LAS MASCULINIDADES

            Hay como una polvareda universal por esto de las “nuevas masculinidades” con lo cual se quiere decir que el sexo masculino, para estar a tono con los tiempos, se tiene que, de alguna forma, feminizar.

            Como siempre sucede, los asuntos de fondo comienzan a ser discutidos, desde lo más superficial a lo más profundo. ¿Deben los hombres ayudar en las tareas domésticas?, ¿deben llorar?, ¿deben expresar sus sentimientos?, ¿deben aceptar que la mujer es su par y no su esclava? Y así, por el estilo, una larga lista de inquietudes que reflejan los síntomas de que una época está llegando a su fin.

            ¿Sabía usted, amable lector, que desde la década de los años setenta en Cuba, legalmente un hombre puede  ir preso por no ayudar a su compañera en las tareas domésticas?, ¿qué el Código Civil obliga a la mujer a conservar su apellido de soltera? Una legislación que se recoge en el Código de la Niñez y la Familia y que está pensada en función de acabar con el concepto de la familia patriarcal.

            Y ese es el tema de fondo, ¿cuál es el tipo de familia que debemos tener para que exista una sociedad saludable?

            La familia patriarcal existe desde la época de los griegos. Aristóteles opinaba que la mujer era como la tierra: ella principio pasivo, él, activo. En el medioevo él era el guerrero, ella la madre de sus hijos; en el Renacimiento comienza a perfilarse la imagen de la familia burguesa. La familia como un contrato entre desiguales, en el que la mujer lleva la peor parte.

            Ese hilo conductor de la familia patriarcal no se ha roto, pero la familia de hoy no se puede sostener en ese viejo andamiaje. Una familia de iguales será el núcleo fundamental de una nueva sociedad. No se trata de acabar con la familia, se trata de tener otro tipo de familia.

La Hora: 01-08-2018

 

 

Publicado en EDITORIALES, Sin categoría | Etiquetado , , , | 1 comentario

UNA “DISYUNTIVA TEORICA” QUE NO PUEDE VER UN ELEFANTE EN EL CAMINO

 

Las grandes corporaciones (capitalistas)  han emprendido la lucha de clases; son marxistas pero con los valores invertidos.

Noam Chomski

            La marcha de la humanidad hacia estados de mayor confort y prosperidad es un asunto que involucra a todos, me refiero a los seres humanos, a los animales y a las plantas, pero esta, que parece una verdad evidente, tardó más de quinientos años en salir a la luz, desgraciadamente, cuando parece que ya es demasiado tarde.

            El ideal de vida en Occidente fue definido por los griegos, qué duda cabe, pero precisemos, por los filósofos griegos. Y más todavía, por Platón y Aristóteles, quienes eran voceros de los patricios que eran grandes terratenientes esclavistas y en cuyas cabezas no cabía la consideración de vidas placenteras similares a las suyas para los esclavos. El cristianismo incorpora la visión judía a los ideales griegos y, durante la Edad Media, prevalece un pensamiento dogmático que, patriarcas como San Agustín o Tomás de Aquino, se encargan de oficializarlo en la Santa Sede romana y en los tronos feudales de toda Europa. Ni los esclavos, antes del cristianismo, ni los siervos de la gleba, desde Constantino hasta la revolución francesa, tuvieron derecho ni a la sabiduría ni al conocimiento, peor a la razón, habiéndoseles reservado únicamente la fe. Como sabemos, la fe está basada en la ignorancia. El ideal de vida aristotélico no era para ellos, estaba burilado, a sangre y fuego, en la conciencia de las élites, nada más.

            El gran proceso que vive el pensamiento humano en el siglo XV vuelve los ojos a la filosofía griega, con lo cual se redescubre y reafirma la razón aristotélica, comenzando con ella el formidable proceso de modernización que culminará, culturalmente en el Siglo de las Luces y políticamente en la Revolución Francesa de 1789. Lo que triunfa en el siglo XVIII es la razón, por supuesto, la razón griega, ahora complementada con la visión judeo-cristiana.

            Este portentoso cambio del pensamiento humano tiene cimientos sólidos en la filosofía cartesiana. Será Descartes el que someta a parámetros racionales el pensamiento mágico del medioevo, porque hasta antes de la revolución científica prevalecía la visión de un mundo encantado, en la que el trueno equivalía a la furia de Dios y las ratas se generaban de forma espontánea en la basura, en el que no era posible navegar hacia occidente porque se caería en el Averno y en el que la tierra era el centro del universo. La sociedad humana se había estructurado alrededor de este pensamiento. El Buen Vivir aristotélico sigue vigente, ahora ya no para los esclavistas, sino para los señores burgueses comerciantes del Renacimiento y la aristocracia feudal.

            La anécdota del mono de Descartes ejemplifica a carta cabal el inicio real de la modernidad occidental que alcanzará su cima en el pensamiento racionalista del siglo XVIII. Cuentan que a una clase del filósofo este llevo un pequeño mono. ¿Cómo conocer la esencia de este animal? Les preguntó a sus estudiantes. Ante su silencio ordenó a su ayudante que abriera al animal por el vientre. Los alaridos de la inocente víctima llevaron a sus estudiantes a preguntarle si no estaba sufriendo, a lo que el filósofo contestó que no se preocuparan, que ese era el ruido que la máquina hacía al separar sus partes para conocerla.

            El ideal científico cartesiano ignora la unidad del ser y la naturaleza considerando a ambos máquinas yuxtapuestas, a las que sólo es posible conocerlas mediante el desmembramiento que luego por síntesis el sujeto cognoscente vuelve a unir. Basado en esta premisa científica, Occidente ha construido su civilización. Hoy, ese método, es incapaz de recomponer la unidad seccionada porque le sobra piezas por todas partes.

            El pensamiento cartesiano encaja perfectamente con las necesidades de la economía capitalista que comienza a florecer desde comienzos del siglo XVIII. El ideal del Buen Vivir aristotélico -que renació en el siglo XV- se revitaliza ahora con el triunfo de la libertad burguesa, que inicia la era del capital; pero ese ideal sigue siendo para las élites, ahora los señores dueños del capital. No es, como dice Alfredo Pérez Bermúdez en su artículo intitulado Disyuntiva teórica del buen vivir [i] el ideal de Occidente, porque en Occidente, desde siempre, han existido grandes mayorías excluidas de ese ideal.

            La revolución industrial, acaecida desde comienzos del siglo XIX, desarrolla exponencialmente la capacidad expansiva del capital. El éxito de esta economía es inversamente proporcional a la salud de la naturaleza. La potenciación de sus fuerzas productivas es tan formidable que el capitalismo, fatalmente, deteriora su entorno natural a una velocidad mayor a su capacidad de regeneración. A estas alturas del desarrollo capitalista la Academia y las ciencias sociales encuentra como evidente lo que Marx, a mediados del siglo XIX, nos advirtió con tanta claridad. Y es esto, justamente, lo que resulta inverosímil que académicos como Pérez Bermúdez no lo noten, no lo vean, lo ignoren o lo oculten.

LA CRITICA DE MARX AL CAPITALISMO

            El humanismo marxista se desprende de sus concepciones económicas cuyo núcleo central consiste en denunciar, combatir y enseñarnos el camino para liberarnos de la explotación capitalista. La explotación capitalista es un conjunto de relaciones que van desde lo individual hasta lo social y que se resume, esencialmente, en la extracción de plusvalía al trabajador asalariado. Este núcleo dinámico de la organización social, dice Marx, tiene que saltar en añicos y ser sustituido por otro más equitativo. La crítica de Marx al capitalismo es inclusiva, no excluyente. La eliminación gradual de las clases sociales deviene en una sociedad igualitaria, en la cual el ser humano, conservando su individualidad, vivirá sin diferencias que no sean las biológicas y las que provienen de sus raíces culturales. De esa forma define lo que ahora llamamos la unidad en la diversidad. Esta crítica al capitalismo es el constructo teórico más general de Marx, apenas un instrumento para completar los estudios de las particularidades históricas que se analicen y sobre las cuales se quiera actuar. Esto porque el marxismo no es un método cerrado de análisis, sino abierto, capaz de ampliarse y enriquecerse.[ii]

            Tan formidable instrumento de análisis no ha podido ser ignorado ni por los más acérrimos enemigos de Marx, ni por la Academia conservadora de Occidente, ni por los organismos rectores de la economía mundial -como el FMI o el Banco Mundial- y ni tan siquiera por los gobiernos imperialistas del mundo, pero Alfredo Pérez Bermúdez lo hace olímpicamente en el articulito de marras. Marx ha sido borrado de la historia cultural de occidente por alguien que sostiene que si se puede construir una nueva realidad económico-social ignorando la gnoseología de las ciencias occidentales que ha dado lugar a nuestra civilización.

            Marx es la contraparte crítica de la epístome occidental, pero, como es lógico, es parte de ella. Con su lógica científica derrumba sus paradigmas y propone otros que se siguen sosteniendo en sus fundamentos, lo cual equivale a dar crédito a la premisa hegeliana de la cultura como una cadena infinita de conocimientos. No es posible concebir discontinuidades absolutas en los procesos culturales y, menos, en los sociales[iii] La invasión europea a América truncó el desarrollo autónomo de los pueblos Americanos, pero dio lugar a una realidad nueva y distinta, que nos puede gustar o no, pero que existe independientemente de nuestra voluntad. Claro que la lógica dominante ha sido la de los vencedores, pero que así sea no nos puede llevar a pensar como atilas culturales que, por dónde pasamos, sólo dejamos ruinas y destrucción, porque si así fuera, les tendríamos que dar la razón a los aristotélicos y platónicos que conciben la historia de manera circular, en la que todo se repite eternamente, cuando con Marx comprendimos que la historia se mueve en forma de espiral, uno de los puntos axiales de coincidencia de la dialéctica marxista con el pensamiento ancestral americano[iv]

            Sin la comprensión substancial de este asunto es fácil hacer propuestas que rayan en lo ridículo teórico-existencial, similar a esa gnoseología mágica propuesta por Carlos Castaneda[v] y de la cual, se entiende, se alimentan muchos ideólogos pachamamistas. Una epistemología sin historia, ni raíces comprobables, que deslumbra pero que deja intactos los problemas que se presentan en la naturaleza, la sociedad y el ser. Y no se puede aceptar esa seudo gnoseología si se tiene como objetivo mejorar este mundo mal hecho.

            No creo sea el caso de mi amigo Alfredo Pérez, porque en una parte de su texto se cura en salud al advertirnos que, siendo dos realidades paradigmáticas cognosentes distintas las del Buen Vivir y la del Sumak Kawsay, sólo podría relativizarse la distinción entre ambas si se “libera al paradigma andino de las prisiones del colonialismo histórico y moderno, potenciando nuestro patrimonio epistemológico…”  Pero el autor no atina a definir lo que entiende por “nuestro patrimonio epistemológico” sustituyendo esta carencia por un discurso ideológico-político tendente a alcanzar la liberación del Sumak Kawsay andino del Buen Vivir aristotélico, con lo cual no se avanza ni un centímetro en el problema de fondo que se supone es sentar las bases de una nueva civilización. Es que ese es un falso problema que ni científica, ni gnoseológica ni filosóficamente existe. No sé si consciente o inconscientemente el autor sostiene que “habrá que considerar que las sociedades/cultura de los Andes de Sudamérica, nos retrotraen a sistemas cognitivos relacionales de matriz cosmológica, que desembocan en prácticas de producción material y simbólica, ejerciendo comunitariedad e individualidad, libertad y emancipación frente a las ataduras de las conflictivas connotaciones del acervo constructivo de Occidente.[vi]” Palabrería que en el fondo quiere decir que las sociedades americanas de los Andes fueron modelos impresionantes de libertad y democracia, afirmación que sólo puede estar en el imaginario calenturiento de “pensadores” que niegan la sociología mágica de Carlos Castaneda pero pretenden impresionar con una gnoseología inexistente que está fuera de toda realidad. Los principios de correspondencia, reciprocidad, complementariedad y ciclicidad son aspectos que deduce el pensamiento teórico moderno para oponerlos a los de individualismo, democracia, autoritarismo y totalitarismo que prevalecen en las sociedades actuales y que están inspirados, por supuesto, en la vida frugal y sencilla que el escaso desarrollo de las fuerzas productivas hacía posible como única forma de vida en las sociedades pre colombinas. Decir que estos principios “son la convergencia de la epistemología compositiva del Sumak Kawsay” equivale a sostener, sin ningún viso de realidad, que en las sociedades andinas existió el paraíso terrenal.

            No es así o, por lo menos, no es posible demostrar este aserto. Marx nos habló de sociedades de “esclavitud generalizada” que nada tienen que ver con las sociedades que ahora el “pachamamismo” ingenuo imagina. El mismo Pérez Bermúdez se ve obligado a señalar que la propuesta de Sousa Santos de “anteponer a la epistemología del monoculturalismo hegemónico del norte, una epistemología del sur” no aclara “de cual epistemología se trata ni en qué región y sociedad se ha generado tal (sic) o cuales conocimientos y ciencias que esta supone”. Esto no es posible porque no existe. Lo que sí es posible es deducir, o imaginar, otras formas de vida que debieron haberse dado en sociedades en las cuales el lei motiv de la existencia no era la producción de valores de cambio por la sencilla razón de que no eran sociedades industrializadas. Así, hablar de nuestras raíces ancestrales no quiere decir anteponer la epistemología del Sumak Kawsay ancestral a la del Buen Vivir aristotélico, sino imaginar una nueva forma de vida inspirada en las sociedades pre colombinas para diseñar un mejor futuro, partiendo de aquello que de positivo nos ha dejado la epístome occidental, incluida la ideología marxista, porque, anteponer la una a la otra gnoseología equivaldría a pretender hundir la civilización occidental desde la disolución de la comunidad primitiva hasta el capitalismo corporativo actual, pasando por todas las experiencias pro socialistas o filo socialistas que existen hoy en el mundo, tarea no solo demencial, sino fuera del ámbito histórico posible. Para esta tarea (imaginar una nueva vida) hay que justipreciar el peso real del colonialismo económico y mental y aceptar, sin complejos, que somos resultado de la mezcla.

LO QUE HISTÓRICAMENTE SI ES POSIBLE

            Hace más de dos siglos que escuchamos indiferentes los alaridos del ser y la naturaleza. Fieles al pensamiento cartesiano seguimos creyendo que es el ruido normal que produce el funcionamiento de la maquinaria civilizatoria que nosotros mismos hemos creado, no unos, sino todos. Pero ya no es posible la indiferencia.

            Frente a la crisis generalizada de la civilización capitalista hay que levantar una propuesta de solución. Todas las alternativas de desarrollo han fracasado porque todas han tratado la misma enfermedad con diferentes remedios, “pero el cadáver, hay, siguió muriendo”, como dice el poeta[vii]. Lo dramático de la situación es que la humanidad, para sobrevivir, ha comenzado un proceso de autofagia que terminará hundiéndonos en el fin. Esta vez no volveremos a la vida, por lo menos como seres humanos. La tierra permanecerá y tardará millones de años en volver a su plenitud. Se trata, entonces, de pensar en serio, porque el fin no será una hecatombe colosal e instantánea, sino una muerte lenta, acompañada de inauditos sufrimientos. Nuestra generación todavía sabe del placer de servirse un vaso de agua pura, las futuras tendrán que matarse para adquirir uno de agua contaminada.

            ¿Qué es pensar en serio? Dar por superada la discusión sobre el desarrollo dentro de los marcos del actual sistema socio-económico. Liberalismo, neoliberalismo, keynesianismo, pos neoliberalismo y todas las corrientes existentes han sido aplicadas en la sociedad y ninguna ha podido paliar, siquiera, la crisis generalizada del sistema. Como bien señala el mismo Pérez Bermúdez: “El ingreso (el salario) y el consumo, per se, no conlleva la prosperidad o la felicidad de la gente, no obstante, los esfuerzos por darle un mejor sentido a la calidad de la vida en las sociedades occidentalizadas, recurriendo a aproximaciones diagnósticas que señalan las tendencias de la razón publica.” Dicho de otra forma, al sistema no le queda otro camino que meter con fórceps su noción de prosperidad en los moldes pre establecidos. Se maneja una versión falsa de la felicidad. Esta situación está siendo superada rápidamente por la necia realidad y obliga, políticamente, a los defensores del sistema, a implantar gobiernos autoritarios que, en su grado superior, se convertirán en tiranías fascistas.

            Como vemos, el autor de esta “disyuntiva teórica…” propone anteponer la gnoseología del Sumak Kawsay ancestral a la del Buen Vivir aristotélico, con lo cual, según él, mata dos pájaros de un tiro, el sistema y la crisis general del sistema. En otras palabras, si matamos al enfermo acabamos con la enfermedad. El detalle está en que un problema tan serio no tiene una solución tan simple. Veamos.

            No existe el presente sin un devenir histórico, las sociedades llegan a ser lo que son, no son, simplemente[viii]. El capitalismo comienza a surgir en el seno de la sociedad feudal en el mismo momento en que esa forma de producir no rinde lo suficiente para satisfacer las necesidades de toda la sociedad. Entonces sobreviene un cambio de época acompañado de grandes conflictos sociales y de poder que rompen el equilibrio y termina sólo  cuando se hunde para siempre el antiguo régimen. En la historia de occidente citaré dos grandes cambio de época, una la del cristianismo y otra la del siglo XVIII. En la primera se hunde la esclavitud y, en la segunda, el feudalismo. Dos siglos después del advenimiento del capitalismo hemos entrado en un nuevo cambio de época, esta vez  hacia un sistema de relaciones de producción colectivistas similares a las de la Comunidad Primitiva pero con un impresionante nivel de desarrollo científico-tecnológico que hará posible la distribución, primero equitativa y, después, igualitaria de la riqueza social[ix]. En el seno del capitalismo están listas las condiciones históricas para su superación. No es la voluntad de nadie, ni tan siquiera la misma crisis generalizada del sistema lo que propulsa el cambio hacia un nivel superior de desarrollo, son las condiciones históricas que determinan ya, con notable claridad, que lo que está arriba no puede seguirse sosteniendo y lo que está abajo está listo para el cambio. Este es el núcleo central del análisis teórico de la realidad contemporánea.

            ¿Qué tiene de particular este momento histórico que le hace diferente al del triunfo del socialismo en el siglo XX? El aporte que la noción del Sumak Kawsay ancestral hace a la teoría crítica de Marx, eso es lo que tiene de particular.

             La teoría crítica del marxismo, con base gnoseológica enraizada en la episteme occidental, se ve enriquecida con las nociones autóctonas de equilibrio dinámico, correspondencia, reciprocidad, complementariedad y ciclicidad de la forma de vida que tuvieron las sociedades precolombinas, lo cual significa estar en condiciones de crear el instrumento teórico apropiado para ayudarle a la Historia a parir la época nueva que tiene en su vientre, pero desde adentro, no desde afuera, no yuxtaponiendo lo ancestral a lo aristotélico porque eso es imposible, eso es una tarea que está fuera de la Historia, no utópica, sino absurda. Sólo después de lograrlo, podremos fundar una nueva epistemología que abarque al ser, a la sociedad y a la naturaleza, la episteme holística y sistémica que reclama nuestro amigo Pérez Bermúdez y que para él no asumirá formas concretas mientras no sea capaz de ver el elefante teórico del marxismo apostado en la mitad del camino que se ha propuesto recorrer. Un marxismo al cual hoy los intelectuales de la izquierda revolucionaria tenemos la oportunidad de enriquecer no sólo encontrando las coincidencias conceptuales con el Sumak Kawsay ancestral, sino añadiendo elementos teóricos que revitalicen  y actualicen algunos aspectos del método dialéctico legado por Marx y que, a casi dos siglos de su existencia, no ha podido ser rebatido por sus enemigos en su esencialidad crítica y combativa.

            En más de una ocasión criticamos la forma superficial y ligera que algunos intelectuales del correismo trataron el tema del Buen Vivir, asimilando el Sumak Kawsay ancestral al Buen Vivir aristotélico, creo que a ninguno de ellos le ha quedado ganas de insistir sobre este asunto. Hay ahora otros intelectuales, es el caso de Alfredo Pérez Bermúdez que, cargados de buenas intenciones, parece, se atreven a ponerlo sobre el tapete de la discusión, pero si en los primeros había una carga política malintencionada, no puede la inocencia teórica llevarnos por sendas equivocadas  Sean estas unas líneas iniciales de lo que creo puede ser un beneficioso debate en la búsqueda incesante de los instrumentos teóricos más apropiados para lograr la revolución transformadora que la humanidad y nuestros pueblos necesitan.

Mindo, 25-07-2018.

.

NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

[i] PEREZ BERMUDEZ, ALFREDO: Disyuntiva teórica del Buen Vivir: https://lalineadefuego.info/2018/07/18/disyuntiva-teorica-del-buen-vivir-por-alfredo-perez-bermudez/

[ii] Bellamy Foster, John: Marx: un pensador crítico abierto.

[iii] Ni en lo individual, ni en lo colectivo es posible imaginar algo sin antecedentes, o sin historia. Atahuallpa Oviedo, un autor citado por Pérez Bermúdez, así lo consigna: “En cualquier posición que cada uno elija, es obvio que lo hace –consciente o inconscientemente- desde una ontología en particular, la misma que maneja ciertas epistemologías o filosofías para asumir una forma de interpretación de la “realidad”. Por lo tanto, ninguna persona parte de cero o de la nada al interactuar en la vida, sino que responde desde ciertas lógicas, paradigmas y creencias aprendidas y asimiladas.”

[iv] Entre otros trabajos consúltese uno de mi autoría:

Oviedo Rueda, Jorge: Vindicación del revolucionario: https://lalineadefuego.info/2015/03/31/vindicacion-del-revolucionario-por-jorge-oviedo-rueda/

Otros: https://lalineadefuego.info/2014/12/16/es-necesaria-una-nueva-teoria-p

———–: https://lalineadefuego.info/2015/10/27/reformismo-neomarxismo-y-pensamiento-ancestral-por-jorge-oviedo-rueda/

[v] Castaneda, Carlos: Una realidad aparte, 1971

[vi] Una referencia seria a la sabiduría de los pueblos ancestrales es la de Josef Estermann, desarrollada en su libro Filosofía Andina, sabiduría indígena para un mundo nuevo, 2006 en el cual se reclama, entre otras cosas, reconocer al pensamiento indígena como una construcción filosófica en el contexto de la cultura occidental.

Véase también: Dussel, Enrique: Filosofía de la liberación, s/edit, Bogotá, 1980.

[vii] Vallejo, César: Poemas del alma

[viii] En un sentido aristotélico, la comunidad precede al individuo.

[ix] Cuando el poder político esté en manos de toda la sociedad y la apropiación de la riqueza social deje de ser privada. Véase: Oviedo Rueda, Jorge: Del Estado, la izquierda y la revolución en el Ecuador, 2015.

Publicado en Nuestra América Mestiza, Sin categoría | Etiquetado , , , , | 3 comentarios

EL REENCAUCHE DE LA IZQUIERDA

            Circula en el ambiente político ecuatoriano la idea de que la izquierda se debe reagrupar, esto es, la izquierda histórica: socialistas, comunistas, marxistas-leninistas, MPD, fracciones del MIR, Izquierda Cristiana, Liberación Nacional y demás hierbas zurdas. Reagruparse frente al fraccionamiento de Alianza País y la ofensiva neoconservadora encabezada por Lenin Moreno.

            Ahora que la amenaza derechista asoma las orejas esta izquierda se acuerda que tiene un membrete, mientras fue parte del proyecto reformista de Alianza País perdió la memoria, se invisibilizó y bajó los decibeles de su voz hasta casi desaparecer. Ahora que Correa anda en apuros, debido a sus garrafales errores, esta izquierda como que quiere tomar distancia.

            Tomar distancia del líder al que prestó y permitió que usara su discurso ideológico con el cual ganó más de una decena de contiendas electorales, del líder que les convenció de que transformarían el país, que les hizo imaginar un mundo nuevo, no es posible, salvo como un acto de traición y deslealtad. Eso es, justamente, lo que califica de traidor al actual jefe de Estado.

            Esa izquierda que se subió a la camioneta de Rafael fue pulverizada por ese proceso y mal puede pretender levantarse de las cenizas. Frente al pueblo se quedaron sin piso y no volverán jamás a mentir a las masas. Sobre sus espaldas cae ahora el peso de la culpa histórica de no haber enrumbado la errónea marcha del correismo, porque fueron el correismo y no pueden estar libres de culpa.

            Otra izquierda está naciendo en el Ecuador, sin pecado original, enraizada en nuestros ancestros, con nuevas propuestas. Todo es cuestión de tiempo porque la sentencia bíblica de que “los últimos serán los primeros”, se tendrá que cumplir.

La Hora: 25-07-2018

 

 

Publicado en EDITORIALES, Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

ALGO INDECENTE

 

Desde hace mucho tiempo vengo reclamando la decencia como imagen para la política ecuatoriana. Lejos de ser escuchado, parece que un duende de la maldad me quiere demostrar que eso no es posible y me mete por los ojos la imagen de la indecencia como norma de nuestro quehacer político cuotidiano. Ahora resulta que un tal Fernando Balda quiere ser presidente del Ecuador.

Que un campesino, que un obrero que moja con su sudor la máquina, que un intelectual, quieran serlo, se comprende, pero que un aventurero audaz y sin escrúpulos lo pretenda, es un acto de indecencia intolerable.

Puede ser cierto o mentira todo lo que se dice de Balda, inclusive que Correa pretendió secuestrarlo, pero que este señor quiera hacer de todo ese turbio andamiaje la plataforma para proponer su nombre a la presidencia de la república, me parece un acto insólito de atrevimiento.

Un político es alguien que hace propuestas, coherentes o descabelladas, no importa, que apuntan a resolver los grandes problemas de la patria, un político no es un don nadie que quiere llegar a la presidencia escupiéndole la cara a alguien que está por arriba de él. Este señor le está dando categoría presidencial a cualquier pelafustán que pase por programas como Laura de América o Caso Cerrado. Esto es lo más indecente.

Lo único que de él se sabe –y contado por su propia boca-, es que es admirador de Álvaro Uribe y su Centro Democrático. Ha dicho que un grupo de amigos secretos financiarán su campaña. Los organismos de sanidad pública deberían impedir esta afrenta. Nos está diciendo clarito que el narco poder lo financiará.

¿Cómo es posible que la gran prensa le siga llamando “político” a este aventurero?

Político es alguien que propone y, según se puede percibir, este señor sólo puede hacer propuestas indecentes.

La Hora: 18-07-2018

 

 

 

 

Publicado en EDITORIALES, Sin categoría | Etiquetado , , , , | 1 comentario

SER TIRANO

El Ecuador no ha vivido hechos traumáticos de caracter histórico como guerras brutales o dictaduras duras como las del Cono Sur o razias represivas como las que vivió el Brasil o El Salvador o Guatemala o la Nicaragua de Somosa o la Cuba de Fulgencio Batista. Después de García Moreno nos hemos enfrentado a dictablandas, como dice la ingeniosa expresión popular.

La «dictadura constitucional» de León Febres Cordero fue lo más grave que nos ha sucedido a los ecuatorianos. Con odio clasista el mandatario neoliberal ejecutó extra judicialmente a los militantes de Alfaro Vive. Arturo Jarrín, Basantes, Pepe Flores y otros fueron perseguidos y asesinados, sangre que el super macho de Febres Cordero pudo haber evitado. Fueron muertes luminosas pero que no golpearon la conciencia nacional en la dimensión que si lo hicieron las muertes de Pinochet o Videla en el sur.

El odio clasista acusa a Correa de dictador. No hay fundamento. Correa fue un bocón, no un dictador, un insultador que direccionaba su discurso a los responsables del atraso y la miseria del pueblo ecuatoriano y ni tan siquiera fue original, porque toda su batería verbal fue un plagio del discurso de la izquierda revolucionaria, pero pare de contar. La judicialización de la protesta social es su pecado más grave, hecho por el cual sus enemigos deberían aplaudirle y no condenarle. Comparado con México, el periodismo ecuatoriano le debe estar agradecido por haberle querido educar y no de haberlo asesinado, la prensa «libre e independiente» agradecida de no haberla perseguido y clausurado, la puta oligarquía de haber podido seguir haciendo sus negocios y no confiscada y obligada a devolver lo robado, los banqueros de haber podido seguir robando legalmente, los contrabandistas, los mercachifles de la educación, los policías y los militares, todos aquellos que tienen al pueblo postrado pidiendo caridad de seguir viviendo en su paraíso artificial. Dictador Correa, ¿por dónde?

La táctica de sobredimencionar el autoritarismo de Correa hasta convertirlo en dictadura, no sólo que es peligrosa y terriblemente irresponsable. Cualquier pelafustán puede sentirse con derecho a reclamarle de «hombre a hombre» a Correa y terminar matándole, con lo cual se levantaria tremenda polvareda en la nación y las cosas seguirán igual o peor.

Si se quiere juzgar a Correa que se lo haga frente a la Historia. Frente a la Historia Rafael Correa es el mejor presidente que la derecha ha tenido y el más grande fraude histórico para el pueblo. Es la oligarquía la que lo debe aplaudir, por haber hecho tanto por ella y es el pueblo el que lo tiene que juzgar, por haber hecho tan poco por él.

Cuado seamos capaces de ver las cosas desde esta óptica, saldremos de este círculo de odio esteril que amenaza con inundar de sangre a la nación.

Quito: 16-07-2018

Publicado en EL PAÍS QUE QUEREMOS, Sin categoría | Etiquetado , , , | 3 comentarios

NIÑOS SANOS

            Estos son tiempos incomprensibles en los que la lógica más elemental va siendo sustituida por otra, igualmente lógica, pero menos consistente.

            Por ejemplo, la lógica actual trata de convencernos de que la lactancia materna puede ser sustituida por la leche artificial. Se usa la ciencia para cambiar la lógica. Se nos dice que la leche artificial es necesaria, mejor e, inclusive, más conveniente. Los niños que con ella se amamanten se criarán sanos y fuertes.

            En el mundo moderno la ley que se impone es la del menor esfuerzo. La madre trabajadora ahora encuentra más fácil dar el biberón que el “chucho” a sus hijos. Y así se impone la falsa verdad de que la leche de laboratorio es mejor que la del seno materno.

            ¿Quiénes promueven esta lógica? Las grandes corporaciones capitalistas, en este caso fabricantes de la leche sustituta. Según un informe de la OMS esto es un negocio que mueve setenta mil millones de dólares al año. Algo similar a lo que sucede con las llamadas “drogas legales”.

            Pero la sustitución de la lógica natural por la artificial necesita de defensores. Uno de ellos es el gobierno norteamericano. En la última Asamblea General de la OMS realizada en Ginebra los yanquis se opusieron a una resolución en la que se aprobaba que la lactancia materna debía ser obligatoria hasta los seis meses de edad.

            Con amenazas de retaliaciones comerciales hicieron variar la opinión de muchos pequeños países, entre ellos Ecuador, para que se aprobara su propuesta de amamantar a los niños desde sus primeros días con leche artificial. Fue Rusia la que salvó la propuesta de la OMS.

            Ese es el poder de las grandes corporaciones capitalistas que no dudan en usar el chantaje o la fuerza para imponer el interés del lucro sobre el derecho a la vida.

La Hora: 11-07.2018

 

 

 

Publicado en EDITORIALES | Etiquetado , , , , | 1 comentario

¿SÓLO CAUDILLO MILITAR?

            La sociedad humana es liberal “oficialmente” desde la Revolución Francesa. Precursores como Smith, en lo económico y J. Locke, en lo político y el pensamiento del Siglo de las Luces fundan el liberalismo. Este pensamiento liquidó el absolutismo feudal y fue radical y revolucionario.

            La filosofía liberal trae un nuevo concepto de libertad, el de la libertad de empresa. Esta filosofía gira alrededor del individuo, le enseña a usar la razón y a confiar en sus posibilidades. Ser liberal es, entonces,  ser partidario de la libre empresa y confiar en las fuerzas de uno. El Estado liberal los tiene que garantizar.

            La independencia se hace bajo las premisas liberales. Ilustrados como Miranda y Bolívar sueñan con construir un gran Estado pro capitalista. Pero la independencia puso el poder político en manos de los terratenientes conservadores y no de las élites liberales. Es por esta razón que en nuestro continente se prolonga la noche colonial y que el liberalismo tiene que luchar a sangre y fuego, durante el siglo XIX, para triunfar. En su mayoría son caudillos militares, conceptualmente liberales, los que llevan adelante este proceso.

            Una golondrina del neoconservadurismo en el Ecuador, la economista Gabriela Calderón, nos sorprende ahora con la infundada novedad de que caudillos militares como Alfaro no fueron realmente liberales. Acusan a Correa de socialista y le niegan su definición liberal.

            Detrás de esta visión está la negación del derecho que el pueblo tiene a luchar por el socialismo, desconociendo de un tajo la dialéctica de la Historia y pretendiendo meterla en los moldes de sus intereses de clase.

La Hora: 04-07-2018

 

 

 

 

 

           

Publicado en EDITORIALES, Sin categoría | Etiquetado , , , , | 1 comentario

SER DE IZQUIERDA

            Para ser de izquierda no sólo es necesario estar de lado de los pobres. Cualquier cristiano de derecha también lo está. Tampoco es suficiente ser negro, indio o mestizo y ni tan siquiera ser pobre. Hay negros, indios, mestizos y pobres defensores del sistema en el que viven.

            Para ser de izquierda el primer requisito es tener clara conciencia de que se vive en un sistema socio-económico cuyo mecanismo organizacional es la desigualdad, no la diferencia. La desigualdad significa que las mayorías tengan que hacer ingentes sacrificios para sobrevivir mientras una minoría, estadísticamente insignificante, vive en la opulencia. Esto es desigualdad, no diferencia. Para tener conciencia no basta decir este orden es injusto, se necesita tener conciencia de la necesidad de cambiarlo. Entonces se es de izquierda.

            Claro que hoy ser de izquierda no es lo mismo que en el siglo de la Revolución Francesa y ni tan siquiera en relación al socialismo del siglo XX. La Revolución Francesa, el socialismo chino o soviético son las huellas dialécticas que el concepto ha dejado en su marcha para llegar a un presente en el que ser de izquierda significa saber que la naturaleza es un ser vivo con el que debemos vivir y no de quién debemos vivir. No es lo mismo vivir con un árbol que vivir del árbol, porque entonces nuestra vida duraría apenas la vida finita del árbol.

            La izquierda actual, a nivel mundial, está cooptada por los cantos de sirena de la socialdemocracia, lo que le viste con el traje engañoso de la  mentira. El capítulo latinoamericano del “progresismo” sirve sólo para reajustar los mecanismos del capitalismo corporativo mundial, monstruo devorador de la vida, al que hay que denunciar y combatir. Sin una clara conciencia de esto, jamás podremos ser de izquierda.

La Hora: 27-06-2018

 

 

Publicado en EDITORIALES, Sin categoría | Etiquetado , , , , | 1 comentario

SIN CORREA

            Después de Velasco Ibarra no ha habido en el Ecuador un líder que hipnotice a las masas como Rafael Correa Delgado. Me dirán que Jaime Roldós, pero en su caso, igual que en el de Velasco, manejaban un discurso de corte personalista, no ideológico. No es el caso de Correa, su discurso fue meticulosamente preparado en los laboratorios de la izquierda, es más, la izquierda boba le autorizó a usar su discurso convencida que, desde adentro, iban a poder imponer su agenda.

            Con ese discurso ganó todas las elecciones, incluida la de su sucesor. ¿Cómo es que la Academia, los analistas políticos, los sabelotodo no dan una explicación racional a este fenómeno? Es evidente que no lo explica la cara bonita de Correa, hay algo de fondo que, estando a la vista de todos, nadie lo quiere ver.

            Se trata del discurso. Copa las expectativas de la gente humilde, promete el mundo que no tienen, fustiga la pobreza, demuestra que se la puede superar y sostiene que tenemos un sistema perverso, incapaz de resolver sus problemas; pero también adula el revanchismo pequeñoburgués, estimula las aspiraciones de una clase media arribista y fustiga a los culpables señalándoles con nombres y apellidos.

            Es un discurso de clase que ataca los males estructurales de la sociedad imbricado con la corriente latinoamericana del progresismo. Eso es lo que hipnotiza a las masas, lo que tiene condumio, lo que es acertado y creador. Correa lo ha manejado magistralmente durante diez años, siendo, por su práctica política, un político de derecha.

            El sistema está sacando a Correa de la contienda política electoral, pero no podrá esfumar a los “borregos” correistas que necesitan dirección política más allá de los Patiño, las Aguiñaga y el mismo Correa. Es hora del pensamiento revolucionario.

La Hora: 20-06-2018

 

 

 

Publicado en EDITORIALES, Sin categoría | Etiquetado , , , | 1 comentario

LA FUERZA DE LOS “BORREGOS”

            Vamos directo al grano. Las certeras y largas explicaciones que mi  amigo, el doctor Diego Delgado Jara, ha hecho sobre la “maldad” del correismo son suficientes para demostrar que la década perdida ha sido, en efecto, tiempo perdido para los ecuatorianos. No es chisme, es verdad. Para muestra basta un botón: Correa no pudo jamás sacudirse el dogal de la deuda externa y, al final de su periodo, dejó al Ecuador más endeudado que sus antecesores. Eso está más claro que el agua y no necesitamos llover sobre lo mojado.

            Durante esta última década no nos hemos cansado de sostener que el gobierno de Correa ha sido, y con mucho, el mejor de los gobiernos que la derecha ha tenido. Se planteó correctamente dar fin a la trunca revolución liberal de Alfaro haciendo lo que la plutocracia liberal traicionera no hizo después de asesinar al Viejo Luchador. Con Correa se consolida el Estado Nacional que la revolución liberal inauguró,  por eso la red vial espectacular y toda la obra material que hizo el correismo se enmarca en ese proceso; pero ese proceso tenía marcados sus límites: no podía ir más allá de una tibia redistribución de la riqueza nacional, configurando, desde el fondo, un capitalismo de base popular. Todo lo que Correa hizo debieron haberlo hecho las élites después de la muerte de Alfaro, pero no lo hicieron. Apoyados en la “democracia” norteamericana tallaron un país elitista que, en esencia, mantenía las mismas características del viejo país colonial.

            A comienzos del siglo XXI era imposible triunfar políticamente con el viejo discurso social de estilo velasquista. Jalones históricos como la irrupción del movimiento indígena, las luchas del FUT en la década de los ochenta, el surgimiento de un pensamiento crítico que buscaba salir del marasmo académico oficial, entre otros aspectos, había abonado el terreno para que las masas entendieran y respaldaran un nuevo tipo de discurso. La partidocracia no podía calafatear más su derruida nave, carcomida por la feroz corrupción que pocos años antes había recurrido al salvataje bancario para seguir flotando. La izquierda tradicional estaba copada por dirigentes que buscaban destacarse en el tinglado político y no hacer la revolución. Seudo socialistas como León Roldós y Enrique Ayala Mora se amparaban en sus pergaminos para engatusar a las bases populares, “educándoles” en la idea de que una transformación radical no era posible. Este tipo de dirigente surgió en toda la izquierda histórica y son más responsables que la misma derecha de haber retenido el proceso de radicalización de la lucha popular.

            Es en este paisaje que aparece Rafael Correa Delgado. Demostrando la capacidad que nunca tuvieron los dirigentes de la izquierda tradicional, comienza a manejar un discurso no sólo anti oligárquico, sino radicalmente revolucionario. Con él confronta a la oligarquía, fustiga a los empresarios, pone contra la pared a algunos cadáveres políticos y, sobre todo, adula a los sectores populares que comienzan a ver en él al líder que habían estado esperando. Este es el meollo del asunto. Correa propuso una revolución, a la cual le dio el calificativo de ciudadana, para lo cual logró el apoyo de TODAS las fuerzas políticas y sociales del país que iban del centro a la izquierda. Gracias a ese apoyo Correa ha ganado más de diez elecciones populares y, si le dejan, volverá a ganar. Este es el meollo del asunto. Veamos.

LOS “BORREGOS” AL PODER

            Dejemos a un lado lo realizado por el correismo durante la década que ellos llaman “ganada” y la trucha oposición “perdida”. Centrémonos en las razones por las que del centro de notables hasta la rancia oligarquía odian a Correa.

            En orden de prioridad comencemos por la labor tributaria del correismo. No me interesan las cifras, me interesa el hecho de que Correa se atrevió a cobrar impuestos a los ricos. No hundió el bisturí hasta la raíz de esta metástasis, pero se atrevió. Respuesta, odio visceral de los deudores.

            Dos, fue capaz de confrontar a los medios de comunicación que representaron siempre los intereses dominantes. Aprobó una Ley y mandó al pueblo a limpiarse bendita sea la parte con sus periódicos. Creó un sector público de comunicación que trató, sin lograrlo, de ser una alternativa de calidad a la comunicación mercantil. Nadie en la Historia del Ecuador lo había hecho. Resultado: el odio repetido visceralmente a diario por radios, periódicos, revistas, canales de televisión, hojas volantes y hasta paredes de las letrinas públicas.

            Tres, se atrevió con la educación privada en su nivel más superficial como fueron las universidades de garaje e impulsó una educación pública cuyo objetivo planteado fue superar la educación privada. Esta reforma, aunque ni siquiera llegó a rasguñar el problema de la educación, concitó el odio de los mercachifles de la educación. Hasta académicos de renombre como el ibarreño Ayala Mora pusieron el grito en el cielo al ver amenazados sus privilegios. Otro frente desde el cuál se hizo tiro al blanco con Correa, a diario y con la pasta de los títulos académicos que, en nuestro país, funcionan como títulos nobiliarios.

            Puso los puntos sobre las íes en lo que a la seguridad social de las fuerzas armadas y policía se refiere. Tocar el bolsillo de los soldados fue una valentía histórica. De ese sector ha salido un odio amenazante y soterrado que ha mantenido la estabilidad democrática del Ecuador en vilo.

            Construyó una infraestructura eléctrica que les quitó de la boca el pastel a los oligarcas guayaquileños, sobre todo y les alzó la voz a Nebot y a todos los patrones del Ecuador, agrupándoles bajo el apelativo de “pelucones”, con lo cual estimuló el odio de los oligarcas y de una parte de la clase media aspirante a serlo.

            Y se tomó la justicia, hasta entonces coto cerrado de los sectores económicos y políticos poderosos del Ecuador. Ahí donde reinaba la voluntad, unas veces de recalcitrantes socialcristianos, otras de tibios socialdemócratas, de mojigatos democristianos y en fin, de lo más conspicuo de la “gente buena”, Correa impuso reglas y procedimientos que seguramente favorecían la consecución de sus objetivos, prevalido, con justísima razón, de que nunca la justicia ha sido ciega. El odio de los de arriba se generalizó, atacando cruelmente su atrevimiento.

            Y muchos otros detalles que concitaron el odio, por ejemplo, de un sector intelectual acomplejado que no supo nunca alcanzar el nivel del mandatario que se atrevía con cualquier tema, sean de este o del otro mundo. Correa fue capaz de imponer sus razones, a lo que el odio le dio el nombre de autoritarismo.

            No es este un análisis para evaluar la gestión del correismo. Lo hice semana a semana durante toda una década. Es para destacar un aspecto que, estando a la vista de todos, parece que nadie lo quiere ver: el apoyo popular a la figura de Rafael Correa. ¿Cuáles son las razones por las que Correa tiene respaldo popular? Las mismas por las cuales la oligarquía le odia, contesto, no tanto por lo que hizo -que fue lamentablemente superficial-, sino por lo que dijo y sigue diciendo en su discurso. Es un discurso de izquierda, el único capaz de dar triunfos electorales y concitar el odio de los sectores dominantes. Desde la política esto es lo más importante. Lo demuestran a cada momento líderes que surgen a lo largo y ancho de nuestro continente, como AMLO en México, Petro en Colombia, Lula, Cristina.

            Desde esta óptica, hoy en el Ecuador la única fuerza política peligrosa para los intereses oligárquicos es el correismo, pero con una diferencia cualitativa en relación al momento de su surgimiento y es que eso que la vesania oposicionista llama “borreguismo” es ahora una masa cualitativamente diferente, dicho de otra forma, es una masa que tiene claro que el objetivo de la política es el poder. Nunca antes en nuestra historia política hemos vivido un momento como este. Eso es obra de Correa, exclusivamente, en diez años de sabatinas, en diez años de haber trabajado sin descanso, de conducta ejemplar como político que sabe que al frente suyo tiene a un enemigo poderoso. Ahí la diferencia con un político mediocre, sin convicciones de lucha, como Lenin Moreno.

EL DESAFIO DEL CORREISMO

            El odio es el talento de los envidiosos. Con el exclusivo fin de dejar fuera de la carrera electoral a Correa Lenin Moreno convocó a una consulta popular. Eligió, a dedo, un CPCT que terminó nombrando a un Fiscal ad hoc para inculpar penalmente al ex mandatario. A estas alturas ya se consumó un magnicidio legal. Correa será impedido de ser candidato en el 2021 y probablemente nunca más.

¿Fin del correismo o comienzo de un correismo sin correa? Difícil borrar de la conciencia nacional un fenómeno político como el correismo. Sólo puede ser comparado con el liberalismo decimonónico, con su efecto ideológico en la conciencia de las masas. La diferencia está en que el Viejo Luchador conmocionó la conciencia colonial saturada de confesionismo y pujos aristocráticos y  Correa agarró la punta del ovillo de una conciencia de clase cuyo horizonte no es otro que la revolución y el socialismo. Las montoneras de Alfaro luchaban contra el clero y por la libre empresa, los ““borregos” correistas han comenzado a comprender que la lucha es por el poder y la transformación social del Ecuador. Los acontecimientos les harán comprender que también es por el socialismo.

            Yo creo que la Historia está llevando al correismo a un callejón cuya única salida es la revolución. No son los individuos los que hacen la Historia, son las masas, las clases sociales que van de abajo hacia arriba. La oligarquía tiene plena conciencia de clase, razón por la que trata de impedir –y lo hará a sangre y fuego de ser necesario- que las masas irredentas tomen conciencia. El odio es su punta de lanza y en ese vómito pestilente se embarran “inteligentes” periodistas, “destacados” intelectuales, “correctos” empresarios, “notables” vejetes que, con la partidocracia histórica ven, en la debilidad de carácter del licenciado cuántico, la oportunidad para volver a abrir la puerta de entrada a su mundo de siempre que la audacia de Correa se había atrevido a entrecerrar.

            Es esto lo que hay que rescatar del correismo, nada más. La corrupción de su entorno, los personajes que lo acompañaron, los oportunistas que de la noche a la mañana se pusieron el traje de la revolución, esa pequeño burguesía que hizo de la política cuchara, los seudo teóricos que propusieron el paraíso sin antes haber trazado el camino, los prepotentes del poder, los orgullosos, los que sin tener ni una idea en la cabeza se auto designaron conductores del pueblo y toda esa fauna de oportunistas que lucraron del proceso, tienen que hundirse con su cuántico traidor y ser enterrados para siempre en el olvido. Hay que partir del nivel de conciencia adquirido por los “borregos” correistas y avanzar a la revolución, más allá de su líder histórico y de la reforma progresista.

            Esta es la hora de los movimientos políticos chicos, de los que pueden dar dirección revolucionaria porque tienen ideología, de los que sin complejos comprenden la necesidad de estructurar un correismo sin Correa que gire más a la izquierda de lo que estuvo en su primera etapa y profundice el proceso.

            Ñucanchic Socialismo plantea la unidad de las pequeñas fuerzas revolucionarias para unirnos a la marcha de los “borregos” correistas, unidos pero diferenciados  en la lucha común por una Patria nueva.

Mindo: 16-06-2018

 

 

 

 

Publicado en Sin categoría, TEORIA POLITICA | Etiquetado , , , , , | 6 comentarios