TENER UN CORAZON

           No veo la luz al final del túnel, amiga. Junto al corazón tratan de matar la esperanza, pero sé que no está muerta. El terror le ha obligado a esconderse, lo sé, porque de lo contrario estaría muerto, por eso ahora dedico mi vida a encontrarla. Voy por las ciudades, por los campos, por las montañas y las playas llamándola a gritos. Sé que un día me responderá y estoy seguro que juntos iniciaremos la clandestina marcha a la recuperación del corazón, de ese viejo tambor que nos servía para soñar, de esa cajita de música que nunca debe dejar de sonar. Si quieres acompañarme, ven conmigo, amiga, si encontramos la esperanza, seremos multitud y seremos, seguro, invencibles

¿Sabes, amiga, lo que es tener un corazón? Antes, hace mucho tiempo, cuando todavía florecían las ilusiones, todos teníamos un corazón, incorporado venía en nuestro cuerpo, como una cajita de música que no paraba de sonar, o como un tambor, mejor, que marcaba el ritmo de nuestros pasos, unas veces para reír, otras para llorar. Era rojo y tenía forma de corazón, de ahí su nombre. Cada uno de nosotros solíamos sacarle a pasear, adornado de suspiros, no sólo para conquistar un amor, también para decir que no cabíamos de felicidad, o simplemente para decir que amábamos la vida, cosas sencillas como la espuma de las olas, la tela transparente de una araña o una estrella fugaz viajando al infinito, simplísimas como una lágrima o el perfume inolvidable de una flor. Teníamos corazón, fue hace mucho tiempo.

            ¿Tenemos ahora corazón? No lo tenemos. La cajita de música que la vida nos regalaba ahora es una bagatela fabricada en China, el tambor que latía en nuestro pecho ya no marca el ritmo de nuestros pasos y hemos perdido la hermosa costumbre de sacarlo a pasear, ya no tenemos corazón. No tenemos para sentir la injusticia que se comete lejos de nosotros, ni el drama de un niño que se durmió con ojos y se despertó en las sombras por una esquirla criminal, ni de aquel ángel inocente que se desprendió del seno de su madre migrante para ir a morir en las playas de un imposible sueño, ni derramamos lágrimas por aquellas criaturas que chupan de un seno seco la última esperanza de vida, ni por los niños que a dentelladas sacan el mineral que da esplendor a la vanidad del consumo, ni siquiera somos capaces de sentir el dolor de aquellas mujeres que mueren a manos de sus dueños, ni lloramos por aquel mártir al que la ignorancia homofóbica rodeó de fuego aceitoso para castigar sus preferencias sexuales. Ya no tenemos corazón como antes, amiga, ahora en su lugar está una caja de plomo que aprisiona las lágrimas y los sentimientos.

            Viajamos sin corazón. Creo que es el triunfo más importante de los enemigos de la vida. Nos han quitado el órgano de sentir, nos han convertido en seres de metal, brillantes por fuera, oxidados por dentro. La perfección que ahora se estila es la de la de los robots, cuya esencia es un algoritmo inventado por los dueños del poder. En filas vamos, uniformes y perfectos, a cumplir su destino, no el nuestro. Ni el error, ni la equivocación son parte del programa, ambos son las espadas que han fulminado al corazón. Vamos con los ojos abiertos, pero la falta de corazón nos ha enfermado de indiferencia.

            No veo la luz al final del túnel, amiga. Junto al corazón tratan de matar la esperanza, pero sé que no está muerta. El terror le ha obligado a esconderse, lo sé, porque de lo contrario estaría muerto, por eso ahora dedico mi vida a encontrarla. Voy por las ciudades, por los campos, por las montañas y las playas llamándola a gritos. Sé que un día me responderá y estoy seguro que juntos iniciaremos la clandestina marcha a la recuperación del corazón, de ese viejo tambor que nos servía para soñar, de esa cajita de música que nunca debe dejar de sonar. Si quieres acompañarme, ven conmigo, amiga, si encontramos la esperanza, seremos multitud y seremos, seguro, invencibles.

04-05-2019


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