TIEMPOS DIFICILES

            Un profesor de Literatura me encaminó en la lectura de Charles Dickens. No me tomó mucho tiempo “beberme” sus principales novelas y fue, en páginas  como las de su novela Tiempos Difíciles, donde aprendí a distinguir, antes que en Marx, lo que pensaba un trabajador y lo que pensaba un burgués.

            Los tiempos difíciles de la humanidad tienen signos evidentes de cómo un viejo mundo se va derrumbando y otro, tierno y nuevo, comienza a nacer. Época de cambios enmarcados en la noción abarcadora de un cambio de época. Asistía, Dickens, a mediados del siglo XIX, al estirón de las fuerzas productivas del régimen capitalista que, en sentir de Marx, vino al mundo sudando lágrimas y sangre.

            Los nuestros también son tiempos difíciles. Creo que estamos asistiendo a la decadencia del capitalismo que Dickens vio nacer. Los parámetros que en su tiempo surgieron ahora están en franca decadencia. La noción de la familia patriarcal, por ejemplo, o la idea de que el ser humano es el rey de la creación o de que la naturaleza es una fuente inagotable de recursos, son ideas que nos obligan a tomar partido.

            Esta es una lucha ideológica. Estos son tiempos difíciles en que nos enfrentamos padres a hijos, hermanos con hermanos, amigos con amigos.

            Gracias quiero decirle al diario La Hora y a sus personeros a cuya cabeza está el recuerdo de Nicolás Kigman, a Francisco Vivanco por haberme permitido escribir en sus páginas con entera libertad por más de veinte años. Gracias, pero en estos tiempos difíciles las opiniones personales se vuelven políticas y están más allá, inclusive, de un gran diario como La Hora.

            A mis lectores gracias también por su fidelidad y apoyo. La tribuna digital de mi blog servirá para seguir en contacto. Gracias a todos.

La Hora: 29.08-2018

 

 

 

 

 

 

 

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ES UN CRIMEN

            El tema del desarrollo ha sido y seguirá siendo la principal preocupación de los gobiernos de todos los tiempos. La economía semi feudal que sobrevivió a la revolución alfarista pretendía sostener el desarrollo sobre los rezagos de la hacienda colonial, con innovaciones modernizantes para el sector privado como las llevadas a cabo por Galo Plaza Lasso. En la década de los sesenta la famosa Alianza para el Progreso planteó la modernización de la agricultura pero puso el énfasis mayor en el desarrollo industrial. Desde entonces, en más de medio siglo, tenemos una economía atrofiada en ambos sectores, una industria dependiente y una agro-industria deforme y mal desarrollada.

            Ha sido un crimen de los sucesivos gobiernos no haber hecho jamás un esfuerzo histórico por apoyar y fomentar el desarrollo agrícola. Hemos perseguido el sueño del desarrollo imaginando que podemos lograr desarrollarnos industrialmente. Más de medio siglo de fracasos debe servirnos para reconsiderar la ruta y pensar seriamente en nuestras posibilidades agrícolas. Lo histórico es volver a nuestra vocación milenaria por la agricultura. El desarrollismo es, a estas alturas, un fracaso comprobado.

            Hoy hay un avance tecnológico colosal en el campo agrícola que puede y debe ser aprovechado por un gobierno que piense en los intereses nacionales. Una reforma agraria profunda acabaría de un plumazo con el desempleo y nos convertiría, casi de forma instantánea, en un país exportador de productos agrícolas. Mercado nacional hay para nuestros productos y el mercado internacional se lo logra con una eficiente gestión diplomática.

            Repito, es un crimen no ocuparnos de lo verdaderamente importante, es un crimen seguir insistiendo en fórmulas que sólo nos han traído miseria y dolor.

La Hora: 15-08-2018

 

 

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CAMBIO CLIMATICO

            Una agencia gubernamental norteamericana hace una recomendación mundial de que no se use la expresión cambio climático para referirnos a los efectos del industrialismo en el mundo, porque, según ella, es una expresión alarmista.

            No me ubico en el grupo de personas que apoyan esta tesis, basada, por supuesto, en la opinión de prestantes personalidades de las ciencias, me ubico en el lado contrario, en el de los que creemos que el industrialismo está asfixiando al planeta, basado en la ciencia, pero, sobre todo, en la razón.

            Si la temperatura global sube en dos grados centígrados sería el fin. La imagen de una persona que de tanto comer ha llegado a pesar quinientas cincuenta libras y que no puede parar, es la que mejor grafica esta situación. La civilización del industrialismo comerá hasta explotar. El efecto invernadero se está acelerando cada vez más. Hoy los bosques del planeta absorben poco más de cuatro mil quinientos millones de toneladas de carbono, con lo cual se puede mantener el equilibrio, pero las necesidades industriales del primer mundo deforestan a un ritmo demencial que, en poco tiempo, las consecuencias serán irreversibles.

            ¿Qué quiere decir esto? En términos sencillos que la naturaleza dejará de ser aliada del ser humano y pasará a ser su enemiga. En lugar de absorber el carbono, comenzará a producirlo,  con lo cual la vida será imposible.

            Urge tomar conciencia de este peligro. Lo sorprendente es que la solución no viene del primer mundo que no puede parar de comer, sino de la forma de vida que tienen los pueblos sobrevivientes del genocidio colonizador europeo y de la conciencia que una vanguardia político-espiritual ha comenzado a difundir a nivel político. El Sumak Kawsay revolucionario se perfila como la única solución.

La Hora: 08-08-2018

 

 

 

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LAS MASCULINIDADES

            Hay como una polvareda universal por esto de las “nuevas masculinidades” con lo cual se quiere decir que el sexo masculino, para estar a tono con los tiempos, se tiene que, de alguna forma, feminizar.

            Como siempre sucede, los asuntos de fondo comienzan a ser discutidos, desde lo más superficial a lo más profundo. ¿Deben los hombres ayudar en las tareas domésticas?, ¿deben llorar?, ¿deben expresar sus sentimientos?, ¿deben aceptar que la mujer es su par y no su esclava? Y así, por el estilo, una larga lista de inquietudes que reflejan los síntomas de que una época está llegando a su fin.

            ¿Sabía usted, amable lector, que desde la década de los años setenta en Cuba, legalmente un hombre puede  ir preso por no ayudar a su compañera en las tareas domésticas?, ¿qué el Código Civil obliga a la mujer a conservar su apellido de soltera? Una legislación que se recoge en el Código de la Niñez y la Familia y que está pensada en función de acabar con el concepto de la familia patriarcal.

            Y ese es el tema de fondo, ¿cuál es el tipo de familia que debemos tener para que exista una sociedad saludable?

            La familia patriarcal existe desde la época de los griegos. Aristóteles opinaba que la mujer era como la tierra: ella principio pasivo, él, activo. En el medioevo él era el guerrero, ella la madre de sus hijos; en el Renacimiento comienza a perfilarse la imagen de la familia burguesa. La familia como un contrato entre desiguales, en el que la mujer lleva la peor parte.

            Ese hilo conductor de la familia patriarcal no se ha roto, pero la familia de hoy no se puede sostener en ese viejo andamiaje. Una familia de iguales será el núcleo fundamental de una nueva sociedad. No se trata de acabar con la familia, se trata de tener otro tipo de familia.

La Hora: 01-08-2018

 

 

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UNA “DISYUNTIVA TEORICA” QUE NO PUEDE VER UN ELEFANTE EN EL CAMINO

 

Las grandes corporaciones (capitalistas)  han emprendido la lucha de clases; son marxistas pero con los valores invertidos.

Noam Chomski

            La marcha de la humanidad hacia estados de mayor confort y prosperidad es un asunto que involucra a todos, me refiero a los seres humanos, a los animales y a las plantas, pero esta, que parece una verdad evidente, tardó más de quinientos años en salir a la luz, desgraciadamente, cuando parece que ya es demasiado tarde.

            El ideal de vida en Occidente fue definido por los griegos, qué duda cabe, pero precisemos, por los filósofos griegos. Y más todavía, por Platón y Aristóteles, quienes eran voceros de los patricios que eran grandes terratenientes esclavistas y en cuyas cabezas no cabía la consideración de vidas placenteras similares a las suyas para los esclavos. El cristianismo incorpora la visión judía a los ideales griegos y, durante la Edad Media, prevalece un pensamiento dogmático que, patriarcas como San Agustín o Tomás de Aquino, se encargan de oficializarlo en la Santa Sede romana y en los tronos feudales de toda Europa. Ni los esclavos, antes del cristianismo, ni los siervos de la gleba, desde Constantino hasta la revolución francesa, tuvieron derecho ni a la sabiduría ni al conocimiento, peor a la razón, habiéndoseles reservado únicamente la fe. Como sabemos, la fe está basada en la ignorancia. El ideal de vida aristotélico no era para ellos, estaba burilado, a sangre y fuego, en la conciencia de las élites, nada más.

            El gran proceso que vive el pensamiento humano en el siglo XV vuelve los ojos a la filosofía griega, con lo cual se redescubre y reafirma la razón aristotélica, comenzando con ella el formidable proceso de modernización que culminará, culturalmente en el Siglo de las Luces y políticamente en la Revolución Francesa de 1789. Lo que triunfa en el siglo XVIII es la razón, por supuesto, la razón griega, ahora complementada con la visión judeo-cristiana.

            Este portentoso cambio del pensamiento humano tiene cimientos sólidos en la filosofía cartesiana. Será Descartes el que someta a parámetros racionales el pensamiento mágico del medioevo, porque hasta antes de la revolución científica prevalecía la visión de un mundo encantado, en la que el trueno equivalía a la furia de Dios y las ratas se generaban de forma espontánea en la basura, en el que no era posible navegar hacia occidente porque se caería en el Averno y en el que la tierra era el centro del universo. La sociedad humana se había estructurado alrededor de este pensamiento. El Buen Vivir aristotélico sigue vigente, ahora ya no para los esclavistas, sino para los señores burgueses comerciantes del Renacimiento y la aristocracia feudal.

            La anécdota del mono de Descartes ejemplifica a carta cabal el inicio real de la modernidad occidental que alcanzará su cima en el pensamiento racionalista del siglo XVIII. Cuentan que a una clase del filósofo este llevo un pequeño mono. ¿Cómo conocer la esencia de este animal? Les preguntó a sus estudiantes. Ante su silencio ordenó a su ayudante que abriera al animal por el vientre. Los alaridos de la inocente víctima llevaron a sus estudiantes a preguntarle si no estaba sufriendo, a lo que el filósofo contestó que no se preocuparan, que ese era el ruido que la máquina hacía al separar sus partes para conocerla.

            El ideal científico cartesiano ignora la unidad del ser y la naturaleza considerando a ambos máquinas yuxtapuestas, a las que sólo es posible conocerlas mediante el desmembramiento que luego por síntesis el sujeto cognoscente vuelve a unir. Basado en esta premisa científica, Occidente ha construido su civilización. Hoy, ese método, es incapaz de recomponer la unidad seccionada porque le sobra piezas por todas partes.

            El pensamiento cartesiano encaja perfectamente con las necesidades de la economía capitalista que comienza a florecer desde comienzos del siglo XVIII. El ideal del Buen Vivir aristotélico -que renació en el siglo XV- se revitaliza ahora con el triunfo de la libertad burguesa, que inicia la era del capital; pero ese ideal sigue siendo para las élites, ahora los señores dueños del capital. No es, como dice Alfredo Pérez Bermúdez en su artículo intitulado Disyuntiva teórica del buen vivir [i] el ideal de Occidente, porque en Occidente, desde siempre, han existido grandes mayorías excluidas de ese ideal.

            La revolución industrial, acaecida desde comienzos del siglo XIX, desarrolla exponencialmente la capacidad expansiva del capital. El éxito de esta economía es inversamente proporcional a la salud de la naturaleza. La potenciación de sus fuerzas productivas es tan formidable que el capitalismo, fatalmente, deteriora su entorno natural a una velocidad mayor a su capacidad de regeneración. A estas alturas del desarrollo capitalista la Academia y las ciencias sociales encuentra como evidente lo que Marx, a mediados del siglo XIX, nos advirtió con tanta claridad. Y es esto, justamente, lo que resulta inverosímil que académicos como Pérez Bermúdez no lo noten, no lo vean, lo ignoren o lo oculten.

LA CRITICA DE MARX AL CAPITALISMO

            El humanismo marxista se desprende de sus concepciones económicas cuyo núcleo central consiste en denunciar, combatir y enseñarnos el camino para liberarnos de la explotación capitalista. La explotación capitalista es un conjunto de relaciones que van desde lo individual hasta lo social y que se resume, esencialmente, en la extracción de plusvalía al trabajador asalariado. Este núcleo dinámico de la organización social, dice Marx, tiene que saltar en añicos y ser sustituido por otro más equitativo. La crítica de Marx al capitalismo es inclusiva, no excluyente. La eliminación gradual de las clases sociales deviene en una sociedad igualitaria, en la cual el ser humano, conservando su individualidad, vivirá sin diferencias que no sean las biológicas y las que provienen de sus raíces culturales. De esa forma define lo que ahora llamamos la unidad en la diversidad. Esta crítica al capitalismo es el constructo teórico más general de Marx, apenas un instrumento para completar los estudios de las particularidades históricas que se analicen y sobre las cuales se quiera actuar. Esto porque el marxismo no es un método cerrado de análisis, sino abierto, capaz de ampliarse y enriquecerse.[ii]

            Tan formidable instrumento de análisis no ha podido ser ignorado ni por los más acérrimos enemigos de Marx, ni por la Academia conservadora de Occidente, ni por los organismos rectores de la economía mundial -como el FMI o el Banco Mundial- y ni tan siquiera por los gobiernos imperialistas del mundo, pero Alfredo Pérez Bermúdez lo hace olímpicamente en el articulito de marras. Marx ha sido borrado de la historia cultural de occidente por alguien que sostiene que si se puede construir una nueva realidad económico-social ignorando la gnoseología de las ciencias occidentales que ha dado lugar a nuestra civilización.

            Marx es la contraparte crítica de la epístome occidental, pero, como es lógico, es parte de ella. Con su lógica científica derrumba sus paradigmas y propone otros que se siguen sosteniendo en sus fundamentos, lo cual equivale a dar crédito a la premisa hegeliana de la cultura como una cadena infinita de conocimientos. No es posible concebir discontinuidades absolutas en los procesos culturales y, menos, en los sociales[iii] La invasión europea a América truncó el desarrollo autónomo de los pueblos Americanos, pero dio lugar a una realidad nueva y distinta, que nos puede gustar o no, pero que existe independientemente de nuestra voluntad. Claro que la lógica dominante ha sido la de los vencedores, pero que así sea no nos puede llevar a pensar como atilas culturales que, por dónde pasamos, sólo dejamos ruinas y destrucción, porque si así fuera, les tendríamos que dar la razón a los aristotélicos y platónicos que conciben la historia de manera circular, en la que todo se repite eternamente, cuando con Marx comprendimos que la historia se mueve en forma de espiral, uno de los puntos axiales de coincidencia de la dialéctica marxista con el pensamiento ancestral americano[iv]

            Sin la comprensión substancial de este asunto es fácil hacer propuestas que rayan en lo ridículo teórico-existencial, similar a esa gnoseología mágica propuesta por Carlos Castaneda[v] y de la cual, se entiende, se alimentan muchos ideólogos pachamamistas. Una epistemología sin historia, ni raíces comprobables, que deslumbra pero que deja intactos los problemas que se presentan en la naturaleza, la sociedad y el ser. Y no se puede aceptar esa seudo gnoseología si se tiene como objetivo mejorar este mundo mal hecho.

            No creo sea el caso de mi amigo Alfredo Pérez, porque en una parte de su texto se cura en salud al advertirnos que, siendo dos realidades paradigmáticas cognosentes distintas las del Buen Vivir y la del Sumak Kawsay, sólo podría relativizarse la distinción entre ambas si se “libera al paradigma andino de las prisiones del colonialismo histórico y moderno, potenciando nuestro patrimonio epistemológico…”  Pero el autor no atina a definir lo que entiende por “nuestro patrimonio epistemológico” sustituyendo esta carencia por un discurso ideológico-político tendente a alcanzar la liberación del Sumak Kawsay andino del Buen Vivir aristotélico, con lo cual no se avanza ni un centímetro en el problema de fondo que se supone es sentar las bases de una nueva civilización. Es que ese es un falso problema que ni científica, ni gnoseológica ni filosóficamente existe. No sé si consciente o inconscientemente el autor sostiene que “habrá que considerar que las sociedades/cultura de los Andes de Sudamérica, nos retrotraen a sistemas cognitivos relacionales de matriz cosmológica, que desembocan en prácticas de producción material y simbólica, ejerciendo comunitariedad e individualidad, libertad y emancipación frente a las ataduras de las conflictivas connotaciones del acervo constructivo de Occidente.[vi]” Palabrería que en el fondo quiere decir que las sociedades americanas de los Andes fueron modelos impresionantes de libertad y democracia, afirmación que sólo puede estar en el imaginario calenturiento de “pensadores” que niegan la sociología mágica de Carlos Castaneda pero pretenden impresionar con una gnoseología inexistente que está fuera de toda realidad. Los principios de correspondencia, reciprocidad, complementariedad y ciclicidad son aspectos que deduce el pensamiento teórico moderno para oponerlos a los de individualismo, democracia, autoritarismo y totalitarismo que prevalecen en las sociedades actuales y que están inspirados, por supuesto, en la vida frugal y sencilla que el escaso desarrollo de las fuerzas productivas hacía posible como única forma de vida en las sociedades pre colombinas. Decir que estos principios “son la convergencia de la epistemología compositiva del Sumak Kawsay” equivale a sostener, sin ningún viso de realidad, que en las sociedades andinas existió el paraíso terrenal.

            No es así o, por lo menos, no es posible demostrar este aserto. Marx nos habló de sociedades de “esclavitud generalizada” que nada tienen que ver con las sociedades que ahora el “pachamamismo” ingenuo imagina. El mismo Pérez Bermúdez se ve obligado a señalar que la propuesta de Sousa Santos de “anteponer a la epistemología del monoculturalismo hegemónico del norte, una epistemología del sur” no aclara “de cual epistemología se trata ni en qué región y sociedad se ha generado tal (sic) o cuales conocimientos y ciencias que esta supone”. Esto no es posible porque no existe. Lo que sí es posible es deducir, o imaginar, otras formas de vida que debieron haberse dado en sociedades en las cuales el lei motiv de la existencia no era la producción de valores de cambio por la sencilla razón de que no eran sociedades industrializadas. Así, hablar de nuestras raíces ancestrales no quiere decir anteponer la epistemología del Sumak Kawsay ancestral a la del Buen Vivir aristotélico, sino imaginar una nueva forma de vida inspirada en las sociedades pre colombinas para diseñar un mejor futuro, partiendo de aquello que de positivo nos ha dejado la epístome occidental, incluida la ideología marxista, porque, anteponer la una a la otra gnoseología equivaldría a pretender hundir la civilización occidental desde la disolución de la comunidad primitiva hasta el capitalismo corporativo actual, pasando por todas las experiencias pro socialistas o filo socialistas que existen hoy en el mundo, tarea no solo demencial, sino fuera del ámbito histórico posible. Para esta tarea (imaginar una nueva vida) hay que justipreciar el peso real del colonialismo económico y mental y aceptar, sin complejos, que somos resultado de la mezcla.

LO QUE HISTÓRICAMENTE SI ES POSIBLE

            Hace más de dos siglos que escuchamos indiferentes los alaridos del ser y la naturaleza. Fieles al pensamiento cartesiano seguimos creyendo que es el ruido normal que produce el funcionamiento de la maquinaria civilizatoria que nosotros mismos hemos creado, no unos, sino todos. Pero ya no es posible la indiferencia.

            Frente a la crisis generalizada de la civilización capitalista hay que levantar una propuesta de solución. Todas las alternativas de desarrollo han fracasado porque todas han tratado la misma enfermedad con diferentes remedios, “pero el cadáver, hay, siguió muriendo”, como dice el poeta[vii]. Lo dramático de la situación es que la humanidad, para sobrevivir, ha comenzado un proceso de autofagia que terminará hundiéndonos en el fin. Esta vez no volveremos a la vida, por lo menos como seres humanos. La tierra permanecerá y tardará millones de años en volver a su plenitud. Se trata, entonces, de pensar en serio, porque el fin no será una hecatombe colosal e instantánea, sino una muerte lenta, acompañada de inauditos sufrimientos. Nuestra generación todavía sabe del placer de servirse un vaso de agua pura, las futuras tendrán que matarse para adquirir uno de agua contaminada.

            ¿Qué es pensar en serio? Dar por superada la discusión sobre el desarrollo dentro de los marcos del actual sistema socio-económico. Liberalismo, neoliberalismo, keynesianismo, pos neoliberalismo y todas las corrientes existentes han sido aplicadas en la sociedad y ninguna ha podido paliar, siquiera, la crisis generalizada del sistema. Como bien señala el mismo Pérez Bermúdez: “El ingreso (el salario) y el consumo, per se, no conlleva la prosperidad o la felicidad de la gente, no obstante, los esfuerzos por darle un mejor sentido a la calidad de la vida en las sociedades occidentalizadas, recurriendo a aproximaciones diagnósticas que señalan las tendencias de la razón publica.” Dicho de otra forma, al sistema no le queda otro camino que meter con fórceps su noción de prosperidad en los moldes pre establecidos. Se maneja una versión falsa de la felicidad. Esta situación está siendo superada rápidamente por la necia realidad y obliga, políticamente, a los defensores del sistema, a implantar gobiernos autoritarios que, en su grado superior, se convertirán en tiranías fascistas.

            Como vemos, el autor de esta “disyuntiva teórica…” propone anteponer la gnoseología del Sumak Kawsay ancestral a la del Buen Vivir aristotélico, con lo cual, según él, mata dos pájaros de un tiro, el sistema y la crisis general del sistema. En otras palabras, si matamos al enfermo acabamos con la enfermedad. El detalle está en que un problema tan serio no tiene una solución tan simple. Veamos.

            No existe el presente sin un devenir histórico, las sociedades llegan a ser lo que son, no son, simplemente[viii]. El capitalismo comienza a surgir en el seno de la sociedad feudal en el mismo momento en que esa forma de producir no rinde lo suficiente para satisfacer las necesidades de toda la sociedad. Entonces sobreviene un cambio de época acompañado de grandes conflictos sociales y de poder que rompen el equilibrio y termina sólo  cuando se hunde para siempre el antiguo régimen. En la historia de occidente citaré dos grandes cambio de época, una la del cristianismo y otra la del siglo XVIII. En la primera se hunde la esclavitud y, en la segunda, el feudalismo. Dos siglos después del advenimiento del capitalismo hemos entrado en un nuevo cambio de época, esta vez  hacia un sistema de relaciones de producción colectivistas similares a las de la Comunidad Primitiva pero con un impresionante nivel de desarrollo científico-tecnológico que hará posible la distribución, primero equitativa y, después, igualitaria de la riqueza social[ix]. En el seno del capitalismo están listas las condiciones históricas para su superación. No es la voluntad de nadie, ni tan siquiera la misma crisis generalizada del sistema lo que propulsa el cambio hacia un nivel superior de desarrollo, son las condiciones históricas que determinan ya, con notable claridad, que lo que está arriba no puede seguirse sosteniendo y lo que está abajo está listo para el cambio. Este es el núcleo central del análisis teórico de la realidad contemporánea.

            ¿Qué tiene de particular este momento histórico que le hace diferente al del triunfo del socialismo en el siglo XX? El aporte que la noción del Sumak Kawsay ancestral hace a la teoría crítica de Marx, eso es lo que tiene de particular.

             La teoría crítica del marxismo, con base gnoseológica enraizada en la episteme occidental, se ve enriquecida con las nociones autóctonas de equilibrio dinámico, correspondencia, reciprocidad, complementariedad y ciclicidad de la forma de vida que tuvieron las sociedades precolombinas, lo cual significa estar en condiciones de crear el instrumento teórico apropiado para ayudarle a la Historia a parir la época nueva que tiene en su vientre, pero desde adentro, no desde afuera, no yuxtaponiendo lo ancestral a lo aristotélico porque eso es imposible, eso es una tarea que está fuera de la Historia, no utópica, sino absurda. Sólo después de lograrlo, podremos fundar una nueva epistemología que abarque al ser, a la sociedad y a la naturaleza, la episteme holística y sistémica que reclama nuestro amigo Pérez Bermúdez y que para él no asumirá formas concretas mientras no sea capaz de ver el elefante teórico del marxismo apostado en la mitad del camino que se ha propuesto recorrer. Un marxismo al cual hoy los intelectuales de la izquierda revolucionaria tenemos la oportunidad de enriquecer no sólo encontrando las coincidencias conceptuales con el Sumak Kawsay ancestral, sino añadiendo elementos teóricos que revitalicen  y actualicen algunos aspectos del método dialéctico legado por Marx y que, a casi dos siglos de su existencia, no ha podido ser rebatido por sus enemigos en su esencialidad crítica y combativa.

            En más de una ocasión criticamos la forma superficial y ligera que algunos intelectuales del correismo trataron el tema del Buen Vivir, asimilando el Sumak Kawsay ancestral al Buen Vivir aristotélico, creo que a ninguno de ellos le ha quedado ganas de insistir sobre este asunto. Hay ahora otros intelectuales, es el caso de Alfredo Pérez Bermúdez que, cargados de buenas intenciones, parece, se atreven a ponerlo sobre el tapete de la discusión, pero si en los primeros había una carga política malintencionada, no puede la inocencia teórica llevarnos por sendas equivocadas  Sean estas unas líneas iniciales de lo que creo puede ser un beneficioso debate en la búsqueda incesante de los instrumentos teóricos más apropiados para lograr la revolución transformadora que la humanidad y nuestros pueblos necesitan.

Mindo, 25-07-2018.

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NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

[i] PEREZ BERMUDEZ, ALFREDO: Disyuntiva teórica del Buen Vivir: https://lalineadefuego.info/2018/07/18/disyuntiva-teorica-del-buen-vivir-por-alfredo-perez-bermudez/

[ii] Bellamy Foster, John: Marx: un pensador crítico abierto.

[iii] Ni en lo individual, ni en lo colectivo es posible imaginar algo sin antecedentes, o sin historia. Atahuallpa Oviedo, un autor citado por Pérez Bermúdez, así lo consigna: “En cualquier posición que cada uno elija, es obvio que lo hace –consciente o inconscientemente- desde una ontología en particular, la misma que maneja ciertas epistemologías o filosofías para asumir una forma de interpretación de la “realidad”. Por lo tanto, ninguna persona parte de cero o de la nada al interactuar en la vida, sino que responde desde ciertas lógicas, paradigmas y creencias aprendidas y asimiladas.”

[iv] Entre otros trabajos consúltese uno de mi autoría:

Oviedo Rueda, Jorge: Vindicación del revolucionario: https://lalineadefuego.info/2015/03/31/vindicacion-del-revolucionario-por-jorge-oviedo-rueda/

Otros: https://lalineadefuego.info/2014/12/16/es-necesaria-una-nueva-teoria-p

———–: https://lalineadefuego.info/2015/10/27/reformismo-neomarxismo-y-pensamiento-ancestral-por-jorge-oviedo-rueda/

[v] Castaneda, Carlos: Una realidad aparte, 1971

[vi] Una referencia seria a la sabiduría de los pueblos ancestrales es la de Josef Estermann, desarrollada en su libro Filosofía Andina, sabiduría indígena para un mundo nuevo, 2006 en el cual se reclama, entre otras cosas, reconocer al pensamiento indígena como una construcción filosófica en el contexto de la cultura occidental.

Véase también: Dussel, Enrique: Filosofía de la liberación, s/edit, Bogotá, 1980.

[vii] Vallejo, César: Poemas del alma

[viii] En un sentido aristotélico, la comunidad precede al individuo.

[ix] Cuando el poder político esté en manos de toda la sociedad y la apropiación de la riqueza social deje de ser privada. Véase: Oviedo Rueda, Jorge: Del Estado, la izquierda y la revolución en el Ecuador, 2015.

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EL REENCAUCHE DE LA IZQUIERDA

            Circula en el ambiente político ecuatoriano la idea de que la izquierda se debe reagrupar, esto es, la izquierda histórica: socialistas, comunistas, marxistas-leninistas, MPD, fracciones del MIR, Izquierda Cristiana, Liberación Nacional y demás hierbas zurdas. Reagruparse frente al fraccionamiento de Alianza País y la ofensiva neoconservadora encabezada por Lenin Moreno.

            Ahora que la amenaza derechista asoma las orejas esta izquierda se acuerda que tiene un membrete, mientras fue parte del proyecto reformista de Alianza País perdió la memoria, se invisibilizó y bajó los decibeles de su voz hasta casi desaparecer. Ahora que Correa anda en apuros, debido a sus garrafales errores, esta izquierda como que quiere tomar distancia.

            Tomar distancia del líder al que prestó y permitió que usara su discurso ideológico con el cual ganó más de una decena de contiendas electorales, del líder que les convenció de que transformarían el país, que les hizo imaginar un mundo nuevo, no es posible, salvo como un acto de traición y deslealtad. Eso es, justamente, lo que califica de traidor al actual jefe de Estado.

            Esa izquierda que se subió a la camioneta de Rafael fue pulverizada por ese proceso y mal puede pretender levantarse de las cenizas. Frente al pueblo se quedaron sin piso y no volverán jamás a mentir a las masas. Sobre sus espaldas cae ahora el peso de la culpa histórica de no haber enrumbado la errónea marcha del correismo, porque fueron el correismo y no pueden estar libres de culpa.

            Otra izquierda está naciendo en el Ecuador, sin pecado original, enraizada en nuestros ancestros, con nuevas propuestas. Todo es cuestión de tiempo porque la sentencia bíblica de que “los últimos serán los primeros”, se tendrá que cumplir.

La Hora: 25-07-2018

 

 

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ALGO INDECENTE

 

Desde hace mucho tiempo vengo reclamando la decencia como imagen para la política ecuatoriana. Lejos de ser escuchado, parece que un duende de la maldad me quiere demostrar que eso no es posible y me mete por los ojos la imagen de la indecencia como norma de nuestro quehacer político cuotidiano. Ahora resulta que un tal Fernando Balda quiere ser presidente del Ecuador.

Que un campesino, que un obrero que moja con su sudor la máquina, que un intelectual, quieran serlo, se comprende, pero que un aventurero audaz y sin escrúpulos lo pretenda, es un acto de indecencia intolerable.

Puede ser cierto o mentira todo lo que se dice de Balda, inclusive que Correa pretendió secuestrarlo, pero que este señor quiera hacer de todo ese turbio andamiaje la plataforma para proponer su nombre a la presidencia de la república, me parece un acto insólito de atrevimiento.

Un político es alguien que hace propuestas, coherentes o descabelladas, no importa, que apuntan a resolver los grandes problemas de la patria, un político no es un don nadie que quiere llegar a la presidencia escupiéndole la cara a alguien que está por arriba de él. Este señor le está dando categoría presidencial a cualquier pelafustán que pase por programas como Laura de América o Caso Cerrado. Esto es lo más indecente.

Lo único que de él se sabe –y contado por su propia boca-, es que es admirador de Álvaro Uribe y su Centro Democrático. Ha dicho que un grupo de amigos secretos financiarán su campaña. Los organismos de sanidad pública deberían impedir esta afrenta. Nos está diciendo clarito que el narco poder lo financiará.

¿Cómo es posible que la gran prensa le siga llamando “político” a este aventurero?

Político es alguien que propone y, según se puede percibir, este señor sólo puede hacer propuestas indecentes.

La Hora: 18-07-2018

 

 

 

 

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