¡QUE FARSA!

No es esta la primera vez que por medio de esta columna expreso mi profunda preocupación por las intenciones que el gobierno tiene con respecto a la educación nacional. He sostenido que a pretexto de una lamentable situación de este sector, Correa le está “metiendo mano” para volverle funcional a sus intereses políticos.

No me asustan sus intenciones, me preocupan sus intereses políticos. Las universidades producen lo que el sistema necesita. García Moreno necesitaba mantener un régimen pre capitalista, la educación debía preparar las mentes para ese objetivo; Alfaro inaugura el Estado liberal, la educación tenía que volverse funcional al mismo; si se inicia un período de cambio la educación debe adaptarse a ese proceso. No se alcanza el cambio si lo que se hace es reforzar los cimientos del viejo edificio.

Y eso es lo que está pasando con la educación nacional. Correa ha perfeccionado el discurso de la mentira. Amparado en la nueva Ley de Educación Superior busca la excelencia en la educación para modernizar la dependencia económica y fortalecer el status quo, convirtiendo a la universidad en instrumento de los intereses del corporativismo capitalista mundial. Correa es un defensor fanático de las bases estructurales de una civilización que ha convertido al ser humano en autómata.

Su desparpajo es insultante. Lo hace a nombre del ideal revolucionario. ¡No se puede tomar el humanismo socialista para convertir a la Universidad ecuatoriana en instrumento de la dominación capitalista!

Yachay, la llamada ciudad del conocimiento, es un evidente ejemplo. En sus pócimas y redomas se están sazonando las nuevas fórmulas de la dominación. En ella se titularán los nuevos zombis del extractivismo, convencidos de que su destino será salvar al Ecuador.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 5/Dic./2012, Quito.

 

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¿CULTURA OFICIAL?

 

Claro que existe. Ha existido siempre. Es la que está con el poder. La que asiste a los banquetes, la que se codea con los personajes deslumbrantes del régimen de turno, la que viaja, la que aplaude, la que sale en las fotos, la que compite para ver quién logra el arco más perfecto de la genuflexión, la que santifica las obras que han de leerse en el reino. Existirá mientras las “pequeñas estaturas” no desaparezcan.

Los ecuatorianos lo sabíamos. En el siglo XIX la cultura oficial estuvo identificada con la iglesia y los terratenientes. Juan León Mera fue un ilustre representante o escritores como el padre Solano, González Suarez, Zaldumbide y tantos que a lo largo de nuestra Historia han hecho la cultura oficial.

Frente a esa cultura hubo una cultura insurgente. La cultura oficial ignoró obras como la Emancipada de Riofrío, asesinó pensadores como los de El Quiteño Libre y combatió plumas como las de Montalvo. En el siglo XX la generación del 30 nació sin apoyo oficial, ésta si como contracultura. Huashipungo fue una denuncia y en las páginas de José de la Cuadra, Enrique Gil y otros el pueblo ecuatoriano se hizo personaje.

En los años sesenta la insurrección cultural estuvo a cargo de los Tzántzicos; entonces la cultura oficial se vio arrinconada por la vitalidad de cuentos como los de Ivan Eguez, Raúl Pérez o Marco Antonio Rodríguez.

Lo que no nos imaginábamos los ecuatorianos es que la Revolución Ciudadana pretenda volver oficial lo que desde los años sesenta fue contracultura. Los actos oficiales de homenaje a Agustín Cueva o Bolívar Echeverría o concursos como el que La Ministra Silva promueve sobre el feriado bancario, así lo demuestran. Lástima que a estas alturas la pólvora contestataria esté mojada. Ya casi nadie protesta. Triste.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 28/Nov./2012, Quito

 

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DEL ESTADO LIBERAL AL ESTADO DEL BIENESTAR

UN POCO DE HISTORIA

En la teoría política pocos temas son tan polémicos como el del Estado. Se puede estar con él o contra él y también se puede hacer equilibrio entre las dos posiciones; pero jamás se lo puede ignorar.

Dice Rousseau que el Estado surgió cuando a alguien se le ocurrió inventar las palabras tuyo y mío, lo que quiere decir cuando se crearon ciertas condiciones históricas como, por ejemplo, la existencia de un excedente económico, la noción de la propiedad privada y, como consecuencia, la diferenciación de clases. La apropiación del excedente económico colectivo por parte de los funcionarios privados, delegados por la misma colectividad, da lugar, al cabo del tiempo, al surgimiento de la sociedad clasista, cuya primera expresión histórica fue la de la esclavitud individual. El Estado defendido por Platón y Aristóteles fue el Estado esclavista en cuya cúpula debían estar los sabios, seguidos de los militares que debían conquistar más territorios para la esclavitud y, en la base, los esclavos, que debían trabajar para sostener a toda la sociedad. Grecia y Roma perfeccionaron el Estado esclavista y construyeron grandes imperios. El cristianismo marca el punto de inflexión de la esclavitud como sistema, viendo la humanidad, al cabo de dicho proceso, surgir otra forma de producción, esta vez basada ya no en el trabajo de los esclavos, sino del siervo de la gleba. Después de que el emperador Constantino proclamara al cristianismo como la religión oficial del imperio romano de occidente, San Agustín sentó las bases del pensamiento escolástico que, en lo atinente al Estado, estableció el derecho divino de los reyes a gobernar la sociedad. Nace de esta teoría el Estado monárquico que estará en vigencia hasta el siglo XVIII, cuando el pensamiento racionalista socavará las bases del Estado aristócrático-feudal y dará lugar al nacimiento de otro tipo de Estado, el que desde entonces representa los intereses del capital.

EL ESTADO LIBERAL

A mediados del siglo XVIII, en su famosa obra, Adam Smith sostiene que la riqueza de las naciones, por primera vez en la Historia, ya no depende de la tierra sino de la industria, que en su tiempo apenas estaba naciendo. Años más tarde, en 1789, la revolución francesa pone fin al dominio monárquico y da inicio al régimen liberal o de la nueva democracia. Toda la ciencia política del iluminismo se reduce, en esencia, a demostrar que la base del derecho político no era la Divina Providencia sino la gente común, el estado llano o los ciudadanos, se decía. Desde Locke hasta Rousseau, pasando por Montesquieu, se creía, con razón, que en este principio estaba la piedra angular del nuevo sistema.

La convulsión revolucionaria de 1789 terminó en la corona monárquica de Napoleón Bonaparte, pero ya la rueda de la historia no podía girar para atrás. Napoleón mismo se encargó de extender por toda Europa el nuevo régimen; detrás de la monarquía napoleónica estaba el capital burgués. Esta etapa nos enseña que la Historia no tiene manuales de procedimiento. Cuando nace una nueva forma de producción, el ser humano tiene que saber crear para adaptarse a la Historia, no al revés. Por eso Tocqueville, después de observar la entonces pujante sociedad norteamericana, escribió que el peor peligro del nuevo sistema era la amenaza evidente de una próxima “dictadura de las mayorías”. La burguesía decimonónica se encargó de tranquilizar las aguas de la agitación aristocrática. No, señaló, nada de eso sucederá mientras ustedes nos ayuden a mantener el control del Estado. Y sucedió exactamente así. La democracia sirvió para legalizar la dictadura de la burguesía que, desde entonces, adopta la forma del Estado liberal y cuyo secreto es haberse ido perfeccionando hasta nuestros días, creando siempre el espejismo de que este Estado, al ser perfectible, es el mejor.

En sus orígenes el Estado liberal vio con impavidez criminal el sacrificio de los trabajadores. Legisló en su contra y a favor del capital. Se auto limitó a permitir el libre juego de las fuerzas del mercado, es decir, vigilar que la iniciativa empresarial tuviera éxito, también a construir la infraestructura necesaria (carreteras, edificios, energía, etc.) para que la burguesía pudiera hacer sus negocios sin problemas y a crear el marco jurídico que la favoreciera. En términos sencillos, el Estado funcionaba como una sociedad anónima cuyos beneficiarios eran los señores empresarios. Mientras tanto la clase trabajadora agonizaba en la pobreza y las necesidades.

El régimen económico que este Estado defiende por su naturaleza genera desigualdades. Concentra la riqueza en un extremo y en otro la pobreza. Las naciones europeas, sobre todo después de la Comuna de París, 1871, llegan a la conclusión de que no pueden quedarse con toda la riqueza porque al hacerlo estaban aumentando la presión social. La burguesía europea de fines del siglo XIX cree que aliviar un tanto la pobreza social no era ni empobrecerse ni destruir la maquinaria de su negocio y decide, vía del Estado, trasladar algo de su riqueza a las masas pauperizadas. Surge, entonces, la noción del Estado social. En Europa el Estado social se preocupa de crear condiciones para mejorar las condiciones de vida de la sociedad en su conjunto. Desde entonces los suburbios tiene alcantarillado, luz eléctrica, servicios y, paulatinamente, se va introduciendo la seguridad social como ayuda y asistencia a ciertas necesidades básicas del ser humano.

A nivel estructural la economía pre monopólica va cediendo a la concentración del capital y de la producción en los países centrales de Europa y de los Estados Unidos. La edad de oro del capitalismo mundial había llegado a su máxima expresión. A comienzos del siglo XX Estados Unidos sobrepasa ya los niveles de desarrollo de Inglaterra y comienza a proyectarse como una de las principales potencias del mundo. La primera guerra mundial dispara la capacidad productiva del capitalismo, norteamericano, sobre todo, y la economía mundial entra sin trabas en su etapa monopólica.

Los grandes truts y carteles capitalistas producen alegre y despreocupadamente convencidos de que el crecimiento del capital es ilimitado. La crisis de 1929 les despierta de este dorado sueño. Abrieron los ojos a una realidad apocalíptica cuya peor amenaza era la del régimen socialista ruso que había triunfado al mando de Lenin en 1917. Todo hacía suponer que el fin de la civilización del capital había llegado. Los locos años veinte no eran sino un nostálgico recuerdo de los años de prosperidad.

En los años treinta la figura de Keynes se convierte en la del profeta salvador del capitalismo con su teoría del empleo, el interés y el dinero, pero sobre todo con su original y renovadora visión del Estado. A sus ideas le debe el capitalismo su recuperación. Después de la segunda guerra mundial las ideas de Keynes surgirán bajo la forma del Estado empresarial que, en su forma social, dará lugar al del Estado del bienestar, mezcla maestra del Estado liberal, del Estado Social y del Estado empresarial.

En el marco de estas premisas es que hay que entender que pasó en el caso ecuatoriano. Tema que abordaremos en una próxima reflexión.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en Línea de Fuego

23/Nov./2012, Quito

 

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¡ES UN ASESINATO!

 

 

Lo dice Noam Chomski, también la conciencia de la humanidad al ver cómo los aviones israelitas arrojan fósforo blanco sobre la indefensa población palestina, al ver cómo los tanques del sionismo disparan contra la indefensa población civil de Gaza, al ver los cadáveres de niños destrozados por las armas de un Estado terrorista que supone que la muerte y el terror de los palestinos es su mejor seguridad.

No puede el mundo cerrar los ojos al drama de Palestina. No sólo lo exige la conciencia, es que en su defensa se juega la dignidad de la humanidad, de igual forma como en tiempos del nazismo alemán sucedía con la defensa de los judíos. Hoy el Estado sionista hace el brutal papel de verdugo. Nadie puede quedarse callado, nada puede ocultarlo.

¿Qué espera la ONU para impedir la masacre? Un día de silencio es un día de muerte entre la población civil de palestina. Viejos, jóvenes, niños, mujeres ven con horror como caen las bombas israelitas en sus casas. No tienen con que defenderse. No es una guerra, es una matanza.

Estados Unidos apoya a Israel. Llora por sus muertos, pero le importan poco los ajenos. Ayuda a matarlos. Dicen defender los valores de la civilización Occidental. Nos quieren convencer que ellos son la civilización. Nada es cierto. El “naciosionismo” es la barbarie.

Dice Saramago que los crímenes de Israel son crímenes contra la humanidad. Claro que lo son y lo más triste es que los comete el Estado que representa a un pueblo que vivió en carne propia la barbarie del genocidio nazi.

Los ecuatorianos debemos indignarnos. No porque sepamos que las bombas israelitas no caerán en nuestras ciudades debemos creer que el problema no es nuestro. Un crimen contra la humanidad nos lastima el alma. Todos somos Palestina.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 21/Nov./2012, Quito

 

 

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¡PURO CUENTO!

 

 

En 1993, siendo militante del Partido Socialista Ecuatoriano, puse a consideración de la militancia un documento al que titulé Proyecto Ecuador.

En él fundamentaba que uno de los peores errores de la izquierda era que “no había sabido resolver con éxito el problema del poder.” Hasta hoy no se ha resuelto este problema.

En ese mismo documento planteaba que si la izquierda quería tener éxito debía ser capaz de definir cuáles eran los objetivos que como nación debíamos alcanzar. Propuse seis. También decía que la derecha “ha tenido siempre la habilidad de adueñarse de nuestros planteamientos.”

Una dirigencia stalinista y demasiado orgullosa para aceptar que de las bases podían salir propuestas válidas, no sólo que las ignoró, sino que las satanizó y las calificó de “dogmáticas.”

Cuando apareció Rafael Correa, esa dirigencia se rindió a su encanto. Correa coincidía con las bases socialistas, sobre todo en su visión del poder. Había que derrotar a una partidocracia voraz que se repartía el Ecuador a su antojo.

Hoy está claro que Correa es la fórmula que el neoconservadurismo mundial aplica para reestructurar el modelo de acumulación.

Usted, lector, coincidirá conmigo en que la derecha ha sabido ser supremamente inteligente. Que las cosas no cambien es su negocio. Hoy Correa anuncia que de volver a ganar profundizará su proyecto.

Yo me pregunto: ¿hay un proyecto radical de derecha? No basta con darle rostro humano al “capitalismo salvaje”. Es imprescindible ir de la reforma al cambio revolucionario. Para lograrlo hay que revolucionar el sistema productivo. De eso nada dice el misho Presidente ni sus ideólogos.

¿Imaginan a Jorge Glass a la izquierda de Correa? Esto ya no es Puro Teatro, se ha convertido en puro cuento.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora

14/Nov./2012, Quito

 

 

 

 

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MITO Y VERDAD SOBRE EL SUMAW KAWSAY EN EL ECUADOR

 

 

MITO Y VERDAD SOBRE EL SUMAW KAWSAY EN EL ECUADOR

JORGE OVIEDO RUEDA

Rafael Correa irrumpió en el escenario político ecuatoriano con la perfección magistral que tienen las grandes sinfonías de Beethoven. Con fuerza impresionante su debut dejó patidifusos a los políticos de la vieja guardia y, a los jóvenes, casi los desapareció, porque a ninguno le quedó condumio para competir con él. Su discurso contra el neoliberalismo y la partidocracia le colocó en la cúspide de la pirámide y le sigue manteniendo solitario en esas cumbres a las que, hasta ahora, casi nadie se aventura en llegar.

Quién diga lo contrario miente, Correa es el político más sagaz de cuantos hemos tenido los ecuatorianos desde Alfaro hasta nuestros días. Lo que ninguno hizo en el marco del sistema que nos rige, lo ha hecho el misho Presidente. Cuando disolvió el viejo Congreso Nacional y convocó a elecciones para la Asamblea Constituyente, yo, en lo personal, casi me convencí de que estábamos frente a un político verdaderamente revolucionario. Esa Asamblea tenía como misión elaborar la nueva Constitución que daría el marco jurídico a un nuevo Ecuador. Repito, estuve tentado en salir a la Plaza Grande y aplaudir al misho “revolucionario.”

En efecto, en el 2008 se aprobó la nueva Constitución. Ha sido calificada como una de las más avanzadas de América Latina y -porque en ella se reconocen por primera vez los derechos de la naturaleza-, como una Constitución pionera en esta materia en el mundo. A más de ser un modelo de garantismo, ella está atravesada por la noción del Buen Vivir que la Constitución denomina Sumaw Kawsay.

EL MITO DEL SUMAW KAWSAY CORREISTA

Uno de sus ideólogos define el Sumaw Kawsay como la “satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y muerte dignas, el amar y ser amado, y el florecimiento saludable de todos, en paz y armonía con la naturaleza, para la prolongación de las culturas humanas y la biodiversidad.” (Ramírez, René, pg. 61, 2010).

Una definición conceptual como ésta nos hace suponer que se está superando el modelo de desarrollo que se viene aplicando en la sociedad ecuatoriana por lo menos desde la década de los años sesenta del pasado siglo. El Sumaw Kawsay como alternativa al desarrollismo cepalino y capitalista, o alternativa post extractivista, como dicen algunos autores.

Frente a la práctica económica del régimen correista esta declaración de principios se ha vuelto pura demagogia y letra muerta, primero porque el régimen ya no puede ocultar su lógica extractivista al haber firmado los contratos con las compañías mineras chinas y estar aplicando ya el plan B de extracción del petróleo en el ITT con el pretexto de no “morir de sed junto a la fuente” y, segundo, porque disimulado en el concepto de Sumaw Kawsay nos ha metido de contrabando el concepto del Buen Vivir occidental.

El régimen de Correa se mueve ahora según la siguiente fórmula: Buen Vivir = mayor consumo; mayor consumo = más capitalismo; más capitalismo = mayor dependencia; mayor dependencia = menos soberanía; menos soberanía = mayor pobreza y así, el mismo y eterno círculo vicioso de siempre.

EL SUMAW KAWSAY REVOLUCIONARIO

Un concepto que dice medir el crecimiento económico de la sociedad y la felicidad de los individuos y de las colectividades, no en dinero (ingreso/consumo) sino en valores de uso, poniendo de lado las leyes del mercado, tiene que ser entendido como la base estructural de una nueva civilización.

Esa noción de cambio sólo está contenida en el Sumaw Kawsay revolucionario que no es otra cosa que la fusión armónica de las tradiciones ancestrales de los pueblos pre colombinos con los fundamentos críticos del socialismo revolucionario occidental. El punto nodal de su fusión es la ausencia de propiedad privada sobre los medios de producción, principalmente la tierra.

El Sumaw Kawsay es una concepción integral sobre la sociedad, no solamente económica. El centro de su “cosmoconciencia” es que el ser humano es parte de la naturaleza y que lo que a ella le hace se hace a sí mismo; si la naturaleza cambia por acción del ser, el ser cambia también. El ser no puede eliminar el diálogo con la naturaleza porque entonces se convierte en una bestia salvaje, sin sueños ni esperanzas, como ya sucede en la actualidad.

El Sumak Kawsay supera la dicotomía fundamentalista de concebir los fenómenos como la oposición antagónica de fuerzas contrarias que se excluyen mutuamente. Al concebir la “polaridad complementaria” rompe los paradigmas occidentalistas de oposición excluyente para explicar los fenómenos de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento a partir del “equilibrio dinámico”, con lo cual revoluciona la forma de entender el mundo y sus fenómenos. (Ver: Oviedo, Atawallpa, 2012, pg. 100).

En las tradiciones ancestrales no existen las “cosas” inanimadas, porque todo está dotado de energía y de vida. La tierra con todos sus elementos es un ser vivo que piensa, siente y actúa. Si no se toma en cuenta esto para Vivir bien, se rompe el equilibrio dinámico que es el estado permanente de la felicidad. “El estar ocurre en el mundo, en la naturaleza; el ser se distancia, objetiva el mundo, para mejor manipularlo, calcular. En el estar todo lo que ocurre en la naturaleza, le ocurre al hombre. En el ser todo ocurre afuera, separado del hombre. Si todo le ocurre al hombre, entonces éste deseará mantener el equilibrio y buscará el balance: no destruirá ni manipulará para sacar ventaja personal. Su conducta es ética ya que desea el equilibrio de la dualidad. No hay aquí dicotomía, es decir, separación. La dualidad del pensamiento del indígena prehispánico busca el equilibrio, no la eliminación de uno de los términos, como si ocurre en las dicotomías que fundan el pensamiento europeo. Positivo y negativo son necesarios. No se trata de destruir el mal, sino de mantener el equilibrio.” (Oviedo, Atawallpa, 2012).

El Sumaw Kawsay define un nuevo sistema de propiedad en el que lo comunitario prevalece sobre lo individual; es producción, sobre todo. El Ecuador ha sido un país de vocación agrícola desde épocas inmemoriales y su objetivo primordial es recuperar esa vocación. Con una ciencia y tecnología moderna, enraizadas en nuestras tradiciones, esto es perfectamente posible.

El pensamiento del Sumaw Kawsay es una revolución que viene del fondo de la Historia y es el aporte que hacen los pueblos americanos a la humanidad, una nueva forma de concebir la vida cuyos fundamentos gnoseológicos son la antípoda de la cultura occidental.

Por eso y muchas más razones resulta chocante ver como el gobierno de Correa manipula este concepto. Como en todo, tiene un discurso para presentarse ante la opinión nacional e internacional y una práctica política, económica y cultural para quedar bien con las necesidades de la acumulación del capitalismo corporativo mundial.

Sus acólitos sostienen que en el Ecuador primero hay que construir una sociedad post neoliberal, luego un socialismo de mercado o de capitalismo popular, para después entrar en lo que ellos llama el bio-socialismo republicano (Ramírez, René, 2010). Pura esencia socialdemócrata que se conforma con quitarle unas migajas a los ricos para trasladárselas, con bombos y platillos, a los pobres.

El Sumaw Kawsay revolucionario está en marcha y viene de la mano de los sectores populares, quienes cada vez más abren los ojos a nuevas propuestas civilizatorias.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA:

VARIOS AUTORES: Los nuevos retos de América Latina. Socialismo y Sumaw Kawsay, memorias. Secretaría Nacional de Planificación y desarrollo, Quito, 2010, en: Ramirez, René: Socialismo del Sumaw Kawsay o biosocialismo republicano, pgs. 55 y sgts.

OVIEDO FREIRE, ATAWALPA: ¿Qué es el sumakawsay?, 3ra Vía: el vitalismo, alternativa al capitalismo/socialismo, SUMAK Editores, La Paz, 2012, pg. 100 y sgts.

PARA LINEADEFUEGO, 5 DE noviembre de 2012

 

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PONCHO Y CORBATA

 

¡Tanto escándalo porque el indio aceptó ser binomio del señor! No hay una sola razón para admirarse, salvo que conservemos la mentalidad colonial según la cual los indios son por naturaleza inferiores a los blancos. En la colonia, indios y mestizos tenían que blanquear su nombre para ser algo. “Peinadillos” les decían los españoles a los mestizos que trataban de ocultar su sangre india.

En pleno siglo XX se seguían vendiendo las haciendas con “indios propios”. Herencia brutal que no ha terminado de esfumarse de la mente de los ecuatorianos, en el blanco porque sigue considerando inferior al indio, en el indio porque cree que superarse es acercarse al blanco. Hay indios burgueses, lo dije en un artículo del 15 de febrero de este año, que “se alinearán con los partidos que representen esos intereses, no con los que representen los intereses del pueblo.”

¿Por qué, entonces, tanto escándalo? Tituaña no es el primero. ¿Se nos han olvidado los casos de Vargas, de Ulcuango, del Miguel LLuco? No son excepciones, sucede y sucederá siempre, porque usar poncho no quiere decir que se es proletario, así como usar corbata no quiere decir que se es burgués.

Tan arraigada está en nosotros la herencia colonial que ver a un indio codeándose con la aristocracia nos parece un hecho excepcional. Tenemos que llegar a comprender que a un ser humano, si se lo juzga, no hay que juzgarle por su condición racial, sino por su posición de clase.

No nos admiremos que un indio sea burgués, admirémonos si un burgués acepta la cultura, los valores y a la misma raza indígena.

¿Será que Guillermo Lasso, y su familia, aceptaría que una de sus hijas casara con uno de los hijos de Auki Tituaña?

De ser así, entonces, otro Ecuador sería posible.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicadoen

La Hora 7/Nov./2012, Quito

 

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OTRA IZQUIERDA

A estas alturas a nadie le cabe la menor duda de que el gobierno de la Revolución Ciudadana es reformista de derecha. Su mérito es estar empeñado en terminar de fabricar el hardware en el que debe comenzar a funcionar el software revolucionario; pero esa tarea le corresponde a la Nueva Izquierda.

La Nueva Izquierda es una necesidad urgente. Se explica por el nivel brutal de concentración de la economía que polariza los ingresos, convirtiendo a unos en privilegiados y a otros en miserables; por la existencia inequívoca de la corrupción institucionalizada; por la inaceptable penetración de la cultura “mainstream” que va carcomiendo los cimientos de nuestra identidad; por la agresión inmisericorde al entorno natural; la creciente fiebre ciudadana por el Buen Vivir consumista, el amenazante monstruo del crimen organizado, la silenciosa saturación de nuestra economía por los intereses de la droga, en fin, por el deterioro evidente de las concepciones civilizatorias que actualmente rigen.

La izquierda Plurinacional lejos está de ser una alternativa a esta situación. Sigue planteando lo mismo, haciendo lo mismo y cometiendo los mismos errores, camino por el cual nunca obtendrá resultados diferentes. Cuando otra vez se evidencie su fracaso, sus ideólogos repetirán las excusas de siempre: lo dimos todo, hicimos lo posible, pero todavía no están maduras las condiciones…

La Nueva Izquierda que está naciendo parte de plantear nuevas bases civilizatorias, sustentadas en el Sumaw Kawsay revolucionario, cuya esencia consiste en rescatar las tradiciones ancestrales de América, incorporarles la dosis racional de la modernidad y proyectarlas al futuro para construir una Nueva Civilización basada en el amor, el respeto al ser humano y a la naturaleza.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora 31/Oct./2012, Quito

 

 

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PROHIBIDO… SOÑAR

Puedo decir con toda tranquilidad que mi generación fue la generación de los sueños, es más, me atrevo a decir que estábamos hechos de sueños. No los sueños de Walt Disney ni de Hollywood, sino algo más real. Soñábamos que a la vuelta de la esquina estaba la revolución, el cambio de un mundo cruel e injusto, por otro diferente, basado en el amor y la justicia.

Todo nos hacía pensar que así sería. Recuerdo en el norte “revuelto y brutal” a los Black Panters con Malcom X y Ángela Davis a la cabeza, en Francia la revolución de la juventud con Cohn Bendit, en China la revolución cultural de Mao, en América Latina la revolución cubana, primero y luego la esperanza de Salvador Allende; pero sobre todo el ejemplo del Che, clandestino y luminoso recorriendo el mundo para liberar al ser humano. Sonábamos, estábamos hechos de sueños.

Una parte de la juventud de entonces unimos el pensamiento a la acción, como el Che quería. Sentíamos en la sangre el compromiso de hacer realidad los sueños; nada nos conformaba, todo nos parecía caduco. Queríamos, con nuestras manos, traer el futuro al presente. Lo dejamos todo por la lucha revolucionaria.

Ahora me pregunto, ¿valió la pena? Claro, digo, valió la pena. Creo que mi generación fue derrotada, pero sus sueños, no. Están incólumes, hoy más reales que antes. Lo dice el proceso indetenible de decadencia que vive el mundo capitalista. Hemos comprendido que la revolución no está a la vuelta de la esquina, pero la fe revolucionaria nos dice que vendrá.

Por eso no se puede aceptar que a las generaciones actuales, herederas de nuestros sueños, un gobierno que se auto titula revolucionario, les impida seguir soñando.

Los diez de Luluncoto deben salir libres. Nadie puede impedir que triunfen los sueños.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 24/Oct./2012, Quito

 

 

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DE BONO EN BONO

Reflexione un segundo, amigo lector. ¿No le parece esto de los bonos de la pobreza o desarrollo humano, como quieran llamarlo, una bonita manera de sacralizar la pobreza y la desigualdad en el Ecuador?, ¿qué es la peor forma de paternalismo social y que sólo sirve para que mandatarios populistas, de izquierda o derecha, alivien su martirizada conciencia religiosa?

Todos se parecen al Santo del Patíbulo. Para García Moreno no había que cambiar la condición servil del indio, se trataba sólo de aliviar la suerte de tan “infeliz criatura”. Todos los aspirantes a Carondelet siguen pensando igual. Ahora ya no se trata de una raza, se trata del pueblo, conformado por indios, blancos, negros, mestizos empobrecidos hasta la miseria por la naturaleza brutal del capitalismo.

¿Qué país diferente se puede construir si se sigue dando caridad a más de un millón doscientas mil personas, con un monto cercano a los ochocientos millones de dólares anuales? ¡Que todos estos avivatos vayan a mamar gallo a otra parte! Son una legión de hipnotizadores adiestrados por las universidades extranjeras para mantener la miseria y la desigualdad en nombre de Dios, de la libertad y de la democracia.

Lo más triste del asunto es que corrompen a los pobres porque les ocultan la verdad de que la pobreza sólo se supera con el trabajo y el esfuerzo de todos. Les acostumbran al mendrugo, a la dádiva, a la caridad. “Esa es tu condición” -les dicen-, “quédate con lo que te damos y confórmate.”

Día llegará en que el pueblo no vaya de bono en bono, que construya su destino con sus propias manos. Será cuando el sudor de la frente del pueblo sirva para construir una patria de trabajadores, sin miseria ni patrones, igualada en el esfuerzo creador de todos.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora 17/Oct./2012, Quito

 

 


 

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