LA INGENUA GRACIA DE GRACE

            Las páginas de La Línea de Fuego hacen honor a su nombre. En ella se encuentran reflexiones escritas con la ardiente pasión de los que creen en sus ideas y se ha ido convirtiendo en tribuna desde la cual se puede intercambiar ideas lejos del dogmatismo y de la cuadratura del círculo.

            Esto a propósito de un artículo de Grace Jaramillo titulado Miseria del postcolonialismo en el que se queja de las ideas de dos autoras muy bien identificadas en nuestro medio político e intelectual: Natalia Sierra y Ana Acosta. La presente nota no es para defenderlas, ellas sabrán hacerlo por su cuenta, sino para comentar las ideas de fondo que sostienen el artículo de doña Grace.

           Dice la autora que “el movimiento indígena cambio el país y el país cambio con el movimiento indígena” que no es lo mismo, pero es igual, me parece, digo; pero más allá del desliz, es absolutamente cierto, una verdad que no necesita demostración. El cambio fue para bien y tuvo el particular detalle de que los indios se invitaron solos a la fiesta de la democracia, a la cual nadie les había invitado desde inicios de la república. Ese fue un importante jalón en la lucha del movimiento popular, del cual es parte el movimiento indígena. Que como individuos tienen derecho a optar por el capitalismo y que Auki Tituaña y otros como él quieran aliarse con la derecha, también es cierto, y están en su derecho, pero de ahí a afirmar que la lucha de los indios puede ser para reafirmar un sistema de dominación como el capitalista, hay una distancia “cuántica” para usar un término que con tanta gracia usa Grace. Si así fuera no habría conflicto, pero no es así. Los pueblos y nacionalidades indígenas tienen otro ideal de vida, así como los sectores populares.

            Autoras como Grace son las que deberían de “trastear” su cerebro para mirar con claridad las nuevas condiciones en que se desenvuelve el movimiento popular a nivel latinoamericano en general y, de forma particular, en la región Andina. Hay una carga perversa de odio ideológico al querer medir al movimiento popular (incluidos los indios) con la vara de Cuba o de Venezuela o del fracasado “socialismo real”, venga de donde venga. Podrá haber quién lo haga, pero esos parámetros ya no son válidos, no es con ellos con los que podemos entender la nueva realidad de la lucha popular. Ni en Bolivia, ni en Perú, ni en Ecuador, los pueblos está calcando nada, lo que se están haciendo es creando, inventando la promesa de una nueva vida y están aprendiendo a creer en ella nuevamente, por eso resulta malintencionado preguntar si se conoce algún lugar donde el intento de acabar con el capitalismo no haya sido un remedio peor que la enfermedad o si se preferiría vivir en el feudalismo. No, el pueblo no quiere regresar al feudalismo, pero tampoco quiere seguir viviendo en este capitalismo inhumano, tiene derecho a soñar y luchar por una nueva vida. El “socialismo real” se quema ya en el infierno de la Historia y no podemos acusar al movimiento indígena-popular de quererlo revivir porque sería insultar su inteligencia y, peor todavía, insinuar que su papel debe ser base electoral de la derecha, porque eso ya no es postcolonialismo sino puro y simple colonialismo político y mental.

            El ideal de vida que se forja hoy en el seno del movimiento indígena- popular tiene que ver con un cambio de las bases civilizatorias de la actual sociedad capitalista, cuyo motor enloquecido nos está llevando ineluctablemente al abismo. Si un líder popular (indio o mishu) no entiende esto, debe dar un paso al costado y entrar en las filas del empresariado, o de la dirigencia política de la derecha, o en el narcotráfico, o en el comercio o en el contrabando o en cualquier actividad que colme sus aspiraciones personales, pero no puede ser dirigente de un pueblo que intuye el cambio, que quiere el cambio y que lucha por un cambio con nombre y apellido. La reserva moral de una nación, que es el movimiento popular, no puede estar en manos de aquellos que buscan el éxito dentro del capitalismo, porque eso es convertirse en peones de la desigualdad, de la injusticia, del consumismo destructor. Una nueva vida la tenemos que volver a soñar, esa es la tarea revolucionaria de hoy, señora Grace.

            Claro que se puede lograr la unidad, pero considerando que el movimiento popular está en la orilla opuesta de la oligarquía. El pueblo unido versus la oligarquía unida. ¿Por qué la oligarquía le tiene pánico a esta idea? Porque sabe que perdería. Cuando el pueblo proponga y el centro y la derecha acepten, sólo entonces será posible la unidad en la diversidad. La unidad como lo plantea Pachacutik o el doctor Ayala arranca con ventaja para los de arriba y hace, en todo nivel, lo que se ha hecho desde la década de los 80s, cambios cosméticos en nuestra realidad, mientras la estructura ósea se mantiene. Yo también me alegro de que entre los indios haya personalidades como las de Blanca Chancoso, Luis Macas y tantos y que hayamos tenido como Canciller a una mujer indígena, pero ¿de qué sirven las personalidades y los cargos si el sistema político se mantiene?, ¿si hasta hoy nadie ha sido capaz de tocar con valentía el nervio principal de la nación que es la economía? El pueblo unido y diferenciado de sus dominadores podrá tender puentes a la oligarquía para discutir la unidad. Si no lo aceptan, entonces es cosa de ellos. Con un movimiento popular disperso, amorfo, enceguecido por los procesos electorales, lleno de oportunistas que piensan más en un cargo de elección que en los destinos de la patria y una oligarquía experta en sacar provecho de estas debilidades, la unidad en la diversidad no sólo que no es posible, sino que es el canto de sirena con el cual la oligarquía dominante, por intermedio de los dirigentes políticos de izquierda y populares que así piensan, mantendrán el orden de cosas establecido. No, señora, usted demuestra que no tiene capacidad para soñar. Sí hay otra forma de vida.

            Claro que es una asignatura pendiente la propuesta del Ecuador del futuro, como usted dice. El mismo hecho de que en el seno de la izquierda y el movimiento popular no se lo haya hecho durante tanto tiempo, demuestra que se le ha permitido a la derecha pelear con ventaja en las lides políticas. La derecha ha hecho su juego y ha ganado y nadie puede reclamarle porque pega más duro (como es el caso del correismo, en cuyo triunfo la izquierda tienen directa responsabilidad), es esa izquierda la culpable de no haberse preparado y haber perdido siempre, es ella la que ha llevado por causes equivocados al movimiento popular, pero estos son otros tiempos. Hace pocos días la ECUARUNARI advirtió a los dirigentes de Pachacutik que una unidad electoral con la derecha no la iban a aceptar. Ese es el camino, señora Grace, aunque “líderes” como Lourdes Tibán o Enrique Ayala Mora pongan el grito en el cielo.[i]

            Son otros tiempos, señora. La propuesta del Ecuador del futuro no necesariamente vendrá de la mano de Pachacutik, hay una nueva izquierda en el Ecuador que está pensando y soñado esa propuesta. Ñucanchic Socialismo, Nuestro Socialismo, trabaja en ella. Considera que esa es la tarea revolucionaria más importante del momento, febrero de 2016 y no la desesperada lucha electoral, a cuyo término aumentaremos la ya larga lista de notables, indios y mishus y seguiremos con el mismo país de siempre. ¿No le parece?

Quito, 12-02-2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[i] En la misma edición de La línea de Fuego en la que aparece su artículo, se publica también uno de mi autoría que se titula La unidad que nos conviene, que le invito a revisar.

 

Publicado en EL PAÍS QUE QUEREMOS | Etiquetado , , , , , , , , , , | 1 comentario

LA UNIDAD QUE NOS CONVIENE

            La irrupción de la ECUARUNARI -encabezada por Carlos Pérez Guartambel- en la sesión que Pachakutik había invitado a la derecha para discutir el tema de las alianzas electorales, tiene tintes históricos. Por primera vez un sector del movimiento indígena comienza a espantar a sus propios fantasmas, a sacudirse de sus tabúes, a superar el miedo racista de su incapacidad. Ese acto equivale a salir de la adolescencia y a usar los pantalones largos de la madurez política.

            El significado histórico no está en haber tomado distancia de la derecha, sino en haberse opuesto a sectores del mismo movimiento indígena que no ven posible el crecimiento político sin apoyarse en ella y en su avanzada ideológica que es el centro. Este acto demuestra la existencia de un germen activo de pensamiento propio, crítico, destinado a crecer hasta triunfar.

EL PROBLEMA HISTÓRICO DE LAS ALIANZAS

            El comunismo de la Tercera Internacional, antes y después de la Segunda Guerra mundial, impuso a sus satélites la tesis del Frente Popular, sostenida en la concepción económica del desarrollo de la burguesía nacional y en la tesis política de la lucha contra el fascismo. El comunismo consular impidió, durante todo el siglo veinte, la tendencia natural del movimiento popular a conformarse como un frente clasista que hubiera enfrentado a sus enemigos de clase y adquirido experiencia en la lucha. Junto al comunismo, el socialismo subordinó la política de izquierda a una versión reformista de centro que priorizaba las alianzas con todos los sectores que iban del centro a la izquierda. Esta concepción de la política de izquierda se decía ser la versión “racional” y “sensata” que permitiría competir, en igualdad de condiciones, con la oligarquía. Pese a sus sistemáticos fracasos, en esa izquierda oficial, nunca se revisaron estas concepciones.

            La Revolución cubana, en la década de los años sesenta, remueve las bases de las concepciones demo burguesas arraigadas en la izquierda oficial latinoamericana. Su ejemplo oxigena las anquilosadas concepciones comunistas del Frente Popular y activa el gatillo de la experiencia guerrillera en la región, priorizando, en el nivel político, un tipo de alianza que va de la izquierda revolucionaria (guerrillera) al centro. Una verdadera revolución dentro de la izquierda que mereció la contraofensiva imperialista y tuvo su fin en la derrota del Che en Bolivia.

            La Unidad Popular de Allende en Chile demostró, en la práctica, que un frente clasista que aglutine a las fuerzas que van desde la izquierda hasta el centro era posible. Allende propuso una alianza programática cuyo eje fue un programa nacionalista encaminado al socialismo. Su triunfo demostró la corrección de este planteamiento, que, lamentablemente, ha sido ignorado e, inclusive, combatido, por la izquierda tradicional en América Latina. La cruenta derrota del gobierno de la Unidad Popular a manos del imperialismo sólo demuestra cuanto pánico causa un proyecto de esta naturaleza en las fuerzas de la reacción, tanto internas como internacionales.

            Por principio, las fuerzas de la izquierda revolucionaria en América Latina, no pueden dejar de estar de acuerdo con los procesos insurreccionales de los pueblos que surgen como consecuencia de haberse agotado todas las opciones de la democracia burguesa, inclusive la que Ñucanchic Socialismo ha llamado la “democracia dinámica”[i]; para lo cual es necesario diseñar un nuevo modelo de alianzas, cuyo contenido principal sea la definición de un programa anticapitalista y posextractivista a cuyo alrededor giren las fuerzas que vayan de la izquierda revolucionaria al centro político.

            En eso consiste el alcance histórico de la irrupción de la ECUARUNARI en la sesión de Pachacutik el 26 de enero de este año, no porque sirvió para demostrar que importantes sectores del movimiento indígena marcan distancias con la derecha política, sino porque demostró que hay fuerza para oponerse a una dirección política dentro de sus propias filas que no comprende ni la Historia, ni el alcance verdadero de su lucha, ni las actuales condiciones históricas en que se desenvuelve el movimiento popular. Esas sucesivas direcciones de los sectores sociales y de la izquierda tradicional, han enrumbado por senderos equivocados al pueblo y, el mérito de este acto está en que por primera vez sus propias bases les corrigen el camino en algo que es tan fundamental.

            A vuela pájaro las consecuencias de esa falta de confianza en su propio pensamiento y posibilidades demostradas por esas “dirigencias históricas” son las siguientes:

  1. Amorfismo en el movimiento popular
  2. Indefinición ideológica
  3. Debilidad programática
  4. Falta de líderes políticos
  5. Dependencia del centro “progresista”
  6. Inmediatismo en la lucha
  7. Ausencia de proyecciones políticas estratégicas
  8. Electoralismo y
  9. Oportunismo

En la práctica el movimiento indígena y popular, en general, no ha podido marchar con independencia de clase. Sus dirigencias han obligado a sus bases a ser mero apoyo electoral del “centro progresista”, como se evidenció en las elecciones del 2006 que llevaron al poder a Rafael Correa Delgado.

NO HAY UNA, SINO DOS UNIDADES

            El Discurso de la unidad del movimiento popular con la derecha es el discurso de la dominación que aprovecha las debilidades ideológicas de los mismos dirigentes populares para mantenerla, se basa en la chauvinista visión de la “patria en peligro de disolución”, en la amenaza de las “fuerzas del caos” que quieren desarticularla para entregarla al mejor postor. La única salida a esta apocalíptica visión, según ellos, es que el movimiento indígena-popular se suba al barco de la “restauración nacional”, timoneado, por supuesto, por la derecha. Algunos, inclusive, llaman a interrumpir la democracia para elegir un “notable” que, en un periodo de tiempo, ponga orden y llame a elecciones. Nada de esto es ´posible, no sólo por absurdo, sino porque de darse en la realidad se salvaría la patria de la oligarquía y el que saldría perdiendo, como siempre, sería el pueblo. Para Ñucanchic Socialismo, Nuestro Socialismo, no hay una, sino dos unidades.

            La una es la unidad de la oligarquía, la que defiende sus intereses de clase, la de los banqueros, industriales, terratenientes, comerciantes, exportadores, importadores, contrabandistas, empresarios, profesionales comprometidos con los de arriba, mercachifles de la educación, agro empresarios, sacerdotes dogmáticos, militares sin conciencia, empresarios de la comunicación, en fin, toda es pléyade de actores sociales que sostienen y lucran del actual orden de cosas, que pueden poner su vida y sus fortunas para defenderlo y obedecer ciegamente a sus aliados mayores del imperio. Estos grupos, en sociedades como la nuestra, necesitan correas de transmisión que les vincule con los sectores populares, a nombre de los cuales dicen actuar. Los líderes populares y de izquierda que aceptan esta unidad son esas correas. Actúan sin pudor ni inocencia alguna, conscientes de su triste papel. El disfraz más adecuado para estos líderes populares manejados por la derecha, es el “reformismo”, el “progresismo”, la “racionalidad” y la “sensatez” política que, dicen, se plantea sólo metas posibles, algo concreto, que progresivamente ayude al pueblo a alcanzar sus metas históricas.

            Esta conducta no es nueva en la historia política del Ecuador, pero si el pasado, de alguna manera puede justificarse, no es posible justificar la repetición de ese error hoy en día. Con Rafael Correa Delgado se terminó el ciclo de la ingenuidad del movimiento popular. La irrupción de la ECUARUNARI marca ese fin.

LA UNIDAD QUE NOS CONVIENE

            La segunda es la unidad popular, la que nos conviene a los que somos pueblo o pensamos como pueblo. Es la de los trabajadores, campesinos indios, trabajadores de la construcción, peones asalariados, obreros, maestros, profesionales independientes, estudiantes pobres y conscientes, minorías sociales, artesanos, pequeños comerciantes, vendedores informales, desempleados, amas de casa, pequeños propietarios, en fin, es la unidad de todos aquellos que tienen la “necesidad histórica de liberarse del capital más aquellos sectores que han tomado conciencia de la tragedia ecológica que amenaza a la humanidad”[ii] y de aquellos pequeños movimientos ´políticos que, teniendo razón histórica, tienen poca fuerza en el seno del pueblo.

            Esto es lo que llamamos un Frente Clasista, a la manera de lo que fue la Unidad Popular de Salvador Allende. Sólo en el seno de esta unidad es posible definir un programa anticapitalista y posextractivista; sólo en el seno de esta unidad es posible ponernos de acuerdo en el ideal de construir un Estado plurinacional e intercultural; sólo en el seno de esta unidad es posible definir y establecer una concepción sobre el nuevo régimen de propiedad; sólo en el seno de esta unidad es posible ponernos de acuerdo sobre el poder revolucionario y la conveniencia de cambiar la naturaleza de la democracia; sólo en el seno de esta unidad es posible escoger las figuras que representen fiel y lealmente estos ideales.

            Se trata de una unidad que va de la izquierda anticapitalista al centro reformista, no al revés, que no niega las alianzas, pero define con claridad su posición ideológica y los principios políticos por los que lucha. Eso simboliza la irrupción de la ECUARUNARI.

            El fantasma que agitan todos aquellos que no coinciden con esta posición es el del aislamiento. Es el caso de movimientos políticos como Democracia si, Poder Ciudadano, Concertación, el propio Pachacutik, los socialistas reencauchados de Ayala y compañía, el ex MPD, etc., etc. Lo hacen siempre desde una perspectiva electoral. “Un Frente con esas características” –dicen-, “no tiene chance de triunfar”, lo que puede ser cierto desde una óptica electoral, pero falso desde una perspectiva revolucionaria. Sin acumulación de fuerzas nunca triunfaremos y el crimen de esa izquierda consiste en haber creído y seguir creyendo en el inmediatismo electoral. Décadas enteras han impedido que el movimiento popular acumule fuerzas. Ya no se puede seguir cayendo en esa trampa. Un Frente Electoral Programático es la solución. El sacrificio de hoy será la garantía del triunfo de mañana.

            Lo que el centro político -la izquierda histórica incluida-, parece no entender, es que con Correa se terminó el ciclo del “progresismo”, a su izquierda sólo puede estar una propuesta auténticamente revolucionaria que debe fortalecerse para triunfar e impedir así el salto hacia atrás de una ofensiva de derecha, como ya sucedió en el Argentina.

            Ñucanchic Socialismo cree en esta unidad, la proclama y la defiende. Cree que en su seno se forjarán los nuevos líderes y que en ella surgirán los planteamientos programáticos de su acción. En ella está el pensamiento de la alteridad, destinado a cambiar los actuales fundamentos civilizatorios y en ella está la nueva democracia y los nuevos valores y la vida nueva del Sumak Kawsay Revolucionario.

Quito, 7 febrero, 2016.

 

 

[i] Véase Oviedo Rueda, Jorge: https://nucanchisocialismo.com/2015/09/05/la-democracia-autoritaria-del-correismo-vs-la-democracia-dinamica-del-movimiento-popular-2/

[ii] Véase: Oviedo Rueda, Jorge: https://nucanchisocialismo.com/2016/01/04/ecuador-frente-de-unidad-electoral-u-oposicion-programatica/

Publicado en TEORIA POLITICA | Etiquetado , , , , , , , , , | 2 comentarios

MAQUIAVELITO

            La sociedad moderna da sus primeros pasos en el siglo XV con los grandes descubrimientos geográficos, el renacer de las artes y la sustitución, cada vez mayor, de la fe por la razón. Una de las mentes que en esa época capta su esencia, será la de Nicolás Maquiavelo.

            Basado en la historia llega a la conclusión de que el ser humano tiene una misma naturaleza, caracterizada por la ambición, el egoísmo y el lucro y se permite aconsejar al Príncipe que lo tenga en cuenta para tener éxito en su gestión política. No importan las promesas, le dice, importa la fuerza y el éxito. Si un Príncipe no tiene éxito, no logra el amor de sus súbditos. Maquiavelo distingue entre la moral de los de arriba y los de abajo. Postula una moral en ascenso (la de la burguesía) que no toma en cuenta los medios para alcanzar sus fines y otra para las masas sobre las que cae el peso de la tradición feudal. El Príncipe debe renunciar a la moral feudal y adoptar la nueva, no así las masas, porque deben respetar y obedecer a la nueva clase.

            A esto es lo que se le ha llamado cinismo político, cuando en realidad es un principio de la política burguesa de todos los tiempos. Fouché en la corte napoleónica, Thiers en la primera república francesa, Kissinger en el imperio norteamericano, Goebbels en el nacionalsocialismo y, también, hemos tenido algunos maquiavelos criollos como Manuel Araujo Hidalgo en el velasquismo, José Robles Plaza en el frebrescorderato y otros de triste recordación.

            Mashi Rafael es un Maquiavelo seudo revolucionario que debe lidiar con maquiavelitos de triste factura, oportunistas de la política que, a nombre de la revolución y el socialismo, se han ido construyendo una aureola de intocables.

            La marea de la revolución, cuando llegue, los arrastrará a todos.

La Hora, 3, febrero, 2016.

 

Publicado en EDITORIALES | Etiquetado , , , , , | 1 comentario

LAS “VACAS FLACAS”

            Para pueblos como el nuestro, a lo largo de su historia, lo normal han sido los períodos de vacas flacas, es decir, más tiempo hemos pasado en crisis que en bonanza. Maldición de la divina providencia, dicen unos, otros le echan la culpa a “los indios vagos”, los de más allá a nuestra mentalidad y algunos creemos que son males estructurales.

            Una izquierda revolucionaria tiene que comenzar reconociendo que los nueve años de AP han sido como un oasis en la permanente crisis de la nación. Ningún gobierno oligárquico como este ha ahorrado tanto invirtiendo en obra pública. Esa es una verdad como una catedral que sólo la niegan los ortodoxos del capitalismo, los neoliberales y los ignorantes. Que haya sobreprecios o corrupción en los contratos es otra cosa, pero que se ha hecho la obra que jamás se hizo, no lo pueden negar ni los ciegos.

¿De qué se queja la oligarquía?, ¿de qué Correa les ha hecho caminos para mejorar sus negocios?, ¿de que los banqueros han ganado como nunca?, ¿de que los empresarios tienen privilegios?, ¿de que los comerciantes se llenen los bolsillos?, ¿de qué se quejan?

El único que se puede quejar con razón es el pueblo, porque este gobierno no hace nada por él. Las Juntas Parroquiales se quejan porque no tienen caminos, los pueblos indígenas porque la minería los mata, los líderes populares porque les tratan como a terroristas, los estudiantes, los barrios marginales, la conciencia nacional agredida por desatinos como el Plan Familia, la educación universitaria, el pensamiento crítico, la cultura, el pueblo sin trabajo.

La RC ha polarizado la lucha social, lo que quiere decir que si queremos salir de las vacas flacas hay que darle una vuelta más a la tuerca y luchar por un gobierno auténticamente popular.

La Hora, 27-enero-2016

Publicado en EDITORIALES | Etiquetado , , , , | 5 comentarios

ESA UNIDAD

            Este año será electoral, eso en nuestro medio quiere decir que la conciencia nacional será asaltada por un permanente espíritu circense rayano en el espectáculo surrealista. Nada ha cambiado desde los orígenes de nuestra patoja democracia.

            Hay algunas variaciones en los actores sociales que protagonizan la contienda. La nueva clase aliancista es la novedad, burócratas sobre todo enquistados y aferrados a sus cargos a lo largo y ancho del Estado correista. Con alguna razón blanden la bandera de haber hecho carreteras, represas e infraestructura. Este nuevo sector dominante, posesionado del Estado y liderado por el mejor caudillo populista de centro izquierda de todos los tiempos, es al que hay que derrotar.

            Tan fuerte es su presencia que está produciendo el “milagro” de unir el agua con el aceite. Se vuelve a cocinar la receta de siempre: una unidad electoral que vaya de la derecha, llamada centro, hacia la izquierda. Los mismos que en su momento vieron en Correa al Mesías salvador, recogen los restos para unirse en su contra, con el grave añadido de que ahora le abren las puertas también a la extrema derecha. Todo por la Patria, dicen.

            Después del correato sólo es posible un gobierno auténticamente revolucionario, que cambie la lógica de las alianzas: hay que ir de la izquierda al centro. Rafael Correa hizo la reforma que la izquierda “boba” y el centro siempre quisieron. El Ecuador que ahora tenemos es la materialización de ese proyecto. Esa unidad electoral le está mintiendo al pueblo, porque quieren hacer lo mismo que Correa pero con otro “estilo”.

            Un proyecto revolucionario tiene que definirse frente a tres elementos: el Estado, el régimen de propiedad y el poder. A estas alturas de nuestra historia política, no puede haber medias tintas.

La Hora, 20-01-2016.

 

Publicado en EDITORIALES | Etiquetado , , , , , | 1 comentario

CUESTION DE VALORES

            Morris Berman es un autor norteamericano que con Noam Chomski se ha convertido en “objetor de conciencia” de esa sociedad. Tener, por ejemplo, una visión crítica del 11S nos hace pensar que en los EE UU no todo es rebaño.

            En nuestro medio hay que reconocer que cada día crecen las conductas críticas, no sólo al gobierno de turno, sino a los valores que sostienen la sociedad ecuatoriana. Esa credulidad religiosa que todo lo pone en manos de Dios, el patriarcalismo, la obediencia ritual a los patrones establecidos por las clases dominantes, comienzan a ser cuestionados.

            Pero el gobierno y el Estado correista no contribuyen a alimentar esa corriente. El mismo presidente no pierde ocasión para hacernos saber cuan dispuesto está a defender nuestros “valores tradicionales”, con lo cual actúa como un reproductor del pensamiento supersticioso, anti científico y dogmático.

            Mónica Hernández me parece sólo un seudónimo que esconde el pensamiento inquisitorial de la Edad Media porque defiende valores que en sociedades modernas fueron superados hace mucho tiempo, lo que se torna muy, pero muy peligroso cuando, a estas alturas, se pretende convertirlos en razones de Estado.

            En cuestión de valores y moral los pueblos deben tener amplios horizontes. ¿Qué derecho tiene el Estado para meterse en la intimidad de los individuos? Ninguno. Los valores de un pueblo son cambiantes, dialécticos; los individuales tienen que ser respetados, si no se quiere meter la moral en el lecho de Procusto.

            Así como Berman y Chomski se juegan la vida para cuestionar los falsos valores norteamericanos, aquí en el Ecuador la intelectualidad debe ocuparse de desmitificar nuestros “valores tradicionales”. Hay que estar con la vida, no con los clichés.

La Hora, 13-enero-2016

 

 

 

Publicado en EDITORIALES | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

LOS NUEVOS RICOS

            Confieso que este sábado no seguí la sabatina. Me la perdí y, cuando eso sucede, uno va del “corazón a sus asuntos” como el alumno que va a un examen sin haber asistido a las clases del profesor. Pero los chismosos de las redes sociales me enteraron que había desafiado a la oposición a que le digan cuales son los “nuevos ricos” que están en su gobierno. Los comedidos ya le han publicado una lista más larga que un rollo de papel higiénico.

            Me parece tragicómico el pedido, propio de un mandatario nervioso que se quiere convencer de que los lobos que le acompañan son vegetarianos. En un gobierno de definición pequeño burguesa, que hace del oportunismo el método para trepar, del arribismo el estilo para destacarse y del adulo el aceite para brillar, es imposible que haya un ambiente de desinterés y sacrificio. Los “nuevos ricos” de la RC no lo son sólo porque han incrementado su patrimonio, sino porque se consideran una nueva clase, aupada en el taburete del poder y en condiciones de mirar por sobre el hombro a los que no tienen su misma suerte.

            Una revolución verdadera prepara su vanguardia político-espiritual antes de la toma del poder, para la toma del poder y para sostener el poder. Cuando eso suceda jamás será necesario pedir a la oposición que señale a los “nuevos ricos”, porque todos tendrán como distintivo y meta la humildad revolucionaria. Una revolución verdadera es una empresa colosal de entrega; una caricatura de revolución, es una pasarela de vanidades.

            Esa nueva clase que, al calor de la RC, vive en barrios exclusivos, hace compras en Miami, habita casas que parecen mansiones, son los nuevos Encomenderos del imperio, ahora con membrete de revolucionarios y, lo tragicómico es que, casi todos no lo saben, porque no tienen ideología.

La Hora, 6-enero-2016

 

 

Publicado en EDITORIALES | Etiquetado , , , , , | 1 comentario

ECUADOR: ¿FRENTE DE UNIDAD ELECTORAL U OPOSICION PROGRAMÁTICA?

LA HERENCIA DEL “PROGRESISMO”

            La situación político-económica del Ecuador en el año electoral 2006 puede decirse que amenazaba con su desintegración. Había caos político (siete gobiernos en una década), crisis económica (el feriado bancario había herido de muerte la economía) y desesperación social (tres millones de ecuatorianos en la emigración).

            La oligarquía se había blindado con la Constitución de 1998. De ganar las elecciones del 2006 dependía que pudiera aplicarla a su proyecto de privatización neoliberal. Se presentaban esas elecciones como un punto crucial del cual dependía el cambio o la permanencia del viejo dominio oligárquico.

            El centro político, representado en Alianza País, logró una alianza inédita con toda la izquierda tradicional y los movimientos sociales en base a una plataforma mínima de cinco puntos reivindicativos que fue suficiente para derrotar a la desgastada partidocracia. Con una envoltura revolucionaria, meramente formal, durante una década Alianza País y su líder Rafael Correa Delgado se han dedicado a consolidar y dar forma terminada al proyecto del Estado-nación que quedó trunco con la muerte del Viejo Luchador.

            En eso consiste la tan manoseada tesis de la modernización capitalista de la economía ecuatoriana y, sólo en ese marco, es posible comprender la heterodoxia económica del régimen correista y desenmascarar su falso socialismo, no obstante lo cual, hay que señalar que la praxis del gobierno correista ha creado mejores condiciones para la lucha revolucionaria del pueblo. Lo hemos señalado en repetidas ocasiones, a la izquierda del proyecto correista sólo puede estar un proyecto revolucionario de izquierda, anticapitalista y posextractivista.

            Pero en el 2006 no sólo estaba en crisis el modelo de acumulación en el Ecuador, estaba también en curso la crisis global del capitalismo mundial. Se trata -porque está en marcha-, de una crisis total de la civilización del capital que va de lo económico a lo social, de lo ´político a lo ético, de lo cultural a lo humanístico, crisis total que no podrá ser superada si no es con un cambio cualitativo en la naturaleza de la sociedad humana. El único recurso que tienen las fuerzas del orden para impedirlo es la guerra total que les permitiría mantener su dominio.

            En las fuerzas del cambio que perciben este fenómeno no se puede decir que hay homogeneidad, hay niveles. Uno de ellos es el reformismo político-económico que actúa en la sociedad humana desde finales del siglo XIX y que a comienzos de este milenio se materializó en los gobiernos “progresistas” de América Latina, siendo uno de ellos el de Rafael Correa Delgado en el Ecuador.

            Rafael Correa es un líder reformista que, a través de la consolidación del Estado-nación, cree que la meta histórica no es la transformación de las relaciones de producción, sino la redistribución de la renta capitalista y de la ganancia que, únicamente, se lo puede hacer a través de un Estado que intervenga, por medio de la renta, en la plusvalía del capital sin eliminarlo. En otras palabras, disminuir la explotación, no eliminarla, logrando de esa forma una mejor distribución de la riqueza social.

            Diez años más tarde, a nivel latinoamericano, esa tesis no resiste la prueba suprema de la praxis. América Latina registra hoy una mayor concentración del capital y de la producción con el agravante de que existe una mayor incidencia del extractivismo en su economía. La fórmula de reforzar el capitalismo para avanzar a la revolución socialista, se demuestra gravemente equivocada. El capitalismo donde surge genera más capitalismo, es una ley que los líderes reformistas no pueden comprender, o mejor, que no quieren entender.

            También la praxis demuestra que el modelo “progresista” no ha fracasado, por el contrario, se demuestra vigoroso y en marcha. La exportación de commodities y de recursos naturales no ha dado un paso atrás, ni en Venezuela, ni en Chile, ni en Brasil ni en ninguna parte. La reacción de la derecha neoconservadora lejos está siquiera de concebir alejarse de este modelo, lo mantendrá, dándole menos importancia al Estado, claro, pero lo hará, porque ese es el modelo de dominación de la globalización capitalista, son sus dos vertientes. El “progresismo” le vendió al pueblo su modelo como una alternativa revolucionaria. El modelo neodesarrollista, como dice Fray Betto, anula las diferencias entre gobiernos “progresistas” y de derecha.

            El peor daño infringido a los pueblos por parte del “progresismo” tiene que ver con lo ideológico-político. Manejan irresponsablemente el discurso socialista. Alianza País en el Ecuador ha invertido ingentes recursos en propaganda para identificar la construcción de carreteras con obra revolucionaria, cuando esa era una deuda secular de los gobiernos oligárquicos que nunca supieron siquiera crear las condiciones para llevar adelante sus propios negocios; o han hecho creer que las mejoras en la educación son revolucionarias o, lo peor de todo, llevan adelante una campaña permanente para convencer a la población de que se está “cambiando” la matriz productiva, cuando lo único que se hace es optimizar la matriz desarrollista para mercantilizar de mejor forma los recursos naturales. En este enfoque perverso del seudo discurso socialista está la peor trampa del “progresismo” porque crea una masa acrítica, convencida de una falsedad, punto que para las fuerzas revolucionarias resulta difícil de revertir. El asistencialismo característico de estos gobiernos se enmarca en esta pérfida concepción.

            Fomentar el consumismo es otra de sus nefastas herencias. Una revolución con el pueblo, del pueblo y para el pueblo comienza por aceptar frontalmente que el camino está lleno de sacrificios y penalidades, no se da el lujo de crear una burbuja de bienestar, tanto peor cuanto, como en el caso del Ecuador, se invirtió todo el dinero del petróleo para adecuar los negocios de la oligarquía y no para crear las fuentes de trabajo que el pueblo necesita. Hoy tenemos carreteras, pero nos falta trabajo, paradoja inaceptable para quienes nos consideramos revolucionarios. No se aprovechó productivamente la bonanza petrolera, pero bajo el aforismo de que “no podemos ser mendigos sentados en un saco de oro” se abre las puertas al extractivismo, con lo cual el gobierno de Alianza País responde al capitalismo global y pretende identificar el “buen vivir” occidental con la noción del Sumak Kawsay ancestral.

            El declive de los gobiernos “progresistas” y avance de la derecha dinosáurica lo explican los analistas de la derecha recurriendo a la teoría del péndulo, lo que consideramos equivocado. Se puede marchar hacia atrás, o marchar sobre el mismo terreno, sí, claro, pero sólo en razón de que no surja una vanguardia político-espiritual capaz de empujar la Historia hacia adelante. Si esa vanguardia existe, entonces el parto de la Historia dará sus frutos, lo que quiere decir que la espiral del desarrollo acelerará su marcha indetenible para permitir la ruptura. Si no surge, entonces, gran parte de la humanidad seguirá en el infierno del hambre y las necesidades. Estamos frente a la disyuntiva del cambio profundo, no de la reforma. Los gobiernos “progresistas” de América Latina se equivocaron cuando quisieron hacer de nuestros países “un oasis dentro de la crisis del capitalismo global”[i], pero las fuerzas revolucionarias tenemos la obligación de luchar por la superación del capitalismo local y global. Meter la cabeza en la arena es darle contenido a la falsa teoría del péndulo.

            El falso socialismo de Alianza País tiene, sin embargo, un mérito, haber puesto sobre el tapete los temas urgentes que el Ecuador debe superar para salir del subdesarrollo. Por ejemplo, está, en primer lugar, el tema del tipo de Estado que se necesita para avanzar revolucionariamente, concomitantemente con ello se ha planteado el tema de la democracia y, por último, la matriz productiva que se necesita si se piensa seriamente en cambiar de raíz el Ecuador. Tres temas fundamentales planteados por Alianza País pero no resueltos revolucionariamente y de donde la auténtica izquierda debe partir para hacer la revolución.

¿MÁS DEMOCRACIA U OTRA DEMOCRACIA?

            Un Frente Electoral que no defina un programa anticapitalista y posextractivista no está en condiciones de sintonizar las profundas necesidades del pueblo, entendido como ese conglomerado que es la suma de aquellos sectores que necesitan liberarse del capital y los que ha tomado conciencia de la tragedia ecológica que amenaza a la humanidad, o, dicho de otra forma, la unión de aquellos que tiene la obligación clasista de acabar con el capitalismo y aquellos que han tomado conciencia de que la civilización burguesa nos está llevando al abismo y quieren impedirlo.

            No hay democracia en general, por arriba de todos y de todo, como una ideología con aureola seráfica. La democracia burguesa que está instalada en la sociedad humana, favorece a unos y perjudica a otros, en tanto no es posible que en sus marcos se pueda satisfacer dignamente las necesidades básicas de toda la población, sin excepciones. El discurso dominante trata a los electores como a una masa domesticada que tiene bastante con su derecho periódico a elegir a sus representantes. Este concepto de democracia, con todas sus variantes –democracia representativa, participativa, radical, o “más democracia”, como en el Ecuador plantean algunos líderes anti correistas-, ya no se sostiene en la realidad histórica, se impone un cambio a otro tipo de democracia, una democracia dinámica en la que las masas anticapitalistas y pro civilizatorias participen directamente en el proceso de toma de decisiones, antes y después de la toma del poder.

            Esto no es posible si no se cambia la naturaleza del Estado. El Estado como Sociedad Anónima, en el que los accionistas mayores tienen el poder de decisión y que actúa desde hace más de doscientos años, debe llegar a su fin por decisión democrática del pueblo. Cuando esto suceda, el Estado empresarial será convertido en Estado anticapitalista y pro civilizatorio.

            Este nuevo Estado, en manos de las fuerzas revolucionarias y pro civilizatorias, se encargará de cambiar, no sólo remodelar, la matriz productiva del Ecuador. Ese cambio comienza en el régimen de propiedad, decretando la propiedad comunitaria de los medios de producción y priorizando la producción agrícola, basada en la mediana y pequeña propiedad.

            Hoy están creadas todas las condiciones históricas objetivas para que se produzca ese cambio. La humanidad no puede seguir viviendo con un dólar diario y, en el Ecuador, el pueblo, con dos. La mejor forma de ayudar a la humanidad es hacer la revolución en nuestro país.

            Que surja una vanguardia político-espiritual es el factor subjetivo que nos falta a los ecuatorianos para hacer la revolución. Una vanguardia que, teniendo conciencia política de la necesidad del cambio, tenga la textura espiritual para entender que el ser humano está hecho de los cuatro elementos, agua, tierra, aire y fuego y que tiene que aprender a respetarlos. No es una vanguardia al estilo leninista, no es proletaria, tampoco intelectual, peor ciudadana, ni siquiera una alianza obrero-campesina; es todo eso junto con aquellos que han tomado conciencia de la tragedia ecológica que vive la humanidad.

            La democracia burguesa está sometida a prueba, porque no puede impedir la participación electoral de estas fuerzas pro civilizatorias y anticapitalistas y, sí así lo hiciera, estaría negando el derecho del pueblo a la democracia y a la libertad, con lo cual se justificarían otras formas de lucha para alcanzar el poder que, siendo insurgentes, serían absolutamente legítimas y constitucionales.

SI, SE NECESITA UN FRENTE ELECTORAL PROGRAMÁTICO

            Principalmente por estas razones es que se necesita la conformación de un Frente Electoral Programático que reúna las fuerzas políticas que van de la izquierda hacia el centro, que aglutine a los sectores pro civilizatorios y a todas las minorías progresistas que se sientan coartadas en sus derechos. Es la izquierda revolucionaria, de nuevo tipo, la que hace de eje de esa alianza y se define por su posición frente al Estado, la democracia y el régimen de propiedad.

            Pero que se defina como un Frente Electoral Programático no quiere decir que su prioridad sea el triunfo electoral inmediato, sino la difusión urgente de su mensaje político. Su táctica es la propaganda, su estrategia la toma del poder. Multiplicarse en el seno del pueblo, como células cancerígenas del capitalismo hasta producir la metástasis que provoque su muerte, ese es el objetivo, pero abiertamente, a la luz del día, llenando de gota en gota el recipiente hasta que una gota produzca el cambio cualitativo que se necesita.

            Es por eso que Ñucanchic Socialismo, Nuestro Socialismo, considera que la verdadera discusión política en el Ecuador y América Latina sigue siendo entre reforma y revolución. Más de tres lustros después de la irrupción del llamado Socialismo del S XXI, la balanza se inclina por la revolución. Ñucanchic Socialismo entiende que ese es el sentido de la historia y que se tiene que contribuir con nuestra conciencia para que el cambio se produzca. Rafael Correa y Alianza País agotaron la reforma, es por eso que para sostenerse en el poder se tienen que inclinar a la derecha, con lo cual obligarían al pueblo a dar un salto hacia atrás, como ahora mismo sucede en América Latina.

            Ñucanchic Socialismo está a la izquierda de Correa y considera que sólo un gobierno auténticamente revolucionario podrá salvar al Ecuador, de ahí que reitera que la verdadera discusión política gira en torno de los siguientes puntos.

LA PLATAFORMA PROGRAMATICA QUE PROPONE ÑUCANCHIC SOCIALISMO

  1. El equilibrio dinámico. Un país construido en el principio ancestral del equilibrio dinámico, tiene que surgir. Los nueve años de la Revolución Ciudadana no han podido instaurar ese equilibrio porque Alianza País fomenta y no estrangula el capitalismo.
  2. El cambio de la matriz productiva sólo será real cuando se principalice la propiedad comunitaria sobre los medios de producción, dándole más importancia al agro que a la industria.
  3. El Estado. Para que sean posibles los dos puntos anteriores hay que tomar el poder del Estado. La restauración política es el acto consciente de los individuos en medio de sus circunstancias históricas. Luego de esta ruptura con el orden heredado, entonces se inicia –pero sólo entonces-, la transición hacia el pleno equilibrio de las fuerzas productivas y sociales en el cual nada, ni nadie, estarán excluidos.
  4. El sujeto del cambio. Todos los que tenemos conciencia de que la humanidad está al borde de la destrucción, somos el sujeto de la transformación. La crisis actual no es sólo la crisis del sistema capitalista sino la de su civilización. De entre todos los que viajamos en esta nave sideral que se llama Tierra se junta una vanguardia político-espiritual dispuesta a asimilar la esencia del Sumak Kawsay Revolucionario. Esa vanguardia se prepara acercándose al poder de las hierbas sagradas, interpretando las fuentes, vestigios materiales y espirituales de las sociedades ancestrales y estudiando las ideas auténticas del pensamiento revolucionario de occidente.
  5. La dialéctica como método. No hay fórmulas ideológicas para construir el equilibrio, sólo el método dialéctico fusionado, ahora, con la herencia del pensamiento ancestral americano. Si en algo nos pueden servir las experiencias históricas del llamado “socialismo real” y la propia historia del capitalismo, será para evitar los errores cometidos. La construcción de la nueva sociedad del Sumak Kawsay es una experiencia inédita que cuenta sólo con la sabiduría humana acumulada durante milenios y el desarrollo espiritual alcanzado hasta nuestros días. Una sociedad de exclusivo desarrollo material sólo puede terminar en la destrucción; así como es imposible una de exclusivo desarrollo espiritual. La conjunción de ambos es la nueva Utopía.
  6. Si una vanguardia político-espiritual llega a controlar el Estado se produce un cambio cualitativo en su naturaleza: deja de representar los intereses de una clase y pasa a representar los de toda la sociedad. Las reglas del juego político del viejo régimen se vuelven obsoletas, se construyen, sobre la marcha, otras, que representan las nuevas relaciones de producción y de poder. Otra economía, otro sistema jurídico, otro sistema educativo, otro tipo de democracia. No existen fórmulas, todo depende de la dialéctica sustentada en el equilibrio estructural. La sociedad en su conjunto inicia un proceso heroico de creación de lo nuevo.
  7. Las formas de lucha. Toda forma de lucha contra el régimen establecido es válida, sólo que en las actuales circunstancias históricas se debe priorizar la contienda electoral. El accionar político del correismo ha permitido que los actores políticos pongan sobre la mesa todas sus cartas, motivo por el cual, la izquierda revolucionaria, Ñucanchi Socialismo -que es la nueva izquierda en el Ecuador-, tiene la oportunidad “democrática” de ser radical sin que eso signifique levantarse en armas, sino llevar, sin tregua ni descanso, una lucha ideológica frontal dentro de las normas de la “democracia real” que ahora existe. Tenemos derecho a demostrar que estamos a la izquierda del proyecto correista y a competir con él y con el resto de fuerzas. La democracia burguesa, para ser tal, tiene que aceptar la existencia de una fuerza política anti sistema. De no hacerlo se evidenciaría su naturaleza excluyente y autoritaria, es decir, antidemocrática y quedarían abiertas las puertas para otras formas de lucha.
  8. La matriz productiva. La tierra será el sustento de la nueva vida. Podemos prescindir de los bienes industriales; de los que nos da la tierra, no. Un sistema de producción agrícola en el que la industria sea complementaria a las necesidades básicas del ser humano, es posible. Ñucanchi Socialismo luchará por eso, hasta ver al Ecuador convertido en un hermoso emporio agrícola.
  9. La educación. A la par de la transformación de la matriz productiva se debe iniciar el cambio del sistema educativo, sin lo cual, será imposible consolidar el triunfo político. Nueva educación significa nueva ciencia necesaria para hacer realidad la armonía de las necesidades del ser humano con la naturaleza. Hay que enseñar a las nuevas generaciones a respetar su entorno, fin que nunca se logrará si se las sigue educando en la ciencia burguesa. Depurar la tecnología para ponerla a nuestro servicio y no, como es ahora, el ser humano al servicio de la tecnología.
  10. Ñucanchi Socialismo es ahora un movimiento, no dice ser dueño de la verdad ni que es el partido de la revolución, dice que quiere serlo. Amparado en sus derechos propone la discusión, convencido de que la polémica leal y honesta es el mejor camino para llegar al corazón del pueblo. Rechaza el silencio cómplice, la tesis criminal de “avanzar sin discutir”, la falta de interés en la autocrítica como instrumento de depuración de nuestras filas; condena la indiferencia política y rechaza la injerencia de la nueva derecha en el debate que la izquierda revolucionaria libra contra el correismo. Considera que las líneas generales de la discusión están planteadas entre el reformismo, con todas sus variantes, y la nueva teoría revolucionaria, aquella que se ubica a la izquierda del proyecto político de Alianza País y de su caudillo Rafael Correa Delgado.

Quito, 04-01-2016.

[i] Fray Betto: Impasses de los gobiernos progresistas, Revista América Latina en Movimiento, ALAI, # 5oo.

 

Publicado en TEORIA POLITICA | Etiquetado , , , , , | 1 comentario

FRENTE DE UNIDAD

            Un dirigente del viejo Partido Socialista ha hecho circular en las redes sociales unas declaraciones en las que dice que él promoverá la formación de un Frente de Unidad “para detener al correismo.”

            Los socialistas “patiamarillos” son expertos en estas ideas. Lo curioso es que nunca han acertado y, más curioso todavía resulta que, a pesar de los fracasos, siempre renuevan la misma fórmula y la proponen como salvadora de la patria.

            No hablemos de la historia, hablemos de los acontecimientos recientes. Comencemos recordando que el PSE creyó que un Frente de Unidad Electoral debía estar encabezado por el seudosocialista León Roldós Aguilera. La tesis era: “del centro hacia la izquierda, cualquier apoyo está bien.” Roldós nunca inquietó al poder establecido. Luego fue Gutiérrez, la misma fórmula, distintos personajes. Cuando el Coronel ganó la presidencia, recién los “amarillos” se dieron cuenta de que no era de izquierda. Y, por último, está Rafael Correa, la misma fórmula, distintos personajes. Ahora este brillante “socialista revolucionario” reencauchado plantea un nuevo Frente de Unidad electoral para “detener al correismo.”

            ¿Con quién se formaría ese frente?, ¿con otro Mesías?, ¿con los arrepentidos del correismo?

            Un socialismo renovado toma posición frente a tres temas: El Estado, el poder y el régimen de propiedad. La construcción de la nueva sociedad es otro asunto.

            El nuevo Socialismo en el Ecuador se levanta sobre la filosofía de la alteridad, fusionada con el marxismo. Para detener al correismo hay que construir una oposición programática, con un Frente que vaya de la izquierda al centro y un programa anticapitalista y pos extractivista.

             La reforma ya les dio haciendo Rafael Correa, señores socialistas.

La Hora, 23-12-2015

 

Publicado en EDITORIALES | Etiquetado , , , | 1 comentario

VENEZUELA

            Estamos obligados a ver más allá de nuestras narices si no queremos ser parte del rebaño. En Venezuela se acaba de consumar una victoria parcial de la guerra total que ya está desatada en el mundo, más peligrosa que las que se libran en Medio Oriente.

            El meollo del asunto está en que el poder mundial le tiene miedo al cambio inevitable que está tocando las puertas de la humanidad. Se trata de que la Historia ha creado ya las condiciones objetivas para ese giro, pues la apropiación privada de la riqueza social hace imposible la vida. La tendencia creciente de la acumulación del capital está entrando en su fase definitiva. Las naciones ricas usarán la fuerza para mantener el sistema.

            Cuando a comienzos del siglo XXI la tendencia “progresista” comenzó a extenderse por América Latina, el capitalismo mundial, en general y, norteamericano en particular, se pusieron en guardia. Sabían que esa tendencia era una amenaza real. Se pusieron en guardia.

            Quince años después, cosecha su primer triunfo. Argentina es importante, pero más es Venezuela. En Venezuela se había enraizado un verdadero proyecto popular de signo antinorteamericano.

            ¿Qué combate el poder mundial? La posibilidad de un nuevo tipo de democracia. Al poder mundial le preocupa el autoritarismo confuciano chino que rompe sus esquemas y, por supuesto, el equilibrio dinámico del Sumaw Kawsay andino.

            La culpa de la debacle del “progresismo” la tienen sus líderes que actúan bajo la errónea consigna de que para llegar al socialismo se tiene que perfeccionar el capitalismo. Ese error condena a nuestros pueblos. Cuando se derrumbe el castillo de naipes del “progresismo”, estos seudo líderes inventarán la “teoría del fracaso” para justificar su incapacidad revolucionaria.

La Hora, 9-12-2015

Publicado en EDITORIALES | Etiquetado , , , | 1 comentario