¿HAY UNA HISTORIA MARXISTA?

            Bueno es culantro… pero no tanto -decía mi abuela sabia-, queriendo significar con ello que se podía exagerar, pero no llevar la exageración a un grado superlativo, porque entonces se puede deformar la realidad.

            Eso me parece que es lo que pasa con una corriente de pensamiento “pachamamista” que últimamente ha aparecido a nivel latinoamericano y que, no podía ser de otra manera, tiene algunos representantes en el Ecuador. Por ejemplo, acabo de leer una reflexión sobre el marxismo titulado El fin de la Historia marxista cuya firma le corresponde a Atawallpa Oviedo Freire y ha sido publicada en un portal que tiene por título Réplica y que, a pesar de ser una tribuna digital abierta para la polémica, no recoge más artículos que no sean los de Atawalpa Oviedo Freire. Hace algún tiempo, en otro espacio, también comenté un ensayo de Alfredo Pérez Bermúdez que parece ubicarse en la misma línea de reflexión de Oviedo Freire y que, por cierto, no ha merecido la suerte de una respuesta.

             Oviedo Freire sostiene que “después del fracaso de la izquierda en los siglos XX y XXI muchos en el mundo  ya no nos sentimos representados en las izquierdas”  de donde se supone que el  “fracaso” del llamado “socialismo real” se convierte en un medidor de la validez de una teoría, lo que aparentemente es así, pero no exactamente.

            Comencemos por decir que en el caso ruso, por ejemplo, la revolución socialista catapultó a la entonces URSS a los primeros lugares del desarrollo económico-social mundial. Considerando que tuvo que neutralizar la agresión de las potencias europeas después del triunfo y, años después,  rechazar la invasión hitleriana, eso me parece una proeza. Igual China en el Asia y, en América Latina, Cuba. Los errores internos de esas naciones en el proceso de construcción del socialismo no pueden ser atribuidos a fallas inmanentes de la doctrina socialista, sino a limitaciones humanas en la interpretación y aplicación de la misma.

            No es el caso de la doctrina liberal. En ella hay una contradicción de fondo que impide, sistemáticamente, la repartición equitativa de la riqueza social, generando ayer, hoy, mañana y siempre, concentración de la riqueza en un extremo y de la miseria, en otro. Ninguna nación capitalista, ni tan siquiera Estados Unidos -la nación más poderosa del planeta-, ha podido hacerlo, por el contrario, hoy es más patente y dramático el hecho de que ínfimas minorías son dueñas de la mayor parte de la riqueza global. El fracaso del llamado “socialismo real” no es, nunca puede ser, un medidor de la validez de la teoría socialista, así como el brillo deslumbrante del capitalismo desarrollado jamás podrá ser el medidor del éxito de la doctrina liberal-capitalista.

            Como la izquierda fracasó, dice Atawallpa Oviedo Freire (AOF) ya no es posible identificarnos con ella porque es un hecho comprobado que, estando en el poder, se vuelve conservadora. No aporta con elementos históricos que demuestren esa tesis pero, acercándonos a la temática, debemos concluir que no puede ser de otra manera. La izquierda en el poder se vuelve conservadora, cierto, pero, si es una izquierda auténtica, no para conservar la vieja vida, sino para consolidar el cambio revolucionario. Es un poder dinámico cuya misión es sentar los cimientos de una nueva vida. Que eso no se haya hecho en los ejemplos históricos que tenemos a nuestro alcance, no invalida la teoría revolucionaria sustentada en el marxismo ni hace desaparecer la noción de izquierda que ha servido siempre para diferenciarnos de la derecha. Sostener que ahora no hay ni derecha, ni izquierda, es santificar el orden social existente, que si no se ha enterado AOF, es de derecha.

            Otra cosa es que los partidos de izquierda hayan traicionado al pueblo, pero eso no invalida la teoría marxista de la revolución, sólo es una prueba de que muchos de los “líderes” que dirigen los procesos de izquierda no son capaces de sostenerlos hasta las últimas consecuencias, que equivale a decir hasta reemplazar la vieja vida heredada de nuestros antepasados por la nueva vida que impone el cambio. ¿Qué tiene que ver esto con la validez o no de la teoría revolucionaria marxista? Es como querer demostrarnos que una roca de oro cubierta de musgo no tiene valor alguno.

            AOF no llega a plantear una crítica seria al marxismo, lo cual hace que termine coincidiendo con la extrema derecha porque, en fin de cuentas, repite sus argumentos. La crítica seria tiene que ver con la falencia que el marxismo tiene de no haber incorporado, por razones obvias, los principales principios del Sumak Kawsay Andino en su teoría, sin lo cual se muestra como un constructo teórico incompleto. Pensar en teorizar este aspecto es la tarea intelectual más honesta que los revolucionarios actuales tenemos sin el peligro de coincidir con la derecha y contribuir a mantener el orden establecido. El “pachamamismo” en boga no comprende que el edificio teórico del marxismo no está acabado, que está en construcción y que pretender construir cimientos gnoseológicos puros basados en la vida ancestral de nuestros pueblos precolombinos, no sólo que es un desatino histórico sino una muestra de vanidad intelectual. Hay una diferencia abismal entre saber aprovechar lo bueno de una teoría crítica del capitalismo como es el marxismo para enriquecerla y desarrollarla que querer construir una epísteme nueva que nunca podrá nacer en estado puro, porque a estas alturas del desarrollo del conocimiento, eso se perfila como un imposible.

            Curiosamente toda la crítica que AOF hace al sistema de partidos del régimen capitalista, al régimen electoral, a la democracia burguesa misma es correcta porque está cimentada en las ideas marxistas, con lo cual, tal vez sin darse cuenta, valida la teoría de la izquierda a la que critica, opinión que la hago extensiva a muchos otros textos que conozco del autor. Decir que la izquierda también es machista, patriarcalista, eurocentrista, no animalista, no feminista, homofóbica y muchas otras cosas, no puede servir para descalificarla, sino para llamarla al orden y pedirle que rectifique su conducta. Aprender de los errores es aprender a rectificar, mantenerse en ellos es consolidar las tesis del enemigo.

            Pero el autor no hace eso. Su crítica a los partidos políticos de izquierda puede ser correcta, pero no es correcta su crítica a la izquierda, porque la izquierda no es un partido, es una teoría, una concepción ideológica de la vida y sus problemas. Kant, al referirse a la Revolución Francesa decía que era un acontecimiento de tal magnitud que ya es para el ser humano imposible de olvidar, que está tan entretejido en el acontecer humano que es imposible ignorarlo. La interpretación marxista de la historia, que no es la historia marxista como dice AOF, señala que acontecimientos como la Revolución Francesa son los jalones históricos que hacen avanzar a la sociedad humana. Igual sucede con la Revolución Rusa de 1917. A pesar de que no pueden haberse cumplido sus fines últimos, es un acontecimiento histórico que está tan entretejido en la vida moderna que es imposible ignorarla, o lo que es peor, malinterpretarla. La izquierda existe y existirá mientras no desaparezca la sociedad de clases, y no, como hace AOF, sólo porque él cierra los ojos.

            Pero AOF va más allá. Dice: “Se hace necesario crear una teoría social que profundice las teorías que venían solo desde la izquierda, canonizadas como las únicas científicas y revolucionarias, y convertidas en la nueva religión de los marxistas.” Deja claro que se trata de una nueva teoría ya que el marxismo es sólo “una herramienta entre otras” porque no “es el medio ni el fin del pensa miento transformador” y señala que la teoría social no puede seguir estancada en el “fin de la historia marxista al estilo Fukuyama” “No han sido capaces de ir más allá” –dice- para hacer de inmediato una insólita defensa de Marx: “Han convertido a Marx (esa izquierda, se supone) en un Cristo y lo han crucificado. A Marx le daría vergüenza que le hayan empalado de esa manera, como lo hacen algunos violadores con algunas mujeres.”

            Primero, la teoría de izquierda es esencialmente marxista y el marxismo es, inmanentemente de izquierda. Hasta ahora, después de más de siglo y medio de haber sido publicado el Manifiesto Comunista, que yo sepa, nadie, en Occidente, ni en el Oriente, ni en ninguna parte del mundo, ha propuesto una teoría revolucionaria diferente del marxismo. Mao y Lenin  no se atrevieron a tanto como hace AOF de proponer una “nueva teoría”, humildemente se propusieron enriquecer el marxismo, completándolo y adaptándole a sus respectivas realidades. Dice AOF que el marxismo no es “el medio ni el fin del pensamiento transformador” con lo cual, de un solo tajo, castra la esencia revolucionaria del marxismo, atreviéndose, además, a sostener que la teoría social no puede seguir estancada en el marxismo (ridículamente comparada con el fin de la historia) porque, según él, nadie ha sido capaz de ir más allá. Se supone que si los marxólogos, marxistas o, según su terminología, los partidos de izquierda han “empalado” a Marx, están cometiendo una injusticia, porque, a pesar de su justeza, ha terminado violado “como hacen algunos violadores con algunas mujeres”

            ¿Es esta la crítica que hace AOF a la izquierda y a la teoría marxista de la revolución? Se necesita más para criticarla y el autor no demuestra tener lo suficiente. El marxismo no es un pujo conciencial de Marx, es un constructo teórico que, desde su surgimiento, ha dado golpes demoledores en la estructura ósea del régimen capitalista y no puede ser ninguneado por alguien que dice “olfatear” la necesidad de una nueva teoría social.

            Dice AOF que esa teoría nueva es el anti patriarcalismo que significa dar cabida a todas las “alteridades y otredades” porque es necesario para luchar contra el sistema. ¿Cuál sistema, señor AOF? Yo mismo respondo, señor, el capitalista, el sistema contra el cual Marx apuntó las armas de su teoría.

            Nosotros, los intelectuales que nos ubicamos en la izquierda marxista, no podemos renunciar al instrumento más poderoso que Marx nos legó, cual es, el método dialéctico de análisis social. La aplicación creativa de ese método nos enseña un camino simple para alcanzar nuestras metas revolucionarias, que no es otro que ser capaces de enriquecer la teoría revolucionaria, no inventar otra, porque esa es una tarea falsa e innecesaria. Enriquecer la teoría de la izquierda es imbricar (integrar, mejor) los principales parámetros del Sumak Kawsay ancestral a la teoría revolucionaria marxista de construcción de una nueva sociedad. Todo eso que usted ahora critica de la resistencia al sistema que termina fortaleciendo el sistema, no puede solucionarse si no es haciendo que se identifiquen con ese marxismo integrador, enriquecido con las ideas fuerzas del Sumak Kawsay ancestral andino, no sólo en lo super estructural, sino en la base económica de la teoría.

            La postura más radical de la izquierda marxista en América Latina está por estos lados de la reflexión, seria, profunda, responsable, usando la imaginación y los instrumentos revolucionarios que hemos heredado. Inventar el agua tibia no cabe en los actuales momentos. Esos inventores serán aplaudidos por la derecha cavernícola para inflar su ego y hacerles sentir importantes, trampa en la que caerán todos los vanidosos que seguirán sosteniendo la necesidad de una “nueva teoría social”

            Los revolucionarios seguiremos trabajando solos, acompañados de la razón histórica.

18-02-2019

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Una respuesta a ¿HAY UNA HISTORIA MARXISTA?

  1. José dijo:

    Ud. dice: “No es el caso de la doctrina liberal. En ella hay una contradicción de fondo que impide, sistemáticamente, la repartición equitativa de la riqueza social, generando ayer, hoy, mañana y siempre, concentración de la riqueza en un extremo y de la miseria, en otro. Ninguna nación capitalista, ni tan siquiera Estados Unidos -la nación más poderosa del planeta-, ha podido hacerlo, por el contrario, hoy es más patente y dramático el hecho de que ínfimas minorías son dueñas de la mayor parte de la riqueza global.” Y cuál es la importancia de la desigualdad frente a la pobreza si millones de ciudadanos de otros países quieren migrar a Estados Unidos y nadie a Cuba. Y donde está la contradicción?
    “Primero, la teoría de izquierda es esencialmente marxista y el marxismo es, inmanentemente de izquierda.” Falso, se olvida por ejemplo de la democracia inclusiva de Takis Fotoupulos.
    …”sólo es una prueba de que muchos de los “líderes” que dirigen los procesos de izquierda no son capaces de sostenerlos hasta las últimas consecuencias, …” Al contrario, solo es una prueba de que el poder corrompe y el poder total corrompe totalmente, parafraseando a Lord Acton.
    “Nosotros, los intelectuales que nos ubicamos en la izquierda marxista, no podemos renunciar al instrumento más poderoso que Marx nos legó, cual es, el método dialéctico de análisis social.” Ese “método” es precisamente el más ambiguo y acomodaticio.
    “Enriquecer la teoría de la izquierda es imbricar (integrar, mejor) los principales parámetros del Sumak Kawsay ancestral a la teoría revolucionaria marxista de construcción de una nueva sociedad.” Pero si nadie sabe que es el Sumak Kawsay.
    “Los revolucionarios seguiremos trabajando solos, acompañados de la razón histórica.” Una muestra de arrogancia intelectual.

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