LA IMPERIOSA NECESIDAD DE DEFINIR LO INDIO

            Noam Chomski ha dicho, en alguna parte, que los pueblos aborígenes están llamados a salvar a la humanidad. Para que esta afirmación tenga valor político real, se tendrá primero que aceptar que, más allá de la filosofía occidental, existen otras filosofías, independientes, que han nacido y florecido fuera de los cánones gnoseológicos de las matrices griega, romana, hebrea o musulmana. Existen en Asia, África, en el Abya Yala, ahora América y otras partes del planeta. No “para-filosofía”, no “etno-filosofía”, no “cosmovisión” o “seudo-filosofía”, sino filosofía, entendida como “un conjunto de saberes” que organizan la comprensión de la realidad, así como el “sentido del obrar humano”, según definición de la Real Academia de la Lengua.

El haber negado la existencia de otras raíces gnoseológicas ha sido, a través del tiempo, la forma más eficaz de quitarle la voz “al otro”, al diferente, que equivale a haberlo, no sólo invisibilizado, sino negado en sus derechos culturales, políticos y económicos. La negación de la “alteridad” es, sin duda, la raíz de los fundamentalismos y se constituye en el germen nocivo de todas las formas de colonialismo que existen. Aceptar la existencia de otras filosofías comienza a ser, en la actualidad, un acto revolucionario además de justicia histórica, cuya comprensión y desarrollo será el punto de partida de la salvación a la que Chomski se refiere.  

            El haber negado la existencia de otras raíces gnoseológicas por parte de los colonialistas europeos fue un acto brutal de fuerza ejercido por ellos, sin excepción, para desconocer el pasado de los sometidos y borrar de su memoria todo mérito de su grandeza histórica. Durante quinientos años se ha ido elaborando, en todos los niveles, un edificio de silencio en torno a los pueblos originarios que ha sido imposible de desmontar porque, al no reconocer su episteme, no era posible demostrar su existencia.

Esta realidad ha comenzado a cambiar. Poco a poco vamos descubriendo que tenían otra forma de vida que, como es lógico, respondía a bases epistemológicas opuestas, en todos los sentidos, a las de Occidente. La cultura invasora no podía negarse a sí misma reconociendo méritos o valores en la cultura sometida, de ahí que su anulación es uno de los primeros actos de guerra que los colonialistas ejercen sobre los colonizados y que está simbolizado en la bárbara incineración que el cura inquisidor Diego de Landa hace de los códices Mayas y Aztecas en 1562. Con ello se pretendió borrar la memoria histórica de pueblos milenarios que habían aprendido a relacionarse con su entorno natural y cósmico y que habían organizado un sistema productivo que les permitía satisfacer sus necesidades materiales y espirituales.

Antes de preguntarnos si el colonialismo logró su objetivo, acerquémonos brevemente a aquellos aspectos que el colonizador pretendió destruir, primero, y ocultar, después

LA BASE PRODUCTIVA DE LAS SOCIEDADES PRECOLOMBINAS

            Las sociedades del Abya Yala, todas, sin excepción, no llegaron a superar el nivel de desarrollo de la Comunidad Primitiva. Se han encontrado vestigios que van desde sociedades nómadas y recolectoras hasta grandes imperios organizados en torno a un colectivismo agrario, sin que en ninguna de ellas haya surgido la propiedad individual de la tierra. Fueron sociedades jerárquicas y verticales en las que la disciplina del trabajo servía de argamasa para la cohesión social. Sus jefes, reyes o mandatarios -en los imperios que llegaron a organizarse-, no sólo eran representantes de la divinidad a la que adoraban, sino que eran la misma divinidad encarnada en sus personas, lo que las convertía en sociedades teocráticas en las que la conducta de sus individuos respondía, dualmente, al miedo y al amor, miedo a la autoridad indiscutible del rey-dios y amor a su divina sabiduría y bondad. Los grandes imperios del Abya Yala, Maya y Azteca en el norte e Inca en el sur, se construyeron sobre estos pilares.

            Las sociedades que encontraron los europeos no eran sociedades improvisadas. Por lo menos cincuenta mil años de historia les antecedían. En ese largo periodo de tiempo llegaron a dominar un conocimiento esencial de la naturaleza, la sociedad y el ser humano que les permitió vivir en armonía con la naturaleza y sus semejantes. Construyeron caminos sorprendentes, edificios y fortalezas aún más, ciudades portentosas, milagrosos complejos productivos, domesticaron plantas, conocieron el cielo en su infinita vastedad y fueron capaces de trabajar primorosamente el oro y otros metales. Crearon un tipo de ciencia que no necesitaba destruir la unidad para desentrañar su esencia, yendo del todo a las partes, respetando de esta forma el infinito sistema de procesos entrelazados que constituye, en esencia, la vida en todas sus manifestaciones. No inventaron la rueda porque no la necesitaron, ni usaron ningún animal de carga por la misma razón. Existen muchas fundadas razones para creer que conocían métodos físicos para mover grandes pesos sin utilizar maquinarias igual que para trasladarlos. Vestigios pétreos como la ciudad de Machu Picchu y fortalezas como las de Saccha Huamán, en el sur y monumentos urbanísticos como los de Teotihuacán en el norte, así lo demuestran.

            Las evidencias físicas de estas antiguas civilizaciones son elementos que sorprenden, pero hay otros aspectos que deben sorprendernos más todavía. Tenían un sentido de justicia social, por ejemplo, que se reflejaba de manera práctica en un sistema de repartición justa y equitativa de la tierra. Su sabiduría había llegado a determinar el tupo como unidad de repartición de la tierra siendo este la cantidad exacta que un hombre en plena capacidad productiva podía trabajarla y hacerla producir. En el ayllu, que era el núcleo familiar ampliado, se otorgaba un tupu por cada miembro varón y medio tupu por cada miembro mujer, la suma de lo cual constituía la unidad productiva familiar que, a su vez, era la base estructural de la producción general del imperio, organizada de forma escalonada desde la base hasta la cúspide. Tierras comunales como las del Sol en sur América o, en menor grado, las de la familia real, eran trabajadas de forma rotativa por una parte mínima de los miembros de cada ayllu. El fruto de todo el trabajo era centralizado para volver a sus productores en un acto justo de distribución de la riqueza social. Niños, viejos y enfermos eran considerados en la distribución siempre como una parte integrante del conjunto y nunca como una carga.

La funcionalidad de este sistema productivo dependía de la existencia de una especie de método de contabilidad que los incas llamaban quipus. Cuerdas de colores específicos que servían para registrar y contabilizar casi todos los aspectos de la vida social. Desde el crecimiento vegetativo de la población, hasta el movimiento natural de la distribución de la tierra estaba registrado en los quipus, permitiendo que los funcionarios del imperio llevaran un registro pormenorizado de todo lo que al poder real le interesaba.

Todo esto era posible porque, al momento de la llegada de los europeos, como hemos dicho, todavía no se había disuelto la Comunidad Primitiva. Eran sociedades en transición a sociedades clasistas, probablemente, cuyas características no podemos imaginar en razón de la “solución de continuidad” que significó la conquista europea, pero que al momento de suceder conservaban los fuertes rasgos del colectivismo primitivo. Caso todavía más admirable en razón de que en el incario, así como en el imperio azteca, no surgió la esclavitud individual, como si sucedió en Europa, lo cual condiciona la evolución general de las sociedades occidentales.

Las sociedades americanas eran naturalmente comunitarias, lo cual era una exigencia del bajo nivel del desarrollo tecnológico que en ellas existió, lo que forzaba a la colaboración comunitaria, no sólo para producir, sino para vivir. Lo admirable es que la comunidad humana de entonces, desde el ayllu común hasta el ayllu real, así lo entendieron e hicieron de ese rasgo el elemento esencial de la vida social. El individuo estaba subsumido en la comunidad a tal extremo que la comunidad era una especie de individuo múltiple.

 “Esclavitud generalizada” la llamó Marx, sin tomar en cuenta, en el caso de las sociedades pre colombinas, la cuota de amor y veneración que las masas pudieron tener por sus reyes y que los anarquistas modernos siguen analizando desde la gnoseología occidental[i], lo que les niega toda posibilidad de comprensión de la lógica interna que movía a esas sociedades. Desde la seudo izquierda latinoamericana y desde el revisionismo marxista actual se incomprende teóricamente el núcleo de un problema en cuyo interior se encuentra la salvación de la sociedad humana.

Sociedades como las precolombinas del Abya Yala eran sociedades rituales en las que el trabajo, como actividad de vida, ocupaba el primer lugar. No existía desocupación y la ociosidad era castigada con la exclusión del individuo por parte de la comunidad. Los rituales del Inti Raymi no eran sólo celebraciones de gratitud al Sol y a la Pachamama, sino actos de reconocimiento a la fuerza de trabajo, es decir, al mismo ser humano como fuente inagotable de prosperidad y vida. Trabajar no era una obligación, era un acto de vida tan lógico como respirar o alimentarse. Las manifestaciones espirituales de mayor relevancia estaban ligadas al trabajo y como eran sociedades agrícolas a la Pachamama y por su naturaleza cósmica al Sol. Todo giraba en torno a estos dos elementos constitutivos de su cosmovisión humana.

Se sabe que las sociedades más equilibradas son aquellas que tienen menor número de leyes, las sociedades precolombinas se regían más que por leyes por preceptos morales y éticos que normaban la conducta de sus integrantes, sin necesidad de cárceles o lugares de “rehabilitación social”. Era la comunidad la que castigaba o premiaba los méritos o deméritos de sus integrantes. Si alguien mentía, caía en desgracia, igual si robaba o se comprobaba su ociosidad. Excluidos de la comunidad estaban destinados al escarnio e inclusive la muerte. Los castigos por esos vicios podían llegar a ser extremos.

En estas sociedades “Los principios de correspondencia, reciprocidad, complementariedad y ciclicidad son aspectos que deduce el pensamiento teórico moderno al estudiar el Sumak Kawsay ancestral y son los que sirven para oponerse a los de individualismo, lucro, democracia, autoritarismo y totalitarismo que prevalecen en las sociedades actuales. Ese equilibrio dinámico que ahora se impone como necesario no es, según la nueva gnoseología en ciernes, un equilibrio eterno e inamovible, sino que se da en un ciclo de duración temporal (500 años o un Pachacutik) a cuyo final la sociedad dará un salto dialéctico hacia arriba y que, en su repetición eterna, va conformando la espiral perfecta de la Historia.”[ii]

Solamente sobre estas bases brevemente pergeñadas es posible acercarnos a definir “que es lo indio”, no tanto como categoría antropológica, sino como concepto sociológico.

QUÉ MISMO ES LO INDIO

            Dejemos claro que este concepto no ha sido ni inventado ni usado por los pueblos originarios quechuas que usaban el sustantivo runa para referirse al ser humano. El concepto indio fue introducido por los colonizadores para identificar erróneamente a los nativos del Abya Yala y, desde sus orígenes, tuvo una carga discriminatoria. Indio fue sinónimo de inferior, diferente y, por extensión. vago, sucio e ignorante. Ha sido un concepto racista impuesto a sangre y fuego que durante quinientos años fue reforzado por la conciencia vergonzante del mestizo que quiso identificarse con los sectores dominantes y no con los dominados. Detrás de esa denominación la sociedad blanca-mestiza enterró la grandeza de los pueblos originarios, razón por la cual, también es un sintagma político usado para desconocer a una parte integrante de la sociedad.

En razón de esto y, a pesar de esto, la palabra indio no ha podido ser tirada a la basura de la Historia y sigue siendo usada de forma indiscriminada para designar a aquello que es diferente de lo blanco-mestizo. Su obstinada permanencia ha hecho que la intelectualidad aborigen la use para resignificar su contenido y hacer de él una bandera de liberación. Y es en ese, exclusivamente en ese sentido, que en este trabajo tratamos de definir lo indio.

Lo indio son los remanentes vivos que quedan de las comunidades originarias. A nadie se le puede ocurrir que a estas alturas los diferentes pueblos de los Andes viven en estado puro la misma vida de sus lejanos antepasados, pero tampoco a nadie se le puede ocurrir que han renunciado a una forma específica de vida que les hace diferentes de la sociedad blanco-mestiza dominante. Ileana Almeida, citando al antropólogo peruano José Matos Mar dice que en las comunidades centro-andinas se conservan tres rasgos de su pasado histórico: “uno, la propiedad colectiva de un espacio rural que es usufructuado por sus miembros de manera individual y colectiva; dos, por una forma de organización social basada en la reciprocidad y en un particular sistema de participación de las bases; y tres por el mantenimiento de un patrón cultural singular que recoge elementos del mundo andino. En síntesis, la comunidad desciende de los antiguos ayllus andinos[iii]”. Esto es evidente y nadie lo puede negar, menos el Estado blanco-mestizo que tiene que repensar, en términos jurídicos, la problemática para acercarse más, en lo conceptual y práctico, a la definición constitucional de Plurinacionalidad y Multiculturalidad.

En resumen, para definir lo indio hay que estar claros de que sólo es posible si se acepta la idea de la existencia de una gnoseología diferente a la que ha definido la civilización occidental, esto quiere decir, otra forma de conocer, de adquirir conocimientos, cuyo núcleo central era la comprensión de que no es necesario desintegrar la unidad para develar su esencia. Esta actitud científica ante el conocimiento convertía al sistema en el cual existía en intrínsecamente justo (bueno) por lo cual todas sus manifestaciones contribuían, desde todos los ángulos y niveles, a crear la armonía necesaria para una vida plena y satisfactoria del ser humano dentro de la sociedad que es lo que ahora llamamos el Sumak Kawsay.

Tomando en cuenta lo que acabamos de decir se puede comprender por qué no es posible construir el Sumak Kawsay en el seno de la sociedad capitalista, porque este sistema, por su naturaleza (su epísteme) es injusto (malo) lo que hace que todas sus manifestaciones contribuyan, desde todos los ángulos y niveles, a crear el caos y la desarmonía. Es este mismo sistema el que fabrica, literalmente, sus defensores, en el nivel de la producción (los empresarios) y en todos los otros niveles de la superestructura (soldados, intelectuales, sacerdotes, juristas, etc, etc.,) que lo defienden sin tener conciencia de la maldad estructural del sistema. A esta forma de organización social se corresponde la noción aristotélica del Buen Vivir, cuya esencia es el consumo, el llegar a ser, que no el estar que es la esencia definidora del Sumak Kawsay.

QUINIENTOS AÑOS DESPUÉS

            Quinientos años han pasado desde la llegada de los europeos a tierras del Abya Yala. El pensamiento occidental ha construido otra civilización sobre las ruinas de las nuestras. Quinientos años les han tomado a los colonizadores construir lo que ahora tenemos. ¿Qué tenemos?

            Tenemos una sociedad polarizada que concentra en pocas manos la riqueza y distribuye “igualitariamente” la pobreza entre las grandes mayorías; que concentra en un extremo el conocimiento y en otro la ignorancia, que a unos pocos les ofrece oportunidades y a las inmensas mayorías las condena al fracaso, en la que el afán de lucro ha convertido en fieras a los seres humanos, en la que hasta los sueños se han convertido en mercancías, en la que la violencia de género ha convertido en víctima a la mujer, en la que matar por encargo es una práctica común, en la que se agrede sin compasión a la naturaleza a tal punto que la amenaza del cambio climático es una triste realidad, en la que se trafican órganos convirtiendo a los niños en sus víctimas inocentes, en la que producir droga para idiotizar a millones de personas es el negocio más lucrativo del mundo, en la que las naciones favorecidas tienen sus arsenales saturados de artefactos nucleares que en cualquier momento pueden hacer estallar el planeta, que llena de basura plástica los mares y contamina sin compasión las reservas de agua dulce, una sociedad que ha cambiado la espiritualidad por la religiosidad que es la forma de fanatizar a las masas, una sociedad sin ley y con dioses que parecen estar de acuerdo con el crimen y la desigualdad, en fin, una sociedad caótica y desordenada en la que es imposible el recogimiento espiritual y la elevación del pensamiento.

            Paradójicamente esta misma es una sociedad de increíble adelanto científico-tecnológico. Se ha comenzado a desentrañar los secretos del micro mundo cuántico, los ordenadores personales dominan el mundo, el internet es un océano infinito de información y conocimientos al alcance de todos, la biología está a punto de descubrir los secretos del genoma humano, se viaja a velocidades supersónicas con lo cual hemos llegado a ser una aldea global y, sobre todo, existen ya tecnologías capaces de elevar la productividad del trabajo a niveles suficientes para producir más de lo que la humanidad necesita para vivir. Una tecnología que, sin embargo, no está al servicio abierto de las necesidades del ser humano, sino de los intereses privados y del lucro. No de otra forma se explica que en este año 2019 más de mil millones de seres humanos estén amenazados de morir de hambre en el mundo y pueblos enteros carezcan de un vaso de agua potable para saciar su sed.

            Esta es la sociedad que tenemos que cambiar, de no hacerlo llegaremos a matarnos mutuamente a una escala global o, quizás, lo más probable, seremos víctimas de un holocausto nuclear. La pregunta que surge es: ¿qué tipo de sociedad puede sustituir a la actual?

            Una corriente “pachamamista” entusiasta, soñadora e históricamente intemporal cree que regresar a nuestras raíces ancestrales significa volver a construir las sociedades precolombinas, cosa que es históricamente imposible. En el Perú, autores como R. Reinaga, en Bolivia y en Ecuador muchos de ellos levantan la bandera del Tahuantinsuyo como símbolo de vida nueva y libertad, creando la falsa expectativa de que si es posible recrear la organización social de nuestros ancestros. Esta corriente entraña un revanchismo destructivo que, en la práctica, se traduce en un racismo al revés y que, lamentablemente, encuentra asidero entre la población aborigen menos favorecida de los pueblos andinos.

            El “pachamamismo” tiene que entender que no es posible reinventar las sociedades ancestrales por dos razones: 1) La teocracia que las hizo posibles ha desaparecido después de 500 años de colonialismo y 2) el actual desarrollo científico-técnico no se corresponde con el nivel de las fuerzas productivas de entonces, habiéndose creado ya las condiciones históricas para un cambio cualitativo del sistema.

            Por otro lado, están las posiciones pro sistema, aquellos actores sociales que, siendo fruto del capitalismo, son sus defensores. Hay dos niveles, los que tienen conciencia de lo que hacen (las grandes potencias del mundo) y los borregos seguidores de las ideas dominantes. Ellos defienden a capa y espada la sociedad cloacal que hemos descrito brevemente en líneas anteriores, es más, son sus creadores.

            Pero, si no es una ni otra la sociedad posible, entonces ¿qué es lo que debemos hacer?

EL PUNTO NODAL DE LA CONVERGENCIA HISTORICA

            El marxismo surge en el siglo XIX como una contra ideología al pensamiento burgués. Se constituye en la crítica más demoledora de todo el sistema capitalista desde su base económica hasta las más variadas manifestaciones super estructurales, pese a lo cual no trasciende la episteme occidental. Es un sistema de ideas que propone un nuevo tipo de sociedad, basada en la eliminación de la propiedad privada sobre los medios de producción y la desaparición gradual del Estado y las clases sociales. La construcción de una sociedad socialista es, para el marxismo, la superación de la ley de la acumulación capitalista para ser sustituida por una ley de acumulación social que, estando en manos del Estado, permite una distribución más equitativa de la riqueza social. Lo que Marx concibió como una teoría revolucionaria para enterrar al capitalismo, las sociedades pre colombinas lo hicieron naturalmente en el marco histórico de la Comunidad Primitiva, es decir, en un momento de bajísimo desarrollo de sus fuerzas productivas. Ese es el punto que imbrica, atemporalmente, al marxismo con las sociedades ancestrales del Abya Yala. Este es el núcleo teórico que puede hacer realidad la afirmación del sabio norteamericano Chomski de que las sociedades aborígenes salvarán a la humanidad, porque, el pensamiento de raíces ancestrales, sólo puede coincidir con lo más avanzado del pensamiento occidental, que es el marxismo.

            No hay lugar a reconstruir el sistema pre colombino de producción, como quieren los “pachamamistas”, pero tampoco es posible sostener el actual sistema capitalista que hace agua por los cuatro costados. La solución está en rescatar aquello que se demuestra positivo del sistema ancestral y lo que se puede rescatar del capitalismo actual.

Esos elementos nucleares son: 1) De los ancestros: la propiedad colectiva de la tierra, principalmente; también una forma de organización social basada en la reciprocidad, un particular sistema de participación de las bases (nueva democracia) y el rescate de un patrón cultural singular que recoja elementos del mundo andino[iv]. 2) Del capitalismo actual: la libre empresa individual, con límites en su crecimiento y control del Estado.

            La fusión de estos elementos en el marco de un significativo desarrollo científico-tecnológico hará posible la creación de una sociedad equilibrada en la cual será un delito la acumulación desmedida y la injusticia social. Desde nuestro punto de vista toda intención de mejorar el capitalismo es un esfuerzo inútil, porque en su estructura está la maldad del mismo. Quinientos años después comienzan a aflorar las virtudes de un sistema sabio que dio alimento y bienestar a millones de seres humanos y que ahora sus elementos esenciales vuelven para, en una fusión dialéctica con lo más dinámico del sistema traído por los colonizadores, salvar a la humanidad. Su triunfo será dar un salto dialéctico para ampliar la infinita espiral de la Historia, siempre hacia arriba, nunca hacia atrás.

 Esa es la dialéctica de la Historia, no otra.

03-12-2019,


[i] Véase: http://periodicoellibertario.blogspot.com/2019/08/opinion-y-debate-algunas.html?utm_source=feedburner&ut

[ii] Véase:  https://lalineadefuego.info/2019/04/02/la-historia-como-arma-por-jorge-oviedo-rueda/

[iii] Véase: https://lalineadefuego.info/2019/11/27/comunidades-indigenas-por-ileana-almeida/

[iv] Almeida, Ileana: : https://lalineadefuego.info/2019/11/27/comunidades-indigenas-por-ileana-almeida/

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LENIN MORENO O LA PARALISIS NACIONAL

La imagen de un país sentado en una silla de ruedas es la que mejor describe la actual situación del Ecuador. En tres años la paraplejia del mandatario se ha trasladado a la nación.

Las medidas del 1 de octubre no son, ni de lejos, el comienzo de la crisis política que ahora vivimos, la crisis comenzó hace dos años y medio, en el nivel económico, no precisamente político. Moreno debió haber dado continuidad al modelo que logró implantar su antecesor en los diez años precedentes. Los hechos, desde entonces, demuestran que Lenin Moreno no estaba capacitado para sostener sobre sus hombros esa responsabilidad histórica. Optó por traicionar al proyecto correista y entregarse al poder transnacional y a la derecha empresarial ecuatoriana.

La traición no es una mera arenga política, es un golpe artero contundente dado para matar el proyecto progresista que representa la figura de Rafael Correa. Su intención de fondo es darle vuelta al modelo de un Capitalismo de Estado que asume, entre sus responsabilidades, las de atender las necesidades sociales de los sectores menos favorecidos, obligando a los más favorecidos a democratizar sus ganancias vía la optimización de la recaudación fiscal y la ampliación de los beneficios laborales de los trabajadores. Un modelo que llevó a sostener a políticos neoliberales como Alberto Dahik que había que destruirlo si queríamos conservar la salud de la economía.

Todo el accionar económico y político de Lenin Moreno se inscribe en ese objetivo y en eso consiste su traición. 

EL GRAN “SALTO HACIA ATRÁS” DE LENIN MORENO

            Pese a su paraplejia el gobierno de Lenin Moreno logra dar un sorprendente “salto hacia atrás” en la economía nacional. Para poder hacerlo inicio un plan perfectamente meditado de desprestigio político del gobierno de la revolución ciudadana. El caballo de batalla utilizado fue el de la corrupción. Desde su silla ortopédica lanzó la impactante “chalaca” de un latrocinio de más de 70 mil millones de dólares por parte del correismo, lo que de inmediato convertía a su antecesor en el “gobierno más corrupto de la historia”. La cifra colosal, sin sustento real de ninguna clase, tenía como único objetivo comenzar a justificar el viraje del modelo económico-político armado hasta entonces por el gobierno correista. Se trataba de posesionar, en la opinión pública nacional, la idea de que había que cambiar de modelo. Tres años después ningún ente gubernamental, comenzando por la ridícula Secretaría Anticorrupción de la Presidencia de la Republica, ni la Asamblea Nacional, ni la Fiscalía han podido comprobar nada de semejante atraco a los intereses nacionales, pero, en cambio, al ciudadano común, que a duras penas se entera de lo que pasa en el país viendo la prensa “libre e independiente”, le han grabado en la mente la idea de que Correa y su gobierno fueron más corruptos que todos los de la partidocracia juntos. Ese era justamente el objetivo. Habiéndolo logrado, el camino estaba expedito para el gran viraje.

            Uno o dos ministros fusibles nada significaron en el desmontaje del andamiaje económico construido por el correismo. La fiesta comienza realmente con el nombramiento de Richard Martínez al ministerio de Economía y Finanzas, detrás del cual se van sumando genuinos representantes de las concepciones neoliberales, hasta que queda conformado un equipo económico capaz de enterrar definitivamente las concepciones progresistas de Correa. Equipo afin, por supuesto, con las teorías y concepciones fondomonetaristas. El nivel político representado en la falsa lucha contra la corrupción correista aterrizando en el cambio del modelo económico. No es fruto de la “genialidad” política del mandatario, sino resultado de las exigencias del modelo de dominación del capitalismo corporativo mundial, que les da empleo a políticos pusilánimes y corruptos como Lenin Moreno, Iván Duque o Sebastián Piñera.

LOS EJES DE LA RESTAURACIÓN NEOLIBERAL

            Los ejes que conforman el alma del modelo no son muchos ni tampoco innovadores o nuevos, son los mismo que han llenado los bolsillos de las élites y han empobrecido a los pueblos y que vienen aplicándose desde la época de Reagan y Margaret Thatcher, los mismos que mediante la fuerza fueron impuestos en el Chile pos socialista y los mismos que en la actualidad han hundido economías como la Argentina de Macri.

La línea estratégica de este modelo es la recuperación de los activos del Estado para beneficio de la empresa privada y, sus realizaciones tácticas más importantes son: la disminución de los impuestos para el sector privado y la flexibilización laboral para los trabajadores. La ausencia absoluta de inversión en la matriz productiva obliga al Estado a recurrir al endeudamiento externo para paliar la crisis estructural que el modelo implica, convirtiéndose la deuda externa en un mecanismo expansivo del cual es imposible salir y cuyo efecto real sobre la economía de nuestros países es la dependencia y el subdesarrollo.

Para llevar adelante un modelo de esta naturaleza hay que ser genéticamente pro capitalistas. Alberto Dahik, Guillermo Lasso, Richard Martínez, Pablo Arosemena, Alarcón, Nebot son parte consubstancial de este rebaño. Lenin Moreno es su instrumento político, como un piano, que suena sólo cuando le acarician las teclas.

El progresismo correista parte de la concepción ética de que la riqueza social debería ser mejor distribuida. No es una idea radical, ni nada tiene que ver con las concepciones del comunismo marxista, no llegan ni siquiera a rozar seriamente el socialismo como concepción teórica, se basa en la idea humanista de que  no es justo que a nivel global la riqueza se concentre en poco más del 2% de una población mundial que bordea los 8 mil millones de seres humanos, se basa en la lógica, entonces, más allá de la teoría o de las ideologías, aunque las ideologías contestatarias a esta realidad coincidan con ese infalible sentido común. Es a esta lógica que Lenin Moreno traicionó, convirtiéndose en su sepulturero cuando su obligación era darle continuidad y fortalecerla. Es en este nivel donde su traición alcanza dimensiones históricas.

¿QUÉ ES LO QUE LENIN MORENO ES INCAPAZ DE COMPRENDER DE LA REALIDAD ACTUAL?

            Personalidades como las de Lenin Moreno son patológicamente limitadas para comprender cuál es el sentido de la Historia. No pueden distinguir la delicada línea que separa una época de cambios de la de un cambio de época. Los fenómenos globales del desarrollo económico ligados a la transformación inverosímil de la ciencia y la tecnología nos están exigiendo nuevas comprensiones de la realidad, cuya esencia primordial es aceptar que el capitalismo ha preparado ya, ahora en el siglo XXI, las condiciones cualitativas para el cambio de sistema. Ese nuevo sistema es el socialismo que, por lógica histórica, se tiene que desenvolver sobre la base tecnológica y científica preparada por el capitalismo desde su nacimiento. Esa transición es la que vive la humanidad en los momentos actuales y lejos está de ser pacífica y ordenada, por el contrario, la violencia será una de sus más dramáticas características. Doble violencia, la que ejercerán los defensores del viejo sistema y la que desplegarán los aupadores del nuevo. Es el fin del capitalismo corporativo mundial que no resistirá el empuje del 98% de la población mundial, asediada por el hambre y las necesidades. Es el momento de la expropiación revolucionaria de las nuevas tecnologías capaces de producir por arriba de las necesidades del ser humano y que ahora son aprovechadas de forma privada por los dueños del capital. Sólo hay un argumento a favor de los defensores del “ancian regim” y es el de la fuerza atómica. Nada es imposible para los dueños del poder que no dudarán en hacer volar el planeta  si de defender sus privilegios se trata.

            Es en el marco de esta restauración neoliberal que se explican todas las medidas políticas y de economía política adoptadas por el gobierno de Lenin Moreno. Recortes en los presupuestos de educación que afectan a cerca de un cuarto de millón de niños, en salud pública, en vialidad, en infraestructura, en reforma del Estado, la reducción de aranceles que permite la fuga de dólares en una economía dolarizada y la supresión del impuesto a la renta que obliga al gobierno a endeudarse más sólo para cubrir el servicio de la deuda y hace imposible controlar el pago del impuesto a la renta. La ley Económica Urgente enviada a la Asamblea Nacional para su discusión, refleja de forma ordenada, los intereses de las élites nacionales y rubrica de forma agresiva la traición neoliberal de Lenin Moreno a los ideales del progresismo ecuatoriano. Es esta ley la que configura la imagen de un país sentado en una silla de ruedas, aquejado de apoplejía e incapaz de afrontar los retos que nos plantea el futuro.

            Lenin Moreno es un político ignorante que confunde la administración de una empresa con la conducción del Estado. Básicamente no entiende que desde el poder se tiene que trazar rutas, perfilar derroteros que permitan marchar a la nación a un futuro mejor. Defender las viejas fórmulas fondomonetaristas es insistir en el fracaso y cerrar los ojos a las nuevas realidades que están comenzando a nacer. Si sus decisiones le afectaran a él y a su familia, poco importaría, pero está jugando con la suerte de quince millones de ecuatorianos.

LOS EJES DE LA RESTAURACION PROGRESISTA

            Todo hace pensar que avanza una segunda ola del Progresismo a nivel latinoamericano. En Argentina la conciencia sembrada por el kischnerismo acaba de dar un golpe contundente al fondomonetarismo, en Chile se rompió el dique neoliberal impuesto por la dictadura pinochetista, en Ecuador el pueblo indignado salió a las calles a protestar contra su ignorante mandatario, Bolivia reafirmó su marcha indetenible a un nuevo tipo de socialismo reeligiendo a Evo Morales, Venezuela resiste, Haití eleva su voz, Uruguay se agita, en Puerto Rico crece la conciencia nacionalista, México mantiene firme el timón del progresismo renovador. La Historia como una fuerza que sube indetenible en la espiral evolucionista, nos está pidiendo el concurso de la inteligencia humana, porque sola no es suficiente. Esa inteligencia es la de los pueblos que han comenzado su marcha para rebozar con su contenido el continente caduco del “capitalismo salvaje”. Restaurar el Progresismo será el aporte que el pueblo ecuatoriano hará a la gran marcha de los pueblos, aliado con las fuerzas revolucionarias que saben que en el horizonte se perfila el socialismo renovador y profundo. Estas son las claves para avanzar en la lucha político-económica de restauración del progresismo en el Ecuador:

El progresismo, “de aquí en adelante, tiene que ser, sobre todo, un movimiento político-ideológico con una sólida estructura partidaria, capaz de dar dirección revolucionaria al movimiento. Sin esos elementos no se podría avanzar.

            La clave de la lucha política está en profundizar todas las iniciativas político-económicas implementadas por el correismo en la primera etapa. Profundizarlas significa radicalizarlas, pero, por otro lado, se necesita avanzar, ir más allá en la lucha contra la oligarquía. Para hacerlo se tiene que tener concepciones político-ideológicas sobre estos tres temas fundamentales:

  1. El poder
  2. La matriz productiva y
  3. La educación

            Sobre el primer punto. Se debe tener claro que toda lucha política gira en torno del poder del Estado que va, desde una Junta Parroquial hasta la Presidencia de la República. El poder no es poder si no tiene el respaldo del pueblo, entendido como la suma de todos los sectores populares, de los sectores medios pauperizados, minorías inconformes, profesionales progresistas, feministas, jóvenes, jubilados, ecologistas etc., etc., etc. Tampoco es poder efectivo si los sectores sociales no están en capacidad de movilizarse constantemente por sus aspiraciones. Es el partido el que se encarga de movilizar a su militancia y sus aliados. En el ámbito del poder hay que definir una política de alianzas bajo el principio de ir de la izquierda (el partido) hacia el centro, nunca al revés y siempre bajo un acuerdo programático.

                        Sobre la matriz productiva. Dar prioridad a la producción agrícola para desplazar paulatinamente al sector industrial a un segundo plano. El fin es producir más valores de uso, lo que tendería a una transformación profunda a mediano y largo plazo de nuestra forma de vida. La base de este proceso es la implementación de una Reforma Agraria que elimine, de forma definitiva, la gran propiedad terrateniente y el latifundio, acercándonos al ideal de un Sumak Kawsay actualizado que armonice la vida del ser humano con la naturaleza y mantenga el equilibrio dinámico de la economía.

            Y tres, la educación. Es en este sector donde comienza una verdadera revolución. Se debe implementar una educación nacional, igual para todos, sustentada en el principio básico del servicio y no del lucro, profundamente humana y solidaria”.[1]

            Este es el sentido de la Historia, aspecto sobre el cual nuestro mandatario no tiene ni la menor idea. La nación, al igual que él, se encuentra con apoplejía. La restauración progresista tiene que echarla a andar.

05-11-2019


[1] Véase: Oviedo Rueda, Jorge: Hablar claro y sin complejos: https://wordpress.com/block-editor/post/nucanchisocialismo.com/1111

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QUE SE VAYAN TODOS

El doctor Diego Delgado Jara plantea que el lei motiv de la presente protesta popular debe ser la exigencia de que se “vayan todos”, es decir, poder ejecutivo, poder judicial y poder legislativo bajo el argumento de que todos han sido elejidos con un fraude científico cocinado durante el régimen correista. No es imposible, pero al no ser capaces de demostrar jurídica, constitucional y políticamente tamaña afirmación, un elemental sentido común nos dice que no podemos actuar fuera de las reglas establecidas por el sistema. Si un político como el doctor Delgado ha aceptado esta legalidad, tiene que jugar con ellas.

Si no es así ¿qué plantea? ¿Una insurrección armada que barra con todo lo que existe? En el supuesto caso de que la presión popular llegara a mandar a todos ¿quiénes serían los reemplazantes? Parece que el doctor Diego no aprende que la honestidad es un cuento inventado por los burgueses para mantener la dominación sobre los humildes. ¿Su probada honestidad no se hizo trizas cuando pretendió postularse como fiscal? Hoy ese cargo ocupa un personaje incondicional a los intereses del sistema, no un hombre honesto como él.

Una visión revolucionarista como la del doctor Delgado hace más mal que bien a los intereses del socialismo. Esa corriente en el Ecuador no entiende que el progresismo latinoamericano es la izquierda posible en nuestros países. Si en el Ecuador el correismo no cumplió los objetivos del progresismo, es el correismo el que fracasa, no el progresismo. Quitarle un bocado a las élites dominantes no está mal, siempre y cuando junto a ese progresismo vaya una corriente revolucionaria con fuerte apoyo popular que obligue al reformismo a girar a la izquierda, cosa que en el caso del Ecuador nunca sucedió, porque posiciones revolucionaristas como las del doctor Delgado terminaron coincidiendo con la oposición clasista de la derecha.

Hoy la izquierda revolucionaria tiene que ser la estructura ósea del progresismo latinoamericano, hoy hay que plantear una alianza clasista que vaya de la izquierda al centro, aprovechando la fuerza que líderes progresistas como Rafael Correa tienen. El socialismo auténtico, ecuatoriano y creador no tiene miedo de plantear una alianza con el correismo, como única vía para salir de ese revolucionarismo estéril que se ha pasado cincuenta años diciendo que es la verdadera izquierda y nunca a podido ganar unas elecciones. Ñukanchik Socialismo es esa izquierda sin complejos que quiere darle una vualta más a la tuerca del progresismo correista.

Si hay corrupción en el correismo eso no invalida los ideales del progresismo latinoamericano, así como la corrupción dentro de la iglesia católica, apostólica y romana no invalida los ideales de paz y amor de Cristo.

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LA HISTORIA COMO ARMA DE LA VERDAD

TESTIMONIO DE UN SOCIALISTA REVOLUCIONARIO

        En los años setenta del siglo pasado yo era estudiante del colegio Montufar en Quito. La celebridad estudiantil que me dio la medalla de oro obtenida en el Concurso del Libro Leído que promovía ese maestro de juventudes que fue Luis Romo Dávila, hizo que los grupos de izquierda pusieran sus ojos en mí. El PCML que estaba despuntando, el partido comunista y el socialismo revolucionario. Un día, por alguna razón que no me acuerdo, fui a parar en la Federación de Trabajadores de Pichincha (FTP). Ahí conocí a un dirigente de terno y corbata que hablaba casi en silencio, echando el brazo sobre los hombros de su contertulio y diciendo cosas que invitaban a soñar. Se llamaba Telmo Hidalgo. Él, después de mi maestro de Historia Manuel Oña Silva, fue el primero que me habló del socialismo. Yo solía ir los martes a la FTP a una especie de audiencia que los dirigentes de la Federación tenían con sus afiliados, sindicatos, comités de empresa y otras formas de organización popular. Se me hizo familiar la figura de Telmo y terminó sugiriéndome que formara una célula del PSR. Tres compañeros del colegio y dos más terminamos conformando una célula de la Juventud Socialista Revolucionaria. Ese es mi origen en la política de izquierda. No había cumplido todavía los veinte años y, desde entonces, el activismo político contra Velasco Ibarra fue una constante.

Comencé a trabajar desde muy temprana edad para ayudar a mi madre. Uno de esos trabajos iniciales fue de reportero en el recién inaugurado Canal 8 de TV que se inició con una alianza empresarial del grupo de El Comercio con Xavier Alvarado Roca, de Guayaquil. Fui el primer reportero del noticiero de esa empresa y mi jefe fue un periodista de Radio Quito llamado Jorge Zaldumbide. Entre compañeros de ese trabajo recuerdo a Fredy Ehlers y al escritor Rodrigo Villacis Molina. En mi trabajo entrevisté, en dos ocasiones, al doctor Manuel Agustín Aguirre, entonces rector de la Universidad Central. La primera fue una entrevista de análisis coyuntural del gobierno de Velasco y la segunda después que explotó una bomba terrorista en la Editorial Universitaria. Yo protestaba en las calles a escondidas de mis jefes. El doctor Aguirre sabía de mi vinculación al PSR. Me concedió la entrevista y, entonces, todo se derrumbó. Nada de lo que me dijo salió al aire. Zaldumbide manipuló la entrevista y le hizo decir negro donde Aguirre había dicho rojo.  Aguirre sólo me perdonó diez años después, cuando regresé de Cuba. Lo hizo también porque ya se había publicado el libro de Felip Agge en el que cuenta que Zaldumbide trabajaba para la CIA. En toda esta febril actividad de militante jamás vi en la calle al doctor Enrique Ayala Mora, que ahora dice haber sido militante del socialismo desde las aulas colegiales.[i] En la católica había un núcleo democristiano que apoyaba a Hernán Malo Gonzáles, entre cuyos fervorosos integrantes estaba Ayala Mora ¿Socialista?

            Bueno, pero sigamos. Diez años estuve fuera del Ecuador, estudiando. A mi regreso, lo primero que se me ocurrió fue ir a la FTP. Como la primera vez, volví a encontrar al maestro de corbata y sombrerito chagra, Telmo Hidalgo. Me puse a sus órdenes y, de inmediato, comenzó mi militancia. El compañero Hidalgo me dijo que había que hacer algunos cambios en el partido, pero que por nada podíamos descuidar la construcción del Tercer Frente. Admirado le pregunté que qué cosa era. “El brazo armado del partido”, me dijo. Me fui feliz ese día a mi casa. Creí que la revolución en el Ecuador iba por buen camino.

            El mismo compañero Hidalgo días antes del XXXV Congreso del PSR habló conmigo y me dijo que se estaba pensando en el nombre de un compañero del Azuay para la dirección del PSRE. -¿En quién? -pregunté. -En el doctor Víctor Granda Aguilar -me respondió. -¿Le conoce? –me dijo -No, -le respondí. -Creo que es la mejor opción, por el momento –afirmó-. Tenemos que proyectarnos a la sociedad, compañero. Estamos muy enclaustrados en los gremios sindicales. -¿Cree usted que el compañero Granda garantiza la dirección revolucionaria del partido? –pregunté-. –Me parece que si –me dijo y yo le respondí: -Habrá que ver.

            Han pasado casi cuarenta años desde entonces. El PSRE ha desaparecido en su estructura y en sus concepciones. Ha prevalecido una corriente reformista, electoralista e inorgánica que nunca fue protagonista de nada importante en el plano político, siempre de furgón de cola del centro político y de figuras individuales que lejos estuvieron de representar la doctrina y el pensamiento del socialismo revolucionario. Veamos este proceso a grosso modo.

EL FRENTE SOCIALISTA

            Después del XXXV Congreso del PSRE una reflexión colectiva dentro del partido fue la reagrupación de la tendencia socialista en el Ecuador. Se hizo contacto con los dirigentes de todos los movimientos socialistas o cercanos al socialismo para explicarles la necesidad de la unidad socialista. Concurrieron la Izquierda Cristiana en su versión de la Tendencia Socialista, cuyos dirigentes principales eran, en ese tiempo, Pablo Suarez y Gerardo Venegas, se habló con la fracción del MIR dirigida por Patricio Icaza, con José Chávez de la CEOLS y otras expresiones sindicales que estaban cerca del socialismo. La iniciativa del PSRE tuvo buena acogida y la corriente socialista tendía a unificarse.

En ese proceso apareció una figura del viejo PSE que para entonces ostentaba la dirección del mismo. Se trataba de Alberto Cabeza de Vaca quién planteó la conveniencia de volver a la legalidad al PSE. Sin previo aviso, ni antecedentes conocidos, en el preciso momento que surgió la posibilidad de legalizar el PSE, apareció la figura de Enrique Ayala Mora, convirtiéndose, con Víctor Granda, Hernán Rivadeneira, Manuel Salgado y otras figuras en los entusiastas promotores de la integración del PSRE al PSE. La militancia de Azuay, Imbabura, Loja y Guayas encabezada por Jorge Reinols, advertimos, en sucesivos Comités Centrales del Partido, lo peligroso de la propuesta dado que el PSRE podía ser subsumido por el viejo PSE y desaparecer. Desde entonces se configuraron dos posiciones al interior del socialismo: una que defendía la existencia del PSRE como una estructura selectiva, de centralismo democrático, concebida bajo los principios del marxismo-leninismo y la otra que abogaba por un partido abierto de masas al que había que prepararlo para la confrontación electoral.[ii]

El triunfo de Edelberto Bonilla a la diputación por Chimborazo anuló toda polémica en torno a la naturaleza del partido. La corriente revolucionaria, que sintetizaba toda la tradición de lucha del socialismo desde su fundación, incluida su ruptura ideológica en el año 63, fue de inmediato anulada por los dirigentes agrupados alrededor de la secretaría de Víctor Granda, siendo uno de los que mayor peso tenía el doctor Ayala Mora. Con la acusación de infantilismo de izquierda y con la tesis de “avanzar sin discutir” impusieron la línea electorera en el socialismo ecuatoriano. Granda Aguilar, Ayala Mora, Rivadeneira y, posteriormente, Germán Rodas y otras figuras, ahogaron al socialismo revolucionario en aras de una participación electoral que, según ellos, terminaría llevando al socialismo al poder. Diego Delgado en el Azuay, Jorge Reinols en el Guayas, yo en Pichincha y muchos otros compañeros en todo el país, dimos la batalla por preservar las concepciones revolucionarias del PSRE y su estructura orgánica. Entre 1984 y 1995 produje muchos documentos que así lo demuestran.[iii]

            En 1984 el PSE candidatizó a Manuel Salgado Tamayo a la presidencia de la república con lo cual estuvo de acuerdo la militancia del socialismo revolucionario, porque era una oportunidad de proyectar, a nivel nacional, la imagen y las tesis del socialismo, que la corriente revolucionaria pensó siempre serían las suyas. Nada de eso sucedió. Ayala Mora y la camarilla socialdemócrata que se había tomado la dirección del partido anularon lo que ellos llamaban infantilismo de izquierda y dieron rienda suelta al entusiasmo electoral. Dos años después de la candidatura de Salgado Tamayo el socialismo llevó ocho diputados al Congreso Nacional. Figuras como la de Fernando Guerrero, el propio Ayala Mora, Segundo Serrano, Diego Delgado, Raúl Patiño y otros aparecían como una muestra palpable del triunfo de la corriente electoralista. El socialismo revolucionario quiso sacar provecho del éxito electoral momentáneo y planteó un agresivo plan de organización partidaria y educación política a su militancia. Yo era su Secretario Nacional de Organización.[iv]

AYALA MORA CANDIDATO A LA VICEPRESIDENCIA

            En 1988 esta corriente electoralista, a la que nada le importaba la preparación ideológica de la militancia ni su estructura orgánica, hizo un pacto con el APRE del General Frank Vargas Pasos para presentarse a las elecciones presidenciales, siendo el militar el candidato a la presidencia y Ayala Mora a la Vicepresidencia. El fracaso fue rotundo, pero, después de esta triste aventura electoral, Ayala Mora se convirtió en entusiasta partidario de fusionar al socialismo ecuatoriano con el APRE, demostrando con ello, no sólo desprecio por la teoría revolucionaria, sino una descarada conducta electorera. Los socialistas revolucionarios nos opusimos, como puede verse en este documento que yo hice circular entre la militancia nacional[v]. La posición liquidacionista de Ayala Mora hacía mayoría en el Comité Central del partido, pese a lo cual, la militancia histórica del PSRE no permitió su liquidación.

EL TRIUNFO DE DIEGO DELGADO A LA SECRETARÍA GENERAL DEL PSE

            El triunfo de Diego Delgado a la Secretaría General del Partido Socialista Ecuatoriano en el año 1991 fue el triunfo de la corriente revolucionaria. Lastimosamente, a nivel de dirección, el doctor Delgado estuvo secuestrado por la corriente electoralista que seguía haciendo mayoría en el Comité Ejecutivo y el CC del partido. Una muestra de esto fue que ese Comité Central resolvió la candidatura de León Roldós Aguilera para las elecciones presidenciales de 1992. La corriente de izquierda logró que se aceptara como binomio de Roldós el nombre de Santiago Pérez Romolerux. Roldós no estuvo de acuerdo y, en un Comité Central realizado en Quito, impuso, con amenazas de renuncia a la candidatura, el nombre de Alejandro Carrión Pérez. Yo era el Secretario Administrativo del CEN, había sido nombrado secretario ad hoc de ese Comité Central y también coordinador nacional de la campaña electoral. Tenía derecho a voz en ese Comité Central pero cuando quise intervenir para protestar por el proceder grosero y autoritario de Roldós el doctor Granda, por pedido de Ayala, me lo impidió, aduciendo mi condición de empleado del partido. Nunca antes se habían violado de forma tan flagrante los derechos de un militante histórico y destacado. Ayala Mora lo hizo, con lo cual le estaba quitando la voz a la militancia revolucionaria que nunca estuvo de acuerdo con la candidatura de León Roldós Aguilera.

En esa misma línea estos dirigentes se aliaron a Sociedad Patriótica y apoyaron la candidatura del Lucio Gutierrez en 1996, dejando de lado todo desarrollo teórico y de formación política de la militancia para aprovecharse de las ventajas que da una diputación y mover influencias para sacar provecho personal como fue la creación de la Universidad Andina que, en el colmo de la ironía, Ayala Mora dijo, en algún momento, sería la escuela de cuadros del partido. Los sueldos y las prebendas personales obtenidas, así como haberse convertido en el refugio pagado de todos sus aduladores, demuestran las santas intenciones del “brillante académico” Ayala Mora.  Roldós se comportó como un capataz en esa campaña[vi] y el socialismo “patiamarillo” que lo apoyó quedó apaleado por el fracasó electoral. La militancia histórica de izquierda decidió reagrupar sus fuerzas. Desde la Secretaría Provincial de Pichincha, Fernando Maldonado y yo, tratamos de hacerlo.

EL XXXIV CONGRESO DEL PSE

            La gestión de Diego Delgado Jara en la dirección nacional del PSE no permitió tampoco avanzar en el proceso de construcción partidaria. El mismo doctor Delgado parecía no tener mucha conciencia de la importancia de consolidar orgánica e ideológicamente el partido, pero su gestión como diputado socialista en el Congreso Nacional ubicaba su figura como uno de los más destacados dirigentes de la izquierda nacional. El intento de asesinato que el régimen febrescorderista hizo con él, le había convertido en un referente de honestidad y consecuencia del pensamiento socialista. Al final de su período la corriente revolucionaria trató de mantener la dirección del partido lanzando mi candidatura a la Secretaria General. Hice una campaña nacional, recorriendo provincia por provincia, incentivando a los compañeros a dar la batalla por conservar el pensamiento socialista y combatir la corriente electoralista.  En cada provincia de costa, sierra y oriente encontré núcleos de compañeros revolucionarios dispuestos a dar la batalla. Al fin se realizó el Congreso.

Diego Delgado confió la conformación de las delegaciones a Rubén Andrade, quién para entonces fungía de Secretario de Organización del PSE. El resultado fue que en casi todas las provincias se inflaron las delegaciones con nombres, muchas veces ni siquiera militantes, partidarios de Granda y Ayala Mora. A tal nivel de descaro llevaron las cosas que a mí me negaron el derecho de ser delegado por Pichincha, donde había militado y luchado por más de treinta años. Las delegaciones de Pichincha, Manabí y Esmeraldas fueron descaradamente manipuladas por Andrade para favorecer la candidatura de Víctor Granda Aguilar que era mi contrincante. Pese a todo, Granda ganó esas elecciones con apenas cuarenta votos por arriba de mi candidatura, como puede verse en el acta de escrutinios que estoy adjuntando.[vii]

            A partir de este Congreso el Partido Socialista Ecuatoriano quedó en manos de la corriente electoralista. Granda Aguilar promovió mi expulsión del partido valiéndose de Tartufos como Eduardo Paredes, Jorge Granda o Germán Rodas. Por salud mental y corporal decidí alejarme de la militancia partidista, convencido de que una vez más la corriente “patiamarilla”, presente en el socialismo desde su sesión fundacional en 1926, se había blindado en la dirección del partido por otro largo período.

LA IRRUPCION DEL PROGRESISMO LATINOAMERICANO EN EL ECUADOR

            A comienzos del presente siglo la ola del progresismo se extendía por todo el continente. El chavismo en Venezuela, el krishnerismo en Argentina, el PT en Brasil, el MAS en Bolivia, en Uruguay, Paraguay. El Ecuador estaba asfixiado por los gases tóxicos de casi dos décadas de partidocracia. Habíamos sufrido el duro golpe del feriado bancario, la corrupción reinaba en el sector público y privado, la inestabilidad política nos había hecho padecer siete presidentes en menos de una década y, en fin, el Ecuador estaba comido por la deuda externa y al borde de la disolución.

El nombre de Rafael Correa Delgado comienza a oírse como propuesta para sacar las castañas del fuego. Su discurso, prestado a la izquierda revolucionaria, llamó pronto la atención. Todos los sectores, políticos y sociales, del centro a la izquierda, le brindaron su apoyo, incluido el FADI-Socialismo que no era otra cosa que la fusión orgánica e ideológica del Partido Socialista Ecuatoriano con el Partido Comunista. Lo que no había sucedido en más de 90 años, Ayala Mora y su camarilla, juntándose con el reformismo comunista, lo habían logrado. “Es la unidad natural de la izquierda” declaraba el académico. La reflexión de esa izquierda, a la que yo he denominado boba, era que, estando adentro, ellos tenían “gobierno propio”. Correa les resultó blando por fuera, duro por dentro. “Los que vinieron con agenda propia” –les advirtió en su primer discurso-, “pueden tomar el camino y regresar por donde vinieron”.

Parece que Correa no consideró el nombre de Ayala Mora para un ministerio o la cancillería y, desde entonces, comenzaron a combatirlo, por odio, ahora con el insólito argumento de que ellos representaban la corriente revolucionaria dentro del Fadi-Socialismo. Ellos que tenían una agenda reformista coincidente con las del comunismo tradicional y ahora con el correismo, se amparaban en el membrete del PSRE al que habían hecho desaparecer y combatido de forma inmisericorde por “infantil y radical”. Los sepultureros del SR ahora se proclamaban sus salvadores. ¡Jamás se ha visto un nivel de desvergüenza política como la que tienen Ayala Mora y su camarilla! La fracción comunista, encabezada por Rafael Quintero, se quedó dentro del correismo, sumisa al caudillo y siendo corresponsable de la actual situación que tiene el Ecuador. El socialismo ““patiamarillo”” ha tomado distancia del correismo amparándose en el membrete del Socialismo Revolucionario, pero sin aportar ni una sola idea de cambio y enriquecimiento de la teoría revolucionaria, suscribiendo las mismas tesis del correismo pero advirtiendo que, para que sean válidas, tienen que estar dirigidas por ellos, es decir, con otro estilo, mas laigh y rosadito, con chaleco y leontina, importados desde Inglaterra, probablemente. Una forma de fraude ideológico que tiene engañadas a las nuevas generaciones de socialistas.

            Casi medio siglo de historia de la izquierda socialista en el Ecuador culmina ahora con la elección inducida a la Secretaría General del PSE -que ahora ellos reivindican Revolucionario-, del académico Enrique Ayala Mora al que no se cansa de echar flores y mieles ese estentóreo político socialista llamado Manuel Salgado al que en nuestra época llamábamos “Trucutú” por ser muy ruidoso y no hacer nada. Esa es la historia. Veamos ahora sus consecuencias.

¿PUEDE EL SOCIALISMO “PATIAMARILLO” SER LA IZQUIERDA EN EL ECUADOR?

            La izquierda boba que nació con el pecado original de ser de clase media y de clara tendencia arribista nunca pudo, ni puede ahora, ni podrá mañana, definirse como la izquierda auténtica del Ecuador. Para hacerlo tendría que demostrar estar a la izquierda de Correa. Pero eso es imposible por dos razones:

            1.- Su historia les condena. Telmo Hidalgo, Laura Almeida, Manuel Agustín Aguirre, que son los referentes del Socialismo Revolucionario, deben revolcarse en sus tumbas cada vez que los actuales dirigentes “patiamarillos” reivindican sus nombres. Esos dirigentes sepultaron el Socialismo Revolucionario y han definido, por cerca de cuarenta años, una línea política socialdemócrata, reformista, claramente de centro, coincidente, en lo esencial de lo teórico, con el pensamiento de líderes reformistas como Rafael Correa al cual denostan y combaten únicamente por animadversión personal. Una especie de envidia histórica porque ven en su figura lo que ellos jamás podrán ser ni hacer. Dirigentes como Ayala Mora demuestran menos honestidad que dirigentes como Rafael Quintero que se identificó de manera abierta con el correismo en la equivocada idea que, desde adentro, ellos podrían llevar adelante el proceso con más éxito y menos ex abruptos que Correa. Ayala vuelve a cometer un crimen político al membretarse Socialista Revolucionario para diferenciarse de Correa y el correismo a sabiendas de que nunca, en estos últimos cuarenta años, ha aportado con una línea de definición teórica para hacer avanzar la teoría revolucionaria. Y es esa, precisamente, la segunda razón por la cual el socialismo “patiamarillo” de Ayala Mora, Granda y compañía, jamás llegará a ser la izquierda auténtica en el Ecuador.

            2.- En la línea “patiamarilla” del socialismo ecuatoriano todo es falso. Que tienen una línea propia y creadora del socialismo en el Ecuador, en ellos sólo es una fraseología vacía. Ninguno de estos dirigentes se ha acercado siquiera al arduo trabajo teórico de conceptualizar una posición propia del pensamiento socialista. Tienen el descaro de definirse marxistas y, muchos de ellos, leninistas, cuando en su práctica política desprecian esa teoría y apenas llegan a la socialdemocracia.

            Por estas dos razones, jamás esta izquierda boba y “patiamarilla” llegará a ser la izquierda auténtica del Ecuador

¿DONDE ESTA ESA IZQUIERDA AUTÉNTICA?

            La línea mariateguista de peruanizar al Perú, define la corriente revolucionaria del socialismo ecuatoriano. Belisario Quevedo nos enseñó a pensar en lo nuestro. Nombres como el de Manuel Agustín Aguirre nos recordaron siempre la importancia de ser fieles a los instrumentos teóricos del marxismo y dirigentes como Telmo Hidalgo nos han servido de ejemplo para mantenernos junto al pueblo.

La irrupción de Rafael Correa en el ámbito político nacional no es un hecho intrascendente como la izquierda boba nos quiere hacer creer. Correa y el correismo marcan un antes y un después en la política nacional. La acción de Correa abarcó dos niveles, el material y el ideológico.

En lo material su accionar se ve en la construcción de una red vial sin precedentes, en la generación eléctrica, en la construcción de puentes, multi propósitos, aeropuertos, puertos, una reforma del Estado, de la educación y del sector de la salud que nunca fueron tocados por el poder de la partidocracia, dando con ello término a la trunca revolución alfarista y consolidando la creación del Estado-nación.

En el nivel ideológico Correa se ocupó de elevar el nivel político del pueblo a través de sus discursos y las comparecencias de alcance nacional que cada sábado hacía. Tampoco es un mérito menor su defensa de la soberanía nacional y su enfrentamiento con los organismos internacionales de crédito y el poder norteamericano. Su defensa de bloques económicos y políticos como UNASUR y su acercamiento a procesos revolucionarios como el venezolano son, qué duda cabe, méritos de este líder que, sin ser revolucionario, hizo lo que nunca los dirigentes de izquierda llegaron a hacer. Lástima que Correa no tuvo una oposición de izquierda que con respaldo popular le obligara a radicalizar paulatinamente el proceso. Ahora está claro que el progresismo sin dirección revolucionaria sólo sirve para fortalecer el desarrollo y modernización del capitalismo. En las condiciones económico-sociales en que se desenvuelven los pueblos latinoamericanos, entre ellos Ecuador, ya no es suficiente sacar de la pobreza a unos cuantos millones de seres humanos, sino que va siendo necesaria una verdadera transformación revolucionaria.

Ayala Mora, Rafael Quintero y toda esa izquierda oficial jamás comprendieron la necesidad de construir una oposición pro activa desde afuera, capaz de obligar al correismo a depurarse sobre la marcha y radicalizar, cada vez más, sus acciones, pero si fueron capaces de sumarse a la campaña de odio orquestada por la derecha con lo cual se convirtieron en responsables directos del fracaso de un proyecto que, de haber sido llevado con sabiduría, podía haber llegado a ser irreversible.

Si podemos interpretar correctamente la Historia, es posible avanzar. La dialéctica marxista lo hace posible. El abandono de las concepciones revolucionarias y la obstinada negación que la corriente “patiamarilla” hizo de la discusión teórica, obligó a la corriente revolucionaria a replegarse sobre sus propias concepciones como único recurso para conservarlas y desarrollarlas.

Una concepción socialista, enraizada en el pensamiento ancestral y la forma de vida de los pueblos y nacionalidades aborígenes que comprende la importancia del aporte marxista en la teoría de la lucha social de los pueblos, está en proceso de formación. Esa corriente se esfuerza por integrar una nueva visión epistemológica de la realidad y asume, con frontalidad, los errores cometidos por el socialismo del siglo XX para superarlos y avanzar al cambio. Son justamente esas concepciones las que ubican a esta corriente de pensamiento a la izquierda de procesos reformistas como los que representa Rafael Correa Delgado y cuyos contenidos le dan pleno derecho para reclamarse parte integrante de la verdadera izquierda revolucionaria en el Ecuador y América Latina.[viii]

Ñukanchik Socialismo es la expresión de la corriente revolucionaria que nació en 1926 en el seno del PSE y durante noventa años ha sido asfixiada por el socialismo “patiamarillo” en todas sus versiones. Recoge, en sus concepciones, el acumulado histórico de la teoría y la lucha del socialismo revolucionario; plantea, como una necesidad histórica, una alianza político-programática que vaya de la izquierda al centro con el progresismo correista, con independencia absoluta y libertad para aportar, criticar y conducir el proceso de cambio revolucionario que el Ecuador necesita.

05-09-2019


[i] El mismo cuenta, en una nota en la que detalla sus méritos, haber sido miembro del club “Domingo Sabio”.

[ii] Entonces, como un aporte a la discusión teórica yo puse a consideración de la militancia del partido un Documento titulado: Nuestro partido de cuadros es nuestro partido de masas que fue leído con interés por la militancia nacional e ignorado olímpicamente por la camarilla patiamarilla de Granda, Ayala y companía.

[iii] Véase: La teoría leninista del partido, mimeo, agosto de 1985; Socialismo revolucionario, mimeo, Quito, octubre 1986; Partido Socialista Ecuatoriano, proceso y construcción, mimeo, Quito, junio 1988 y muchos otros documentos coyunturales sobre la construcción del Partido, que reposan en mi archivo.

[iv] Véase: El carácter y los objetivos del PSE, documento de discusión, mimeo, Quito, abril de 1989; Sobre la construcción partidaria, mimeo, Quito, noviembre de 1992 y mucho más material que demuestra el afán que el socialismo revolucionario tenía de discutir cuestiones teóricas de vital importancia.

[v] Oviedo Rueda, Jorge: Defendamos nuestro partido! Digámosle no a la fusión con el APRE, mimeo, Quito, marzo de 1995.

[vi] En carta dirigida al doctor Delgado Jara para renunciar a mi cargo de Coordinador Nacional de la Campaña electoral, entre otras cosas decía: “Y por último (renuncio), porque todavía creo en la dignidad. No soy de aquellos que piensan que la dignidad se la puede guardar en un cajón para usarla sólo cuando el peligro haya pasado. Me es imposible trabajar con y para un hombre que es incapaz de distinguir la diferencia que hay entre los términos compañero y sirviente. Si Roldós no acepta ser nuestro compañero, mal haríamos nosotros en aceptar ser sus sirvientes.”

[vii] Archivo JOR.

[viii] Véase otros documentos como: Proyecto Ecuador, una propuesta socialista, mimeo, Quito, 1993-documentos sobre la discusión teórica necesaria para levantar una propuesta socialista ligada a nuestras raíces ancestrales, pueden verse en mi blog: nucanchisocialismo.com

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REFLEXIONES IRREVERENTES DE UN IBARREÑO MAL HABLADO

LOS PUEBLOS DEL ABYA YALA

            Lo más parecido al paraíso prometido por la religión católica estuvo en lo que ahora son las tierras americanas. Caciques cojonudos reinaban en naciones soberanas que respetaban la naturaleza. Tempranamente un monje inglés ubicó a la Utopia en estas tierras señalando que sus habitantes no conocían ni la propiedad privada ni el Estado. Para la voracidad de la empresa privada que sostuvo la conquista el “nuevo mundo” era tierra virgen, en la que estaba permitida la muerte y el latrocinio. Derribaron el Templo del Sol en el Cuzco y El Templo Mayor de Tenochtitlan, con lo cual enterraron miles de años de nuestra Historia. Cuando un sacerdote jumento quemó los códices de la sabiduría maya y azteca, nos estaban pinchando los ojos con el fuego de la ignorancia. Desde entonces sólo hemos escuchado la voz de los sátrapas. Es hora de volver a la grandeza de nuestras raíces.

LA CONQUISTA

Sangre, dolor y enfermedades trajo la ignara tropa de conquistadores. Con la riqueza de América apuntalaron la civilización del lucro y el egoísmo que ahora prevalece. De no haber habido la “solución de continuidad” que hubo en la historia de nuestros ancestros habríamos llegado a las estrellas sin naves, con la ciencia del corazón, sabiduría con la que los hombres de metal que vinieron del “viejo mundo” se limpiaron el culo. Nos quitaron la tierra y nos dominaron por el hambre. Es hora de volver a la ciencia que tiene en el corazón su laboratorio.

LA RELIGIÓN         

            La religión católica, apostólica y romana convirtió en microbio al ser humano, lo denigró y lo sembró en la inferioridad. Los curas hijueputas han sido una plaga peligrosa y persistente que nos ha chupando la sangre desde hace más de quinientos años. Con sus letanías de odio persiguieron las creencias panteístas que los pueblos originarios tenían. Creer en el sol o en una montaña era tener una religiosidad racional que ponía al ser humano junto a la deidad y no debajo de ella. A más de crearnos ese sentimiento de inferioridad y de culpa -que nunca experimentaron nuestros pueblos originarios-, nos hicieron ver al trabajo como una maldición, para colmo, a la que estábamos condenados sin beneficios ni esperanza. Junto a la espada, la cruz puso de rodillas a los pueblos pre colombinos y todavía mantiene su heraldo de ignorancia sobre los actuales pueblos mestizos. Es hora de volver a la religiosidad de nuestros ancestros y enterrar la religión de nuestros verdugos.

LA COLONIA

            El conquistador construyó una pirámide que tenía en la base a los indios, los negros y los mestizos, en el medio a los criollos y en la cima a los chapetones. Inventaron una etiqueta para cada raza: indio de mierda, negro vago y cholo apestoso. Identificaron al blanco con Dios y a lo no blanco con el Diablo. Trescientos años de desprecio son más dolorosos que Cien Años de Soledad. Es hora de entender que no hay razas inferiores, que lo que hay son clases sociales dominantes.

           

LA INDEPENDENCIA

            La atronadora voz de la razón llegó desde la Enciclopedia a los oídos de los hombres más visionarios de América. Hidalgo, Nariño, Espejo, Miranda marcan la ruta que han de seguir Bolívar, Sucre, O’Higgins en América Latina. Los criollos se llenan de gloria apoyando la gesta independentista y llevándola a feliz término. En sus alforjas escondían el áspid de la cabrona dominación política y económica. Su lema fue: “todo para nosotros, nada para los indios” Fundaron en 1830 una república que lejos estuvo de considerar “ciudadanos” a los que no tenían la piel blanca y la alforja llena de dinero. Es hora de enterrar para siempre lo que todavía nos queda de colonia.

LA REPUBLICA

            Los mismos que lamían las botas de los chapetones asaltaron el poder político de las repúblicas independientes. Patriotas de un sólo hervor. Con el poder en la mano engranaron un mecanismo perfecto de explotación al indio, al negro y al mestizo. Pisotearon los ideales de Bolívar y prefirieron ponerse a la sombra de un águila voraz que comenzaba a planear sobre el hondón americano. Bolívar murió solo e incomprendido y las huestes de ese malparido de Santander se adueñaron de los destinos de nuestros pueblos. Desde entonces reina la oscuridad. “Es la hora de los hornos” -como dijo la luminosa frente del último de los mártires de la independencia-, “y sólo se ha de ver la luz”.

LA HERENCIA COLONIAL

            Salvo nuestras costumbres, nuestras tradiciones entremezcladas con las de los conquistadores, los llapingachos y la tripa mishki nos tatuaron en el alma un complejo de inferioridad que nos cuesta trabajo superar, heredamos la emputante idea de que trabajar es malo, que lo más “cool” es vivir sin trabajar. Nos embarraron la piel de blanco haciéndonos avergonzar de nuestro color. Desde entonces aprendimos a mentir, a no decir lo que pensamos, a mirarnos en el espejo y maquillar lo que somos, a adular al que tiene más, a querer ser lo que no somos, a odiar a nuestros semejantes, a desconfiar, a sobornar, a vivir sin esfuerzo, a incumplir la palabra dada. La herencia colonial nos tiene atrapados en el temor de sentir orgullo de lo que somos impidiéndonos la liberación mental y facilitando la dominación política de los que representan esas ideas. De ahí que podemos ver a los putos esclavos votando por los putos esclavistas cada cuatro años, en un círculo vicioso de mierda. Va llegando la hora de superar esas taras y esos complejos.

EL LIBERALISMO DECIMONÓNICO

            La fuerza expansiva del capitalismo viajaba a una velocidad vertiginosa por el mundo entero. Lo mismo en Europa como en Norte América el humo de las fábricas y de las locomotoras comenzaban a contaminar el ambiente del mundo. La democracia liberal ponía su marca en casi todo el planeta, excepto al sur del Rio Bravo, en dónde la independencia sólo fue un cambio formal de dominación. Ahora los terratenientes, dueños del poder político, soñaban con modernizar nuestras naciones sobre las espaldas de la servidumbre indígena. Contra tal huevonada se alzó la ideología liberal que, en el caso del Ecuador, tuvo mártires desde el comienzo de la vida republicana. El liberalismo modernizante de El Quiteño Libre mantuvo su chispa civilizadora hasta finales del siglo XIX, cuando la espada de Alfaro rasgó el prolongado velo de la oscura noche colonial. El Ecuador llegaba a la modernidad casi con un siglo de retraso, cuando el capitalismo mundial y norteamericano entraban ya en la fase monopólica de su desarrollo. La traición del liberalismo plutocrático al liberalismo machetero de Alfaro, hizo posible que el neocolonialismo yanqui cayera sobre nuestras espaldas sin que, hasta ahora, sus afiladas garras suelten nuestras carnes. Pero, hoy, más que ayer, vamos comprendiendo que en esa cabrona coyunda está nuestro verdadero problema.

EL LIBERALISMO MACHETERO DE ALFARO

            Alfaro fue un caudillo que supo defender sus ideas con el fusil en la mano. Tenía conciencia de patria porque, al igual que Bolívar, tenía fiebre por construir un Estado Nacional fuerte, moderno, en el que el beneficio de la libre empresa llegara hasta los sectores populares. Un capitalismo de amplia base montonera, fue su ideal. Tenía una concepción avanzada de la democracia. “No vamos a perder con papeles lo que hemos ganado con las bayonetas”, dijo una vez, que ubicado en la época que lo dijo quería decir a estos curuchupas care vergas no les vamos a devolver lo que tanto nos ha costado conquistar. Pero, así como Bolívar no pudo ver realizado su sueño, a Alfaro la traición le llevo al cadalso y, también, su sueño se vio truco. Los nuevos amos del Ecuador, colusionados con los viejos, se dedicaron, durante todo el siglo XX, a sacarle la “ishpa pura” al pueblo ecuatoriano.

SURGE EL SOCIALISMO

            Creo que es cierto aquello de que el siglo XX comenzó con la Primera Guerra Mundial. Treinta millones de muertos fue el aporte que los trabajadores hicieron a la ambición desbocada de las viejas y nuevas potencias del capitalismo mundial. Su eslabón más débil se rompió en la Rusia zarista dónde surgió, con fuerza, la esperanza proletaria. Sus ecos llegaron a América Latina y, como parte de ella, al Ecuador. Alumbrado por las Cruces Sobre el Agua, en 1926 se fundó el Partido Socialista Ecuatoriano. Curuchupas fanáticos y liberales metalizados se pusieron a temblar. Después de un siglo surgía un partido que comenzaba a hablar en nombre del pueblo indio, negro, mestizo y blanco empobrecido. Pronto la mano invisible del sistema se puso a pensar cómo podían contrarrestar la peligrosa irrupción de los irredentos.

EL CAUDILLISMO VELASQUISTA

            El caudillismo velasquista fue la respuesta. Cada vez que el pueblo tensaba la cuerda de la protesta, aparecía la figura de este caudillo ilustrado para neutralizarla. Le bastaba un balcón y algunas frases de adulo a la “chusma” para triunfar. Cinco veces se encaramó en el poder del Estado y cuatro de las cinco rodó por el abismo de la defenestración. Subía con el corazón a la izquierda y los oscuros sabuesos de la oligarquía conservadora y liberal se encargaban de recordarle que el puesto exacto de su credo político estaba a la derecha. Como en un sol negro todo gravitaba a su alrededor, inclusive esa izquierda perfumada que nunca supo descifrar las verdaderas aspiraciones del pueblo.

LA “REVOLUCION” DE LOS GORILAS

            En la década de los setenta una ola nacionalista recorría el continente, traía charreteras. En el Ecuador los yanquis se cansaron de Velasco Ibarra al mismo tiempo que destaparon los pozos petroleros del Oriente que, desde la década de los cuarenta, los tenían taponados. Lejos de las veleidades velasquistas prefirieron la seguridad de los gorilas adiestrados y se vieron obligados a aceptar una ley de hidrocarburos copiada del nacionalismo militar peruano. El “bomba” Rodríguez, con bombos y platillos, dio inicio a la deuda eterna que, hasta ahora, nos aplasta como a cuyes y no nos deja respirar. Todos los gobiernos, después de los militares, fueron perfeccionando el deporte nacional del endeudamiento externo, convirtiendo, a las viejas y a las nuevas generaciones, en esclavas. Dice la propaganda “democrática” que eso no es cierto, que la deuda es necesaria, pero los que no militamos en el pendejismo ciudadano sabemos que con deuda nunca alcanzaremos la libertad.

LA PARTIDOCRACIA CORRUPTA Y CORRUPTORA

            En nombre de la democracia, los partidos políticos de la derecha, en complicidad con una izquierda boba electorera y arribista, se tomaron el poder del Estado durante un cuarto de siglo. La nación se convirtió en la empresa particular de banqueros, comerciantes, industriales, contrabandistas y narcotraficantes. En 1999 le costó al ciudadano común y corriente más de ocho mil millones de dólares salvar ese colosal mecanismo de corrupción. Se salvó a los delincuentes de cuello blanco, acostumbrados al caviar y la champaña. Sobre la tragedia de más de tres millones de ecuatorianos que tuvieron que refugiarse en la migración para salvar sus vidas y las de sus familias, bailaron estos hijueputas. La lucha inter oligárquica nos llevó a ver desfilar por Carondelet siete presidentes en una década. El populismo oligárquico de Bucaram y el zafio de Gutiérrez intentaron quitarle la corona a la oligarquía, pero una clase media muy bien adiestrada por los sectores dominantes se opuso, impidiendo que la lucha transformadora y revolucionaria del pueblo ecuatoriano arrasara con todos, tarea en la que la izquierda histórica y boba tuvo gran responsabilidad. Con el fin del siglo soplaba sobre los cielos de América los aires renovados del Progresismo Latinoamericano. En la figura de Rafael Correa Delgado el Ecuador dijo presente.

LA DECADA GANADA

            La lógica política del Progresismo Latinoamericano es quitarle una tajada del pastel a las clases dominantes para dárselo a los sectores dominados. Nadie puede oponerse a ese planteamiento que, en el fondo, es como decir del lobo un pelo. El progresismo descalifica la opción de un radicalismo revolucionario que corte de un tajo el desarrollo capitalista y plantea disputarle al capital sus privilegios jugando con sus mismas reglas. A comienzos del siglo XXI esta lógica tuvo el impresionante avance de triunfar en Venezuela, Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y amenazaba con extenderse a todo el continente. La contradicción interna del progresismo consiste en que sin dirección revolucionaria no sirve sino para fortalecer el capitalismo local y por su intermedio el capitalismo corporativo mundial. Ejemplo de esto son los casos dramáticos de Brasil, Argentina y Ecuador. Venezuela y Bolivia demuestran que este proceso, dirigido con clara conciencia socialista, avanza hacia metas históricas superiores. Lo extremadamente grave de esta situación es que el imperio norteamericano y sus lameculos locales se han dado cuenta que la violencia reaccionaria no es un buen negocio para ellos, motivo por el cual ahora la contrainsurgencia imperial es también una lucha por el dominio político “democrático”, para lo cual no escatiman esfuerzos en desgastar y asfixiar los procesos progresistas, siendo la lucha contra la corrupción, el pretexto perfecto para desprestigiarlos.

El correismo transformó sólo en un sentido horizontal el Ecuador. Después de un siglo de la Revolución trunca de Alfaro, la Revolución Ciudadana intentó culminar su labor. La obra material sin precedentes en la historia nacional así lo demuestra. La red vial, la construcción de las hidroeléctricas, la reforma del Estado en todos sus niveles, el intento de modernizar y elevar la educación nacional se enmarca en el objetivo de consolidar un Estado Nacional tambaleante que estuvo siempre al servicio de las élites, no de fundar un Estado plurinacional y popular. Correa fue un caudillo con suficiente energía para obligarle a la oligarquía, no a levantar sus negocios, sino a reclamarles esa parte del pastel que se negaban a compartir. Su falta de formación revolucionaria hizo que el proceso no se radicalizará lo suficiente para convertirse en irreversible. De ahí que la revolución Ciudadana, como proceso, también quedó trunca, viéndose reflejada ahora en una obra material inerte y en una conciencia política más desarrollada de los que la piojosa oposición de la derecha llama sus “borregos”.

EL PRESENTE

            Cuando uno se lanza en paracaídas no se puede cometer ni un error, porque podemos terminar hechos kaka en el suelo. La Revolución Ciudadana cometió dos errores imperdonables: 1) descuidó la construcción de un partido ideológica y orgánicamente poderoso, dejando todo en manos del caudillo y 2) perdió la sensibilidad de saber conectarse con los sectores populares. Sin partido y sin apoyo del pueblo se vio obligada a confiar en la capacidad de su líder y en una clase media volátil que siempre estuvo dispuesta a trepar que no a sacrificarse por la causa. Las puertas abiertas del movimiento Alianza País permitieron la entrada del oportunismo que traía en sus bolsillos la corrupción y la ausencia de apoyo popular convirtió a Alianza País en un muñeco de trapo, sin vida propia. Para salvar los muebles tuvieron que confiar en un esquirol de la derecha camuflado de progresista. Si no encontró la mesa servida, Lenin Moreno debió iniciar una purga interna para salvar el proceso, pero de forma inmediata se entregó a la derecha y al imperio, con lo cual hirió de muerte a la Revolución Ciudadana y ha permitido que el imperialismo le sature con juicios penales por corrupción a Rafael Correa. Después de la traición que Leonidas Plaza hiciera al liberalismo machetero de Alfaro, está la traición que Moreno hizo al progresismo de Rafael Correa. Si no queremos pasar otro siglo en manos de la más corrupta derecha -como sucedió después de la muerte del Viejo Luchador-, tenemos que actuar de inmediato

EL FUTURO

            Si no se puede rescatar el Progresismo latinoamericano de manos de la derecha y del poder imperial, las fuerzas populares tendrán que pensar en la lucha armada como única alternativa. Cambiarle el collar al perro no lo convierte en felino. Estamos entrando en ese punto crucial en el que los de arriba ya no pueden ser sostenidos por los de abajo y los de abajo ya no quieren sostener a los de arriba. Si en nuestro lado no comprendemos esto, los enemigos lo comprenderán y bañarán el continente de sangre. El triunfo de Bolsonaro en Brasil es una advertencia. El progresismo es la válvula de escape que necesita la sociedad actual. Aceptarlo es una actitud revolucionaria que se opone a la fanática ceguera de las élites, tampoco hay espacio para un infantilismo revolucionario que sólo nos puede conducir al suicidio y peor para un “pachamamismo” trasnochado que pretende borrar, de un plumazo, quinientos años de historia. Es hora de rescatar los ideales y la esencia del Progresismo Latinoamericano.

            Estos años de contraofensiva neoliberal han logrado, de alguna manera, borrar de la conciencia popular la idea de que es posible arrebatarle una tajada al pastel de las élites, porque los errores del progresismo han permitido envolverle en un colosal escándalo de corrupción, pero a pesar de eso, sigue siendo posible retomar sus ideales. Caudillos de la primera etapa tienen que ser sustituidos por nuevos dirigentes que estarán dotados de una ideología progresista, pero con clara tendencia de izquierda.

En el caso del Ecuador esa ideología nueva hunde sus raíces en el pensamiento ancestral de los pueblos andinos que va siendo reconstruido bajo la óptica de una nueva epistemología y cuyo fin último es edificar una forma de vida yuxtapuesta a la que nos ha impuesto el primer mundo, en la que, desde su estructura, produzcamos más valores de uso que de cambio. Esa es la nueva Utopía, el nuevo ideal revolucionario que, comenzando por privarle de una tajada del pastel a las clases dominantes, terminará transformando la sociedad para bien de toda la humanidad. La Historia no es un círculo vicioso, es una espiral que se abre al infinito desde las formas más elementales a las más complejas. Entender y llevar a la práctica esta concepción es la nueva tarea de los revolucionarios.

2-08-2019

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LA POSMODERNIDAD TODAVIA NO LLEGA

            En estos enredados asuntos de la conciencia posmoderna lo que más conviene es ser directos y sencillos. Posmodernismo es para mí, como dice el término, todo aquello que se ubica por delante del modernismo, lo que nos lleva, inevitablemente, a preguntarnos qué es el modernismo. En la misma línea de sencillez y claridad, lo moderno es el régimen capitalista que hundió, a finales del siglo XVIII, al imperio feudal. La modernidad comienza a estar cargada de años, quiero decir, ha entrado en su etapa de vejez y decadencia. El régimen capitalista, por su naturaleza económica, no tiene aire para durar mil o más años, como sucedió con el feudalismo o con el régimen esclavista. La naturaleza dinámica de la economía capitalista acelera el desarrollo en diez años lo que los regímenes precedentes lo hicieron en cien. Doscientos años después de su surgimiento estamos ante una economía globalizada, en la que el poder político se ha vuelto, también, único y global. No importa dónde está el epicentro del poder, si en Asia, América o Europa, lo concreto es que hay una tendencia planetaria a la concreción de un gobierno mundial cuya finalidad última es controlar las fuentes de subsistencia que le quedan a la humanidad. Los matices que cada bando tiene en ese propósito son los que le dan contenido al conflicto actual del mundo. Para sostener los niveles de consumo de la actual civilización puede ser el objetivo de uno de ellos, recuperar lo perdido y mantener niveles de sostenibilidad para preservarla, puede ser el objetivo del otro, en ambos casos para sostener una misma civilización, en la que todos estamos inmersos sin posibilidad de escape o de cambio.

            Desde esa perspectiva la posmodernidad no ha llegado todavía, en razón de que el capitalismo no ha terminado de pasar, porque es lo que está pasando. Cierto que ahora no es igual a lo que fue en el siglo XIX, ni tampoco a lo que fue en el siglo XX, pero sigue siendo el mismo sistema cuya estructura de concentración de la riqueza social y explotación de la fuerza de trabajo no ha variado en lo esencial. Como un árbol que en sus orígenes fue semilla, luego arbusto y finalmente árbol maduro y pleno. Diferente en cada etapa, pero la misma semilla. Las tres grandes etapas de la semilla del capitalismo son: 1) capitalismo de libre concurrencia (s. XIX); 2) capitalismo monopólico (s XX década de los setenta);  3) capitalismo financiero o especulativo (fines sXX hasta nuestros días) Cada etapa tiene sus rasgos característicos, pero por razones didácticas nos interesa la última.

            El capitalismo financiero o especulativo se mueve en la esfera de la circulación. Mueve masas astronómicas de capital que sus dueños las manipulan como si fueran mercancías. Las prestan para incrementarlas por medio de los intereses. Las naciones menos desarrolladas son la fuente principal del negocio especulativo. Ofrecen “créditos para el desarrollo” que en la práctica nunca cumplen ese objetivo. Al cabo del tiempo el resultado es más deuda menos desarrollo; pero este sistema no es sólo una fórmula contable. Los préstamos siempre van condicionados a que los gobiernos receptores adopten políticas que no sólo tienen que ver con los movimientos financieros, sino con la adopción de estilos de vida colectivos que copian, en el subdesarrollo, los hábitos de consumo de los países desarrollados. Esta práctica está condenando, irremediablemente, a la muerte a la civilización capitalista, porque próximo está el día en que los recursos serán menores que las necesidades. Si seguimos por este camino nunca llegará la posmodernidad o, tal vez, la posmodernidad sea equivalente al “paisaje después de la batalla”. Un panorama de muerte, desolación y derrota de la humanidad.

            El virus del capitalismo está metido en el alma de las inmensas masas planetarias. En Asia como en Europa, en América como en África el capitalismo financiero ha logrado uniformar la conducta y las reacciones de los individuos. En los cuatro puntos cardinales del planeta los individuos reaccionan como autómatas a los requerimientos del capitalismo corporativo financiero. Igual un japonés, como un argentino o un alemán sienten necesidad de consumir Coca Cola con hamburguesa y lo mismo un norteamericano, como un ecuatoriano o un francés defienden apasionadamente el modelo democrático que el capitalismo corporativo considera apropiado y correcto. Sin saber por qué, la gente defiende lo que desde su nacimiento le han dicho que es lo normal. Uno en un millón  tiene capacidad para distanciarse de esta estandarización de la conciencia y ese uno, casi siempre, termina sucumbiendo en el océano de lo normal.

            Pesa como un yunque sobre la conciencia individual la reflexión aristotélica de que la “comunidad precede al individuo”. Nacemos en el seno de una familia que, al momento de nuestro nacimiento, ya tiene formadas sus concepciones religiosas, filosóficas, culturales, gustos, tradiciones y costumbres que a su vez han sido adquiridas del entorno social en el que esa familia se desenvuelve. Las nuevas generaciones heredan esas costumbres, ideas y tradiciones, es lo que se llama el establishment  que asimilamos, más que heredamos, sin que jamás nos distanciemos de esa herencia, conformándose, de esa forma, el individuo promedio, que, sin querer queriendo, se ocupa de reproducir, con el solo hecho de existir, el sistema general en el que vive. La masa actúa sobre la masa, pero esa masa está presa en el sistema que la oprime.

            La posmodernidad tiene sentido, dentro del capitalismo, sólo en la conciencia de aquellos individuos que son capaces de volar fuera de la inmensa jaula del sistema, que toman conciencia de que la libertad está más allá del establishment y que el individuo no puede estar condicionado por la masa porque sin esa conciencia es imposible la libertad. El individuo que tiene conciencia de estos dos elementos ha sido capaz de romper la jaula y se convierte al instante en un luchador. La contemplación y pasividad no son parte de su personalidad. Empujará el carro de la libertad hasta triunfar o morir.

            Esto es lo que se llama conciencia política. Ese individuo que se niega a dar caridad a un niño mendigo, porque piensa que tiene que terminar la mendicidad infantil, o que sabe que la pobreza tiene su raíz en la explotación, o que la corrupción no está en los individuos, sino en el sistema que crea las oportunidades, es el que está preparado para construir un nuevo mundo, es el individuo que trae en sus mochilas la posmodernidad, porque posmodernidad equivale a nueva vida. Esa nueva vida es la sociedad poscapitalista, aquella en la que los seres humanos dejarán de tener la necesidad existencial de comportarse y vivir según el estilo de vida que nos exportan las grandes corporaciones del capitalismo mundial. Individuos con raíces, no como el hombre promedio actual que vive en una mansión construida sin cimientos, en el aire.

 

17-07-2019

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LOS DIEZ PRINCIPIOS DE LA NUEVA SOCIEDAD

      Tres años más tarde del triunfo de Lenin Moreno comienza a aclararse el panorama político-ideológico del Ecuador. Hay voces que hablan del “legado correista” comenzando a disipar la espesa cortina de odio que las élites nacionales y sus aliados internacionales levantaron alrededor del progresismo correista. Sólo el odio clasista puede explicar que se haya querido negar la labor histórica del gobierno aliancista en la década pasada. Con ánimo triunfalista su líder anunció, en una ocasión, que la Revolución Ciudadana iba a durar trescientos años, lo cual era una exageración; pero negar su trascendencia en la historia reciente del Ecuador, no sólo que es una torpeza, sino que demuestra la permanencia insolente de la mentalidad colonial que no acepta ni en el presente ni en el futuro los cambios históricos que el Ecuador necesita.

      Ñukanchik Socialismo siempre entendió la trascendencia histórica de la Revolución Ciudadana valorándola en su justa dimensión.  Sostuvo que Rafael Correa vino a completar la trunca revolución machetera de Eloy Alfaro, su propuesta histórica de consolidar el Estado burgués moderno democratizando el capital desde los sectores populares y fortaleciendo, vía sector público, un sector medio de la sociedad. Toda la obra práctica del gobierno de la Revolución Ciudadana se ubica en este marco histórico y en ello radica su límite.

      Correa y sus portavoces nunca prestaron atención a las voces críticas de su gobierno. No me refiero a la “trucha oposición”, esa que se preocupaba más por el color de los boxers que usaba el líder, sino a aquella que fue capaz de hacer planteamientos teóricos y conceptuales capaces de empujar el proceso más allá de sus limitaciones. Comenzaron a hablar de una sociedad pos neoliberal, de un socialismo de mercado y de un bio socialismo, planteamientos que bien pudieron encajar con las concepciones de esa oposición teórica, pero que al ser tratados de manera tan superficial e irresponsable, no pasaron de ser pinceladas interesantes en el paisaje reformista general de la Revolución Ciudadana.

      La lógica del proceso reformista, sin dirección revolucionaria, como sucedió al final, tuvo que abandonar la proyección popular y dar un giro hacia las fórmulas del neoliberalismo fondomonetarista. El gobierno de Lenin Moreno es la versión decadente del correismo postrero, de ese correismo que había llegado a la bifurcación del camino y no le quedaba sino decidir si iba por el camino neoliberal o por la senda arriesgada y difícil de la radicalización del proceso. Lenin Moreno decidió lo primero. Sin aliento histórico ni para decidir la conveniencia o no de un feriado nacional, decidió entregarse a la oligarquía de siempre y a los intereses norteamericanos. La pregunta es ¿qué hubiera hecho Rafael Correa?

      Que contesten esa pregunta los especuladores profesionales o los adivinos, Ñukanchik Socialismo vuelve a plantear las tesis que considera están a la izquierda del proyecto reformista de Rafael Correa, aquellas sin las cuales cualquier líder que sea le seguirá dando las vueltas a las eternas fórmulas liberales, neoliberales, keynesianas, neo keynesianas, clásicas o neoclásicas, es decir, le seguirán cambiando el collar al mismo perro del capitalismo:

  1. El equilibrio.- La piedra angular del pensamiento ancestral es el equilibrio dinámico. Debe existir equilibrio en la producción, en la distribución,  en el consumo, en la relación del ser humano con la naturaleza. La falta de equilibrio altera el flujo normal de energías entre los múltiples sistemas que conforman el sistema general de la vida. Un sistema económico-social pierde el equilibrio cuando se ha permitido la acumulación de la riqueza en pocas manos. Desde el régimen colonial se perdió el equilibrio en la sociedad americana. Quinientos años después se hace necesario restaurar ese equilibrio. La restauración del equilibrio ahora significa haber cerrado un Pachacutic y ubicar a la sociedad en un nivel superior que durará otros quinientos años, momento en el cual se tendrá que volver a recuperar el equilibrio perdido hasta entonces para ampliar el espiral histórico, sin tregua ni descanso, hasta el infinito.   
  2. Sistema de propiedad comunitaria de los medios de producción.– La sociedad del Sumak Kawsay Revolucionario no elimina el derecho a la propiedad individual, pero principaliza la propiedad comunitaria sobre los medios de producción, la misma que, apuntalada en la noción angular del equilibrio, hace posible la diferenciación de la propiedad entre propietarios individuales y el Estado y, entre ellos mismos, impidiendo, por medio de un proceso permanente de control a cargo del Estado, que se rompa el equilibrio estructural.
  3. La “fuerza necesaria”.- Pero el equilibrio cíclico no es solamente el resultado del accionar de los “factores” de la historia, sino su conjunción con la voluntad del ser humano. La restauración es el acto consciente de los individuos en medio de sus circunstancias históricas. Luego de esta ruptura con el orden heredado, entonces se inicia –pero sólo entonces-, la transición hacia el pleno equilibrio de las fuerzas productivas y sociales en el cual nada, ni nadie, estarán excluidos. 
  4. El sujeto revolucionario.– La crisis actual no es sólo la crisis del sistema capitalista sino la de su civilización. El desajuste entre el ser humano y la naturaleza es de tal magnitud que la humanidad está amenazada de muerte. De entre todos los que viajamos en esta nave sideral que se llama Tierra se junta una vanguardia político-espiritual dispuesta a asimilar la esencia del Sumak Kawsay Revolucionario. Esa vanguardia se prepara acercándose al poder de las hierbas sagradas, interpretando las fuentes, vestigios materiales y espirituales de las sociedades ancestrales y estudiando las ideas auténticas del pensamiento revolucionario de occidente. Cuando llega el momento de la convulsión revolucionaria y esa vanguardia triunfa -siempre haciendo uso de la violencia revolucionaria-, el enemigo de clase se convierte en minoría la misma que va desapareciendo en la medida que avanza el proceso de construcción de la nueva sociedad.
  5. La ideología.– No hay fórmulas ideológicas para construir el equilibrio, sólo el método dialéctico legado por Marx fusionado, ahora, con la herencia del pensamiento ancestral americano. Si en algo nos pueden servir las experiencias históricas del llamado “socialismo real” y la propia historia del capitalismo, será para evitar los errores cometidos. La construcción de la nueva sociedad del Sumak Kawsay es una experiencia inédita que cuenta sólo con la sabiduría humana acumulada durante milenios y el desarrollo espiritual alcanzado hasta nuestros días. Una sociedad de exclusivo desarrollo material sólo puede terminar en la destrucción; así como es imposible una de exclusivo desarrollo espiritual. La conjunción de ambos es la nueva Utopía.
  6. Un Estado en manos de la vanguardia político-espiritual es necesario.- Si una vanguardia político-espiritual llega a controlar el Estado se produce un cambio cualitativo en su naturaleza: deja de representar los intereses de una clase y pasa a representar los de toda la sociedad. Las reglas del juego político del viejo régimen se vuelven obsoletas, se construyen, sobre la marcha, otras, que representan las nuevas relaciones de producción y de poder. Otra economía, otro sistema jurídico, otro sistema educativo, otro tipo de democracia. No existen fórmulas, todo depende de la dialéctica sustentada en el equilibrio estructural. La sociedad en su conjunto inicia un proceso heroico de creación de lo nuevo. Procesos como los del Progresismo Latinoamericano, son el eslabón previo de la transformación social, pero sin dirección revolucionaria esos procesos se truncan y sólo sirven para consolidar el capitalismo.
  7. Las formas de lucha.– Toda forma de lucha contra el régimen establecido es válida, sólo que en las actuales circunstancias históricas se debe priorizar la contienda electoral. El accionar político del correismo ha permitido que los actores políticos pongan sobre la mesa todas sus cartas, motivo por el cual, la izquierda revolucionaria, Ñukanchik Socialismo -que es la nueva izquierda en el Ecuador-, tiene la oportunidad “democrática” de ser radical sin que eso signifique levantarse en armas, sino llevar, sin tregua ni descanso, una lucha ideológica frontal dentro de las normas de la “democracia real” que ahora existe. Tenemos derecho a demostrar que estamos a la izquierda del proyecto correista y a competir, electoralmente, con él y con el resto de fuerzas. La democracia burguesa, para ser tal, tiene que aceptar la existencia de una fuerza política anti sistema. De no hacerlo se evidenciaría su naturaleza excluyente y autoritaria, es decir, antidemocrática y quedarían abiertas las puertas para otras formas de lucha.
  8. La tierra como sustento de la vida.- La tierra será el sustento de la nueva vida. Podemos prescindir de los bienes industriales; de los que nos da la tierra, no. Un sistema de producción agrícola en el que la industria sea complementaria a las necesidades básicas del ser humano, es posible. Ñukanchik Socialismo luchará por eso, hasta ver al Ecuador convertido en un hermoso emporio agrícola.
  9. Otra educación para refrendar el cambio.- A la par de la transformación de la matriz productiva se debe iniciar el cambio del sistema educativo, sin lo cual, será imposible consolidar el triunfo político. Nueva educación significa nueva ciencia necesaria para hacer realidad la armonía de las necesidades del ser humano con la naturaleza. Hay que enseñar a las nuevas generaciones a respetar su entorno, fin que nunca se logrará si se las sigue educando en la ciencia burguesa. Depurar la tecnología para ponerla a nuestro servicio y no, como es ahora, el ser humano al servicio de la tecnología.
  10. Crear el instrumento para la transformación.- Para ir a la luna necesitamos un vehículo, para hacer la revolución, igual; para la luna una nave espacial, para la revolución, un partido político. Ñukanchik Socialismo es ahora un movimiento, no dice ser dueño de la verdad ni que es el partido de la revolución, dice que quiere serlo. Amparado en sus derechos propone el debate, convencido de que la polémica leal y honesta es el mejor camino para llegar al corazón del pueblo. Rechaza el silencio cómplice, la tesis criminal de “avanzar sin discutir”, la falta de interés en la autocrítica como instrumento de depuración de nuestras filas; condena la indiferencia política y rechaza la injerencia de la nueva derecha en el debate que la izquierda revolucionaria libra contra el correismo[1]. Considera que las líneas generales del debate están planteadas entre el reformismo, con todas sus variantes, y la nueva teoría revolucionaria, aquella que se ubica a la izquierda del proyecto político de Alianza País y de su caudillo Rafael Correa Delgado.

[1] Véanse todas las cartas que el periodista José Hernández ha dirigido a personalidades de nuestro ámbito político como Rafael Correa y Alberto Acosta. Su crítica “democrática” usando los argumentos de la izquierda revolucionaria suena falsa, porque detrás de ello no existe propuesta política, sólo la puja por aclarar quién está mejor capacitado para llevar adelante el mismo proyecto reformista. Para los voceros de la neo derecha sólo se trata de una cuestión de “estilo”.

1 de mayo de 2015, Quito.

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