COMO SE SELECCIONAN LOS CANDIDATOS


COMO SE SELECCIONAN LOS CANDIDATOS

Una dama llamó durante el desarrollo de la Nota Editorial del día de ayer y nos indicó que, a su juicio, las fuerzas de izquierda ecuatorianas tendrían un gran candidato para la presidencia de la República en la figura del Doctor Diego Delgado. Fue más allá: sostuvo que el Doctor Delgado podría ganar la contienda. Yo coincido con usted en lo de fondo: Delgado es un hombre que a lo largo de su vida ha dado ejemplo de lealtad para con sus principios, inmune a toda tentación de corrupción, con una profunda capacidad de análisis político y social y vasto conocedor de muchas áreas de la legislación ecuatoriana. Si las elecciones se ganaran en nuestro país por medio de debates ante un público con la suficiente capacidad de discernimiento que usted posee, tengo la seguridad de que Diego no tendría un contendor que pudiera superarlo.

Infortunadamente, señora, los que manejan el poder han planificado los procesos electorales para que personas así encuentren la ruta llena de obstáculos. El primer problema es el dinero. Las campañas electorales no están diseñadas para que los candidatos exhibamos nuestras ideas y nuestras propuestas; más bien lo están para ser vendidos a la opinión pública como si se tratara de objetos de consumo: automóviles, licores, muebles o bebidas gaseosas. Existen expertos que pueden vendernos a un tartamudo como un magnífico prospecto. De hecho, ya ha pasado. Con mucho dinero se movilizan decenas de miles de personas pagadas, la mar de las veces por alguna propina u obsequio despreciable, pero que dada la pobreza y la ignorancia cívica de nuestras mayorías pueden encontrarse en el mercado. Miles y miles de banderas, afiches, imágenes del candidato eternamente sonreído y besando niños y ancianos que en otras circunstancias les resultarían repugnantes. ¿Recuerdan ustedes a Abdalá en esas cuñas publicitarias de larga duración, con un fondo musical conmovedor y que motivaban una lógica identificación compasiva con esa supuesta víctima de sus enemigos? ¿o el niño rico arrodillándose piadosamente para que el Altísimo le ilumine y aprovecharse así de los sentimientos religiosos de nuestro pueblo?¿y a LFC y Jamil afirmando con aparente convicción que ellos sí sabían lo que había que hacer? Claro que sabían lo que había que hacer y qué bien que lo hicieron. La única excepción creo que fue la del Coronel Gutiérrez, persona de sosera natural y que despide un aburrimiento espontáneo, quien, vivo vivo, bien aconsejado, se embarcó en la onda progresista del continente, proclamándose chavista y bolivariano a muerte, para terminar de subordinado de Febres Cordero. Cuando se quiso independizar de éste, lo puso en la calle. Correa, producto de la ejecución de un maquiavélico plan que utilizó antes Gutiérrez,  la  misma angustia por el cambio que vienen – desordenadamente – manifestando las masas desde  hace muchos años, también nos ha defraudado. El problema de todos estos financiamientos electorales es que después hay que pagarlos, poniendo el país en manos de los voraces inversionistas, historia que siempre se repite.

Por su parte, los medios de información, libres, democráticos e independientes, también hacen lo suyo. Tienen sus propios candidatos y saben exhibirlos con sagacidad y astucia. Ellos llenan sus páginas y canales con los candidatos que colman sus aspiraciones y así nos orientan. O más bien, nos desorientan. En las últimas elecciones para alcalde de Quito ¿supo usted que yo era candidato? ¿y si lo supo, pensó usted que yo tenía alguna oportunidad de ganar? Solo los señores Barrera y Ricaurte, candidatos de dos bloques “potables” para los intereses de esa prensa, colmaban los diarios y las pantallas. Ahí tiene usted los resultados.

Si existiera de verdad un organismo electoral independiente y auténticamente democrático, las campañas electorales deberían ser todas financiadas por el mismo Estado y concretarse a mostrar ante el público los planes y proyectos de cada uno, mediante debates serios y académicos. ¿Cree usted que una reina de belleza, un calificado deportista, un ídolo de la farándula o un payaso de televisión, por el solo hecho de serlo, puede gobernar un país o una ciudad? Si el pueblo del Ecuador quiere darse la oportunidad de tener un líder diferente, patriota e incorruptible, tiene que organizarse para que él mismo – me refiero al pueblo – financie a sus candidatos. Solo así nadie que gane tendrá que devolver compromisos económicos que dominan nuestro país para beneficio de los mismos atracadores del tesoro público.

Enrique Gallegos Arends

Quito  24 noviembre del 2011

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