LOGICA IRREBATIBLE

 

 

Misho presidente manda a la Asamblea treinta y dos artículos para reformar la ley de minería, la Comisión Económica califica las reformas y la presidenta convoca al primer debate en el pleno de la Asamblea. Nada importa si el proyecto es urgente, nadie se pregunta el porqué de las reformas y menos si están o no a favor o en contra del pueblo. Impera la irrebatible lógica de que “no podemos ser mendigos sentados en un saco de oro”.

Es la lógica de misho presidente y de sus Correa boys, de los nuevos y viejos sepultureros de la patria, diligentes entreguistas que, con el poder ciudadano, le meten un golazo al pueblo ecuatoriano. La lógica del Buen Vivir, según la cual, no debemos morir envenenados por el mercurio porque eso no es chic, sino por el cianuro.

Es la lógica del capitalismo corporativo que manda en el mundo y que en el Ecuador tiene obedientes funcionarios, ahora revestidos con aroma de mujer, de socialismo racional o de extractivismo responsable. La lógica de siempre, la que nos esclavizó en la colonia, la que nos humilló en la república y la que nos ignora en la actualidad. La misma lógica de la dominación ahora con rostro femenino, corazones ardientes y no sé cuántas pamplinas más.

Los que amamos al Ecuador seguimos soñando con una lógica diferente, que sea capaz de darle vuelta al pastel, que conciba la idea de que la riqueza verdadera no es la explotación de la naturaleza, sino su conservación; una lógica que ponga al ser en armonía con su entorno, que no contamine el agua ni con mercurio ni con cianuro; una lógica que, rescatando la esencia del Sumaw Kawsay ancestral, lo proyecte al presente para que ni Correa, ni sus muchachos, nos restriegue en la cara la irrebatible lógica del Buen Vivir extractivista.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 7/junio/2013, Quito

 

 

 

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EL SUMAK KAWSAY REVOLUCIONARIO (SKR): BASE CONCEPTUAL DE UNA NUEVA CIVILIZACION

LA HISTORIA COMO REFERENTE

En 1532 Atahualpa fue tomado prisionero por Pizarro. En el norte, Hernán Cortez hacía lo mismo con Moctezuma. La prisión de ambos Emperadores americanos ponía fin a los dos más grandes imperios construidos por nuestra propia inteligencia. El imperio Inka y el de los aztecas fueron el resultado de una larga evolución social, en cuyo fondo distinguimos, todavía en las sombras, el misterio de otras civilizaciones portentosas como la del Chavin de Huántar en el sur y la de los Mayas en el norte.

Detrás de los vestigios materiales, que son de por sí impactantes, está algo todavía más sorprendente: su organización productiva. Este aspecto vital suele relegarse a un segundo plano cuando se trata de comprender esas sociedades. Yo creo que debe ser al revés. La grandeza de un pueblo consiste en la forma que tiene de repartir su riqueza. Su obra material surge de su estructura productiva. Hay la tendencia a creer que las sociedades pre colombinas estaban dedicadas a la construcción de obras monumentales, sin que el aspecto productivo haya sido su mayor preocupación. Nada puede ser más equivocado. La obra material que han legado a la humanidad fue posible porque habían resuelto exitosamente la producción de bienes. Pensar en este aspecto, es hacer un esfuerzo para entender nuestro pasado y poder proyectarnos al futuro. De poco sirve admirarnos de sus monumentos si no entendemos cómo estaban organizados para alimentar a los seres humanos que construyeron toda esa obra material que ahora nos llena de orgullo.

En términos generales las sociedades pre colombinas no habían salido de la comunidad primitiva. El rasgo común a todas fue la inexistencia de la propiedad privada de la tierra que era considerada un bien natural, como es el aire ahora para nosotros. Sobre esta base estructural se levantaban las sociedades americanas, sin excepción. Su estadío de desarrollo dependía del nivel organizativo del proto-estado que existía. Inkas y aztecas fueron la expresión máxima de la organización social en América, sin que esto quiera decir que otros niveles de organización, como las de las naciones pre-inkaicas en el sur y las tribus nómadas del norte, no se hayan erigido sobre la misma base de la propiedad común de la tierra.

Otro rasgo de las sociedades ancestrales de América fue el carácter colectivo del trabajo. La propiedad común de la tierra hacía natural la colectividad del trabajo. Si los frutos se obtenían en base a este rasgo, no podía haber disfrute individual de los mismos. Estas sociedades neolíticas, que habían inventado la agricultura para sobrevivir, estaban en capacidad de producir un excedente económico cuyo destino final era garantizar la sobrevivencia de toda la población. Lo hacían en base al trabajo que para ellos era un ritual de gratitud a la Pacha Mama.

¿Quién se encargaba de garantizar la repartición de los bienes? El Inka, en el caso del Tahuantinsuyo, o la autoridad en las sociedades de menos desarrollo. Eran sociedades jerárquicas, en las que había un estricto respeto a los niveles de mando. La visión sesgada de los historiadores de occidente supone que esto era posible en base a la coerción y el despotismo, pero mientras más profundizamos el estudio de estas sociedades, más cerca estamos de creer que esto se lograba en base a la persuasión y al amor, que tenían como base el sentimiento religioso. La teocracia era una necesidad histórica dados los bajos niveles de desarrollo de sus fuerzas productivas.

Estas sociedades admirables sabían producir y distribuir sus excedentes, lo hicieron sin conocer la rueda, los animales de tiro ni la esclavitud individual. Resolvieron problemas técnicos para producir más, aprovecharon cada espacio de tierra, usaron el agua, sacaron provecho de los fenómenos astronómicos, idearon, inventaron, practicaron mil y una formas sorprendentes para vivir a gusto y en armonía con la naturaleza, en el marco de lo que para ellos era el Sumaw Kawsay. Si lo hicieron por el amor o la fuerza, es un asunto que se debe seguir investigando. Lo que sabemos es que resolvieron con éxito la producción y distribución de bienes y que para ellos el pasado estaba adelante, donde podían verlo para aprender de él, y que el futuro era lo desconocido y que, la única forma de construirlo de manera segura, era hablando con sus ancestros.

¿QUÉ ERA EL SUMAK KAWSAY?

La barbarie europea se ve en el testimonio brutal de la destrucción material que produjo. Que hayan destruido obras portentosas como el Templo del Sol en el Perú o la propia Tenochtitlán en México, que hayan saqueado el oro físico que encontraron a lo largo y ancho del continente y que hayan sembrado de muerte y dolor nuestras tierras, no resulta tan estremecedor como la destrucción inmisericorde que hicieron de las fuentes materiales de la sabiduría de nuestros pueblos. La imagen terrorífica de un Diego de Landa quemando los códices de la sabiduría maya y azteca es el símbolo brutal del colonialismo intelectual que se nos ha impuesto desde entonces. La destrucción del logos, de la raíz del conocimiento ancestral, tiene que ser considerado el acto inicial del sometimiento cultural de nuestros pueblos. Recuperar esa sabiduría, equivale a renacer de las cenizas para una nueva vida.

Si todo lo destruyeron los colonizadores europeos ¿cómo, entonces, podremos recuperar la sabiduría perdida? En primer lugar, adentrándonos en las pocas fuentes originales que se han salvado; segundo, estudiando los testimonios de los propios colonizadores que, atónitos ante la grandeza de los pueblos conquistados, se vieron obligados a dar fe de lo que veían y de lo que escuchaban; tercero, descifrando el mensaje que se desprende de los monumentos materiales que han llegado hasta nuestros días, y, por último, aprendiendo de los pueblos ancestrales sobrevivientes, portadores vivos de una forma de vida que, durante los últimos quinientos años, se ha negado a desaparecer. De estas fuentes tienen que salir los elementos que hagan posible la reconstrucción de los fundamentos de vida de nuestros ancestros, no como una exaltación del pasado, sino como un testimonio civilizatorio.

El Sumaw Kawsay es el concepto que abarca y define a las civilizaciones ancestrales. La simplificación del mismo, o su identificación con el Buen Vivir occidental -como hace actualmente la Revolución Ciudadana-, equivale a remozar las razones del colonialismo y no a ver en él la razón profunda de la liberación de nuestros pueblos, motivo por el cual resumiremos sus contenidos esenciales, que no son fruto de ninguna revelación, sino del esfuerzo puntual por descifrar su filosofía.

El Sumak Kawsay era una concepción integral de la vida. No aceptaba simplificaciones. Era la conciencia que el ser humano tenía frente a la necesidad de conservación de su especie y del entorno en el que vivía; por eso no aceptaba distorsiones en cuanto a ese fin supremo. Configuraba el contenido y el continente que el ser tenía de su misión en la vida, haciendo trascendente su permanencia individual en medio de la colectividad a la que pertenecía y de la cual tenía conciencia; era filosofía y práctica de lo cotidiano pasajero y de lo inmanente, de lo que permanece a través del tiempo.

El Sumak Kawsay era la base civilizatoria de los pueblos ancestrales, abarcaba, por lo tanto, todos los aspectos de la vida, desde los más insignificantes hasta los más trascendentes. Era un sistema articulado de sistemas que constituía la trama de la vida. La educación de las generaciones se hacía para conservar ese sistema que era la garantía de la preservación del ser y de la naturaleza.

El fundamento gnoseológico del Sumak Kawsay estaba basado en la noción del equilibrio, que se lograba con la participación de todos los elementos en la unidad del fenómeno; cada cierto tiempo había un Pachacutik, un proceso de cambio, que esencialmente consistía en un regreso al equilibrio, pero en un nivel superior, en una espiral que no tenía fin. Mientras llegaba el Pachacutik todos los elementos participaban del equilibrio, no había lugar a la exclusión de nada ni de nadie, porque eso desataba un desequilibrio antinatural que traía sufrimiento y dolor. Para garantizar ese proceso veían al pasado al frente de la sociedad porque consideraban que era lo conocido y al futuro atrás, porque no sabían cómo era. Para construir el futuro tenían que conversar con sus ancianos sabios que eran los que a su vez podían conversar con sus Apus, seres que se habían adelantado en el arcano viaje de la muerte. La muerte no era un viaje sin retorno, los muertos volvían a averiguar qué habían hecho los vivos y los vivos podían pedirles consejos a los muertos.

El aspecto social del Sumak Kawsay copiaba de la naturaleza el principio de reciprocidad, según el cual nadie da nada sin recibir algo. La participación interactiva entre los individuos y las colectividades era el motor que permitía la evolución de ambos. Si una parte entrega sin recibir (la caridad, por ejemplo), alimenta el desequilibrio, porque acumula en un extremo e impide el crecimiento en otro. El intercambio recíproco impide la acumulación y permite la circulación equilibrada de los bienes, en un proceso permanente de superación de los que menos tienen. Este enfoque preserva la iniciativa individual, llenándole al ser de optimismo y entusiasmo para alcanzar sus metas, porque las sabe posibles, no un mero espejismo. La circulación de la riqueza creaba las oportunidades para los individuos y garantizaba el equilibrio de las colectividades.

El Sumak Kawsay era mucho más que la relación armoniosa del ser con la naturaleza, no obstante ser éste el principio de todas las cosas. La interacción del ser con la naturaleza era un principio de doble vía, en el que los dos elementos participantes obtenían beneficios, siempre y cuando ninguno de los dos se considerara dominante. En épocas ancestrales este principio era natural, porque la ciencia y la tecnología no le daban ventaja al ser, pudiendo mantenerse el equilibrio. Que hoy no suceda así, no invalida el Sumaw Kawsay, sólo que obliga al ser a tener conciencia plena de esa relación. Ha llegado la hora de guardar el respeto y la consideración que la naturaleza merece en un acto consciente de reciprocidad. La cultura occidental, durante quinientos años se ha esmerado en romper el equilibrio. El Pachacutik está golpeando las puertas de nuestra época. Así como la acción del hombre ha alterado la naturaleza durante este último medio milenio, en esa misma acción también el ser humano ha cambiado, pero esta vez para convertirse en un monstruo de egoísmo y codicia. El presente Pachacutik servirá para armonizar otra vez estos dos elementos fundamentales de la vida. La relación desigual entre capital y trabajo, durante los últimos doscientos años, ha precipitado ese proceso. Esa civilización está llegando a su fin.

¿QUÉ ES EL BUEN VIVIR?

Todo lo contrario del Sumaw Kawsay. Es una concepción que surge en las sociedades clasistas de occidente. Para Aristóteles era la vida placentera de una sociedad cuya base de producción era la esclavitud; para los patriarcas de la iglesia medieval era la armonía sin contradicciones entre el siervo obediente y el poderoso señor feudal; para el burgués capitalista, desde el siglo XVIII hasta el presente, el Buen Vivir depende de la capacidad adquisitiva del ciudadano. El mundo occidental mide el Buen Vivir por la capacidad de compra que el ciudadano tiene, salvo que, como el Ministro de Cultura del actual régimen lo entiende, equivalga a la Buena Vecindad del Chavo del ocho, en la que coexisten la miseria de unos con el buen humor de todos. El Buen vivir se levanta sobre los dos pilares que sostienen la sociedad occidental: el lucro empresarial y el egoísmo individual, “valores” que se fueron cimentando en la sociedad occidental desde la época de la acumulación originaria del capital.

Buen Vivir capitalista equivale a capacidad ilimitada de consumo. Esta concepción ha llevado a la sociedad occidental a la contaminación de los mares, a la desertización de los bosques, al envenenamiento de las fuentes de agua, al calentamiento global, al deshielo de los glaciales, al endiosamiento del dinero, al consumo desenfrenado, al divorcio del hombre con la naturaleza y al abismo espantoso que existe entre los seres humanos. El Buen Vivir es la base civilizatoria de la sociedad actual y está enraizado en la conciencia del hombre occidental.

Los europeos impusieron, por la fuerza, esta concepción a los pueblos americanos desde 1492. Toda la brutalidad de la conquista se resume en la destrucción de la base productiva de las sociedades americanas, con lo cual destruyeron el Sumaw Kawsay. Se apropiaron de la tierra y, sobre su madre, convirtieron a su hijo, el indio, en siervo y esclavo. Quinientos años después no ha cesado el proceso colonizador que encuentra siempre nuevos líderes, cada vez más sofisticados, mejor camuflados para cumplir la misión de reproducir el sistema. Por eso no hay como identificar Buen Vivir con Sumaw Kawsay, porque son dos conceptos antagónicos que representan, cada uno de ellos, un modelo diferente de civilización.

¿ES POSIBLE UN NUEVO SUMAk KAWSAY?

Claro, si es posible y, además, necesario. Es la única garantía de salvarnos como especie y de preservar lo que necesitamos para vivir. Ese sentimiento reposa en los estratos más íntimos de la conciencia colectiva de la humanidad formado en las largas épocas de la comunidad primitiva, estadio común a todos los pueblos del planeta. Cuando el ser humano no tenía seguridad del mañana porque no estaba en capacidad de producir un excedente económico, se formó ese sentimiento de interdependencia con la naturaleza. Aunque hoy reposa en las capas más lejanas de nuestro subconsciente, no ha desaparecido. La humanidad se apresta a vivir un proceso de reminiscencia, de recuperación de la memoria ancestral como garantía de su permanencia. Tiene que recordar que es agua, que es tierra, que es viento y que es fuego. El agua, la tierra, el viento y el fuego como elementos hermanos que entretejen la trama de la vida.

El crimen inaudito de la destrucción del logos americano, significó la imposición forzada del logos occidental. En lo esencial eso implicó la sustitución del colectivo social por el yo individual. La revolución científica cartesiana reafirmó este proceso que se convertirá en verdad oficial durante el siglo XVIII y que perdurará hasta nuestros días. Quinientos años de acción, de práctica individualista, han dado como resultado la civilización que ahora tenemos.

Nuestra civilización es como un enorme y bello edificio cuyos cimientos se encuentran debilitados. La humanidad vive en sus habitaciones y está amenazada con perecer bajo sus ruinas. Todo en él carece de lógica, salvo el afán de lucro de quienes lo sostienen, es decir, los dueños del capital. A estas alturas la crítica al capital no es patrimonio de Marx, de su doctrina o de los marxistas, es el derecho que el ser humano tiene a defender la vida de su especie y la fuente de sus recursos que es la naturaleza. Esta necesidad histórica pone al capital frente a la humanidad.

Crear las bases de una nueva civilización no es tarea de una de las ideologías que han prevalecido de forma alternativa en la sociedad humana desde el siglo XVIII hasta nuestros días. No es obra del liberalismo, tampoco del marxismo, ni del keynesianismo, ni del neoliberalismo. Está claro que cada una de ellas tiene una parte de la verdad. Nadie puede eliminar de la Historia al individuo como factor de producción, pero tampoco nadie puede desconocer el papel del colectivo en la vida de las sociedades; ninguna doctrina niega que el Estado juega un papel en la vida de las sociedades, así como todas están de acuerdo en la producción de valores de uso como requisito para la satisfacción de las necesidades humanas. Quienes niegan esta realidad son los dueños del capital en todas sus formas, desde el capital productivo hasta el especulativo. Es el capital el que está enfrentado a la humanidad. Urge tomar conciencia de esta realidad y dejar a un lado la indiferencia.

El nuevo espacio ideológico que nos brinda la oportunidad de superar este estado de cosas es el Sumaw Kawsay Revolucionario (SKR). No se trata de reproducir el Sumaw Kawsay ancestral y traspolarlo de la antigüedad a nuestra época. Se trata de rescatar su esencia civilizatoria y aplicarlo creativamente a nuestra realidad. Esta labor teórica es quizás el más grande desafío y la más apasionante aventura del pensamiento moderno. De ella depende que seamos capaces de afrontar con éxito la lucha por el futuro.

Eso no es obra de chamanes escogidos que andan por el mundo diciendo que, bajo una experiencia mística, han asimilado la sabiduría de sus ancestros; tampoco de políticos avivatos que, defendiendo el sistema responsable de la catástrofe mundial, aplican a sus realidades el concepto del Buen Vivir camuflado en el del Sumaw Kawsay; mucho menos de stalinistas trasnochados que ven en el Sumak Kawsay una oportunidad para aplicar sus teorías en la sociedad; ni de los liberales, ni de los keynesianos, ni neoliberales. Se trata de construir la doctrina moderna del Sumaw Kawsay Revolucionario reconstruyendo lo esencial de la filosofía ancestral e integrándola con aquello que en occidente ha sido positivo y útil para el desarrollo civilizatorio. Es hora de un sincretismo creador que integrará el respeto a la naturaleza, propio de las sociedades ancestrales, y una nueva ciencia que, aprovechando lo andado por la ciencia en occidente, cree otra, limpia y amigable con el ser y con la naturaleza.

NUEVE PREMISAS PARA LA CONSTRUCCION DEL SUMAk KAWSAY REVOLUCIONARIO, (SKR).

1. Respeto a la naturaleza. Significa estar en contra de las bases civilizatorias del Buen Vivir: el industrialismo, el extractivismo, el desarrollismo, la quema de combustibles fósiles y todas sus consecuencias. Al rescatar esta premisa de las sociedades ancestrales la ubicamos en la base de la nueva civilización.

2. Respetar al individuo como portador de su libertad que se convierte en libertad colectiva cuando el individuo toma conciencia de los objetivos que la sociedad persigue. El colectivismo sólo es real cuando se anula, no al individuo, sino al individualismo. La libertad individual, que está en la base de las sociedades occidentales, tiene que ser respetada.

3. Cambiar las bases gnoseológicas del conocimiento. El método cartesiano se ha vuelto obsoleto, tiene que ser sustituido por otro. Las nociones ancestrales del conocimiento integran la unidad, no la desintegran. Es un sistema de sistemas, en el que uno existe en función de otro y así sucesivamente hasta el infinito. Dañar uno, significa afectar el todo. Si el sistema educativo no prepara al ser en estas concepciones, no hay esperanza. La nueva civilización tiene que acercar al ser humano a la naturaleza. Los niños tienen que volver a recordar que la leche viene de la vaca y no de la funda.

4. La civilización del Sumak Kawsay debe sustentarse en la agricultura. Los bienes industriales, en última instancia, son prescindibles; los que nos da la tierra, no. La lucha por la seguridad alimentaria a nivel mundial se sustenta en esta premisa. La humanidad tiene que recuperar la memoria de que su esencia es la tierra, el agua, el viento y el fuego. Para un ciudadano de Nueva York, o de Hong Kong, será difícil aceptarlo, pero al fin, la realidad le impondrá esta verdad.

5. La lucha más efectiva contra el capital es controlarlo desde el Estado, lo que no quiere decir eliminarlo. Si no es posible eliminar al individuo, tampoco es posible eliminar la iniciativa individual. El emprendimiento no puede desaparecer, pero debe dar para vivir. Dar calidad, bienes perdurables. La plusvalía de su producción debe tener un límite, cuyo estándar debe ser la dignidad humana, tanto para el capitalista, como para el trabajador, así como para la naturaleza y el medio ambiente

6. Reducción de la plusvalía. La reducción de la plusvalía crea más oportunidades para todos los individuos, porque evita la mega concentración de la riqueza. Esto hace posible la reciprocidad ancestral, superando el error del socialismo del siglo XX de la igualdad absoluta entre los seres humanos y del antagonismo irreconciliable de las clases sociales. Hoy sí existen clases diferenciadas, como una muestra monstruosa de la inequidad. Debido a la concentración de la riqueza los seres humanos han perdido hasta la esperanza. El SKR estimula la superación individual porque el ser humano recupera la confianza en su esfuerzo. El trabajo deja de ser una esclavitud, pasa a ser la base de la libertad en el marco de una competencia creadora y estimulante.

7. Un Estado popular que lleve adelante el SKR es necesario, pero para hacerlo tiene que estar en manos de quienes así piensan. En este nivel de desarrollo de la sociedad humana, sin ser la única, la forma más adecuada de llegar al poder es la participación política en el sistema vigente. Las concepciones del SKR, donde mejor se pueden concretar, son en una estructura partidaria. De su ideología surgirá su organicidad.

8. Todos podremos participar de esta cruzada civilizatoria, menos los que defienden y representan el viejo capitalismo. El nuevo amanecer es obra de todos. La nave en que viajamos siete mil millones de seres humanos, más todas las especies animales y vegetales y todos los recursos naturales que tenemos para sobrevivir, no puede seguir en manos de pequeñas minorías voraces a las que poco importa la suerte de las mayorías.

9. Dar por superada la discusión al interior de la izquierda como requisito para avanzar en la lucha por una nueva civilización. La izquierda stalinista, en todas sus variantes, es un lastre que impide el avance. El SKR es otra izquierda, que comienza a construirse sin los vicios de la vieja.

 

Jorge Oviedo Rueda

NOTA: Si tienes interés en dialogar sobre estos temas, escríbenos a esta dirección: modesjor@yahoo.com o síguenos en Twitter: @modesjor .

 

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CONSULTA HIPÓCRITA

 

Misho presidente acaba de amenazar a la conciencia progresista del país con una nueva consulta popular, esta vez para saber si el pueblo ecuatoriano está o no de acuerdo con el matrimonio gay o la familia alternativa. Creo que esta iniciativa lo muestra de cuerpo entero.

Un gobierno del pueblo no es lo mismo que un gobierno para el pueblo. En el primer caso el pueblo conduce el Estado, en el segundo, sólo es pasajero. Cuando el pueblo conduce el Estado sabe que las instituciones heredadas del pasado son portadoras de todo lo malo y que, para acabar con ello, es necesario cambiarlas por otras. La burguesía hizo lo propio con las instituciones monárquicas, el pueblo trabajador tiene que hacer lo mismo con las instituciones burguesas; pero, aun así, las ideas del viejo régimen se negarán a desaparecer. Es la nueva sociedad la que se encargará de hacerlo, en un largo proceso de lucha y contrapunto de lo nuevo con lo viejo.

Un líder revolucionario no se aferra a las viejas instituciones, peor aún a los constructos mentales que persisten en la conciencia de la gente. La familia tradicional decadente, en la que el hombre reina, la mujer obedece y los hijos reproducen esa miseria, nunca será la familia que exista en un régimen revolucionario. Esa familia tiene que desaparecer y surgir otra en la que la igualdad de derechos prevalezca, sea o no heterosexual. Que haya una familia del mismo sexo no quiere decir que sea inmoral, sólo que tiene otra moral.

Que el pueblo llano no esté en condiciones de asimilar tan complejo problema se entiende, pero que un líder que se dice jefe de una revolución defienda la más obsoleta y decadente institución del sistema, se explica sólo porque tenemos de presidente a un inquisidor disfrazado de revolucionario.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 2013/mayo/29, Quito

 

 

 

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LA FOBIA DE LONG

Un indignado pastuso le cae a golpes a un español. Ala, le dice el amigo, ¿por qué haces eso? ¿Qué, no sabrás? ¿Qué cosa? Que estos españoles nos mataron y nos esclavizaron. Bruto, le dice el amigo, pero eso fue hace más de quinientos años. Bueno, pero yo me acabo de enterar. Algo parecido me pasó a mi hace unos días al encontrarme por casualidad con un artículo de Guillaume Long, publicado en El Telégrafo. Me dio ganas de hacer lo mismo.

En el artículo de marras el señor Long trata peor que a perros sarnosos a los profesores universitarios. “…se resisten a aceptar los altos estándares académicos introducidos por la Loes.”, dice. “Despliegan una aversión especial al doctorado de cuarto nivel”, “emplean un discurso cada vez más chauvinista… en defensa del statu quo.” “La “peachedefobia” responde en realidad a una denotada defensa de intereses gremiales de profesores con bajos niveles de formación…”

¿Quién dice que todo esto es cierto? Sólo los amanuenses de Correa que tienen como objetivo final “domesticar” a la universidad ecuatoriana. Nadie que no haya vivido el drama de nuestra universidad puede juzgarla. No es cierto que tenemos aversión al cuarto nivel, no defendemos el statu quo, tampoco intereses gremiales de profesores de baja formación, todo es argumento político de un Estado que quiere tomarse la universidad.

Claro que hay “colonialismo científico”. Eso es lo que la LOES oculta, eso es lo que denunciamos. Eso es lo que estos nuevos colonizadores se niegan a discutir. Consideran que una educación crítica es una educación de baja calidad. La inteligencia universitaria no defiende la baja calidad, señor, defiende el derecho a prepararse en moldes propios, distintos a los del mercantilismo científico.

joviedo@lahora.com.ec

 

 

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DON PABLO LUCIO

Pablo Lucio Paredes es un personaje ampliamente conocido en nuestro medio. Vinculado a los sectores productivos y académicos privados es un suscitador permanente de ideas. En más de una ocasión misho presidente le ha acariciado con su verbo. Ha publicado un libro al que ha titulado: Revolución ciudadana. Tanto para tan poco.

Sus reflexiones las hace desde el liberalismo, que considera opuesto a la revolución ciudadana. Liberalismo clásico, se entiende, por el ardor que pone en defender la libre empresa, el libre comercio y el papel del Estado. Ese capitalismo vigoroso que crece durante el siglo XIX con la fuerza de la revolución industrial y el sudor de los trabajadores, es el que Pablo Lucio Paredes defiende.

El sistema liberal, con todas sus variantes, se asocia a las democracias occidentales. La actual civilización es la civilización liberal-capitalista. Gracias a ella hemos ido al espacio, descifrado los misterios de la vida, dominado la energía atómica y usado, en nuestro beneficio, la velocidad de la luz; pero todas las maravillas de nuestra civilización no pueden tapar la crueldad del hambre, la injusticia y el desastre ecológico.

Pablo Lucio Paredes cree que Rafael Correa es socialista, pero se equivoca. Todo lo que Correa ha hecho en la práctica lo puede suscribir usted, señor Paredes, sin ningún problema. Correa es un liberal moderno camuflado en un discurso seudo socialista, nada más.

Usted se equivoca, también, al seguir insistiendo en que las ideas y las prácticas stalinistas son el socialismo. Usted sigue discutiendo con un muerto célebre por sus errores colosales, pero hay que comprender que está muerto y olvidado. El socialismo de hoy es una nueva concepción que se alza sobre esos errores y nada tiene que ver ni con Correa, ni con Stalin.

 

Publicado en

La Hora, 15/mayo/2013, Quito

 

 

 

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LA LIBERTAD

 

La palabra libertad nunca ha sido un saco sin fondo al que han ido a parar las buenas intenciones de Tirios y Troyanos. Representa las aspiraciones de los esclavos. La palabra libertad adquiere sentido en boca de Espartaco, no del César; toma dimensión concreta en la voz de Robespierre, no en la de Luis XVI; se vuelve puño sólido en la acción proletaria, no en la indiferencia perfumada del burgués. Libertad es un término que han acuñado los de abajo. Suena falsa en boca de los de arriba, de los prepotentes que en su nombre defienden la desigualdad y la injusticia.

El burgués tiene su libertad. Su fortaleza está en su capacidad de convencer a sus esclavos que él tiene la razón. Las legiones romanas defendían el imperio, el ejército hitleriano fue una maquinaria letal que defendió la demencia racista del führer y el soldado norteamericano un autómata que, a nombre de la libertad, puede matar en Vietnam, Irán, Afganistán o América Latina.

Junto a las maquinarias bélicas los imperios se han esmerado por tener sus ideólogos. Griegos y romanos esclavizaban a los pueblos a nombre de su civilización; Goebbels cultivo la propaganda como el método de la mentira fascista y Stalin llevó a la perfección la farsa del punto de vista único. Para hacerlo tuvieron periodistas y comunicadores a su servicio.

No es extraño, entonces, ver al embajador norteamericano y sus amigos en un acto de defensa de la libertad. Su libertad, la del imperio que representa.

Correa se apresuró a advertirle al embajador que no sea metido, pero ni Adam Namm ni Rafael Correa tendrían agallas para “irse a meter” en un acto en el que el pueblo defienda su libertad, porque es otra libertad, la de quienes están dispuestos a romper sus cadenas, no a imponerlas o conservarlas.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 8/mayo/2013, Quito

 

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¿VOLAR SIN PHD?

¡Qué curioso! ¿Sabía usted que el vuelo del Pegaso ecuatoriano no es obra de la meritocracia? “No somos ingenieros aeroespaciales, sólo somos ingeniosos”, dice Ronnie Nader, artífice de esta proeza, así como cuenta que la llevaron a cabo sin el apoyo del Estado ni de la Academia. Estas revelaciones merecen una reflexión.

La revolución de misho Rafael es la revolución de la meritocracia. Tener un título de tercer nivel hoy equivale a ser el pariente tonto de la familia, la inteligencia ahora se mide por los títulos de cuarto nivel que se tiene. Antes la aristocracia medía la inteligencia por el título nobiliario. El mismo rey les vendía los títulos y, mientras más se pagaba por él, más inteligente era su dueño.

La meritocracia ha sido siempre un sistema para elitizar la inteligencia. Parte del principio de que la ciencia y la cultura no están para el de abajo, al que se considera genéticamente incapaz para el refinamiento intelectual y las tareas del espíritu. Así lo concebían los arcontes griegos, los teólogos medievales y, en estos últimos doscientos años, los defensores del capital.

La meritocracia esconde la absurda concepción del “darwinismo social”, según el cual, el más apto y capaz sobrevive. El Sistema Nacional de Admisión implantado por el actual gobierno, así lo demuestra. Casi el 50% de los bachilleres no pasaron la prueba.

Esas pruebas, los doctorados, los Phds y demás hierbas están diseñadas para, de aprobarlos, ser admitidos en la corte del monarca. Un Tupac-Amaru, un Espejo, un Tesla, un Mozart, un Einstein, un Ronnie Nader nunca hubieran superado las pruebas de la SENESCYT .

Los seudo revolucionarios que ahora dirigen la educación nacional hubieran mantenido a nuestro Pegaso encerrado en un establo por falta de Phd.

 

Publicado en

La Hora, 1/mayo/2013, Quito

 

 

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DESALIENTO

Desaliento es la palabra que mejor describe el estado de ánimo de la mayoría de los profesores universitarios que, durante décadas, hemos ejercido la cátedra con honestidad y decencia. El Estado ha emprendido un cambio que más parece depuración, quitando lo que le incomoda para poner lo que le conviene.

Correa repite, por dónde va, que la educación debe estar de acuerdo al Plan Nacional de Desarrollo, un Plan que refuerza las bases civilizatorias del lucro y el egoísmo sustentados en las leyes del mercado. Se trata de cambiar la educación para seguir haciendo androides capacitados que hagan lo mismo que durante doscientos años ha hecho el capitalismo: destruir la naturaleza y convertir en un monstruo de egoísmo al ser humano. Todo apunta a ese objetivo.

Los maestros que nos hemos esforzado por enseñarle a pensar críticamente a la juventud nos sentimos desalentados y humillados, puesto que a pretexto del cambio nos han identificado con la mediocridad. Correa nos ha metido a todos en un solo saco y no se contenta con botarnos, sino que, además, no se priva del placer de desprestigiarnos.

Duele ver cómo la Universidad va quedando en manos de un Estado que no acepta el debate y de un ejército de oportunistas que ven en este proceso la ocasión para trepar. Cuando las nuevas generaciones de maestros y estudiantes se den cuenta de que la educación superior está siguiendo los mismos lineamientos de una educación privatizadora y selectiva como la chilena, será demasiado tarde. Tendrán que callar para cuidar sus estómagos o reaccionar, haciendo de la protesta el campo propicio de la dignidad.

Entonces seguiremos luchando, desde donde estemos, para que la juventud ecuatoriana tenga una educación crítica y de excelencia que cambie de verdad el Ecuador.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 24/abril/2013, Quito

 

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¡TOMA TU MADURO!

Dos derrotas consecutivas ha sufrido la derecha venezolana a manos del chavismo, la primera más amplia que la segunda. Esto significa que el proceso bolivariano de cambio, que tiene como meta el socialismo, sigue adelante.

Chávez es el líder latinoamericano que aceptó el desafío de jugar en la cancha de sus enemigos, con sus reglas. De cada contienda salió airoso. Hace quince años que la derecha venezolana -que representa al poder mundial del imperialismo-, no puede con Chávez.

Cierto que procesos como el venezolano giran alrededor de un líder, pero también es cierto que líderes como Chávez construyen un personaje colectivo que es protagonista y beneficiario del proceso, dotado de una consciencia que se fortalece en la medida que se avanza. El mérito de Chávez es haber sembrado el futuro en la masa mayoritaria de su pueblo.

Eso es lo que no quiere aceptar la derecha venezolana y sus aliados yanquis. Venezuela es ahora un país dividido entre un pueblo que busca su destino y otro que no supera el borreguismo ideológico de la derecha. El chavismo en Venezuela sigue jugando con las reglas de la burguesía y, aunque hoy el margen del triunfo es mínimo, sigue siendo mayoría.

¿Qué el margen del triunfo sea tan pequeño le da derecho a Capriles a hablar de fraude? No. Si el chavismo hubiera metido la mano en los resultados no habría sido tan pendejo de hacerlo por tan escaso margen. En Venezuela el resultado es prístino, ahí se está sincerando un proceso que ubica a los que quieren un futuro socialista frente a los que quieren seguir de rodillas ante los yanquis y la oligarquía. Esa es la esencia del bolivarismo. Bolívar quiso construir Colombia la Grande, Santander nos entregó a los yanquis.

Ahora, ¡tomen su Maduro! señores santanderianos.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 17/abril/2013, Quito

 

 

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SOLO SON INDIOS

Es preciso tomar conciencia del estado terminal en que se encuentra la civilización actual. Donde pongamos los ojos, podremos ver los signos del deterioro. En la economía, en las finanzas, en la moral, en la ecología, en el medio ambiente, en la propia gente que habita, ahora sí, este valle de lágrimas.

Se necesitan ojos universales para captar el fenómeno. La tierra está enferma, la ha enfermado el capital. Esta criatura, que ahora agoniza, creyó que nunca llegaría su fin. Con los ojos cerrados al futuro se acostumbró a devorarlo todo y en su prepotencia desperdició los recursos hasta su extinción. Su infinito orgullo le hace rechazar la muerte y quiere aferrarse a la vida consumiendo lo que a duras penas se ha podido salvar.

Nunca el capitalismo respetó la vida de los pueblos. El mercantilismo criminal de los europeos saqueó América, mató y esclavizó a sus habitantes; el capitalismo industrial decimonónico de los yanquis sacrificó y redujo a los pueblos indios del norte, esclavizó a la población africana y después convirtió en neo colonias a los pueblos iberoamericanos, todo para su gloria y esplendor.

¿Qué le puede importar a este anciano agónico la suerte de unos cuantos indios que todavía duran en la selva amazónica del Ecuador? Nada le importa, nunca le ha importado, jamás le importará. Para consumir, tenemos que extraer, ha dicho siempre la lógica del capital. Ahora Correa lo traduce fácil: no podemos ser mendigos sentados en un saco de oro.

Desde la lógica de los intereses del capital ese argumento es irrebatible. Esa forma de pensar es la que nos ha puesto al borde del abismo. Sólo podemos oponernos a esa lógica desde la óptica de una nueva civilización. No hacerlo equivale a aplaudir nuestra propia muerte.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en

La Hora, 10/abril/2013, Quito

 

 

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