MANIFIESTO URGENTE DE ÑUCANCHIC SOCIALISMO

 

Es necesario proponer una nueva forma de vida

José Mujica

La sociedad actual está enferma. El ser humano va por la vida desconectado del resto, como un monumento a la soledad. Está claro que no es su naturaleza. La sociedad del capital le ha convertido en eso.

Si el capitalismo nació derramando sangre y sudor por sus poros, a doscientos años de su origen desperdicia los alimentos mientras miles de millones de seres humanos mueren de hambre y necesidad, convierte al planeta en un colosal basurero de mercancías inútiles y obliga a las masas a consumir productos de baja calidad. Manipula mediáticamente la mente de las inmensas mayorías convirtiéndolas en culpables de su desgracia e induciéndolas a mantenerse indiferentes; fomenta la mediocridad en la educación y permite que los medios masivos de comunicación difundan el fanatismo, la ignorancia científica y toda clase de creencias irracionales.

Es evidente que debido a esto el desarrollo de la conciencia de las masas va a la saga del desarrollo material de la sociedad, de lo cual sacan provecho las élites. Mientras más mediocres e ignorantes sean las grandes mayorías, con más facilidad podrán las minorías poderosas sacar provecho de ellas. No es ésta una situación inédita en la Historia, pero en esta época de la globalización y dominio del capital financiero mundial, adquiere ribetes dramáticos. No es exagerado afirmar que miles de millones de seres humanos viven en la esclavitud, sin que tengan la menor posibilidad de tomar conciencia de ello.

Vivimos la época del capitalismo corporativo. Es el capitalismo del desastre que sólo puede garantizar su permanencia mediante la destrucción. Fomenta las guerras, desperdicia los alimentos, olvida a los pueblos, desestimula la inversión productiva, destruye sin compasión la naturaleza y arremete con furia demencial contra cualquier alternativa que se salga de sus límites. Nada le impedirá conducir a la Humanidad al holocausto si de defender sus intereses se trata. Cuenta con el poder militar y económico para hacerlo.

Decir que la Humanidad está enferma y al borde del abismo, entonces, no es una frase hueca, se ha convertido en una dolorosa verdad. Si queremos evitar el fin, se ha vuelto imperativo proponer una nueva forma de vida.

ÑUCANCHIC-SOCIALISMO ES UNA NUEVA FORMA DE VIDA

1492 marca el año en que se produce una “solución de continuidad” en las sociedades del Abya-Yala. “Solución de continuidad” entendida como la interrupción brutal de las formas de producción que los pueblos originarios de estas tierras habían practicado por lo menos desde hace diez mil años. Los europeos destruyeron, sin consideraciones, esas milenarias formas de producción y no las sustituyeron con nada. Se apropiaron de la tierra y convirtieron a sus dueños en parias.

Entonces, la brutalidad de la conquista consiste en haberles impedido a los pueblos originarios, a lo largo y ancho del continente, seguir practicando sus formas ancestrales de producción. Más que por las armas, los pueblos americanos fueron vencidos por el hambre y la necesidad.

Junto a la destrucción de la base productiva se derrumbaron todos los demás aspectos de la vida de estas sociedades. La estructura de poder, el ordenamiento moral, la religiosidad, las nociones culturales, científicas y técnicas que, así mismo, durante milenios le habían dado sentido a la racionalidad de sus costumbres, tradiciones, concepciones y creencias. La conquista no fue fatal para estos pueblos porque les negó el futuro, sino porque les borró el pasado,. El conquistador europeo destruyó todo, hasta la memoria.

Las necesidades de la vida, más que la acción racional de los conquistadores españoles, fue creando la estructura productiva que habría de sustituir a las formas ancestrales de producción. Se impusieron en América, desde el siglo XVI, las formas de producción conocidas en Europa desde la Grecia clásica: esclavitud individual y servidumbre, que los pueblos americanos no conocieron.

Estas formas impuestas hicieron volar en añicos el colectivismo ancestral de los pueblos americanos, dispersando sus fragmentos por todo el continente, pero sin llegarlo a matar. Como memoria fragmentada ha sobrevivido esta forma de producción desde la conquista. Los pueblos no contactados son también parte de esa memoria productiva que, hasta nuestros días, se ha negado a desaparecer.

Pero estos quinientos años no han pasado en vano. Occidente se volcó en América. Trajo consigo el egoísmo productivo y todos los males que de ahí se desprenden. Identificó al colectivismo ancestral y la ayuda mutua de estos pueblos con el salvajismo, la barbarie y el atraso. A los seres humanos que vivían en ellas, los consideró inferiores. Desde entonces la noción de desarrollo excluye las formas ancestrales de producción. Desarrollo es igual a ideal occidental, propiedad privada de los factores productivos, mercado, valor de cambio, libre empresa, libre competencia, libre comercio, monopolios, neoliberalismo y globalización.

La noción lineal del desarrollo impuesta por los europeos a los pueblos originarios de América, querámoslo o no, ha conformado la actual base productiva de explotación al ser humano y destrucción de la naturaleza y ha terminado por configurar la vida, forma de pensar, moral, costumbres de las comunidades humanas surgidas a posteriori de la conquista, siendo ésta una realidad que no podemos ignorar porque ha modelado al ser americano, convirtiéndolo en un defensor del sistema. La occidentalización de la vida en América ha negado cualquier otra alternativa civilizatoria, bien sea surgida desde su propio seno (socialismo) o desde afuera (Sumaw Kawsay). Quinientos años después, ante el fracaso de la propuesta civilizatoria de occidente, se impone el cambio. Si no lo hacemos, estamos condenados a la muerte.

SOCIALISMO O SUMAW KAWSAY, FALSO DILEMA. TAMPOCO SOCIALISMO VS. SUMAW KAWSAY.

El socialismo, como ideología occidental, es revolucionario. Su propuesta subvierte las bases de la civilización capitalista: eliminar la propiedad privada sobre los medios de producción.

El fracaso del llamado “socialismo real” no invalida su propuesta, así como la degradación del mundo actual no invalida la propuesta moral del cristianismo. Un mundo sin propiedad privada sobre los medios de producción, sí es posible.

El Sumaw Kawsay pre colombino descubrió esta verdad antes de Marx y no como constructo o teoría, sino como forma de vida. Sumaw Kawsay es vivir en equilibrio con todo. Lo que el ser humano le hace a la naturaleza, se hace a sí mismo.

La abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción que el socialismo propone, es coincidente con el Sumaw Kawsay pre-colombino y su aplicación práctica pondrá de inmediato al ser humano en armonía con su entorno.

No hay contradicción, hay unidad, con la ventaja que el socialismo adapta al Sumaw Kawsay a la modernidad, convirtiéndolo en base real de la nueva propuesta civilizatoria e impidiendo que se convierta en una utopía.

Pero el socialismo es, por definición, etapa transicional entre la vieja sociedad capitalista y la etapa superior de la sociedad igualitaria o de la autoconciencia, que será la del Sumaw Kawsay plenamente realizado. Una sociedad altamente tecnificada en la que la base de la propiedad social habrá eliminado definitivamente las leyes del mercado.

Pero ese es el futuro. El socialismo del Sumaw Kawsay subordina algunas formas de propiedad privada a la propiedad social de los medios de producción, consciente de que esas formas de propiedad no pueden ser eliminadas por decreto. La propiedad social mayoritaria en manos del Estado tiene que coexistir temporalmente con formas de propiedad privada hasta que éstas desaparezcan. Es en esta etapa que se van liberando las fuerzas productivas del socialismo de forma paulatina y armónica, hasta transformar radicalmente a toda la sociedad y, también, al ser humano. El ser social socialista todavía no es el Hombre Nuevo del futuro, pero ha comenzado a serlo. Que llegue a aparecer depende de que el proceso al Sumaw Kawsay tenga éxito.

Este es el Sumaw Kawsay revolucionario, antagónico al Buen Vivir occidental.

Es el Socialismo Americano. Una propuesta incluyente, que emergiendo del seno de la Historia, abarca la innegable realidad del mestizaje americano. A excepción de Norteamérica, de México a la Patagonia, somos pueblos mestizos.

El Socialismo Americano es la propuesta de salvación de nuestro continente, después de quinientos años de humillación y aislamiento.

Su nombre propio es: Ñucanchi-Socialismo. Con él comenzamos a recuperar la memoria que nos robaron los colonizadores.

Cambiar de vida será ir recordando lo que el impacto de la conquista y colonización nos hizo olvidar y añadiendo esos viejos recuerdos a las experiencias positivas de nuestra vida moderna, para de esa forma construir la nueva civilización americana, Sud Americana.

No es indigenismo, tampoco socialismo a secas. Es la nueva forma de vida que nuestros pueblos esperan.

COMENZANDO A LUCHAR HOY, MAÑANA LES DAREMOS UN NUEVO MUNDO A NUESTROS HIJOS

ÑUCANCHIC SOCIALISMO AMERICANO

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NUEVO DEPORTE

            ¡Cuánto tiempo ha demorado la oposición en darse cuenta lo malo que es Correa! Salvo la derecha que inventó la leyenda roja del correismo, la izquierda, los sectores progresistas, el centro político, los indios, los negros, los montubios, todos, se dejaron hechizar por esa joven figura que venía de lejanas universidades para acabar con la injusticia social.

            Hoy hay una legión de arrepentidos. Odian a Correa. Se reúnen en la academia para demostrar lo obvio, lo que no pudieron ver cuando la magia de su figura les tenía hechizados.

            Todos ellos han inventado un nuevo deporte: ¡tumbar a Correa! Es una especie de tiro al blanco, una competencia por demostrar quién tiene el lenguaje más hiriente contra Rafael. ¿Quiere, lector, pruebas? Revise todos los blogs que han proliferado en la red, las revistas digitales, los editoriales, las radios, la prensa. ¡Correa tirano, déspota, ególatra!

            Esta oposición mostrenca no tiene capacidad para comprender que no es Correa el problema, sino su proyecto. Correa quiere, en el marco de una democracia autoritaria y del proceso de consolidación del Estado-nación, cumplir con las exigencias del capitalismo extractivista mundial, depredador e inhumano. A un proyecto de esta naturaleza no se lo derrota tumbando a su cabeza visible, sino proponiendo una alternativa.

            Los más avivatos de esta corriente, como José Hernández y los socialistas arrepentidos, se pavonean con los argumentos de la izquierda revolucionaria, quitándole el condumio y la testosterona, dejándole sólo en apariencia. Ellos acechan detrás de la protesta social, ellos aspiran a ser campeones de este nuevo deporte llamado ¡tumbar al tirano!

            A Correa el pueblo tiene que derrotarlo en las urnas, no tumbarlo. Eso sólo le conviene a la derecha.

La Hora, 16-09-2015

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PRINCIPIOS IDEOLÓGICOS DEL MOVIMIENTO ÑUCANCHIC SOCIALISMO (ÑS)

NUEVA ECONOMIA, NUEVA CIVILIZACION

ÑUCANCHIC SOCIALISMO (ÑS)) es un movimiento político de alcance nacional, integrado por todos los ecuatorianos que aman y luchan por su país, organizado en regiones, provincias, cantones y parroquias para luchar juntos, consciente y organizadamente, por hacer una nación incluyente, amigable, justa y equilibrada para todos/as los ecuatorianos.

ÑUCANCHIC SOCIALISMO (ÑS) declara que nuestra lucha será por construir una nueva democracia para lo cual trascenderemos la actual y procuraremos la toma del poder respetando el marco constitucional; lucharemos por el cuidado riguroso del medio ambiente, por la soberanía, la solidaridad, la justicia social y la inclusión de todos los ciudadanos/as en los beneficios de un correcto ejercicio del poder popular.

ÑUCANCHIC SOCIALISMO (ÑS)) está comprometido con todos los ecuatorianos/as, sin excepción, pero de forma preferente con los más pobres del campo y la ciudad que viven en sectores carentes de los más elementales servicios básicos y que se encuentran permanentemente amenazados por la inseguridad, los peligros naturales y las dificultades materiales que les impiden llevar una vida digna.

ÑUCANCHIC SOCIALISMO (ÑS)) es un Movimiento político que se considera heredero de las mejores tradiciones de lucha del pueblo ecuatoriano, desde la época pre colombina hasta la actualidad, tradición que siempre ha tenido como objetivo oponerse a la opresión; declaramos nuestra oposición cívica a la oligarquía y sus aliados que se han aprovechado de su poder económico para captar el poder político y así satisfacer sus intereses personales y de grupo. Nuestro Movimiento declara que el poder político se explica sólo si está en manos de las mayorías.

Por esta razón el Movimiento ÑUCANCHIC SOCIALISMO (ÑS) se define como un movimiento revolucionario, laico, pluralista, que nutre sus concepciones en el Socialismo Americano, cuya esencia consiste en rescatar nuestras tradiciones, fundamentar la democracia en la discusión colectiva de los problemas, la movilización permanente de los sectores populares, impulsar procesos colectivistas de producción y resolver las necesidades que aquejan a los colectivos humanos con la participación organizada de todos/as los ciudadanos.

Sobre todo ÑUCANCHIC SOCIALISMO (ÑS) se constituye como una reacción ética ante la corrupción de los sectores de poder plutocrático que han dominado desde siempre. Una corrupción orquestada desde los niveles políticos, económicos y mediáticos, cuyo fin último ha sido el lucro y la ganancia. Cree el Movimiento que hay que erradicar de raíz la corrupción. Aspiramos a ser el resultado histórico de la conciencia, la indignación y la rebeldía del pueblo ecuatoriano que, a través suyo, saldará cuentas con los eternos beneficiarios del poder.

Somos revolucionarios porque creemos en el cambio y sabemos que nada es eterno y estático. Cambian la naturaleza, la sociedad y el ser humano, en un proceso dialéctico indetenible hacia el infinito. Al Ecuador le llegará la hora de las transformaciones profundas cuando el Movimiento, con la confianza de los ecuatorianos/as, llegue el poder del Estado.

Somos democráticos porque sabemos que la fuente del poder está en el pueblo; que la pluralidad política es la base de la libertad; que la equidad económica amplía los horizontes éticos de los ciudadanos/as y porque creemos que el voto basado en la educación, la información y el criterio, da como resultado funcionarios capacitados para laborar por el bien común.

Y somos también socialistas porque creemos que el socialismo es el estado ético natural de la humanidad. El capitalismo, como forma de producción, queda sólo en la conciencia del pequeño y mediano productor, lo que no se puede eliminar por decreto. El capitalismo globalizado, financiero y feroz, ha agotado todas sus posibilidades y pretende mantener su carcomido edificio por la fuerza, el engaño y el totalitarismo, sin importarle las consecuencias negativas que provoca en el Ser Humano y la Naturaleza.

El socialismo es el sistema del equilibrio, en el que las distancias entre los que tienen más y los que tienen menos, deben ser éticas, sostenidas por los individuos y protegidas por el Estado. Nada tenemos que ver con las experiencias fallidas del socialismo del siglo XX y tampoco con los experimentos contemporáneos del llamado Socialismo del siglo XXI, salvo el respeto a esos procesos que quisieron cambiar de raíz la vida de sus pueblos. Somos socialistas americanos, una versión moderna y revolucionaria del socialismo, basado en la tradición de nuestros pueblos andinos y lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente. Nos vamos construyendo como esa vanguardia político-espiritual que es necesaria para superar las limitaciones de la política burguesa en todas sus formas, incluido el socialismo del siglo XXI.

Proponemos una nueva economía que será la base de una nueva civilización. Una sociedad de medianos y pequeños propietarios, en el campo y en la industria dándole prioridad siempre a la esfera agrícola, que coexistan con formas de propiedad y producción colectivistas, es lo que llamamos sociedad socialista. No es todavía una sociedad igualitaria, pero sí una sociedad equitativa.

Sólo cuando esta concepción se haga realidad, entonces habremos alcanzado el futuro. Para ÑS, el futuro cercano es luchar por una sociedad equitativa, ética, pluralista; el futuro lejano para nosotros será la sociedad de la abundancia.

NUEVA ECONOMIA PARA UNA NUEVA CIVILIZACION

PRIMERO EL ECUADOR

 

 

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LA DEMOCRACIA AUTORITARIA DEL CORREISMO vs. LA DEMOCRACIA DINAMICA DEL MOVIMIENTO POPULAR

Construir una tercera fuerza es la mejor garantía de que la dinámica social que ha acumulado el movimiento indígena y los trabajadores ecuatorianos no sea utilizada por las dos fracciones políticas del poder.

Alejandro Moreano

            La democracia en el Ecuador fue entendida, desde los orígenes de la república, como el derecho que tenían los terratenientes criollos, herederos del poder político después de la independencia, a elegir y ser elegidos. Por mucho que se quiera barnizar esta verdad, escrita está en las constituciones anteriores a la de 1830 y en las posteriores, hasta la de 1861, en la que, bajo la égida de García Moreno, se elimina el requisito económico (derecho censatario, ser propietario o tener rentas) para poder elegir.

            Habían pasado treinta y un años desde la fundación de la república. Los terratenientes forjaban un proyecto de nación excluyente, en el que indios, negros y mestizos eran vistos como un mal necesario para sostener sus privilegios. Si bien la Constitución garciana de 1861 eliminó lo económico como requisito para el derecho a la votación, estableció el de saber leer y escribir. Esta era una época en que la pobreza estaba asociada a la ignorancia por lo cual, en un porcentaje cercano al cien por ciento, la población siguió excluida de su derecho al voto. En la Carta Negra de 1869, el fanatismo católico de García Moreno impuso la profesión de fe católica como condición para el goce de los derechos de ciudadanía.

            A los 40 años de vida republicana la fiesta de la democracia se daba sólo en los salones de la aristocracia criolla, con la bendición de la Iglesia católica, apostólica y romana. El requisito de ser católico para ser ciudadano no puede ser interpretado sólo como un rasgo del fanatismo de García Moreno, sino como la punta del iceberg del proyecto de nación que tenían los conservadores, una nación de democracia dócil, reclinada ante los santos y los amos.

            Semejante proyecto estimuló la oposición liberal, que más que cuestionar la dominación, veía con espanto cómo los terratenientes aislaban al Ecuador del concierto internacional de naciones que avanzaba en el desarrollo capitalista. El Santo Católico cayó bajo el fulgor del machete liberal, pero no por eso la patria alcanzó su verdadera libertad. Con el liberalismo se moderniza la dominación junto a la democracia.

            Una democracia más moderna, sí, pero ¿diferente de la que primó durante el siglo XIX? Nada en lo esencial, pocos cambios en lo formal. Las reformas liberales tienen peso sobre todo porque están encaminadas a limitar los privilegios de la iglesia, no por sentar cimientos sólidos para cambiar la base productiva del país. De manera desordenada va surgiendo un sector económico funcional a las necesidades de la modernización capitalista, pero no en detrimento de la actividad hacendaria tradicional, con la cual comienza a coexistir paralelamente. Esta “plutocracia” liberal, aliada con los terratenientes, truncó el proyecto alfarista de construir el Estado-nación. De ahí en adelante, el Estado oligárquico, como antítesis del Estado-nación, es su obra.

            La democracia se adapta, entonces, a esta nueva realidad. Ahora ya no es propiedad de los conservadores, los liberales se han invitado por su cuenta y juntos aprenden a convivir. Tienen de por medio el negocio del Estado y la lucidez suficiente (instinto de clase) para permanecer unidos ante un nuevo protagonista social que va apareciendo, paulatinamente, en la medida que la nación se va modernizando.

            Desde la aprobación de la constitución liberal de 1906 hasta la primera dictadura militar de 1963 prevalece esta nueva democracia -en medio de asonadas, trifulcas, golpes de Estado, “revoluciones” y otras hierbas- que nos da, a los ecuatorianos, la sensación de ser modernos e “iguales” a los países del mundo capitalista, o, por lo menos, de estar en vía de serlo. Esta modernización tenía que ver más con las élites gobernantes que con los intereses de los sectores populares, los mismos que siguieron viviendo en la miseria, la ignorancia y la injusticia social. Fue la democracia del espectáculo en cuya tarima se hacían aplaudir los personajes de la oligarquía por un pueblo al que le habían dado, como una dádiva, el derecho de elegirlos.

            Esta democracia, que con parecidas características existía en toda América Latina, se ve amenazada por el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. La rebeldía de un pueblo contra una feroz tiranía se convirtió en un hecho sin precedentes cuando, en 1962, los guerrilleros declararon el carácter socialista de la revolución. Un pueblo diminuto se atrevía a mirarle a los ojos al gigante del norte.

            El poder norteamericano se vio obligado a sacudir sus viejos esquemas. Creyeron conveniente “modernizar” la agricultura y fomentar el desarrollo industrial, para lo cual era necesario esforzarse por mantener en el redil a los gobiernos latinoamericanos, porque, sin obediencia política, nada era posible. Ninguno se atrevió a desobedecer sus órdenes. La democracia yanqui se sacó la careta y, cuando no le funcionó la diplomacia, recurrió a la fuerza.

            El poder norteamericano y sus aliados criollos habían comprendido rápidamente que, a ese nuevo protagonista, había que darle un tratamiento. La primera dictadura militar en el Ecuador neutralizó la protesta popular por medio de la fuerza, y una falsa reforma agraria y, al finalizar la misma, los sectores dominantes volvieron a recurrir al caudillismo velasquista para hacerlo. El triunfo de Velasco en 1968 así lo demuestra. Pero las veleidades del caudillo no hacían apropiado el ambiente político para la consumación de los intereses de la modernización capitalista, en un momento en que el Ecuador destapaba los pozos petroleros de la Amazonía. Una década de dictaduras militares mantuvieron controlado el ascenso de las masas que comenzaban a reclamar su participación efectiva y dinámica en la construcción de la nación.

            Con una nueva constitución, aprobada en referéndum en 1979, el Ecuador “retorna a la democracia”. La aprobación de una ley de Partidos demuestra que las intenciones de los sectores dominantes eran modernizar la política, convirtiendo a la democracia en una nave estable conducida por entidades ideológicas fuertes, se decía, incluida la izquierda. Después de la muerte de Jaime Roldós, este proyecto se puso en marcha.

            Los tambores del neoliberalismo anunciaban la superación del desarrollismo cepalino que, en las dos décadas precedentes, había cumplido su misión de cambiar la superficie para que el fondo siguiera igual. El neoliberalismo en América Latina, que tuvo su performance adelantada en la dictadura cruenta de Pinochet, se comienza a extender como una mancha de aceite por todo el continente. En el Ecuador, todos los gobiernos, a partir del de Oswaldo Hurtado, son más-menos neoliberales, incluido el de Rodrigo Borja. El neoliberalismo en el Ecuador orquesta, planificada y sistemáticamente, el marco económico, político y social, ya no para neutralizar la insurgencia popular que alcanza su punto más alto al comenzar la década de los noventa, con la irrupción del movimiento indígena, sino para encapsular la protesta en las normas de su democracia. “Nosotros también somos parte del Ecuador y no necesitamos invitación para participar. Aquí estamos y esta es nuestra propuesta”, fue el mensaje claro de los sectores populares, ahora representados en el Movimiento Indio. La democracia del espectáculo llegaba a su fin. Los sectores sociales que hasta aquí sólo habían estado dedicados a aplaudir a sus actores, reclamaban su derecho a participar en la fiesta.

            Las fuerzas coaligadas de la derecha, el llamado centro incluido y, la seudo izquierda, terminaron conformando la “partidocracia”. Ese proceso culminó con la aprobación de la Constitución de Sangolquí (1998) en la que la oligarquía, de forma voraz y desesperada, abrió todos los grifos para privatizar la economía. En 1999 la partidocracia termina su obra con la movida maestra del feriado bancario. La rapacidad oligárquica desató una reacción violenta de las masas que sólo se pudo controlar, institucionalmente, permitiendo el surgimiento del populismo. Gobiernos como los de Bucaram y Gutiérrez fueron válvulas de escape a la presión popular.

            En estas circunstancias no había nadie que planteara una alternativa política. La izquierda, que era la llamada a hacerlo, estaba subsumida en las versiones “más progresistas” del centro, sin capacidad, ni orgánica, ni política, ni de representación, para orientar la lucha popular, a la espera de que algo sucediera. Ese algo vino a ser la propuesta de Alianza País y el liderazgo de Rafael Correa.

LA DEMOCRACIA AUTORITARIA DE CORREA COMO INSTRUMENTO DE LA “RESTAURACION CONSERVADORA.”

            Creo que el nuevo milenio no comienza realmente en el año dos mil, sino en el dos mil siete, cuando la crisis total del capitalismo financiero amenaza con hundir su civilización. Esta no es una crisis más, circunscrita a lo económico, como todas las anteriores. El barco del sistema ha comenzado a flotar con el agua por arriba de la línea normal de navegación. En su seno, este barco lleva la carga preciosa de la humanidad, con todos los recursos que necesita para su sobrevivencia. El poder mundial sigue pensando en soluciones que preserven sus privilegios, pero ante el peligro inminente del naufragio, las grandes masas desprotegidas presionan, desde abajo, para también salvarse. Esa presión interior condiciona la conducta de las minorías privilegiadas a nivel mundial.

            En lo político, la democracia occidental, a comienzos del nuevo milenio, comienza a ser víctima de sus propios principios. Si no se permite la intervención de las grandes mayorías en los asuntos del Estado se corre el riesgo de vivir un cambio radical de la estructura del poder tradicional. La “democracia del espectáculo” quedó atrás, la “representativa” ya no era suficiente y, la “participativa”, es una farsa. Las necesidades históricas del sistema aconsejan que se suelte un nudo en la coyunda de las masas y estas entren en un proceso directo de participación democrática, siempre y cuando se cumplan dos requisitos: conservar el estado como instrumento ejecutor del proceso y, por medio de él, mantener el poder político.

            En este escenario aparecen los llamados gobiernos “progresistas” de América Latina, adornados con la novedosa “teoría” del Socialismo del Siglo XXI y la espeluznante consigna de que, para hacer la revolución, hay que fortalecer el capitalismo.

            Esta “teoría” calzaba perfectamente en las necesidades del capitalismo mundial, amenazado por el empuje radical de las masas urbanas y rurales de Europa, Norte América, América Latina, África, Medio Oriente. El movimiento de los “indignados” es el símbolo icónico de este proceso y las corrientes migratorias generalizadas en el mundo, su huella más trágica. China, en el vórtice, parece indicarnos un nuevo camino, ocultando, detrás de sus impresionantes índices de crecimiento, que el reacomodo del sistema pasa por la construcción de una nueva hegemonía mundial. El viejo imperialismo norteamericano encuentra nuevas formas de mimetismo, obligándose a ceder parte de su poder económico, pero conservando, e incrementando, su capacidad bélica, con lo cual garantiza conservar intactas sus estructuras.

            El triunfo electoral de Hugo Chávez en 2002 inaugura el ciclo del “progresismo” en América Latina. En el 2006 triunfa Rafael Correa en el Ecuador. El alto grado de descomposición moral, la crisis económica y política, el desaliento generalizado de las masas, era un campo propicio para que floreciera la esperanza. Con un listado reivindicativo de cinco puntos, sin programa, sin partido, sin ideología, pero con cánticos de la mejor época de la rebeldía cubana y con un discurso secuestrado a la dirigencia revolucionaria de la izquierda universitaria, triunfó la llamada Revolución Ciudadana.

            ¿Qué había detrás de este triunfo? Simplemente la imperiosa necesidad del capitalismo corporativo mundial de revitalizar su democracia como mecanismo idóneo para la “restauración conservadora”.[i] A nivel local no se perciben las cosas de esa manera, si en la perspectiva de la dominación mundial.

            A nivel local surgen como procesos espontáneos de reivindicación popular y como reacción a la descomposición generalizada de la sociedad. Un líder carismático se apropia del proceso, arrastra con él a la oposición en su más amplio abanico -que va desde la “izquierda racional” hasta el centro “progresista”- y, con un entusiasmo cuasi revolucionario, se enfrenta a la realidad del poder. Instalado en él se da cuenta de que, para aguantar la presión colosal del sistema mundial, se necesita algo más que sentimientos de conmiseración y pena por el pueblo, algo más que simple caridad cristiana, algo más que buenos sentimientos de Boy Scouth; se da cuenta de que se necesita ideología, valentía y convicciones revolucionarias. El plan de dominación mundial, que tiene que ver con garantizar la extracción de recursos naturales a nivel planetario, termina por tragarse a los seudo líderes que se conforman, entonces, con bajarle “revolucionariamente” un grado a la pobreza. Cuando eso sucede, de ahí en adelante, todo es una farsa. La sociedad maquillada sigue sosteniéndose sobre los mismos pilares de siempre. Para poder controlarla hoy, como nunca antes, se implementa, lo que definimos como una “democracia autoritaria”, instrumento de la cual es, precisamente, Rafael Correa Delgado.

            El viejo imperialismo sabía, a ciencia cierta -después de la Segunda Guerra Mundial-, que la democracia, para sobrevivir, tenía que hacerse cada vez más autoritaria. La intervención directa, practicada a comienzos del siglo, había agotado sus posibilidades en Granada y, el apoyo a regímenes dictatoriales como el de Pinochet, primero y, después, a las dictaduras del Cono Sur, hacía crecer una poderosa corriente condenatoria a sus prácticas imperialistas. Necesitaban restaurar su imagen, cubrirla de un nuevo aire.

            Así como a nivel local la “teoría” del Socialismo del Siglo XXI le vino como anillo al dedo a las necesidades de la modernización capitalista, a nivel internacional el capitalismo corporativo mundial encontró, en los gobiernos “progresistas” que la sostenían, la panacea apropiada a las necesidades de la “restauración conservadora”. Esto no es sino una muestra de cómo el entusiasmo reformista del escultismo continental y la ingenuidad revolucionaria -que sabe lo que dice, pero ignora en lo que se mete-, puede ser utilizada para reforzar la dominación imperialista o para comprobar cuan verdadero es el refrán popular de que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

LA DEMOCRACIA DINÁMICA COMO ALTERNATIVA

            Ñucanchic Socialismo, nuestro socialismo, es un movimiento político que ha tomado distancia de la izquierda reformista en el Ecuador, del estalinismo, de esa izquierda inconsciente que cree en la lucha armada como solución inmediata y de todos aquellos que no comprenden que, en este cambio de época, se impone la necesidad de nuevos planteamientos. La valentía del revolucionario, hoy por hoy, consiste en librar una batalla teórica frontal contra los errores del pasado socialista y contra la ofensiva neoliberal, dos frentes que exigen valor y autenticidad intelectual.

            Lo nuevo en la izquierda no es la lucha coyuntural, inmediatista, las tácticas más o menos novedosas para tumbar un gobierno burgués que a duras penas cumple con las normas de la democracia russoniana. Es la hora de los planteamientos estratégicos, de largo alcance, que columbren un futuro diferente para la humanidad y para nuestro pueblo como parte de ella. La política como arte y como ciencia, hoy se encuentra condicionada por la amenaza real del fin de la civilización burguesa. La política que no toma en cuenta este particular es una política ciega e inútil que en nada contribuye al parto de una nueva vida.

            Las nuevas ideas surgen de enriquecer lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente con el espíritu de vida que tiene el pensamiento ancestral americano y, para nosotros, ecuatorianos, el pensamiento andino. Ese nuevo enfoque integral de los problemas de la sociedad actual nos tiene que marcar la ruta hacia una nueva civilización, caracterizada por el trabajo creador y el equilibrio en la distribución de la riqueza social.[ii]

            En lo que a la democracia se refiere, Ñucanchic Socialismo cree que la democracia burguesa ha agotado todas sus posibilidades. Es inútil seguir dando la vuelta a la noria y absurdo seguir ilusionados tras a zanahoria que va delante de nuestras narices. Ñucanchic Socialismo, nuestro socialismo, toma también distancia de aquellos sectores intelectuales “progresistas” que creen que la democracia burguesa puede ser mejorada, ajustada o calibrada, en dependencia del grado de sinceridad de quienes están en el poder, que creen que una mejor democracia es sólo una cuestión de “estilo”. Ese es un discurso falso en el cual se mueven, desde la “izquierda racional”, hasta el centro progresista, incluida, por supuesto, la más recalcitrante derecha. Para Ñucanchic Socialismo, la democracia está directamente relacionada con la participación de las masas en el poder político y, por ende, en las decisiones del Estado, requisito que, estructuralmente, es imposible de cumplir en la democracia russoniana.

            El último acto de la democracia burguesa será, precisamente, permitir, por ley, la participación de las masas organizadas en la disputa electoral, representadas por una vanguardia político-espiritual que, luchando junto a ellas, sintetice sus aspiraciones. Ñucanchic Socialismo, nuestro socialismo, se está construyendo como esa vanguardia, no de forma clandestina, sino abierta, prevalido del derecho que la democracia burguesa le da. Para nuestro socialismo una democracia dinámica significa la movilización permanente de las masas, antes para alcanzar el poder y, después, para construir la nueva sociedad.

            Una movilización permanente de las masas en el marco de la democracia burguesa significa que, desde lo local hasta lo nacional, las masas se deben movilizar para luchar por sus derechos. No por delegación, sino por participación, se deben hacer realidad las aspiraciones del pueblo. Esto crea un liderazgo colectivo y entierra el caudillismo. Si cae un líder (por debilidad ideológica, por agotamiento, en fin, por obra del enemigo), otro que sabe tanto como el caído, toma su lugar; igual si sucede a nivel cantonal, provincial, regional o nacional. La marcha no se detiene nunca. [iii]

            Para impedir un proceso de esta naturaleza, el poder constituido (burgués), tendría que hacer uso de la fuerza e imponer una dictadura, lo que legitimaría, de inmediato, la insurrección popular. Una insurrección generalizada de las masas en todo el territorio nacional pondría fin a una dictadura en un mínimo de tiempo.

            Lo que puede garantizar el éxito de un proceso de estas características es la existencia de una vanguardia político-espiritual, forjada en lo mejor de la teoría revolucionaria de occidente enriquecida por el pensamiento ancestral, en el aprendizaje atento de los errores cometidos en las experiencias del socialismo del siglo XX a nivel mundial y latinoamericano y en la superación teórica del mal llamado “socialismo del siglo XXI.” Hay que desenmascarar su concepción de que para hacer la revolución hay que desarrollar más el capitalismo.

            Otra teoría es necesaria para crear otro tipo de civilización. Nada podremos cambiar si seguimos adornando, con renovadas lentejuelas, las viejas teorías. El reto más importante que nos toca afrontar a los revolucionarios del nuevo milenio, es estar preparados, teórica e ideológicamente, para adentrarnos con paso firme en la nueva época que está naciendo.

      

[i] En una interpretación, más técnica que política, Pablo Dávalos sostiene que Alianza País surge cuando se ha agotado el neoliberalismo del Consenso de Washington y está surgiendo el neoliberalismo en la versión del Banco Mundial. Véase: Dávalos, Pablo: Alianza País o la reinversión del poder. Ediciones Desde Abajo, Bogotá, 2014, pg. 35 y ss.

[ii] Véase: Oviedo Rueda, Jorge: Del Estado, la izquierda y la revolución en el Ecuador, Edit. Letramía, Quito, 2015.

[iii] Las marchas convocadas por la CONAIE y el movimiento popular en agosto de este año y las anunciadas para los próximos días, se inscriben en la concepción de la “democracia dinámica” propuesta por Ñucanchic Socialismo. El anuncio de que se quiere derrocar a Correa es una tesis infiltrada por la derecha en el seno de las protestas populares. El régimen tiene pavor de las movilizaciones porque sabe que en ella se forjan los líderes del movimiento popular, se ajusta la plataforma de lucha y se preparan los planteamientos programáticos para el futuro. Ñucanchic Socialismo se inscribe en esta dinámica.

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SI ES POSIBLE

            Creo que Kafka fue el profeta de la desolación. Ubicado en la cima de la inteligencia sensible, describió la pesadilla de la vida de los seres comunes y corrientes. Almas perdidas en laberintos ineludibles que asedian castillos flanqueados por la indiferencia y el vacío.

            No hay otra vida. La esperanza del “socialismo real” se hizo trizas en los pasadizos de sus profecías. El ser humano, como una sombra en ambos lados, huérfano de estímulos que no sean los que su capacidad individual le permiten crear, encerrado en su ego, de donde no se atreve a salir por miedo a ser vapuleado por la vanidad del resto.

            ¿En qué se origina este vacío existencial?, ¿cuál es la piedra angular de esta vida? Sin la menor duda pienso que se origina en la sinrazón de la producción. Si la vida es producir, tiene que tener sentido, como el acto más importante del ser. ¿Qué sentido puede tener inundar el mundo con bagatelas?, ¿producir para la vanidad? De ahí nace la angustia, el vacío que nos convierte en zombis.

            Antes la política servía para soñar nuevos mundos, hoy es un arma mortal para asaltar conciencias, sin resultados positivos para las masas. Sirve para convencer a los rebaños humanos que la esclavitud es su único destino.

            Está en crisis la producción y el sentido de la producción. Si no eliminamos este sinsentido y volvemos a producir para vivir, no haremos nunca una revolución.

            Lo triste es que si hay alternativas, pero la maquinaria fabulosa del sistema que nos domina las anula entre el atorrante bullicio de su sinrazón.

            Otra forma de vida si es posible. Yo soy uno de sus heraldos. Una diminuta luz. Me sostiene la esperanza de un día encontrarme con todos los que así piensan y juntar nuestras antorchas.

La Hora, 02/09/2015

 

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SE LE ACABÓ LA CUERDA

           La marcha ejemplar del movimiento indio con apoyo nacional de los sectores populares, dejó en claro que la Revolución Ciudadana tiene de todo, menos pueblo para avanzar. Pero Rafael Correa es terco como los peores autócratas del siglo pasado.

            El concepto de masas (pueblo), como todo en la vida, no es lo que aparenta. Detrás de la imagen de muchedumbre, cantidad, el concepto pueblo oculta un rasgo de calidad. Si un líder actúa con cien coidearios convencidos de sus ideales, está al frente de un pueblo; si otro actúa al frente de una masa heterogénea que mira con los ojos de su guía, está al frente de un rebaño. El pueblo está junto a su líder; el rebaño sigue a su flautista. Los primeros tienen los ojos abiertos y saben a dónde van, los segundos identifican la suerte del caudillo con la suya, van a dónde él los lleva.

            Correa es un caudillo, lo dice la academia y el pueblo llano, pero tiene un rasgo que lo distingue de otros, Velasco Ibarra, por ejemplo, y es su conciencia de que las masas tienen una inclinación natural al socialismo. Armado de esa clarividencia se apropió del discurso de la izquierda para plantear la insólita tesis de que para hacer la revolución es necesario desarrollar más el capitalismo.

            La izquierda “boba”, el centro progresista y, por supuesto, la oligarquía y el poder mundial, decidieron empujar esa locomotora; pero la marcha ejemplar de los indios y los sectores populares dejó claro que el pueblo es algo diferente del rebaño.

            Después de esta marcha ¿se atreverá el caudillo a seguir cantando las canciones revolucionarias?, ¿a seguir ofendiendo al Che?, ¿inclusive a terminar sus discursos con el famoso Patria o Muerte revolucionario?

            Todo es posible, pero yo creo que se le acabó la cuerda.

La Hora, 26, agosto, 2015.

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2. LA DEMOCRACIA EN AMERICA LATINA

            Los sistemas políticos en América Latina fueron clonados del viejo continente. Tres largos siglos de colonialismo directo crearon una estructura económica, política y social que condicionó su existencia después del proceso independentista. El ideal bolivariano de crear naciones modernas sustentadas en economías pro-capitalistas, fracasó ante el peso abrumador de los intereses terratenientes enraizados en la colonia. A excepción de los Estados Unidos, la colonia, en América Latina, se prolongó, prácticamente, durante todo el siglo XIX.

            La Independencia creó los moldes formales de las nuevas naciones, nada más. Desde México hasta la Patagonia se promulgaron constituciones de élite, que favorecían a los sectores herederos del poder colonial e ignoraban a las grandes mayorías de indios, negros, cholos y mestizos, para las cuales nada cambió. Sobre la explotación pre-capitalista del campesino indio, básicamente, se fueron construyendo las naciones formalmente independientes, pero con fuertes raíces coloniales.

            La insurgencia liberal, que comienza a extenderse en América Latina a partir de 1870, cambia parcialmente esta situación, pero no de raíz. Puede decirse que con el liberalismo se inicia el proceso de formación del Estado-nación en América Latina, pero no que surge, porque es un proceso que se muestra desigual en todo el continente. México, Argentina, Chile y Venezuela son una especie de vanguardia y otras zonas, como la región andina, se ubican a la retaguardia.

El Estado-nación, como concepto, no se refiere sólo a la delimitación territorial, ni a la institucionalización del Estado, ni a la implantación de la educación laica y la separación de la Iglesia del Estado, u otras conquistas típicamente liberales, sino al éxito o no en la implantación de las relaciones de producción capitalistas y la eliminación de los rezagos coloniales. En ese cambio medular, ningún Estado latinoamericano alcanza sus objetivos, por lo menos, hasta después de la segunda guerra mundial.

El liberalismo moderniza el Estado colonial en América Latina, cierto, pero comienza a hacerlo justo cuando la economía norteamericana está entrando en su fase de desarrollo monopólico. Esta circunstancia organiza, a nivel continental, el neocolonialismo. La democracia russoniana no sólo de forma, sino de contenido, comienza a nacer en América Latina condicionada por los intereses expansivos del capitalismo norteamericano, circunscrita, apenas, al derecho al voto de los ciudadanos. El marco de incultura dominante, de discriminación racial, de analfabetismo, de desempleo, desigualdad social, ignorancia generalizada, convertía a esa democracia en un sistema platónico en el que las élites estaban destinadas a gobernar, los militares a garantizar el orden y las masas a trabajar para sostenerlo. La democracia europea, o norteamericana, descrita por Bobbio en su obra, prácticamente no existía en América Latina, apenas, si acaso, un ligero retoño que se suponía debía crecer y fortalecerse.

Pero ¿cómo podía crecer y fortalecerse la democracia, si teníamos el techo del imperialismo norteamericano? Agustín Cueva las llamó “democracias restringidas”.[i]

El análisis de “esas” democracias arroja un solo resultado: hegemonía económica norteamericana y docilidad política de los gobiernos locales al poder yanqui. Eso es lo que llamamos neocolonialismo.

En México, Brasil, Argentina se vivieron procesos nacionalistas, conducidos por el populismo, que elevaron el nivel de la democracia acercándola un poco más a los parámetros de Bobbio, pero sin llegar a estabilizarse en los niveles de la democracia europea o norteamericana, lo que logró distinguirlos del resto de países de la región. En ellos, paradójicamente, podemos ver una mayor injerencia de los intereses norteamericanos que ha hecho de la democracia un factor más de dependencia que no de independencia y libertad.

Dice Cueva que en nuestros países no será posible hablar de democracia plena mientras no conquistemos la plena soberanía.[ii] Un solo país lo hizo en el siglo XX, Cuba. Salvador Allende en Chile fue masacrado por la CIA imperialista cuando quiso ampliar la democracia formal para convertirla en una de contenido popular. La fuerza, la persuasión, el chantaje económico, la amenaza, la deuda externa han sido recursos utilizados por el poder norteamericano para conservar a América Latina como su patio trasero. La gesta cubana, con líderes como Fidel Castro y el Che Guevara, fue encapsulada por el imperio, cercándola comercialmente y atacándola a nivel mundial en cuanto foro era posible como la antítesis de la democracia occidental.

Desde la segunda guerra mundial esta democracia ha buscado desarrollarse y consolidarse, objetivos que se han logrado, sin duda, en tanto ningún otro país, después de Cuba, ha lanzado una estocada profunda contra su integridad. Un rebaño apacible, con dificultades lógicas, según dicen sus defensores, pero con mecanismos y recursos para superarlas. Cuando la calma se vio amenazada, no se tuvo reparos en recurrir al fascismo, como sucedió con los regímenes dictatoriales del cono sur, Pinochet incluido.

Pero esa calma estaba asentada sobre el magma del descontento popular en toda América Latina. Pese a la propaganda y los esfuerzos mediáticos generalizados por defenderla, no tenía respuestas concretas a las elementales exigencias de las masas. El fin del siglo traía consigo pronósticos apocalípticos. La caída del “socialismo real” le exigía soluciones más realistas al sistema democrático, que no se las veía venir por ningún lado. El propio sistema, estructuralmente, crujía por dentro.

La izquierda latinoamericana, después de la caída de la URSS, como que dejó de representar las aspiraciones de los pueblos. Perdió la fe en sus capacidades de liderazgo. Las masas quedaron inermes frente a la ofensiva del neoconservadurismo mundial. El mundo unipolar que había surgido después de la debacle socialista les negaba, con más fuerza, su derecho a ser protagonistas de la historia y les invitaba, cordialmente ahora, a ocupar su lugar de relleno, de complemento de la “perfecta democracia.”

Pero el nuevo milenio, antes de que termine su primera década, se verá sacudido por la más profunda crisis de la economía capitalista jamás conocida. Se trata (porque no ha pasado) de una crisis múltiple que afecta a todos los niveles del sistema, una crisis civilizatoria que va más allá de lo estrictamente económico. El poder mundial se vio obligado a auto inyectarse el suero revitalizador de unos cuantos miles de billones de dólares para salvar su vida. Al mundo le quedaba claro que, de aquí en adelante, el poder del capitalismo financiero inauguraría nuevas estrategias en la defensa de su democracia.

Surge, con el nuevo siglo en América Latina, una corriente de pensamiento que trae el novedoso membrete de Socialismo del siglo XXI. Dice haber asimilado los errores cometidos por el socialismo real del siglo XX y revitaliza las concepciones reformistas de la socialdemocracia mundial sosteniendo la novedosa y escalofriante consigna de que para hacer la revolución, hay que fortalecer el capitalismo. Es en ese marco conceptual que se inscribe, en el Ecuador, el proceso de la Revolución Ciudadana. Veamos.

  1. LA DEMOCRACIA AUTORITARIA DEL CORREISMO vs. LA DEMOCRACIA DINÁMICA DEL MOVIMIENTO POPULAR

[i] Véase: Cueva, Agustín: Las democracias restringidas en América Latina. Elementos para una reflexión crítica, Quito, Editorial Planeta-Letraviva, 1988.

[ii] Cueva, Agustín: Vigencia y urgencia del “Che” en la era del neoconservadurismo, Ponencia, Buenos Aires, 1988.

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LA DEMOCRACIA AUTORITARIA DEL CORREISMO vs. LA DEMOCRACIA DINÁMICA DEL MOVIMIENTO POPULAR

Publicaremos este ensayo en tres partes:

  1. La democracia occidental
  2. La democracia en América Latina y
  3. La democracia autoritaria del correismo vs. la democracia dinámica del movimiento popular.

  1. LA DEMOCRACIA OCCIDENTAL

            Montañas de papel, miles de libros, millones de artículos, conferencias, seminarios, eventos se gastan y realizan a lo largo y ancho del mundo para defender la democracia que caracteriza a la sociedad humana.

            Pero, ¿qué es la democracia?, ¿cuáles los elementos concretos que la definen?, ¿son posibles de llevar a la práctica las fórmulas que dicen definirla?, ¿puede haber armonía entre las normas que la reglamentan y la conducta de los actores que integran la sociedad?, ¿hay una democracia ideal y otra real?

            En perspectiva histórica la democracia, tal cual la conocemos hoy, nace con la Revolución Francesa de 1789. Un nuevo modo de producción está surgiendo en esos momentos. La estructura económica comienza a organizarse alrededor del sistema fabril. El incentivo poderoso de la libre empresa hará crecer, at infinitum, la economía. La esencia revolucionaria de la nueva política se sostiene en la idea del Contrato Social roussoniano en el que se afirma que la fuente del derecho es el pueblo y no Dios. El poder de esta idea, desde entonces, transforma todos los aspectos de la organización social. La democracia griega, restringida al derecho de los esclavistas, pasa a ocupar un puesto en el museo de las antigüedades históricas, junto al “derecho divino” de los reyes feudales que había prevalecido por cerca de dos mil años. Durante el siglo XIX veremos crecer y desarrollarse este nuevo orden de cosas en el marco propicio de la libre competencia. Estamos hablando del poder del capital y de su civilización.

            Pero se trata de un crecimiento desordenado, caótico, no reglamentado, cuyo hilo conductor se reduce, en lo económico, al lucro y, en lo político, al derecho del pueblo a ser consultado. Estos dos elementos son consubstanciales al nuevo régimen. La teoría clásica de la democracia considera, al segundo, la piedra angular de los derechos del ciudadano y, al primero, un aditamento indiscutible e imprescriptible del empresario libre, con lo cual se deja abierta la puerta para la reproducción y ampliación del capital. Así se conforma la nueva democracia: con la libertad del empresario para acumular sin límite y el derecho del ciudadano común a ser consultado.

            Nunca antes se había inventado algo tan perfecto. Las monarquías antigua y feudal quedaban aplastadas bajo el peso de la razón republicana. El más zahorí de los filósofos idealistas de finales del siglo XIX, Jorge F. Hegel, hablaba del nuevo Estado como encarnación de Dios y, por ende, del fin de la Historia. De ahí en adelante, sólo era cuestión de ajustar los engranajes de tan perfecta maquinaria.

            Los intereses de clase que sostienen este sistema no se han cansado de buscar la perfección. Han creado, inclusive, el espejismo de que es un proceso permanente en el cual, la intervención de todos los actores sociales, es un requisito sine qua non para alcanzarla, siempre y cuando cada actor social no se atreva a transgredir el sitio que le corresponde. Por eso, doscientos años después de su surgimiento, tenemos sociedades más o menos democráticas, dependiendo de que, además de los dos requisitos señalados, se cumplan algunas otras normas que se han ido añadiendo[i]. A estas alturas la sociedad humana vive en el marco de lo que llamaríamos las “democracias reales”.

¿CUÁLES SON Y QUÉ SON LAS DEMOCRACIAS REALES?

            Estados Unidos de Norteamérica, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, España, son las democracias más representativas de nuestro tiempo. Otro grupo de países como Suiza o los países nórdicos estilan una democracia que supone regímenes cuasi socialistas, pero que lo son más en la forma que en el contenido y están las democracias latinoamericanas que, en estas dos últimas décadas, han perfilado con autonomía su identidad democrática.

            En todos ellos está vigente el “contrato social” roussoniano. Hay variaciones formales entre unos y otros que tienen que ver con el régimen de partidos, las formas de elección, la estructura jurídica, la participación de las minorías, inclusive la división del poder; pero son iguales: democráticos, libres, parte integrante y fuente de la civilización occidental. Todos ellos involucrados en un pacto implícito y explícito de defenderla hasta las últimas consecuencias. Uno de ellos, Estados Unidos de Norteamérica, desde comienzos del siglo XX se ha autoproclamado gendarme defensor de esta democracia. Ha acumulado una fuerza atómica “disuasiva”, dicen ellos, que nadie en el mundo puede atreverse a mirarles a los ojos.

            La idea del “contrato social” roussoniano trae implícita una lógica circular difícil de romper: si yo elijo al gobierno que me ha de dirigir, debo estar contento con mi elección. Si no soy parte de la mayoría, tengo que aprender, porque las mayorías nunca se equivocan. Esa lógica obnubila los horizontes y las masas viven empantanadas en ella. La conclusión temeraria que de ella se desprende es que no hay nada mejor que el sistema democrático establecido. Como dice Bobbio, unas sociedades son más o menos democráticas según se acerquen o alejen de los parámetros que la definen[ii]. Si algo no encaja hay que considerarlo errado o inconveniente y hay que ignorarlo, combatirlo y, si se vuelve peligroso, eliminarlo. No importa si en las sociedades democráticas se cumplen unos y no se cumplen otros de los requisitos, si se ubican en ese marco, entonces son confiables. Hacia adelante, todas alcanzarán un nivel mayor de democracia. La exacta imagen de esta democracia es la de la carreta con la zanahoria por delante del asno.

            Pero el hecho objetivo es que en ninguna de estas sociedades la gente común, el ciudadano, o mejor, las mayorías, son felices. Son sociedades marcadas por grandes diferencias económicas, principalmente.

            Si quisiéramos medir objetivamente el grado de democracia en estas sociedades habría que añadir, a los parámetros establecidos por Bobbio, los siguientes: 1) índices de desempleo, 2) atención médica, 3) calidad de la educación, 4) alimentación adecuada, 5) concentración de la riqueza, 6) participación efectiva de los ciudadanos en las decisiones del poder político y 7) impacto ecológico del régimen de producción vigente.

            No necesitamos ser expertos para comprender que esta suma de requisitos establecidos, ‘ni de lejos se cumplen en los países de la llamada “democracia occidental”, por lo que, la “democracia ideal” sólo existe en la cabeza de los demócratas. Lo que sí existe es una “democracia real” que viene fracasando sistemáticamente desde sus orígenes y que, a estas alturas, ha puesto al planeta al borde del abismo.

  1. LA DEMOCRACIA EN AMERICA LATINA

[i] Norberto Bobbio identifica seis reglas que considera referentes de la democracia. Si una sociedad se acerca a ellas es más democrática, dice, si se aleja, es menos. No incluye el derecho del empresario al lucro indefinido, considerándolo natural, con lo cual ignora la bomba de tiempo destructora que, en su seno, trae “esa” democracia. Véase: Bobbio, Norberto: El futuro de la democracia, FCE, México, D.F. 1986.

[ii] Esas condiciones son: 1) el derecho a elegir, 2) todos somos un voto, 3) poder elegir entre varios candidatos, 4) igual, elegir entre distintas propuestas programáticas, 5) aceptar los resultados y 6) respetar los derechos de las minorías.

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UNA MARCHA EJEMPLAR

            Mashi Rafael no parece un mandatario desmemoriado, por el contrario, en sus intervenciones públicas da muestras notables de memoria.

            ¿Por qué, entonces, ha olvidado ciertos hechos que son fundamentales en la historia política contemporánea? Olvidado, por ejemplo, que él llegó al poder con el apoyo de los sectores que ahora persigue, qué las aspiraciones de esos grupos siguen sin ser atendidas y que jamás el Ecuador cambiará si no se los toma en cuenta. No es un asunto de memoria, si no de cálculo político.

            Los sectores sociales involucrados en la marcha son la reserva política del Ecuador. Son ellos los que se oponen al proyecto extractivista y depredador que se cocina en el seno del gobierno nacional, ellos son los que intuyen otra forma de vida opuesta el desarrollismo criminal del régimen, son ellos los que plantean un cambio radical de las estructuras que nos dominan.

Correa ahora los ve como sus enemigos. Ahí está el detalle. No es lo mismo que a un gobierno le apoyen los choferes o la burocracia, que los indios, obreros y campesinos. Con los unos la sociedad funciona a medias, sin los otros no funciona. Por eso Correa le pone tanto empeño en desprestigiar y atacar la marcha que acaba de llegar a Quito.

Esta es una marcha ejemplar, porque al fin el movimiento popular va comprendiendo que ha llegado a su mayoría de edad. Correa le ha obligado a madurar. El movimiento popular se va consolidando para llegar a las próximas elecciones en condiciones de imponer sus alianzas. No es lo mismo proponer su programa, sus figuras y sus estrategias, que sumarse a las del centro “progresista”. En el 17 tiene que lograrse un duelo entre el pueblo representado en la marcha y la nueva derecha en Correa. En función de eso hay que trabajar.

La Hora, 12/Agosto/2015.

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YACHAY NO ES YACHAY

            Comencemos recordando que la Revolución Ciudadana hizo de la educación superior uno de sus caballos de batalla. Impulsó la aprobación de la nueva ley de Educación, continuó con la eliminación de las “universidades de garaje”, siguió con los procesos de acreditación y creó tres universidades repartidas en todo el territorio nacional. Yachay es, precisamente, una de ellas.

            Es la universidad del conocimiento, dicen. Abierta al mundo. Regentada por científicos extranjeros porque “las ciencias no tienen fronteras”, y, porque ellos pueden traer profesores y filántropos, empresas que inviertan y que quieran transferirnos sus tecnologías. Nosotros los ecuatorianos podemos creer que lo que el Estado paga a estos científicos benefactores son “cifras estratosféricas” sin “darnos cuenta de sus beneficios. Por cada dólar invertido, la ganancia es de diez dólares.”

            Concebida como un crisol donde se forjan los conocimientos y los profesionales funcionales al proyecto político del gobierno, Yachay se nombra Revolución y se apellida Ciudadana. Eso, en mi opinión, no está mal porque, por último, es el Alma Mater la que marca la ruta por donde van las naciones, ¿o no? Lo que está mal es el proyecto político de la Revolución Ciudadana.

            La panjuata oposición se escandaliza por los sueldos que ganan los directivos de esta Universidad, o porque usan las video conferencias para impartir instrucciones y estar al tanto del movimiento de la institución, o porque viajan mucho y llevan una vida de glamour científico que les permite codearse con la crema y nata de la ciencia mundial. “Esa es su misión”, dicen, porque “la universidad y la ciencia en Ecuador tienen que estar conectadas con el mundo.”[i]

Nada más lógico. Si se quiere estar entre los más destacados centros de reproducción de la ciencia secular, todo eso es poco. “Tenemos que dejar de tener una mirada hiperparroquial en el sistema de educación superior.”, dice Ramírez y lleva mucha razón. Si quieren que el proyecto político de Alianza País triunfe, no pueden perder el tiempo fijándose en huevadas, tienen que poner toda la carne en el asador.

            ¿Qué propone, entonces, la oposición en lo que a la educación superior se refiere? ¿Volver al pasado?, ¿al libre ingreso?, ¿a la educación de garaje?, ¿a la banalización de los títulos académicos?, ¿al facilismo? No, señores, YachayRC es la joya más brillante de la corona correista y sólo puede ser criticada desde una perspectiva revolucionaria. YachayRC no es igual a Yachay revolucionaria.

¿QUÉ ES YACHAY REVOLUCIONARIA?

            Cuando Hernán Cortés fue recibido por Moctezuma en Tenochtitlán, el acto más importante fue una demostración científica. Un hombre adulto sentado en una lámina de oro en mitad de la plaza, dio en lugares adecuados de la lámina pequeños golpes con una especie de palillos de cristal, lo que produjo la inmediata elevación de la lámina con el hombre por sobre las cabezas de los asistentes. Los estupefactos españoles no podían creer lo que veían y, uno de ellos, aterrado por semejante demostración de “brujería”, de un certero disparo acabó con el “hombre volador”; los incas fueron capaces de subir el agua de un nivel inferior a uno superior sin artilugios mecánicos; hoy, en Massachusetts, jóvenes investigadores han metido el sol en una botella de plástico haciendo posible que los barrios pobres de Filipinas se alumbren sin electricidad; otros purifican el agua con energía solar; se ha inventado un motor que funciona con agua; en Nigeria, donde el 90% de las aldeas no poseen electricidad, un aldeano inventó un sorprendente método de refrigeración sin electricidad.

Ese es, para Ñucanchic Socialismo, el camino de la ciencia para superar los parámetros cartesianos y evitar la catástrofe mundial que nos amenaza. Es lo que debemos enseñar, investigar y aprender en una ciudad del conocimiento. Eso es para nosotros YachayR.

            Los “nerds” de la revolución ciudadana no están capacitados para entender las cosas de esta manera. Quieren resultados inmediatos, para lo cual el único camino es copiar, no crear. El jefe de todos ellos se jacta con frecuencia de que la RC envía a los jóvenes a estudiar en “las mejores universidades del mundo” tapando, con ese orgullo inconsciente, el crimen de vaciar el cerebro de nuestra juventud. Toda una estrategia renovada de dominación que convierte a parte de la inteligencia nacional en defensora incondicional del proyecto correista que nos obliga a seguir nadando en la mierda acumulada durante siglos.

            Una “economía azul”, como ha dicho un autor, es parte de nuestra propuesta, porque sabemos que hay otra ciencia, amable, no traumática, en armonía con el sistema superior de la vida, que no es otra cosa que un sistema de sistemas.

            YachayRC es opuesto a YachayR. Nuestro YachayR es un camino de ida y vuelta, del sujeto al objeto, del objeto al sujeto, como la misma palabra lo indica: YACHAY al derecho y al revés.

            Correa y sus “pichones” seguirán defendiendo su proyecto a capa y espada. No importa. El poder no compra la razón, la razón brilla sola, aunque se encuentre en el fondo del sistema que nos oprime.

        [i] Véase: El Comercio: Entrevista a René Ramírez, 2/agosto/2015, pg. 3. Todas las citas.

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