¿SÓLO CAUDILLO MILITAR?

            La sociedad humana es liberal “oficialmente” desde la Revolución Francesa. Precursores como Smith, en lo económico y J. Locke, en lo político y el pensamiento del Siglo de las Luces fundan el liberalismo. Este pensamiento liquidó el absolutismo feudal y fue radical y revolucionario.

            La filosofía liberal trae un nuevo concepto de libertad, el de la libertad de empresa. Esta filosofía gira alrededor del individuo, le enseña a usar la razón y a confiar en sus posibilidades. Ser liberal es, entonces,  ser partidario de la libre empresa y confiar en las fuerzas de uno. El Estado liberal los tiene que garantizar.

            La independencia se hace bajo las premisas liberales. Ilustrados como Miranda y Bolívar sueñan con construir un gran Estado pro capitalista. Pero la independencia puso el poder político en manos de los terratenientes conservadores y no de las élites liberales. Es por esta razón que en nuestro continente se prolonga la noche colonial y que el liberalismo tiene que luchar a sangre y fuego, durante el siglo XIX, para triunfar. En su mayoría son caudillos militares, conceptualmente liberales, los que llevan adelante este proceso.

            Una golondrina del neoconservadurismo en el Ecuador, la economista Gabriela Calderón, nos sorprende ahora con la infundada novedad de que caudillos militares como Alfaro no fueron realmente liberales. Acusan a Correa de socialista y le niegan su definición liberal.

            Detrás de esta visión está la negación del derecho que el pueblo tiene a luchar por el socialismo, desconociendo de un tajo la dialéctica de la Historia y pretendiendo meterla en los moldes de sus intereses de clase.

La Hora: 04-07-2018

 

 

 

 

 

           

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SER DE IZQUIERDA

            Para ser de izquierda no sólo es necesario estar de lado de los pobres. Cualquier cristiano de derecha también lo está. Tampoco es suficiente ser negro, indio o mestizo y ni tan siquiera ser pobre. Hay negros, indios, mestizos y pobres defensores del sistema en el que viven.

            Para ser de izquierda el primer requisito es tener clara conciencia de que se vive en un sistema socio-económico cuyo mecanismo organizacional es la desigualdad, no la diferencia. La desigualdad significa que las mayorías tengan que hacer ingentes sacrificios para sobrevivir mientras una minoría, estadísticamente insignificante, vive en la opulencia. Esto es desigualdad, no diferencia. Para tener conciencia no basta decir este orden es injusto, se necesita tener conciencia de la necesidad de cambiarlo. Entonces se es de izquierda.

            Claro que hoy ser de izquierda no es lo mismo que en el siglo de la Revolución Francesa y ni tan siquiera en relación al socialismo del siglo XX. La Revolución Francesa, el socialismo chino o soviético son las huellas dialécticas que el concepto ha dejado en su marcha para llegar a un presente en el que ser de izquierda significa saber que la naturaleza es un ser vivo con el que debemos vivir y no de quién debemos vivir. No es lo mismo vivir con un árbol que vivir del árbol, porque entonces nuestra vida duraría apenas la vida finita del árbol.

            La izquierda actual, a nivel mundial, está cooptada por los cantos de sirena de la socialdemocracia, lo que le viste con el traje engañoso de la  mentira. El capítulo latinoamericano del “progresismo” sirve sólo para reajustar los mecanismos del capitalismo corporativo mundial, monstruo devorador de la vida, al que hay que denunciar y combatir. Sin una clara conciencia de esto, jamás podremos ser de izquierda.

La Hora: 27-06-2018

 

 

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SIN CORREA

            Después de Velasco Ibarra no ha habido en el Ecuador un líder que hipnotice a las masas como Rafael Correa Delgado. Me dirán que Jaime Roldós, pero en su caso, igual que en el de Velasco, manejaban un discurso de corte personalista, no ideológico. No es el caso de Correa, su discurso fue meticulosamente preparado en los laboratorios de la izquierda, es más, la izquierda boba le autorizó a usar su discurso convencida que, desde adentro, iban a poder imponer su agenda.

            Con ese discurso ganó todas las elecciones, incluida la de su sucesor. ¿Cómo es que la Academia, los analistas políticos, los sabelotodo no dan una explicación racional a este fenómeno? Es evidente que no lo explica la cara bonita de Correa, hay algo de fondo que, estando a la vista de todos, nadie lo quiere ver.

            Se trata del discurso. Copa las expectativas de la gente humilde, promete el mundo que no tienen, fustiga la pobreza, demuestra que se la puede superar y sostiene que tenemos un sistema perverso, incapaz de resolver sus problemas; pero también adula el revanchismo pequeñoburgués, estimula las aspiraciones de una clase media arribista y fustiga a los culpables señalándoles con nombres y apellidos.

            Es un discurso de clase que ataca los males estructurales de la sociedad imbricado con la corriente latinoamericana del progresismo. Eso es lo que hipnotiza a las masas, lo que tiene condumio, lo que es acertado y creador. Correa lo ha manejado magistralmente durante diez años, siendo, por su práctica política, un político de derecha.

            El sistema está sacando a Correa de la contienda política electoral, pero no podrá esfumar a los “borregos” correistas que necesitan dirección política más allá de los Patiño, las Aguiñaga y el mismo Correa. Es hora del pensamiento revolucionario.

La Hora: 20-06-2018

 

 

 

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LA FUERZA DE LOS “BORREGOS”

            Vamos directo al grano. Las certeras y largas explicaciones que mi  amigo, el doctor Diego Delgado Jara, ha hecho sobre la “maldad” del correismo son suficientes para demostrar que la década perdida ha sido, en efecto, tiempo perdido para los ecuatorianos. No es chisme, es verdad. Para muestra basta un botón: Correa no pudo jamás sacudirse el dogal de la deuda externa y, al final de su periodo, dejó al Ecuador más endeudado que sus antecesores. Eso está más claro que el agua y no necesitamos llover sobre lo mojado.

            Durante esta última década no nos hemos cansado de sostener que el gobierno de Correa ha sido, y con mucho, el mejor de los gobiernos que la derecha ha tenido. Se planteó correctamente dar fin a la trunca revolución liberal de Alfaro haciendo lo que la plutocracia liberal traicionera no hizo después de asesinar al Viejo Luchador. Con Correa se consolida el Estado Nacional que la revolución liberal inauguró,  por eso la red vial espectacular y toda la obra material que hizo el correismo se enmarca en ese proceso; pero ese proceso tenía marcados sus límites: no podía ir más allá de una tibia redistribución de la riqueza nacional, configurando, desde el fondo, un capitalismo de base popular. Todo lo que Correa hizo debieron haberlo hecho las élites después de la muerte de Alfaro, pero no lo hicieron. Apoyados en la “democracia” norteamericana tallaron un país elitista que, en esencia, mantenía las mismas características del viejo país colonial.

            A comienzos del siglo XXI era imposible triunfar políticamente con el viejo discurso social de estilo velasquista. Jalones históricos como la irrupción del movimiento indígena, las luchas del FUT en la década de los ochenta, el surgimiento de un pensamiento crítico que buscaba salir del marasmo académico oficial, entre otros aspectos, había abonado el terreno para que las masas entendieran y respaldaran un nuevo tipo de discurso. La partidocracia no podía calafatear más su derruida nave, carcomida por la feroz corrupción que pocos años antes había recurrido al salvataje bancario para seguir flotando. La izquierda tradicional estaba copada por dirigentes que buscaban destacarse en el tinglado político y no hacer la revolución. Seudo socialistas como León Roldós y Enrique Ayala Mora se amparaban en sus pergaminos para engatusar a las bases populares, “educándoles” en la idea de que una transformación radical no era posible. Este tipo de dirigente surgió en toda la izquierda histórica y son más responsables que la misma derecha de haber retenido el proceso de radicalización de la lucha popular.

            Es en este paisaje que aparece Rafael Correa Delgado. Demostrando la capacidad que nunca tuvieron los dirigentes de la izquierda tradicional, comienza a manejar un discurso no sólo anti oligárquico, sino radicalmente revolucionario. Con él confronta a la oligarquía, fustiga a los empresarios, pone contra la pared a algunos cadáveres políticos y, sobre todo, adula a los sectores populares que comienzan a ver en él al líder que habían estado esperando. Este es el meollo del asunto. Correa propuso una revolución, a la cual le dio el calificativo de ciudadana, para lo cual logró el apoyo de TODAS las fuerzas políticas y sociales del país que iban del centro a la izquierda. Gracias a ese apoyo Correa ha ganado más de diez elecciones populares y, si le dejan, volverá a ganar. Este es el meollo del asunto. Veamos.

LOS “BORREGOS” AL PODER

            Dejemos a un lado lo realizado por el correismo durante la década que ellos llaman “ganada” y la trucha oposición “perdida”. Centrémonos en las razones por las que del centro de notables hasta la rancia oligarquía odian a Correa.

            En orden de prioridad comencemos por la labor tributaria del correismo. No me interesan las cifras, me interesa el hecho de que Correa se atrevió a cobrar impuestos a los ricos. No hundió el bisturí hasta la raíz de esta metástasis, pero se atrevió. Respuesta, odio visceral de los deudores.

            Dos, fue capaz de confrontar a los medios de comunicación que representaron siempre los intereses dominantes. Aprobó una Ley y mandó al pueblo a limpiarse bendita sea la parte con sus periódicos. Creó un sector público de comunicación que trató, sin lograrlo, de ser una alternativa de calidad a la comunicación mercantil. Nadie en la Historia del Ecuador lo había hecho. Resultado: el odio repetido visceralmente a diario por radios, periódicos, revistas, canales de televisión, hojas volantes y hasta paredes de las letrinas públicas.

            Tres, se atrevió con la educación privada en su nivel más superficial como fueron las universidades de garaje e impulsó una educación pública cuyo objetivo planteado fue superar la educación privada. Esta reforma, aunque ni siquiera llegó a rasguñar el problema de la educación, concitó el odio de los mercachifles de la educación. Hasta académicos de renombre como el ibarreño Ayala Mora pusieron el grito en el cielo al ver amenazados sus privilegios. Otro frente desde el cuál se hizo tiro al blanco con Correa, a diario y con la pasta de los títulos académicos que, en nuestro país, funcionan como títulos nobiliarios.

            Puso los puntos sobre las íes en lo que a la seguridad social de las fuerzas armadas y policía se refiere. Tocar el bolsillo de los soldados fue una valentía histórica. De ese sector ha salido un odio amenazante y soterrado que ha mantenido la estabilidad democrática del Ecuador en vilo.

            Construyó una infraestructura eléctrica que les quitó de la boca el pastel a los oligarcas guayaquileños, sobre todo y les alzó la voz a Nebot y a todos los patrones del Ecuador, agrupándoles bajo el apelativo de “pelucones”, con lo cual estimuló el odio de los oligarcas y de una parte de la clase media aspirante a serlo.

            Y se tomó la justicia, hasta entonces coto cerrado de los sectores económicos y políticos poderosos del Ecuador. Ahí donde reinaba la voluntad, unas veces de recalcitrantes socialcristianos, otras de tibios socialdemócratas, de mojigatos democristianos y en fin, de lo más conspicuo de la “gente buena”, Correa impuso reglas y procedimientos que seguramente favorecían la consecución de sus objetivos, prevalido, con justísima razón, de que nunca la justicia ha sido ciega. El odio de los de arriba se generalizó, atacando cruelmente su atrevimiento.

            Y muchos otros detalles que concitaron el odio, por ejemplo, de un sector intelectual acomplejado que no supo nunca alcanzar el nivel del mandatario que se atrevía con cualquier tema, sean de este o del otro mundo. Correa fue capaz de imponer sus razones, a lo que el odio le dio el nombre de autoritarismo.

            No es este un análisis para evaluar la gestión del correismo. Lo hice semana a semana durante toda una década. Es para destacar un aspecto que, estando a la vista de todos, parece que nadie lo quiere ver: el apoyo popular a la figura de Rafael Correa. ¿Cuáles son las razones por las que Correa tiene respaldo popular? Las mismas por las cuales la oligarquía le odia, contesto, no tanto por lo que hizo -que fue lamentablemente superficial-, sino por lo que dijo y sigue diciendo en su discurso. Es un discurso de izquierda, el único capaz de dar triunfos electorales y concitar el odio de los sectores dominantes. Desde la política esto es lo más importante. Lo demuestran a cada momento líderes que surgen a lo largo y ancho de nuestro continente, como AMLO en México, Petro en Colombia, Lula, Cristina.

            Desde esta óptica, hoy en el Ecuador la única fuerza política peligrosa para los intereses oligárquicos es el correismo, pero con una diferencia cualitativa en relación al momento de su surgimiento y es que eso que la vesania oposicionista llama “borreguismo” es ahora una masa cualitativamente diferente, dicho de otra forma, es una masa que tiene claro que el objetivo de la política es el poder. Nunca antes en nuestra historia política hemos vivido un momento como este. Eso es obra de Correa, exclusivamente, en diez años de sabatinas, en diez años de haber trabajado sin descanso, de conducta ejemplar como político que sabe que al frente suyo tiene a un enemigo poderoso. Ahí la diferencia con un político mediocre, sin convicciones de lucha, como Lenin Moreno.

EL DESAFIO DEL CORREISMO

            El odio es el talento de los envidiosos. Con el exclusivo fin de dejar fuera de la carrera electoral a Correa Lenin Moreno convocó a una consulta popular. Eligió, a dedo, un CPCT que terminó nombrando a un Fiscal ad hoc para inculpar penalmente al ex mandatario. A estas alturas ya se consumó un magnicidio legal. Correa será impedido de ser candidato en el 2021 y probablemente nunca más.

¿Fin del correismo o comienzo de un correismo sin correa? Difícil borrar de la conciencia nacional un fenómeno político como el correismo. Sólo puede ser comparado con el liberalismo decimonónico, con su efecto ideológico en la conciencia de las masas. La diferencia está en que el Viejo Luchador conmocionó la conciencia colonial saturada de confesionismo y pujos aristocráticos y  Correa agarró la punta del ovillo de una conciencia de clase cuyo horizonte no es otro que la revolución y el socialismo. Las montoneras de Alfaro luchaban contra el clero y por la libre empresa, los ““borregos” correistas han comenzado a comprender que la lucha es por el poder y la transformación social del Ecuador. Los acontecimientos les harán comprender que también es por el socialismo.

            Yo creo que la Historia está llevando al correismo a un callejón cuya única salida es la revolución. No son los individuos los que hacen la Historia, son las masas, las clases sociales que van de abajo hacia arriba. La oligarquía tiene plena conciencia de clase, razón por la que trata de impedir –y lo hará a sangre y fuego de ser necesario- que las masas irredentas tomen conciencia. El odio es su punta de lanza y en ese vómito pestilente se embarran “inteligentes” periodistas, “destacados” intelectuales, “correctos” empresarios, “notables” vejetes que, con la partidocracia histórica ven, en la debilidad de carácter del licenciado cuántico, la oportunidad para volver a abrir la puerta de entrada a su mundo de siempre que la audacia de Correa se había atrevido a entrecerrar.

            Es esto lo que hay que rescatar del correismo, nada más. La corrupción de su entorno, los personajes que lo acompañaron, los oportunistas que de la noche a la mañana se pusieron el traje de la revolución, esa pequeño burguesía que hizo de la política cuchara, los seudo teóricos que propusieron el paraíso sin antes haber trazado el camino, los prepotentes del poder, los orgullosos, los que sin tener ni una idea en la cabeza se auto designaron conductores del pueblo y toda esa fauna de oportunistas que lucraron del proceso, tienen que hundirse con su cuántico traidor y ser enterrados para siempre en el olvido. Hay que partir del nivel de conciencia adquirido por los “borregos” correistas y avanzar a la revolución, más allá de su líder histórico y de la reforma progresista.

            Esta es la hora de los movimientos políticos chicos, de los que pueden dar dirección revolucionaria porque tienen ideología, de los que sin complejos comprenden la necesidad de estructurar un correismo sin Correa que gire más a la izquierda de lo que estuvo en su primera etapa y profundice el proceso.

            Ñucanchic Socialismo plantea la unidad de las pequeñas fuerzas revolucionarias para unirnos a la marcha de los “borregos” correistas, unidos pero diferenciados  en la lucha común por una Patria nueva.

Mindo: 16-06-2018

 

 

 

 

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NI LA SOMBRA

            A estas alturas de los acontecimientos para las mentes lúcidas del continente está más claro que el agua que el llamado “progresismo latinoamericano” no es otra cosa que un ingenioso mecanismo de reajuste de las estructuras del capitalismo regional y mundial. Algo así como una vacuna que pretende curar inoculando la misma enfermedad en el cuerpo enfermo.

            El progresismo no es ni la sombra del socialismo. Que se haya levantado con el discurso ético del socialismo, es otra cosa. De ahí su poder hipnótico sobre las masas. Con el tiempo se ha demostrado que, después del fracaso de los “socialismos reales”, ha sido el más grande fraude histórico. Quitarle un bocado al banquete de la oligarquía, no es nada parecido a una revolución.

            Sin embargo, los líderes del progresismo latinoamericano se han hecho acreedores al odio patológico de sus oligarquías respectivas, como es el caso de Lula, Cristina, Chávez, Maduro y Correa. Las fuerzas del imperio y sus lacayos locales arremeten contra ellos examinándoles con un microscopio atómico capaz de ver hasta las partículas cuánticas de su maldad. A nadie le quepa dudas de que con tan poderoso instrumento terminarán descubriendo esas partículas.

            En el Ecuador la Fiscalía del Estado acaba de vincular penalmente a Correa por supuesta participación en el secuestro de Balda. Balda, un prófugo de la justicia que los medios llaman “político“ sin que jamás haya hecho planteamientos para el país y cuya hoja de vida más parece la de un reo que la de un político.

            El imperio y sus lacayos ya han aprendido que poco se gana con la violencia directa. Estos son otros tiempos. Ahora se trata de destripar al oponente, en público y a voz en cuello. ¡Y eso que Correa no es ni la sombra de un líder revolucionario y socialista!

La Hora: 13-06-2018

 

 

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SER JUSTOS

            ¿Quién se atreve a sostener que la justicia está por arriba de los intereses económicos de las clases sociales? Que la justicia es ciega es un cuento que se inventó en Roma para defender a los latifundistas que eran los que nombraban a los césares. Ni la justicia divina ha logrado ser imparcial aquí en la tierra, porque la Iglesia, que la representa, siempre ha estado al servicio de los poderosos.

            Tomás Moro, en los albores del capitalismo, advirtió, con mirada zahorí, cómo los señores de la tierra usaban la justicia en contra de los campesinos siervos y, cuando adviene la revolución industrial, se legaliza formalmente la esclavitud asalariada por medio de una legislación draconiana que Marx desentrañó de manera irrefutable.

            La justicia ciega es un cuento perverso para sostener el edificio de los regímenes clasistas. Si se enseñara el derecho con verdad, se tendría que enseñar que lo que penan nuestras leyes es en un 98% delitos contra la propiedad privada. El sistema jurídico al servicio de los intereses del capital.

            En el Ecuador nadie se atrevería a levantar la mano si preguntáramos si la justicia alguna vez ha estado al servicio “de los de poncho”. Desde Flores, hasta Lenin, sólo se ha hecho justicia para el de arriba. Si la Constitución de Montecristi reconoció derechos a la naturaleza, no pudo borrar su sello de clase.

            Esta verdad Moreno nos la quiere ocultar aderezándola con la pasta engañosa de la decencia burguesa. Se ha conseguido, para eso, a un viejo carcamal que estuvo siempre liado a las élites más retrógradas del país, un anciano que jamás tuvo el valor de dudar de lo que les enseñaba a sus alumnos. Maestros como él son necesarios para mantener el establishment, con el aplauso de una legión de ingenuos, por supuesto.

La Hora: 06/06/2018

 

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AQUÍ, COLOMBIA

            Hace algunos años, un joven colombiano de nombre Andrés, golpeó la puerta de mi pequeño negocio y me pidió trabajo. Le pregunté que qué sabía hacer y como a la defensiva me contestó que de todo, menos robar. Yo necesitaba un diseñador gráfico y resultó un genio para el oficio.

            Entre página y página solíamos conversar. “Uribe tiene claras las cosas, va a acabar con la guerrilla y luego a implantar la justicia social.-me dijo un día. “No -le contesté-.Va a ensangrentar más a Colombia.”.

            Juan Manuel Santos firmó la paz con la guerrilla. Hoy un ex guerrillero va por la presidencia con un uribista. La tendencia progresista, encabezada por Petro, supera a la derecha cavernaria de Uribe. El mensaje está claro. La olla de presión colombiana ya no amenaza con estallar. Si prima la razón, en Colombia Petro podría ganar.

            El progresismo de Petro jugaría el mismo papel que ha jugado en el resto del continente, ser una tabla de salvación para el capitalismo atrasado de nuestros países, porque por mucho que Petro quiera no podrá escapar a la fuerza succionadora del capitalismo corporativo mundial, de los intereses yanquis y de la misma oligarquía colombiana, pero los beneficios directos de un gobierno del ex alcalde serían la disminución de las tenciones sociales y el reacomodo de las fuerzas de dominación obligadas a ceder una tajada del pastel.

            Como no es Venezuela ahora casi nadie toma en cuenta el abstencionismo en Colombia, que casi es similar al venezolano. La derecha puede volver a Ganar en la persona de Duque, pero sería el peor negocio para los colombianos. Creo que el progresismo de Petro es en Colombia una necesidad, como lo fue en el Brasil de Lula y en el Ecuador de Correa. La vuelta revolucionaria del pueblo, es otra cosa, está en camino. Seguro.

La Hora, 30-05-2018

 

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