¿POR QUÉ BOLSONARO?

            El triunfo del Bolsonaro en el Brasil nos obliga a los revolucionarios a hacer un alto en el camino, a otear el horizonte, a mirar la brújula en medio de este implacable desierto que nos ha tocado atravesar para volver a la ruta y no ser víctimas de espejismos engañosos que pueden hacernos creer que estamos yendo por buen camino.

            En lo que a América Latina se refiere, es difícil negar que el llamado socialismo del siglo XXI lo que ha hecho, en la práctica, es fortalecer el desarrollo del capitalismo corporativo global y del capitalismo dependiente nacional a nivel regional. Cuando en repetidas reflexiones criticábamos al correismo en lo erróneo que era la estrategia de fortalecer el capitalismo local para evolucionar a una sociedad pos neoliberal y, más tarde, a una de socialismo de mercado antesala de lo que ellos llamaban el biosocialismo, se nos apabullaba con el argumento de que esa estrategia estaba disminuyendo la pobreza extrema y que ese logro era suficiente para demostrar su éxito. Era imposible que su explicable vanidad pudiera entender que el capitalismo es una eficiente máquina de pobreza que hace pobres más rápido de lo que el progresismo los salva, con lo cual la lucha contra el capitalismo se convertía en el pretexto perfecto para perennizarlo. Brasil es un ejemplo de ello, Argentina y Ecuador. Venezuela y Nicaragua todavía sostienen un modelo de socialismo que no ha podido resolver todos los problemas, pero que tiene derecho a existir y a demostrar que su ruta también es una alternativa.

            El Progresismo latinoamericano aparece como una disyuntiva a la izquierda marxista y prende rápidamente en la conciencia de las masas ciudadanas, principalmente. La piedra angular de su concepción radica en la idea del gradualismo económico sostenido en una cada vez mayor intervención del Estado en los procesos sociales con lo cual es posible ir desplazando, poco a poco y sin traumas, al sector privado de la economía hasta la implantación de un régimen socialista. Esta idea vieja de la socialdemocracia europea de fines del siglo XIX tenía una larga trayectoria de fracasos y, políticamente, sólo fue posible, en América Latina, debido al colapso del llamado socialismo real. El progresismo creó la ilusión de que sin trascender el sistema se lo podía mejorar. Si se puede hacer que los pobres vivan con dos dólares en lugar de uno, se estaría dejando un mundo mejor, fue la reflexión de fondo. Ninguna innovación revolucionaria a la idea liberal del desarrollo. El progresismo nació atado a los planes del capitalismo global, sin cuyos recursos y asistencialismo de todo tipo no era posible. De ahí que la lucha del pueblo venezolano se vuelve más auténtica en la medida que más antinorteamericana se hace.

            No obstante esto hay un rasgo del progresismo que no pudo ser controlado por el poder mundial del capital y ese fue el avance de la conciencia de las masas que comenzaron a percibir que una nueva vida era posible, una vida en la que ellas mismas tenían que ser protagonistas. En Argentina el krisnerismo hizo avanzar la conciencia de las masas, en Venezuela el chavismo, en Ecuador el correismo, José Mujica, Tabaré Vásquez y Evo Morales, inclusive Bachelet en Chile. El progresismo económicamente ha estado atado al desarrollismo capitalista, cierto, pero políticamente logró hacer una fisura en el bloque ideológico dominante, que no es poca cosa.

            El triunfo de Bolsonaro es el triunfo de la extrema derecha latinoamericana que puede devenir en un fascismo político. Está sustentado en un fanatismo religioso muy extenso en Brasil y en la desesperación de inmensas masas paupérrimas que casi genéticamente creen que la fuerza es la única solución y, en el miedo, miedo a esa parte del pueblo brasileño que cree en Lula y votó por Haddad. Este rasgo del progresismo es que una izquierda auténtica, genuinamente marxista y revolucionaria, tiene que aprovechar para construir la alternativa de izquierda que se ubique a la izquierda del reformismo latinoamericano.

            Aquí en el Ecuador Ñucanchic Socialismo, nuestro socialismo, con raíces en el Sumak Kawsay ancestral, es esa alternativa.

10-10-2018   

 

 

 

 

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Una respuesta a ¿POR QUÉ BOLSONARO?

  1. José dijo:

    Ud. dice:”
    En Argentina el krisnerismo hizo avanzar la conciencia de las masas, en Venezuela el chavismo, en Ecuador el correismo, José Mujica, Tabaré Vásquez y Evo Morales, inclusive Bachelet en Chile. El progresismo económicamente ha estado atado al desarrollismo capitalista, cierto, pero políticamente logró hacer una fisura en el bloque ideológico dominante, que no es poca cosa.”
    Totalmente falso, el mal llamado “progresismo” lo que ha hecho es volver a la derecha más militante y atraer a los centristras a la derecha por el fracaso del “progresismo” que lo único que ha buscado es crear una nueva lumpen-oligarquía para enchufarse en el poder para siempre y obviamente la derecha y los democratas-liberales reaccionarion y eso causó los triunfos de Duque, Piñera y Bolsonaro.

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