¿NI UNA MENOS?

            Dentro de la sociedad capitalista la mujer es como la última sobreviviente del régimen feudal. La liberación de las fuerzas productivas que se produjo con la revolución burguesa a finales del siglo XVIII, no llegó a la familia, dentro de ella, como en una burbuja, la mujer siguió siendo una especie de esclava con privilegios. Tenía derecho a criar a sus hijos, pero no lo tenía a protestar por las decisiones de su amo, ninguna libertad económica, peor soberanía sexual. En el hiper-capitalismo actual, ni aún después de las conmociones de la década de los años sesenta, de libros como el Segundo Sexo y de la lucha permanente de las feministas, la esencia de la familia sigue siendo la misma.

            Las iglesias tienen la misión de preservar este núcleo familiar, saben que aunque se produzcan conmociones a su alrededor, si no se afecta el mismo, se tiene garantizada la conservación del sistema en su conjunto. Igual hace el Estado. Si así no fuera, amable lector, ¿cómo explicaríamos los siguientes hechos?:

            Un marido abandonado por su mujer llega en la noche y de dos tajos le cercena las manos “para que jamás toques el miembro de otro hombre”, le dice. Otro celoso mata a machetazos a su mujer en presencia de sus tres hijos; otro le tira ácido en el rostro advirtiéndole que nunca será de otro hombre; otro bárbaro incendia la humilde casita de su ex mujer y los calcina a ella y sus pequeños; otro la encadena y la tiene encerrada por años en un sótano, miles de millones de hombres ejercen sobre sus mujeres una violencia sicológica sin límites.

            ¿Todo esto llegará a su fin con la ley enviada por Lenin a la Asamblea? Mientras no se cambie el tipo de familia y se deje de incubar el áspid del machismo en su seno, eliminarlo será imposible.

La Hora, 30-08-2017

 

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¿SE ROMPE EL VIDRIO?

Todo funcionario público debería tener el tejado de vidrio, mucho más los que llegan a serlo por votación popular. Jamás en la vida republicana esto ha sucedido, por el contrario, mandatarios, ministros y jefes de alto rango e, inclusive, los de medio pelo, hicieron de sus cargos cotos cerrados donde era imposible entrar. Nuestro sistema político estuvo tan jerarquizado que la ciudadanía supuso que los que llegaban a esas alturas eran ángeles

Hay apellidos en el Ecuador que, generación tras generación, hicieron sus fortunas con dineros del Estado. Nadie nunca los fiscalizó, nadie nunca les averiguó cómo se habían hecho ricos. En esta nación platónica unos nacían con estrella y otros estrellados.

Recién en la década de los años noventa del siglo pasado, la irrupción del movimiento indígena como sujeto político sacude la conciencia nacional posesionando la idea de que todos estamos sentados en la misma mesa de la democracia. Las fuerzas tradicionales propusieron consolidar un sistema de partidos a sabiendas que, en ese proceso, se iban a fortalecer las fuerzas tradicionales o sus retoños, como efectivamente sucedió.

La Constitución de Sangolquí (1998) fue, jurídicamente, la culminación de este proceso, sólo que en ella se legisló a favor de la partidocracia privatizadora, lo que quiere decir que la fuerza del movimiento popular encabezado por los indígenas, fue apenas tomada en cuenta. A su amparo la partidocracia quebró la nación.

La Constitución de Montecristi trató de enmendar ese defecto y lo logró en gran medida. En este marco jurídico debe ser juzgada la RC. Ahora el Fiscal encuentra razones para vincular a JG con la trama Odebrecht. Si hay méritos esa justicia, creada por el correismo, debe romper el vidrio de la corrupción.

La Hora, 23-08-2017

 

 

 

 

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¿QUÉ REVOLUCION…?

            La RC -que su líder pronosticó duraría trescientos años-, duró menos que una melcocha en la puerta de un colegio. Sus líderes nunca entendieron que una verdadera revolución no la hacen los líderes, sino las masas.

            La Historia Universal nos enseña a gritos esta verdad. En el mundo antiguo fueron líderes como Espartaco los que lideraron las rebeliones de esclavos que rubricaron el largo proceso de decadencia del esclavismo; en los siglos XVI y XVII, los campesinos parias que el feudalismo arrojaba a la miseria se rebelaban para sobrevivir; la Revolución francesa de 1789 es la culminación de este cruento proceso; durante el siglo XIX se fortalece la dictadura del capital que ahora llamamos “democracia representativa”.

            En el marco de este sistema, los dos últimos siglos y lo que va del presente, la dictadura del capital ha controlado el poder político. Toda amenaza a este orden ha sido combatida con diferentes métodos, que van desde la legalidad hasta el uso brutal de la fuerza. En el siglo XX la cadena capitalista se rompió en la Rusia zarista y luego en China y otros puntos del planeta.

            Esa cadena planetaria también se debilitó en América Latina. Al igual que la Revolución bolchevique la revolución cubana tiene el mérito histórico de haberse atrevido con la dominación capitalista, si tuvieron éxito o no es otra cosa, pero fueron revoluciones que hicieron saltar en añicos el viejo capitalismo.

            En esta perspectiva la RC no sólo que ha sido un engaño, sino que pretende perpetuarse en el engaño. Sus líderes, Correa y Lenin, son políticos de derecha y deben dejar de seguir engañando a las masas. Las revoluciones auténticas nacen en el seno del pueblo, sus líderes salen de él o lo representan con verdad, hasta las últimas consecuencias.

La Hora, 16-08-2017

 

 

 

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¡EL GRAN ENGAÑO!

Carlos Polit llegó a la Contraloría de la mano de Correa, porque Correa hizo un pacto con Gutiérrez para tapar las trapacías de su administración. Cuando Polit llegó ya era un zorro viejo de las corruptelas.

Dahik dice que el sistema creado por Correa sirve para permitir la corrupción, yo digo, nada diferente al sistema de la partidocracia, que existió desde la fundación de la república. El gran engaño consiste en que Correa le hizo creer al Ecuador que con él estábamos refundando la nación. Se ha dicho: antes y después de Correa. Nada es cierto, desde Flores hasta Moreno corre el mismo río, sin que se haya realizado el milagro de ver correr las aguas en sentido contrario, lo que sólo es posible con una revolución.

Basta pensar que Polit cobró diez millones de dólares por permitir que Odebrech se ahorrara 70, para imaginar cómo fluyó el rio de la corrupción en esta década. Lástima que ahora los fiscalizadores sean los viejos políticos corruptos de siempre, cuando esta labor debió haberla realizado el pueblo, con sentido de justicia y no de venganza.

Pero la ratería de alto vuelo no es lo peor de esta década. Si se pudiera instalar un juicio popular para juzgar a Correa por ladrón ideológico, se haría Historia. Hay que acusarlo de ladrón del discurso de la izquierda revolucionaria, el cual utilizó para alimentar a la derecha tradicional. Correa es el responsable de haber cubierto de estiércol la doctrina socialista hundiéndola en el desprestigio. Ese es peor crimen que robar plata.

¡Yo lo acuso de ladrón a Correa! Ladrón ideológico que sepultó el nombre del socialismo bajo toneladas de corrupción, en compania de “revolucionarios” como Polit, Mera y tantos otros. A los verdaderos socialistas nos costará trabajo volverle a dar lustre a la doctrina.

La Hora, 09-08-2017

 

 

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ESTA CRISIS

            Si el nivel promedio de educación en el Ecuador alcanzara por lo menos el del bachillerato, después de diez años de correismo y menos de cien días del leninismo, se levantaría un clamor nacional para condenar a los avivatos de viejo y nuevo cuño por manipular la opinión publica de acuerdo a su “regalada gana”.

            En la actualidad, discutir cómo salir de la crisis se ha vuelto un deporte académico. Un deporte en el cual prevalece el ego y brilla por su ausencia la honestidad. Todas las fórmulas han sido probadas y ninguna ha dado resultados positivos.

            Si entendemos que la crisis es un proceso podremos plantear mejores soluciones; pero decir que es un proceso no quiere decir que es eterno, si tiene solución. La crisis multiestructural del capitalismo sólo puede tener solución en el socialismo. Todas las condiciones históricas están creadas para dar este paso. Es en cierta forma una especie de fatalismo histórico, pero -como lo entendían nuestros ancestros-, se trata de un cambio dialéctico que amplía el espiral de la historia. Este cambio terminará ubicando a la humanidad en un nivel superior que, a su vez, con el transcurrir del tiempo, volverá a entrar en crisis e impulsará a la sociedad a otro nivel superior de la espiral histórica y así hasta el infinito.

            Pero no nos equivoquemos, la solución a la crisis no depende de fuerzas celestiales. Esa solución depende del ser humano. Sin la intervención consiente de su inteligencia, eso nunca será posible. De ahí que la Historia nos necesite y no sólo que los seres humanos necesitemos de la Historia. Este es un cambio de época y no sólo una época de cambios.

            Si Rafael Correa hubiera creído en lo anterior, estaríamos dándole solución a la crisis. Lenin Moreno sólo es comparsa en este juego.

La Hora, 02-08-2017

 

 

 

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EL EQUILIBRIO

             Durante el siglo XIX el desequilibrio social en el Ecuador tenía abismos espantosos como el existente entre el campesino indio y los hacendados. Eso se reforzaba con las barreras mentales que los terratenientes crearon para anular a la mayoría de la población de indios, negros, mestizos y blancos pobres.

            Después de la Revolución Liberal hasta la década de los noventa, la plutocracia liberal mantuvo, básicamente, la misma concepción de la república. La diferencia estuvo en que un nuevo protagonista irrumpió en el escenario político-social, me refiero al semi proletariado urbano y rural, que al calor de los acontecimientos mundiales comenzó a reclamar su participación en la vida nacional, ya no como invitado de piedra, sino como comensal con derechos.

            Pero los “abismos espantosos” de la desigualdad se mantuvieron. Si hay una palabra que define al Ecuador desde su fundación hasta nuestros días es desequilibrio. En el un extremo está una economía monopolizada y en el otro una inmensa mayoría que apenas sobrevive con su esfuerzo individual.

            Correa irrumpe en este escenario con un discurso secuestrado a la izquierda. Durante una década logra repartir la riqueza nacional en un porcentaje de apenas el 0,0001%, a lo que él, orgullosamente, llama RC. Ahora su sucesor trata de poner las cosas en su lugar. No hay tal, dice, hagámosle caso a la realidad y no al discurso. La realidad  es que si hemos estado favoreciendo a los empresarios, tenemos que continuar haciéndolo. Dejémonos de vainas, tiene que pasar la calentura.

            Lo que queda por ver es si por ese camino Lenin logrará el equilibrio histórico que el Ecuador necesita, o sólo le bajará un cero al porcentaje del desequilibrio. Si sabe que es así, no tiene por qué seguirse llamando revolucionario.

La Hora, 26-07-2016

 

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¿Y LA TEORIA…?

            Si a un maestro carpintero le pedimos que nos haga una mesa, lo primero que nos va a preguntar es cómo la queremos, si redonda, cuadrada, con cuatro patas o seis, lo que supone tener una imagen previa en nuestra cabeza de la mesa. Igual si nos vamos de viaje, trazamos en nuestra mente la ruta a seguir. Aunque aparentemente el camino de la teoría sea teoría-práctica-teoría, en realidad es práctica-teoría-práctica. La mesa y la ruta no podrían estar nunca en nuestra mente sin que medie la experiencia, es decir, la práctica.

¿Se podrá construir un país sin una teoría previa? No, definitivamente no. Todas las dificultades, inclusive tragedias, que vive el Ecuador, se deben a que no hemos cumplido con este “detalle”. La práctica histórica, desde la fundación de la república, ha dado como resultado un país de desigualdades, de injusticias, de racismo, de hambre y desempleo. La práctica histórica nos dice a gritos que tenemos que cambiar.

Todas las teorías de desarrollo se han aplicado en el Ecuador: liberalismo, económico, neoclasicismo, keynesianismo, neoliberalismo, el desarrollo humano de Amartya Sen y  hasta las seudosocialistas del progresismo y ninguna ha dado resultados positivos. El argumento de que todas son buenas pero han sido mal aplicadas, no es sino la excusa de aquellos que con el “borra y va de nuevo” siguen lucrado de la situación

Una nueva teoría de desarrollo se impone si queremos sacar al Ecuador de la desigualdad. Tenemos una práctica histórica que nos da todos los elementos para crearla, a nivel nacional e internacional. Tenemos los ecuatorianos, además, la ventaja de pertenecer a la región interandina, en cuyas raíces buscaremos la esencia del Sumak Kawsay americano, que nada tiene que ver con el Buen Vivir aristotélico.

La Hora, 19-07-2017

 

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