LENIN MORENO O LA LOTERIA DEL PODER

                                                           Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros.

Groucho Marx

            No me queda claro si la suerte de Lenin Moreno vino de la mano del “flaco querido” o de otro personaje parecido, pero en los inicios de la aventura correista fue el palanqueo entre amigos el que surtió efecto para que el líder de la Revolución Ciudadana escogiera su binomio. En una lid presidencial un compañero de fórmula es como el envés de la moneda, alguien que está pegado a uno no sólo por la amistad, sino por la identificación ideológica y la afinidad política. En una aventura de esta naturaleza se hace una especie de pacto de sangre entre los que se proclaman líderes del pueblo.

            La fuerza de Rafael Correa arrastró a Lenin Moreno al primer triunfo electoral. Su aporte fue mínimo. La historia de su desgracia física fue su contribución. Una masa sentimental, como es la del pueblo ecuatoriano, vio con simpatía que un “patojito” acompañara al nuevo líder que, con el discurso adoptado de la izquierda radical, prometía cambiar el Ecuador. No se conocía su forma de pensar, ni si verdaderamente le importaba la política, ni nada se sabía de su nivel cultural. Era un buen hombre, oriundo de la región amazónica que “abandonó su tierra para ver la capital“. En la Universidad Central matriculó una ingeniería que, a duras penas, terminó, habiendo, en este lapso de tiempo, tomado contacto con una de las micro fracciones del MIR (cuando la izquierda ecuatoriana se debatía entre tomar las  armas o sumarse a la comparsa democrática de la competencia electoral). Fuera de la universidad se olvidó de la política y se inició en la actividad empresarial, no habiendo llegado nunca a ser un empresario de éxito. Su paso por la Cámara de Turismo de Pichincha casi nadie lo recuerda, porque nada significativo sucedió. En medio de estrecheces económicas este buen hombre trató de cubrir los gastos de la carrera de diseño y alta costura que sus hijas habían decidido estudiar en Europa y los aires aristocráticos que su mujer tenía para poder vincularse con “lo mejorcito de la gente buena de Quito” Esta es la hoja de vida de quién Rafael Correa Delgado escogió como su binomio. El triunfo arrasador de Correa en 2006, trajo consigo, como un peso inerte, la figura de Lenin Moreno. 

            Así fue. En la dura campaña electoral del 2006 que Rafael Correa llevó prácticamente sólo contra toda la corrupta partidocracia, nadie recuerda que Lenin Moreno haya contribuido con algo destacado. Siempre en las sombras, aparecía cuando la dureza de la confrontación electoral necesitaba ser suavizada. Una especie de colchón o comodín que servía para desviar la atención de las ásperas escaramuzas en las que se metía el líder. Su autoproclamada preferencia por el humor servía para este fin. Lejos de tener la vena de un Groucho Marx o un Woody Allen, era como un mal remedo del “chulla quiteño”. La opinión pública nacional lo masticaba, pero no llegaba a tragarlo.

            Su labor como Vicepresidente de Rafael Correa le puso piernas a un sector inválido de la seguridad social como es el de los discapacitados y este mérito le valió para camuflarse dentro de la misma agrupación política a la que pertenecía como para proyectarse a nivel internacional, logrando una representación simbólica en la burocracia de la ONU, pagado, por supuesto, con plata de los ecuatorianos. Diez años de montarse en la cresta de la ola de la revolución ciudadana para surfear sin peligro, hacer amigos, pagar sus deudas y tocar las puertas de un empresariado ecuatoriano que odió a Correa desde los inicios de su carrera política, en secreto, naturalmente, con cálculo perfecto para, en base a la confianza adquirida, preparar el golpe maestro de la traición.

            El caso de Lenin Moreno Garcés es el inverosímil caso de alguien que se saca el premio gordo de la lotería con un número regalado. Cuando Rafael Correa declinó su candidatura, él estaba seguro que se escogería su nombre para representar los ideales de la Revolución Ciudadana. Sabía que el caudillo daría su aprobación para que las instancias del movimiento político al que pertenecían lo escogieran a él, como efectivamente sucedió. Durante la contienda electoral tampoco afloraron sus méritos propios, todo se sostuvo en la obra realizada durante los diez años precedentes y en el prestigio personal del líder máximo del proceso. Nunca antes, en la historia política del Ecuador, alguien tan carente de méritos intelectuales, políticos y morales había llegado a la presidencia. Federico Páez, en la década de los años treinta del siglo pasado, llegó también con el prestigio de ser un “buen contador de cachos”, pero cuando llegó hizo reformas que hasta hoy son útiles para el Ecuador. Lenin Moreno, ni fu, ni fa.

            En su campaña electoral de 2006 acumuló todos los méritos de la Revolución Ciudadana alrededor de su persona. Se trataba de ganar. El compromiso personal de este personaje era darle continuidad al proyecto iniciado por Rafael Correa y su agrupación política Alianza País. Los ejes medulares de ese proyecto eran de carácter reformista y no revolucionario. En el marco de una economía heterodoxa, filo keynesiana, había que restarle protagonismo a la empresa privada, fortaleciendo el sector público. Una reforma tributaria significaba una mayor contribución del sector privado a la riqueza nacional que se redistribuiría a través del Estado para favorecer a los sectores sociales históricamente marginados. La inversión pública significaba pagar la deuda social que las élites tenían desde la fundación de la república, no con el pueblo, sino con los sectores capitalistas que, por miopía histórica, ni siquiera se habían preocupado de crear las condiciones materiales para ejercer la dominación de manera más eficaz. La continuidad del proyecto aliancista significaba seguirle cerrando las puertas al proyecto neoliberal, avanzar por la senda alternativa del reformismo latinoamericano, al cual se había adscrito el correismo desde sus inicios.

            Pero nada sucedió como estaba previsto. El licenciado Moreno, en cuanto se sentó en el sillón presidencial, les abrió las puertas a sus amigos secretos de la empresa privada y declaró, olímpicamente, que la mesa no había estado servida y que era una desfachatez llamar a cualquier “pendejada revolución” a lo que siguió una solemne declaración de que su gobierno se encargaría de hacer “una cirugía mayor” a la rampante corrupción de la década anterior, con lo cual, de un tajo, se declaró enemigo a muerte de quienes le habían llevado a la presidencia de la república, o lo que es lo mismo, al proyecto progresista enarbolado por Rafael Correa en la década precedente.

            Creo que nadie se atrevería a poner las manos al fuego por la gestión práctica del correismo durante su vigencia. Sin un instrumento partidario de sólida formación ideológica y recia estructura orgánica, nadie puede garantizar que el oportunismo corrupto no se haya filtrado en todos los niveles gubernamentales y partidarios, pero un hombre que tenía la responsabilidad de continuar un proyecto político debía haber concentrado a las diversas instancias y dirigentes para iniciar, desde adentro, una cirugía interna sin traicionar los principios y no haberse entregado de manera tan descarada a la oligarquía nacional y las fuerzas internacionales del capital corporativo. Esa cirugía hubiera preservado la continuidad del proyecto y Lenin Moreno hubiera pasado a la historia como un consecuente artífice del cambio progresivo que, países como el nuestro necesitan. Hoy Lenin Moreno es juzgado como el más bellaco traidor de todos los tiempos.

            No es sólo un traidor, es un farsante de dimensiones colosales. Levantó una campaña para combatir el desempleo y, en lugar de crear puestos de trabajo, despide sin compasión gente de la burocracia estatal; con el pretexto de que la empresa privada crea puestos de trabajo avanza en reformas laborales que a ojos vista son un retroceso en las conquistas laborales, no ha construido nada para disminuir el déficit habitacional y sacrifica a los sectores populares para cumplir al pie de la letra la Carta de Intención firmada con el FMI, sobrepasando ya los límites constitucionales del endeudamiento público y condenando a la miseria a nuestros ancianos, niños y pueblo en general.

            El caso de este mandatario sirve para comprender que la política es un juego de intereses de todo tipo y que el experimento de la Revolución Ciudadana, quizás el más acabado proyecto político después del liberalismo decimonónico, fue tragado por las fuerzas reaccionarias a las que la vesania de Lenin Moreno les abrió las puertas de par en par. Hoy el peso completo del sistema, con todas las fuerzas reaccionarias internas y externas, están sobre lo que queda del proyecto progresista. En el hecho de que la figura del Caudillo sigue siendo el único referente para la revitalización del movimiento, está el peligro. Un nuevo nivel de la política espera el surgimiento de una instancia política organizada, ideológicamente fuerte, combativa y con líderes en todos los niveles que contribuyan a radicalizar el proceso para que con el aumento cuantitativo del pueblo llegue a impulsar el cambio cualitativo que el Ecuador necesita. Todos tenemos que entender este momento, antes que la derecha cavernaria sofoque a la criatura en su lecho de nacimiento. Converger en el fortalecimiento del proyecto iniciado en el 2006, para entrar en las amplias alamedas de un socialismo creador, con raíces ancestrales, respetuoso del ser humano y de la naturaleza, que ´ponga al trabajador por delante del capital, es la misión.

14-06-2019  

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LA PATRIA COMO NEGOCIO

            El triunfo del capitalismo es, en esencia, el triunfo de la libre empresa. Libre empresa no significa que el ser humano pueda vivir de su trabajo, porque de su trabajo ha vivido desde el principio de los tiempos. Significa que es libre para escoger un tipo de trabajo, uno en el cual no tiene que rendir cuentas a nadie y todo depende de cuan eficiente es, ese ser humano, para salir adelante en el enmarañado bosque del mercado y la competencia.

            El capitalismo pre monopólico que prevalece en la economía mundial hasta comienzos del siglo XX, permite el libre juego de la competencia empresarial. La economía se dinamiza hasta niveles extraordinarios, acelerando el desarrollo del transporte, de las comunicaciones, del comercio y haciendo posible el crecimiento del capital y su acumulación. El advenimiento del capitalismo, como sabemos, está cimentado en la sangre, sudor y lágrimas de los trabajadores.

            Pero el triunfo del capitalismo es, como hemos dicho, el triunfo de la libre empresa. La libre empresa trae consigo un nuevo concepto de libertad, que comparado con el que existía en el régimen feudal, es un triunfo indiscutible del ser humano. Todo el pensamiento ilustrado del siglo XVIII gira en torno de explicar económica y filosóficamente esta conquista. Alrededor de ella se organiza la nueva economía y el sistema político del capitalismo.

            La libre empresa es la que ha creado la civilización actual. Ella es la que ha permitido el desarrollo científico y tecnológico que ahora tenemos, gracias a ella ha sido posible la clonación de seres vivos, los viajes espaciales, los trenes electromagnéticos, los teléfonos celulares, las portentosas máquinas que modifican la naturaleza, la televisión satelital y hasta los videojuegos de los niños, todo tiene su origen en la libre empresa. De ahí que sus defensores sostengan que fuera de ella nada es posible y que el pensamiento extremo de los capitalistas llegue a concebir, como algo lógico y natural, que el Estado debe ser manejado como un negocio empresarial.

            Los amanuenses del capital como nuestro mandatario no son sino pequeños gerentes de la gran empresa capitalista. Rafael Correa comprendió que esta concepción ya había cumplido su ciclo histórico y que había que cambiarla, que la hegemonía de la libre empresa había estructurado un sistema injusto, que polariza las desigualdades, concentrando en un extremo a poca gente extremadamente rica y en otro a millones de millones extremadamente pobres. Poner en un segundo plano a la libre empresa y darle prioridad a la economía pública, era una alternativa que permitiría una mejor distribución de la riqueza social. Eso es lo que ahora se llama el progresismo latinoamericano. Lenin Moreno traicionó a esta concepción, nada importa si fue a Rafael Correa.

            Dos años le ha tomado al licenciado cuántico hacerles caso a Alberto Dahik, Guillermo Lasso y Jaime Nebot. El Estado fuerte, de corte keynesiano, que Correa montó, ha ido siendo desmontado sistemáticamente por Moreno, en otras palabras, se lo ha ido entregando a los defensores genéticos de la libre empresa, aquellos que ven a la Patria como un negocio.

            ¿Cómo, si no, explicar la conformación de ese nefasto Comité de Licitaciones, que no es otra cosa que un comité de privatizaciones? En él está ese lobbysta voraz que se apellida Cuesta y que tanto le cuesta al país. Su único fin es privatizar la “administración”, dicen, de las más rentables empresas estatales, porque, como dice el doctor Augusto Tandazo, la empresa privada no se hace cargo de lo que no rinde, sino de aquello que deja grandes beneficios. Las telecomunicaciones, las hidroeléctricas, las carreteras, la salud, la seguridad social, la educación han sido ya desprestigiadas lo suficiente como para que los intereses privados caigan sobre ellas. ¿Cómo explicar el incremento espectacular de las ganancias del sector bancario? ¿Cómo explicar las propuestas de reformas laborales hechas por el sector empresarial? ¿Cómo entender que un corifeo del gobierno lanzó el tubo de ensayo de la jubilación a los ochenta años? ¿Cómo interpretar la atención privilegiada que el FMI le da a este gobierno, sin poner límites al endeudamiento externo? Con Moreno ha vuelto la tranquilidad a los bolsillos de la oligarquía ecuatoriana y no pararán de escandalizar por aquellos casos de corrupción que seguramente existen en el correato, ni por aquellos que la CIA se inventará, convenientemente, para enterrar, bajo toneladas de infamias, todo vestigio del progresismo correista.

            La reacción de los empresarios contra el correismo es una prueba fehaciente de que le tienen pánico a las concepciones progresistas y que no descansarán hasta convertir al Ecuador en una multiempresa nacional, en la que la casta de siempre seguirá con la parte del león y al pueblo, pueblo -tal vez con los sectores medios bajos-, nos tocará bailar con la más fea. Y eso que el correismo no fue, ni veo que puede ser, una alternativa radical y revolucionaria.

30-05-2019

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¿UNA NUEVA FORMA DE ANALFABETISMO?

            Claro que debemos alarmarnos de la creciente incapacidad que las nuevas generaciones tienen para fijar su atención en aquellos temas que son inmanentes a la curiosidad humana y sin cuya asimilación estaríamos entrando en un vacío existencial sin precedentes sociales y personales. Esa peligrosa tendencia en la conducta actual de la humanidad se debe, qué duda cabe, al uso generalizado del internet, espacio virtual que el individuo puede usar de forma instantánea y libre. El espacio virtual es una especie de cerebro portentoso que contiene todo lo bueno y todo lo malo que la cultura humana ha generado a través de los tiempos, una especie de cerebro divino, en el que se archiva todo lo que el ser humano, como especie, sabe. En él están juntos los pensamientos positivos y negativos. Como nunca antes, el conocimiento está a flor de piel y, lo que es más importante[C1] , sin restricciones.

            ¿Es esta una conquista de la humanidad? Claro que sí, puesto que nunca antes las masas tuvieron acceso al conocimiento. Platón, por ejemplo, creía que sólo los sabios podían dirigir la república, igual Aristóteles y, para San Agustín, al siervo había que instruirlo en la fe, nada más, si se quería que La Ciudad de Dios funcionara a la perfección. La Reforma luterana no fue otra cosa que un grito de libertad del campesino ignorante en contra del dominio religioso y la Enciclopedia, en el Siglo de las Luces, fue el triunfo de la razón burguesa en contra del absolutismo feudal. La razón burguesa ha dirigido el mundo desde la Revolución Francesa de 1789 y en estos más de dos siglos de tiempo histórico nadie puede afirmar que las masas han pasado de la ignorancia al conocimiento. A inicios del siglo XXI el rasgo más dramático de las grandes mayorías es la ignorancia, la ausencia de conocimiento, la carencia total de conciencia histórica y temporal que se necesitan para marchar seguros al futuro.

            Nunca el conocimiento ha sido arma de liberación de las masas oprimidas. El cristianismo trajo consigo la conciencia de la libertad en los esclavos, pero el conocimiento liberador siguió siendo coto cerrado de las élites; la Teología cristiana fue profundamente selectiva a tal punto que nadie fuera de ella tenía derecho a entrar en el paraíso; la locura burguesa fue elogiada por Erasmo de Rotterdam como un atributo de los parias en ascenso y Nicolás Maquiavelo aconsejaba al nuevo Príncipe burgués las formas de alcanzar y conservar el poder si se quería gobernar el mundo. Cuando Tomás Moro advierte que el industrialismo sólo traerá males a la sociedad rompe con su protector Enrique VIII que ve en la industria el futuro prometido y en El Renacimiento hay un regreso a la estética clásica sólo para disfrute de los nuevos acomodados comerciantes. El arte y el conocimiento como algo exclusivo de los poderosos. Las masas sumidas en la oscuridad de la ignorancia.

            La revolución científica que se inicia con el Discurso del Método de Renato Descartes rompe el cerco sagrado del pensamiento dogmático, pero el poder de este nuevo método del conocimiento sólo beneficia a los que tienen derecho a la educación, a las masas sólo les llega el eco del descubrimiento, ellas seguirán por la senda de la ignorancia hasta nuestros días. La Enciclopedia del Siglo de las Luces sustituyó la fe por la razón y pudo democratizar ampliamente el conocimiento, pero a partir de allí la Academia oficial a nivel mundial ha llegado a encriptar el verdadero conocimiento y, como siempre, sigue siendo instrumento de dominación. Ningún país del llamado tercer mundo dispone de los conocimientos de punta que manejan las grandes corporaciones privadas en favor del capital. La ignorancia de las masas ya no es idéntica a la de hace siglos, pero sigue siendo igual. Hoy hasta el más ignorante sabe que la tierra es redonda o que los cuerpos caen debido a la gravedad, pero los secretos de la física cuántica, por ejemplo, siguen siendo de manejo exclusivo de los poderosos, lo que fácilmente podemos comprobarlo en la invención de nuevas tecnologías que son usadas para beneficio de ellos y perjuicio de nosotros.

            Desde esta perspectiva claro que el internet es una conquista de la humanidad. Ni el cristianismo, ni la revolución científica, ni La Enciclopedia democratizaron tanto el conocimiento como el Internet. El internet es ahora la memoria portátil de la humanidad. Lo que no lo retenemos, lo que no lo registramos en nuestra memoria biológica, lo encontramos de forma instantánea en el ciberespacio.

            Esta nueva realidad no es un hecho cualquiera. El hombre común del medioevo tenía contacto con la realidad a través de la iglesia, le estaba prohibido interpretar  lo que veía. Giordano Bruno pagó con su vida su curiosidad creativa, Galileo Galilei tuvo que retractarse, Copérnico que ocultar sus observaciones astronómicas y así, muchos mártires del conocimiento tuvieron que nadar contra la corriente del pensamiento oficial. Hoy, aparentemente, hemos superado esa barbarie. Todo individuo, hasta los estúpidos, puede opinar o informarse de forma instantánea en el internet.

            ¿Esto es bueno o es malo? Es malo si comenzamos a considerar al internet como un ente biológico de conciencia autónoma en condiciones de dirigir la vida de sus creadores, si frente a él comenzamos a considerarnos su apéndice  y no al revés, si al distanciarnos de él comenzamos a sentirnos dominados por su extraordinario poder. Entonces estaremos perdidos. Es bueno si somos capaces de dominarlo, de usarlo como lo que es, un instrumento de nuestra inteligencia.

            Como todo instrumento su finalidad depende de la voluntad de quién lo utiliza. Con un arma de fuego puedo cometer un crimen execrable o defenderme de un asesino despiadado, con el poder atómico puedo destruir ciudades como Hiroshima o Nagasaki o proveer de energía eléctrica a metrópolis populosas como Nueva York o México D.F. De igual manera, con el Internet podemos liberar la mente o esclavizar la conciencia de la gente.

            Usar el internet como instrumento liberador del pensamiento y ampliación de la conciencia, no es una tarea fácil, pero si posible. No puede ser una empresa individual, el Estado tiene que intervenir, formando a las nuevas generaciones con sólidas bases conceptuales que dependen de la orientación política que el Estado le imprima a la sociedad. Un conocimiento basado en la solidaridad, el bien común y el equilibrio dinámico de las estructuras sociales, hará posible que el individuo sea capaz de seleccionar y tamizar la inmensa información que encuentra en el Internet, la ausencia de esta formación puede llevarnos al vació existencial de la sociedad y del individuo, como hemos dicho antes.

             La falta de capacidad para fijar su atención en las fuentes del conocimiento que ahora están a su alcance, es uno de los peligros que yo pude advertir en mis largos años de maestro universitario. Los alumnos que llegaban a mis aulas sin la preparación previa a la que me he referido, creían cometer una hazaña al cumplir sus tareas haciendo copi y page del Internet. Por ese camino no tenemos salvación, el Internet terminará   dominándonos y haciendo mentes débiles, fáciles de manipular. Si a esto añadimos el papel de los medios masivos de comunicación, del mismo sistema educativo, de la industria de la banalidad y la apariencia, estamos marcando un trágico camino para la sociedad humana. Más de lo mismo diría yo, pero ahora en la realidad virtual, cuyo fin parece ser brillar con tanta intensidad para impedirnos ver la realidad.

            El camino es adaptar la educación a esta nueva realidad. ¿Quién se ocupa de esta problemática? Nadie.

 

14-05-2019   


 [C1]

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TENER UN CORAZON

           No veo la luz al final del túnel, amiga. Junto al corazón tratan de matar la esperanza, pero sé que no está muerta. El terror le ha obligado a esconderse, lo sé, porque de lo contrario estaría muerto, por eso ahora dedico mi vida a encontrarla. Voy por las ciudades, por los campos, por las montañas y las playas llamándola a gritos. Sé que un día me responderá y estoy seguro que juntos iniciaremos la clandestina marcha a la recuperación del corazón, de ese viejo tambor que nos servía para soñar, de esa cajita de música que nunca debe dejar de sonar. Si quieres acompañarme, ven conmigo, amiga, si encontramos la esperanza, seremos multitud y seremos, seguro, invencibles

¿Sabes, amiga, lo que es tener un corazón? Antes, hace mucho tiempo, cuando todavía florecían las ilusiones, todos teníamos un corazón, incorporado venía en nuestro cuerpo, como una cajita de música que no paraba de sonar, o como un tambor, mejor, que marcaba el ritmo de nuestros pasos, unas veces para reír, otras para llorar. Era rojo y tenía forma de corazón, de ahí su nombre. Cada uno de nosotros solíamos sacarle a pasear, adornado de suspiros, no sólo para conquistar un amor, también para decir que no cabíamos de felicidad, o simplemente para decir que amábamos la vida, cosas sencillas como la espuma de las olas, la tela transparente de una araña o una estrella fugaz viajando al infinito, simplísimas como una lágrima o el perfume inolvidable de una flor. Teníamos corazón, fue hace mucho tiempo.

            ¿Tenemos ahora corazón? No lo tenemos. La cajita de música que la vida nos regalaba ahora es una bagatela fabricada en China, el tambor que latía en nuestro pecho ya no marca el ritmo de nuestros pasos y hemos perdido la hermosa costumbre de sacarlo a pasear, ya no tenemos corazón. No tenemos para sentir la injusticia que se comete lejos de nosotros, ni el drama de un niño que se durmió con ojos y se despertó en las sombras por una esquirla criminal, ni de aquel ángel inocente que se desprendió del seno de su madre migrante para ir a morir en las playas de un imposible sueño, ni derramamos lágrimas por aquellas criaturas que chupan de un seno seco la última esperanza de vida, ni por los niños que a dentelladas sacan el mineral que da esplendor a la vanidad del consumo, ni siquiera somos capaces de sentir el dolor de aquellas mujeres que mueren a manos de sus dueños, ni lloramos por aquel mártir al que la ignorancia homofóbica rodeó de fuego aceitoso para castigar sus preferencias sexuales. Ya no tenemos corazón como antes, amiga, ahora en su lugar está una caja de plomo que aprisiona las lágrimas y los sentimientos.

            Viajamos sin corazón. Creo que es el triunfo más importante de los enemigos de la vida. Nos han quitado el órgano de sentir, nos han convertido en seres de metal, brillantes por fuera, oxidados por dentro. La perfección que ahora se estila es la de la de los robots, cuya esencia es un algoritmo inventado por los dueños del poder. En filas vamos, uniformes y perfectos, a cumplir su destino, no el nuestro. Ni el error, ni la equivocación son parte del programa, ambos son las espadas que han fulminado al corazón. Vamos con los ojos abiertos, pero la falta de corazón nos ha enfermado de indiferencia.

            No veo la luz al final del túnel, amiga. Junto al corazón tratan de matar la esperanza, pero sé que no está muerta. El terror le ha obligado a esconderse, lo sé, porque de lo contrario estaría muerto, por eso ahora dedico mi vida a encontrarla. Voy por las ciudades, por los campos, por las montañas y las playas llamándola a gritos. Sé que un día me responderá y estoy seguro que juntos iniciaremos la clandestina marcha a la recuperación del corazón, de ese viejo tambor que nos servía para soñar, de esa cajita de música que nunca debe dejar de sonar. Si quieres acompañarme, ven conmigo, amiga, si encontramos la esperanza, seremos multitud y seremos, seguro, invencibles.

04-05-2019


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LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN


            La libertad de expresión es una conquista burguesa. El siervo, en el período feudal, tenía prohibido expresarse y, peor todavía, el esclavo. Eran sociedades cerradas, en las que no había lugar para otra opinión que no fuera la de los amos. El siervo tenía que callar, aunque en su presencia el señor ejerciera su derecho de pernada. Callar y aceptar era su destino que quedaba encriptado en su interior con el sello de la humildad que la iglesia católica, apostólica y romana estampaba sobre su conciencia.

            Si, la libertad de expresión es una conquista burguesa tan importante como el derecho al voto o la libre empresa porque son los tres motores que han dinamizado la sociedad del capital desde su surgimiento.

            Pero si bien es cierto que la libertad de expresión es un derecho conquistado por la burguesía en su lucha contra la aristocracia monárquica, después de su implantación hay que examinarla con lupa, porque su contenido no se corresponde con el brillo deslumbrante que tiene. La libertad de expresión es un derecho, cierto, pero, para comenzar, hay que entender que no todos lo podemos ejercer y aquellos que pueden hacerlo no siempre pueden agotar sus posibilidades.

            El individuo ejerce su derecho a la libre expresión, pero la opinión individual no le interesa al sistema porque hay tantas como individuos existen. Cada individuo se puede expresar como le venga en gana sobre cualquier tema, pero eso es intrascendente para el poder establecido. La multidiversidad de opiniones crea la ilusión de que la masa ejerce su derecho a la libre expresión y cada individuo se siente satisfecho de poder hacerlo. A esta práctica es a lo que el sistema llamó, desde sus orígenes, libertad de expresión, pero, a pesar de que los ciudadanos ejercen el derecho a opinar, el entrecruzamiento de tantas y tan variadas opiniones termina debilitando aquellas que poseen fuerza histórica y esfumando aquellas que no despiertan interés. La libertad de expresión, de esta forma, se convierte en un juego circular y eterno que sirve para reforzar la imagen de libertad que maneja y le conviene al sistema. Pero sólo es un espejismo, una vana ilusión que el ciudadano común la identifica con su propia libertad.

            Si vamos de lo individual a lo colectivo sucede algo similar. La libertad de expresión para los conglomerados organizados también está garantizada, pero para ejercerla se tiene que pasar por el ineludible filtro de los medios de comunicación. Los medios deciden a quién le dan la palabra porque responden a los intereses de la empresa privada y los intereses de la empresa privada son los del sistema, de tal manera que lo que se oye o ve en los medios es una sola opinión, aunque aparentemente todos tengan derecho a expresarse. Ningún colectivo puede, por ejemplo, denunciar por los medios el abuso de los medios con sus trabajadores y, peor, llamar a la resistencia contra los abusos de la empresa privada en general. La ley garantiza el derecho a la expresión, pero castiga aquella que afecta sus intereses. También la libertad de expresión de los colectivos humanos organizados es un espejismo.

            Dirán que eso es absurdo, que no se puede estar contra los intereses de la sociedad, porque así lo señala la ley. Pero, si el sistema no garantiza el trabajo a quienes están en capacidad de trabajar, si obliga a los niños a trabajar para vivir, si no protege a sus ancianos, si no le da salud a los enfermos, si tiene una educación de pésima calidad, si ve crecer la delincuencia año tras año, si destruye el medio ambiente, si contamina el agua de beber, ¿por qué se criminaliza la opinión que está en contra de este sistema? ¿Funciona, entonces, el derecho a la libertad de expresión? Me dirán que si, porque cualquiera puede criticarlo, pero ya lo dijimos más arriba, al sistema le importa un bledo la opinión individual  y a la opinión colectiva la controla siempre hasta el punto que comienza a ser peligrosa. De ahí en adelante el sistema se encarga de combatirla por todos los medios, incluido la fuerza.

            En nuestra época el derecho a expresarse ha encontrado un medio impresionante de difusión, el mismo que está al alcance de todo ser humano, incluidos los niños. Son las redes sociales, el vasto campo del ciberespacio. El internet es como una impresionante tribuna universal en la que la opinión de cada individuo puede aflorar de forma instantánea. Lo que antes tenía un alcance extremadamente limitado (el individuo y su familia, a lo mucho) hoy tiene alcance universal. Esta ampliación de la libertad de expresión no tiene parangones históricos y sólo podría compararse con la colosal expansión del capitalismo en los siglos XVIII y XIX.

            Sin embargo, la democratización colosal de la libertad de expresión se está convirtiendo, así mismo, en la amenaza más peligrosa para la libertad del ser humano. El registro de una ficha individual de los ocho mil millones de seres humanos en las bases de datos  de las empresas privadas del internet hace posible el control total de la humanidad a favor del sistema imperante. La manipulación de la información a favor de Trump en las últimas elecciones norteamericanas es solamente un ejemplo. La información total de cada individuo en manos de la empresa privada es más letal que los efectos de los artefactos nucleares, porque no apunta a la destrucción física del enemigo, sino a su manipulación mental y conciencial, como nunca antes pudo hacerlo ni la Iglesia ni los órganos de manipulación mental del sistema.

            Es en este contexto que adquiere su importancia real la acción de “hakers” como Julian Assange, verdaderos chamanes de nuestro tiempo, los únicos capaces de mostrarnos el lado oscuro de la información. Los que lo condenan son los Torquemadas de nuestro tiempo, los monjes malditos de la inquisición moderna que prefieren darle una mano de pintura blanca al sepulcro de los innombrables crímenes de las potencias que gobiernan el mundo y no derrumbar la lápida que encubre esos crímenes. Assange y su portal Wikiliakes son los adalides de la libertad de expresión que, usando las mismas armas del enemigo, los amenaza con derrotarlos. 

            El capitalismo salvaje de los actuales momentos no puede sostenerse si no recurre a la fuerza. La democracia en el mundo se sostiene sobre dos pilares: la fuerza y la desinformación. El rostro de la fuerza lo podemos ver en casos como el de Irak, Libia, Siria, Afganistán, Yemen, Palestina o Venezuela y el de la desinformación en todo el planeta.  Órganos de desinformación mundial como la cadena de noticias CNN actúan en el mundo entero a través de sus filiales o aliados. Romper ese cerco es tarea de titanes. Nadie que no esté preparado técnicamente puede hacerlo y ese es el caso de Julian Assange.

            Assange se ha puesto sobre sus hombros la bandera de la libertad de expresión y los vientos aciclonados que soplan en su contra amenazan con doblegar su fortaleza. Enanos como Lenin Moreno soplan en su contra, pero la fuerza de la verdad está de su lado. 

            Assange es símbolo de la libertad de expresión, derecho que no es sino la antesala de la libertad de opinión. Todos los que en el mundo hemos roto las cadenas mentales de la colonización, estamos con él y, desde estas montañas andinas le decimos que, cuando se abran las grandes alamedas del hombre libre él estará en la primera  fila de los precursores.

25-04-2019

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QUÉ DIFÍCIL ES…

            A finales del siglo XX la derecha mundial desató una ofensiva para convencer al mundo de que la Historia había llegado a su fin. Proclamaron la era de la unipolaridad y de la marcha unida de todas las naciones amantes de la “libertad y el progreso”. Pusieron de ejemplo dos hechos icónicos como fueron la caída del muro de Berlín y el derrumbe del socialismo real de la Unión Soviética. El mundo unipolar significaba la hegemonía indiscutible de los Estados Unidos seguido del resto de potencias capitalistas. De un plumazo los gurús del sistema eliminaban las contradicciones.

            Desde entonces el tiempo histórico ha seguido su marcha. La hegemonía norteamericana en el mundo se ha traducido en agresiones bestiales a pueblos como el de Irak, Siria, Libia, Yemen, Palestina en el viejo continente y amenazas apocalípticas como la que se hace al pueblo venezolano en el nuevo. Una hegemonía sangrienta que no admite reparos ya que al que no está de acuerdo se le declara enemigo de la democracia y la libertad. El mundo unipolar es un mundo monocolor y hay que aceptarlo, obligatoriamente, incluidos muros infamantes como el de Trump en la frontera sur de su país o el apoyo abierto o enmascarado a las fuerzas terroristas de ISIS o al sionismo judío.

            Pero pese al postizo optimismo de los heraldos del capitalismo corporativo mundial es imposible ocultar las contradicciones dramáticas del sistema a cuya cabeza se encuentra la desigualdad económica de las naciones. Potencias inmensamente ricas como los Estados Unidos y naciones extremadamente pobres como Haiti en América Latina o Ruanda en África que registran per capitas que no sobrepasan los cien dólares mensuales o la gran concentración de la riqueza social en pocas manos que convierte a un mínimo dos por ciento de la población mundial en dueños de fortunas equivalentes al ingreso total de más de tres mil millones de pobres en el planeta. Vivimos en un mundo sin equilibrio, en el cual unos disponen de todoy otros mueren de hambre y necesidades. Datos no actualizados de la ONU señalan que cerca de mil millones de habitantes de nuestro planeta están amenazados de muerte por hambre. El éxodo de seres humanos que van del sur al norte en todo el globo no es causa de la pobreza, sino efecto, su más cruel manifestación.

            Las naciones poderosas se empeñan en ignorar esta situación de fondo y creen que con “ayuda humanitaria” se puede resolver tan grave situación. Ese humanitarismo interesado no es sino un pretexto para mantener los hábitos descontrolados de consumo a los que se ha acostumbrado el llamado primer mundo y con lo cual, mientras se perfuma esa sociedad, se destruye de manera irreversible la naturaleza que nos da de vivir, empujándonos a todos a la destrucción. La imagen de que vamos en el mismo barco es justa si consideramos a la tierra como ese barco, pero no sirve si suponemos que todos sus ocupantes están dotados del mismo nivel de conciencia para conducir el barco por la ruta correcta. Dentro de esa nave chocan, de manera inevitable, los intereses opuestos e irreconciliables de sus marineros.

            Choca el millonario con el indigente, el poderoso con el débil, el propietario con el desposeído, el que tiene poder con el que no, el que está arriba con el que está abajo. Eso es lógico. La Tierra no es el paraíso y en ella la lucha de los intereses contrapuestos ha sido la característica principal desde la disolución de la Comunidad Primitiva, razón por la cual, proclamar el “fin de la Historia” o de las contradicciones sociales  como han hecho los poderosos del mundo, no es sino argumentar a favor del orden establecido dentro de la nave y negar toda posibilidad de corregir su rumbo.

            Qué difícil resulta, entonces, conciliar los contrapuestos intereses de todos los navegantes. La teoría de que todos somos hermanos y pertenecemos a una misma humanidad y que, por el bien de todos, debemos deponer nuestros intereses de grupo e individuales para ubicarnos más allá del bien y del mal, suena bonito, pero es imposible. La historia sólo se plantea metas posibles y un cambio repentino de los niveles de conciencia de las masas está más allá de la realidad. No hay método que pueda ampliar la conciencia de la humanidad irredenta en poco tiempo, ni las hierbas de poder, ni las buenas intenciones, ni la tecnología, ni nada puede producir una mutación instantánea  capaz de cambiar el rumbo de la nave. Estamos abocados a la lucha. La lucha es el único camino.

            ¿Qué lucha? La del débil contra el fuerte, la del pobre contra el potentado, la del humilde contra el prepotente, la del acorralado contra el acorralador. Esta misma concepción tiene el poderoso, pero su ventaja está que su violencia la disfraza con el discurso del orden. Miles de años han preparado un ejército de esclavos que creen hacer bien en defender el orden de sus amos. La conducción de la nave, que ahora está en manos de los poderosos, cuenta, también, con ejércitos de esclavos alienados, convencidos de que besar la mano de sus opresores es la única manera de estar seguros. Los amos condenan la violencia liberadora de los esclavos, pero auspician y promueven la violencia que los reprime.

            En conclusión, vivimos en guerra y es muy difícil que llegue a su fin mientras se mantengan tan grandes contradicciones. Trump representa el pensamiento colonizador de todos los tiempos, Putin la posición contestataria, sin que sepamos, a ciencia cierta, si un triunfo eventual de sus argumentos signifique simplemente un cambio de hegemonía y no un asalto al timón de la nave para enrumbarla por un nuevo camino. Lo que está claro para el pensamiento ancestral andino es que hay que conspirar para organizar un motín a bordo, sin miedo a la violencia revolucionaria. No hay otro camino. Todo aquello que contribuya al triunfo de la subordinación hay que apoyarlo. La ciencia política concibe la historia como un proceso que va de menos a más. El secreto está en ser capaces de ver el futuro, en ubicarnos tres palmos por arriba del común de la gente y con esa visión del horizonte marchar sin titubeos. Estar preparados para que cuando el motín esté en su punto, seamos capaces de asaltar el timón del barco e imponer el rumbo que le conviene a toda la humanidad, malos incluidos.

14-04-2019

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DIANA SALAZAR FISCAL

¿Es bueno o malo que se haya elegido a Diana Salazar como Fiscal? A mi entender esa no es la pregunta correcta. La pregunta correcta sería: ¿es Diana Salazar la persona adecuada para ser fiscal?

La primera pregunta tiene visos discriminatorios. Todo ciudadano blanco, negro o mestizo tiene derecho a optar por un cargo público, pero no todo ciudadano puede ser elegido porque, para desempeñar ese cargo se tiene que estar capacitado.

La formación de un fiscal tiene que ver con la ciencia jurídica. Derecho Constitucional, Penal, Civil tienen que ser parte de la sólida formación de un fiscal. No dominarlos constituye un grave peligro para la sociedad en general y para el ciudadano, en particular. Un fiscal vela por los intereses del Estado, pero los delitos que contra él se cometen, los cometen individuos de carne y hueso. Los Derechos Humanos son, entonces, otro campo que un fiscal debe dominar.

Toda la ciencia jurídica, incluida la filosofía del derecho, la sociología de las leyes, su historia, que equivalen a la formación profesional del fiscal, se deben afincar en la contextura ética adquirida durante toda su vida, desde la cuna hasta su vida adulta.

Si no hay equilibrio entre su formación profesional (sus conocimientos) y su formación ética (su moral), no es posible confiar en sus juicios, ni en sus sentencias y, ni siquiera, en su palabra.

Eso es lo que pasa con Diana Salazar, no hay equilibrio entre su formación profesional y su formación ética. Haber obtenido 10 puntos sobre 20 en una prueba de conocimientos lo demuestra de manera irrefutable.

¿Qué va a pasar con Diana Salazar en la fiscalía? Verá el mundo a través de los que saben más y estos le harán cometer el imperdonable error de perseguir a Correa para tapar la corrupción del cuántico. Cuando las cosas se pongan malas Diana Salazar tendrá que obedecer las órdenes de la CIA, porque no fueron sus conocimientos los que le dieron el cargo, sino la voluntad de la rubia embajada.

Esa es la triste realidad.

03-04-2019

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