La semana pasada sostuve que para comprender quiénes éramos teníamos que estudiar nuestro proceso de resistencia a la dominación. Ahora también, para responder a la pregunta de cómo somos los ecuatorianos, nos hace falta mantener esa perspectiva.
La poca historia que todavía se enseña en nuestro sistema educativo sigue siendo la versión de los sectores dominantes. Pocos autores estudian la historia desde el ángulo de la producción, lo que haría posible analizar, objetivamente, el proceso de resistencia popular. Las nuevas versiones de la historia no sacan las ricas conclusiones que este aspecto tiene para definir los verdaderos rasgos de nuestra personalidad nacional.
Basándose en la cultura, autores como Osvaldo Hurtado creen que pueden definir nuestra idiosincrasia. Cometen el criminal error de proyectar una imagen falsa de lo que somos. Todos los viajeros extranjeros que toparon estas tierras, sólo describieron nuestras costumbres y si las interpretaron, sólo pudieron hacerlo desde su perspectiva civilizatoria. Ninguno podía entender que la vagancia de nuestros indios era la resistencia a la dominación, ni que no podía haber espíritu empresarial en pueblos que venían de una tradición comunitaria de producción. Que los viajeros extranjeros no pudieran interpretar nuestra vida, se explica por razones obvias, pero que en pleno siglo XXI se quiera explicar el atraso del Ecuador desde una perspectiva meramente cultural, no es aceptable.
Somos lo que la resistencia a la dominación nos ha hecho. No se trata de una dominación metafísica sino la de la concreta dominación productiva, la de la obligación de trabajar para el amo. No habrá pueblo más trabajador ni tan pleno de iniciativas, que el ecuatoriano cuando trabaje para sí.
JORGE OVIEDO RUEDA
Publicado en La Hora
25/Abril/2012