REELECCION

Esa viveza de conejo que caracteriza al Mishu presidente le ha llevado a afirmar que él está de acuerdo con el eterno alcalde de Guayaquil en el tema de la reelección. Entre Correa y Nebot, sólo existen diferencias de estilo, no de proyectos.

Ambos creen en la empresa privada, en las leyes del mercado, en el capital como fuerza motora de la producción, en el extractivismo como fuente inevitable del Buen Vivir; ambos tratan al pueblo como a un rebaño, ergo, ambos creen que son el Mesías elegido para traer un poco de consuelo a este “valle de lágrimas”.

Ambos necesitan más de cuatro años para concretar sus proyectos político-económicos, ambos creen que sin ellos nada es posible. “Después de mí, el diluvio” es una frase que cada uno de ellos puede suscribir sin problemas. Ambos tienen razón en lo que a la reelección respecta, porque ningún proyecto, ninguno, puede dar fruto en el lapso de cuatro años.

Las llamadas democracias occidentales son la dictadura permanente del capital corporativo. Que gobiernen los demócratas en los Estados Unidos, es irrelevante para los republicanos o viceversa, mientras cada uno, a su tiempo, garantice la permanencia del sistema. Cambia el medio, no el fin.

Correa y Nebot necesitan tiempo para concretar sus proyectos y Correa necesita la confrontación con el proyecto nebotcista, porque necesita triunfar sobre alguien. La trampa está en que identifica su gestión con un proyecto de izquierda, por eso Cholango se equivoca cuando propone dialogar con el régimen.

La oposición real a Correa es la de los sectores populares, con el movimiento indígena a la cabeza, dueños de un proyecto revolucionario que debe nacer para durar los próximos cien años.

Si es así, ¿quién le tiene miedo a la reelección?

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 7/agosto/2013, Quito.

 

 

 

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CAMPO Y CIUDAD

 

Cuando una mula tiene en el lomo una sarna los campesinos suelen hacerles una cura radical con creso. “Cura de caballo”, le llaman. El pobre animal se estremece del ardor y, aquellos que contemplan el espectáculo, suelen cerrar los ojos para no verlo.

Los desalojos que el gobierno de Correa hace en los barrios ilegales se parecen a esas curas. Todo un doloroso espectáculo que no quisiéramos verlo nunca. Las causas de este doloroso mal de las invasiones son múltiples, pero la de fondo es la pobreza.

La pobreza rural, en primer lugar. La causa de estos males citadinos está en el campo. El gobierno, según nos dice el INEC, considera pobres a quienes tienen un ingreso diario menor a tres dólares, o sea, noventa dólares mensuales. La pobreza nacional se ubica cerca del 24% y la del campo en casi un 41%. De cada cien campesinos más de cuarenta viven con menos de tres dólares diarios.

¿Es eso vida? No. Una revolución se tiene que hacer en el agro. Si el campesino tiene la tierra, condiciones óptimas para la producción agrícola, escuelas, hospitales y está protegido contra los embates de la naturaleza, no necesita emigrar a las ciudades.

La pobreza citadina es la otra fuente de las invasiones. En los suburbios se reproduce la pobreza. Las estadísticas de escolaridad demuestran que en los barrios marginales se concentra la ignorancia. La ignorancia es la madre de la delincuencia, del crimen, de las bajas pasiones.

Un gobierno revolucionario comienza su obra por ahí. La raíz del problema social está en el campo. El discurso extractivista oculta esta verdad y nos sigue prometiendo lo imposible.

Si no queremos más “curas de caballo”, ataquemos la raíz de los males sociales que es la pobreza del agro. Ahí está la verdadera revolución social.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 31/julio/2013, Quito

 

 

 

 

 

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EL SUMAK KAWSAY REVOLUCIONARIO (SKR) Y LA ECONOMIA

 

¿QUÉ ES LA ECONOMÍA?

Terminada la evolución biológica de nuestra especie, comenzó la evolución social. Con ella se inicia la economía. Desde la humanización del mono, los seres humanos hemos producido para vivir y lo haremos mientras existamos como especie. Producir para vivir, esa es la mejor definición de economía.

Producir es transformar. ¿Qué transformamos? La naturaleza. El ser humano convierte en bienes para la vida los recursos que están en ella. Alimentación, vestido, vivienda y bienes intangibles sin los cuales no podemos vivir. Esa simbiosis -ayuda mutua entre el ser y la naturaleza-, constituye la vida humana. La naturaleza en si ha existido, existe y seguirá existiendo independientemente del homo sapiens. Nuestra especie apareció en un momento infinitesimal de la historia de la naturaleza y estamos en ella, como quién dice, desde hace unos segundos. Podemos prolongar nuestra existencia sólo si somos capaces de comprender la simbiosis, si no, estamos condenados a desaparecer.

Para producir hemos tenido que valernos de herramientas que inventamos para interponerlas entre nosotros y el medio natural que transformamos. Hemos ido del hacha de piedra al chip, inventos todos que han tenido como fin último, elevar la productividad del trabajo. El trabajador de la comunidad primitiva es diferente del trabajador contemporáneo sólo en su capacidad de producción. Las necesidades de ambos han sido y seguirán siendo las mismas.

No es posible hallar una sociedad humana que haya vivido sin trabajar. La historia del ser humano es la historia de la producción. Se produce por medio del trabajo. El trabajo es el traslado de la energía física y mental al objeto, lo que significa que todo objeto del trabajo está, en cierta forma, humanizado, por eso, el consumo, en un sentido esencial, es consumo de naturaleza humanizada. La simbiosis entre ser y naturaleza no es un proceso eterno, depende del hombre para que lo sea, depende de que el consumo humano nunca llegue a ser superior a la oferta de la naturaleza.

Sin embargo, esa anomalía está presente en la sociedad humana desde el advenimiento de la producción capitalista. Es tal su desarrollo tecnológico que ahora tomamos de la naturaleza recursos a un ritmo mayor de su recuperación, lo que convierte en falsas a las actuales definiciones de economía. Nunca la economía será “la administración de los recursos escasos de una sociedad,” porque la escasez es una falacia. Lo que existe es un consumo irracional que ha terminado por romper el equilibrio entre el ser y la naturaleza, lo que quiere decir que se ha falseado el concepto de producción, transformándolo en crimen y agresión.

Desde la revolución industrial (primera mitad del siglo XIX) hasta nuestros días, los objetos del trabajo (mercancías) contienen cada vez menos trabajo humano, lo que significa la banalización de la vida y la deshumanización de la civilización. Lo paradójico de esto en el capitalismo es que, a mayor desarrollo tecnológico, menor importancia tiene el ser humano en el proceso. Las élites han concentrado privadamente todos los beneficios del desarrollo científico-técnico hasta convertir al hombre-masa en un verdadero “objeto desechable”.

A lo largo de la historia la producción ha estado en manos del ser como individuo y como colectivo, pero la tendencia actual es a robotizar la producción, excluyendo de la misma al ser, lo que sería positivo si el sistema socializaría los resultados; pero todos los logros de la ciencia y la tecnología en manos privadas, servirán sólo para hacer tangible la esclavitud de las masas. Mientras la tecnología esté en manos de las élites no hay esperanza para la humanidad ni para la naturaleza y seguiremos encaminándonos irremediablemente al abismo.

Hay que volver a la producción, entendida como la transmisión de valor humano a la naturaleza, volver al concepto esencial de economía. Se necesita un cambio, un profundo cambio civilizatorio.

LAS RAÍCES DEL MAL

Hay mucha razón para pensar que la invención de la agricultura significó el paso histórico del reino de la necesidad al reino de la abundancia. La agricultura permitió a nuestra especie producir un excedente económico que venía a librarnos de la escasez. El excedente hizo posible, también, que por primera vez en la historia un grupo de individuos saliera de la esfera productiva y pudiera vivir sin trabajar, dedicado a cuidar ese excedente. La producción colectiva comenzó a ser cuidada de forma privada. Con el transcurso del tiempo esos guardianes particulares se sentirán dueños del excedente económico colectivo y en el derecho de reclamar, por la fuerza, la contribución del productor. Con la propiedad privada y la diferenciación de las clases surgirá el Estado y juntos serán la base de las sociedades clasistas. Los avances tecnológicos que la agricultura trae servirán para dar confort y bienestar a una casta primero, que con el tiempo se convertirá en una clase. La agricultura será la base estructural de la sociedad esclavista, la primera forma de sociedad clasista que conoce la humanidad.

Cuando los pueblos “bárbaros” -sobre todo las tribus teutonas-, introducen en Occidente la innovación productiva de la marka, el esclavismo estuvo destinado a desaparecer. En los feudos los siervos revitalizan la producción agrícola y toda la tecnología que son capaces de inventar, servirá, esta vez, para el bienestar de los señores feudales. La renta en trabajo da lugar a la servidumbre que será la nueva forma de explotación al trabajador agrícola.

A mediados del siglo XVIII, Smith será uno de los primeros en advertir que la humanidad había comenzado a vivir de la industria y no de la tierra. Las nuevas relaciones de producción que Smith percibe son las relaciones capitalistas, en las que capital y trabajo vienen de la mano de un impetuoso desarrollo tecnológico. El siervo de la gleba se ha convertido en trabajador libre, que vende ahora su fuerza de trabajo por un salario. La economía del capital comienza a funcionar como una maquinaria perfecta que ha descubierto la forma ideal de hacer justicia por medio del salario. De aquí en adelante, se dice, el ser humano recibirá lo justo de acuerdo a su trabajo.

En el siglo XIX Marx se encargará de explicarnos que el salario no es la medida del trabajo, que en él se esconde la explotación del asalariado. Al desentrañar las leyes que mueven la economía capitalista hará un aporte a la cultura universal tan importante como el que hizo Newton a la física al formular la ley de la gravitación universal. Por Marx sabemos que la tendencia al crecimiento y la acumulación del capital es inexorable y que la alienación del trabajo conduce, inevitablemente, a la deshumanización. La ciencia cartesiana respaldará este proceso.

Si aceptamos que ahora la humanidad vive una crisis multidiversa, en estos dos aspectos hay que darle la razón a Marx, porque en ellos se encuentra la raíz del mal: 1) la inexorable acumulación del capital sobre la base de la propiedad privada de los medios de producción y 2) la inevitable alienación del trabajo.

¿Qué alternativa existe?

LA ECONOMIA DEL SUMAK KAWSAY REVOLUCIONARIO (SKR) ES LA ALTERNATIVA.

Las políticas para el desarrollo en el capitalismo han fracasado todas, aún las del postmodernismo. De forma obstinada y mentirosa vienen siendo propuestas por los gobiernos de derecha, centro e izquierda desde comienzos del siglo pasado. Los resultados de su aplicación saltan a la vista: sociedades polarizadas, sin excepción, tanto en el mundo desarrollado como en el no desarrollado; opulencia por un lado, pauperismo por otro; despilfarro en un extremo, escasez en otro. En términos generales el capitalismo es una máquina asombrosa de contaminación que se retroalimenta sin descanso destruyendo las fuentes de sustentación de la vida. La libertad y la democracia -que dicen ser sus ideales supremos-, han sido superadas por la realidad. No hay libertad en un mundo de necesidades; no hay democracia en un mundo controlado por las élites del poder mundial.

El Estado Social es el logro mayor del capitalismo que en el fondo funciona como una compañía anónima cuyos accionistas mayoritarios tienen el poder de decisión. Ni aún en el supuesto no consentido de que sus beneficiarios estuvieran cargados de intenciones benéficas, sería imposible ignorar el peso determinante que tienen los intereses de la gran propiedad privada sobre las decisiones políticas. El Estado, históricamente, ha sido instrumento de las clases dominantes y, a través de sus políticas económicas, ha hecho su voluntad. Así, pues, propiedad privada sobre los medios de producción, intereses de clase y Estado, siguen configurando hasta hoy el engranaje de la dominación y explotación de las masas trabajadoras.

Este mecanismo de explotación ha agotado prácticamente todas sus posibilidades. La única que le queda es la autofagia, pues ya comenzó en esta civilización la etapa de la auto aniquilación. Como el Catoblepas mítico de Borges, esa horrible criatura que para sobrevivir comienza a comerse a sí mismo desde los pies. Esta es la etapa final del capitalismo, la del capitalismo del shoch o del salvajismo terminal.

No podemos sentarnos a ver pasar el cadáver del sistema porque sería como resignarnos a ver llegar nuestra propia muerte. Tampoco podemos esperar que nos den elaborando soluciones, ni confiar en los poderosos que se disfrazan de ovejas, ni esperar que intervengan los alienígenas, peor seguir elevando plegarias al Todopoderoso. Nada nos podrá salvar que no sean nuestras propias ideas, la fuerza poderosa de las multitudes.

El Sumak Kawsay Revolucionario (SKR) es esa fuerza, enraizada en nuestros ancestros, reconstruida y defendida por quienes sentimos la América de nuestros antepasados en la sangre y creemos que de los Andes vendrá la propuesta de Nueva Civilización que los seres humanos humildes del planeta estamos esperando.

En lo económico el SKR tiene tres ejes fundamentales: la tierra, las artesanías y el comercio. La industria es un cuarto elemento, complementario y los servicios.

El nervio principal de la economía en el Ecuador debe ser la agricultura. Desde siempre hemos vivido de la tierra. Los problemas que hoy afrontamos como nación obedecen, principalmente, a que procesos postizos de industrialización nos han apartado de nuestra vocación agrícola. Hoy por hoy, la actividad agrícola en el Ecuador se demuestra irracional. Apenas poco más de siete millones de hectáreas están dedicadas a la producción agrícola y en esta cifra se esconde la irracionalidad. Los porcentajes más altos están dedicados a pastizales y cultivos no productivos como el de la palma africana. Los cultivos productivos de ciclo corto y largo son porcentualmente menores y denotan, por desgracia, una muy baja productividad por hectárea. Hay que invertir esta realidad en las tres regiones de la nación, porque en Galápagos se debe privilegiar el turismo.

Nada es posible sin una reforma agraria que elimine la gran propiedad terrateniente, que respete la mediana y pequeña propiedad, proteja la propiedad comunitaria de la tierra y cree un sector estatal agrícola. Hacer esto es crear las bases del Ecuador del futuro. Existen todas las condiciones históricas para hacerlo, pero, mientras se encuentren coaligados los intereses internos dominantes con los del capital mundial esto nunca se hará. Históricamente el poder ha privilegiado los proyectos de desarrollo procapitalistas.

El SKR cree que la reforma agraria tiene que hacer un inventario de los adelantos tecnológicos aplicables al agro ecuatoriano y estimular la recuperación de técnicas ancestrales que siempre han dado resultados positivos, así como estimular la investigación científica para encontrar nuevos métodos de producción que sepan guardar el equilibrio entre el ser y la naturaleza.

Haciendo de la agricultura el eje medular de nuestro desarrollo, se estimulará el fomento artesanal para lo cual nuestro país es naturalmente privilegiado. La artesanía puede cubrir un mercado interno y encausar sus excedentes a la exportación. La producción agrícola exportable nos servirá principalmente para adquirir bienes de capital que nos son necesarios.

Una industria nacional moderna de mediano desarrollo controlada por el Estado servirá, sobre todo, para cubrir las necesidades del mercado interno. Esto es posible si el poder encuentra fórmulas para trabajar mancomunadamente con un empresariado con sensibilidad social que privilegie al ser humano y no al lucro y la acumulación monopólica.

Sabe también que las trabas a una economía de esta naturaleza son de carácter político. La revolución ciudadana de Rafael Correa no lo puede hacer, se encuentra comprometida con el oprobioso pasado de los intereses dominantes, camuflada en un pensamiento económico heterodoxo que toma de todas las matrices capitalistas lo que supone rescatable y comete el crimen de salpiconearlo con matices del pensamiento ancestral. Todo su discurso es para ocultar esta verdad evidente, por eso usa el concepto del Sumak Kawsay como el ladrón que corre gritando que cojan al ladrón.

Quienes nos identificamos con el SKR planteamos una abierta discusión de estos temas, socializarlos con todos los sectores. Sabemos que es un pensamiento en construcción y creemos que el aporte que cada sector haga, servirá para construir la teoría basal de una nueva civilización, la civilización del Sumak Kawsay Revolucionario.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Para Lalíneadefuego, 22/julio/2013.

 

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¿A DONDE VAMOS?

La propaganda es un recurso que se mueve en la piel de la sociedad. Dice, por ejemplo, necesitamos cambiar, pero no explica por qué, ni para qué. Politiza los diálogos, crea sensaciones. “Destapa la felicidad”, dice la Coca-Cola, sin hacernos saber que lo que nos venden es veneno. El objetivo es una reacción automática al estímulo.

La propaganda actual del gobierno se ubica en este marco conceptual. Como si asesores nazis o franquistas estuvieran detrás de bastidores. “Vamos al Buen Vivir”, “confía en nosotros”, “nosotros sabemos lo que tenemos que hacer”, repiten a diario, creando en la masa ecuatoriana la sensación de que vamos bien.

Pero muchos nos preguntamos, ¿a dónde nos quieren llevar? Correa maneja magistralmente la imagen del cambio, refrendando su conducta interna con la imagen internacional que se forja; pero no solamente el caso del Brasil, inclusive el de la misma Venezuela, nos tienen que hacer pensar si la tendencia “progresista” latinoamericana nos está llevando a puerto seguro. Creo que el peligro más grande está justamente en su éxito. Un modelo depredador de la naturaleza, funcional a los intereses del capital corporativo mundial, nos acerca más al abismo.

Hay que tener valentía política e intelectual para cambiar el modelo. No podemos esperar resultados diferentes si seguimos haciendo lo mismo. El futuro se construye con la verdad, no con la mentira. Se prevé para este año un crecimiento económico del 4% dentro del cual el sector industrial es el más favorecido. Correa estaría feliz si alcanzaríamos, como la China, el 14%; pero son precisamente esas cifras las que esconden la tragedia. El éxito de la China, de la India, de Brasil y, ahora del jaguar ecuatoriano, sólo serviría para reforzar la esclavitud del capital.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 17/julio/2013, Quito.

 

 

 

 

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¡OTRO FRAUDE!

Lo que molesta de Correa y sus muchachos es que están convencidos de que son la “divina papaya”. Nadie está a su altura. Su palabra tiene el sello de la autosuficiencia respaldada por títulos extranjeros. Si usted, lector, advierte que la tragedia se aproxima, no será tomado en cuenta si no cuelga en su pared un título foráneo, sinónimo de confianza y sabiduría.

Un ejército de flamantes profesionales encabezados por el vicepresidente anda por los cuatro puntos cardinales del Ecuador proclamando que ha descubierto el agua tibia. Para llevar a la práctica el Plan del Buen Vivir es necesario cambiar la matriz productiva, dicen, y señalan que todo está calculado para hacer del Ecuador una sociedad en la que el talento humano y el conocimiento serán la base del desarrollo. Y el puntal del progreso, dicen estos nuevos sabios, será el desarrollo industrial. A eso le llaman cambio de la matriz productiva.

Los que amamos el Ecuador sabemos que desde la década de los años sesenta la oligarquía ecuatoriana, en contubernio con el Estado, vive empeñada en sustituir las importaciones y modernizar la economía. Es un proyecto funcional a los intereses de la dominación interna e internacional, de esencia extractivista, depredador e ineficaz para resolver nuestros problemas. Indigna comprobar que estos sabios extranjerizantes han elevado a verdad inamovible las tesis del fracasado desarrollismo, suponiendo que los ecuatorianos somos retrasados mentales.

Una revolución verdadera comienza por confiar en sus propias fuerzas y, aunque cometa errores, sabe que está en el camino correcto.

No es el caso de la revolución ciudadana. Su prepotencia no es otra cosa que el disfraz de su incapacidad. Ninguna solución será válida mientras no confiemos en lo nuestro.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 10/julio/2013, Quito

 

 

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EL SUMAK KAWSAY REVOLUCIONARIO (SKR) Y LA EDUCACION

LA EDUCACIÓN ES LA CLAVE DE LA DOMINACIÓN

Si hay una verdad como una catedral es que la educación ha sido siempre la clave de la dominación. Pocos quieren ahora recordar ese libro clásico del pensamiento marxista latinoamericano titulado Educación y lucha de clases del argentino Aníbal Ponce. Lo recuerdo al inicio de esta reflexión porque esas ideas ya pertenecen al acervo cultural de la humanidad y no necesitan demostración. Educar ha sido siempre tarea de las clases dominantes para conservar el sistema de dominación.

La historia de la educación comienza con los chamanes de la comunidad primitiva. Mientras más cerrado ha sido el bloque de la educación, mayor solidez ha tenido el sistema. El pensamiento platónico y aristotélico coincide con la época del esplendor griego, esto es, con la curva más alta de su civilización. A ninguno de los filósofos de esta época se le pudo ocurrir que el esclavo era sujeto de derechos. Hacerlo hubiera equivalido a crear una fisura en el bloque de la dominación patricia. Los griegos educaban en el principio inamovible de que los sabios estaban destinados a gobernar, los militares a ampliar por las armas la esclavitud y los esclavos a trabajar para sostener la sociedad. Nada podía alterar esta estructura y la educación en Grecia y Roma, giraba alrededor de esta verdad inamovible. Se educaba al dueño de esclavos, pero también al esclavo, a quién no se le podía hacer dudar de que esa era su condición “natural”. De que el esclavo no tomara conciencia de su miserable condición, dependía que el sistema se perpetuara. La esclavitud comienza a declinar porque, al no ser un sistema intensivo, tenía que crecer extensivamente para sostenerse. Los imperios esclavistas de la antigüedad clásica (Grecia y Roma) abarcaron todo el mundo conocido de entonces. No pudieron ir más allá porque la esclavitud había agotado sus posibilidades productivas y los pueblos “bárbaros” traían ya otra forma de producción.

Pero en el seno del sistema esclavista surgió la idea de su destrucción. Eso sucedió cuando el cristianismo le hace ver al esclavo que en el mundo debe reinar la paz y el amor y que todos somos hermanos. Yo traigo un nuevo mandamiento, dijo Cristo, ese es “ama a tu prójimo como a ti mismo”. En medio de la violencia esclavista estas sencillas ideas de amor y paz produjeron una violenta conmoción. Los esclavos comenzaron a huir de los esclavistas, dejando los campos vacíos de mano de obra. Los césares los persiguen, no por cristianos, sino porque habían comprendido la importancia de la libertad. Se había roto el bloque de la dominación mental y ya nada podía detener este avance histórico. Tres siglos más tarde, cuando ya la realidad se había impuesto a los intereses de los patricios esclavistas, un emperador, Constantino, cree conveniente y necesario unirse al enemigo y proclama al cristianismo como religión oficial del decadente imperio romano. Para entonces, las formas “bárbaras” de producción se habían extendido a casi todos los pueblos de la Europa central y mediterránea. La fuerza de los “bárbaros” traía consigo el feudalismo.

Más de mil años dura la educación feudal. La Iglesia asume la tarea. Patriarcas como San Agustín elaboran la teoría, primero; luego, en la alta edad media, Santo Tomás de Aquino. Se le enseña al siervo que las miserias de la vida terrenal tienen su recompensa en el cielo y que aquellos que se nieguen a vivir en la Ciudad de Dios (la Iglesia), irán a pagar sus culpas en el infierno. Se negaban las verdades racionales, sólo existía la verdad revelada que estaba en la Biblia y que sólo podía ser conocida e interpretada por los sacerdotes, agentes de la iglesia católica, apostólica y romana. Aliada con el poder monárquico la Iglesia dominó la educación durante todo el medioevo. En el siglo XV, cuando la fe de los pueblos comienza a tambalearse, se funda el Tribunal de la Santa Inquisición Española para combatir la herejía y el desacato a Dios. Fueron largos siglos de dogmatismo, en la que la Iglesia impuso, en todo el sistema educativo, el pensamiento escolástico, basado en la fe y no en la razón.

LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA DEL SIGLO XVII Y LA MODERNIDAD

Renato Descartes es el filósofo que, a comienzos del siglo XVII, sintetiza la ruptura con el pensamiento escolástico. La visión científica de hombres como Copérnico, Kepler o Galileo se sistematiza en el método cartesiano que convierte al método matemático en su base gnoseológica. Desde entonces la ciencia se identifica con el método cartesiano. Con el método cartesiano se inicia la noción de modernidad que se complementará con la física mecánica de Newton y el imparable desarrollo de todas las ciencias durante el siglo XVIII y XIX.

La gnoseología cartesiana supera las concepciones aristotélicas precisamente en el método. Tanto la una como la otra parten de entender al sujeto cognoscente fuera del objeto por conocer. Si Aristóteles supone que los sentidos son los vehículos transmisores de las cualidades del objeto, Descartes propone una forma sistemática de acercarse, también por medio de los sentidos, a él, pero esta vez a su esencia. Esa “forma sistemática” es el método científico. Consiste en desagregar la unidad, esto es, en analizar sus partes componentes. Analizar es igual a desmenuzar, separar, descomponer, descoyuntar, ver cada parte por separado y cada parte reducirla a su mínima expresión. Sólo entonces el sujeto está en condiciones de saber cómo es el fenómeno, fin último que el sujeto (científico) lo consigue por medio de la inducción, la deducción y la síntesis.

Desde hace más de cuatro siglos la ciencia procede de esta forma. La civilización actual es fruto de este proceder científico. La física mecánica de Newton, las corrientes filosóficas del siglo XVIII, la democracia representativa, el modo de producción capitalista, el portentoso desarrollo tecnológico, son su resultado. Si somos capaces de viajar en el espacio interestelar, si hemos descifrado los secretos de la naturaleza, si construimos enorme represas, si viajamos a velocidades superiores a las del sonido, si disfrutamos de miles de inventos que hacen nuestra vida cotidiana más fácil y agradable, así como si hemos inventado y construido máquinas inverosímiles, todo, sin excepción, es resultado de la aplicación práctica del método cartesiano. Pero si esta es la una cara de la medalla, la otra arroja un resultado negativo.

Hemos sacado los combustibles fósiles de las entrañas de la tierra para convertirlos en gases contaminantes en la atmósfera, hemos deforestado las selvas, contaminado las aguas, deshielado los polos, acabado con especies animales y vegetales, convertido al planeta en un inmenso basurero y el ser humano mismo se ha convertido en un monstruo de egoísmo. Nadie se atreve seriamente a dudar de que hemos llegado al borde del abismo. No quedan casi esperanzas -si continúa esta inconciencia de identificar el método científico cartesiano con el progreso y la civilización-, de legar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un lugar sano donde puedan vivir en paz y armonía con su conciencia y con su entorno.

Es que el método civilizatorio inventado por Descartes y aceptado por la ciencia occidental es por su naturaleza inhumano. No contempla en sus supuestos gnoseológicos la consideración de que en las partes de un todo está a la vez el todo y que la separación de un componente lo destruye a él y al todo al que pertenece. No comprende que el aletear de una mariposa tiene que ver con la marcha de las constelaciones.

Ese proceder sólo se explica porque se sigue educando en la idea de que ese es el proceder científico correcto. Esta sencilla idea catastrófica es la que sirve de base a la educación actual a nivel mundial. Las élites científicas, vinculadas a las élites políticas y económicas, siguen educando a las nuevas generaciones en esta idea, elevando cada vez más los niveles de excelencia y eficacia en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Es decir, acelerando la catástrofe.

EL SUMAK KAWSAY REVOLUCIONARIO (SKR) PROPONE UNA NUEVA EDUCACION

El gobierno de la revolución ciudadana usa de manera irresponsable algunos términos propios de la filosofía ancestral. Cuando no se tiene la determinación de unir los conceptos a la acción, se entra en el nivel de la charlatanería. Este gobierno sabe que cada vez se agotan más los discursos clásicos del desarrollo y que los pueblos cada vez creen menos en ellos, sabe que en el pensamiento ancestral hay una cantera real de alternativas y ha decidido entrar en ellas para explotarlas, no para transformar la realidad, sino para prolongar la explotación. No de otra forma se explica el uso fatuo y ligero de concepciones civilizatorias ancestrales como las del Sumak Kawsay o, en el terreno de la educación, del Yachay.

La palabra Yachay en la filosofía precolombina andina es equivalente a conocimiento, pero ella misma grafica el concepto. Yachay se puede leer de izquierda a derecha y viceversa, simboliza que la unión se da entre sujeto y sujeto, no importa si el otro es animal, vegetal o mineral, no entre sujeto y objeto. El conocimiento es un proceso en el que las dos partes se contienen mutuamente, nunca un proceso unilateral en el que el uno “chupa” conocimientos del otro hasta dejarlo vacío. La base gnoseológica del conocimiento ancestral es cualitativamente distinta de la filosofía de occidente.

Este principio supera el método cartesiano. Al no haber yuxtaposición entre sujeto y objeto no es necesaria la descomposición del fenómeno para su “análisis”. Si el agua que corre en la naturaleza es la misma que corre por las venas de los seres humanos, lo natural es que nuestra inteligencia se preocupe de cuidarla porque de llegar a contaminarse se contaminará también el cuerpo humano; si las plantas limpian el aire que respiramos y si el aire que respiramos sirve para metabolizar la energía corporal que consumimos, no se nos puede ocurrir matar las plantas para que se envenene el aire; si para obtener oro tenemos que violentar el entorno con todo lo que él contiene, la lógica nos dice que es mejor que el oro se quede donde ha estado millones de años; si quemar combustibles fósiles produce el calentamiento global, es mejor no quemarlos; si liberar la energía atómica puede poner fin a la vida del planeta, es mejor mantenerla cautiva; si consumir sin límites convierte a nuestro mundo en un colosal basurero, debemos poner límites al consumo irracional; si para alimentarnos tenemos que asesinar a otras especies, debemos considerar otras formas de alimentación; si para vivir en paz tenemos que declarar la guerra, debemos revisar seriamente nuestra psiquis.

¿Por qué no somos capaces de aplicar esta lógica elemental y hacemos exactamente lo contrario? ¿Dónde está la raíz de esta lógica destructiva? Sin duda en la educación cartesiana que se sigue impartiendo en el mundo occidental como sinónimo de ciencia.

Después de la Revolución Francesa, cierto que la educación se democratizó, porque el nuevo Estado liberal tuvo que extender la educación al “estado llano”; pero siguió siendo una educación marcadamente elitista. Pasa a manos de los nuevos dueños del poder, cuyo objetivo final será mantener el control político de la sociedad y los privilegios económico-sociales adquiridos con el triunfo revolucionario. No se hace otra cosa que cambiar las formas, preservando, con mucha sutileza, la esencia conservadora de la educación tradicional. Ha llegado la época de reproducir un sistema que, se dice, está llamado a ser eterno.

Los fines políticos del nuevo sistema encuentran en la ciencia cartesiana el vehículo más idóneo. Se educa en dos principios inamovibles: el individualismo y el lucro, valores consubstanciales a la economía de mercado. Son más de doscientos años que el sistema educativo ha ido perfeccionando la pedagogía del desastre.

La época de la globalización lleva esa perfección a extremos inimaginables. La universalidad es ahora la uniformidad de los saberes en el marco de la defensa de los intereses del capital. A más excelencia mayor nivel de inconciencia existe en los profesionales, científicos, maestros, en fin, agentes del sistema, con respecto a la imperiosa necesidad de enfocar la producción necesaria para el ser humano desde una óptica de responsabilidad civilizatoria. No es suficiente el discurso ecológico, se ha vuelto imperativo el compromiso ambiental, la acción práctica en defensa de la vida del ser humano y su entorno.

Eso es posible sólo si se cambian las bases gnoseológicas del conocimiento y por consiguiente los fundamentos pedagógicos del proceso de enseñanza-aprendizaje.

La educación se mide por los fines que persigue. El SKR propone educar a las nuevas generaciones en base a los presupuestos gnoseológicos del Sumak Kawsay.

El motor propulsor del conocimiento debe ser la relación entre sujeto y sujeto. No importa si la parte contraria es animal, vegetal o mineral. Ambos están en condiciones de asimilar y proporcionar conocimientos en un proceso dialéctico de intercambio o transmisión. Lo que uno es, se refleja en lo que el otro es y viceversa. Este método implica el respeto al otro, no importa si es diferente. Si se sigue educando en la idea de que el ser humano es el rey de la creación, seguiremos destruyendo al otro, hasta que la soledad nos aniquile.

Se debe educar en la idea del estar, no en la del llegar a ser. Estar feliz es cualitativamente diferente a querer ser feliz. Se está feliz porque se tiene conciencia de que somos una parte del todo y a la vez somos el todo. El yo entiende el mundo porque se sabe parte del todo y el mundo entiende al yo porque sin él el mundo no está completo. La educación cartesiana ha eliminado los vasos comunicantes que existen entre los sujetos del conocimiento convirtiendo a cada uno en una isla. No se resuelve esta mutilación ontológica pidiéndole al ser que tome conciencia de la misma, mientras se refuerza la educación deshumanizada. Se resuelve humanizando la educación y educando a las nuevas generaciones en sus principios, de tal manera que obtengamos como resultado una práctica humana.

El SKR propone una educación multidiversa que permita al individuo percibir las diversas dimensiones en que se desarrolla la vida. La educación cartesiana ha mutilado la intuición como un sentido más de nuestra percepción y resulta imperativo desplegar estrategias pedagógicas que tiendan a recuperarla. Yachay, la ciudad del conocimiento -si quiere aportar a la transformación del mundo-, debe dedicarse a investigar este tipo de problemas y surtir al sistema educativo nacional sus logros.

La investigación debe encaminarse a la invención, creación y aplicación de una ciencia capaz de accionar armónicamente con la naturaleza, la sociedad y el ser humano, recuperando la capacidad del ser para crear una nueva ciencia y junto con ella sus aplicaciones tecnológicas prácticas. Esto no significa que se debe comenzar de cero. El SKR cree que se debe hacer un inventario científico para establecer cuáles son los logros que la ciencia cartesiana ha hecho al progreso de la humanidad, rescatarlos y usarlos responsablemente en el marco del respeto y conservación de la naturaleza.

Cuentan los cronistas que cuando Cortez llegó a México, Moctezuma hizo que uno de sus hombres sabios volara sobre sus cabezas sentado en una fina lámina de oro. Dicen que para hacerla volar el hombre usó una especie de palillos de vidrio con los cuáles golpeó la lámina. Si en ese tiempo la ciencia hacía prodigios de esa naturaleza, no vemos por qué ahora tenemos que destruir la naturaleza para sobrevivir. La imaginación científica moderna ha hecho posible contener la luz solar en una simple botella de plástico, lo que da la luz equivalente a una bombilla de 80 watios, prodigio que ahora los habitantes pobres de los suburbios filipinos lo usan a discreción para no pagar el consumo de luz eléctrica. Esa es la ciencia que propugna el SKR.

¿Será que el Buen Vivir ciudadano está pensando en este tipo de educación? No hay tal propósito. Creo que hay un nivel inaudito de irresponsabilidad histórica en el uso de las nociones del Sumak Kawsay. Este concepto es la base conceptual de una nueva civilización y para poder llevarlo a la práctica se necesita educar a las nuevas generaciones en estas concepciones. La revolución ciudadana cree que las nuevas generaciones deben educarse en la excelencia cartesiana, lo que significa seguir haciendo lo mismo que durante siglos ha hecho la educación occidental, perfeccionando el método del desastre que nos seguirá acercando, de forma segura, al abismo.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Para Línea de fuego, Quito

Quito, 5 de julio de 2013.

 

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¡HOJA DE RUTA!

El nuevo Plan Nacional del Buen Vivir arranca aplausos internacionales, según nos cuenta Fander Falconí. Es una hoja de ruta, dice, como un mapa, con directrices muy claras “para evitar la posibilidad de extraviarnos en el camino.”

Ya antes de la segunda guerra mundial la preocupación por el desarrollo era una de las constantes del poder mundial. Los paradigmas occidentales nunca se pusieron en discusión. Si se quería salir de la pobreza se tenía que aplicar sus fórmulas. Liberalismo clásico, neoclasicismo, keynesianismo, desarrollismo, estructuralismo, neoliberalismo se sucedieron como fórmulas seguras para alcanzar el éxito. Al cabo del tiempo los resultados son evidentes: países más ricos por un lado y, países más pobres y dominados por otro.

Después de la caída del “socialismo real” el llamado pensamiento postmoderno toma vuelo. El socialismo del siglo XXI pone su cara de niño bueno a consideración de los pueblos. Tiene éxito en el Ecuador por su audaz intento de identificar el concepto de Buen Vivir con la concepción ancestral del Sumak Kawsay.

La versión del Buen Vivir correista cuenta ya con el aplauso de destacados personajes vinculados al desarrollo, como Alicia Bárcenas, Atilio Borón o Ha-Joon Chang. No podía ser de otra manera; pero no aplaudirían a la auténtica posición del Sumak Kawsay Revolucionario (SKR).

La versión de Correa es, en esencia, lo mismo, hoja de ruta segura para acercarnos más al abismo; la del SKR una versión revolucionaria que rompe los esquemas civilizatorios de todos los tiempos y plantea las bases de una nueva civilización.

¡Si Correa y la SENPLADES supieran debatir! Pero no. El poder los ha dejado tuertos, con un solo punto de vista. Así, es difícil que no extravíen el camino.

 

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La Hora, 3/julio/2013, Quito

 

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¡UNIFORMADOS!

Todo proceso revolucionario tiene en las masas populares a su fuerza transformadora. Si es auténtico, crea los mecanismos de retroalimentación que le permiten llegar hasta la raíz del cambio. Un proceso revolucionario transforma a diario, sin descanso, aspectos pequeños y grandes de la vieja forma de vida. Lo contrario a una auténtica revolución es la burocracia, mancha conservadora que se resbala implacablemente por todos los poros de la sociedad, matando, de forma sistemática, la fuerza renovadora de las masas.

El entusiasmo inicial de la revolución ciudadana a estas alturas está controlado por la burocracia correista. La fuerza del pueblo (conceptuada como ciudadanía) ha sido sustituida por el prestigio del líder. No sé si se ha dado cuenta, amable lector, pero ahora en el Ecuador nadie propone nada. La pirámide del poder correista tiene en su vórtice al líder y entre él y las masas populares a una burocracia fanática, incapaz de salirse del libreto establecido. Si usted toma una iniciativa, señor, ahora la respuesta es idéntica en cualquier nivel: eso no está en la ley, no se puede hacer. Lo cual demuestra que hay una sola verdad, la oficial.

Nada se parece más al stalinismo que las formas y los contenidos que va adquiriendo la revolución ciudadana. Recordemos que Stalin impuso una verdad oficial hasta en la ciencia, en la que lo menos que existe es la certeza. Hoy, por ejemplo, en el nivel académico, hay un ejército de burócratas que, a nombre de la ley, van imponiendo, sin prisa pero sin pausa, la voluntad oficial de la revolución ciudadana. Son malos tiempos para el pensamiento libre, al que se lo quiere domesticar a punta de leyes y reglamentos.

¡Correa es incapaz de aprender las ricas lecciones que nos da la Historia!

 

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La Hora, 26/junio/2013, Quito.

 

 

 

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¡NO, SEÑOR…!

Los “trolls” son agentes encubiertos que vigilan las redes sociales y envían mensajes para aclarar, refutar o amenazar a los internautas, a nombre de una empresa, un líder o un gobierno. También lo hacen en la prensa escrita. Uno de ellos, defensor del gobierno de mishu presidente, me advierte que mis opiniones en este diario están fuera de toda lógica, que “no soy capaz”, dice, de comprender que la obra revolucionaria del régimen está en el cambio de la matriz productiva”.

No, señor, si lo comprendo. Está claro que los objetivos de la política económica del régimen son insistir en las mismas propuestas desarrollistas que desde la década de los años sesenta se aplican en América Latina. Ninguna variación hay en el esquema propuesto por la famosa Alianza para el Progreso en la década de los sesenta y lo que está haciendo el régimen ahora: modernizar la agricultura y fomentar la sustitución de importaciones. El dinero del petróleo, que no sirvió en los años setenta para alcanzar este fin, hoy el gobierno de Correa lo usa para engordar el gasto público. A eso le llama revolución.

Lo que no comprendo, señor, es por qué Rafael Correa rehúye este debate fundamental y lo camufla con la propaganda de lo que hace su vicepresidente. Cambiar la matriz productiva no significa perfeccionar la misma, sino cambiarla por otra.

¿Dónde está esa otra matriz productiva? No está en ninguna parte, ni en la mente del régimen, porque no la tiene.

Si se propusiera una revolución agrícola, cuyo fin supremo fuera volver a la tierra para construir otra sociedad, entonces comenzaríamos a creer en este gobierno; pero no, está empeñado en seguir matando la Pacha Mama sin debatir. “Yo soy el camino”, parece decir don Rafael, “la verdad y la vida”.

 

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La Hora, 19/junio/2013, Quito

 

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EMPORIO AGRÍCOLA

La propaganda de la revolución ciudadana se chorrea por los cuatro costados de la nación. Todo lo que en ella se dice es para convencer al ciudadano común que el gobierno está construyendo “el país que queremos”. Pero ¿qué país queremos?

El país que queremos va más allá del imaginario utopista forjado en los laboratorios simultáneos de la izquierda y la derecha mundiales que, partiendo de la miseria de las masas, aprendieron a ofrecerles el paraíso como recompensa. No es el país que reposa en todas las propuestas de desarrollo que vienen del primer mundo y que sólo son la zanahoria con la que nos engañan para hacernos caminar. Va más allá de la irrebatible lógica de que “no podemos morir de sed junto a la fuente”.

El país que queremos tiene que construirse con lo que tenemos: la tierra, el agua, el viento y el fuego. Eso es nuestro y no tenemos que pedírselo a nadie. Tenemos nuestra fuerza de trabajo, millones de brazos poderosos; nuestro espíritu y nuestra inteligencia que, naciendo aquí, tiene que desarrollarse aquí, para el bien de todos, comprendiendo el mundo, pero sintiéndose universal desde su propia raíz.

El país que queremos tenemos que hacerlo sin pensar en las “ayudas” que vienen de afuera y nos someten. Un emporio agrícola que convierta en un maravilloso huerto a cuencas hidrográficas como las de los ríos Daule o Babahoyo, a los ríos orientales, a las mesetas interandinas; un emporio agrícola en el que millones de ecuatorianos vivamos de la tierra y lo que nos sobre se lo vendamos a nuestros hermanos. El falso desarrollismo sólo nos ha dado frustraciones, está destinado a acabar con lo que tenemos y envenenar nuestra vida.

Un país así queremos, no como el que nos propone la propaganda del extractivismo criminal.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora 12/junio/2013, Quito

 

 

 

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