SER AUQUISTA

Es exactamente lo contrario de ser pelucón, no sólo por lo que se viste, sino por lo que se piensa. Es encontrarles ricos a los llapingachos con chorizo, a las guatitas con cuchara y a los secos de la mama Miche, viajar en bus, vivir en La Tola, Chimbacalle, La Ecuatoriana o Chillogallo; comprarles a tus guaguas los zapatos del colegio en La Ipiales, nacer en el Hospital del Sur, hacer las “putas” colas del Seguro, estudiar en el patrón Mejía, cantar con El Más Querido, saberte de memoria todas las de JJ, bailar reggaetón y “perrear” donde se pueda; tomar norteño, irte en peregrinación al Quinche, vocear, todos los días en el aire de Quito, los mil productos que nos ayudan a sobrevivir; morirnos en el Pablo Arturo Suárez o en el Hospital del Seguro y enterrarnos en San Diego. Ser auquista es una mescolanza increíble de lo más rico, puro y auténtico de la quiteñidad.

Yo soy quiteño nacionalizado, no más, pero mi papá, a los tres años, me hizo probar las empanadas de morocho del Olímpico una tarde que jugaban el Aucas con la Liga. “Ya tu mama te bautizó en la iglesia” –me dijo-, “ahora yo te bautizo en nombre de papá Aucas.” Desde entonces mi corazón auuuulla de felicidad cada vez que sale El Ídolo a la cancha. En las buenas y en las malas -para nosotros los del pueblo, más malas que buenas-, siempre.

Pero ya estamos otra vez en la A. Que tiemble pelucolandia, liguistas, chullas, barcelonistas, que el ídolo del pueblo ha vuelto a las canchas.

Todavía no vamos a hacer la revolución -como a algunitos les gusta prometer-, a pesar de que sólo tenemos camiseta y corazón, pero fieles hasta la muerte gritaremos auuuténticamente: ¡Aucas, revolución, digo, Marañón o la guerra! ¡Hasta la victoria siempre! Patria o muerte ¡Venceremos!

JORGE OVIEDO RUEDA

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La Hora, 19, Nov., 2014, Quito

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¿POR QUÉ RAFAEL CORREA SEPULTÓ DEFINITIVAMENTE A “ESA IZQUIERDA”?

 

La primera campaña electoral de Rafael Correa puso en movimiento a todas las fuerzas de la izquierda ecuatoriana. Un joven economista, profesor de una de las universidades más elitistas del Ecuador, se proyectaba como un líder moderno con interesantes planteamientos. Una breve experiencia como Ministro de Economía en el gobierno de Alfredo Palacio le había dado, desde adentro, la perspectiva de los principales problemas del Ecuador. Educado en un colegio guayaquileño de clase media dice haberse formado en la Teología de la Liberación y la Doctrina Social de la Iglesia.[i] En más de una ocasión ha evidenciado cuanto han influido en él los ideales del escultismo, de cuyas filas fue partícipe en su adolescencia. Su estadía en Quito le permitió participar de algunos círculos de intelectuales y analistas económicos progresistas como el del Foro Ecuador en el que se discutía la problemática nacional. Integrantes de Jubileo 2000, una ONG dedicada a estudiar la problemática de la deuda externa, acudían a esos debates, entre los cuales cabe mencionar a Ricardo Patiño, que, en sus primeros pasos por la política, estuvo cerca del socialismo ecuatoriano.

Después de su experiencia en el Ministerio de Economía a Rafael Correa le quedó claro que debía encontrar la forma de ser candidato a la presidencia de la república. Le faltaba el instrumento. Los acontecimientos políticos suscitados en Quito durante el año 2005 dieron lugar al surgimiento del Movimiento PAÍS. Figuras cercanas a la izquierda interpretaron creativamente el momento político e iniciaron un proceso de concentración del movimiento ciudadano que había protagonizado la caída de Gutiérrez y, anteriormente, de Mahuad y Bucaram.

La izquierda tradicional era incapaz de tomar ninguna iniciativa. Carente de base orgánica y planteamientos programáticos propios, reclamaba para si la representación popular en un momento en que el pueblo rebasaba todo esquema. La convulsión política de ese momento convocaba a la imaginación, a la creatividad, a la audacia y al heroísmo. Ninguna de estas virtudes exhibía la izquierda tradicional, estaba paralizada, como una estatua de sal, sin saber qué hacer. Cuando Correa apareció como integrante de PAIS, (Patria Altiva I Soberana) se les prendió el foco del oportunismo y acudieron a la convocatoria de este nuevo grupo que surgía con la fuerza renovada de lo novedoso y creativo. Acudió toda la izquierda, sin excepción.[ii]

LAS TESIS “REVOLUCIONARIAS” DEL MOVIMIENTO PAIS

Vale la pena recordar las tesis iniciales de PAIS porque sobre ellas se construyó el fatal experimento político que ahora comienza a hacer agua por los cuatro costados. Fue a esas tesis que la izquierda ecuatoriana plegó de forma acrítica, sin beneficio de inventario, permitiendo que se cumpliera, en la práctica, ese “pequeñísimo detalle” que en política es el triunfo electoral. Esa izquierda todavía no sale de su asombro. Busca explicaciones en tesis peregrinas como la “traición” de Rafael Correa, con el único pretexto de seguir ocultando su incapacidad rayana en la bobería.

“Las tesis de Movimiento PAIS se pueden resumir en tres ideas centrales” -dice Gustavo Larrea-: “todos y todas, como ciudadanos, tienen la responsabilidad de revolucionar su país; todos los ciudadanos y las ciudadanas deben luchar por una patria solidaria… y, la ciudadanía es y debe ser el actor del cambio en el Ecuador[iii] “Frente a la deslegitimación de la clase política –que no representaba a nadie excepto a si misma-, decidimos ponerle el nombre de Revolución Ciudadana, de ciudadanos indignados[iv] “…la “Revolución Ciudadana” no es únicamente un lema de campaña electoral, sino una concepción política que se fue forjando desde tiempos atrás, como ruptura con las tesis tradicionales de la izquierda.”, sostiene Larrea.[v] “El Movimiento PAIS recoge la esencia del movimiento forajido: no más engaños, no más los mismos de siempre, no más pactos ocultos.”[vi] “Al entender a la ciudadanía como actor, se reconoce la diversidad de representantes sociales y se permite a todos y todas ser partícipes del proceso de transformación social, económica, política y cultural. El objetivo trazado fue constituir a Movimiento PAIS como actor político, con opción real de poder, con una candidatura viable.”[vii]

No era la izquierda ecuatoriana la que recogía la siembra del movimiento popular, el “acumulado histórico” de la protesta, era una instancia política creada por un grupo de intelectuales, tecnócratas, dirigentes de clase media, algunos dirigentes políticos de centro izquierda que captaban con mayor lucidez el momento político que vivía el país. Ninguno de ellos había militado jamás en la izquierda revolucionaria y, apenas tenían al marxismo como parte de su cultura, jamás como una doctrina rectora de su conducta política.[viii]

Fue esta plana mayor la que tomó la iniciativa de llamar a las fuerzas de izquierda constituidas, a los movimientos sociales y a los intelectuales no orgánicos de izquierda para “marchar hacia el poder”. Como hemos dicho, la respuesta fue inmediata: la “izquierda histórica”, encabezada por el PSE-Frente-Amplio, asistió; los grupos más radicales encabezados por AVC, también y, los intelectuales de izquierda simbolizados en Xavier Ponce, igual.

Cuando en el 2006 se inició la campaña electoral el entusiasmo triunfalista de este grupo propuso a la nación un documento al que titularon Los Cinco Ejes Programáticos de Alianza País. Un escueto documento que parecía haber sido hecho para competir por un gobierno municipal. El márquetin comenzó a elevar la figura de Rafael Correa a posiciones estelares.[ix] Al cabo de la contienda el triunfo fue para el nuevo líder. Y este es el punto.

LA IZQUIERDA “BOBA” SEPULTADA PARA SIEMPRE

¿Cómo una izquierda de tanta trayectoria histórica, de “ideología marxista” y no sé cuántos títulos más, plegó sin condiciones a un Movimiento nuevo, con nada que se parezca a un programa y sin fundamentos ideológicos? ¿Cómo los ex guerrilleros del AVC, cuya sangre derramada les convertía en el más alto ejemplo de lucha social en el Ecuador, cayeron desmayados en brazos de este casi improvisado Movimiento? ¿Cómo intelectuales que siempre escribieron con la mano izquierda, lo dejaron todo y se fueron tras Rafael Correa? ¿Cómo los Movimientos sociales, encabezados por la CONAIE, lo hicieron?[x]

La izquierda ecuatoriana en su conjunto, intelectuales orgánicos o no, junto a los movimientos sociales dirigidos o influenciados por ella, no tuvieron que hacer muchas consideraciones ante la propuesta de estos nuevos salvadores de la Patria, porque coincidían con su visión y concepciones; coincidían, incluso, en su falta de concepciones; era la izquierda reformista que, durante décadas, había estado esperando la llegada de su salvador.

Esa izquierda histórica, seudo marxista, seudo socialista, seudo comunista, seudo revolucionaria y colosalmente oportunista es la que le dio fibra y músculo a la candidatura de Rafael Correa; ella permitió que su nuevo “líder” se apropiara de su discurso y hasta de sus símbolos, aceptando implícita y explícitamente que sus tesis estaban equivocadas, como dice Larrea. Los dirigentes de PAIS y sus aliados saben que el concepto de “ciudadanía”, sin los referentes de las tesis de izquierda, sin su utopía, sin sus sueños, sin sus símbolos, sin sus ideólogos, inclusive, no es una categoría real, apenas una entelequia vacía que no puede ir más allá de la indignación. A esa categoría vacía, la Revolución Ciudadana le llenó con las ideas de la izquierda.

Así, pues, la campaña electoral del 2006 se hizo con las tesis de la izquierda, el acumulado histórico de la lucha de los movimientos sociales y el liderazgo de Rafael Correa, contra una “partidocracia” que había saqueado la nación y engordado en la corrupción. Esa izquierda, la izquierda histórica reformista, se embarcó en la propuesta electoral de Alianza PAIS, aceptando todas sus condiciones. Ochenta años demoró en encontrar su molde definitivo, con la molesta sensación de que, a pesar de su abolengo, sus títulos y trayectoria, se veía obligada a ceder la iniciativa a estos improvisados del Movimiento PAIS y su líder Rafael Correa.

PERO “ESA IZQUIERDA” TENIA UN AS BAJO LA MANGA

Pero ella tenía un as bajo la manga. Su esencia electoralista le hacía pensar que lo importante era ganar las elecciones. Por eso lo apostaron todo a Correa y su proyecto. Si llegamos, desde adentro podremos disputar el gobierno, nosotros tenemos la ideología, los cuadros y, también, la organización -pensaban. Al pensar de esa manera, esa izquierda estaba cavando su propia tumba. La táctica del camuflaje le había dado éxitos parciales a lo largo de su historia, pero ahora se trataba del poder político. Los intereses en este nivel son tan concretos como una roca basáltica, nada de espejismos. Pronto se dieron cuenta que Rafael Correa era suave por fuera y duro por dentro.

Se bajaron de esa nube cuando en el 2007, al inaugurar la Asamblea Constituyente, Correa lo dijo claramente: “los que vinieron con agendas propias se equivocaron.” Ya era demasiado tarde. Habían contribuido, con todo su entusiasmo, sus recursos ideológicos y su discurso al triunfo electoral del más hábil líder reformista de todos los tiempos, y, pronto entendieron que la teoría del “gobierno en disputa” era tan falsa como el cuento de Caperucita Roja. No era esta la primera vez que le pasaba lo mismo a la vieja izquierda reformista, de ahí que se justifica su marbete de “boba”.[xi]

Pero, ¿para qué la “izquierda boba” quería disputar el poder a los correistas?, ¿para radicalizar la revolución ciudadana?, ¿para dinamitar el Estado burgués?, ¿para construir otra democracia? Nada de eso, para hacer lo mismo que Correa, pero con otro “estilo”.

No toda la “izquierda boba”, seamos precisos, ahora los comunistas y los socialistas renegados, los ex miristas y los ex guerrilleros y toda esa fauna oportunista aceptan su destino y se han quedado adentro para empujar el proyecto demo-burgués de Correa; los socialistas “patiamarillos” han abandonado el barco y ahora se dicen Socialistas Revolucionarios, lo que sólo nos puede causar risa. Los “resentidos”, con Alberto Acosta a la cabeza, sostienen que Correa les traicionó y no les dejó hacer el “país que querían” y al stalinismo emepedista Correa lo descuartizó sin compasión. A todos les invitó, primero, a ser parte de su proyecto. A los que se negaron, después de haber comido en su mesa, los desenmascaró y los enterró para siempre. Dentro o fuera, esa izquierda ya no existe, porque su proyecto es ahora propiedad de la Revolución Ciudadana. La que no está muerta, está agonizando.

LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA

Este análisis puede hacernos pensar que no había en el Ecuador una verdadera izquierda revolucionaria. Nada puede ser más equivocado.

El germen primigenio de las concepciones nacionales y revolucionarias nació con la izquierda en el acto fundacional del PSE, en 1926. Esa semilla ha ido eclosionando progresivamente, desde entonces.

Dijo presente, por primera vez, al saldar cuentas con la corriente comunista en 1931 y negarse, ideológica y políticamente, a convertirse en un partido consular del PC ruso. Leonardo Muñoz dice que quienes formaban esa fracción querían que se aplicara el marxismo a la realidad ecuatoriana.[xii] Nombres como el de Leonardo Muñoz, Enrique Terán o José Alfredo Llerena enarbolaron, en su momento, el estandarte del socialismo nacional y revolucionario. Sin embargo, durante la década de los años treinta, muchas de estas figuras sirvieron como soporte electoral del PSE.[xiii] Una vez más las tareas ideológicas de pensar la realidad nacional se vieron superadas por los intereses electoreros y parlamentarios. No es que no existía un pensamiento nacional y revolucionario en el seno de la izquierda ecuatoriana, sólo que cedía a una dirección reformista y volvía a replegarse para defenderse y seguir madurando.

La inestabilidad política en el Ecuador de los años treinta culminó con la fraudulenta elección de Carlos Alberto Arroyo del Rio en 1940. Rodas dice que la lucha de la izquierda en estos años giró alrededor de dos ejes: “mayor democratización del país…y búsqueda de una mejor distribución de los ingresos.”[xiv] Ese socialismo oficial hacía esfuerzos para competir con las tesis de los partidos de la oligarquía, proponiendo a la nación un listado de medidas coyunturales y no un alcance programático proyectivo que delinease un nuevo tipo de sociedad, discutiera el tema del poder y tomara posición sobre la naturaleza del Estado, como era de esperarse de un partido de izquierda. Que no haya existido una clase obrera numerosa y definida, no justifica que la izquierda en el Ecuador no haya tenido un pensamiento revolucionario porque en eso consistía, precisamente, la aplicación creadora de la teoría política marxista alejada de las tesis oficiales del pensamiento comunista internacional. El reformismo de hoy trata de justificar el reformismo de ayer. El peso de la clase media en las filas de la izquierda, en cambio, si explica que la casi totalidad de sus dirigentes hayan provenido de este sector, así como el legalismo de su accionar y el arribismo medular que la caracterizó.

En 1941 el Perú invade nuestro territorio y se nos obliga a los ecuatorianos a firmar el Protocolo de Rio de Janeiro. Arroyo del Rio maneja con mano dura la nación en un momento en que crece la visibilización de los trabajadores y su protesta ante la crisis general que reina en la nación. En 1942 surgió la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador, en 1943 se convocó un Congreso Obrero, en el 44 se fundó la CTE, surgieron frentes antifascistas y, en el sector indígena, se fundó la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI). En la sociedad crecía el descontento contra Arroyo del Río y, cada vez se hacía más claro que debía dejar el poder. La oposición era total, pero quienes más activaban en contra del mandatario liberal eran las fuerzas de izquierda, PSE y PC.

Si bien es cierto que la efervescencia popular estaba agitada por la izquierda no se puede decir que tenía una deriva de izquierda, era el velasquismo y su líder el polo imantado que atraía las fuerzas de la oposición a Arroyo del Rio. Acción Democrática Ecuatoriana, ADE, se conformó con fuerzas políticas de todo signo: liberales, conservadores, independientes, socialistas, comunistas, bonifacistas y, sobre todo, partidarios del “Gran Ausente”, que, desde Colombia, esperaba los acontecimientos.

Una insurrección militar en el puerto principal dio al traste con la dictadura liberal de Arroyo, después de lo cual, en el seno de ADE, los terratenientes serranos, con el apoyo de socialistas y comunistas, propusieron el nombre de Velasco Ibarra. El líder, que sentía “latir su corazón a la izquierda”, cuando llegó, conformó un gobierno de derecha y, como premio consuelo, integró a algunos militantes de la izquierda a su gobierno. Toda la acción heroica de las masas a nivel nacional terminó en manos de la oligarquía que vio en Velasco el caudillo preciso para neutralizarlas.

La Constitución de 1945 fue el premio mayor de la “revolución gloriosa” del 44. Había fervor popular, el pueblo estaba movilizado, las fuerzas políticas tradicionales cuestionadas y asustadas por el despertar de las masas. Precisamente por la presión popular que comenzaba a desbordarse Velasco se proclamó dictador y entregó la revolución a la oligarquía. La más progresista Constitución del Ecuador duró apenas un año, después de la cual vino la “restauración conservadora” expresada en la Constitución de 1946, la represión velasquista y la frustración popular.

Esa izquierda no supo canalizar adecuadamente la lucha del pueblo. Todos los errores cometidos pueden ser atribuidos a las debilidades ideológicas de una dirección de clase media con pujos aristocráticos que no tenía visión de poder, que carecía de líderes populares, que repetía una doctrina y no era capaz de pensar su realidad; una dirección que se dejaba someter por la Historia y que no era capaz de corregirla. Con cierto pudor Rodas dice que después de la Gloriosa, socialistas y comunistas se volvieron “espectadores del reordenamiento del poder”[xv]… conservador.

Pero las jornadas de lucha popular de la “revolución gloriosa” de 1944 calaron hondo en la conciencia popular. La intelectualidad más lúcida de la izquierda asimiló la experiencia y siguió su incansable búsqueda. Los sectores electoreros y tradicionales de la izquierda se acomodaron bajo la sombra del gamonal pro norteamericano Galo Plaza Lasso. Alejandro Moreano[xvi] dice que, a partir de la “gloriosa”, la izquierda del Partido Socialista comenzó a plantear la tesis de la revolución socialista. A raíz de esas jornadas de lucha la búsqueda heroica de nuevas tesis enraizadas en nuestra realidad, comenzaban a cuajar en una teoría diferenciada de las concepciones oficiales del stalinismo internacional.

América Latina y el mundo fueron sorprendidos al finalizar la década de los años cincuenta con el triunfo de la Revolución Cubana. Ninguna de las fuerzas de la izquierda tradicional tuvieron nada que ver con este hecho histórico, por el contrario, la revolución cubana se hizo a pesar de lo que decían los cánones internacionales del pensamiento comunista. Una “revolución dentro de la revolución” se dijo, para contrastar las tesis oficiales de los Frentes populares, las alianzas de clase y las tareas “demo-burguesas” de la izquierda. América Latina y el Ecuador, dentro de ella, vivían una profundización cruel de la crisis general del capitalismo dependiente.

Esas luces nuevas del pensamiento revolucionario que emanaban del triunfo cubano, captaban, como en una antena, lo mejor del pensamiento de la izquierda anterior al mismo. La corriente nacional, revolucionaria y creadora del socialismo ecuatoriano, se sintonizó de inmediato con ellas. Junto a la experiencia cercana de la “gloriosa” constituyeron la materia prima histórica inmediata con la cual, en 1963, se fundó el Partido Socialista Revolucionario Ecuatoriano. No por casualidad la intelectualidad comprometida con la lucha popular del 44 -a cuya cabeza se encontraba Manuel Agustín Aguirre-, concurrió a su fundación.

Ese Socialismo Revolucionario, después de casi dos décadas de lucha, llegó debilitado orgánicamente a su XXXV Congreso (1981), en el cual, la fracción electoralista vuelve a tomar las riendas del, hasta entonces, Partido Socialista Revolucionario. A nombre de la “restauración socialista”, la dirección de Víctor Granda, Enrique Ayala, Manuel Salgado, Hernán Rivadeneira, Germán Rodas y otros fueron asfixiando sistemáticamente al Socialismo Revolucionario y sustituyendo sus tesis orgánico-políticas por las del reformismo socialista que terminó, como hemos visto en líneas anteriores, en brazos de Rafael Correa Delgado. Es un cuento mañoso sostener que el SR se tomó el PSE. La tesis del “partido de masas” les pinta de cuerpo entero.

En el 44 Congreso del PSE, al cabo de la Dirección de Diego Delgado, esa corriente revolucionaria perdió las elecciones para la Secretaria General por apenas 46 votos.[xvii] Desde entonces, el electoralismo copó la acción del partido y la corriente revolucionaria, alejada de las estructuras partidarias, dispersa también, se ha dedicado a seguir reflexionando sobre nuestra realidad, sobre nuestros problemas, rescatando el espíritu de sus orígenes.

Ese pensamiento hoy cree que es necesario una nueva teoría para seguir soñando con una nueva realidad. Como lo explicaremos en una próxima entrega.

Escrito para La Línea de fuego, 13/noviembre/2014, Quito.


[i] Véase: Estado y comunes: La vía ecuatoriana, entrevista a Rafael Correa, No. 1, Semestre 1, IAEN, Quito, 2013, pg. 193.

[ii] Véase: Larrea, Gustavo: Revolución Ciudadana, Planeta, Ecuador, Quito, 2009, pgs. 31 y 32.

[iii] Ibídem. Pg. 21.

[iv] Rev. Estado y comunes: La vía ecuatoriana, entrevista a Rafael Correa, pg. 194

[v] Larrea, Gustavo: pg. 20.

[vi] Ibídem. Pg.27

[vii] Ibídem. Pg. 29.

[viii] Aquí una lista de quienes dieron el primer impulso al movimiento PAIS: Fander Falconí, Ricardo Patiño, Alberto Acosta, Bety Amores, Patricio Carrión, Rafael Correa, Manuela Gallegos, Raúl Carrión, Diego Landázuri, Eduardo Paredes, Gustavo Larrea, Vinicio Alvarado, Lenin Moreno, Patricio Chávez, Juan Carlos Toledo, Maria Sol Corral.

A ojos vista, ninguno de ellos era “sospechoso” de ser revolucionario. De tres puedo dar testimoni por haberlos conocido personalmente: Ricardo Patiño, pésimo aprendiz de socialista; Eduardo Paredes, tartufo obediente de quiénes están en el poder; Lenin Moreno, un entusiasta demócrata, nada más.

[ix] El mismo Gustavo Larrea lo consigna en su utilísimo libro: Revolución Ciudadana: “La Dirección Nacional y el buró de campaña estaban conscientes de la importancia que tiene en un proceso político contar con un liderazgo claro y fuerte. Resolvimos que ese liderazgo debía ser asumido por Rafael Correa…”, pg. 35. Quiere decir que ellos mismos decidieron hacer de Correa un líder “claro y fuerte.” Entonces, ¿de qué se quejan ahora?

[x] Pablo Dávalos enfoca este problema de otra manera: él dice que Correa se sumó al movimiento indígena, cuando en realidad el movimiento indígena respaldó la propuesta de PAIS, que no es lo mismo. El enfoque de Dávalos cierra los ojos ante los errores y justifica una conducta política equivocada; el segundo convoca a la necesaria autocrítica, único camino para crecer. Véase: Dávalos Pablo: Alianza País o la reinvención del poder, Eds. Desde Abajo, Bogotá, 2014, pg. 202 y ss.

[xi] Germán Rodas se esfuerza por quitarle a esa izquierda arrepentida -de la que es parte-, el remoquete de “boba” acusando a los partidarios de Correa de “vivísimos”. Lo que se niega a reconocer es que “bobos” y “vivísimos” son responsables del primer triunfo electoral de Rafael Correa. Que los socialistas “amarillos” ahora estén fuera del gobierno no les exime de culpa ni les convierte en revolucionarios.

Estos son los temas de la polémica que Rodas reclama “de la izquierda, para la izquierda y dentro de la izquierda.” Los Socialistas Revolucionarios auténticos hemos estado esperando ese debate toda la vida. Véase: Germán Rodas e Iván Cevallos Miranda: ¿Hay una izquierda infantil y boba? En: Revista Opción Socialista, No. 43, Quito, 2013.

[xii] Véase: Varios autores: El 15 de noviembre de 1922 y la fundación del socialismo relatado por sus protagonistas, Corporación Editora Nacional, Quito, 1982, T. I. pg. 115 y ss.

[xiii] En 1934 el PSE candidatizó a la Presidencia de la República al doctor Carlos Zambrano Orejuela.

[xiv] Rodas, Germán: Op.cit. pg.41.

[xv] Op.cit. pg.57.

[xvi] Véase: Moreano, Alejandro: Capitalismo y lucha de clases en el Ecuador de la primera mitad del siglo XX. En: Ecuador, pasado y presente, Edit Universitaria, 1976, Quito.

[xvii] El candidato a la Secretaria General del PSE fui yo en oposición a Víctor Granda y tuve que luchar a brazo partido inclusive para que la corriente electoralista reconociera mi condición de militante del PSE, porque decían, yo era miembro del SR y no del PSE. Con delegaciones amañadas, principalmente las de Manabí, Pichincha y Esmeraldas, Víctor Granda volvió a la Secretaria General por 196 votos en contra de los 150 que yo obtuve. Por arte de birlibirloque los “amarillos” hacen desaparecer esta posición, con lo cual se engañan a sí mismos y a las actuales generaciones de socialistas.

 

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POR QUÉ ES NECESARIO UNA NUEVA IZQUIERDA EN EL ECUADOR

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Tres razones explican esta necesidad:

1. La izquierda en el Ecuador ha fracasado sistemáticamente

2. Correa enterró a “esa izquierda”.

3. Es necesaria una nueva teoría para soñar una nueva realidad.

Analicemos cada uno de ellos.

1. LA IZQUIERDA EN EL ECUADOR HA FRACASADO SISTEMÁTICAMENTE.

Hace ochenta y ocho años se fundó el Partido Socialista Ecuatoriano (PSE). En su fundación convergieron intelectuales de prestigio, sectores medios y trabajadores. Los que tomaron las riendas de la dirección política e ideológica del nuevo partido fueron los intelectuales. El primer documento programático aprobado en la jornada fundacional dejó sin definición categórica el importante tema de la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción, pese a haberse definido marxista.

Intelectuales como Jorge Carrera Andrade, terratenientes como el coronel Juan Manuel Lasso o miembros de la bancocracia como Luis Napoleón Dillon mal podían entender el marxismo como una guía para la acción revolucionaria, apenas lo entendieron como una doctrina ética que debía disputar, en el marco de la legalidad, el favor de los sectores populares emergentes. Este pecado original la izquierda ecuatoriana (PSE y PC) lo arrastró hasta el advenimiento del régimen reformista de Rafael Correa, como veremos.

Después de su fundación el PSE se enfrascó más en la disputa interna con la corriente comunista que en la reflexión y elaboración de planteamientos programáticos verdaderamente creadores que lo distinguieran de la izquierda mundial y latinoamericana, en un momento en que Mariátegui, en el Perú, comenzaba a pensar con cabeza propia. Se ha dicho que la razón principal de la división del PSE fue la existencia de un ala filo comunista; cierto que esto influyó, pero este enfoque desmerece la existencia de un sector de raigambre nacional que trataba de afianzarse en la identificación y solución de nuestros problemas. Ese socialismo nacional y revolucionario ha sido, desde entonces, atacado por el comunismo y ahogado, sin contemplaciones, por todos los matices del socialismo “patiamarillo” surgidos en los últimos ochenta y ocho años.

La izquierda ecuatoriana, desde la década de los años treinta, viene participando en los procesos electorales. En cerca de un siglo nunca puso en peligro la legalidad burguesa, jamás triunfó electoralmente. Sí fue objeto mostrenco en regímenes oligárquicos como el de Galo Plaza Lasso y el del mismo Velasco Ibarra y, como negarlo, tuvo destacada participación parlamentaria en varios períodos, así como figuras individuales del arte y la cultura que le dieron lustre; pero la lucha política por el poder, siempre la perdió.

La disputa electoral por el apoyo popular nunca la ganó, jamás descifró con éxito su rivalidad con el caudillismo velasquista, por ejemplo. Las masas que apoyaron el velasquismo fueron consideradas, por esa izquierda, de segundo orden, casi un subproducto del capitalismo dependiente, en la errónea idea de que en países como el nuestro el sujeto revolucionario era el proletariado. Sentados a la vera del camino vociferaban contra el sistema, sin darse cuenta que la “chusma” velasquista estaba siendo manipulada por la oligarquía para reafirmar su dominación.

Esa izquierda era experta en justificar “teóricamente” su fracaso. Plagada de figuras notables, intelectuales destacados, doctores y sabelotodo, copaba el escenario intelectual y político y relegaba, a planos secundarios, las posiciones de raigambre nacional y revolucionaria que en él existían. El stalinismo absorbente, pese a que actuaba sobre las estructuras comunistas, terminó contaminando también al socialismo ecuatoriano, con lo cual, casi se anularon en sus filas los arrestos “heroicos y creadores” de esa mínima fracción nacionalista.

¿Por qué la izquierda ecuatoriana actuaba de esa manera?

La extracción clasista de sus dirigentes es una de las principales razones, el doctrinarismo rampante es otra y, como consecuencia, la incapacidad crónica de elaborar un programa representativo de los intereses del pueblo. Esa izquierda se conformó con adscribirse a las posiciones “progresistas” más avanzadas, nunca de definir una posición programática anticapitalista y revolucionaria, como le correspondía. Fue una izquierda conceptualmente reformista cuyo accionar se circunscribía a un nivel ético-político, confrontativo en el discurso con las distintas fracciones de la derecha oligárquica. Nunca sus propuestas pusieron en peligro el poder de las clases dominantes y, cuando el pueblo presionó para hacerlo, no supo responder con eficacia revolucionaria, como sucedió en la llamada “revolución gloriosa” del 44, o en el período de la “partidocracia” o de la revolución ciudadana.

En lo que al PSE se refiere, en la década de los años sesenta (1963), se fundó el Partido Socialista Revolucionario, de la mano del doctor Manuel Agustín Aguirre. Treinta y siete años después de su fundación, el ala del socialismo nacional y revolucionario se constituía orgánica y políticamente como un partido diferenciado de la corriente electoralista y legal. Se definió como marxista-leninista, de profunda raíz nacional y opuesto a la concepción comunista de la revolución democrático-burguesa. Sostuvo que la revolución en el Ecuador tenía que ser socialista o no había revolución.

Soplaban los vientos de la revolución cubana y el pensamiento de Fidel Castro y el Che Guevara caía en la tierra fértil del pueblo explotado. “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución” decían los barbudos guerrilleros de Sierra Maestra. El SRE trató de estar a la altura de las circunstancias histórica, pero, a pesar de sus heroicos esfuerzos, nada concreto pudo hacer.

En 1978 el PSRE se integró al FADI en un esfuerzo desesperado por salir del aislamiento político en el que había caído. En el FADI el Socialismo Revolucionario hacía esfuerzos para coexistir con el comunismo reformista, pero nunca se consolidó esa alianza. Dentro de la izquierda era una unión contra natura que sólo llegaría a hacerse realidad años más tarde, cuando la fracción reformista del Partido Socialista liquidó, textualmente, al socialismo revolucionario. Entonces se planteó, no sólo una unidad, sino la fusión de las estructuras.

La participación electoral de la “izquierda unida” en el FADI volvió a fracasar. El regreso a la democracia fue consolidando las posiciones reformistas al interior de la izquierda ecuatoriana que ahora, libre de las dictaduras militares de la década de los setenta, consideraba en serio su participación electoral en la política nacional.

El FADI, por su cuenta, y el PSE, ya legalizado, participaron en las elecciones de 1984. El PSE candidatizó a Manuel Salgado Tamayo. El resultado fue un nuevo fracaso electoral que la veta reformista y electoralista -que ya actuaba nuevamente al interior del PSE- hace ver a Enrique Ayala con marcado entusiasmo. “Desde entonces” –dice- “quedó planteada la alternativa…” (electoral. N.A.) Dos años después llevó ocho legisladores al parlamento. La corriente reformista no cabía de dicha, como el mismo Ayala lo demuestra: “este es, sin duda” –dice- “un triunfo electoral enorme y significativo.”[i]

Prevalidos de que la contienda electoral lo era todo en el accionar político de la izquierda, en 1988 el PSE hizo un pacto con el APRE para candidatizar a Frank Vargas Pasos en binomio con Enrique Ayala Mora. Los resultados fueron, una vez más, catastróficos; pero en estos antecedentes están las raíces del liquidacionismo impulsado por esos dirigentes socialistas. Ellos resumirán, en sus posiciones, todo el acumulado histórico del amarillismo socialista al haber liquidado, orgánica e ideológicamente, al socialismo revolucionario.[ii]

En 1988 el electoralismo “patiamarillo” dentro del PSE y de la izquierda ecuatoriana en general, ignoraba la presión que un pequeño grupo de socialistas revolucionarios hacía en su interior para recordar cuales eran las tesis originarias del socialismo nacional y revolucionario (aguirrista) que no apostaba todo a la carta electoral, sino que planteaba la necesidad de construir un partido ideológico, semi clandestino y revolucionario que se fuera adaptando orgánica y políticamente a las exigencias de la lucha social. Eran tesis válidas para toda la izquierda frente a la concepción del “partido de masas” y al desbordante entusiasmo electoral que le había inundado.[iii]

En 1990 la izquierda vuelve al Congreso nacional

En 1990 la izquierda vuelve al Congreso nacional, esta vez el PSE con seis diputados provinciales. No es cierto que el “éxito” se fundamentaba en una reconstitución orgánica del PSE, como dice el “historiador” ad hoc de la corriente amarilla Germán Rodas Chávez, sino en el prestigio personal de figuras locales que aprovecharon el evidente descontento popular que había en el país por el alto grado de descomposición ética y política. Toda la izquierda parlamentaria, incluido el MPD, durante los años noventa, fue parte de la más profunda corrupción alcanzada por el parlamento burgués en toda su historia. Tan radical había sido el cambio de mentalidad en las filas de la izquierda ecuatoriana que hasta hoy, figuras como las de Ayala Mora o Salgado Tamayo, incluyen, con orgullo, en sus currículos, las dignidades que ocuparon en las cloacas del poder burgués. En manos de esos dirigentes socialistas estaba la conducción del partido y la formación ideológica de su militancia.

El electoralismo “izquierdoso” en 1992 se presentó por separado a las elecciones presidenciales. Dentro del PSE la corriente liquidacionista y electorera encabezada por Granda y Ayala -que hacían mayoría en el seno del Comité Ejecutivo-, impuso la candidatura de León Roldós Aguilera, pese a que para entonces había sido nombrado secretario General del Partido Diego Delgado Jara que siempre defendió su condición de socialista revolucionario.[iv] Los resultados volvieron a ser decepcionantes.

Fracaso tras fracaso, desde los años treinta, nunca un performance peligroso para los poderes establecidos. Hasta la candidatura del seudo socialista León Roldós Aguilera, la izquierda ecuatoriana seguía siendo víctima de su pecado original: tendencia legal-electoralista y ausencia de un programa de raigambre nacional y revolucionario.

La búsqueda de instancias competitivas en el tinglado electoral ecuatoriano llevó a la corriente reformista de la izquierda a la fusión orgánico-política del PSE con el PC. “Dicha fusión constituyó el reencuentro de las raíces históricas de la izquierda…” anota Rodas.[v] Claro, el reencuentro histórico de la corriente electoralista que había prevalecido desde el surgimiento de la izquierda en 1926, de espaldas a la izquierda nacional, revolucionaria y socialista, añado yo.

En el gobierno de Mahuad se produjo el feriado bancario. La corrupción institucional se desbordaba por todo lado, la partidocracia se repartía la nación a su antojo, teniendo en sus manos el férreo control de todas las funciones del Estado. Con la caída de Mahuad se inicia en el Ecuador uno de los períodos de mayor inestabilidad política de su Historia y se precipita la más profunda crisis institucional jamás conocida. El país fue víctima de las políticas de reajuste estructural dictadas por los organismos internacionales de crédito en contubernio con la partidocracia nacional.

En medio de esta crisis generalizada y con la presión de un pueblo que estaba dispuesto a luchar hasta las últimas consecuencias por sus derechos, la izquierda reformista y electorera, en lugar de tomar la iniciativa y proponer soluciones políticas y económicas inspiradas en las necesidades transformadoras del pueblo, se sentó en la orilla del camino a esperar que llegara el Mesías prometido y, como era de esperarse, la Divina Providencias les envió el Redentor en la persona de Rafael Correa Delgado.

La izquierda ecuatoriana, sin excepción, se embarcó en la nave del nuevo timonel. Así es como la izquierda volvió a poner su “granito de arena” para que se consumara el acto más importante de todo proceso político, cual es, el triunfo electoral y la posesión del Estado, acto que se llevó a cabo el 10 de Agosto de 2007, teniendo a Correa como el Rey de esta creación de la, desde ahora, “izquierda boba” más oportunista del continente. Por primera vez la izquierda, unida al proyecto reformista de Correa, triunfaba apoteósicamente en una contienda electoral. Había “jugado como nunca, pero perdido como siempre”.

¿Por qué digo que Correa enterró definitivamente a la izquierda oportunista y reformista del Ecuador? Lo explicaré en una próxima entrega.

Jorge Oviedo Rueda

Escrito para Lalíneadefuego, 4/noviembre/2014, Quito.


[i] Ayala Mora, Enrique: El Partido Socialista Ecuatoriano en la Historia, Ediciones La Tierra, Quito, 1988, pg.23.

 

[ii] Enrique Ayala Mora fue, después de las elecciones presidenciales de 1992, el principal impulsor de una fusión orgánica y política con el APRE de Vargas Passos. La militancia revolucionaria se opuso. En el siguiente documento, que tiene mi firma y otros, se expresan las ideas y el sentimiento de esa militancia: ¡Defendamos nuestro partido! ¡Digámosle no a la fusión!, mimeo interno, 1995, Quito.

 

[iii] Sólo como una pequeña muestra de que en medio de la fiesta electoral un sector luchaba denodadamente por corregir la marcha del PSE, hago públicos los siguientes documentos: Nuestro Partido de masas es nuestro partido de cuadros, mimeo interno, 1987; Carta a La Juventud Socialista ecuatoriana, mimeo interno, 1992; Mensaje a la Juventud Socialista Revolucionaria ecuatoriana, mimeo, interno, 1993. Todos de mi autoría

 

[iv] Germán Rodas sostiene que Delgado se apropió de las siglas PSRE después de que el SRE se había insertado orgánica y políticamente al SE en la década de los ochenta. Nunca sucedió tal cosa. La corriente revolucionaria fue minimizada, ignorada y combatida por el eje reformista de Ayala, Granda y el mismo Rodas. Véase: Rodas Chávez, Germán: La izquierda ecuatoriana en el siglo XX, Abya Yala, Quito, 2000, nota, pg. 162. Véase también el siguiente documento de mi autoría: Carta a Diego Delgado Jara, Secretario General del PSE, mimeo, Quito, 17 de febrero de 1992.

[v] Rodas Chávez, Germán: La izquierda ecuatoriana en el siglo XX, Abya Yala, Quito, 2000, pg. 165.

 

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INDEPENDENCIA

Si se vuelve la mirada a la historia de los movimientos sociales se puede constatar, tristemente, que a pesar de su fuerza y potencialidad, siempre estuvieron enganchados a las propuestas de una izquierda reformista o a liderazgos improvisados que, usando su discurso, triunfaban y terminaban traicionándolos, en un proceso circular y permanente.

La izquierda en Ecuador nunca tuvo ímpetu revolucionario, fue siempre la izquierda de lo posible, un poquito más a la izquierda del centro, pero nunca una posición radical capaz de forzar los acontecimientos, inclusive cuando el empuje de las bases lo hacía necesario. Esa izquierda “racional”, nunca fue capaz de pedir lo imposible. Su conducta frustró a muchas generaciones de auténticos revolucionarios que terminaron anquilosándose junto a sus dirigentes, o simplemente envejeciendo.

Pero en la campaña electoral del 2006 la izquierda ecuatoriana fue víctima de su propia conducta al haber sido succionada por un agujero negro llamado Rafael Correa. La izquierda creyó que desde adentro podían disputar el gobierno, pero pronto cayeron en cuenta que Correa les robó su proyecto y que nada podían hacer para recuperarlo. Algunos todavía tiran patadas de ahogado diciendo que son los auténticos socialistas revolucionarios. La historia, gracias a Correa, ya los tiene identificados.

Pero ahora, para los movimientos sociales, vuelve la esperanza. Jorge Herrera, presidente de la CONAIE, dice que no van con la tesis de la consulta popular para la reelección. Después de décadas un dirigente indígena parece pensar con cabeza propia y tener claro lo que es la independencia de clase. Sin el lastre de “esa izquierda” y sin la influencia del centro, ese es el camino que llevará a los sectores populares al triunfo.

JORGE OVIEDO RUEDA

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La Hora, 12/noviembre/2014, Quito.

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RECTIFICACION

No cabe duda que la Estadística resulta de gran utilidad para demostrar lo que nos venga en gana. Hoy es imposible encontrar un estudio con “nivel” científico si no está atiborrado de cuadros estadísticos que sirven para cuantificar las propuestas.

En mi opinión, la Estadística es la disciplina que más ha contribuido a que las ciencias, en general, hayan perdido su capacidad holística de ver los fenómenos. Gracias a ella hemos aprendido a ver los árboles y a ignorar el bosque.

En la economía, por ejemplo, la Estadística moderna llega a ver microscópicamente todos los fenómenos, ayudada ahora con programas computarizados asombrosos que hacen, en un segundo, lo que un investigador puede demorar meses. Esa horrible disciplina, que es la Econometría, tiene como fundamento la Estadística.

La Geometría Analítica, que está en la base del método cartesiano, ha encontrado en la Estadística su asistente perfecto. El INEC tiene brillantes funcionarios formados en el espíritu cartesiano y, además, de una obediencia monacal a su jefe máximo.

“El cambio del marco conceptual tiene alcance (sólo) sobre indicadores de la población con empleo o población ocupada”. “Somos enfáticos en aclarar que NO existe modificación en el indicador de desempleo”, nos pide que aclaremos el Director Ejecutivo del INEC.

Según el INEC el 98% de la PEA si está empleada en el Ecuador. Desempleo total casi no existe y, ahora, el “empleo inadecuado” “bajó del 39% en sept. 2013 al 37 %, en sept. 2014”, dice el Director.

Juan Piguave, Manungo Pilataxi, María, la del barrio, todas las mañanas, antes de salir a buscarse la vida, han puesto la estadística, junto a la imagen del presidente, en el retrete, con una leyenda que dice: el pueblo no come cuentos.

NOTA: El Director Ejecutivo del INEC, amparado en el Art. 24 de la Ley de Comunicación, me exigue que rectifique el enfoque sobre desempleo y pobreza, así como unos datos sobre subempleo. Esta es mi respuesta.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en:

La Hora, 5/noviembre/2014, Quito

 

 

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LA ESTADÍSTICA

No cabe duda que la Estadística resulta de gran utilidad para demostrar lo que nos venga en gana. Hoy es imposible encontrar un estudio con “nivel” científico si no está atiborrado de cuadros estadísticos que sirven para cuantificar las propuestas.

En mi opinión, la Estadística es la disciplina que más ha contribuido a que las ciencias, en general, hayan perdido su capacidad holística de ver los fenómenos. Gracias a ella hemos aprendido a ver los árboles y a ignorar el bosque.

En la economía, por ejemplo, la Estadística moderna llega a ver microscópicamente todos los fenómenos, ayudada ahora con programas computarizados asombrosos que hacen, en un segundo, lo que un investigador puede demorar meses. Esa horrible disciplina, que es la Econometría, tiene como fundamento la Estadística.

La Geometría Analítica, que está en la base del método cartesiano, ha encontrado en la Estadística su asistente perfecto. El INEC tiene brillantes funcionarios formados en el espíritu cartesiano y, además, de una obediencia monacal a su jefe máximo.

Para demostrar que la Revolución ciudadana avanza han comenzado a sustituir las categorías de la pobreza por otras que dicen se adaptan mejor a la actual realidad. Ya no hay empleo, sino empleo adecuado, ya no hay desempleo, sino empleo inapropiado, ni tampoco subempleo, sino empleo inadecuado.

Según el INEC el 98% de la PEA si está empleada en el Ecuador. Desempleo total casi no existe y, por magia “revolucionaria”, ahora el empleo inadecuado bajó del 50 al 12 % de la PEA.

Juan Piguave, Manungo Pilataxi, María la del barrio, todas las mañanas, antes de salir a buscarse la vida, han puesto la estadística, junto a la imagen del presidente, en el retrete, con una leyenda que dice: el pueblo no come cuentos.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en:

La Hora, 29/octubre/2014, Quito

 

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SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Digamos, para empezar, que las sociedades del paleolítico inferior ya eran sociedades de conocimiento, tanto como son las actuales. Si uno de nuestros lejanos antepasados concibió en su mente un hacha y luego la concretó en la piedra, estaba cumpliendo la misma función básica de cualquier científico de nuestra época. La sociedad humana nunca ha dejado, ni dejará de ser, sociedad de conocimiento. El saber del ser va de afuera hacia adentro y no, como Platón decía, de adentro hacia afuera.

Por eso el conocimiento es un proceso dinámico que relaciona al ser cognosente con el objeto por conocer en un intercambio dialéctico de cualidades mutuas que termina enriqueciendo a los dos. El error garrafal de la cultura de Occidente es haber hecho del ser (del Hombre) el rey de la creación y del objeto (la naturaleza) una “cosa” inerte a la que había que destazar para conocer.

El resultado ha sido el fraccionamiento del todo, la deshumanización del ser y la destrucción de la naturaleza.

Este proceso, que se inicia con las sociedades de clase, tiene su máxima expresión en los actuales momentos. La sociedad capitalista del conocimientoagota la investigación científica en el marco de lo privado y del lucro individual de los beneficios, convirtiendo a la humanidad en consumidora obligada de sus productos.

¿Es esa la sociedad del conocimiento que impulsa la revolución ciudadana? Los diez mil becarios que están repartidos en “las mejores universidades del mundo”, ¿son la vanguardia de este modelo perverso?, ¿para eso servirán Yachay, IKIAM y demás?

La sociedad del conocimiento socialista es la alternativa. El Sumak Kawsay Revolucionario dejará de ver a la naturaleza como una mercancía y levantará el conocimiento sobre una nueva base gnoseológica.

 

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en:

La Hora, 22/octubre/2014, Quito.

 

 

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¿QUÉ NOS PASA?

 

La burbuja política creada por la revolución ciudadana nos tiene atrapados en el embrujo de la fantasía. Desde el poder un grupo de ilusionistas se aplican a diario para hipnotizarnos haciendo que lo negro parezca verdeflex.

La fuerza inicial de la revolución ciudadana ahora se reduce al tic nervioso de los sábados en que la energía de su líder se demuestra como el último aliento que le queda a la revolución. Esa es, precisamente, la primera ilusión óptica: el apoyo popular. Los cartománticos oficiales no entienden que no es lo mismo apoyo electoral que apoyo popular. Con el primero se tiene aliento para la reforma y con el segundo para el cambio estructural. De aquí en adelante, si no son capaces de mantener el hechizo, todo se les va a derrumbar.

Una revolución que no discute la teoría en sus filas, se convierte en hervidero de chismes, como ya se va haciendo evidente. No discuten ideas, se halan los pelos por temas rupestres y vergonzosos que evidencian la descomposición interna; pero los ilusionistas nos convencen que nada pasa.

Las potencias petroleras de Medio Oriente anuncian que el precio del petróleo bajará. Para curarse en salud Correa firma un TLC con la Unión Europea, se entrega al FMI, hipoteca el petróleo a los chinos y empeña el oro a los buitres de las finanzas mundiales; pero sus gurús nos convencen que ese es el camino revolucionario.

Para colmo, Guillaume Long habla de secuestrar la palabra libertad. Los chamanes del régimen ya están empeñados en esfumar el desatino.

¿Qué nos pasa, ecuatorianos? ¿Seguimos siendo tan ingenuos como cuando Colón nos hipnotizó con las lentejuelas del Viejo Mundo?

Debemos prepararnos para ganarle la delantera a la derecha. A la izquierda de Correa sólo puede estar la revolución socialista.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en:

La Hora, 15/octubre/2014, Quito.

 

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EL OTRO MARX

Conozco a Carlos Marx desde hace más de cuarenta años. Un inquieto amigo de juventud me lo presentó una de esas tardes “municipales y espesas” de Quito. “Toma para que leas” –me dijo y puso en mis manos un destartalado ejemplar de las “Tesis sobre Feuerbach”. Una de ellas me brilló el ojo: los filósofos no han hecho sino contemplar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

Desde entonces soy amigo de Carlos Marx. Un amigo sin retóricas, que posee la sabiduría medular de los fenómenos de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento. Con él aprendí que lo que Hegel veía de cabeza teníamos que verlo de pie, que la materia está en el principio de todas las cosas y que la sociedad ha evolucionado de menos a más, siempre como resultado de las contradicciones de clase.

Este amigo leal me enseñó también acomprender el capitalismo. Me hizo ver que en el origen del mismo estaba la AOC (acumulación originaria del capital), que no fue otra cosa que la transformación del siervo en peón libre, cruento proceso que, después de tres siglos, dio lugar al surgimiento del capitalismo industrial.

Desde entonces, sobre las espaldas de los trabajadores, se ha construido la civilización del capital, esta que tiene, en el un extremo, las maravillas de la tecnología y, en el otro, el ébola de la miseria.

Dice el otro Carlos Marx, el ecuatoriano, amigo mío también, que para romper el desequilibrio es necesario que se inicie lo que él llama la “acumulación originaria socialista”.

Pregunto: ¿A quién se piensa explotar para que se cumpla este requisito histórico? Como en la ex Unión Soviética ¿a los campesinos, a los semi proletarios, a los desempleados, a los burócratas? ¿No es mejor expropiar a los expropiadores?

Grandes diferencias entre mis dos amigos.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en:

La Hora, 8/octubre/2014, Quito.

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LA IZQUIERDA PROGRESISTA

Un Rafael Correa huérfano de apoyo popular convoca a un Encuentro Latinoamericano de Organizaciones Progresistas con la finalidad de reafirmar la “tendencia revolucionaria” que camina por el continente.

En su polémica con Bernstein, hace cien años, Rosa Luxemburgo tuvo razón. Los términos actuales del debate ya no son los mismos, pero la esencia de esa polémica se mantiene, ahora enfrentando las concepciones del pos neoliberalismo con las del anticapitalismo.

¡Cuánto sufrimiento se habría ahorrado la humanidad de haber triunfado las tesis de Rosa! Lo inaceptable es que en la actualidad se le siga dando la razón a Bernstein. Ya no se trata de una ingenua postura inicial que lucha por demostrar que está en lo correcto, se trata de una calculada posición política que busca, a toda costa, la conservación del sistema.

¿Cómo, si no, explicar el giro a la derecha del gobierno de Dilma Roussef, el equilibrio insultante de Bachelet en Chile, la tibia postura de José Mujica, el estancamiento peligroso de Ortega en Nicaragua, la falta de iniciativas estructurales que se ven en el mismo proceso chavista? ¿Y Argentina?, ¿y el extractivismo del gobierno de Correa?

La tendencia “progresista”, vista al calor de estos ejemplos, nunca llegará a las posiciones revolucionarias que se demandan urgentes en los momentos actuales.

A los movimientos y partidos de izquierda de América Latina hay que informarles que del área andina está emergiendo una nueva propuesta de civilización que fusiona los principios del Sumak Kawsay Revolucionario con la esencia del pensamiento marxista. Una nueva teoría que superará, de forma definitiva, la polémica histórica de Rosa con Bernstein.

No hay sociedad pos neoliberal, la alternativa es el socialismo.

JORGE OVIEDO RUEDA

Publicado en:

La Hora, 1/octubre/2014, Quito

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