TABABELA: LA MÁS CLARA IMAGEN DE LA PERVERSIÓN DE LOS POLÍTICOS

Quito DM, lunes 31 de octubre de 2011

TABABELA: LA MÁS CLARA IMAGEN DE LA PERVERSIÓN DE LOS POLÍTICOS

Cuán grandes fueron mi estupor y sorpresa al abrir la página editorial del diario El Comercio, de la edición del pasado sábado 29 de octubre, y encontrar un artículo suscrito por uno de sus más antiguos funcionarios, el señor Carlos Jaramillo Abarca, cuyo texto trascribo a continuación y que será la base de nuestro comentario del día de hoy. Dice así: “Al retraso de más de dos años en los trabajos del aeropuerto internacional de Tababela y a la falta de una vía directa de acceso cuando inicie sus actividades, se suma el problema de que para entonces ya estará saturado, según la “primicia” que se dio hace pocos días. El aeropuerto Mariscal Sucre, que ya está rodeado de urbanizaciones, tiene capacidad para 3 600 000 pasajeros al año y actualmente atiende a más de cinco millones, con las consiguientes molestias. El de Tababela, ubicado al noroccidente de Quito, tendrá capacidad para cinco millones de usuarios en la primera etapa, pero -según las estadísticas y el incremento anual de 6,3%, en octubre del 2012- que es cuando probablemente entre en funcionamiento, si esta vez se cumple el plazo, el tercero fijado desde que se suscribió el contrato básico, deberá atender un promedio de 15 000 viajeros diarios, equivalentes a cinco millones y medio al año, por lo que deberá planificarse ya la inmediata realización de la segunda etapa, que le corresponde ejecutar a la empresa concesionaria y contempla la ampliación de la terminal y de sus instalaciones y la construcción de otra pista para el aterrizaje y decolaje de aviones. El otro problema inconcebible, que ya se ha señalado en forma reiterada, es que la primera vía directa de acceso a Tababela, que parte de Collas, cerca de Guayllabamba, estará lista recién en octubre del 2013, un año después de la inauguración del aeropuerto y, mientras tanto, se cuenta solo con la Autopista Interoceánica, que atraviesa las poblaciones de Cumbayá y Tumbaco y está ya colapsada. Con este panorama, hasta fines del 2013, los pasajeros que viajen, por ejemplo, a Guayaquil, tendrán un vuelo de media hora, pero un recorrido de aproximadamente una hora desde esta capital hasta el nuevo aeropuerto y las molestias de la aglomeración en la terminal. En el caso de los viajeros al o del exterior se sumará el tiempo necesario para los trámites de rigor y para su permanencia en la sala de espera. De ahí que se sugiere que, aunque parezca descabellado, hasta que se construya por lo menos una de las proyectadas vías directas a Tababela, se considere la posibilidad de que se continúe atendiendo los vuelos domésticos desde el aeropuerto Mariscal Sucre, con lo cual se aliviaría algo la congestión vehicular en la Interoceánica y la aglomeración de personas en la terminal del moderno aeropuerto, cuyas instalaciones, según se informa, están ya realizadas en 82% y serán sometidas a partir de abril del próximo año a las pruebas técnicas previas a la inauguración en octubre. Se afirma que, cuando se inicien sus operaciones el aeropuerto de Tababela ya estará “saturado”… Es necesario insistir en la necesidad de que se den de inmediato los pasos pertinentes para la ejecución de la segunda etapa de ese polémico aeropuerto, que ha sufrido tantas peripecias y retrasos.” Confieso que me quedé estupefacto tras la lectura que acabo de transcribir. ¡El diario El Comercio me da la razón por intermedio de uno de sus conspicuos colaboradores, después de que durante largos seis años ha ignorado por completo las denuncias incuestionablemente fundamentadas que he presentado ante la colectividad y las autoridades sobre el malhadado caso de la construcción de ese aeropuerto! ¿Qué está pasando? ¿Por qué se permite la publicación de un documento como ése? No puedo responder la pregunta, porque los temas que hacen referencia a los grandes negocios del estado con los encopetados y afortunados integrantes de la gran burguesía criolla nos están vedados a quienes militamos al lado de las causas populares. Pero sí puedo reafirmarme en todas y en cada una de mis afirmaciones, que se resumen de la siguiente manera:
1. El contrato firmado por la municipalidad quiteña en el año 2002, a cargo del general Paco Moncayo y del señor Andrés Vallejo, fue y sigue siendo un contrato inmoral; sin ningún fundamento legal y peor jurídico; su puesta en marcha constituye la más absoluta estafa a los dineros de la ciudad de Quito, pues los beneficiarios de la QUIPORT – empresa que ha repetido esta hazaña en varias partes del planeta, porque inmorales hay en todo el mundo – no han puesto ni un solo centavo para la construcción de la obra. Todo ha salido de la fuente de ingreso proporcionada por el aeropuerto Mariscal Sucre (AMS) y sigue saliendo hasta el día de hoy. Por si fuera poco, está viciado por un sobreprecio que originalmente se estableció por parte de la Contraloría en la suma de 104 millones de dólares y que hoy, gracias a la “patriótica renegociación” del alcalde Barrera, subirá a no menos de 300 millones de dólares.
2. En Tababela puede funcionar lo que sea, con la sola excepción de un aeropuerto. Solo la corrupción y su subsecuente, el cinismo, aunado al quemimportismo de nuestra ciudadanía, ha permitido que este descabellado proyecto se haya iniciado y haya arribado a donde está. El artículo del periodista Jaramillo me exime de cualquier otro comentario.
3. Durante los largos once años que dura ya esta vergonzosa imposición, se ha puesto de manifiesto que en el Ecuador no existe ni una sola institución que defienda los intereses de la nación. Todos, contralores, fiscales, procuradores, comisiones de las supuestas “lucha contra la corrupción”, veedores interesados, medios de información libres, democráticos e independientes, y cuanta fauna de buscavidas se han juntado, han dejado al descubierto hasta donde llega la inmoralidad en nuestro desgraciado país. Algún día lloverá sobre el Ecuador fuego y cenizas, como en Sodoma y Gomorra, y quizás entonces tengamos la oportunidad de comenzar de cero y construir la patria que tanto hemos soñado. No cejaré jamás, en ninguna circunstancia, hasta el mismo día de mi muerte, de seguir señalando, con nombres y apellidos, a los atracadores de mi ciudad. Hasta hoy nadie se ha atrevido a enjuiciarme penalmente, si es que soy un calumniador. Sigo esperando.

Hasta siempre, Enrique Gallegos Arends

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