LAS PLUMAS ZURDAS

     

            Como en toda actividad humana, los “zurdos” también mojan su pluma en la escandalosa tinta del ego. Escriben con furia, esa es su característica principal. Odian, porque parten de la reflexión que no se puede amar la desigualdad. Dicen que sólo odiando se podrá construir el amor.

            En este caldo de cultivo se mueven los escritores “zurdos”. Reivindican, como a sus más lejanos parientes, a los socialistas utópicos como Campanella o Fourier y tienen en la cabeza imponente de Marx a su fuente inagotable de argumentos e ideas. En la capacidad de comprender bien o mal sus ideas radica la múltiple variedad de su existencia.

            Porque no están uniformados los escritores “zurdos”. Viven en la cromática del rojo, pero no todos son rojos. Van desde el rosado pantera hasta el rojo fuego, pasando por el amarillo naranja, el “patiamarillo”, el naranja propiamente dicho, el rojo cadmio, el rojo Ferrari y el rojo sangre. Eso sí, todos dicen ser dueños de la verdad, motivo por el cual jamás se han puesto de acuerdo, ni tan siquiera cuando la derecha ha dado muestras de indudable debilidad.

            Todos los que cromáticamente están más cerca del rosado pantera sostienen que para vencer al capitalismo hay que navegar con la derecha, embarcándose en su nave para, sigilosamente, irla debilitando. No son muy amantes de los principios y la ética política no es su fuerte. Les gusta codearse con los de arriba, sintiéndose realizados cuando asisten a sus banquetes. Estos “pink phanter” aman el dinero y ven en la profesión de escribir un buen negocio.

            Los “zurdos amarillo naranja” son socialdemócratas que se dicen estar en capacidad de corregir y mejorar a Marx. Sostienen, por ejemplo, que el principio de la lucha de clases es obsoleto y que fue uno de los más graves errores de Marx y se auto atribuyen el derecho a calificar al socialismo de “democrático”, sin ser capaces de entender la dimensión real de la democracia socialista. Se pueden dejar matar por la falsa tesis de que la democracia burguesa puede ser mejorada. Económicamente son liberales clásicos y filosóficamente una mezcla de materialistas con idealistas, lo que da como resultado una postura holográfica que es una imagen sin respaldo real, pura ilusión que sirve para engañar a las mentes débiles.

            Están los escritores “patiamarillos” de membrete socialista o comunista. Son aquellos que viven adulando a las prestantes figuras de la academia, las letras o el arte que han hecho sus fortunas usando el socialismo como cuchara. Son los que se insertan en la corriente de la izquierda histórica y dicen ser herederos del pensamiento socialista de gigantes figuras de nuestras letras y artes. Son las plumas serias de la izquierda “sensata” que estudiaron el marxismo en centros del pensamiento conservador mundial como Oxford, Harvard o Bélgica. Son los aristócratas del pensamiento “zurdo” que usan chistera y leontina, se saludan con la aristocracia aborigen y dicen tener la misión de reivindicar a las masas criollas. Uno de ellos les invitó a la aventura de transformar el Ecuador y los muy bobos aceptaron sin condiciones la invitación, con lo cual dejaron al descubierto su naturaleza reformista.

            Y están los escritores de la “zurda” revolucionaria. Son minoría, pero existen. Han luchado de la cuna a la tumba para evidenciar lo erróneo de las posiciones anteriores. No son ni fidelistas, ni chavistas, peor correistas, defienden, aso si, los ideales que esos líderes dicen tener. Se ocupan de crear, no de copiar ni de repetir. Sus posiciones raigales tienen que ver con una crítica a fondo de la civilización y la cultura occidentales, lo que les lleva, por definición, a ser anticapitalistas. Su valor agregado es haber comprendido la imperiosa necesidad de integrar la filosofía ancestral del Sumak Kawsay a lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente, que no es otro que el marxismo.

            Existen en las sombras, no porque quieren, sino porque los medios masivos de comunicación y el sistema en su conjunto los ignoran, pero están conscientes que la verdad está hecha de madera de balsa y que, tarde o temprano, irrumpirá con fuerza a la superficie.

            Estos “zurdos” escriben en periódicos digitales, en revistas casi clandestinas, en hojas volantes, en periódicos duros de reducidísima circulación, pero sus ideas anuncian la fuerza con que viene la inevitable crecida de la revolución popular.

03-10-2018.

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