EL PANORAMA POS ELECTORAL EN EL ECUADOR

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SOÑAR NO CUESTA NADA, PERO ¡VAMOS AL GRANO!

El progresismo perdió en el Ecuador ante la extrema derecha. ¿Cuáles fueron las razones?

Mi generación tuvo en sus manos un libro que surtió el efecto de una operación en las retinas, devolviéndonos la luz que el colonialismo eurocéntrico nos había quitado por cerca de quinientos años. Se llama La Visión de los vencidos y su autor fue un maestro mexicano que dedicó su vida a estudiar y comprender a las sociedades prehispánicas, no por mera curiosidad, sino por un impulso de identidad y sobrevivencia.

Desde comienzos del siglo pasado en México se ha pensado y reflexionado sobre este tema, sin prisa, pero sin pausa. Autores como Carlos Fuentes u Octavio Paz han producido obras fundamentales en defensa de nuestros pueblos ancestrales y ensayos esclarecedores sobre las consecuencias de la destrucción de los mismos y el inevitable fenómeno del mestizaje que es su más directa consecuencia. Octavio Paz con El Laberinto de la Soledad se adentra en el análisis de cuáles son las virtudes y defectos de la mezcla de las sangres americana y europea y apuesta al mestizaje como destino de nuestros pueblos y Carlos Fuentes igual, reflexiona sobre la inserción de la cultura europea en la vida de los pueblos originarios. José Vasconcelos les antecede a todos ellos planteando el inminente surgimiento de una “raza cósmica” que sería el resultado de la unión del blanco europeo con el nativo americano y el negro africano, raza, decía, destinada a construir un nuevo mundo. México es una nación mestiza en la realidad de su gente, heredera de civilizaciones sorprendentes como la Maya y la Azteca y en las reflexiones de sus intelectuales que han profundizado sobre su identidad y destino colectivo. La enorme epopeya de la revolución campesina de comienzos del siglo XX reafirma le herencia viva de sus antepasados y, a su vez, toma en cuenta lo que la civilización europea nos fue imponiendo a lo largo de los siglos de brutal colonialismo.

Desde el Caribe José Martí nos advierte que la historia de los pueblos originarios se debe enseñar antes que la de los Arcontes griegos y, al sur del continente, Víctor Raúl Haya de la Torre nos habla del Indoamericanismo, a la par que José Carlos Mariátegui nos advierte la necesidad de americanizarnos. Hay, quiero decir, una enorme trayectoria histórica de pensamiento que, sin importar ni su tendencia política ni su filiación filosófica, coinciden en la necesidad de rescatar las virtudes de los pueblos originarios, es decir, la necesidad histórica de volver a nuestras raíces.

Esa corriente de pensamiento americanista, en el caso del Ecuador, está representada en las ideas de nuestro prócer independentista Eugenio de Santa Cruz y Espejo y en la visión pro socialista de Belisario Quevedo, uno a finales del colonialismo español y el otro en plena república oligárquica.

En todos los casos, sin excepción, parten de la denuncia de la brutalidad colonialista ejercida contra nuestros pueblos y cuyo más lejano antecedente lo encontraremos en la Brevísima relación de la destrucción de las indias de fray Bartolomé de las Casas. En ella se concentra todo el espectro brutal del colonialismo: genocidio, patriarcalismo, racismo, odio al diferente, xenofobia, machismo, homofobia, discriminación, fanatismo religioso, superstición y un largo etcétera de males que todavía persisten y contra los cuales seguimos luchando. La denuncia y la aspiración de una nueva vida está hecha por las plumas de los más esclarecidos intelectuales y patriotas de nuestro continente. Hay que partir de ella para no llover sobre mojado y no desviar la atención sobre lo que verdaderamente importa.

La trasnochada pretensión que ahora tiene una corriente “pachamamista” de desconocer este pensamiento insurgente presente en nuestros pueblos desde los mismos orígenes de la colonia a título de que la “matriz occidental” está equivocada, no puede ser tomada en serio, salvo si se quiere apoyar una especie de “talibanismo andino” cuyas consecuencias irían más allá de una confrontación de clases para convertirse en una matanza racial apocalíptica. 

Pero, dejemos los absurdos a un lado y vayamos al grano. ¿Qué es lo que verdaderamente importa en los actuales momentos desde un punto de vista político?

Importa diseñar una táctica y una estrategia para ganar las próximas elecciones presidenciales y poder hacer realidad nuestros propios sueños y el de nuestros antepasados. El resto es paja. La derecha lo tiene claro desde la fundación de la república y, sistemáticamente, les ha demostrado a las izquierdas de todos los tiempos su superioridad, incluidas las elecciones que acaban de pasar.

Ubicados en la perspectiva de la lucha por el poder, que es lo que importa, es imprescindible distinguir dos momentos: 1.- La lucha previa a la toma del poder cuyo objetivo principal es ganar las elecciones y 2.- Después del triunfo electoral proceder a la toma efectiva del poder que significa el control total del Estado y de la llamada “sociedad civil”, sin lo cual, no se puede hablar de una verdadera transformación de la sociedad. Analicemos estos dos puntos.

1.- LA LUCHA PREVIA POR GANAR LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

La piedra angular de esta etapa es tener clara una política de alianzas. La política, en sociedades clasistas como la nuestra, hay que entenderla como un choque de intereses antagónicos equivalente a una guerra. Esta simple y contundente verdad ha sido ocultada por el discurso oficial de los sectores dominantes herederos del poder colonial que dice actuar y representar los intereses de todos, cuando en realidad actúa y representa sus intereses particulares de clase. Después del triunfo liberal a finales del siglo XIX, nadie ha podido fisurar el bloque ideológico-político de la oligarquía ecuatoriana surgida como consecuencia de la traición plutocrática a Alfaro. La Revolución Ciudadana y su líder Rafael Correa tienen el mérito histórico de haber querido completar la trunca revolución de Alfaro afectando los intereses plutocráticos de sus asesinos. Eso explica el odio feroz de la moderna oligarquía a un líder reformista que nunca se planteó una transformación radical de la sociedad ecuatoriana.

Nadie puede negar que el primer triunfo electoral de Rafael Correa tuvo como condumio la lucha acumulada de los sectores populares durante el período de la partidocracia, esto es, desde el regreso a la democracia en 1979 hasta el 2006. En esencia, fue una lucha contra el neoliberalismo. Una izquierda boba (la izquierda histórica) creyó que apoyando a Correa iban a ser gobierno, pretensión que se frustró estrepitosamente porque pretendieron disputarle a la Revolución Ciudadana sus mismos postulados reformistas, es decir, aprovechar el liderazgo de Correa ´para hacer ellos los protagonistas de la reforma.

Sin un proyecto transformador, ubicado a la izquierda del correísmo, esa posición fue prontamente ahogada por Correa y la fracción de esa izquierda que se quedó dentro del correísmo se asfixió en el burocratismo estatal y el oportunismo político. Cuadros altos de la izquierda histórica, así como dirigentes medios y de base se sacaron la careta y quedaron al descubierto ante sus militancias y la opinión nacional. Rafael Correa tiene el mérito de haberles quitado la palabra y prohibido que sigan hablando a nombre de la izquierda y del pueblo.

La política de alianzas propuesta por Alianza País y Rafael Correa en las elecciones del 2006 fue todo un éxito. Entonces se plantearon alianzas en un eje que iba del centro hacia la izquierda, siendo la izquierda el sector más débil. Fue suficiente para el triunfo electoral. Nunca en los diez años de gobierno correista ninguna de las “izquierdas” le exigió a Correa radicalizar su gestión gubernamental para trascender los meros límites de la modernización capitalista, los reclamos tuvieron que ver con el estilo confrontativo y autoritario, decían, de Rafael Correa.

“Esas izquierdas” hicieron una oposición vacía de contenidos, insustancial y escandalosa, cuyo objetivo fue cuestionar a Correa por no saber conducir adecuadamente la Revolución Ciudadana que ellos mismos habían contribuido a concebir e instalar, coincidiendo de esa forma con la crítica clasista y cargada de odio que provenía de los sectores oligárquicos. Ninguno de esos dirigentes, estoy seguro, hubiera tenido la fuerza y potencia intelectual que Correa tuvo para confrontarse con la prensa “libre e independiente”, por ejemplo, o con personajes icónicos de los sectores dominantes, aparte de la decisión histórica que tuvo para llevar adelante reformas fundamentales como la educativa o la inmensa obra material, o la defensa de nuestra soberanía a nivel internacional.

Las críticas que tienen que ver con la criminalización de la protesta social, la persecución a dirigentes populares o la tendencia al extractivismo demostrada sobre todo al final de su período, claro que son válidas desde un punto de vista radical y revolucionario, no desde la misma óptica reformista como es el caso de “las izquierdas” que critican al correísmo.

La traición de Lenin Moreno al proyecto progresista tuvo el efecto de un “salto hacia atrás”. Durante cuatro años Moreno y la más recalcitrante derecha política y económica se han esmerado en pulverizar al correísmo y a su líder logrando posesionar en la conciencia de los sectores medios altos y las élites de siempre la idea de que el correísmo ha sido el gobierno más corrupto de la historia, todo sin fundamento jurídico alguno. Esa campaña sistemática de la derecha, apoyada por los oscuros designios de la embajada norteamericana, significó que el correísmo tuviera que volver a empezar.

Fue precisamente lo que hizo al proponer el nombre del economista Andrés Aráuz para terciar en las elecciones presidenciales del 2021. Se trataba de dar continuidad a un modelo “pro socialista cuyo fundamento fue la implementación práctica de una heterodoxia económica tendente a crear las condiciones para transitar, primero, a una sociedad pos neoliberal y posteriormente a un socialismo de mercado”[i]  Este, precisamente este, es el punto nodal del proceso político en el Ecuador, que por no ser comprendido cabalmente por parte del movimiento indígena-popular y los sectores de izquierda que dicen representarlo hizo posible la contraofensiva de la derecha oligárquica y su triunfo en la segunda vuelta de las pasadas elecciones.

Para garantizar el cumplimiento del primer objetivo en la lucha por el poder político, es decir el triunfo en las elecciones de la democracia en la que estamos inmersos, se trataba, en esta ocasión, de reeditar la alianza hecha en el año 2006 pero esta vez, cambiando el eje de la misma. Había que consolidar una unión que debía ir de la izquierda al centro en la que el centro, precisamente, debía ser el sector más débil. Esto por la sencilla razón de que la “izquierda reformista” camuflada de socialista, emepedista y otras hierbas había sido ya desenmascarada por Correa. Una cabal comprensión de la dialéctica histórica habría permitido que ahora la izquierda radical, o más revolucionaria, hubiera podido actuar como una garantía de que el proceso progresista derivase a posiciones más avanzadas.

Si no es posible darle una “solución de continuidad” a la Historia porque no están creadas todas las condiciones sociales para ello, es imposible escapar al avance natural de la misma. Esto es lo que no son capaces de comprender “esas izquierdas” que luchan por aplicar un proyecto anti extractivista, pero, si no es así como dicen, la pregunta es lógica ¿por qué se oponen al progresismo si ellas quieren lo mismo? Es debido a esta incongruencia histórica que no ayudan a la revolución, sino que la detienen y se oponen a la misma, coincidiendo con la defensa de los intereses de las élites nacionales y de sus aliados internacionales.

La lucha por el poder es la quintaesencia de la política, pero el,poder no es un elemento inoloro, incoloro e insaboro, tiene nombre y apellido. Si se lucha por el poder burgués, estamos consolidando el patriarcalismo, la desigualdad estructural, la explotación del capital al ser humano, pero fatalmente estamos luchando por ese poder desde el mismo momento que aceptamos jugar con las reglas de la democracia que nos rige. Si alguna de las izquierdas en el Ecuador se habría planteado luchar por un “poder revolucionario” debería estar alzada en armas y luchando en las montañas y ese no es el caso. Las alianzas se las hacen, precisamente, para comenzar a cambiar la naturaleza del poder burgués.

Y esto es lo que no comprendieron en estas últimas elecciones Pachakutik, Yaku Pérez y “esas izquierdas”, conduciendo por un sendero equivocado a sus bases y haciendo posible el triunfo del banquero y de la extrema derecha socialcristiana. Cuando somos dueños de un proyecto revolucionario, no hay por qué tener miedo al reformismo, por el contrario, sus reformas deben ser bienvenidas porque son las concesiones que hacen las clases dominantes a la presión de las mayorías. Educación gratuita y de calidad, es una concesión, por ejemplo, red vial de primera, igual, reforma del Estado, soberanía nacional, elevación del nivel político del pueblo. El “gran salto hacia atrás” impulsado por Moreno, refrendado por la feroz campaña anticorreista y el odio demostrado por Yaku Pérez contra Correa se ubican en esa trágica línea de regresión al pasado.

De haberse depuesto el odio visceral contra el correísmo y haberse consolidado una alianza del progresismo con la llamada “nueva izquierda” el primer paso hacia la toma definitiva del poder se habría dado con éxito. Hoy nos hemos alejado de ese objetivo, no cuatro años, sino quién sabe cuántas décadas.

Si esta es la esencia de la política de alianzas, veamos, entonces, cual es la esencia del segundo paso en este proceso de toma del poder y cambio de su naturaleza.

2.- EL ESTADO Y EL PODER POPULAR

Que el desarrollismo ya no es un camino de progreso para los pueblos latinoamericanos es una verdad que, desde un punto de vista revolucionario, no necesita demostración. Todas las fórmulas del desarrollismo están vinculadas a los intereses del capitalismo corporativo mundial y ninguna ha traído prosperidad y bienestar a nuestras naciones, pero el hecho de que así sea no puede llevarnos a la conclusión de que cambiar de vida es tan sencillo como cambiar de camisa. Las fuerzas del establishment son muy poderosas todavía y tienen, a su favor, no sólo la fuerza económica, sino también ideológica y militar y jamás en la historia se ha visto que por muy podridas y decadentes que sean, estén dispuestas a entregar sus privilegios en bandeja de plata.

Comenzar a soñar en otra forma de vida es un derecho de los pueblos oprimidos y, en el caso de Latinoamérica, lo venimos haciendo desde el triunfo de la Revolución Bolchevique. Que los fundamentos de los sueños de nuestras izquierdas hayan estado equivocados, no nos quita el derecho a seguir soñando. Precisamente el aprendizaje de los errores cometidos es lo que nos da más derecho al sueño de cambiar de vida. Lo que siempre será un error será tirar el agua sucia de la bañera junto con la criatura.

Las bases gnoseológicas de esa nueva vida tendrán que ser nuevas, no copia de las sociedades ancestrales ni repetición de las occidentales, nueva, en el sentido de que tendremos que crear otras bases epistémicas. Ñukanchik Socialismo ha sostenido que serán el resultado de la fusión armoniosa de todas las coincidencias existentes entre las bases gnoseológicas de las sociedades primigenias y lo mejor del pensamiento revolucionario anticapitalista de occidente, representado en el pensamiento de Marx.

Tan desatinado sería copiar la gnoseología ancestral, como mantener la occidental, porque equivaldría a querer extrapolar, en el primer caso, ahistóricamente una forma de vida superada ya por la humanidad y, en el segundo, insistir en una que nos ha llevado al borde del abismo. Lo dialéctico es que las fuerzas sociales portadoras del cambio histórico necesario en este tiempo de cambio de época sintonicen con esta concepción, al igual que sus líderes que, sin esa sintonía, no pasarán de ser sino falsos dirigentes destinados a acelerar la caída de la humanidad en el abismo.

Es precisamente en la región andina donde ha comenzado a florecer esta nueva forma de pensar que, para desgracia de la nueva ciencia, está naciendo con la peligrosa desviación teórica de sostener que la episteme ancestral tendrá que “devorarse” a la gnoseología occidental, destruyéndola por perniciosa y equivocada, planteando, de esta forma, una soterrada confrontación racial que está más allá de los límites históricos propios de una lucha de clases justa y necesaria.

El sueño de una sociedad ecológica, anti extractivista, comunitaria, anti patriarcal, anticolonial y anticapitalista.es el sueño que venimos soñando todos los que queremos una nueva vida[ii] desde que el Che Guevara dio su vida por él e intelectuales como Agustín Cueva nos enseñaron a pensar; pero ese sueño tiene que soñarse con los pies en la tierra y con los ojos bien abiertos para saber, con intuición histórica puntual, cuando será el tiempo de su plena realización. La lucha por esta nueva vida está bien, siempre y cuando se entienda desde dónde se la debe dar y cuando será el tiempo apropiado de “asaltar el cielo”.

Podemos equivocarnos de buena fe, pero la campaña de odio llevada adelante por Pachacutik, Yaku Pérez y “esas izquierdas” no puede decirse que estuvo basada en la buena fe. Demostró que no se entiende el sentido de la historia y puso en evidencia que fueron aprovechadas por las fuerzas oscuras del imperio. La realpolitik nos obliga a soñar con los ojos abiertos si no queremos ser arrastrados por los vientos contrarios de la reacción.

Ñukanchik Socialismo en el artículo citado líneas arriba, decía: “En la base de esta nueva forma de vida está el principio fundamental del colectivismo productivo que, a su vez, se sustenta en la colectivización de la propiedad de los medios de producción. Hay una coincidencia atemporal entre la forma de propiedad de nuestros pueblos originarios y el planteamiento teórico del socialismo científico en cuanto a la propiedad se refiere. Esa coincidencia hay que concretarla en la práctica productiva actual considerando el adelanto científico y tecnológico alcanzado en las sociedades occidentales en estos últimos quinientos años. Esta forma de pensar resuelve con éxito la crisis de las izquierdas latinoamericanas y se constituye en el aporte teórico que hacemos los revolucionarios andinos al pensamiento de la izquierda mundial.” 

Por eso llama mucho la atención que los pocos intelectuales que en nuestro medio se ocupan seriamente de estos temas vuelvan sus ojos, otra vez, a los centros del pensamiento europeo para destacar lo que la intelectualidad avanzada de América Latina viene sosteniendo desde hace más de un siglo: superar el capitalismo y encontrar otras formas de producir y vivir que salven al ser humano y al planeta en que habita.

En el siglo XX se creyó que era el socialismo esa solución, hoy los nuevos sueños no tienen todavía nombre, pero nada se podrá hacer si no nos consideramos herederos de esas luchas y de esas ideas.

“Volver la mirada a aquellas formas de vida social no sub-desarrolladas” -no se sabe si cita o dice una autora ecuatoriana-[iii], “sino fuera del desarrollo, a las comunidades agrarias que siembran y se dedicaban (sic) a escuchar como crecen los cultivos, pues una vez sembrados, apenas queda ya más por hacer. A esos territorios fuera del tiempo donde la gente es feliz, todo lo feliz que puede ser un pueblo.”

¿Existieron esas sociedades?, ¿existen?, ¿Dónde están?, ¿fuera de la Historia?, ¿son paraísos idílicos que han existido más allá o más acá del tiempo histórico? ¿a quién se le ocurre que masas gigantescas de seres humanos como las de Nueva York, Sau Paulo, México DF, o del mismo Quito podrán sembrar y dedicarse a ver como crecen las plantas? Lo menos grave que se me ocurre es que no hay madurez teórica para sostener semejantes ideas y, lo más grave, que está en marcha una conspiración colosal de las fuerzas que dominan el mundo para enterrar, a nombre de la nueva vida, la nueva vida misma.

Sostener el aislamiento histórico de las comunidades originarias no es compatible con la realidad. Pueden conservar sus características etno-culturales, pero jamás han estado en aislamiento absoluto. Ni aún los pueblos no contactados tienen un ciento por ciento de aislamiento en la actualidad, es que las ramificaciones de la vida moderna configuran una red de tal naturaleza que nada ni nadie queda afuera. Soñar que es posible significa ser víctimas de un romanticismo utópico poco compatible con la realidad histórica,

El desarrollo tecnológico alcanzado en la sociedad capitalista será la base del desarrollo tecnológico que alcanzará la nueva sociedad, volver a cocinar con leña no solo que es un absurdo, sino un sueño retrógrado que, de convertirse en una idea fuerza, nos puede regresar a ser esclavos de los que manejan la ciencia y la tecnología. Una nueva sociedad será la prolongación de la vieja en niveles más altos de conciencia que nos permitirán dominar la tecnología y la ciencia a favor del ser humano y no de intereses particulares o de grupo. Llegaremos a un nivel de conciencia que nos permitirá dominar nosotros la tecnología y no al revés.

En un artículo escrito en diciembre de 2019 sobre este tema decía: “No hay lugar a reconstruir el sistema pre colombino de producción, como quieren los “pachamamistas”, pero tampoco es posible sostener el actual sistema capitalista que hace agua por los cuatro costados. La solución está en rescatar aquello que se demuestra positivo del sistema ancestral y lo que se puede rescatar del capitalismo actual.

Esos elementos nucleares son: 1) De los ancestros: la propiedad colectiva de la tierra, principalmente; también una forma de organización social basada en la reciprocidad, un particular sistema de participación de las bases (nueva democracia) y el rescate de un patrón cultural singular que recoja elementos del mundo andinoiv. 2) Del capitalismo actual: la libre empresa individual, con límites en su crecimiento y control del Estado[iv].”

Un dicho popular dice que soñar no cuesta nada, pero la práctica política nos enseña que para realizar nuestros sueños necesitamos el poder, entendido como la voluntad de una clase social para alcanzar sus metas económicas, sociales, culturales y de vida.

En las actuales circunstancias históricas las metas son progresivas, no hay lugar a las soluciones radicales e inmediatistas, es en este sentido que el progresismo latinoamericano tiene validez y proyección de futuro porque sólo eslabonándose a él las etapas más radicales tendrán arraigo histórico, actuar fuera de él es un sueño onírico, surrealista, más allá de lo posible real, equiparable en su grandeza al sueño que tuvo el Che Guevara en la década de los sesenta de crear muchos VietNam en América Latina para derrotar al imperialismo, pero que no pasó de ser eso, simplemente un sueño.

La Historia va por andariveles concretos de carne y hueso y de conciencia, diríamos, como los de la izquierda posible que, hoy por hoy, es el progresismo latinoamericano. Lo que está fuera de él, o contra él, o bien es ingenuidad o cálculo político magistral de las fuerzas oscuras del poder mundial para neutralizar la insurgencia de las masas.

La incomprensión de esto hizo posible el triunfo de la extrema derecha en las últimas elecciones. Los sueños de una nueva vida se han tenido que posponer, quién sabe por cuánto tiempo. La confrontación personal de Yaku Pérez con Rafael Correa dio un resultado favorable al primero porque le restó, al segundo, un 20% de la votación total de los ecuatorianos, hecho que en lugar de hablar a favor de los sueños de una nueva vida habla a favor de los sectores dominantes del Ecuador y sus aliados internacionales.

El objetivo de ganar las elecciones, como primer paso para la toma del poder, quedó destrozado en el intento, apalancado en apenas cuatro millones doscientos mil voluntades que no fueron suficientes para llevar al gobierno a una fuerza progresista que, de haberse dado la alianza que la lógica política recomendaba, hubiera hecho posible trascender los límites de la modernización capitalista y haber comenzado a sentar los cimientos de una nueva vida en la que íbamos a poder recuperar las virtualidades de las sociedades ancestrales y rescatar aquello que todavía la Historia no puede enterrar del régimen capitalista, en una fusión armónica de los intereses de los sectores de clase afines y del multiuniverso en el que vivimos, sin que la lucha racial pase a ser un fantasma rondando sobre nuestras cabezas.

Dicen los actuales filósofos europeos que ya no se trata de construir una nueva sociedad, sino una nueva vida. Claro, pero no como una isla o un baptisterio, especie de Ciudad del Sol o Isla de Utopía, sino una en la que podamos disfrutar de la ciencia y la tecnología puestas al servicio del ser humano, en la que el individuo sea el resultado del cambio de las condiciones materiales de vida, en la que la producción levantada con el trabajo de todos deje de ser la explotación inmisericorde de nuestra hermana naturaleza. Nunca será inútil recordar a Marx que nos advertía que no es la conciencia la que determina el ser social, sino al revés. No porque Marx ahora no es santo de la devoción de los “ideólogos” de la nueva vida, ha dejado de tener razón.

Ese es el comienzo que se truncó por no entender la dialéctica de la historia y cuyas consecuencias no serán capitalizadas ni por el voto nulo, ni por Yaku Pérez ni por “esas izquierdas”, sino por las élites de siempre y por sus eternos aliados extranjeros.

Cuánto fervor vemos en los actuales momentos en el discurso combativo que Yaku Pérez comienza a esgrimir contra Guillermo Lasso. ¡Cuánto mejor hubiera hecho si antes reflexionaba que el odio contra Correa y el voto nulo no eran argumentos a favor de esa nueva vida por la cual seguiremos luchando hasta vencer o morir!

“Los principios de correspondencia, reciprocidad, complementariedad y ciclicidad son aspectos que deduce el pensamiento teórico moderno al estudiar el Sumak Kawsay ancestral y son los que sirven para oponerse a los de individualismo, lucro, democracia, autoritarismo y totalitarismo que prevalecen en las sociedades actuales. Ese equilibrio dinámico que ahora se impone como necesario no es, según la nueva gnoseología en ciernes, un equilibrio eterno e inamovible, sino que se da en un ciclo de duración temporal (500 años o un Pachacutik) a cuyo final la sociedad dará un salto dialéctico hacia arriba y que, en su repetición eterna, va conformando la espiral perfecta de la Historia.”, escribí en el artículo citado antes.

Este es el fin del tiempo del viejo Pachakutik, del que se inició con la llegada de Cortez y de Pizarro a nuestras tierras y está comenzando uno nuevo, en el que el fruto de las luchas y de toda la sabiduría acumulada nos están señalando nuevos horizontes. Para comprenderlo debemos ser auténticos, pensar con nuestra propia cabeza y levantar las banderas del corazón, única forma de ir humanizando la vida que el capitalismo ha deshumanizado.

Jorge Oviedo Rueda  

27-IV-2021.


[i] Véase: Oviedo Rueda, Jorge, Esas izquierdas ¡otra vez! En:  https://lalineadefuego.info/2021/04/07/opinion-esas-izquierdas-otra-vez/

[ii] Véase: Oviedo Rueda, Jorge, ¿Dónde están nuestras raíces? En: https://www.alainet.org/es/articulo/198945

[iii] Véase: Sierra, Natalia: El legado del progresismo al pensamiento crítico latinoamericano, en: https://lalineadefuego.info/2014/01/29/el-legado-del-progresismo-al-pensamiento-critico-latinoamericano-por-natalia-sierra/

[iv] Véase: Oviedo Rueda, Jorge: La imperiosa necesidad de definir lo indio: https://lalineadefuego.info/2019/12/10/la-imperiosa-necesidad-de-definir-lo-indio-por-jorge-oviedo-rueda/

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SOBRE LA IZQUIERDA Y LAS ELECCIONES DEL 11 DE ABRIL

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¡ESAS IZQUIERDAS, OTRA VEZ!

Carta a la carta

La izquierda en el Ecuador se viene derrumbando desde que en el 2006 decidió sumarse al apoyo de la candidatura de Rafael Correa sin antes haber definido un planteamiento programático que le diera autonomía y personalidad. La equivocada tesis de que serían gobierno dentro del gobierno de Alianza País se desmoronó en el mismo discurso de posesión del primer período de Rafael Correa en el que les advirtió que aquellos que habían llegado con “agenda propia” podían regresarse por dónde habían venido. La izquierda “boba” representada por la fusión FADI-Socialismo se rompió al poco tiempo del triunfo, quedándose adentro aquellos que aceptaron la similitud de sus concepciones reformistas (Rafael Quintero, AVC y otros pequeños grupos de la izquierda oportunista de siempre) y aquellos que, siendo lo mismo, decidieron sumarse a la oposición de la derecha (Ayala Mora, MPD y otras hierbas de la entonces atomizada izquierda ecuatoriana). Después de la Asamblea Constituyente del 2008 el gobierno correista se vio obligado a ajustar las tuercas en su interior para neutralizar a una facción que le reclamaba por su estilo confrontativo y “autoritario” representada por figuras fundacionales del proyecto como Alberto Acosta o Manuela Gallegos. Ni en estos momentos iniciales del proceso, ni en etapas posteriores hasta el fin del periodo de Correa, tanto esta “disidencia” como los otros grupos de la izquierda hicieron planteamientos programáticos de fondo que orientaran a los sectores populares a luchar por un proyecto diferente al planteado inicialmente por Correa y por ellos mismos, pues, para todos era una cuestión de “estilo”. Esa izquierda no tuvo reparo en coincidir con la oposición de la derecha que si defendía en su accionar el proyecto neoliberal. Lo acepten o no, esa “trucha” oposición sólo sirvió para fortalecer el proyecto de dominación de la derecha y no para abrir nuevos caminos en la lucha del pueblo por combatirla.

La vida comunitaria andina

En un artículo escrito en noviembre de 2019 yo decía: “Moreno debió haber dado continuidad al modelo que logró implantar su antecesor en los diez años precedentes. Los hechos, desde entonces, demuestran que Lenin Moreno no estaba capacitado para sostener sobre sus hombros esa responsabilidad histórica. Optó por traicionar al proyecto correista y entregarse al poder transnacional y a la derecha empresarial ecuatoriana.”[i]

Pero ¿cuál fue el modelo que implantó la Revolución Ciudadana durante el período que tuvo vigencia? Para decirlo rápido fue un modelo pro socialista cuyo fundamento fue la implementación práctica de una heterodoxia económica tendente a crear las condiciones para transitar, primero a una sociedad pos neoliberal y posteriormente a un socialismo de mercado que terminaría, en lo que sus ideólogos llamaron, un bio socialismo, queriendo con ello decir que llegaríamos a construir una sociedad en la cual el ser humano estaría sobre el capital. El modelo propuesto por Rafael Correa, para tener asidero histórico, buscó enlazarse con la tradición progresista de la Historia ecuatoriana por lo que “Conceptualmente Correa planteó dar término a la trunca revolución alfarista lo que equivalía a modernizar el capitalismo ecuatoriano.”[ii] Esa visión histórica es lo que hace de Correa y su proyecto el jalón más importante de nuestra historia después de la epopeya liberal de Alfaro y sus montoneros.

“Hasta cuando el precio del petróleo cayó bruscamente Correa cumplió al pie de la letra su programa de modernización del capitalismo. En ese esquema se explica la construcción de la red vial, los multipropósitos de la costa, las hidroeléctricas de todo el país, las escuelas del milenio, la reforma del Estado, la modernización de los servicios públicos, la reforma educativa, la creación de nuevas universidades y proyectos monumentales como la Refinería del Pacífico y Yachay. El protagonismo del sector público le daba proyección de futuro a su obra, haciendo suponer que las bases estructurales sentadas durante su gobierno podían hacer evolucionar el proceso hacia horizontes de mayor radicalidad política y económica. Esa obra realizada, sin precedentes en la historia del país, convierte a Rafael Correa en el más eficiente líder que la derecha ecuatoriana ha tenido en toda su Historia, muy por arriba de Velasco Ibarra, Camilo Ponce Enríquez o Galo Plaza Lasso. Su obra tiene el incalculable valor de ser el pago de la deuda social que la oligarquía tenía con el Ecuador”[iii] A esto es lo que las élites llamaron “socialismo” que, evidentemente no lo era, pero era izquierda en relación a sus intereses de clase.

Para quienes no estamos cegados por el odio ni por intereses egoístas esta es una valoración justa del proyecto histórico de la Revolución Ciudadana y su líder Rafael Correa, que tiene mayor trascendencia si se lo entiende en el marco del progresismo latinoamericano que, sin ser ni una propuesta radical ni anticapitalista, se ha convertido en una piedra en el zapato de las fuerzas de dominación regional y mundial. Quién lo quiera valorar con el lente del radicalismo revolucionario tiene que demostrar sus opiniones con las armas en la mano, porque no es suficiente hacer un refrito de conceptos traídos de aquí y de allá para atacar concepciones idénticas a las que ellos mismos defienden como es el caso de “esas izquierdas” que han hecho públicos sus argumentos de por qué no apoyarán a Andrés Aráuz en las próximas elecciones del 11 de abril.[iv]

La crítica de “estas izquierdas” a Rafael Correa pierden sustento político y teórico desde el momento que critican a un líder reformista exigiéndole como si fuera un líder revolucionario. Jamás Correa ha hecho una declaración reclamándose revolucionario y acaso socialista, jamás en su ideario he visto una afirmación antisistema o contra la gran propiedad de los medios de producción. La dimensión histórica de Rafael Correa está en la claridad que tiene de su papel en la Historia que no es otro que ser el eslabón que conecte el reformismo con las concepciones revolucionarias, transformadoras y antisistema.

“Esas izquierdas” no entienden la dialéctica de la Historia y piden más de lo que la misma Historia puede dar, con el agravante de que ninguno (a) de los que firman la carta son hombres o mujeres de armas tomar, capaces de demostrar en la práctica lo que su radicalismo de papel afirma. Los procesos históricos no son cuestión de “estilos”, son confrontaciones brutales de intereses contrapuestos que para resolverse tiene, obligatoriamente, que intervenir la violencia revolucionaria para contener y derrotar a la violencia reaccionaria. El arte de la política consiste en saber cuándo el que está arriba puede ser derrotado por el que está abajo. Si esa intuición histórica no existe en los actores insurgentes de la lucha, todo su esfuerzo está destinado al fracaso. No por algo se dice que la política no sólo es una ciencia, sino un arte.

LA TERCERA POSICIÓN O LA NUEVA IZQUIERDA

Resulta curioso comprobar cómo en una importante parte de reflexiones que se han hecho, no sólo en el Ecuador, sino en todo el continente en estos últimos diez años, se habla ahora de un nuevo progresismo. Se descalifica al progresismo histórico de Lula, Mujica, Krishner, Evo, Correa adjetivándolo como un “progresismo conservador”. Nada, de un plumazo se quiere poner de lado la inmensa trascendencia histórica de este fenómeno. ¿Es justa esta posición? Me parece que no es capaz de entender cuál es el sentido de la historia, con lo cual quiero decir, es profundamente antidialéctica.

Digamos, en primer lugar, que todo progresismo es conservador porque esa es su naturaleza. Al plantearse quitarle una tajada al pastel de las élites no se está planteando ninguna revolución, simplemente es un acto de aproximación a un nuevo nivel de equidad, dentro del sistema y, se suponía, sin ningún escándalo; pero las élites no lo tomaron como un acto de justicia, sino de amenaza a sus intereses. El progresismo conservador se convirtió, entonces, en un paso hacia adelante de las mayorías sociales marginadas. Una vuelta de tuerca en la lucha, pasando de ser conservador a ser menos conservador, lo que significa, desde cualquier ángulo, un triunfo del proceso de cambio que está viviendo la sociedad humana. Negarse a empujar este proceso significa no comprender cual es el sentido de la Historia.

¿Puede haber un progresismo revolucionario? No. Es una absurda contradicción. El progresismo siempre será conservador y cuando todos los factores de la historia se acumulen en la artesa de la lucha, entonces será revolución, no progresismo. Entonces será ecologismo y anti extractivismo, o colectivismo o socialismo a secas No ahora, mañana, cuando hayamos creado las condiciones históricas para ese cambio, después de haber agotado todas las posibilidades del progresismo conservador.

Esto es lo que ha comprendido con lúcida claridad un intelectual latinoamericano como es Bonaventura de Souza[v], otrora admirado por los principales dirigentes de esta izquierda que ahora le niega su apoyo a la nueva figura del progresismo conservador ecuatoriano, Andrés Aráuz. Souza escribe que por qué negarle el apoyo a Aráuz que “es de izquierda” y así colaborar para derrotar a la derecha. “Esas izquierdas” no lo puede entender, porque no entiende la dialéctica de la Historia y no entender la dialéctica de la Historia significa padecer una ceguera de clase casi imposible de curar.

No ver el ejemplo de Bolivia es negarse conscientemente a comprender la realidad. Arce y Choquehuanca entendieron que había que empujar el carro del MAS para alcanzar sus metas con el MAS, no contra el MAS, ejemplo de que cuando se tiene una concepción político-teórica definida, no hay porque negarse a vivir, como los glóbulos rojos viven en la sangre, al interior de un proyecto progresista. Hacer eso es garantizar la dirección revolucionaria a un proyecto progresista conservador.

YAKU EN SU LABERINTO.

“Esas izquierdas”, al igual que algunos “filósofos” que andan sentando cátedra por el mundo sobre la crisis del dualismo capitalismo-socialismo, no ocultan su irrefrenable deseo de ser reconocidos como padres legítimos del formidable repunte del movimiento indígena-popular que se materializó en el apoyo de cerca del 20% del electorado a la candidatura de Yaku Pérez Guartambel. Pero, creo que no hay padres ni madres de este avance formidable de la conciencia popular porque, en estricto sentido, es resultado de una forma de vida alternativa que todavía persiste en nuestras comunidades originarias y que comienza a aflorar como una reacción instintiva para eludir el cerco destructor que el capitalismo imperante les impone[vi] y, acaso, si se quiere hurgar en las causas de este fenómeno, volver la vista a la labor ideológica desplegada por el progresismo correista durante sus diez años de duración, que una mirada equilibrada no puede desconocer. Esa labor intangible que llevó a la conciencia nacional a entender que detrás de figuras “respetables” y “decentes” como las de Nebot, Lasso o Fidel Egas se escondían vulgares pillos de la política y la economía, nadie puede negar que fue obra del correísmo y que ahora se refleja en su imparable repunte electoral y que yo no dudo es más importante que toda la red vial y la obra material que hizo el correísmo.

De ahí que adquiere alto sentido lógico que Bonaventura de Souza Santos muestre su sorpresa de que “esas izquierdas” se niegue a apoyar la candidatura de Andrés Aráuz que, siendo un tipo diferente de líder, representa el nuevo eslabón del progresismo ecuatoriano que se irá concatenando progresivamente hasta configurar la infinita espiral de la Historia.[vii]

Desde Ñukanchik Socialismo -pequeño núcleo de reflexión teórica-, publiqué el 17 de marzo del año en curso un artículo titulado Yaku en su laberinto[viii] en el que analizo la participación de Yaku Pérez Guartambel en la primera vuelta electoral del 7 de febrero y en el que advierto el alcance y las consecuencias de lo que él llama la “nueva izquierda” en el Ecuador, parte de la cual son, según se puede deducir, “esas izquierdas” qué han definido el voto nulo y se niegan a respaldar en la segunda vuelta al progresismo ecuatoriano y a su nuevo líder el economista Andrés Aráuz Galarza.

Sostengo que a ningún analista se le ocurre ubicarse por arriba de las izquierdas seculares, hacer tabla rasa de nuestras luchas, de nuestras tradiciones, ni pretenden sacar de la copa de un sombrero de mago a esa “nueva izquierda”, apelando a la debacle civilizatoria que, cual un hoyo negro cósmico, se traga fatalmente todo lo bueno y lo malo de nuestra vida, sino que propone un debate para encontrar los caminos que nos conduzcan a nuevos y más seguros puertos. Sin embargo de lo cual hay una corriente que así lo pretende y que dice estar detrás de este repunte electoral del movimiento indígena en el Ecuador.

Dicen que enfocan los problemas del mundo y de la región desde lo que ellos llaman la “filosofía tetrádica andina”[ix] que viene a ser “un giro ontológico y epistémico a lo propuesto por el mundo occidental” o, “un segundo paradigma pues la izquierda y la derecha son parte de un mismo patrón constitutivo” convirtiéndose en “un cuestionamiento a los mitos fundantes y a toda la estructura que configura el auto denominado “sistema occidental”, lo que significa un “cuestionamiento a todas las teorías e instituciones creadas históricamente por el helenismo hasta nuestro tiempo, esto es, el Estado, la democracia, el sistema de partidos políticos, la economía extractivista, la justicia, la religión, la educación, el desarrollo,

Ni más, ni menos. Una especie de talibanismo epistémico que pretende refundar la vida de la sociedad humana sobre la base del “pensar-sentir” desplazando el “logos” o principio fundante de la civilización occidental.

Esta “nueva izquierda” es la que pretende desconocer la realidad histórica de la izquierda latinoamericana en estos últimos años del siglo XXI y de todos los tiempos, porque una cosa es analizar los errores cometidos, señalar sus limitaciones, plantear nuevas alternativas, superar los errores y otra desconocer la historia a título de que las “matrices” de la cultura occidental están equivocadas. Una “solución de continuidad” de la Historia en los términos que plantea este nuevo fundamentalismo andino no puede ser aceptada, salvo que se tenga conciencia de que su realización práctica en la Historia significaría un genocidio cultural que exterminaría de raíz la cultura blanca-mestiza que, durante quinientos años, ha sido parte de nuestra vida.

¿Saben “esas izquierdas” que firman la declaración de no apoyar a Andrés Aráuz que este es el derrotero conceptual que se verán obligadas a seguir?, ¿entienden que una propuesta de esa radicalidad no es viable en la práctica política?, ¿qué la crudeza de la lucha entre intereses antagónicos no puede ser resuelta, hoy por hoy, de un solo machetazo como se hizo en las revoluciones proletarias o campesinas del siglo XX?, ¿entienden que el momento de la violencia revolucionaria tiene que ser preparado meticulosamente y que el único espacio en el que se lo puede hacer es el progresismo conservador? ¿entienden que hay que ir con la Historia y no contra la Historia?, ¿qué el reformismo no es transformación revolucionaria?, y si lo entienden ¿por qué niegan su propio reformismo, siempre conservador, nunca revolucionario?

Un modelo no rentista y no extractivista es una aspiración correcta de los pueblos que buscan alternativas al capitalismo, pero tiene que ser declarado antisistema sin reservas y sin temores. ¿Por qué no lo podemos hacer todavía?, porque no están preparadas las condiciones históricas para ello.

Ñukanchik cree que hay que trabajar en él, pero plantearse su realización inmediata demuestra un voluntarismo inconsciente o un calculado artificio político para hacer que cualquier proyecto de izquierda fracase. No puedo dejar de preguntarme ¿qué habría sucedido en el supuesto de que Pérez Guartambel hubiera ganado la presidencia? La incapacidad para gobernar bajo los supuestos que proclama hubiera puesto a la nación al borde de la disolución y una verdadera opción de izquierda hubiera sido enterrada quizás para siempre. Las únicas que habrían sacado provecho habrían sido las eternas fuerzas del orden.

Me pregunto ¿por qué “esas izquierdas” no apoyan a Aráuz?, ¿por qué, si no son antisistema, se niegan a apoyar a un nuevo líder del progresismo ecuatoriano? La política no es una cuestión de “estilos” En ella se juega el destino de los pueblos.

Un proyecto político de la envergadura del progresismo latinoamericano está más allá de los errores que puedan cometer sus líderes, porque se sustenta en el empuje de las masas, pero sólo puede tener éxito si en su interior vive y se fortalece una dirección verdaderamente revolucionaria.  El modelo ecologista, anti extractivista que propone esta izquierda no es posible en los momentos actuales. Negar que el correísmo es un fenómeno de masas en el Ecuador es simplemente hacerles el juego a las élites de siempre y a los intereses del capitalismo corporativo mundial.

Ñukanchik Socialismo ha trabajado incansablemente en este último tiempo en reflexionar sobre estos temas y casi todos (as) los que firman esta carta saben que hemos argumentado lo mismo que Bonaventura de Souza con respecto al proceso político del Ecuador, pero ninguno (a) se han dado por enterados. Ahora que una figura señera del pensamiento sociológico en Latinoamérica no coincide con ellos, ponen el grito en el cielo. En lo personal me importa muy poco. En mi lucha dentro de la izquierda ecuatoriana aprendí siempre a estar en minoría, pero nunca a claudicar. Con Gandhi repito: “Incluso si estás en minoría, la verdad es la verdad.”

Hoy, como siempre, Ñukanchik Socialismo sigue proponiendo el debate que, si se quiere avanzar, tiene que ser entre interlocutores que pensando desde una misma corriente teórico-política no piensan idéntico. Al final. Seguirán vivas las ideas más fuertes en este infinito proceso por alcanzar la verdad.

5-abril-2021


[i] Véase: JOR: https://lalineadefuego.info/2019/11/13/lenin-moreno-o-la-paralisis-nacional-por-jorge-oviedo-rueda/

[ii] Véase: JOR: https://www.alainet.org/es/articulo/197513

[iii] Ibidem

[iv] ¿POR QUÉ LAS IZQUIERDAS DE ECUADOR NO APOYAMOS A ANDRÉS ARAUZ? Segunda vuelta electoral en Ecuador (abril de 2021) Quito 1 de abril de 2021.

[v] https://alicenews.ces.uc.pt/index.php?lang=1&id=33452

[vi] La vida comunitaria se desarrolla al margen de las elucubraciones teóricas y, con simplemente vivir y reproducir su vida, luchan contra el capitalismo, dándole la razón a los alcances teóricos de neomarxistas como John Holloway que afirman que el capitalismo se ha comenzado a fisurar precisamente en estos espacios de herencia ancestral y no en las fábricas clásicas del sistema. O a ideólogos contestatarios del imperio como Noam Chomski que sostiene que las comunidades aborígenes parecen estar destinadas a salvar a la humanidad.

[vii] Muchas artículos y ensayos he publicado sobre este tema a lo largo de esta última década. Ninguno de los dirigentes de esta nueva izquierda se ha dado por enterados, empobreciendo y ocultando el verdadero debate político-teórico en el Ecuador. En lo personal no tiene ninguna importancia, me interesa más el juicio de la Historia que la opinión de los ciegos por conveniencia. Si el lector tiene interés en esos materiales puede revisar la revista digital de ALAI, (https://www.alainet.org/es), donde encontrará buena parte de los mismos o este mismo portal que archiva gran parte de mi producción teórica. O entrando en mi blog: nucanchisocialismo.com

[viii] Véase JOR: https://www.alainet.org/es/articulo/211438

[ix] Oviedo Freile, Atahualpa Makarius: TERCER SISTEMA: LA PROPUESTA INDIGENA

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YAKU EN SU LABERINTO

Pasado más de un mes de las elecciones generales realizadas en el Ecuador, ya me llamaba la atención de que no hayan salido a la palestra pública los padres de la “victoria” yakusista. Parecía una victoria huérfana de estrategas y genios “cocineros” del despunte espectacular del movimiento indígena, poniendo su prestigio y fortaleza a la altura de los mejores momentos históricos del movimiento. Pero era una falsa impresión. Como setas en el bosque, por allá y por aquí, comienzan a surgir los padres putativos de semejante hazaña.

Eso no quita, por supuesto, que haya analistas equilibrados que tratan de dimensionar el hecho, tratando de comprenderlo y de sacar las mejores conclusiones. Pablo Ospina, por ejemplo, sostiene que “Si Yaku Pérez no pasa al balotaje, lo más probable es que Pachakutik, la CONAIE y los demás movimientos populares que lo respaldan, llamen al voto nulo. Y será lo más sensato si se quiere avanzar otro paso más en la construcción de otra izquierda[i] Si se quiere avanzar, dice, en la construcción de “otra izquierda.”

José Carrera Leite, un autor trotskista, sostiene: “Un desbordamiento de esta dimensión” -se refiere al triunfo de PK-Yaku-. “en un país andino repercute en todos los demás de la región y de América Latina en general. La crisis da espacio para el crecimiento o surgimiento de izquierdas mucho más críticas con el sistema que el “progresismo” desarrollista, depredatorio y conciliador de clases de Correa, Maduro, Lula y Kirshners, haciendo confluencia en esta dirección desde el ecologismo, el feminismo y el movimiento indígena”[ii]. “Izquierdas más críticas”, dice, lo que es perfectamente aceptable.

Natalia Sierra, con entusiasmo desbordante, dice que ha llegado la hora de “disputarle al correísmo el monopolio de las palabras “izquierda” y “progresismo”. Y redobla tambores para hacernos dar cuenta que, como Mafalda quería, hay que bajarse de este mundo y construir otro[iii]. Lo que sólo será posible, dice, si se construye “otra izquierda”

Maristella Svampa: desde el Argentina, señala:

“Si en cambio pasara al ballotage Yaku Pérez, se abriría a un escenario político novedoso e inesperado. Estaríamos frente a la disputa entre las dos izquierdas que tensaron el ciclo progresista latinoamericano, entre 2000 y 2015. Esto es, por un lado, el progresismo realmente existente, que estuvo diez años en el poder (2007-2017) con Alianza País, bajo el férreo liderazgo de Rafael Correa, que persiste en la victimización y da cuenta de una nula voluntad de autocrítica; por otro lado, la izquierda indigenista y ambientalista, que hoy aparece renovada, potenciada por el levantamiento de octubre de 2019, en alianza con nuevos sectores juveniles urbanos (y también con sectores feministas)[iv]”.

Otros, como el reconocido pensador Alejandro Moreano, también se alegran del repunte del movimiento indígena que, de ser bien conducido, dice, podría ser la nueva izquierda ecuatoriana. Hugo Noboa Cruz en un artículo publicado en La Línea de Fuego cree que sería muy difícil un diálogo entre el progresismo y “esta nueva izquierda.[v]

Andrés Cogan Valderrama, desde Chile, sopesa la votación de Yaku Pérez y sostiene que se está rompiendo el binarismo de la derecha empresarial y la izquierda progresista avizorando la superación del conflicto Estado vs. Mercado. También, como los autores citados, cree que está surgiendo una nueva izquierda y que este fenómeno debe ser tomado en cuenta.

Todos ellos, más muchos otros, comentan y baten palmas ante el hecho incuestionable de que en el caso ecuatoriano hay un avance de “otra izquierda.”

Raul Zibechi, aporta: “Aunque los movimientos anti-patriarcales y anti-coloniales han desplegado sus alas en las últimas décadas, los resultados en la cultura política hegemónica aún son muy débiles. Los medios de comunicación no hegemónicos y las izquierdas siguen reflejando, en sus coberturas y discursos, la enorme dificultad para trascender las formas más tradicionales de dominación.”[vi]

A ninguno de estos analistas se les ocurre ubicarse por arriba de las izquierdas seculares, todos consideran que esas izquierdas han cometido errores y que su tiempo histórico ha pasado sin pena ni gloria y que lo racionalmente político es criticar, analizar, rectificar, aportar con ideas frescas nacidas de la interpretación creadora de nuestra realidad para enrumbar la lucha de nuestros pueblos. No hacen tabla rasa de nuestras izquierdas, ni de nuestras luchas, ni de nuestras tradiciones, ni pretenden sacar de la copa de un sombrero de mago a esa nueva izquierda, apelando a la debacle civilizatoria que, cual un hoyo negro cósmico, se traga fatalmente todo lo bueno y lo malo de nuestra vida, sino que proponen un debate para encontrar los caminos que nos conduzcan a nuevos y más seguros puertos.

Hay, sin embargo, una corriente que así lo pretende y es la que, lamentablemente, dice estar detrás del repunte del movimiento indígena en el Ecuador. Tal pretensión no puede pasar desapercibida, porque la izquierda latinoamericana estaría cometiendo un craso error.

Dicen que enfocan los problemas del mundo y de la región desde lo que ellos llaman la “filosofía tetrádica andina” que viene a ser “un giro ontológico y epistémico a lo propuesto por el mundo occidental” o, “un segundo paradigma pues la izquierda y la derecha son parte de un mismo patrón constitutivo” convirtiéndose en “un cuestionamiento a los mitos fundantes y a toda la estructura que configura el auto denominado “sistema occidental”, lo que significa un “cuestionamiento a todas las teorías e instituciones creadas históricamente por el helenismo hasta nuestro tiempo, esto es, el Estado, la democracia, el sistema de partidos políticos, la economía extractivista, la justicia, la religión, la educación, el desarrollo, etc[vii].”

Ni más, ni menos. Una especie de talibanismo epistémico que pretende refundar la vida de la sociedad humana sobre la base del “pensar-sentir” desplazando el “logos” o principio fundante de la civilización occidental. Nada simple, nada elemental, nada sencillo. Es algo que tiene que ver con el regreso de la magia y la refundación de este mundo mal hecho que, para colmo de la humanidad, cual un mitológico uróboros ha comenzado un cruento proceso de autofagia.

Esta corriente de pensamiento está representada en el repunte electoral de Yaku Pérez Guartambel y se autoproclama la “nueva izquierda” del Ecuador. Es la que reclama el darle contenido a una izquierda que “está más allá del capitalismo y del socialismo” una “tercera posición” que viene de las mismas raíces andinas.

BREVE CRITICA A LA ONTOLOGÍA DEL VITALISMO ANDINO

Atahualpa Makarios Oviedo Freire es uno de los “ideólogos” de la filosofía “tetrádica andina” o vitalismo. Toda su filosofía cabe en una cáscara de nuez, porque se reduce a sostener que todo cuanto fue creado después de la disolución de la comunidad primitiva estuvo equivocado, ergo, no queda otro camino que arrasar con todo y construir, sobre esas ruinas, un nuevo tipo de sociedad que no puede erigirse si no es sobre la estructura de una nueva gnoseología, la misma que tiene que ser rescatada de la forma de vida que tuvieron los pueblos ancestrales o pre colombinos. El resto a este núcleo de pensamiento es puro relleno, erudición insustancial, ego acrecentado o simplemente gadejo, ganas de joder, como decía mi abuela.

Esa es la piedra angular del llamado “vitalismo andino”, todo el resto es “crítica a la crítica crítica” de todo lo creado por la epísteme occidental de raíz griega, romana, hebrea o musulmana, dicho de otra forma, estamos obligados a ser “químicamente puros” si queremos tener derecho a la existencia.

En el año 2012 ya tuve un acercamiento con esta forma de pensar y con su autor. La verdad no por mi interés, sino porque él me contactó interesado en un artículo que entonces publiqué en la página editorial de La Hora de Quito. Su comentario fue una aprobación a un criterio mío expresado en el sentido de que el correísmo de entonces estaba confundiendo el Vivir Bien occidental con el Sumaw Kawsay ancestral. En esa ya lejana conversación con este “filósofo” me quedó claro que la crítica irracional a los fundamentos de la cultura occidental no sólo que estaba profundamente equivocada, sino que entrañaba un peligro práctico de incalculables consecuencias.

Motivó una respuesta escrita que cito para demostrar que las objeciones a esta forma de pensar son de vieja data y que si no han aflorado en nuestro medio ha sido por indiferencia, quemeimportismo intelectual o falta de preparación teórica de nuestros intelectuales y de los líderes políticos. El 2 de julio de 2012 yo daba respuesta a una carta enviada por Makarios Oviedo en los siguientes términos:[viii]

“Lo que pensamos y sentimos tiene su origen en ellas (matrices griega, romana, hebrea y musulmana) y la conducta del hombre de occidente obedece a sus imperativos.”

“Los europeos “descubren” América a finales del siglo XV. El ser social europeo, para entonces, estaba íntegramente conformado por los rasgos del individualismo y el egoísmo. La conquista y colonización de estas tierras fue una empresa privada pro-capitalista que se apropia de las tierras y somete al ser humano. Destruye, entierra y olvida todo aquello que a los seres de estas tierras le había servido para hacer su vida durante milenios y le impone, como única alternativa, el individualismo social y el egoísmo personal.”

“Cinco siglos de esa cultura dominante han actuado para anular el ser social pre-colombino, tanto más si se considera que desde el siglo XIX imperan las leyes expansivas y absorbentes de la economía capitalista, cuya hegemonía absoluta ha perfilado un individuo egocéntrico, narcisista y depredador que no entiende más razones que las de la libre empresa y el lucro individual. Ese producto (el ser) está enlatado en todo el continente y se lo visualiza con más claridad en las grandes urbes de la actual civilización (Nueva York, Sao Paulo, Buenos Aires, México DF., etc).

¿Crees que a ese ser le puede llegar el mensaje del vitalismo tetraléctico o del Sumaw Kawsay pre-colombino? Si no es para esas masas, ¿para quién, entonces, pensamos y actuamos? ¿Para minorías aisladas?, ¿élites iluminadas?, ¿pequeñas capillas de iniciados? No estaríamos, entonces, pensando en salvar a la humanidad, sino a unos pocos afortunados. Y no se trata de eso.”

“La Historia de Occidente, con ser invasiva y prepotente, ha impedido durante quinientos años que se conozca la esencia de las civilizaciones americanas. Ellas definieron una vida de respeto y cercanía a la naturaleza, entendiendo sabiamente que lo que a ella le hicieran, se estaban haciendo a sí mismos. Definieron esa forma de vida en el marco de una práctica civilizatoria diferente, con conocimientos científicos y tecnológicos amables con su entorno y de fina intuición conservacionista. Esa es, precisamente, la esencia original de estas civilizaciones que ahora tiene que servir de soporte a una nueva propuesta de cambio social y económico, requisito necesario para ver surgir un nuevo tipo de ser social, opuesto al ser social individual y egoísta (hombre mecánico) que nos trajo la cultura de Occidente.”

“Sumaw Kawsay no tiene, en realidad, traducción. Así como el hombre actual para vivir bien tiene que garantizar ingresos suficientes que le permitan consumir lo que la industria pone a su alcance, el Sumaw Kawsay pre-colombino era la condición natural del ser en un mundo en el que no necesitaba consumir nada artificial para existir. Era un tiempo en que el ser humano podía dialogar con las estrellas y estar en contacto con los elementos de la naturaleza, sin que su presencia la alterara y no era un diálogo en una sola dirección, sino que los elementos también le hablaban materializándose en frutos, agua pura, nieve, tierra fértil, fuego creador y poderoso. El Sumaw Kawsay era el concepto de civilización en que nuestros ancestros vivían sin esfuerzo, sin necesidad de definirlo teóricamente; así como ahora el Buen Vivir occidental es el concepto de civilización en que la inmensa mayoría de la humanidad vive o aspira a vivir por derecho propio. A estas alturas del desarrollo de la sociedad occidental, ni el uno ni el otro, son conceptos de civilización que pueden existir de forma independiente o yuxtapuesta.”

“La sociedad humana está cayendo por el abismo y sólo estamos esperando el golpe final. La ciencia occidental se engaña y engaña a la humanidad sosteniendo que sólo ella está capacitada para evitar la tragedia. Es como el ojo que ve, pero no puede verse.”

“Es en este punto donde el Sumaw Kawsay tiene la palabra. Quinientos años después se levanta como una alternativa posible.”

“Pero, amigo” -le decía-, “¿puedes imaginar al ciudadano de Buenos Aires, Nueva York, México DF, Sao Paulo e inclusive al del mismo Quito, Santiago, Caracas, ¿asimilando el Sumaw Kawsay en su estado puro? Ni la más convencida mentalidad pudiera hacerlo, salvo que estuviera fuera de la realidad. Las sociedades concretas del Sumaw Kawsay son nada más que recuerdo histórico penosamente rescatado. Están en el pasado como muestra de lo grandiosos que fueron nuestros ancestros y como prueba real de lo brutal que fue el proceso de la conquista y colonización europeas; pero es imposible reeditarlas, reconstruirlas o volverlas a edificar. Nada en la Historia se puede restaurar como si fuera un viejo edificio derruido, la Historia para adelante sólo nos permite construir lo nuevo. Y lo nuevo en América tiene que ser fruto de la fusión de nuestros ancestros con la teoría revolucionaria más avanzada surgida en el seno de la sociedad capitalista: el socialismo.”

“Sumaw Kawsay o socialismo es un falso problema; Sumaw Kawsay vs. Socialismo, igual. Nada ensambla tan perfectamente como el Sumaw Kawsay ancestral con el socialismo revolucionario moderno. El motor político del Sumaw Kawsay civilizatorio es el socialismo revolucionario.”

“El socialismo, como ideología occidental, es revolucionario. Su propuesta subvierte las bases de la civilización capitalista: eliminar la propiedad privada sobre los medios de producción.”

“El fracaso del llamado “socialismo real” no invalida su propuesta, así como la degradación del mundo actual no invalida la propuesta moral del cristianismo. Un mundo sin propiedad privada sobre los medios de producción, sí es posible.”

“El Sumaw Kawsay pre colombino descubrió esta verdad antes de Marx y no como constructo o teoría, sino como forma de vida. Sumaw Kawsay es vivir en armonía con la naturaleza. Lo que el ser humano le hace a la naturaleza, se hace a sí mismo.”

“La abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción que el socialismo propone, de inmediato pondrá al ser humano en armonía con su entorno. No hay, por lo tanto, contradicción entre las dos concepciones.”

“Por el contrario, hay unidad, con la ventaja que el socialismo adapta al Sumaw Kawsay a la modernidad, convirtiéndolo en base real de la nueva propuesta civilizatoria e impidiendo que se convierta en una utopía.”

“Esto es el Socialismo Americano. Una propuesta incluyente, que, emergiendo del seno de la Historia, abarca la innegable realidad del mestizaje americano. A excepción de Norteamérica, de México a la Patagonia, somos pueblos mestizos.”

“Cambiar de vida será ir recordando lo que el impacto de la conquista y colonización nos hizo olvidar y añadiendo esos viejos recuerdos a las experiencias positivas de nuestra vida moderna, para de esa forma construir la nueva civilización americana, sud americana.”

“El Sumaw Kawsay es parte integrante del Socialismo Americano”.

“No es indigenismo, tampoco socialismo a secas. Es una nueva forma de vida.”

En otra carta, fechada el 2 de julio del mismo año[ix], le decía: “toda tu obra es como una maravillosa máquina diseñada para volar a la que se te ha olvidado ponerle el motor de la política. Ingenuamente dices “es mejor caminar por sí mismos” con lo cual cierras toda posibilidad al acuerdo y a la discusión creadora que, cuando es consciente y racional, da lugar a un sincretismo creador.”

Luego de lo cual Atahualpa Makarios Oviedo Freire rompió relaciones personales conmigo y nunca quiso volver a discutir. Derivó a cultivar la amistad de mentalidades mal o poco formadas teóricamente, como la de Yaku Pérez Guartambel para llenarlas del contenido que a él le convenía, no a la Historia, ni a la realidad de nuestras necesidades teórico-políticas.

LA NUEVA IZQUIERDA EN EL ECUADOR

Nueve años más tarde de este cruce de misivas, este talibán andino comienza a hinchar el pecho diciendo que está detrás del repunte político del movimiento indígena representado en la figura de Yaku Pérez Guartambel. Sin poder escapar a los conceptos que cualquier “filósofo”, por elemental que sea, sabe que son un reflejo de la realidad que vivimos, se refugia en la definición conceptual de que representan a la “nueva izquierda” en el Ecuador. Nueva izquierda que parece salir de la nada conceptual, porque está más allá de la izquierda histórica, más cerca del más allá metafísico que del más acá real y objetivo. Una izquierda que, según este bárbaro Conan andino, hunde sus raíces en una epísteme imaginada pero imposible de comprobar en la realidad histórica actual por la sencilla razón que se corresponde a sociedades desaparecidas hace más de quinientos años.

Esta “nueva izquierda” es la que pretende desconocer la realidad histórica de la izquierda latinoamericana en estos últimos años del siglo XXI, porque una cosa es analizar los errores cometidos, señalar sus limitaciones, plantear nuevas alternativas, superar los errores y otra desconocer la historia a título de que las “matrices” de la cultura occidental están equivocadas. Una “solución de continuidad” de la Historia en los términos que plantea este nuevo fundamentalismo andino no puede ser aceptada salvo que se tenga conciencia de que su realización práctica en la Historia significaría un genocidio cultural que exterminaría de raíz la cultura blanca-mestiza que, durante quinientos años, ha sido parte de nuestra vida.

Esta es la “nueva izquierda” de raíz andina que proclama y defiende el pachamamismo radical de Yaku Pérez Guartambel. Me temo que ni él mismo lo sabe. Ha demostrado tan poca formación teórica que no queda otra que sostener que detrás de él se encuentra una legión de filósofos trasnochados e irresponsables que se han dado a la tarea de inventar una “nueva izquierda” sólo para satisfacer su agigantado ego.

¿Cómo, si no, explicar el odio con que atacaron la candidatura del progresismo en la última campaña electoral? No era para tanto, la derecha lassista se ahorró el trabajo. Derrocharon imaginación y dejaron claro que detrás suyo la embajada yanqui y los intereses del capitalismo corporativo mundial movían los hilos. La pregunta que se cae de la mata es: ¿así se construye una “nueva izquierda”? ¿cómo creerles si están más cerca de la derecha que de un nuevo y renovador proyecto de izquierda?

A diferencia de Bolivia, donde un pachamamismo equilibrado entendió que había que estar dentro del progresismo evista y no fuera de él, aquí en el Ecuador el pachamamismo talibánico andino se propuso arrasar con todo, no dejar ídolo con cabeza ni piedra sobre piedra.

Tal es así que el “filósofo” Makario Atahualpa Oviedo Freire en innúmeros artículos se ocupa de desentrañar la “rivalidad” que encuentra entre los líderes del movimiento indígena ecuatoriano, denostando a aquellos que, según él, están cerca de un acuerdo con el progresismo y calificando de lúcidos a aquellos que se muestran contrarios a él. Su afán de notoriedad llega al extremo de cuestionar un criterio favorable a ese  acuerdo expresado no sólo por un intelectual de la talla de Boaventura de Souza[x], sino por toda una intelectualidad latinoamericana que se ve interesada por encontrarle contenido a una izquierda que la vislumbran más a la izquierda del progresismo latinoamericano definida como ecologista y antiestractivista, sin que esto quiera decir, ni de lejos, que hay que decapitar la corriente de la izquierda posible latinoamericana que, con sobra de méritos, se ha buscado un sitial en la Historia. Fieles a su concepción, ellos son partidarios de una realidad que está más allá de la derecha y de la izquierda, del capitalismo y del socialismo, del bien y del mal, de lo claro y de lo oscuro. Un nuevo paradigma, dicen, que no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

El mestizaje no es la prevalencia del uno sobre el otro, menos el desprecio del diferente y mucho menos sólo la miscegenación de las razas, es la consideración, en igualdad, de la identidad de cada pueblo que vive en un mismo territorio históricamente determinado, el respeto a sus tradiciones y costumbres y la incorporación, no traumática, de sus formas de vida a las relaciones de la macro comunidad. Durante quinientos años se ha irrespetado esos principios, a estas alturas no se trata de desechar los elementos añadidos a la vida de nuestra comunidad nacional, sino de integrarlos en un armonioso sincretismo cultural, económico y social respetando la identidad de cada nacionalidad y aceptando el resultado que se va dando del inevitable contacto que existe entre nuestra multidiversidad. Ñukanchik Socialismo lo viene proponiendo desde cuando la crisis sistémica de la izquierda ecuatoriana hizo imposible llenar este vació teórico. Nadie se ha hecho eco, tal vez la aceptación acrítica de esa supuesta “nueva izquierda” es la que nos está llevando, peligrosamente, tras de un espejismo.

Sin pretensiones de ninguna clase, pero esto es lo que hay que debatir sin aceptar, acríticamente, las tesis vacías de una supuesta “nueva izquierda” que no sabemos de dónde viene, pero si sabemos va construyendo un laberinto del cual, en poco tiempo, sólo podríamos salir matándonos entre nosotros.

¿Y la intelectualidad ecuatoriana?, ¿los líderes indígenas?, ¿los líderes políticos?, ¿los maestros?, ¿los líderes de opinión?, ¿los influencers?, ¿los analistas?, ¿los líderes populares?, ¿los ecologistas?, ¿los profesionales? Creo que todos tenemos la obligación de opinar y aportar a un debate que va más allá del odio que se pueda tener por un proyecto o un líder político determinado, porque se trata de construir, con los elementos que la realidad nos ofrece, la nueva y auténtica izquierda ecuatoriana y latinoamericana.

16-marzo-2021


[i] Véase: https://nuso.org/articulo/caminos-y-bifurcaciones-del-movimiento-indigena-ecuatoriano/

[ii] Véase: https://www.prtmexico.org/single-post/por-que-las-elecciones-en-ecuador-nos-afectan-a-tod-s?fbclid=

[iii] Véase: https://oplas.org/sitio/2021/02/09/natalia-sierra-ecuador-yaku-y-el-salto-al-vacio/?fbclid=IwAR3lYUjOt

[iv] Véase: https://www.eldiarioar.com/opinion/yaku-perez-izquierda-posible_129_7203699.html

[v] Véase: https://lalineadefuego.info/2021/02/25/es-posible-un-dialogo-de-izquierda-y-movimientos-sociales-vs-prog

[vi] Véase: https://ecuadortoday.media/2021/02/16/las-insurrecciones-populares-no-caben-en-las-urnas/?fbclid=I

[vii] Vease:https://mail.yahoo.com/d/search/keyword=tercer%2520sistema%2520la%2520propuesta/mess

[viii] Véase la carta en este link: https://nucanchisocialismo.com/2012/08/16/america-mestiza-nuestro-destino/

[ix] Carta 13 de julio 2012: https://nucanchisocialismo.com/2012/08/16/america-mestiza-nuestro-destino/

[x] Véase:https://mail.yahoo.com/d/search/keyword=tercer%2520sistema%2520la%2520propuesta/messages/49828

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¿HAY UNA IZQUIERDA IMPOSIBLE EN EL ECUADOR?

LA IZQUIERDA EN EL ECUADOR

Taliban andino

Se funda en 1926 con el Partido Socialista Ecuatoriano. Es una izquierda doctrinaria, pegada a los textos clásicos del marxismo. Fue incapaz de ir de la realidad a la teoría, no obstante lo cual, el PSE siempre creyó que nuestros problemas había que pensarlos con cabeza propia. La tendencia consular, fuertemente influenciada por la Revolución Bolchevique, en 1931 produce la primera división de la izquierda, dando lugar a la fundación del Partido Comunista Ecuatoriano. Esa izquierda histórica lejos estuvo de elaborar una interpretación creadora de nuestra realidad, se convirtió en una izquierda oficial, contrapeso necesario para mantener el equilibrio en la dominación oligárquica. La tesis central del PCE fue siempre empujar la transformación demo-burguesa del Ecuador, concebida como un proceso etapista para lo cual aceptaba alianzas con el centro político y la propia oligarquía. El partido Socialista se diferenciaba en ser menos dependiente de Moscú, pero igual en sus planteamientos conceptuales a los cuales se les había castrado de los elementos más peligrosos de la doctrina marxista como eran la noción de la lucha de clases y la concepción sobre el Estado y el poder.

La corriente demo-burguesa prevaleció en la izquierda ecuatoriana durante décadas hasta que dos acontecimientos político-sociales conmovieron el mundo: 1) El cisma chino-soviético y 2) la Revolución cubana de 1959. Las tesis del Frente Popular se debilitaron y la revolución cubana produjo una revolución dentro de la revolución. Se vivió el entusiasmo de que había llegado la hora de la transformación. En América Latina la muerte del Che marca el fin del entusiasmo. La izquierda latinoamericana comprende que no se puede derrotar militarmente al imperialismo y a sus fichas locales. La ofensiva norteamericana en América Latina, por medio de la Alianza para el Progreso, obliga a la izquierda de todos los matices a replegarse pese a lo cual, son muy escasos los aportes teóricos que se hicieron en la perspectiva de retomar la iniciativa.

El proyecto socialista clásico toma aliento con el triunfo de Salvador Allende en Chile. Se actualiza la discusión sobre las vías para la toma del poder. La Unidad Popular demuestra que se puede enfrentar a las élites jugando con sus mismas reglas. Allende triunfa electoralmente, pero cuando quiere hundir el bisturí, le sale al paso el imperialismo. Otro largo momento de repliegue de la izquierda latinoamericana se produce hasta la década de los noventa en que Hugo Chávez Frías irrumpe en la política venezolana.

Muy poca es la teoría alrededor de estos acontecimientos. Las bases conceptuales del marxismo y el pensamiento revolucionario de corte guevarista están en el fondo de estos sucesos. El socialismo del siglo XX sigue siendo el norte de la izquierda latinoamericana.

Para fines del siglo XX la energía popular cargada en las sociedades de la región era de tal magnitud, que exigía la existencia de un marco teórico que explicara y justificara su conducta. Es entonces que se comienza a hablar del socialismo del siglo XXI. A la par de esas reflexiones teóricas se comienzan a suceder, en cadena, triunfos fundamentales de la corriente confrontativa. En Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Ecuador un aire fresco revive la esperanza de mejorar la vida de nuestros pueblos. Se le va a conocer con el nombre de progresismo latinoamericano.

Surgen líderes con apoyo popular decididos a hablar de frente con las élites tradicionales sin que sus argumentos entrañen ninguna revolución: permítannos, les explican, que una tajada del pastel que les ha tocado se lo repartamos entre la gente humilde. Lógica tan contundente y equilibrada desató el odio de las élites.

Desde la primera década del presente siglo está declarada la guerra entre los poderosos de siempre y aquellos que, sin ser revolucionarios, se han atrevido a cuestionar su poder. El progresismo, sin ser, ni tan siquiera parecer, una revolución radical, pasó, en términos generales, a ser la izquierda posible capaz de disputarle la hegemonía a los sectores tradicionales de las sociedades latinoamericanas. El núcleo de su fuerza está en su capacidad electoral que logra el apoyo de todos los sectores sociales. No sólo de los trabajadores, sino inclusive de fracciones progresistas de las propias clases dominantes. Aún con sus contradicciones y limitaciones el progresismo se ha proyectado como una alternativa real a la crisis del sistema. La izquierda “histórica”, frente al empuje de esta nueva corriente, se vio ampliamente superada y, en casi todos los casos, se sumó al coro de las fuerzas oficiales del sistema,

EL CASO ECUATORIANO

En el Ecuador será Rafael Correa Delgado el líder que se puso al frente de esta nueva corriente de pensamiento. Lo hizo con la conciencia de que, si no vinculaba su liderazgo con la Historia, no se podría hacer nada trascendente. Por eso dejó en claro, desde sus inicios, que el proceso que él representaba no era otra cosa que una continuación de la trunca revolución de Eloy Alfaro. En la práctica, Correa se planteó desarrollar de inmediato el capitalismo que las élites dominantes lo habían venido haciendo gota a gota desde la muerte de Alfaro. Toda la obra material del correísmo no fue otra cosa que el pago de la deuda social que la oligarquía tenía con el pueblo ecuatoriano, construyendo caminos, hidroeléctricas, escuelas, UPC, sistemas de seguridad, intercambiadores, haciendo más eficiente el servicio público, mejorando la salud pública, la educación, la ciencia y la tecnología, planteándose construir un Estado del conocimiento. Todo lo bueno del correísmo estuvo en la lógica de terminar lo que la revolución liberal no pudo hacer.  Desde una óptica revolucionaria, aunque eso no era una revolución, si era una posición de izquierda en relación a la derecha retardataria y anquilosada, lo que Ñukanchik Socialismo llama la izquierda posible.

La izquierda histórica del Ecuador, sin excepción, demostró ser analfabeta a tiempo completo. En lugar de entender al correísmo, levantó una oposición ciega que no hacía otra cosa que amplificar el odio de la oligarquía. Pero Correa tiene el mérito de haber desnudado a esa izquierda que sentía envidia de no haber hecho ella lo que Correa fue capaz. Después de Correa esa izquierda quedó sepultada para siempre

La proyección histórica del correísmo siempre fue correcta. Después de completar la trunca revolución del liberalismo machetero se propuso pasar a construir una sociedad pos neoliberal cuya matriz conceptual era combinar creativamente diversos planteamientos económicos que iban del liberalismo clásico al keynesianismo, pasando por pequeñas realizaciones pro socialistas que conformaban un panorama heterodoxo necesario para iniciar la transición a una economía pos neoliberal más cercana a un socialismo de mercado que al neoliberalismo acorde con las exigencias de la vanguardia económica mundial. Allá, a lo lejos, en teoría, se avizoraba lo que el correísmo definió como un bio socialismo.

En esa perspectiva el correísmo comenzó a hablar del Sumaw Kawsay ancestral. Intelectuales no lo suficientemente capacitados como René Ramírez[i] y otros trataron de pulsar los nervios principales de esta concepción, habiéndose desviado a interpretaciones superficiales y folclóricas como la de abrazar un árbol para connotar su compromiso con la naturaleza y, la más grave, identificar el buen vivir ancestral con el vivir bien occidental. 

El correísmo tiene el mérito de haber puesto sobre el tapete una discusión que la izquierda “histórica” siempre la ignoró, porque, inclusive el PSE, si bien es cierto tenía una visión más creadora de nuestra realidad, nunca fue capaz de aportar con reflexiones de raigambre histórica que construyeran un andamiaje teórico que mejorara las interpretaciones mecánicas del marxismo ortodoxo. Con el régimen correista se inicia esa marcha, cuyas vertientes giran, principalmente, alrededor de una intelectualidad aborigen que trata de interpretar la realidad nacional desde su óptica, incluyéndose ellos como parte del problema y no solamente como elementos yuxtapuestos a una realidad excluyente de sus intereses y derechos.

El triunfo de Evo Morales en Bolivia, para los pueblos andinos, principalmente, trajo como consecuencia una ola de reflexiones teóricas que venían a refrescar la aridez del estalinismo conceptual del siglo XX. La obra de García Linera, vicepresidente de Evo Morales, hace propuestas innovadoras en la interpretación de nuestra realidad, destacándose su visión histórica que pretende fusionar el pasado de gloria de nuestros pueblos con las luchas actuales por la justicia social y la liberación. Fueron estas concepciones las que llevaron a Evo Morales y al MAS a la conquista del poder y las que han tenido, hasta la actualidad, el mayor respaldo popular en la historia boliviana. Una nación de raigambre indígena adscrita al progresismo latinoamericano, luchando por conquistar su futuro, con la sabiduría de que no se puede forzar la Historia, sino marchar a su ritmo, manteniendo firme las riendas de la evolución revolucionaria.

La confrontación ideológica en Bolivia llegó a superar la dicotomía liberalismo vs marxismo ortodoxo, puso sobre el tapete el aporte del pensamiento ancestral. El MAS en Bolivia considera que no se puede desconocer la influencia de la conquista europea sobre nuestros pueblos y la necesidad de asimilar aquello que la civilización occidental incorporó a nuestras vidas, por la fuerza o no, pero que se tiene que rescatar aquello que el proceso colonizador destruyó construyendo, a futuro, una sociedad que, sobre la base de lo construido en estos últimos quinientos años, incorpore aquello que el propio colonialismo despreció y destruyó de nuestros pueblos originarios.

El pensamiento del MAS y de sus dirigentes no es, de ninguna manera, único y homogéneo. Aparte de la oposición de los sectores dominantes, en Bolivia hay también una nueva oposición que, sin decirse de izquierda, sostiene que es posible construir una sociedad más allá de los modelos eurocéntricos, es decir, capitalistas o socialistas, para lo cual se apoyan teóricamente en rescatar una nueva gnoseología que nace del estilo de vida y organización social de las sociedades pre colombinas. Esa corriente de pensamiento ha calado en algunos miembros del movimiento indígena ecuatoriano y se traduce en una especie de indigenismo reivindicativo radical que desconoce la actual sociedad blanco-mestiza.

Detrás de Yaku Pérez se encuentran estas posiciones. No porque Yaku Pérez Guartambel sea un artífice de las mismas, sino que se ha convertido en su representante. Es un “pachamamismo” trasnochado que trae en su interior el veneno de un racismo al revés que sería de funestas consecuencias para la nación ecuatoriana, no porque seamos defensores de esta realidad, sino porque tergiversa la esencia de un pachamamismo equilibrado y creador. Desconocer los aportes de la cultura occidental a la vida de nuestras naciones equivale a darle luz verde a un talibanismo andino que saturará el proceso político de fanatismo e injusticias y preparará el terreno para la construcción de sociedades ahistóricas incompatibles con el desarrollo científico-técnico pos capitalista. Es por esto que Ñukanchik Socialismo se plantea como una necesidad tener una confrontación ideológica con Yaku Pérez y los ideólogos de esta posición, porque de no  esclarecer estos temas podríamos estar cometiendo un error imperdonable.

ÑUKANCHIK SOCIALISMO Y SUS PLANTEAMIENTOS

Durante el régimen correista Ñukanchik Socialismo comenzó a hacer públicas sus reflexiones sobre este tema[ii]. Ningún actor político, partido, movimiento, agrupación, colectivo ni tampoco dirigente, líder político, intelectual, escritor se ha hecho eco de nuestras reflexiones. ¿Por qué?

Para la mayoría no son temas del momento, les domina el inmediatismo; otros simplemente no comprenden la importancia de la temática; otros se niegan a bajar de su pedestal a discutir con desconocidos y otros por debilidad mental, porque están acostumbrados a esperar que algún pensador extranjero, adornado de títulos y prestigio internacional refrende los temas, también por comodidad e indiferencia En Ñukanchik hemos seguido reflexionando y esperando pacientemente que llegue el momento de discutir lo importante. Las elecciones presidenciales que acabamos de pasar parecen ser el punto de partida de esta discusión. Cabe preguntarnos por qué.

Por una centésima la derecha no se quedó fuera de la segunda vuelta electoral. A pesar de eso, queda claro que la confrontación política de aquí en adelante será prioritaria entre dos tendencias de izquierda, la una es la izquierda posible y la otra la izquierda imposible.

LA IZQUIERDA POSIBLE

Es el progresismo latinoamericano, correísmo en el Ecuador. Su primera característica es que está imbricado con la Historia nacional. Como hemos dicho en líneas anteriores, la revolución ciudadana se constituyó en el presente en un proceso complementario de un hecho del pasado que fue la revolución del Alfaro. A su vez, el alfarismo, como proceso, fue el heredero de todas las luchas de la corriente liberal desde la fundación de la república. Sin esa relación no se explica el progresismo ecuatoriano.

En segundo lugar, no es una corriente revolucionaria si se entiende por revolucionaria a una posición de definición anticapitalista, es si, un reformismo pro socialista cuya misión general es preparar los elementos históricos transicionales a un nuevo tipo de socialismo.[iii] En el progresismo se sintetizan las tradiciones de lucha del pueblo ecuatoriano y se recogen sus aspiraciones, motivo por el cual es un fenómeno de masas que se expresa en una caudalosa corriente electoral de respaldo a su proyecto y a sus líderes y dirigentes.[iv]

Su potencial histórico consiste en que en su seno se va forjando una vanguardia política capaz de dar continuidad al proceso hasta llegar a niveles más altos de radicalización del mismo, haciendo que la sociedad entre, primero, en una fase de equilibrio histórico en la que las contradicciones sociales se reduzcan a un mínimo, luego, la fase posterior, siempre en un sentido ascendente, será una sociedad pos capitalista.

Esta concepción lejos está de entender la transformación como un corte violento del proceso histórico, a la manera de las revoluciones socialistas que se dieron en el siglo XX (Cuba, en nuestro caso), sostiene, eso sí, la existencia de una dirección revolucionaria capaz de mantener, con mano firme, el proceso. Esa vanguardia, esa dirección revolucionaria que vive al interior del progresismo latinoamericano como los glóbulos rojos viven en la sangre, es la que garantiza la marcha del proceso hacia las altas metas de la transformación económico-social. Va con la Historia, no está contra la Historia. Es la izquierda posible, la que tiene los pies en la tierra y reales posibilidades de triunfo.

LA IZQUIERDA IMPOSIBLE

Después de estas elecciones presidenciales, hay que reconocerlo, no es posible ignorar esa que hemos llamado izquierda imposible, representada en Pachakutik y Yaku Pérez. Su propuesta tiene que ver con el sueño civilizatorio de los pueblos, no sólo de América Latina, sino del mundo. Esta izquierda ha puesto la vara de las aspiraciones populares a una altura imposible de saltar, porque se plantea construir ahora una alternativa que está más allá de los sistemas económico-sociales conocidos. Un sistema de “socialismo comunitario”, dicen, que no es ni capitalismo, ni socialismo,

Semejante aspiración, en nuestro caso -como en el de Bolivia y Perú-, se fundamenta en la permanencia de nuestras comunidades originarias, de las cuales se quiere rescatar sus formas de vida y valores ancestrales. Este es el discurso y es el discurso que acaba de recibir más de un millón de votos de respaldo. Lo que antes no era sino una especie de entelequia en la cabeza de unos pocos intelectuales del sector, se reproduce ahora a nivel masivo, convirtiéndose en una idea-fuerza que no puede ser ignorada.

Sin embargo, cabe preguntarnos, ¿Cuál es la pertinencia de semejante aspiración en los actuales momentos históricos? No nos preguntamos si es válida la propuesta, cosa que tendríamos que discutir en otro momento, sino la pertinencia de la propuesta en los momentos actuales.

Comencemos diciendo que la Historia sólo se plantea problemas que está en capacidad de resolver. La Revolución Francesa no podía adelantarse, ni postergarse a la época que se produjo, tampoco la bolchevique ni la de Independencia Americana. La Historia no da brincos, sólo en el momento que se han creado las condiciones. ¿Están creadas en el Ecuador las condiciones para un cambio tan radical? Guardando las distancias en el tiempo, esta izquierda, la del pachamamismo radical, es tan ahistórica como lo fue la izquierda socialista de comienzos del s XX que creía posible crear los soviets en una sociedad con nulo desarrollo industrial. En el Ecuador hay 14 nacionalidades y su desarrollo y plena integración a la macro nacionalidad ecuatoriana será el resultado de un largo proceso que debe ser llevado con sabiduría y no con arrebatos volitivos que sólo pueden conducir a la tragedia.

El modelo de Estado que propone esta corriente se centra en el rescate de los valores comunitarios de las naciones pre colombinas que dicen estar rescatando por medio de la Minka Social o construcción sistemática de un tejido social que servirá de base a la organización comunitaria, sin tomar en cuenta la larga marcha histórica de las sociedades pos colombinas, es decir, entrando en conflicto con la realidad mestiza que no puede ser excluida, sino que tiene que integrarse armónicamente con las otras realidades. Enfocar este asunto desde la visión exclusivamente andina es invertir el problema y significaría borrar de la historia una realidad construida con o en contra de nuestra voluntad, pero que existe y no puede ser ignorada. La integración tiene que ser un proceso de acuerdos y conciliaciones y no una agresión feroz, ahora de los vencidos. Ese talibanismo andino es el que pone en peligro el futuro de nuestra sociedad. Las llamaradas del Sol Rojo peruano no pueden venir a incendiar nuestros campos ni nuestras mentes. Yaku Pérez quiere botar al niño junto al agua sucia de la bañera y esa pretensión es profundamente equivocada. Esta es otra razón por lo que esa izquierda es inviable e imposible en el Ecuador.

El pachamamismo anti extractivista como planteamiento, es correcto, siempre y cuando se hayan creado primero las condiciones para dar de comer, vestir, vivir bajo un techo y divertir a diez y siete millones de ecuatorianos, mientras tanto, no se puede ser tan absolutos en este como en otros temas que hacen imposible la aplicación práctica de este pensamiento. Y así casi todos los planteamientos programáticos de este sector.

Otra razón es de carácter eminentemente político. Ñukanchik Socialismo no sostiene que las tesis de esta corriente son erróneas, sostiene que hay que discutirlas porque nosotros mismos hemos estado reflexionando en esa dirección y creemos tener una visión más centrada, pero lo que nos parece altamente sospechoso es el odio que demuestra una parte de la dirigencia de Pachacutek y su candidato Yaku Pérez Guartambel al proyecto progresista y a su líder histórico Rafael Correa Delgado. Está fuera de toda lógica. La única explicación coherente es que se están cumpliendo órdenes de destruir el progresismo desde los intereses de un esquema superior de dominación que no puede ser otro que el del capitalismo corporativo mundial o el de los de los Estados Unidos. No de otra forma se entiende que se priorice alianzas con la derecha vendepatria y su proyecto de dominación histórico. Hoy mismo, mientras redacto estas líneas, Yaku Pérez es advertido por un sector de la dirigencia indígena que las conversaciones en el CNE son para garantizar la transparencia de las votaciones y no para acuerdos electorales y peor programáticos con la derecha. Esta inquietud es lógica porque Pérez es un político que, durante su trayectoria, ha demostrado estar más cerca de la derecha que de la izquierda. En la lógica de las alianzas políticas la dirigencia de PK y Pérez deberían dejar el odio a Correa y priorizar una alianza con el progresismo. Después de las votaciones del 7F, más todavía, porque el Ecuador ha expresado en las urnas su voluntad de dar un giro a la izquierda y enterrar electoral y políticamente a las élites. Preguntarnos por qué Yaku Pérez quiere dar respiración artificial a la derecha es una pregunta pertinente.

De haberse concretado una alianza entre el progresismo y esta izquierda[v] se habría dado lugar al inicio de un proceso de desplazamiento de las posiciones reformistas propias del progresismo y de avance de las más radicales, lo que, si no ponía fuera de la pelea a la derecha, la reducía a una expresión secundaria que habría tenido que acomodarse a esa nueva correlación de fuerzas, esta vez liderada por las corrientes identificadas con la izquierda, similar a lo que está sucediendo en Bolivia. El pachamamismo boliviano, de manera más inteligente, decidió, desde adentro, empujar el progresismo evista a posiciones más avanzadas, pero no en contra sino junto a él, como Ñukanchik lo viene planteando desde que Lenin Moreno traicionó al proyecto progresista. ¿Qué impide que la cúpula de esta izquierda imposible no visualice esta perspectiva histórica? No es sólo el odio, el odio es un pretexto para reafirmar el proceso de destrucción de la única alternativa de izquierda que, por medio de la evolución de sus posiciones, puede dar al traste con la dominación capitalista. Hay oscuros intereses de por medio.

Ñukanchik Socialismo sólo es un núcleo de reflexión teórico-político sin liderazgo ni ascendencia en las masas populares, pero eso no le quita su derecho a pensar y difundir su pensamiento, tampoco a apoyar aquellas posiciones que las considera correctas en la lucha por el poder y discutir con aquellas que, siendo parte de la marcha hacia la liberación de nuestros pueblos, se denotan equivocadas. Es el caso de lo que a estas alturas representa el pachamamismo radical representado en la candidatura de Yaku Pérez Guartambel.

La intelectualidad ecuatoriana parece paralizada frente a esta discusión y lo que nos parece más grave, hay una tendencia a aceptar acríticamente sus postulados y planteamientos, con lo cual se estaría cometiendo un error del cual no podríamos regresar sin haber herido mortalmente las aspiraciones de nuestros pueblos.

Una conocida analista de nuestro medio[vi] dice que un “salto al vacío” debería significar bajarse de este mundo mal hecho y comenzar a construir otro. “Saltar por fuera de este sistema de muerte, no es una opción, es una obligación ética de supervivencia y amor a la vida” -dice- ¿Puede alguien estar en contra de tan hermosa exhortación? No, razón por la cual hay que buscar la unidad de las tendencias de izquierda entre nosotros mismos y superar la errónea creencia que pactar con los enemigos es una táctica apropiada. Actores políticos como Pachacutek y Yaku Pérez deberían comprender el alcance de esta afirmación y, dejando de lado los rencores inútiles, plantear la conformación de un frente de esta nueva izquierda para lograr que la izquierda posible y la imposible sean los eslabones necesarios de la espiral ascendente de la Historia.

Ñukanchik Socialismo así lo cree.


[i] Véase este artículo crítico sobre unas declaraciones del entonces funcionario del correísmo René Ramírez: https://lalineadefuego.info/2015/11/04/cierto-es-rene-tiene-razon-por-jorge-oviedo-rueda/

[ii] Véase: Oviedo Rueda, Jorge: https://lalineadefuego.info/2019/12/10/la-imperiosa-necesidad-de-definir-lo-indio-por-jorge-oviedo-rueda/;

[iii] Oviedo Rueda, Jorge: https://www.alainet.org/es/articulo/200857

[iv] Oviedo Rueda, Jorge: https://www.alainet.org/es/articulo/197513

[v] Oviedo Rueda, Jorge: https://lalineadefuego.info/2016/02/10/la-unidad-que-nos-conviene-por-jorge-oviedo-rueda/

[vi] Sierra, Natalia: https://ladisputa.org/2021/02/09/yaku-y-el-salto-al-vacio/?fbclid=IwAR3OEsW0L6YnVKR8oG2mgL99p0bSr9HQvQhlYzjT6gALL3dkxGYhRF3EEbU

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UNA FLOR PARA LOS FLORINDOS DE MI PATRIA

Hola, desconocido amigo florindo, se que me lees porque el 95 % de la población ahora lee facebook y apenas un 5% lee libros y no dudo de que estas en ese alto porcentaje. ¿Sabes a quiénes los correistas les dicen florindos? A los que parecen lo que no son. No tienes por qué ofenderte. Los correistas tampoco se ofenden cuando les dicen borregos, o sanducheros. Es el lenguaje acordado entre unos y otros para diferenciarse, para establecer con claridad el lugar que cada uno ocupa.

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Debo confesarte que yo estoy rodeado de florindos. Los tengo entre mi familia y entre mis amigos. No porque seas florindo dejas de ser buena gente, padre responsable, buen empleado, madre cariñosa. ¿Verdad? Estoy seguro de que así debe ser, porque, al fin y al cabo, también eres pueblo, como cualquier sanduchero.

¿Qué te hace diferente, amigo florindo? Yo digo que te cuesta trabajo reconocer lo que eres. No te gusta que te confundan con la gente del montón, con ese arroz quebrado que somos la mayoría de ecuatorianos. Haces muchos sacrificios para salirte del montón, como, por ejemplo, tener a tus hijos en escuelas y colegios particulares, comprarles zapatos de marca, arrendar una casa en barrio decente, tener un carrito del año, preferir el Super para hacer las compras, atesorar tarjetas de crédito y débito y tantos otros detalles que le dan categoría a tu vida y a la de los tuyos, porque el mundo en el que vives es el mundo del estar: estar bien, estar guapo, estar perfumado, estar bien vestido, estar. estar, estar.

Nada de eso estaría mal, amigo, si te dieras cuenta, como a muchos nos ha sucedido, que esa vida te convierte en esclavo. Esclavo de la tarjeta, de las pensiones, del carro, de la ropa, del super que allá, en el fondo, significa que eres esclavo de alguien, que tiene nombre y apellido y que vive en la estratosfera de la comodidad a tu costilla. Lo que está mal es que no te des cuenta porque mientras no te des cuenta nunca tendrás la conciencia de liberarte de esa esclavitud.

El 7 de febrero tendrás la oportunidad de demostrar que has comenzado a liberarte de esta esclavitud que, a pesar de los sufrimientos que te trae, te tiene aparentemente contento. Tu voto por la lista 1 será el primer paso a tu total y definitiva libertad.

No es necesario que nadie lo sepa. Tu voto es individual y secreto, pero el triunfo contundente de Aráuz será el estallido pleno de la libertad colectiva que buscamos los seres libres que hemos salido del país de los florindos para entrar en el de los seres que somos, simplemente somos libres, somos plenos, somos concientes.

Ven, amigo florindo, en nuestra nación, tenemos los brazos abiertos.

Jorge Oviedo Rueda

22-1-2021

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LA IZQUIERDA POSIBLE Y LA IMPOSIBLE, UN DILEMA QUE HAY QUE ESCLARESERL

JORGE OVIEDO RUEDA

Evo Morales fue tratado como un enemigo peligroso del que había que deshacerse. ¿Quién le trato de esa forma? Las clases dominantes bolivianas aliadas con los intereses norteamericanos. Que algunos cegatos quieran ahora echarle la culpa a Adriana Salvatierra no sólo es una idiotez, sino una insolencia torpe. ¿Quiénes la promueven? Los integrantes de la izquierda imposible.

¿Quién se atreve a poner en duda la obra material de Evo Morales en todos los años de gobierno? La derecha y el imperio, por supuesto, pero sobre todo esa izquierda imposible.

De igual forma, quienes son los únicos que no perciben el cambio conciencial que se ha dado en el pueblo boliviano. Las clases dominantes si lo perciben y el imperio, por eso tienen miedo y quieren fumigar la conciencia del pueblo evista. Los únicos que no perciben ese cambio son los militantes de la izquierda imposible.

¿Quién puede negar que la única fuerza política que en Bolivia puede arrasar en unas elecciones con los rivales de la oligarquía boliviana es el MAS y Evo Morales? Nadie, salvo esa izquierda imposible.

¿Quién puede considerar un error apoyar a la figura de Evo Morales en Bolivia? Nadie, que no sea esa izquierda imposible.

¿Quién puede dudar de que el cuento del fraude fue un andamiaje montado por la OEA y la UNION EUROPEA para sacar a Morales? Nadie, salvo esa izquierda imposible, que lo dice sin que se le suba la sangre a la cara.

¿Quiénes son los que se atreven a dudar del aporte teórico del marxismo a la teoría revolucionaria universal? Nadie, salvo esa izquierda imposible que ahora se hace llamar del Buen Vivir.

¿Quiénes condenan de manera agresiva y desmedida la corriente progresista en la región? Las fuerzas tradicionales, aliadas con el imperio y, por supuesto, la izquierda imposible.

¿Quiénes no comprenden que el sentido de la historia significa el eslabonamiento de las posiciones menos radicales con las más radicales en un proceso lento e infinito? Esa izquierda imposible que comete la torpeza de creer que una nueva gnoseología puede sobreponerse de manera violenta e inmediata a la vieja gnoseología propia de la cultura occidental. Esa izquierda imposible que no puede ver un elefante atravesado en el camino.

¿Quiénes no entienden que la izquierda auténtica, a nivel mundial y, de forma particular en la región andina, es el resultado de la superación sistemática de los errores cometidos y del pensamiento creador que hunde sus raíces en las formas de vida de nuestros pueblos ancestrales, en sus ideas, concepciones y formas de adquirir conocimientos? Esa izquierda imposible que tiene la tonta idea de que una nueva izquierda puede salir de la nada, como un mago saca conejos de su sombrero.

¿Quiénes son los que no tienen ni idea de que el vicepresidente actual de Bolivia comprende, con claridad meridiana, que la lucha revolucionaria se la da desde adentro del progresismo y no desde afuera? Esa izquierda imposible que cree que ganar unas elecciones en medio de los tiburones del sistema no es sino presentar un candidato disfrazado de indio, esa izquierda que de tan pachamamista que se proclama no está sino empujando al triunfo a la extrema derecha.

¿Quiénes son los que siguen discutiendo con el “marxismo dogmático” que ya fue enterrado junto a los restos de la ex Unión Soviética y no enfrentan la discusión con quienes entendemos a cabalidad a los dos Marx, al joven y al viejo? Esa izquierda imposible, experta en mirarse el ombligo e imaginar que son el centro del mundo.

¿Quiénes son los que quieren debatir con líderes aborígenes que, al igual que Choquehuanca, entienden que dentro de la corriente progresista se puede ser la punta de lanza de un nuevo socialismo, americano, enraizado en nuestra vida y pensamiento ancestral, pero heredero también de lo mejor del pensamiento teórico de occidente, en una fusión complementaria y nada excluyente? Esa izquierda imposible, esa izquierda que, pudiendo ahora conquistar las llanuras posibles del poder, se plantea conquistar su cima, engañando de esa forma a los pueblos que buscan el cambio, pero todavía no pueden “tomarse el cielo por asalto”.

La izquierda posible es la que camina por andariveles lógicos, que se plantea lo políticamente posible y que está dispuesta a ser la izquierda del progresismo a nivel latinoamericano, la que sabe que más allá de la heterodoxia económica -ésta si occidental-, está el socialismo comunitario americano, único destino posible para nuestros pueblo, un socialismo que no se propone una solución de continuidad en el proceso histórico que viven nuestros pueblos, porque sabe que todavía no ha llegado ese momento, pero que tiene la obligación de ir preparando las condiciones para cuando llegue el verdadero momento de asaltar el cielo.

Por eso admiro a esos líderes indígenas que estuvieron en la posesión de Arce en Bolivia, porque ellos tienen un sentido del olfato histórico más fino que aquellos que se ubican en las filas de esa izquierda imposible, que nos pinta el proceso con pajaritos de colores pero que nada significan en la vida práctica de los pueblos.

Dicen los que así piensan que “que quizás alguien acepte el reto de debatir” Ñukanchik Socialismo les está proponiendo debatir estos temas desde hace mucho tiempo, pero su respuesta ha sido el silencio. Una vez más pongo sobre el tapete algunas de las ideas de este debate trascendental, que está más allá de la mediocridad político-teórica que caracteriza a nuestro medio.

12-12-2020

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LA IZQUIERDA EN LA ACTUAL COYUNTURA

https://www.facebook.com/EnRetrospctiva/videos

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MENSAJE AL LIDER

LA IMPORTANCIA DE LA CRITICA Y LA AUTOCRITICA

Todavía la humanidad no ha inventado otra forma de dirigir sus destinos que no sea la de la confianza en sus líderes, o, dicho de otra forma, la necesidad de los líderes no ha podido ser eliminada. Esta es una verdad histórica inobjetable. Desde las sociedades primitivas, hasta las contemporáneas, el líder ha sido un factor preponderante de su cohesión y desarrollo.

            Pero si nos fijamos en el significado de la palabra líder veremos que está ligado de forma indisoluble a otro concepto que es el de colectividad. Se es líder porque se dirige una colectividad y, cuando hablamos de líder político, nos estamos refiriendo a un conductor de masas. Los césares, los emperadores, los reyes, los gobernantes de la democracia liberal, los dictadores y los conductores de las revoluciones insurgentes han sido líderes, líderes de sus pueblos. La Historia tiene una galería inmensa de líderes, buenos, malos y regulares.

            Si se tiene una visión superficial de la política se puede llegar a creer que son los líderes los que “hacen la Historia”. Aparentemente es así. Reyes sabios como Salomón o tiránicos como Enrique VIII de Inglaterra pueden abonar esa tesis o figuras autocráticas y tiránicas como la de Adolfo Hitler o de José Stalin; pero basta preguntarnos qué hubiese sido de todas esas figuras históricas si no hubiesen estado respaldadas por los pueblos a los que conducían, para comprender que la Historia no la hacen los líderes, sino las masas a las que conducen. Los líderes son los guías, las masas son el motor de la Historia.

            En la historia republicana del Ecuador esta verdad siempre se ha cumplido. Las masas han empujado la historia, los líderes las han conducido. Desde el proceso de independencia con Bolívar a la cabeza. Todo jalón histórico ha tenido al pueblo como protagonista. Después de Bolívar y Sucre tuvimos a Alfaro. Blancos, negros y mestizos apoyaron la gesta libertaria, montuvios y jornaleros serranos libres empujaron la revolución liberal de 1895. En el siglo XX las masas urbanas semiproletarias auparon cinco veces a un caudillo como Velasco Ibarra y, después de la restauración democrática de 1979, el pueblo ecuatoriano, por medio del voto, ha nombrado a sus presidentes.

            ¿Por qué, entonces, si las masas han estado presentes en el accionar político de la nación, nunca se han cumplido sus aspiraciones y hasta el presente viven en la miseria y la ignorancia? Porque los líderes republicanos aprendieron que el negocio de la política era hablar a nombre del pueblo y hacer, desde el poder, lo que les conviene a las clases dominantes, quiere decir que han representado sus intereses y no los de las masas. Cuando en la Historia se ha roto esa ecuación, las masas han sido beneficiadas y la nación ha dado un paso adelante en su desarrollo.

            Dos grandes momentos de coincidencia entre los intereses de las masas y los de sus líderes se han dado en la historia ecuatoriana: La gran Revolución liberal y su líder Eloy Alfaro y la llamada Revolución Ciudadana y su líder Rafael Correa Delgado. Todo lo demás, desde la fundación de la república hasta nuestros días, ha sido una disfunción entre las aspiraciones de las grandes mayorías y los intereses de clase de sus conductores.

            La gesta liberal de 1895 termino con el crimen y arrastramiento en las calles de Quito de su líder. Fue la plutocracia liberal, traicionera a los ideales del liberalismo machetero de Alfaro, la que se adueñó del poder después de su muerte. A lo largo del proceso liberal, Alfaro conoció hombres leales y traicioneros, así como aduladores y oportunistas y también liberales críticos con el proceso que estaban impulsando. Una de esas voces fue la de José Peralta que, siendo ideólogo del liberalismo, siempre fue crítico de la acción práctica de sus dirigentes e, inclusive, del propio Eloy Alfaro. Recuérdese la oposición radical de Peralta al propio gobierno de Alfaro que, en la Constituyente de 1897, se opuso porque “transaba con los tradicionalistas y no se atrevía a tomar decisiones que cambiaran la faz del país” Esa Constitución, dice Peralta, “no llenaba las aspiraciones de los verdaderos liberales que habíamos luchado tanto tiempo por un cambio revolucionario”. Alfaro tenía sus razones, pero nunca dejó de escuchar la voz de Peralta porque estaba cargada con la razón histórica del liberalismo que, en ese tiempo, era la voz de la libertad. Se dice que Alfaro fue un caudillo, probablemente es así, pero nunca porque impuso “su” verdad, sino porque supo ir con el curso de la historia. La crítica de sus enemigos era purulenta y destructiva, la de sus coidearios, diáfana y constructiva. A la de los enemigos hay que combatirla, a la de los amigos, escucharla y tamizarla. Siempre puede ser un jalón más de superación.

EL LIDERAZGO DE LA REVOLUCION CIUDADANA

            Siempre que la derecha, por medio de sus líderes y de la prensa “libre e independiente”, acusaban a Rafael Correa de autoritarismo yo esbozaba una sonrisa y batía palmas para un líder que, como ningún otro jamás en el Ecuador, se atrevió a hablarle de igual a igual a la oligarquía. Por Correa el pueblo ecuatoriano llegó a saber que las élites estaban cargadas de privilegios y que toda la decencia que mostraban en la fachada no era sino la vitrina de una extrema podredumbre. Llegó a saber de su deshonestidad, de su desprecio por el pueblo, de su racismo, de sus riquezas desproporcionadas, de sus lujos, de sus ventajas. Su mérito estuvo siempre en la denuncia, aunque en la realización práctica de su gestión política deja mucho que desear. El proyecto de la Revolución Ciudadana tuvo el acierto de sintonizar los afanes históricos de cambio que el pueblo ecuatoriano ha tenido desde épocas coloniales. Cambios verdaderos, raigales y “revolucionarios” como Peralta reclamaba en su época.

            Que un proyecto político se haya cimentado en la promesa de cambio desde la izquierda, era algo que generaba expectativas. Nunca antes en la historia había sucedido. Los sectores populares se llenaron de esperanzas y la derecha tradicional de temores. Recuerdo que un estudiante de la San Francisco, a comienzos del proceso, me consultó asustado si era cierto que Correa le iba a quitar la casa y los carros a su familia. Una propuesta política como la de la revolución ciudadana suponía un liderazgo firme para resistir la ofensiva de la derecha y para corregir, sobre la marcha, los errores que se iban a cometer. Un liderazgo suave hacia adentro y duro hacia afuera.

            En cuanto a resistir el embate de la derecha y las fuerzas orquestadas del poder mundial, Rafael Correa demostró solvencia y talla internacional. Se recuerdan muchas entrevistas con el periodismo mundial en las que Correa demostró seguridad y conocimientos por arriba del promedio de los líderes regionales y, a nivel interno, la prensa “libre e independiente” se vio obligada a respetarlo. Brilló en eventos internacionales en los que defendió el derecho de los pueblos a su independencia y soberanía y no tuvo temor de contraponerse a gobiernos represivos como el colombiano. Defendió la revolución cubana y mostró simpatía por el chavismo venezolano. Un liderazgo que llenaba muchas de las aspiraciones populares. Semejante posición causó tormentoso escozor en las élites.

            ¿Pero qué pasaba al interior de la Revolución Ciudadana? Antes que nada, no había críticos. La izquierda “boba” se metió en Alianza País con el complejo histórico de haber cambiado sus ideales de izquierda por los postulados socialdemócratas del proyecto correista. El Partido Socialista, el comunismo, el MPD, Alfaro Vive y otras hierbas se allanaron al liderazgo de Correa de forma acrítica, sin ninguna capacidad de reacción, prefiriendo el mullido sillón de la burocracia estatal al azaroso destino de la pelea revolucionaria, con lo cual se anularon, no sólo mientras duró el proceso, sino para toda la vida. Hoy sabemos que esa izquierda boba está enterrada y que sólo ciertos cadáveres políticos como el de Ayala Mora tratan de levantarse del basurero de la historia.

            También hubo otra crítica, la de sus compañeros de proyecto, cuya figura simbólica es la de Alberto Acosta. ¿Qué quería este sector? Le reclamaban a Correa ser más prudente en sus relaciones con la oligarquía, ser menos autoritario y mayor laxitud en su papel de líder. Correa era demasiado precipitado e imprudente para su gusto, debía gobernar más ceñido a las normas constitucionales aprobadas en el 2008 en Montecristi. Variación substancial en las líneas programáticas iniciales en cuanto a lo económico y social, no hubo. Era, más para ellos, una cuestión de estilo. Correa les pasó por arriba una aplanadora y, desde entonces, no han vuelto a alzar cabeza políticamente hablando.

            Una crítica que podríamos llamar institucional también existió. Estuvo representada en el neo keynesianismo de economistas como Eduardo Valencia que unieron a sus tesis económicas una carga importante de moral y ética, Correa los ignoró. Nadie iba a cambiar su heterodoxia económica que, con altos precios del petróleo, le estaba dando tantos éxitos.

            En resumidas cuentas, la crítica interna en la Revolución Ciudadana no fue una práctica constante y sistemática como en todo proceso que se dice revolucionario se entiende debe ser. Prevaleció la fuerza del líder, su personalismo que, como todo caudillismo, terminó prestando oídos sólo a las voces empalagosas del adulo y la alabanza personal.

LA NECESIDAD DE SEPARAR EL GRANO DE LA PAJA

            Las específicas condiciones de la política actual en el Ecuador nos hacen prever que en el 2021 puede volver a triunfar la opción correista. Así nos indica el creciente desprestigio del neoliberalismo morenista apoyado por las élites, su total incapacidad ejecutiva traducida en la alarmante paralización de la obra pública, en un larvado proceso de corrupción generalizado y en el desprestigio total de todas las funciones del Estado. El descontento de las mayorías crece diariamente y cada vez la idea de que con Correa estábamos mejor se disemina como una marea vertiginosa en la conciencia de los electores. Mientras avanza el tiempo cada vez es más feo el rostro del gobierno morenista y cada vez toma más fuerza la idea de un regreso del correísmo, con o sin Correa. Esta tendencia sólo puede ser truncada si no se tiene la suficiente inteligencia para consolidar una alianza de las fuerzas políticas que vayan de la izquierda posible (el correísmo) hacia el centro, pasando por el movimiento indígena-popular y las fuerzas de la izquierda revolucionaria que no arrastran el pecado original de la socialdemocracia y el oportunismo.

            La real posibilidad de triunfar en el 2021 nos obliga a separar el grano de la paja en la crítica constructiva dentro de la tendencia, una crítica que a estas alturas sólo puede venir de la izquierda revolucionaria. Una permanencia en el tiempo del progresismo sin dirección revolucionaria sólo serviría para el reacomodamiento del capitalismo interno y corporativo internacional lo cual sería la tumba de la opción revolucionaria. Lo correcto sería aprovechar la fuerza con la que viene el progresismo para dar otra vuelta de tuerca hacia la izquierda. El progresismo con dirección revolucionaria es el camino.

            Esta consideración no se hizo en la primera etapa del proceso, no sólo porque el proyecto careció de un sector revolucionario que empujara esta concepción, sino porque su líder no dio muestras de que este tema estuviera incorporado a sus concepciones. Esto es grano, no paja y debe discutirse como parte de la formación política de las bases de la Revolución Ciudadana si se quiere avanzar.

            La necesidad de contar con filtros que permitieran la selección de cuadros ideológicamente formados para apuntalar el proceso, es otra deficiencia que Rafael Correa nunca quiso reconocer. En el fondo está la construcción de una estructura partidaria que provea de los cuadros necesarios para la marcha del Estado. Una revolución es el acto consciente de un grupo de seres humanos y no admite equivocaciones garrafales como las que tuvo Alianza País. Esto también es grano, no paja, porque de esto depende no sólo que se sostenga el proceso, sino que sirve para la promoción de líderes y cuadros que representen a la revolución. Al cabo de diez años, no hay en el horizonte otra figura descollante que la de Rafael Correa. Nadie puede atreverse a defender el caudillismo porque sus resultados son evidentes. Haber puesto la revolución en manos de un incapaz política e ideológicamente fue un craso error.

            Es correcto reivindicar la obra material de la Revolución Ciudadana, pero no se la puede magnificar como un logro acabado y definitivo. Toda la infraestructura construida es apenas un pequeño porcentaje de lo que realmente necesita el Ecuador. La labor permanente en el campo de lo material debió servir como una fuente constante de trabajo y empleo para amplios sectores de ecuatorianos. El correismo dejó a medio hacer esta labor y si bien es cierto que las políticas de Estado son permanentes en el tiempo, se debió calar tan hondo que debieron hacerse irreversibles los procesos. Esto también es grano.

            Sólo se barnizó la educación sin haberse llegado a plantear cambios en sus fines y contenidos. Discutir la necesidad de unificar la educación a nivel nacional, sin mantener los privilegios de la educación particular de élite, fue un tema sobre el cual el líder de la Revolución Ciudadana nunca quiso pronunciarse.

            La Reforma Agraria, la reforma urbana, el cambio de la matriz productiva priorizando el campo y la agro industria fueron temas que quedaron en suspenso y que deben ser considerados si se quiere de verdad un cambio en nuestra patria. Todo esto es grano y mucho más que debe ser discutido en todas las instancias del progresismo ecuatoriano.

            La paja del proceso es lo que se desprende al soplar este grano. La falta de consistencia ideológica de una enorme mayoría de los colaboradores de la revolución ciudadana, por ejemplo. ¿Y qué esperábamos? Rafael Correa fue un mago que levanto el proyecto con cuatro amigos sin tener conciencia que para manejar el Estado ecuatoriano se necesitaban más de cinco mil cuadros ideológica y profesionalmente formados en todas las ramas de la ciencia y la administración, lo que le obligó a gobernar con los mismos cuadros de la partidocracia.

            Que se relegó a las bases porque prevalecía una concepción pequeño burguesa de la política, también es en cierta forma paja, porque los procesos verdaderamente populares son, en esencia, revolucionarios y Rafael Correa no es un líder revolucionario. Sus límites ideológicos son los del progresismo lo que no quita que, empujado por las masas, pueda devenir en uno, cosa que es perfectamente posible.

            Que Correa era autoritario y mandón, también es paja echada a volar por las élites. Lo que no pudimos comprobar los ecuatorianos fue si ante un proceso de radicalización revolucionaria Correa iba a sostener las riendas de igual manera que lo hicieron líderes latinoamericanos como Allende, Chávez o Fidel Castro, porque en una revolución verdadera se triunfa o se muere. Si de revolución se habla, hay que ir hasta las últimas consecuencias.

            Paja es seguir discutiendo la traición de Moreno porque a estas alturas ya todo es evidente. Hacerle el juego a la derecha es sostener que Moreno es lo mismo que Correa. Moreno es una relegada ficha del neoliberalismo mundial, Correa un líder progresista opuesto a esos intereses.

            Paja es repetir el discurso purulento de la corrupción del régimen correista cuando el gobierno de Moreno se entregó a las mafias de la partidocracia en plena pandemia del coronavirus. ¿Puede algo ser más sucio y corrompido?

            Por todo esto y mucho más la tendencia progresista volverá a ganar en el 2021. Lo preocupante es que, a estas alturas, casi a las puertas de las elecciones, nadie en el correísmo ha sacudido la mata de los errores cometidos con una profunda autocritica y que su líder haya descalificado a un ciudadano que ha tenido la inteligencia de entender cuales son los errores del proceso de la Revolución Ciudadana. Si a estas alturas y frente a un posible nuevo triunfo del progresismo -con Correa o sin Correa-, seguimos cerrando los ojos ante los errores cometidos, perderemos toda esperanza y veremos atónitos como la derecha volverá al poder para seguir girando en el eterno circulo de latrocinio y corrupción. Ciudadanos como Marco Aníbal Navas Leiva y agrupaciones como Ñukanchik Socialismo veremos espantados como la rueda de la Historia gira hacia atrás, sabiendo que en nuestras mochilas cargamos toda la razón.

15-06.2020

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