MORENO, LA INGRATITUD.

            ¿La política es una ciencia o un arte? Lenin, el ruso, no el cuántico, opinaba que tenía de ambos, pero con frecuencia decía que era más arte que ciencia. ¿Qué es el arte? Podríamos revisar lo que del arte se ha dicho desde Platón hasta Foucault, de Aristóteles a García Lorca, pero no es necesario. Las exigencias del ensayo político nos obligan a ocultar la erudición y buscar la precisión.

            La política como arte significa concebirla con la maestría con que un músico concibe una sinfonía. Hay que pensar en los movimientos, en las fugas y retrocesos, en los silencios, en las arremetidas y las calmas y, por supuesto, en los finales. Cuando se estudian procesos sociales transformadores, no importa si de derecha o de izquierda, se puede notar esta realidad.

            En el Ecuador no hay nada en política que se parezca a una sinfonía, cuya primera virtud es haber sido concebida con antelación. Si se escucha una sinfonía de Haydn o Mozart es fácil notar que desde los primeros acordes somos atrapados por un argumento musical que nos lleva, inevitablemente, a un final grandioso. Una sinfonía tiene principio y fin, y unintermedio en el que está la estructura de cada movimiento.

            Lejos la política nacional de tener una estructura similar. No hay época histórica en que un político, un movimiento o un partido en el Ecuador hayan actuado con arte. Hasta la revolución liberal de Alfaro fue resultado del impulso anímico de sus líderes. Podemos decir, sin temor a estar equivocados, que somos producto de la improvisación.

EL CICLO DE RAFAEL CORREA

            Cuando en el 2006 apareció la figura de Rafael Correa, nadie, absolutamente nadie, cuestionó su condición de líder, la izquierda, menos. Después de más de dos décadas de pillaje y saqueo de la partidocracia, que incluyó un descarado salvataje bancario y la emigración de casi tres millones de ecuatorianos, el país necesitaba otros aires. Si una palabra definía la situación del Ecuador a inicios del siglo XXI, no era crisis, tampoco economía, menos cultura, era política. Quién pulsara esa cuerda en ese momento estaba destinado a triunfar. Lo hizo Rafael Correa. Y triunfó. ¿El secreto de su éxito? Comprender que el momento era político sobre todas las cosas.

            La propuesta de Alianza País y Rafael Correa en el 2007 fue lo más parecido que en política hemos tenido a una sinfonía. Con su famosa propuesta inicial de cinco puntos coyunturales resolvieron con éxito el principal objetivo de ese momento que era ganar las elecciones. Después de haber ganado las elecciones dieron los pasos apropiados para asaltar el poder, lo que se concretó en la anulación del Congreso de la partidocracia y la convocatoria a la Asamblea Constituyente de Montecristi. Fue en ese espacio soberano de la voluntad popular donde la sinfonía de Rafael Correa sonó más alto. Se iniciaba, con el aval de toda la sociedad, la marcha a la transformación del Ecuador.

            Correa declaró que su gobierno completaría la trunca revolución liberal de Alfaro, para lo cual propuso iniciar un proceso que comprendía tres momentos: 1) la sociedad pos neoliberal, 2) la del socialismo de mercado y 3) lo que ellos llamaron el bio socialismo, momento culminante de la revolución ciudadana. Dijo Correa que estaba destinado a durar trescientos años.

            Fue por ese proyecto que recibieron el respaldo de los sectores populares y de la clase media, principalmente. Su compromiso con la Historia era llevar adelante ese proyecto, sin concesiones ni titubeos. La tesis de terminar la trunca revolución de Alfaro llevó a Alianza País a modernizar el capitalismo ecuatoriano, proceso que no podía ser llevado a la práctica sin hacer concesiones y alianzas con el capitalismo corporativo mundial, lo que fue desnudando, poco a poco, las limitaciones históricas del correismo, inmerso fatalmente en las graves contradicciones que, a nivel regional, ha demostrado tener el llamado Socialismo del Siglo XXI o Progresismo Latinoamericano.

            En 2017 llegó a su fin el gobierno de Correa y, para continuar el proceso, se decidió depositar toda la confianza política en la figura de Lenin Moreno. Lo menos que Correa esperaba era que Moreno termine la fase uno de su proyecto, es decir, la instalación de un Estado pos neoliberal. Ahora no queda nada, sino el eco del discurso radical secuestrado a la izquierda revolucionaria, una obra material que se muestra como el vestigio concreto de la modernización capitalista y un desarrollo conciencial relativo en un sector de sus seguidores que han comenzado a entender que la lucha política gira en torno a la toma definitiva del poder por parte de los sectores anti oligárquicos.

MORENO, LA INGRATITUD

            La concreción de la primera fase de la sinfonía política correista se vio seriamente amenazada desde la caída del precio del petróleo. Con el precio alto Correa hizo crecer el sector público, con lo cual supuso estaba superando el neoliberalismo y comenzando a construir la sociedad pos neoliberal. Después de la caída del precio del petróleo, tuvo que volver a las fórmulas tradicionales del neoliberalismo, lo que implicaba crear mecanismos para preparar la entrega de los más importantes activos del Estado al sector privado de la economía. Antes de terminar su gobierno ya todo estuvo encaminado a dar un salto hacia atrás. Correa sabía que Moreno no tenía más alternativas, supuso, a lo mucho, que palearía los escándalos de corrupción que inevitablemente tenían que explotar, pero Moreno no tuvo consideraciones. Dijo que no le habían dejado la mesa servida y que no era posible llamar a cualquier “pendejada” revolución. Nada duele más que una cuña del mismo palo. ¡Moreno, la ingratitud!

            La diferencia entre Correa y Moreno está en que el primero se daba el gusto de bajarle los humos a la oligarquía antes de ceder a sus pretensiones y el segundo actúa como un dócil sirviente de la misma, lo que les hace idénticos en el fondo y diferentes en la forma. Moreno ha renunciado a todo discurso de alcance social y se ha puesto de rodillas ante a las élites, encubriendo su entrega a los intereses transnacionales y oligárquicos con un supuesto diálogo social que, según él, trata de unificar el fraccionado país dejado por Correa, cosa que, lejos de ser un defecto, nos parece un acierto; por el otro lado, Correa se sigue aferrando al discurso de la izquierda revolucionaria y a los principios del progresismo latinoamericano como único recurso para mantener su prestigio frente a las masas y, sin el cual, quedaría al descubierto su talante de líder demo burgués reformista.

            Con estas consideraciones podemos concluir que la sinfonía del correismo está inconclusa. La fuerza inicial de su melodía tuvo un desordenado final. La obra material es la prueba palpable del esfuerzo histórico hecho por el correismo para completar la trunca revolución alfarista y consolidar el Estado-nación ecuatoriano y la obra ideológica del correismo se concentra en el desarrollo de la conciencia política de esa importante masa de “borregos” que, siendo correistas van comprendiendo que la transformación revolucionaria del Ecuador está más allá de Rafael Correa, del Estado-nación y del progresismo latinoamericano, que está en el socialismo de raíces ancestrales complementado con lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente y con la tradición de lucha de los pueblos de Nuestra América. Esa masa de “borregos” consientes que, junto a otras fuerzas sociales y políticas, comprenden que el momento sigue siendo político más que económico, es la herencia positiva del correismo inicial  porque van comprendiendo que ya es hora de luchar por el poder del Estado, requisito imprescindible para comenzar la transformación revolucionaria de nuestra Patria.

30-10-2018

 

 

           

           

 

 

 

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Una respuesta a MORENO, LA INGRATITUD.

  1. José dijo:

    En escencia buen artículo pero falaz en sus conclusiones. Dice: “La fuerza inicial de su melodía tuvo un desordenado final. La obra material es la prueba palpable del esfuerzo histórico hecho por el correismo para completar la trunca revolución alfarista y consolidar el Estado-nación ecuatoriano y la obra ideológica del correismo se concentra en el desarrollo de la conciencia política de esa importante masa de “borregos” que, siendo correistas van comprendiendo que la transformación revolucionaria del Ecuador está más allá de Rafael Correa, del Estado-nación y del progresismo latinoamericano,”…
    La obra material no es “esfuerzo del correismo” sino la estrategia para crear una lumpen oligarquía delincuencial y enchufarse al poder por muchos años.
    La “masa de borregos”, no existe, la inmensa mayoría de correistas son personas de centro que todavía cree en su lider pero de ninguna manera creen en una transformación social.

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