porque eso es natural. Lo que está mal es que abuse de la inocencia de los niños y, además, siga aparentando santidad. La apariencia de lo normal es el disfraz de la inautenticidad. Que una mujer aborte no está mal, lo que está mal es que sea irresponsable al practicar el sexo. Como todo acto humano, el acto sexual también tiene consecuencias y deben ser asumidas por la pareja. Lo que está mal es hacer uso del aborto para eludir responsabilidades, lo que está mal es la irresponsabilidad y no el aborto. Esta práctica convierte al aborto en un asesinato y a los seres humanos en asesinos. Otra cosa es el aborto por violación y el terapéutico que se los debe dar por hecho y ni siquiera discutir. Frente a la vida es dónde más autenticidad se debe demostrar. Es un asunto de conciencia.

            Hoy vivimos en un mundo gravemente enfermo de inautenticidad. Comenzando por el entorno urbano en el que vivimos. Hay casos de individuos en ciudades como New York, Sao Paulo o México D.F. que nunca han salido del barrio en que nacieron y jamás han estado en contacto con la naturaleza. Niños de ciudades como las nombradas que creen que la leche la dan las fundas y no las vacas lo que configura un grave panorama de inautenticidad, de vida artificial que lleva a los individuos a defender como cierto lo que es falso, a sustituir la vida auténtica por la postiza. Este es un fenómeno tan generalizado en la actualidad que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que somos actores de una obra de teatro cuyo fin perverso es ocultarnos la realidad. Sólo entonces adquiere sentido aquello de que hemos perdido los valores y que defendemos valores falsos. Son los valores falsos de la inautenticidad que han sustituido a los valores de la autenticidad.

            Tan postizo es el mundo actual que ya no podemos confiar en las tetas de una mujer ni en su culo. Un hábil cirujano con su bisturí es capaz de cambiar lo feo natural por lo bonito artificial en cuyo punto de cruce perdemos fácilmente la noción de lo auténtico. ¿Qué es lo realmente auténtico?, ¿el sujeto original o el sujeto artificial? Porque el problema se prolonga a la aceptación del resto. El resto acepta lo bonito y rechaza lo feo, no importa que lo bonito sea artificial y lo feo natural.

            ¿Qué defendemos, entonces? Sin duda defendemos lo falso, lo inauténtico, una realidad que ha sido construida sistemáticamente por aquellos poderes que defienden el sistema, aquellos que lucran de él y lo manejan. En largos siglos de manipulación han logrado crear un inmenso espejismo y han creado, también, sus soldados defensores, especie de autómatas que pueden entregar su vida por él. El espejismo creado por los poderes dominantes  brilla tanto que nos impide ver el camino. Unos dicen que la única solución es mirar hacia adentro de nosotros, yo sostengo que el único camino es la rebeldía. Creo que sólo la rebeldía contra el orden establecido es capaz de rescatar lo auténtico que por ahora yace debajo del resplandor enceguecedor del espejismo artificial.

05-01-2019

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LA REINVENCION DE LA ESPERANZA


            Cuando en el 2006 se comenzó a oír la voz de un joven líder político, décadas de frustraciones comenzaban a esfumarse. Una nueva forma de enfocar la política comenzaba a horadar la negra noche neoliberal. En realidad de verdad, lo nuevo no era el discurso, era el joven líder de nombre Rafael Correa Delgado que rescataba, con entusiasmo y fuerza, el discurso de la izquierda revolucionaria que, durante décadas, había sido minimizado y hasta ridiculizado por esa izquierda histórica reformista que buscaba, desde su fundación, ser reconocida como una izquierda sensata que servía para el equilibrio y no para aventuras revolucionarias. Ese discurso que se había refugiado en el seno de pequeños grupos de izquierda radical, comenzó a ser desempolvado por Rafael Correa Delgado. Todas las fuerzas políticas, sin excepción, que iban del centro a la izquierda, le brindaron su respaldo. Este joven líder confrontativo le comenzó a llamar pan al pan y vino al vino. Usando la economía como arma, tuvo el acierto de comprender que el momento era más político que económico. Con energía y argumentos comenzó a retratar las necesidades del pueblo y de una clase media que se estaba desmoronando. El neoliberalismo comenzó a ser desenmascarado y, en la medida que este joven político lo hacía, se fue reinventando la esperanza. Le llamó Revolución Ciudadana a su movimiento  y fue, desde Ecuador, un afluente que alimentó la corriente del progresismo latinoamericano. Este fenómeno político se fue construyendo con el discurso de la izquierda marginal ecuatoriana, esa a la que la “izquierda histórica”, siempre combatió y minimizó.

            Desde la política, durante una década, el correismo de Rafael Correa fue, electoralmente, invencible. Su discurso fue invencible. Ningún sector político de la derecha le pudo tapar la boca. Correa salió victorioso de cuanta batalla emprendió contra los vicios y posturas que representaban lo que él comenzó a llamar el “viejo país”. La Revolución Ciudadana desplazó del poder del Estado a la corrupta partidocracia. Ese proceso general tenía que llenar el vacío que quedaba. Correa lo hizo. Tuvo que improvisar. La falta de una estructura partidaria hizo girar la política en torno a su persona, pero también como caudillo fue invencible. Para llevar adelante sus objetivos tuvo que mostrar el lado autoritario del poder que, desde su perspectiva transformadora, se justifica plenamente, de otra forma, hubiera tenido que entregarse a los grupos de poder tradicionales sin condiciones, como lo está haciendo su sucesor. Ese autoritarismo hizo posible confrontar el poder de la prensa, por ejemplo, o ajustar las tuercas de la tributación empresarial o llevar adelante la más grande inversión pública de toda nuestra historia. Quién diga que esto estuvo mal, no podrá disimular su simpatía por la oligarquía y la derecha ecuatoriana.

            El error de Correa fue  no radicalizar esos procesos, creer, como cree el progresismo latinoamericano, que modernizando el capitalismo dependiente  se podía avanzar al socialismo. La tesis de concluir la trunca revolución alfarista, no era errónea, porque de esa manera se pagaba la deuda social que la oligarquía tenía con el pueblo desde entonces, pero para tener éxito había que pensar en ir sentando las bases para trascender la economía de mercado, más allá de construir lo que ellos llamaron una sociedad pos neoliberal. La ausencia de esta perspectiva histórica de desarrollo hizo que la Revolución Ciudadana, al cabo de una década de avances y transformaciones superficiales, tuviera que allanarse a las fórmulas tradicionales del liberalismo estructural. Lo que Correa hubiera tenido que hacer, en el hipotético caso de continuar él en el poder, lo está haciendo el actual mandatario. El accionar político-económico de Lenin Moreno obliga a Correa y al correismo a radicalizar sus posiciones si quieren todavía ser protagonistas de la Historia, o, en otras palabras, a armonizar su conducta política con el discurso revolucionario que tomó prestado de la izquierda radical en los momentos iniciales de su irrupción política.

            Esto explica la razón por la cual la vieja izquierda en el Ecuador está muerta y por qué discursos  neo progresistas como el de algunos intelectuales que ahora son candidatos (Pablo Dávalos, principalmente) ya no se explican, ya no tienen validez. Como hace diez años, hace falta entender que otra vez es la política la principal protagonista del momento, pues la heterodoxia económica ya tuvo su oportunidad y fracasó. El correismo si se detiene, muere, tiene que evolucionar a la revolución, porque no es sólo una cuestión de estilo, se trata de una cuestión de fondo. La herencia positiva del desarrollo conciencial que el correismo nos dejó, tiene que evolucionar a posiciones revolucionarias, como única alternativa posible. Se trata de reinventar la esperanza construyendo con el pueblo el partido de la revolución, en el que no entre ni la corrupción ni el oportunismo. Los “borregos consientes” tienen que ser la base de este proceso. Con la imagen del líder fundador, que ha sido anulado electoralmente por la derecha, se tiene que avanzar a la revolución para no marchar sobre el mismo terreno que es lo que más les conviene a las oligarquías. Eso es lo que ahora se llama ser radicales.

30-12-2018

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YO SOY…

            Yo soy un viajero del tiempo, vengo de una lejana galaxia que siendo enorme es tan solo un punto en la inmensidad de la obscuridad, vine porque la urgencia de la sangre me trajo. Estoy hecho de diminutas partículas locas que se comportan como les da la gana, unas veces para abrazar la libertad y otras la esclavitud de un sueño; como viajero no he parado nunca desde cuando la urgencia de la sangre de mi padre me reclamó, nadie se acuerda de mi rostro ni tampoco de mi nombre, pero de mi aliento todos porque siempre supe que más que la palabra importa la acción, soy pasajero al que todos despiden y al que pocos reciben porque soy como la luz que al pasar sólo deja el recuerdo de su resplandor, nada material viaja conmigo, nada corpóreo porque nada perdura tanto como el recuerdo. Soy un estado que vive en un perenne proceso de transformación a tal punto que siendo algo en un instante dejo de ser al siguiente y así, voy rodando a ser la transformación detenida para siempre pero nunca igual, como una flor en espiral que mientras más se abre más se concentra. Soy la conciencia de mi conciencia que saturada de ojos se mira a sí misma y a todo lo que me rodea, sin que para abrirme los ojos necesite la ayuda de nada ni de nadie. Fui ayer, soy hoy, seré mañana, nunca dejaré de ser porque siendo un instante soy una eternidad.

            A pesar de ser luz en movimiento habito en un punto azul del universo, lleno de líquida inmortalidad y de millones de gérmenes que mueren y nacen sin descanso. En ese punto tengo un techo debajo del cual suelo estirar mis andariegos huesos, desde ahí palpo con las húmedas papilas de mis sentidos todo lo que me rodea, distingo el mundo de arriba del de abajo, ausculto los abismos del corazón y me dimensiono en los laberintos inconmensurables del cerebro. Tiemblo con el rocío de los astros y grito con el sudor de los que sufren. Soy una gota que se multiplica en millones de partículas para dar de beber a los que tienen sed y también un mendrugo de pan que colma la mesa de los que mueren de hambre, soy un grito que no para de latir anunciando la nueva vida.

            Yo soy yo, me parezco a mí mismo y a todos porque todos se concentran en mi como los fuegos en el sol, como las gotas de agua en la lluvia, como los granos de arena en el desierto y, sin embargo, soy distinto de todos porque una gota no se parece a otra, ni un fuego a otro fuego ni un grano de arena a otro grano. Juntos somos uno pero somos uno en el juntos indivisible. Así voy, viajando en el conjunto que nos lleva al fin infinito de lo desconocido.

            Nací sin piel, por eso se concentran en mi cuerpo todos los fríos de la humanidad y también de los animales desamparados, corre por mis arterias la sangre vegetal de los bosques y en las cavernas líquidas de mis ojos reposan todos los paisajes de la imaginación. Voy alegre pero las penas del mundo se juntan en mis dedos y nada las esfuma, voy alegre pero se que la tristeza es pasajera. El camino escogido está sembrado de zarzas pero ni ellas ni nadie pueden detener mi marcha. Yo estoy yendo y aunque me falta para llegar, llegaré y entonces la luz derrotará a la tristeza.

            Me deben creer, porque estoy regresando del futuro…

18-12-2018

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REQUIEM POR LOS NIÑOS DEL FUTURO

Nací en pleno corazón del siglo XX. Crecí en el mundo mágico de la televisión, de esa bola inteligente que los rusos llamaban sputnik, de la huella en la luna, de las computadoras prodigiosas, de la oveja Dolly, de la conquista del genoma humano, del desarrollo portentoso de la robótica, del trasplante de corazón, de la música de los Beatles, de las armas atómicas, del microondas, del teléfono celular y de la nanotecnología. Un mundo maravilloso que ni la imaginación de Jonathan Swift ni la de Lewis Carrol juntas podrían superar. Tiempo de revolución también, en el que figuras como las de Lenin, Mao Tse Tung, Ho Chi Ming, Fidel Castro o el Che Guevara  nos hacían soñar que un mundo mejor estaba a la vuelta de la esquina. Pese a toda esta maravilla, el presente que ahora tenemos nada tiene que ver con el futuro que soñábamos cuando éramos jóvenes, si, porque el presente de ahora es el futuro de ayer.

            Lo primero que hay que resaltar es que la desigualdad en el mundo, lejos de superarse, lo que ha hecho es profundizarse. Lo mismo para las naciones como para los individuos. Las naciones del primer mundo, que son las más poderosas, se encuentran a enorme distancia de las llamadas del tercer mundo. Si sólo tomamos en cuenta el per cápita promedio de las naciones desarrolladas con el promedio de las no desarrolladas encontraremos una diferencia abismal que supera el mil por ciento. Esa diferencia esconde desigualdades que van desde la ignorancia hasta el hambre extrema, pasando por la delincuencia, la falta de oportunidades, la violencia y todos los males que caracterizan al mundo de la pobreza. Lo espantoso de esta situación es que las maravillas del desarrollo científico y tecnológico, con las cuales creció mi generación, en lugar de liberar a la humanidad han servido para acentuar la esclavitud de las masas a nivel planetario. Jamás tendremos un mundo libre mientras sólo el dos por ciento de la humanidad acumule la riquezade todos.

            Los revolucionarios del siglo XX no estuvieron equivocados. Cuando apuntaron sus armas ideológicas contra el imperialismo estuvieron haciendo lo correcto. Sabían que el proceso indetenible de la acumulación capitalista devendría en la conformación de poderosas élites que terminarían dominando el mundo. Hoy vivimos la confirmación plena de esos pronósticos. Una élite mega poderosa controla el capitalismo corporativo mundial y su sobrevivencia depende de la explotación de las reservas de recursos naturales que quedan a lo largo y ancho del planeta. Para esa élite no cuentan las naciones pobres ni les importa un comino sus poblaciones. Asia, África, América Latina están bajo el peso aplastante de su poder. No hay fuerza capaz de oponerse al mismo.

            Esto, ¿qué significa? Significa la ciega explotación de los recursos naturales direccionada principalmente a dos niveles, el minero y el forestal. La explotación petrolera es, a estas alturas, una explotación estratégica pero residual, cada vez más. En términos concretos significa el aumento del calentamiento global que no es sino una consecuencia de la deforestación y de la explotación minera a gran escala. El “fracking”como método de extracción petrolera contribuye a la debacle. Este método actúa contra el agua pura que necesitamos los seres humanos para la vida.

            El fracking es un método de extracción petrolera que fractura las capas donde está contenido el petróleo, pero esa fractura se la hace por medio del agua mezclada con arena y otros productos químicos altamente contaminantes. El agua contaminada que se envía a las profundidades de la tierra regresa  todavía más contaminada imposible de ser recuperada para cualquier uso. Las empresas la vuelven a enterrar y ahí se acrecienta el peligro, porque por medio de filtraciones se contaminan los mantos freáticos subterráneos que son las reservas que tenemos para el futuro. La minería a gran escala que afecta los ríos y la deforestación creciente que aleja las lluvias, en el transcurso de los próximos cincuenta años nos dejarán sin agua apta para el consumo. O mejor, harán del agua un elemento más valioso que el oro o el petróleo.

            Las guerras futuras serán por el agua y como ha sucedido siempre serán los poderosos los que disfruten del privilegio de su consumo. Las naciones pobres y sus habitantes moriremos desed. No es una exageración. Los niños de mediados de este siglo no conocerán el placer de nadar en un riachuelo y ni siquiera la dicha de disfrutar de un vaso de agua pura. Los viejos no se podrán ni bañar con la lluvia porque estará ácida de químicos y contaminantes. Las partes del planeta dónde se conserven fuentes de agua estarán en manos de las naciones poderosas y de sus millonarios. Será dramáticamente cierto aquello de que moriremos de sed junto a la fuente, porque la irracionalidad de las élites se está dando ahora el lujo de envenenar esa fuente.

            Otra forma de vida es necesaria queno la obtendremos si no revolucionamos la economía. El consumo masivo de valores de cambio (mercancías) nos está asfixiando. Es urgente comenzar a ver a la naturaleza como a un ser vivo que no puede ser explotada irracionalmente. Lo que le hagamos a ella, nos estamos haciendo a nosotros mismos.

12-12-21018

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CUÁNTICA PARA EL CUÁNTICO



            Si mal no recuerdo allá por los últimos años del siglo pasado Lenin Moreno y yo éramos amigos. Nos conocimos en medio de la lucha por la vida, en un momento en que él, tanto como yo,pasábamos dificultades económicas. El estaba liquidando una imprenta llamada Jumandi y yo luchaba por sacar adelante una empresa editorial llamada Letramía. Un trabajador de mi empresa me puso en contacto con Lenin Moreno. En su departamento de diseño gráfico hacía los libros de la Editorial. Esa relación laboral se convirtió en amistad. Solía visitarlo en un hermoso departamento que tenía (tiene?) en un edificio ubicado frente al Centro Comercial El Bosque. Contemplando la ciudad solíamos conversar. El tema más frecuente era el de la lucha por la vida. En ese tiempo, tanto él, como yo, nos comíamos la camisa. Jamás oí de sus labios una opinión política, lo que para mí era sumamente extraño. Yo soy un animal político y, salvo con mis parientes, al comienzo o al final de toda conversación, interviene la política.

            Su tema preferido era el humor. Me confió su idea de hacer una especie de enciclopedia del humor, en la que incluiría a humoristas como Groucho Marx, Carlin, Chaplin, decía él y otros comediantes de fama internacional. Le dije que debería darle un aire filosófico al humor para lo cual debía revisar autores como Bernard Shaw o Mark Twain. Me ofreció hacerlo. Nunca supe si cumplió su promesa. Me di cuenta que tenía la idea de la enciclopedia, pero no un plan ni nada concreto que le sirviera para estructurar la obra. Un día que fui a su casa le encontré recibiendo lecciones de canto. Solía transmitirme los conocimientos que adquiría y, más de una vez, le oí modulando la voz para perfeccionar el canto. Después sólo le he oído hacer dúo con Rafael Correa. A juzgar por lo escuchado, no fue mucho lo que aprendió.

            Un día me pidió de favor que le elaborara una lista de libros básicos para la biblioteca del club de tenis Municipal. “Le han dado una partida a mi mujer” –me dijo- “y hay que adquirirlos porque si no se pierde”. “Claro” –le contesté- “Yo te la hago”. Hacer una lista de libros básicos en distintos campos del conocimiento, me di cuenta inmediatamente, no era una tarea que estaba a su alcance ni de su mujer.Trabajé a paso de vencedores durante una semana y se la entregué. El “gracias, hermano” con el que me pagó el favor lejos estuvo de reflejar la comprensión del esfuerzo que me costó hacerla, pero, claro, me di cuenta que él creía que era cuestión de soplar y hacer botellas. No me animé a sacarle de la ignorancia.

            En ese tiempo yo trabajaba febrilmente en escribir un libro que le había prometido a mi hija Amalia. Quería terminarlo antes de que ella cumpliera veinte años. Era sobre la moral. La tesis central de que la moral es un producto histórico no inmutable me llevó  a acercarme a la Física Cuántica. Uno tras otro los libros de difusión científica, primero, luego algo más especializados, me fueron abriendo el fascinante mundo de las micro partículas, sin el cual no es posible comprender la vida. Llegué a la conclusión de que si sólo avanzamos en el desarrollo tecnológico y material sin que el desarrollo conciencial vaya a la par o, inclusive, adelante, nos convertiría en seres de metal, piezas apenas de un monstruoso mecanismo material que terminará pulverizándonos como especie.

             Le hablaba a Lenin de estos temas de forma apasionada y quizás un tanto desordenada. A uno que otro queridos libros sobre la materia les salieron alas y todavía deben estar revoloteando por la casa del presidente, posándose en los muebles donados y las lujosas vitrinas adquiridas. En ellos, y tal vez en otros que yo no conozco, debe basarse la inmensa sabiduría que ahora demuestra sobre Física Cuántica. A decir verdad, no fueron tantos ni tan profundos los conocimientos que con él compartí. Lo que se de la Física Cuántica, más o menos se resume en lo siguiente:

             Es la física de las partículas subatómicas, el estudio del comportamiento de aquellos corpúsculos que están dentro del núcleo del átomo y que constituyen la forma más elemental de la materia, “ladrillos” primarios de los que está hecho el mundo en el que vivimos y nosotros mismos. Lo impresionante es que no hay forma de advertir el comportamiento de estos micro elementos porque unas veces se comportan como ondas y otras como partículas haciendo que la realidad se difumine adquiriendo sentido lógico sólo con la intervención del sujeto cognoscente, tesis, solía decirle, que nunca fue aceptada por Einstein, lo que para mi era maravilloso dado que así, en la Física Cuántica, morían todos los determinismos que habían gobernado la sociedad desde sus orígenes, contradiciendo la lógica de su propio creador. Solía entusiasmarme explicándole que todo en el universo está relacionado a tal punto que el aletear de una mariposa repercute en la marcha de las constelaciones y que si el ser humano quería salvarse tenía que respetar el pensamiento sistémico, porque todo es un conjunto de sistemas, le decía.

            Eso de que los átomos de una personase pasan a otra, que tiene átomos de Hitler, que holístico viene de holograma,que tu de a poco te conviertes en mi y yo en ti, debe haber aprendido en cursos avanzados y secretos de Física Cuántica, porque lo que nosotros conversábamos era estrictamente lo que he reseñado más arriba.

             Lástima que la pereza, por un lado,y, por otro, la falta de recursos, me han impedido publicar el libro que tengo escrito sobre la ética y la moral en los seres humanos, dedicado a mi hija Amalia, pero ahí están las ideas que en ese tiempo de mi amistad con LeninMoreno solía darle a conocer. Parece que sólo le impresionó la envoltura de la Física Cuántica, porque de su contenido jamás se enteró y peor estuvo de acuerdo. Un día dejé de ir a su casa pues la lucha política me llamaba por otros lados y volví a saber de Lenin Moreno el  día que apareció como binomio de Rafael Correa Delgado. Siempre me pregunté con qué condumio podía hacer una política popular si económicamente es un servidor de los empresarios y su filosofía no va más allá de una plaza de toros. Con esa formación es fácil explotar el Yasuní y perdonarles la deuda a los “empresaurios” que comen aquí en el Ecuadory vomitan en los paraísos fiscales.

            Pero yo, en lo personal, no pierdotodavía la esperanza de que un día nos gobierne un verdadero mandatario cuántico y holístico.

5-12-2018

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SUPERDIEGO


            Cerca de cuarenta años conozco al doctor Diego Delgado Jara. La primera vez que le oí dar un discurso fue en la sesión plenaria del XXXV Congreso del Partido Socialista Revolucionario, en el mismo en que la militancia eligió a Víctor Granda Aguilar Secretario General del partido. Eran, los dos, integrantes de la delegación de Azuay. Yo no sé por qué, pero esa misma noche supe que Delgado sería consecuente con los ideales revolucionarios y Granda, no. Cuarenta años de vida me han demostrado que el corazón no se equivoca.

            Diego Delgado es el político más honesto del Ecuador. Su honestidad es consubstancial a su ideología socialista.Hombre e ideología forman una unidad que tiene como fondo la honestidad. En elcaso de Diego Delgado no es posible separar esa tríada:hombre-ideología-honestidad. Yo me atrevo a sostener que es un caso único.Ningún político, de derecha o de izquierda, se lo puede comparar. Susingularidad lo convierte en una cumbre que respira en esas regiones a las queno llegan los simples mortales.

            Dos son sus armas más poderosas: una memoria paquidérmica y una poderosa oratoria. Juntas son invencibles cuando se trata de convencer a las masas. Oradores célebres de nuestro medio político nolo podrían superar, por ejemplo, el discurso de barricada de Velasco Ibarra oel neo socialista de Rafael Correa.

            Fue legislador por el Azuay en la época de Febres Cordero y debido a sus denuncias de irrespeto a los derechos humanos se ganó el odio del oligarca. Mercenarios pagados por el ministro Robles Plaza le escaparon de matar, habiendo quedado ese hecho como una demostración de que los hombres buenos estamos gobernados por criminales corruptos que hacen de la política un negocio.

            Fue también Secretario General del Partido Socialista Ecuatoriano. La trinca reformista encabezada por Enrique Ayala y Víctor Granda priorizaron, en el seno del CC del Partido, una línea electoralista que impidió la consolidación orgánica e ideológica del mismo, error que llevó a la desaparición del PSRE y la implantación de una política errática, sin principios que le quitó todo tipo de iniciativas y le convirtió en furgón de cola del centro político. A pesar de esa correlación adversa de fuerzas al interior del partido, Diego se identificó siempre con las ideas revolucionarias, tomando poco a poco distancia de la línea amarillista de Ayala y compañía.

            Pocos políticos en el Ecuador disponen de tanta información como Diego Delgado Jara. Con paciencia de hormiga revisa periódicos, revistas, programas noticiosos, redes sociales y demás, para pescar el dato preciso que sirve para ilustrar una denuncia, una acusación o una sospecha, configurando de esa forma un tablero ilustrado de la corrupción en el Ecuador al cual se tiene que recurrir cuando se quiere hablar con fundamento. Creo que nadie ha mantenido a flote las sospechas de corrupción del gobierno de Rafael Correa como Diego Delgado. Falta haría una justicia popular para demostrar lo denunciado y no caer, inevitablemente, en manos de los intereses de la derecha, como ha comenzado a pasar desde que Lenin Moreno llegó al poder.

            Es por esta razón que proponer a Diego Delgado para la Fiscalía nos lleva obligatoriamente a preguntarnos: 1) ¿Es la propuesta ingenua de un grupo de amigos que saben el valor moral de este ciudadano? , o 2) ¿un acuerdo, por lo bajo, con Lenin Moreno para destapar la corrupción del correato?

            Si es lo primero, me permito advertir a sus amigos que en el fragor de la lucha de clases no es ingenuo, sino tonto, imaginar que el Estado de la oligarquía vaya a permitir su elección. Si durante tanto tiempo Diego Delgado ha sido una piedra en el zapato de los poderosos, es impensable que las élites, por su propia voluntad, se van a meter un cangrejo en la bragueta. Pocos políticos en este país tienen la suerte de ser odiados por la oligarquía y uno de ellos es Diego Delgado Jara.

            Si es lo segundo, Diego está siendo víctima de un engaño colosal. Lenin Moreno quiere siquitrillar a Rafael Correa, matarlo políticamente de una vez por todas, pero esa intención es realmente de la oligarquía, convirtiéndose Moreno en un simple peón de su voluntad y pretendiendo que Diego sea, por  medio de la Fiscalía, el instrumento ejecutor de este plan maquiavélico, con lo cual estaríamos en presencia del triste espectáculo de ver un hombre de auténtica izquierda, íntegro a carta cabal, haciendo la voluntad de las clases dominantes.

            No dudo de que detrás de bastidoresestá el cerebro gris de Gustavo Larrea. Delgado debe desconfiar de la viejaamistad que le une a este Fouché criollo. En mi opinión, Diego debe ser un díaFiscal del pueblo, capaz de juzgar, en su nombre, a la vieja oligarquía nebotcista y a la nueva correista, claro que, para que eso se haga realidad, primero se tendrá que hacer la revolución.

27-11-2018

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