REQUIEM POR LOS NIÑOS DEL FUTURO

Nací en pleno corazón del siglo XX. Crecí en el mundo mágico de la televisión, de esa bola inteligente que los rusos llamaban sputnik, de la huella en la luna, de las computadoras prodigiosas, de la oveja Dolly, de la conquista del genoma humano, del desarrollo portentoso de la robótica, del trasplante de corazón, de la música de los Beatles, de las armas atómicas, del microondas, del teléfono celular y de la nanotecnología. Un mundo maravilloso que ni la imaginación de Jonathan Swift ni la de Lewis Carrol juntas podrían superar. Tiempo de revolución también, en el que figuras como las de Lenin, Mao Tse Tung, Ho Chi Ming, Fidel Castro o el Che Guevara  nos hacían soñar que un mundo mejor estaba a la vuelta de la esquina. Pese a toda esta maravilla, el presente que ahora tenemos nada tiene que ver con el futuro que soñábamos cuando éramos jóvenes, si, porque el presente de ahora es el futuro de ayer.

            Lo primero que hay que resaltar es que la desigualdad en el mundo, lejos de superarse, lo que ha hecho es profundizarse. Lo mismo para las naciones como para los individuos. Las naciones del primer mundo, que son las más poderosas, se encuentran a enorme distancia de las llamadas del tercer mundo. Si sólo tomamos en cuenta el per cápita promedio de las naciones desarrolladas con el promedio de las no desarrolladas encontraremos una diferencia abismal que supera el mil por ciento. Esa diferencia esconde desigualdades que van desde la ignorancia hasta el hambre extrema, pasando por la delincuencia, la falta de oportunidades, la violencia y todos los males que caracterizan al mundo de la pobreza. Lo espantoso de esta situación es que las maravillas del desarrollo científico y tecnológico, con las cuales creció mi generación, en lugar de liberar a la humanidad han servido para acentuar la esclavitud de las masas a nivel planetario. Jamás tendremos un mundo libre mientras sólo el dos por ciento de la humanidad acumule la riquezade todos.

            Los revolucionarios del siglo XX no estuvieron equivocados. Cuando apuntaron sus armas ideológicas contra el imperialismo estuvieron haciendo lo correcto. Sabían que el proceso indetenible de la acumulación capitalista devendría en la conformación de poderosas élites que terminarían dominando el mundo. Hoy vivimos la confirmación plena de esos pronósticos. Una élite mega poderosa controla el capitalismo corporativo mundial y su sobrevivencia depende de la explotación de las reservas de recursos naturales que quedan a lo largo y ancho del planeta. Para esa élite no cuentan las naciones pobres ni les importa un comino sus poblaciones. Asia, África, América Latina están bajo el peso aplastante de su poder. No hay fuerza capaz de oponerse al mismo.

            Esto, ¿qué significa? Significa la ciega explotación de los recursos naturales direccionada principalmente a dos niveles, el minero y el forestal. La explotación petrolera es, a estas alturas, una explotación estratégica pero residual, cada vez más. En términos concretos significa el aumento del calentamiento global que no es sino una consecuencia de la deforestación y de la explotación minera a gran escala. El “fracking”como método de extracción petrolera contribuye a la debacle. Este método actúa contra el agua pura que necesitamos los seres humanos para la vida.

            El fracking es un método de extracción petrolera que fractura las capas donde está contenido el petróleo, pero esa fractura se la hace por medio del agua mezclada con arena y otros productos químicos altamente contaminantes. El agua contaminada que se envía a las profundidades de la tierra regresa  todavía más contaminada imposible de ser recuperada para cualquier uso. Las empresas la vuelven a enterrar y ahí se acrecienta el peligro, porque por medio de filtraciones se contaminan los mantos freáticos subterráneos que son las reservas que tenemos para el futuro. La minería a gran escala que afecta los ríos y la deforestación creciente que aleja las lluvias, en el transcurso de los próximos cincuenta años nos dejarán sin agua apta para el consumo. O mejor, harán del agua un elemento más valioso que el oro o el petróleo.

            Las guerras futuras serán por el agua y como ha sucedido siempre serán los poderosos los que disfruten del privilegio de su consumo. Las naciones pobres y sus habitantes moriremos desed. No es una exageración. Los niños de mediados de este siglo no conocerán el placer de nadar en un riachuelo y ni siquiera la dicha de disfrutar de un vaso de agua pura. Los viejos no se podrán ni bañar con la lluvia porque estará ácida de químicos y contaminantes. Las partes del planeta dónde se conserven fuentes de agua estarán en manos de las naciones poderosas y de sus millonarios. Será dramáticamente cierto aquello de que moriremos de sed junto a la fuente, porque la irracionalidad de las élites se está dando ahora el lujo de envenenar esa fuente.

            Otra forma de vida es necesaria queno la obtendremos si no revolucionamos la economía. El consumo masivo de valores de cambio (mercancías) nos está asfixiando. Es urgente comenzar a ver a la naturaleza como a un ser vivo que no puede ser explotada irracionalmente. Lo que le hagamos a ella, nos estamos haciendo a nosotros mismos.

12-12-21018

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CUÁNTICA PARA EL CUÁNTICO



            Si mal no recuerdo allá por los últimos años del siglo pasado Lenin Moreno y yo éramos amigos. Nos conocimos en medio de la lucha por la vida, en un momento en que él, tanto como yo,pasábamos dificultades económicas. El estaba liquidando una imprenta llamada Jumandi y yo luchaba por sacar adelante una empresa editorial llamada Letramía. Un trabajador de mi empresa me puso en contacto con Lenin Moreno. En su departamento de diseño gráfico hacía los libros de la Editorial. Esa relación laboral se convirtió en amistad. Solía visitarlo en un hermoso departamento que tenía (tiene?) en un edificio ubicado frente al Centro Comercial El Bosque. Contemplando la ciudad solíamos conversar. El tema más frecuente era el de la lucha por la vida. En ese tiempo, tanto él, como yo, nos comíamos la camisa. Jamás oí de sus labios una opinión política, lo que para mí era sumamente extraño. Yo soy un animal político y, salvo con mis parientes, al comienzo o al final de toda conversación, interviene la política.

            Su tema preferido era el humor. Me confió su idea de hacer una especie de enciclopedia del humor, en la que incluiría a humoristas como Groucho Marx, Carlin, Chaplin, decía él y otros comediantes de fama internacional. Le dije que debería darle un aire filosófico al humor para lo cual debía revisar autores como Bernard Shaw o Mark Twain. Me ofreció hacerlo. Nunca supe si cumplió su promesa. Me di cuenta que tenía la idea de la enciclopedia, pero no un plan ni nada concreto que le sirviera para estructurar la obra. Un día que fui a su casa le encontré recibiendo lecciones de canto. Solía transmitirme los conocimientos que adquiría y, más de una vez, le oí modulando la voz para perfeccionar el canto. Después sólo le he oído hacer dúo con Rafael Correa. A juzgar por lo escuchado, no fue mucho lo que aprendió.

            Un día me pidió de favor que le elaborara una lista de libros básicos para la biblioteca del club de tenis Municipal. “Le han dado una partida a mi mujer” –me dijo- “y hay que adquirirlos porque si no se pierde”. “Claro” –le contesté- “Yo te la hago”. Hacer una lista de libros básicos en distintos campos del conocimiento, me di cuenta inmediatamente, no era una tarea que estaba a su alcance ni de su mujer.Trabajé a paso de vencedores durante una semana y se la entregué. El “gracias, hermano” con el que me pagó el favor lejos estuvo de reflejar la comprensión del esfuerzo que me costó hacerla, pero, claro, me di cuenta que él creía que era cuestión de soplar y hacer botellas. No me animé a sacarle de la ignorancia.

            En ese tiempo yo trabajaba febrilmente en escribir un libro que le había prometido a mi hija Amalia. Quería terminarlo antes de que ella cumpliera veinte años. Era sobre la moral. La tesis central de que la moral es un producto histórico no inmutable me llevó  a acercarme a la Física Cuántica. Uno tras otro los libros de difusión científica, primero, luego algo más especializados, me fueron abriendo el fascinante mundo de las micro partículas, sin el cual no es posible comprender la vida. Llegué a la conclusión de que si sólo avanzamos en el desarrollo tecnológico y material sin que el desarrollo conciencial vaya a la par o, inclusive, adelante, nos convertiría en seres de metal, piezas apenas de un monstruoso mecanismo material que terminará pulverizándonos como especie.

             Le hablaba a Lenin de estos temas de forma apasionada y quizás un tanto desordenada. A uno que otro queridos libros sobre la materia les salieron alas y todavía deben estar revoloteando por la casa del presidente, posándose en los muebles donados y las lujosas vitrinas adquiridas. En ellos, y tal vez en otros que yo no conozco, debe basarse la inmensa sabiduría que ahora demuestra sobre Física Cuántica. A decir verdad, no fueron tantos ni tan profundos los conocimientos que con él compartí. Lo que se de la Física Cuántica, más o menos se resume en lo siguiente:

             Es la física de las partículas subatómicas, el estudio del comportamiento de aquellos corpúsculos que están dentro del núcleo del átomo y que constituyen la forma más elemental de la materia, “ladrillos” primarios de los que está hecho el mundo en el que vivimos y nosotros mismos. Lo impresionante es que no hay forma de advertir el comportamiento de estos micro elementos porque unas veces se comportan como ondas y otras como partículas haciendo que la realidad se difumine adquiriendo sentido lógico sólo con la intervención del sujeto cognoscente, tesis, solía decirle, que nunca fue aceptada por Einstein, lo que para mi era maravilloso dado que así, en la Física Cuántica, morían todos los determinismos que habían gobernado la sociedad desde sus orígenes, contradiciendo la lógica de su propio creador. Solía entusiasmarme explicándole que todo en el universo está relacionado a tal punto que el aletear de una mariposa repercute en la marcha de las constelaciones y que si el ser humano quería salvarse tenía que respetar el pensamiento sistémico, porque todo es un conjunto de sistemas, le decía.

            Eso de que los átomos de una personase pasan a otra, que tiene átomos de Hitler, que holístico viene de holograma,que tu de a poco te conviertes en mi y yo en ti, debe haber aprendido en cursos avanzados y secretos de Física Cuántica, porque lo que nosotros conversábamos era estrictamente lo que he reseñado más arriba.

             Lástima que la pereza, por un lado,y, por otro, la falta de recursos, me han impedido publicar el libro que tengo escrito sobre la ética y la moral en los seres humanos, dedicado a mi hija Amalia, pero ahí están las ideas que en ese tiempo de mi amistad con LeninMoreno solía darle a conocer. Parece que sólo le impresionó la envoltura de la Física Cuántica, porque de su contenido jamás se enteró y peor estuvo de acuerdo. Un día dejé de ir a su casa pues la lucha política me llamaba por otros lados y volví a saber de Lenin Moreno el  día que apareció como binomio de Rafael Correa Delgado. Siempre me pregunté con qué condumio podía hacer una política popular si económicamente es un servidor de los empresarios y su filosofía no va más allá de una plaza de toros. Con esa formación es fácil explotar el Yasuní y perdonarles la deuda a los “empresaurios” que comen aquí en el Ecuadory vomitan en los paraísos fiscales.

            Pero yo, en lo personal, no pierdotodavía la esperanza de que un día nos gobierne un verdadero mandatario cuántico y holístico.

5-12-2018

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SUPERDIEGO


            Cerca de cuarenta años conozco al doctor Diego Delgado Jara. La primera vez que le oí dar un discurso fue en la sesión plenaria del XXXV Congreso del Partido Socialista Revolucionario, en el mismo en que la militancia eligió a Víctor Granda Aguilar Secretario General del partido. Eran, los dos, integrantes de la delegación de Azuay. Yo no sé por qué, pero esa misma noche supe que Delgado sería consecuente con los ideales revolucionarios y Granda, no. Cuarenta años de vida me han demostrado que el corazón no se equivoca.

            Diego Delgado es el político más honesto del Ecuador. Su honestidad es consubstancial a su ideología socialista.Hombre e ideología forman una unidad que tiene como fondo la honestidad. En elcaso de Diego Delgado no es posible separar esa tríada:hombre-ideología-honestidad. Yo me atrevo a sostener que es un caso único.Ningún político, de derecha o de izquierda, se lo puede comparar. Susingularidad lo convierte en una cumbre que respira en esas regiones a las queno llegan los simples mortales.

            Dos son sus armas más poderosas: una memoria paquidérmica y una poderosa oratoria. Juntas son invencibles cuando se trata de convencer a las masas. Oradores célebres de nuestro medio político nolo podrían superar, por ejemplo, el discurso de barricada de Velasco Ibarra oel neo socialista de Rafael Correa.

            Fue legislador por el Azuay en la época de Febres Cordero y debido a sus denuncias de irrespeto a los derechos humanos se ganó el odio del oligarca. Mercenarios pagados por el ministro Robles Plaza le escaparon de matar, habiendo quedado ese hecho como una demostración de que los hombres buenos estamos gobernados por criminales corruptos que hacen de la política un negocio.

            Fue también Secretario General del Partido Socialista Ecuatoriano. La trinca reformista encabezada por Enrique Ayala y Víctor Granda priorizaron, en el seno del CC del Partido, una línea electoralista que impidió la consolidación orgánica e ideológica del mismo, error que llevó a la desaparición del PSRE y la implantación de una política errática, sin principios que le quitó todo tipo de iniciativas y le convirtió en furgón de cola del centro político. A pesar de esa correlación adversa de fuerzas al interior del partido, Diego se identificó siempre con las ideas revolucionarias, tomando poco a poco distancia de la línea amarillista de Ayala y compañía.

            Pocos políticos en el Ecuador disponen de tanta información como Diego Delgado Jara. Con paciencia de hormiga revisa periódicos, revistas, programas noticiosos, redes sociales y demás, para pescar el dato preciso que sirve para ilustrar una denuncia, una acusación o una sospecha, configurando de esa forma un tablero ilustrado de la corrupción en el Ecuador al cual se tiene que recurrir cuando se quiere hablar con fundamento. Creo que nadie ha mantenido a flote las sospechas de corrupción del gobierno de Rafael Correa como Diego Delgado. Falta haría una justicia popular para demostrar lo denunciado y no caer, inevitablemente, en manos de los intereses de la derecha, como ha comenzado a pasar desde que Lenin Moreno llegó al poder.

            Es por esta razón que proponer a Diego Delgado para la Fiscalía nos lleva obligatoriamente a preguntarnos: 1) ¿Es la propuesta ingenua de un grupo de amigos que saben el valor moral de este ciudadano? , o 2) ¿un acuerdo, por lo bajo, con Lenin Moreno para destapar la corrupción del correato?

            Si es lo primero, me permito advertir a sus amigos que en el fragor de la lucha de clases no es ingenuo, sino tonto, imaginar que el Estado de la oligarquía vaya a permitir su elección. Si durante tanto tiempo Diego Delgado ha sido una piedra en el zapato de los poderosos, es impensable que las élites, por su propia voluntad, se van a meter un cangrejo en la bragueta. Pocos políticos en este país tienen la suerte de ser odiados por la oligarquía y uno de ellos es Diego Delgado Jara.

            Si es lo segundo, Diego está siendo víctima de un engaño colosal. Lenin Moreno quiere siquitrillar a Rafael Correa, matarlo políticamente de una vez por todas, pero esa intención es realmente de la oligarquía, convirtiéndose Moreno en un simple peón de su voluntad y pretendiendo que Diego sea, por  medio de la Fiscalía, el instrumento ejecutor de este plan maquiavélico, con lo cual estaríamos en presencia del triste espectáculo de ver un hombre de auténtica izquierda, íntegro a carta cabal, haciendo la voluntad de las clases dominantes.

            No dudo de que detrás de bastidoresestá el cerebro gris de Gustavo Larrea. Delgado debe desconfiar de la viejaamistad que le une a este Fouché criollo. En mi opinión, Diego debe ser un díaFiscal del pueblo, capaz de juzgar, en su nombre, a la vieja oligarquía nebotcista y a la nueva correista, claro que, para que eso se haga realidad, primero se tendrá que hacer la revolución.

27-11-2018

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EL PARAISO SI EXISTE

A mis siete años el curra de la parroquia me preparaba para la primera comunión. De la Historia Sagrada me fascinaba el capítulo dedicado a la creación de Adán y Eva. Un muñeco de barro al que  el supremo creador le dio un soplo de vida, luego de una costilla del hombre hizo a la mujer, su compañera. Desnudos e inocentes vivían en un lugar en el que los ríos eran de leche y los animales paseaban a su gusto por la pradera. No había violencia de ninguna clase, todo era paz y armonía.

Me he quedado con esa imagen ideal desde entonces, imaginando que sí existe el paraíso. Un lugar más allá del capitalismo, más allá del socialismo y del comunismo, un lugar en que los seres humanos se aman a sí mismos y aman lo que hacen. Utopía, dicen unos, Ciudad del Sol, otros, falansterios, los de más allá. La Historia Sagrada que me enseñaba el párroco, decía Paraíso Terrenal.

Desde entonces muchos sesudos libros han pasado por mis ojos. La evidencia científica me hizo comprender que el cuento del párroco no era sino un mito, como el de Zeus, el de Thor o el de la cosmogonía de cualquier pueblo primitivo de la Amazonía. Mito, nada más, “narración maravillosa ubicada fuera del tiempo histórico”, dice la Real Academia de la Lengua. Fuera del tiempo histórico, eso es…lamentablemente.

La historia de los pueblos es la historia de la producción, la historia de cómo los seres humanos aprendieron a interactuar con la naturaleza para poder vivir de ella, es la historia del proceso material de la relación del ser con su entorno. Ese proceso lejos ha estado o está de ser un idilio de amor y armonía, es un proceso cruento de destrucción-construcción que en la medida que ha transcurrido el tiempo histórico se ha vuelto contra el ser humano, artífice del mismo. Hoy la producción aplasta al ser y creo de manera irreversible. Desde este punto de vista el paraíso terrenal del buen párroco jamás existió, desde siempre, la lucha de las especies animales para sobrevivir es más real que la imagen bíblica de convivencia pacífica entre los leones y las gacelas.

Pero también los sesudos libros y las ideas subversivas me han hecho comprender que, dentro de esta sangrienta lucha por la vida -que se ha vuelto cada vez más desigual en los últimos doscientos años-, si hay sitios que parecen ubicarse fuera del “tiempo histórico”. Son los paraísos construidos por los ricos para su provecho y beneficio, sitios que ni la más afiebrada imaginación de los miles de millones de seres humanos que habitan el planeta tierra puede imaginar, pero que están ahí, que existen, que son reales, que están lejos pero son tan concretos como la luna o los astros del cielo.

Una revista magazine que sólo circula entre las élites informa que Bill Gates, por ejemplo, paga cinco millones de dólares para pasar quince días de vacaciones con su familia en alguna parte del mundo. Nada hay que no esté a su alcance. Igual sucede con el puñado de mega millonarios que dominan el mundo. Ellos viven en paraísos donde el mal ha desaparecido, donde los deseos se hacen realidad, donde soñar no es necesario porque se vive en un sueño, donde puedes ir con una hoja de parra en las partes pudendas o lucir un abrigo de pelo de murciélago porque en ese paraíso particular nada es imposible. Es un mundo amurallado y se ubica en cualquier parte donde el poder económico entra. Cada vez estos paraísos se ubican más en los lugares del planeta donde el aceite corrosivo del dinero no ha llegado, ahí donde todavía queda aire puro y agua fresca.

La lógica empresarial que ha creado estos seres especiales, diferenciados del resto de mortales, abre, de vez en cuando, ventanas para q se filtre la información necesaria para mantener viva la expectativa en las masas ignorantes de que con tesón e inteligencia se puede llegar a ser propietarios de uno de estos paraísos. A esa lucha por el paraíso se le llama lucha por la vida, inevitable y necesaria porque así está establecido por la divina Providencia. Es una lucha de hienas en las que unas se comen a otras y unas pocas, según se ve, tienen la bendición de Dios para llegar a tener su propio paraíso.

En países como el nuestro tenemos réplicas de estos privilegiados. En el facebook circula un post en el que se le ve a Álvaro Noboa haciendo ejercicio en su gimnasio particular y, mientras camina, les manda parabienes a los internautas esperando que “hayan desayunado bien para luchar mejor por la vida”. Es una burla a los millones de ecuatorianos que no alcanzan a reunir cinco dólares diarios para vivir; igual que Jurado que, desde un alto cargo en el gobierno, asegura su fortuna en los “paraísos” fiscales para poder comprar el suyo propio o como Jaime Nebot que desayuna con gente humilde que viven en tugurios de cemento después de haber saboreado exquisiteces importadas en su mansión de Samborondón.

Ahora sé que si existe el paraíso terrenal del que me hablaba el buen párroco en mi niñez, lo que nunca me dijo es que el Santo Padre derrama sus bendiciones sobre cierta gente y no sobre toda la gente, lo que no me dijo es que el paraíso terrenal tiene un sello de clase y que tiene las puertas cerradas para miles de millones de ilusos que siguen creyendo en la justicia divina.

 

21-11-2018

 

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CUATRO BABYS

Siempre la insurgencia  en el arte ha significado la superación de cánones rígidos, de estereotipos aceptados por los niveles oficiales como inamovibles, perfectos y tradicionales, en el sentido que así fue para nuestros mayores y no podemos aceptar que sea de otra forma.

Del Renacimiento al clasicismo, del clasicismo al romanticismo siempre hubo una subversión de los valores estéticos precedentes, pero siempre con una premisa evidente: el arte insurgente venía cargado de contenido.

Hoy no pasa eso con la música. La irrupción de Los Beatles en la década de los años sesenta vino de la mano del escándalo, igual sucedió con Elvis Presley. Pero ellos eran heraldos de cambios que comenzaban a estallar bajo la piel de una sociedad hipócrita, eran el comienzo de nuevas formas, valores estéticos y valores morales. La sociedad y el mundo estaban cambiando de piel y se comenzaba a sentir las convulsiones de la adaptación a otra forma de vida. Los jóvenes hablaban de paz y amor y el Che Guevara nos enseñaba que la mejor forma de amar era odiando la injusticia y luchando con las armas en la mano para eliminarla.

El postmodernismo, incluida la generación Z o millennialls puede enarbolar la bandera de la incomprensión generacional por su evidente capacidad de relacionarse con la tecnología digital, lo que puede proyectarlos en el presente como una vanguardia que jamás será alcanzada por la columna que viene a sus espaldas, pero aunque estén cargados de tecnología, conservan una moral tradicional que no llega a representar los nuevos valores que se necesitan, como si un cohete de última tecnología siguiera usando el carbón como combustible. En la generación de los millenialls se evidencia la trágica contradicción de que el desarrollo moral (conciencial) no va de la mano del desarrollo tecnológico. Igual sucede con los consumidores de géneros musicales como el reggaeton o el trap

Cantantes como Maluma ¿representan algún tipo de valor?, ¿son portadores de alguna moral?, ¿tienen algo de ética? Yo creo que si, definitivamente. Representan la decadencia de la moral de las clases dominantes que encuentran en géneros musicales como el reggaetón y el trap los vehículos apropiados para mantener la estupidez de las masas, de mucha mejor forma que por medio del  adoctrinamiento evidente. Convirtiendo a la masa en estúpidos robots consumidores de basura, alcanzan el supremo objetivo de poder manipularlos a su antojo. No de otra forma se explica que en cada elección las propuestas de la derecha encuentras su base electoral en estas masas acríticas a las cuales les interesa sólo reproducir la basura moral en la cual se encuentran a sus anchas.

“Estoy enamorado de cuatro babys/siempre me dan lo que quiero/chingan cuando yo les digo/ ninguna me pone pero.”, dice Maluma. Más allá de la vulgaridad hay que preguntarse si letras como esta portan alguna moral. Yo sostengo que si. La moral decadente de las élites que es la que más les conviene se reproduzca. Alientan la misoginia, la discriminación y la denigración brutal a la mujer, rasgos todos del machismo milenario que caracteriza a la sociedad capitalista. Esta decadencia musical no tiene salida y no es gratuita ni inocente. Sus gestores lucran a manos llenas y contribuyen con la manipulación política que les conviene a las élites dominantes.

Hay una parte en el alma de los seres humanos que está cerca del animal, que se complace en reptar y caminar en cuatro patas, herencia atávica que está en lo más profundo del sub consiente. La cultura se encarga de enjaularlo, sea occidental, europea, oriental o cualquiera. Es la que durante milenios nos ha elevado de la bestia al ser humano. El reggaetón, el trap y géneros musicales como esos nos retrotraen al salvajismo. Hay quienes los fomentan  porque detrás de ellos existen oscuros intereses y hay amplios sectores de la población que al oírlos se reencuentran con sus más primitivos instintos animales.

            Letras como estas apelan a esos instintos: “Apaga la luz y quítate la ropa, es que en verdad no quisiera verte en pelotas, estás media gordita pero chupas chévere”; “Me dice que no me da el culo si no es en hoteles o en el Grand Melier”

Son sólo imágenes del paleolítico trasladadas a la era digital. Así vamos, de tumbo en tumbo, a la destrucción total de la civilización. El gran dilema es: o regresamos a las cavernas o damos el salto dialéctico a la sociedad socialista, en la cual debe imperar una nueva moral.

 

14-11-2018

 

 

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FIN DEL MONROISMO

            Hace más de dos siglos los norteamericanos lanzaron su advertencia a las potencias europeas de que “América era para los americanos”. Era una advertencia sobre todo para los ingleses que se había llegado a comprometer profundamente con la independencia Hispanoamericana. Entonces Inglaterra era la primera potencia capitalista del mundo en crecimiento y la proyección de su desarrollo dependía de garantizar mercados para sus mercancías a lo largo y ancho del planeta. América Latina era uno de sus destinos comerciales. EE UU era un joven país ubicado en la línea de partida de la competencia capitalista. A comienzos del siglo XIX lejos de su metrópoli, pero con músculos amenazantes. A mediados de ese siglo había igualado el desarrollo inglés y a finales del siglo lo había superado. Durante el siglo XIX los yanquis controlaron los afanes expansionistas de las potencias europeas con la doctrina Monroe en las manos. Los latinoamericanos fuimos comprendiendo que lo que decía realmente esa doctrina era “América para los norteamericanos”. La voz premonitoria de Simón Bolívar comenzaba a hacerse dolorosa realidad: “Los EE UU parecen destinados por la divina Providencia para plagar de miserias a nuestros pueblos…”

            Larga y aterradora es la lista de intervenciones de los EE UU en América Latina, comenzando por el cercenamiento hecho a México a mediados del siglo XIX, Nicaragua, donde el Ejército Loco de Sandino les hizo morder el polvo de la derrota, Colombia que vio mutilado su territorio para dar paso a la formación de Panamá, donde se instalaron por más de un siglo los yanquis controlando el comercio mundial, en Cuba cuando ya los patriotas cubanos habían derrotado el colonialismo español imponiendo la oprobiosa enmienda Platt que les permitía intervenir militarmente; en Puerto Rico, en Haití, de donde se llevaron el oro físico convirtiéndola en la nación más pobre del planeta, en Santo Domingo, en fin, en toda América Latina pusieron su bota los yanquis. Los gobiernos cipayos les abrieron las puertas a cambio de migajas permitiendo el saqueo de nuestros recursos naturales.

            En el siglo XX jamás han faltado para reprimir y anular cualquier intento de  sacudirse su coyunda. En Guatemala derrotaron el gobierno de Jacobo Árbenz, apoyaron las dictaduras en El Salvador, sostuvieron la dinastía de los Somoza, a todos los dictadores sanguinarios del Caribe, en Venezuela, en Chile mataron a Salvador Allende y se pusieron de parte de Inglaterra en la Guerra de las Malvinas para sostener después las dictaduras del Cono Sur. No hay lugar donde no hayan intervenido los yanquis, no a favor de la libertad y la democracia, sino precisamente en contra de ellas.

            El derrocamiento de Árbenz en Guatemala significó la descomposición total de la democracia representativa, no sólo en Guatemala, sino en toda la región. La guerra civil en Honduras y El Salvador mató cientos de miles de campesinos e incrementó la pobreza en el campo, igual en Guatemala, todo con el respaldo de los norteamericanos que en el 2009 derrocaron en Honduras al gobierno de Manuel Zelaya e impusieron uno de su conveniencia que ha desatado una feroz represión. La incapacidad de manejar la democracia por parte de estos gobiernos obedientes al imperialismo ha permitido el surgimiento de bandas o pandillas que, ubicados fuera de la ley, imponen el terror en las calles de las ciudades centroamericanas.

            Ante esta realidad la gente buena, que sólo aspira a tener una fuente de trabajo para poder vivir, más allá de las ideologías, deciden emigrar al norte, pero esta vez ya no de manera individual, sino de forma colectiva. No tienen trabajo, no pueden defenderse de la violencia callejera, son víctimas de la represión política, su única salida es la emigración. La luz que les atrae es la de los EE UU. Van sin saber que el imperio no los va a recibir.

            Este es el fenómeno del subdesarrollo, cuyos culpables son las élites locales y su aliado el capitalismo desarrollado. Mientras más se fomente la forma de vida norteamericana, más se exprimirá a los pueblos al sur del Rio Bravo, más pobres seremos. La respuesta que está más a la mano es la migración. Eso es lo que está pasando este momento y la tendencia será cada vez mayor. Diez mil brasileños anuncia una gran marcha a la frontera sur de los EE UU. Huyen de Bolsonaro.

            Como la historia lo demuestra, los pueblos rebasan a las élites. Las élites obedientes y genuflexas sólo se ocupan de su bienestar, para lo cual el poder mundial les ofrece dádivas a manos llenas; los pueblos no cuentan o cuentan muy poco. Ellos mismo buscan solución a sus problemas. El monroísmo está entrando en crisis, porque lo que ahora deja el neocolonialismo en sus colonias ya no gotea a las masas. Centroamérica está emigrando, lo seguirán los argentinos, ahora los brasileños, la migración crecerá con los descontentos de Venezuela y del resto de países de la región sólo es cuestión de tiempo.

            Para los yanquis no hay otra solución que la fuerza. Bolsonaro en el Brasil será su punta de lanza. Las “democracias autoritarias” se quitarán su careta y entraremos en una fase franca de fascismo. Los tiempos para América Latina son de tormenta, resultado de los vientos sembrados por la más grande potencia de todos los tiempos, Estados Unidos de Norteamérica.

7-11-2018

 

 

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MORENO, LA INGRATITUD.

            ¿La política es una ciencia o un arte? Lenin, el ruso, no el cuántico, opinaba que tenía de ambos, pero con frecuencia decía que era más arte que ciencia. ¿Qué es el arte? Podríamos revisar lo que del arte se ha dicho desde Platón hasta Foucault, de Aristóteles a García Lorca, pero no es necesario. Las exigencias del ensayo político nos obligan a ocultar la erudición y buscar la precisión.

            La política como arte significa concebirla con la maestría con que un músico concibe una sinfonía. Hay que pensar en los movimientos, en las fugas y retrocesos, en los silencios, en las arremetidas y las calmas y, por supuesto, en los finales. Cuando se estudian procesos sociales transformadores, no importa si de derecha o de izquierda, se puede notar esta realidad.

            En el Ecuador no hay nada en política que se parezca a una sinfonía, cuya primera virtud es haber sido concebida con antelación. Si se escucha una sinfonía de Haydn o Mozart es fácil notar que desde los primeros acordes somos atrapados por un argumento musical que nos lleva, inevitablemente, a un final grandioso. Una sinfonía tiene principio y fin, y unintermedio en el que está la estructura de cada movimiento.

            Lejos la política nacional de tener una estructura similar. No hay época histórica en que un político, un movimiento o un partido en el Ecuador hayan actuado con arte. Hasta la revolución liberal de Alfaro fue resultado del impulso anímico de sus líderes. Podemos decir, sin temor a estar equivocados, que somos producto de la improvisación.

EL CICLO DE RAFAEL CORREA

            Cuando en el 2006 apareció la figura de Rafael Correa, nadie, absolutamente nadie, cuestionó su condición de líder, la izquierda, menos. Después de más de dos décadas de pillaje y saqueo de la partidocracia, que incluyó un descarado salvataje bancario y la emigración de casi tres millones de ecuatorianos, el país necesitaba otros aires. Si una palabra definía la situación del Ecuador a inicios del siglo XXI, no era crisis, tampoco economía, menos cultura, era política. Quién pulsara esa cuerda en ese momento estaba destinado a triunfar. Lo hizo Rafael Correa. Y triunfó. ¿El secreto de su éxito? Comprender que el momento era político sobre todas las cosas.

            La propuesta de Alianza País y Rafael Correa en el 2007 fue lo más parecido que en política hemos tenido a una sinfonía. Con su famosa propuesta inicial de cinco puntos coyunturales resolvieron con éxito el principal objetivo de ese momento que era ganar las elecciones. Después de haber ganado las elecciones dieron los pasos apropiados para asaltar el poder, lo que se concretó en la anulación del Congreso de la partidocracia y la convocatoria a la Asamblea Constituyente de Montecristi. Fue en ese espacio soberano de la voluntad popular donde la sinfonía de Rafael Correa sonó más alto. Se iniciaba, con el aval de toda la sociedad, la marcha a la transformación del Ecuador.

            Correa declaró que su gobierno completaría la trunca revolución liberal de Alfaro, para lo cual propuso iniciar un proceso que comprendía tres momentos: 1) la sociedad pos neoliberal, 2) la del socialismo de mercado y 3) lo que ellos llamaron el bio socialismo, momento culminante de la revolución ciudadana. Dijo Correa que estaba destinado a durar trescientos años.

            Fue por ese proyecto que recibieron el respaldo de los sectores populares y de la clase media, principalmente. Su compromiso con la Historia era llevar adelante ese proyecto, sin concesiones ni titubeos. La tesis de terminar la trunca revolución de Alfaro llevó a Alianza País a modernizar el capitalismo ecuatoriano, proceso que no podía ser llevado a la práctica sin hacer concesiones y alianzas con el capitalismo corporativo mundial, lo que fue desnudando, poco a poco, las limitaciones históricas del correismo, inmerso fatalmente en las graves contradicciones que, a nivel regional, ha demostrado tener el llamado Socialismo del Siglo XXI o Progresismo Latinoamericano.

            En 2017 llegó a su fin el gobierno de Correa y, para continuar el proceso, se decidió depositar toda la confianza política en la figura de Lenin Moreno. Lo menos que Correa esperaba era que Moreno termine la fase uno de su proyecto, es decir, la instalación de un Estado pos neoliberal. Ahora no queda nada, sino el eco del discurso radical secuestrado a la izquierda revolucionaria, una obra material que se muestra como el vestigio concreto de la modernización capitalista y un desarrollo conciencial relativo en un sector de sus seguidores que han comenzado a entender que la lucha política gira en torno a la toma definitiva del poder por parte de los sectores anti oligárquicos.

MORENO, LA INGRATITUD

            La concreción de la primera fase de la sinfonía política correista se vio seriamente amenazada desde la caída del precio del petróleo. Con el precio alto Correa hizo crecer el sector público, con lo cual supuso estaba superando el neoliberalismo y comenzando a construir la sociedad pos neoliberal. Después de la caída del precio del petróleo, tuvo que volver a las fórmulas tradicionales del neoliberalismo, lo que implicaba crear mecanismos para preparar la entrega de los más importantes activos del Estado al sector privado de la economía. Antes de terminar su gobierno ya todo estuvo encaminado a dar un salto hacia atrás. Correa sabía que Moreno no tenía más alternativas, supuso, a lo mucho, que palearía los escándalos de corrupción que inevitablemente tenían que explotar, pero Moreno no tuvo consideraciones. Dijo que no le habían dejado la mesa servida y que no era posible llamar a cualquier “pendejada” revolución. Nada duele más que una cuña del mismo palo. ¡Moreno, la ingratitud!

            La diferencia entre Correa y Moreno está en que el primero se daba el gusto de bajarle los humos a la oligarquía antes de ceder a sus pretensiones y el segundo actúa como un dócil sirviente de la misma, lo que les hace idénticos en el fondo y diferentes en la forma. Moreno ha renunciado a todo discurso de alcance social y se ha puesto de rodillas ante a las élites, encubriendo su entrega a los intereses transnacionales y oligárquicos con un supuesto diálogo social que, según él, trata de unificar el fraccionado país dejado por Correa, cosa que, lejos de ser un defecto, nos parece un acierto; por el otro lado, Correa se sigue aferrando al discurso de la izquierda revolucionaria y a los principios del progresismo latinoamericano como único recurso para mantener su prestigio frente a las masas y, sin el cual, quedaría al descubierto su talante de líder demo burgués reformista.

            Con estas consideraciones podemos concluir que la sinfonía del correismo está inconclusa. La fuerza inicial de su melodía tuvo un desordenado final. La obra material es la prueba palpable del esfuerzo histórico hecho por el correismo para completar la trunca revolución alfarista y consolidar el Estado-nación ecuatoriano y la obra ideológica del correismo se concentra en el desarrollo de la conciencia política de esa importante masa de “borregos” que, siendo correistas van comprendiendo que la transformación revolucionaria del Ecuador está más allá de Rafael Correa, del Estado-nación y del progresismo latinoamericano, que está en el socialismo de raíces ancestrales complementado con lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente y con la tradición de lucha de los pueblos de Nuestra América. Esa masa de “borregos” consientes que, junto a otras fuerzas sociales y políticas, comprenden que el momento sigue siendo político más que económico, es la herencia positiva del correismo inicial  porque van comprendiendo que ya es hora de luchar por el poder del Estado, requisito imprescindible para comenzar la transformación revolucionaria de nuestra Patria.

30-10-2018

 

 

           

           

 

 

 

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