LA UNIDAD REAL

 

En política, el ideal más alto es el de la unidad. La unidad es la garantía del éxito; pero también es cierto que la política es el arte y la ciencia de defender los intereses de clase, lo cual complica en grado sumo el tema de la unidad.

                La caída del llamado “socialismo real” disparó el entusiasmo de los defensores del capital y les llevó a difundir una proclama universal en la que pintaban al capitalismo como el reino de la perfección.

                Según su lógica, en este paraíso la unidad es una obligación. Se trata de defender “su” democracia. Pero a estos “demócratas” les golpea la realidad. La sociedad sigue siendo el escenario en el que chocan brutalmente los intereses de clase: el capital por aumentar sus márgenes de ganancia, sin importarle nada, ni nadie; el trabajo tratando de mantener las narices fuera del agua. Así lo demuestra la triste situación de la sociedad humana a nivel planetario.

                Por eso llama la atención el llamado que Cauce Democrático hace a la unidad de las fuerzas políticas. Quieren que Salvador Quishpe esté junto a Álvaro Noboa, Acosta con Cynthia Viteri. La partidocracia agonizante pidiendo a gritos respiración boca a boca a las fuerzas revolucionarias.

                La unidad real de oposición al régimen correista tiene que ser una unidad de clase. La CONAIE junto a los sectores populares. Su propuesta programática anticapitalista debe ser el eje alrededor del cual gire la alianza con las fuerzas revolucionarias, primero, luego la izquierda reformista, y, en última instancia, el centro político.

                A Correa no sólo se le debe derrotar electoralmente, hay que hacerlo programáticamente. Si a Cauce Democrático le asusta el reformismo correista, pretender estar junto a las fuerzas verdaderamente revolucionarias, es un atrevimiento inaudito.

 

 JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora

4/Abril/2012, Quito

                 

 

 

 

 

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LOS CLONES

Oído en la marcha de los pueblos indios: “No somos cuatro, no somos cien, Correa economista, aprende a contar bien”; “el pueblo organizado, está en el Arbolito, el pueblo que es pagado, está con el Rafico…” y así, muchas y muy variadas consignas concebidas por el ingenio ilimitado de un pueblo multicolor que salió a las calles para decir que una revolución es popular o, sencillamente, no lo es.

Asombra la falta de imaginación demostrada por la marcha oficialista. La Revolución Ciudadana ya se robó el discurso socialista y ahora le quiere robar al pueblo hasta sus tradicionales consignas. Oírles a los correistas pagados corear “el pueblo, unido, jamás será vencido” resultó más falso que virtud en lupanar. En cambio, oír a los cansados marchistas corear “no hay harina, no hay maíz, minería china, fuera del país” resultó un baño refrescante de auténtica creación popular.

Antes de la marcha Correa ya lo dijo todo: cuatro pelagatos, desestabilizadores, golpistas, electoralistas, infantiles. Después del impacto positivo que la marcha causó en la opinión pública nacional, el Ecuador entero esperó oír del oficialismo algo diferente; pero no, se mantuvieron impertérritos en su gastado discurso.

La marcha sirvió para evidenciar el marcado carácter pequeño burgués de esta Revolución Ciudadana. Todos los funcionarios de este gobierno repitiendo como clones las palabras de su líder: golpistas, infantiles, pelagatos, desestabilizadores, como si sólo hubiese una neurona, frente a un rio espontáneo de creatividad popular.

¡Cuánta mediocridad de esta pequeña burguesía “revolucionaria”! El pueblo creando, ellos repitiendo. ¡Esta es la Revolución de los clones!

La Revolución popular, auténtica, irá inventando la nueva vida desde los gérmenes de la protesta.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora

28/Marzo/2012

 

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¿BUEN VIVIR 0 SUMAK KAWSAY?

 

Claro que no es lo mismo, amigo lector. El Buen Vivir es una concepción que identifica la mentalidad del consumidor compulsivo que encuentra la satisfacción de sus necesidades materiales en las ostentosas vitrinas del industrialismo occidental. Su alimento, su vestido, su casa y hasta sus bienes espirituales son fruto de la inclemente mega industria capitalista que todo lo destruye. El Buen Vivir, como noción occidental de la vida, se sustenta en una concepción del desarrollo que parte de considerar que la naturaleza es una fuente inagotable de recursos. El primer mundo, vanidoso y superficial, hace girar la vida de sus miles de millones de habitantes alrededor del eje irracional del lucro y la ganancia, con la insólita pretensión de que todo el planeta lo adopte como su estilo de vida.

El Sumak Kawsay es una noción diferente. Nació en el seno de los pueblos pre-colombinos, como resultado del genio adaptativo de sus creadores. En su esencia está el respeto a la naturaleza como fuente viva de todo lo que existe, incluido el ser humano. “Comemos, vestimos, habitamos y nos alegramos o entristecemos con lo que la naturaleza nos da”, decían los pueblos indios. “¿Cómo, entonces, podemos agredirla o destruirla?”. La expresión Sumak Kawsay no tiene traducción. Es la noción dialéctica de la vida integral del ser humano fusionado con su entorno. Lo que el hombre le hace a la naturaleza, se hace a sí mismo.

¿Cómo, entonces, el gobierno de la revolución ciudadana, habla del Sumak Kawsay? Miente para justificar su conducta. Sus parámetros de desarrollo se corresponden con la noción del Buen Vivir occidental, jamás con el Sumak Kawsay americano. Escúchenlo al misho presidente defender la minería a cielo abierto, para comprobar lo que afirmo.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora

21/Marzo/2012


 

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ERA UN PAÍS TAN, PERO TAN…

 

Era un país tan, pero tan desgraciado que el primero que se atrevió a alzar la voz se convirtió en líder. Las masas hambrientas de pan y de justicia no preguntaron quién era y lo siguieron. Tenía los ojos verdes y, cuando los entrecerraba, parecía que estaba viendo el futuro.

Hizo mucho ruido al comenzar su gestión de mandatario. Se peleó con tirios y troyanos, escogiendo los sábados para no dejar títere con cabeza. En los primeros tiempos, las masas hambrientas de pan y de justicia, estaban entusiasmadas con tan aguerrido gladiador. Aplaudan, aplaudan, no paren de aplaudir… orquestaban los dirigentes menores y, por mucho tiempo, las masas aplaudieron; pero un día, que no fue sábado, en medio del silencio y del cansancio las masas comenzaron a pensar con su propia cabeza. ¿Qué queda después de los aplausos?, se preguntaron. Su furia centenaria les contestó que la misma hambre de pan y de justicia.

Se alejaron del líder de ojos verdes. Decidieron marchar y organizarse; pero notaron que seguían los aplausos. Si no somos nosotros, ¿quiénes siguen aplaudiendo?, se preguntaron. Entonces descubrieron que en toda sociedad hay siempre un sector de pequeño burgueses arribistas que son expertos en estar del lado del poder. No les importa la patria, sólo el dinero, los cargos y el prestigio social. En su infinita inconciencia terminaron convirtiendo en Dios a su líder. Ahora se frotan las manos diciendo que la revolución de los pequeño burgueses, aliados con los de siempre, sacará al país de la miseria.

Pero las masas hambrientas de pan y de justicia han descubierto que una revolución es popular o no lo es y que una auténtica revolución barrerá, llegado el momento, la falsa revolución de los pequebu, seguro…

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora 15/Marzo/2012

 

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SE HACE CAMINO…

 

El movimiento indígena en el Ecuador hunde las raíces de su rebeldía en la Historia. Desde que comenzó el tsunami colonialista español, hubo figuras indias rebeldes que reaccionaron contra la brutalidad de los conquistadores. Figuras individuales y pueblos enteros marcaron la pauta de la rebeldía indígena a lo largo de los siglos coloniales y, también, de vida republicana.

Pero la historia que hicieron los indios la escribieron los blancos y en sus páginas les invisibilizaron y les robaron, además, su honor y su dignidad. Los calificaron de vagos, mentirosos, incapaces, para inventar después la teoría de la “raza vencida”, con lo cual hundieron al indio en el desprecio, a tal extremo que lo indio ha sido identificado con lo malo y lo inferior.

Esa raíz maldita del racismo, sembrada generación tras generación, tiene que ser combatida por un modelo de educación que devuelva su dignidad al indio, al negro y al mestizo y por medio de una actitud nacional de integración que cada ecuatoriano haga apoyada por el Estado, porque no es suficiente declarar que somos plurinacionales. Blancos, negros, indios y mestizos tenemos que borrar de nuestra mente la herencia de desprecio que nos queda por el diferente.

Los indios en la historia del Ecuador han luchado solos. En los noventa advirtieron a la nación que ellos también eran parte de la democracia, que tenían derechos. Ahora el movimiento indio sabe que no está solo y que el capitalismo es el enemigo de todos los explotados. Por eso han decidido marchar este 8 de marzo. Una gran marcha de los oprimidos que se hará de paso en paso, trayendo de todos los rincones de la patria la esperanza de una nueva vida, de un auténtico buen vivir. «Caminante no hay camino, se hace camino al andar…»

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora 7/Marzo/2012

 

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PASO DE VENCEDORES

 

Algunos sectores de la sociedad ecuatoriana no tienen razón alguna para apoyar la marcha convocada por la CONAIE para el próximo 8 de marzo. Banqueros, industriales, comerciantes, la partidocracia camuflada, los sectores medios arribistas están, por razones de clase, en contra de la movilización. Sí están con la marcha, los sectores populares.

El gobierno de Correa dice que movilizará a sus bases. Saldrán, entonces, los banqueros, los industriales, la partidocracia camuflada, los sectores medios arribistas, del centro a la derecha. Hay, en estos grupos, un peligroso afán de confrontación. La Conaie hace uso de su derecho constitucional a manifestar su inconformidad con el gobierno de Correa.

Decir presente es el objetivo del movimiento indígena. Decirle a Correa que hay un actor colectivo al frente suyo, que se está preparando para salvar la patria de la voracidad de los intereses transnacionales y para hacer los cambios revolucionarios que el Ecuador necesita. La movilización no es para amenazarlo, peor para derrocarlo, simplemente para recordarle que los sectores populares son parte del problema y que quieren ser parte de la solución.

En más de veinticinco años el movimiento indio ha acumulado experiencia. Ahora sabe que la protesta sin propuesta es una flor estéril y que derrotar a Correa sin una propuesta programática equivaldría a nadar para morir en la orilla. El movimiento indio también ha aprendido que tiene que diferenciarse de esa izquierda oportunista que sigue creyendo que los indios pueden ser manipulados. Este 8 de marzo, la alianza popular, con los indios a la cabeza, entrará con paso de vencedores en la Historia. Comenzará a quedar atrás el tibio reformismo correista.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora 28/Feb./2012

 

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UN SOLO EJE

 

¿Recuerda usted, amable lector, los famosos cinco ejes programáticos de la revolución ciudadana? Dijo Correa que con ellos cambiaría el Ecuador. Los socialistas revolucionarios le corregimos, entonces, diciéndole que su entusiasmo era excesivo, que su proyecto apenas daba para hacer la reforma que nunca hizo la partidocracia. El Ecuador de hoy es un país reformado a medias, de ninguna manera un país revolucionario.

La revolución es otra cosa, misho Presidente. Va más allá de las infantiles buenas intenciones de los boy-scout. Se trata de construir una nueva sociedad sobre las ruinas de la vieja. La sociedad de la libre empresa, que usted tan bien defiende, se erigió sobre las ruinas del régimen feudal, monárquico y aristocrático. La sociedad socialista, de la equidad y la igualdad efectiva de oportunidades, se hará sobre las ruinas de la concentración excluyente del capital, sobre el crimen del desempleo y sobre su incapacidad del desarrollo.

Para lograrlo no son necesarios cinco ejes, sino uno solo, alrededor del cual se concentrarán, en orden de importancia, todos los que sean necesarios. Ese eje, señor presidente, que usted sólo ha barnizado durante su mandato, es el de la educación. Educación revolucionaria, con bases gnoseológicas opuestas al cartesianismo. Ese que usted no ha tenido valor para transformar revolucionariamente, es el único eje que el pueblo ecuatoriano impondrá desde el primer momento que tome el poder.

En la educación está el desafío. Las nuevas generaciones tendrán que educarse amando la tierra, la naturaleza, trabajándola con sus manos y cuidándola con su vida. Una educación que condene el egoísmo del lucro jamás se podrá dar en un régimen que lo idolatra. Por eso su gobierno no es revolucionario, señor Correa, apenas si roza un  tibio reformismo.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora

22/Feb./2012

 

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INDIOS BURGUESES

 

La constitución de Montecristi define al Estado ecuatoriano como un Estado unitario, intercultural y plurinacional, lo cual marca un hito trascendente en la historia del derecho constitucional ecuatoriano. Este logro fue resultado de la lucha del movimiento indígena, con la CONAIE al frente.

Sin embargo, el concepto de plurinacionalidad exige un esfuerzo mayor de comprensión de nuestra realidad. Lo plurinacional se da en el marco de un Estado unitario, lo que significa que ese requisito está por arriba de las naciones que lo conforman, conteniéndolas a todas.

El carácter unitario del Estado ecuatoriano define una especie de macro nacionalidad en la que nos identificamos todos, no importa si somos tzachilas, shuaras, saraguros, achuar, blancos, negros o mestizos. Mantenemos nuestras identidades, pero nos identificamos en la macro nacionalidad ecuatoriana.

No es desde la raza que debemos entender este problema. Blancos, negros, indios y mestizos conformamos la macro nacionalidad ecuatoriana, espacio al cual confluimos todos para luchar por los objetivos comunes. Si no hay coincidencia no es por motivo de raza o de nacionalidad, sino de clase. No todos los indios son pobres, no todos los blancos son ricos, igual entre negros y mestizos.

El movimiento indígena tiene que tener en cuenta esta distinción si quiere la unidad nacional. Los indios burgueses, así como los blancos burgueses o negros o mestizos, se alinearán con los partidos que representen esos intereses, no con los que representen los intereses del pueblo pobre y explotado. Ser indio no es un requisito para ser revolucionario, así como ser blanco no lo es para ser burgués.

El movimiento indígena tiene que triturar la trampa ideológica colonial si quiere triunfar en las próximas elecciones.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora 15/Feb./2012

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DE LOBOS Y GATOPARDOS

 

La Revolución Ciudadana tuvo a su favor, desde sus inicios, el apoyo de la izquierda tradicional y de los intelectuales progresistas, una de cuya cantera fue la FLACSO. Un entusiasmo casi orgásmico producía en este sector la figura del misho Presidente.

Resulta curioso que esa entusiasta FLACSO correista ahora edite, promueva y respalde un libro que analiza con lúcida claridad la deteriorada relación de Correa con el movimiento indígena, en particular, y el proceso político ecuatoriano, en general.

En efecto, Mateo Martínez sistematiza en su libro las ideas de fondo que desenmascaran a Correa. No cae en la trampa de discutir naderías escandalosas. Lo acusa de ladrón intelectual, de haberse aprovechado del acumulado de la lucha popular, de caudillismo, de autoritarismo, de intentar soluciones neodesarrollistas y estar pegado a la lógica de la acumulación capitalista mundial; pero no sólo eso, ensaya una crítica a la izquierda tradicional diciendo que su peor tara histórica es no haber tenido jamás un proyecto político propio y haber dependido siempre de proyectos programáticos “progresistas” ajenos y sostiene, además, que la izquierda debe vivir un proceso de autocrítica profundo si quiere representar al pueblo. ¡Vaya! Más claridad no se puede pedir.

¿Deja atrás la FLACSO la “nueva sociología” tan lúcidamente criticada por Agustín Cueva hace ya algún tiempo? Bien, si es así. La academia debe girar 360 grados en relación a Correa.

Los socialistas revolucionarios hemos recurrido a una imagen más criolla para desenmascarar al Presi: la del lobo disfrazado de oveja. Es el movimiento indígena, en alianza con los sectores populares, el que tiene que quitarle el disfraz a la alimaña.

Pasó el tiempo de la “izquierda progre”. El movimiento indígena debe definir su programa junto a la izquierda revolucionaria.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora 8/Feb./2012

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LIBERTAD QUE MATA

Los pueblos del feudalismo soñaban con una libertad que al fin les vino en forma de libre empresa y derechos ciudadanos. La libertad de empresa es una conquista revolucionaria si se tiene en cuenta el estado de opresión servil en el que vivían las masas en el antiguo régimen feudal. La civilización que tenemos ahora, es, en esencia, resultado de esa libertad.

Pero esa libertad de empresa ha educado la mente del ser humano en la idea de que todo está permitido. La libertad de empresa ha terminado por convertirse en una amenaza mortal para la humanidad. Es esa libertad la que justifica la idea de que la naturaleza y sus recursos son inagotables. Hoy estamos descubriendo, dramáticamente, que esa concepción está equivocada y que necesitamos cambiarla de urgencia si no queremos desaparecer de la faz de la tierra.

Tiene que ser sustituida por un nuevo paradigma de civilización que tenga como base un nuevo concepto de libertad, el de la libertad como conciencia de la necesidad de preservar y reproducir los recursos finitos de la naturaleza. Una concepción civilizatoria que parta de este principio sólo podrá hacerse si se conculca drásticamente la “libertad” de las grandes empresas transnacionales del mundo.

Esto sólo es posible si cada pequeña nación rompe con la lógica de la acumulación del capitalismo mundial. Ecuador, por ejemplo, debe negarse a firmar convenios de explotación minera a gran escala. La explotación de los minerales estratégicos y otros como el oro o el cobre reproduce y mantiene viva la concepción del desarrollo que al gran capital mundial le conviene, obligando a nuestros pueblos a ser parte de su juego.

La nueva idea civilizatoria vuelve sus ojos a la tierra. Lo verdaderamente revolucionario es tener valor para salirse del rebaño del capital industrial mundial.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en La Hora

1/Febrero/2012

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