HOLA, RAFAEL

Hola Rafael Correa Delgado, mi nombre es Jorge Modesto Oviedo Rueda, soy del alfabeto, la letra x, la más desconocida. Te escribo (permíteme el tuteo) porque entiendo que con un líder como tú se puede dialogar de forma franca y abierta, poniendo las cartas sobre la mesa y de cara a las masas, que son, en la política, lo único que importa.

Para ser franco, en lo personal, no soy un improvisado en la política. Estoy en este oficio desde cuando tenía menos de veinte años, desde cuando llevado por mi fervor revolucionario, junto a otros soñadores, me subí a un avión de Saeta y fui a dar en Cuba, seguro de que los cubanos nos iban a abrir las puertas y  darnos la preparación militar que queríamos para regresar y hacer la revolución. ¡Nada fue más equivocado! Los cubanos ya no estaban en ese patín y me tuve que quedar en ese hermano pueblo durante diez años a estudiar y prepararme para regresar y dar la batalla de ideas que, desde siempre, ha sido más importante que las de las balas. Sólo para que me ubiques bien, Rafael, maestros de mi juventud fueron hombres de la talla de Manuel Oña Silva, Laura Almeida, Telmo Hidalgo y Manuel Agustín Aguirre.

Cuando regresé volví a mis orígenes políticos que eran los del Partido Socialista Revolucionario Ecuatoriano, espacio desde el cual creí, podía luchar para cambiar este pobre país de miseria e injusticia. En el XXXII Congreso del PSRE, el doctor Telmo Hidalgo puso el destino del socialismo ecuatoriano en manos de Víctor Granda Aguilar. Desde entonces una camarilla de oportunistas han torpedeado sistemáticamente cualquier intento de avanzar en el proceso de cambio, encubiertos en el membrete del socialismo y de la izquierda. Nunca nadie en la izquierda histórica, incluido yo, pudimos desenmascarar a estos irresponsables aventureros que tienen nombres “ilustres” como Pablo Celi, Enrique Ayala Mora, Marcelo y Gustavo Larrea, Víctor Granda Aguilar y una interminable legión. Cuando tu emergiste en la política nacional, todos estos oportunistas se prepararon para abordar la nave que tu habías puesto en marcha con la mala intención de adueñarse del timón, demostrando su pigmeismo. Cuando en tu primer discurso de posesión adviertes que aquellos que llegaron al proceso con “agenda propia” podían irse por donde vinieron, comienza la campaña de odio contra ti desde esa izquierda, para luego verse enriquecida con el odio clasista de la derecha; pero a “esa izquierda”, tú tienes el mérito, entre otros tantos, de haberla desenmascarado. Desde entonces, personajes como Ayala Mora se ven ridículos cuando hablan a nombre del pueblo y del socialismo.

Este tema viene al caso porque quiero decirte que mi vida entera de militante de izquierda la agoté luchando contra esta crápula de farsantes. En los trajines de esa pelea inútil conocí a muchos personajes cercanos a ti y a tu proyecto político, como es el caso de los hermanos Patiño y también a Lenin Moreno, del cual siempre te quise advertir que en él se escondía un Judas, pero nunca pude hacerlo porque esos personajes que te rodean nunca me permitieron llegar a ti para hablar con la franqueza que ahora pretendo en esta carta. Por cierto, sólo sea dicho de paso, a Ricardo Patiño le encargué un día, lejano ya, un libro y unos documentos para que te los entregara, en la esperanza de que llegue a ti mi forma de pensar, pero es obvio, que nunca lo hizo. Ese periodista chileno de apellido Mery Bell se queja de que también Patiño nunca le permitió un contacto directo contigo. No entiendo por qué.

Cuando en el 2007 tu asumiste el poder, yo estaba dedicado a mi cátedra de Teoría del Estado y del Poder Político en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Central del Ecuador, cuyo objetivo principal es hacerles comprender a los futuros economistas el papel de la política en la economía. Fueron años dedicados al estudio y a la investigación y, desde las páginas editoriales de diario La Hora, gracias a mi amistad con Nicolás Kingman, comentaba semanalmente la realidad nacional. Señalé los errores, pero, sobre todo, combatí los vacíos y las deficiencias de la Revolución Ciudadana que tu comandabas, tanto en mis artículos de prensa como en ensayos publicados en algunos medios digitales. Para un revolucionario como yo, todo poder, aunque llegue con el membrete de revolución, se vuelve conservador después del triunfo. Lo que ustedes no lo veían desde el potro que montaban, yo lo veía desde mi condición de ciudadano común. Eso no me da méritos, es una simple ley de la política y creo que, todo gobernante responsable no puede perder el vínculo con aquellos que están fuera del poder.

Desde la década de los 80 los revolucionarios conscientes y que evolucionaban con el ritmo de los tiempos, sabían que la lucha armada como opción política ya no era viable. El romanticismo del Che y de los guerrilleros cubanos vivía en nuestros corazones, pero se había convertido en un sueño irrealizable. Lo dramático era que las condiciones económico-sociales del continente, a finales del siglo veinte, no sólo que eran las mismas, sino que se habían agudizado.

Es cuando de la mano de líderes como Hugo Chávez viene a la historia el Progresismo Latinoamericano como una opción. Toda la “izquierda histórica” más los sectores populares conformaron Alianza País y con tu liderazgo triunfaron en las elecciones del 2006. La “izquierda histórica” digo, esencialmente tibia y reformista que, por pura vanidad, y ni de lejos por razones programáticas, se pasó a la oposición para torpedear tu proyecto que era su mismo proyecto pero que eran incapaces de sostener y llevarlo a la práctica. Después de la promulgación de la Constitución del 2008 te quedaste sólo y tuviste que afrontar solo los retos de la Historia. Ningún mandatario, desde Flores -salvo el Viejo Luchador-, lo hicieron con tanto acierto y brillantez como tú. Cuando en el ejercicio del poder explicaste que la meta de la Revolución Ciudadana era completar la trunca revolución liberal de Alfaro, es decir, consolidar el desarrollo de un “capitalismo democrático” con amplia base de mediana producción agrícola e industrial, supe que ibas por el camino correcto. Cuando definiste las líneas generales del proyecto histórico que aspiraba, dijiste, en una primera etapa, a implantar una economía pos neoliberal, para luego pasar a un socialismo de mercado y posteriormente construir el bio socialismo, se disiparon todas mis dudas de cuánta razón histórica te asistía.

Pero, claro, transformar una sociedad anquilosada como la nuestra no es como cortar un queso y repartir equitativamente las tajadas. De inmediato las élites, coaligadas con las oscuras fuerzas internacionales y apoyadas por una oposición de seudo izquierda miope y vanidosa, comenzaron a maquinar la destrucción de tu figura y de tu proyecto. Casi al final de la “década ganada” el proyecto progresista-reformista comenzaba a desmoronarse. Sin la precaución de haber construido una sólida organización partidaria que diera lugar al surgimiento de nuevos líderes y dirigentes populares, se tuvo que confiar más en el corazón que no en el cálculo cerebral y objetivo que el momento político exigía. Se confió en el menos indicado de los cuadros de la Revolución Ciudadana, un Judas disfrazado de amigo y compañero.

La misión de Moreno se perfilaba clara: continuar la marcha que tu habías iniciado, lo que significaba dar una vuelta de tuerca más al proceso, inclinando la balanza a la izquierda para no ser absorbidos por una derecha disfrazada de centro o por una franca derecha ansiosa por recuperar sus privilegios, no perdidos, pero si amenazados por tu discurso y tu personalidad. Moreno les entregó todo en bandeja de plata y nada que sobre eso pueda yo decir será mejor o más profundo de lo que ya se ha dicho, por ti mismo y por los pocos analistas políticos equilibrados que hay en el país, por lo que no es necesario llover sobre lo mojado. El resultado final de la traición de Judas Moreno fue la recuperación del poder político por parte de la derecha recalcitrante del Ecuador, con lo cual, digámoslo sin tapujos, infringieron un serio revés al progresismo. Los cuatro años de Moreno han sido para sazonar el cambio reaccionario y el período de Guillermo Lasso será para sellar el dominio oligárquico por los próximos cien años.

Frente a tan seria amenaza la única pregunta que el progresismo ecuatoriano y los revolucionarios tenemos que hacernos ahora es ¿cómo recuperamos el poder político del Estado? La discusión de qué tipo de sociedad queremos construir es a posteriori, lo primero es lo primero. Desde el extranjero has planteado una tesis que me parece de lo más correcta: la formación de un Frente Nacional de Salvación de la Patria. No tengo más detalles, pero a vuelo de pájaro lo considero apropiado, oportuno, ante todo.

Ñukanchik Socialismo, que es un pequeño núcleo de reflexión teórica y política lo viene planteando desde que la traición de Moreno se hizo visible. Un Frente Nacional en el que se encuentren todas las fuerzas progresistas comprometidas con el cambio, pero con la condición de que esa unidad sea una unidad clasista que, teniendo al progresismo como eje principal, se abra desde la izquierda al centro y no al revés, porque si se va del centro hacia la izquierda volveremos a cometer el mismo error que la izquierda histórica y oportunista ha cometido desde La Gloriosa en 1944 de forma consciente y mal intencionada, alianza en la cual el progresismo se convertiría en el  dinamizador de un proceso político-social que, al llegar a un  punto de su desarrollo, se volvería irreversible, porque no se trata sólo de mejorar el sistema, sino de transformarlo.

Por lo tanto, estamos de acuerdo con la formación del Frente Nacional en el que deben estar todos los sectores progresistas de la sociedad civil ecuatoriana, definiendo un eje que vaya de la izquierda posible que es el progresismo (correísmo en el Ecuador) hacia el centro, aceptando en su seno también a una izquierda auténtica y programática dispuesta a empujar, hasta las últimas consecuencias, el carro del progresismo. Este es el tema central de la actual coyuntura y mal haríamos en enredarnos en discutir concepciones y detalles de cómo queremos que sea la sociedad del futuro. Las líneas generales del proyecto progresista que tu representas, son suficientes. Este es un momento político y en lo que tenemos obligatoriamente que estar de acuerdo es en definir las alianzas que nos permitirán recuperar el poder político perdido. Si esto se hubiera comprendido en las elecciones presidenciales del 2021, otro sería este momento el cantar, pero tesis arteras como la del “voto ideológico nulo” le permitieron a la derecha recuperar el poder.

En este punto es bueno hacer una reflexión. Ni tú, ni nadie nos debemos de preocupar de buscar una alianza con Yaku Pérez y las instancias que lo respaldan. Ese es un proyecto alimentado por el poder mundial y buscarán cualquier nimiedad para no integrarse a la alianza porque de afuera viene la consigna de apoyar lo que ellos llaman una “nueva izquierda” que no será sino un fantoche controlado por esos obscuros intereses desde adentro. Ese peligro no es irreal y puede crecer si no se tiene éxito en conformar el gran Frente Nacional Progresista que tú has planteado, porque con el membrete de izquierda están engañando al pueblo.

El objetivo de esta carta es hacerte saber que Ñukanchik Socialismo apoya tu iniciativa y reclama un lugar en esa alianza progresista. Reconociendo tu liderazgo y sosteniendo que el proceso de cambio en la sociedad humana está en marcha y asegurando que tanto ustedes como nosotros estamos del lado positivo de la Historia y que ya es hora de que las mejores ideas comiencen a brillar y que nosotros, humilde, pero firmemente, reclamamos un metro cuadrado en esa alianza para alzar nuestra voz y hacer oír nuestras razones.  

Ya es hora de desbloquearnos, Rafael Correa Delgado, el ruido de la Historia que avanza es atronador y nadie podrá permanecer indiferente.

Como dice un dicho popular: cualquier trapito es pañuelo. Acepta nuestro aporte, Rafael, contamos con ideas, honestidad y decisión. Queremos contribuir a recuperar la Patria, discutiendo, luchando, creando poder popular.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

ÑUKANCHIK SOCIALISMO.

Jorge Oviedo Rueda

01-01-2022

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6 respuestas a HOLA, RAFAEL

  1. Jose dijo:

    Ud. no es un revolucionario, es un sumiso. Seguramente aprendio eso en Cuba.

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    • modesjor dijo:

      Es probable, no me asusta ni ofende. En la politica honesta hay q saber reconocer el liderazgo de quienes tienen el respaldo del pueblo y ese es el caso de RC. ¿Y usted? Subdito de quien? ¿De un inmoral evasor como Lasso?Pero eso no me importa. Lo que me admira es q usted está podrido por dentro y desde hace mucho tiempo cada vez que habre la boca le sale mierda. Busque ayuda profesional, señor.

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  2. Jose dijo:

    Yo no lo he insultado, Ud. si me insulta. Yo no soy subdito ni sumiso a nadie. Y hablando de locos, alguien dijo que la unica diferencia es a que lado de la pared esta uno.

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  3. Marco Vinicio Mariño Insuasti dijo:

    Estoy de acuerdo con Jorge Oviedo, no lo conozco personalmente pero he leido algunos comentarios suyos que me son interesantes,concuerdo además que el liderazgo lo tiene el Ec. Rafael Correa Delgado, lo que queda por hacer es trabajar en el proyecto para recuperar la patria.

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  4. Oscar Bonilla dijo:

    Un artículo bien enfocado Jorge.
    Espero poder compartir contigo en las líneas de fuego de lo combates que están por desplegarse.

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    • modesjor dijo:

      Convertiré mi bastón en espada, no claudicare ni renunciare a mis ideales. Los que tengan mi misma decisión, serán mis compañeros. Ñukanchik Socialismo ahora reclama un lugar en el progresismo, porq tiene planteamientos que hacer.. saludos.

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